Todo lo que preguntan
Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.
Ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que vas a ver en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive. Van agrupadas por dónde nacen: primero lo que hay que entender antes de nada, después cada parte del producto y al final cada sector.
297 preguntas contestadas
Antes de nada
Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hay que cambiar las cámaras, si trabaja sin internet y quién decide.
Inicio
Ir a la página¿IRIS puede trabajar sin internet?
Sí. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas pueden correr adentro de la infraestructura del cliente: IRIS se despliega de forma completamente local y trabaja sin conexión a internet.
¿Tengo que cambiar mis cámaras?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS está diseñado para aprovechar la infraestructura de video que ya está montada.
¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define tu organización; lo que IRIS automatiza es aplicarlos una y otra vez, y llevarles a las personas las situaciones que piden criterio humano.
¿Qué es un NVMS?
Las siglas son de Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que además entiende qué está pasando en la escena. Interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto, aplica las reglas de la organización, y convierte el video en métricas y en evidencia.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
No damos un plazo genérico, porque depende de la instalación y de cuántas cámaras se integren. Lo normal es arrancar por unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera, y crecer desde ahí.
¿IRIS reemplaza a mi VMS actual?
Depende de la instalación. IRIS puede trabajar como sistema completo de gestión de video o convivir con el que ya tienes, y eso se decide después de mirar tu red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirte qué se puede hacer hoy y qué no, en lugar de prometer que encaja con todo.
¿Cuánto cuesta IRIS?
Depende de tres cosas: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones quieres en cada una y dónde se procesa el video. Una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada, y por eso no publicamos una tarifa cerrada. Cuéntanos tu caso y te damos una cifra concreta, no un rango.
¿IRIS reduce los avisos equivocados?
Sí, y es una de las razones por las que se instala. Donde la detección de movimiento clásica salta con el aguacero, con una rama o con un gato, IRIS mira la escena y distingue qué hay, dónde está y cuánto lleva ahí antes de avisar. Eso sí: no prometemos que no vuelva a saltar un aviso de más, porque eso no existe. Lo que prometemos es que el ruido deje de llegarle a quien opera, y que cuando llegue un aviso valga la pena mirarlo.
Qué es IRIS
Ir a la página¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define tu organización, e IRIS se encarga de aplicarlos de forma repetitiva sobre todas las cámaras. Lo que pide criterio humano le llega a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con toda la información delante.
¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS está diseñado para aprovechar la infraestructura de video que ya existe. En la evaluación previa se revisa cámara por cámara: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que necesita la detección que buscas.
¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?
IRIS se diferencia de una analítica de video en lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó tu organización y ejecuta lo que debe pasar a continuación. Detectar es el principio, no el final.
¿Detectar y entender son lo mismo?
No, y es de las cosas que más se confunden, porque mirar son tres cosas distintas. Una ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está. Es rápida y sobre la misma imagen da siempre el mismo resultado, y por eso es la única con la que se puede contar y que un número salga igual dos veces. Otra NOMBRA: distingue una van de un automóvil, un casco de una gorra. Trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. Y la tercera ENTIENDE: lee la escena completa y la relación entre las cosas —no «una persona» y «un carro», sino «una persona en el piso junto a un carro parado en mitad del cruce»—. Esa no necesita lista y contesta a una frase escrita con tus palabras, pero no es con la que se cuenta. IRIS lleva las tres de fábrica, y no como extras aparte, porque en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. Por eso decimos que preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y que no se hacen igual.
¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?
Sí. Una pieza que solo se fabrica aquí, un gesto que solo se hace en este oficio, una falla que solo aparece con este material: nada de eso está en ninguna lista, ni va a estarlo. Lo que se hace es entrenar un modelo propio con imágenes de tus cámaras y con tus casos, y a partir de ahí es una detección más adentro de IRIS, que se escribe en una regla igual que las demás. Ese modelo queda en propiedad tuya, porque se entrenó con tus imágenes y con el criterio de tu gente: no se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a tu competencia y no depende de que sigas siendo cliente para que lo puedas usar. Para entrenarlo hacen falta dos cosas: imágenes de eso pasando —de verdad, no montadas— y alguien de tu equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Y si eso que quieres detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.
NVMS
Ir a la página¿IRIS es un VMS?
Incluye capacidades propias de un VMS —recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar—, pero la propuesta va bastante más allá: IRIS entiende qué pasa en la imagen, aplica las reglas de la organización, convierte el video en métricas y deja investigar sin revisar horas de grabación.
¿Tengo que sustituir el VMS que ya tengo?
No necesariamente, y conviene revisarlo caso por caso: qué cámaras, qué grabación y qué sistemas se pueden reutilizar. Según el proyecto, IRIS puede ser la plataforma completa o convivir con la infraestructura de video que ya existe, aprovechando sus flujos y sus integraciones.
¿Qué significa exactamente NVMS?
Neural Video Management System. Es decir: un sistema de gestión de video que además entiende qué está pasando adentro de las imágenes. Con un VMS la diferencia está en el centro del modelo —el VMS gira alrededor de la pantalla y de quien opera, y el NVMS gira alrededor de la decisión—.
¿Hacen desarrollos a la medida?
Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja tu equipo, un informe con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en su operación. Eso se hace. Lo que no te vamos a decir es que todo cabe en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.
¿Se integra con lo que ya tengo?
Sí, y es lo normal: casi nadie empieza de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja tu equipo, el número puede terminar en el cuadro de mando que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que su sistema ya sabe. Lo que no te vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de ti. Se comprueba al principio, con tu sistema delante, y si algo no va a poder ser se dice entonces.
Lenguaje natural
Ir a la página¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?
No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.
¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?
No. Por su posición, por su calidad de imagen o por su iluminación, hay situaciones que una cámara concreta no puede resolver; y hay detalles chiquitos o muy lejanos que ninguna cámara de ese encuadre distingue. Saberlo no es cuestión de discutirlo: es probar la descripción sobre video real de esa cámara y mirar el resultado antes de contar con ella.
¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?
Sí, y no solo hacia adelante. Puedes describir algo que ya pasó —«van blanca parada más de diez minutos en el muelle 4»— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Deja de buscar el minuto: busca lo que pasó.
¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?
Nada. Aquí no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas: IRIS no cobra por consulta. Escribe una regla, pruébala contra el video de esa cámara, cámbiala y vuélvela a probar las veces que haga falta —una prueba y un millón de pruebas cuestan lo mismo—. Es a propósito, porque una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas a la primera y mal.
Procesamiento
Ir a la página¿IRIS puede trabajar sin conexión a internet?
Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la usa para trabajar. Los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, y los modelos corren en tu hardware sin consultar ningún servicio de afuera. Puedes desconectar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.
¿Dónde queda el video y quién puede entrar a él?
Donde tú decidas, y entra a él solo quien tú autorices. En la modalidad local, en los discos de tu edificio, y ahí no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos, en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, con un contrato que fija quién puede entrar, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. En las dos modalidades las comunicaciones van cifradas y los accesos quedan registrados.
¿Puedo arrancar con una modalidad y pasarme a la otra más adelante?
Sí, se puede arrancar con una y pasarse a la otra más adelante. Es el mismo sistema en los dos sitios: lo que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que hayas trazado sobre tus cámaras, ni la forma de trabajar de tu equipo. Tampoco tiene que moverse toda la organización a la vez: cada sede puede tener su modalidad y todas se ven desde el mismo sitio. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar, no después.
¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?
Se para hasta que la línea vuelve, y lo decimos claro porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato no vas a recibir avisos. Tus cámaras siguen grabando donde lo hagan hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —un centro de monitoreo, una planta de tratamiento, un establecimiento penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.
¿Me cuesta más mientras más lo use?
No, y es a propósito. No hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas: una consulta y un millón de consultas cuestan lo mismo. Un sistema que cobra por pregunta termina usándose poco, porque quien opera se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda parada. Lo que sí mueve el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se habla antes de firmar.
El mundo
Ir a la página¿IRIS solo sirve para seguridad?
No. IRIS sirve además para medir la operación: aforos, tiempos de espera, ocupación de zonas, colas y flujos de personas o vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide a diario y una alarma casi nunca, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Y eso no se pide hablando: se traza una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. El conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— a través de NeuralPax: lo homologado es esa medida, contar personas, y no el resto; y esa homologación es española, no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?
No: es la misma plataforma en todos los entornos, y lo que cambia es la configuración —qué objetos importan, qué zonas se vigilan, qué reglas se aplican—. Por eso una organización con entornos muy distintos trabaja con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo formado.
¿Trabaja en sitios remotos, sin personal ni conexión?
Sí, con dos condiciones: que la cámara tenga alimentación y que tenga una vía para llegar al servidor de IRIS. Como el análisis corre adentro de la propia instalación, en un perímetro remoto o en una red cerrada IRIS sigue entendiendo la escena aunque no haya conexión a internet.
Por lo que hace
Una por cada parte del producto: el vivo, la búsqueda, las placas, los incidentes, los mapas, la automatización y las demás.
Vivo y video wall
Ir a la página¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?
No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y todo se maneja desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada equipo. Lo que cambia no es el aparato que está colgado allá afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y vuelve igual mañana, y que el mural de la sala se gobierna desde la mesa.
¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?
Caben 64 celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o acomodo libre a mano. Cosa distinta es cuántas de esas celdas dan video en vivo al mismo tiempo: eso lleva un techo configurable por servidor, para no ahogar ni el equipo de quien opera ni la red. Y las que pasan de ese techo no se quedan negras: muestran imagen fija que se refresca, con la propia celda avisando de que fue una decisión del sistema y no una avería.
¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?
Queda constancia de todo: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada acceso a un mural publicado se registran con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía. Sobre quién puede qué, ver, mover y configurar son tres permisos distintos, y por debajo cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona. Y las zonas tapadas por privacidad no se destapan desde una vista: piden motivo escrito, duración limitada y, si la organización lo exige, un supervisor que lo autorice.
Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una avería o una decisión?
Porque la celda lo dice. IRIS separa tres motivos y los nombra: se llegó al techo de video en vivo simultáneo —una decisión del sistema, no una avería—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Quien opera puede exigir además que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque no tienes acceso a esa cámara, también lo pone: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en una sala.
¿Qué hace falta de verdad para montar un mural de pantallas?
Menos de lo que parece: una pantalla con navegador —un televisor, un monitor o un cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. En esa pantalla no se instala nada y no hay ningún archivo de configuración que tocar: la forma del mural, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. Abre el enlace publicado sin escribir contraseña, y ese enlace viene con PIN, con vencimiento y con lista de direcciones permitidas. Lo que sí hace falta no lo vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Eso es trabajo de la sala, y todo lo demás está para que solo haya que hacerlo una vez.
Detección y comportamientos
Ir a la página¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Son 41 comportamientos listos sobre un catálogo de 94 clases de objeto en 12 familias. La lista: intrusión, cruce de línea, permanencia, permanencia prolongada, bulto abandonado o retirado, aforo, colas, aglomeración con densidad, puesto ocupado, sentido contrario, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. ¿Que el caso no es ninguno de esos? Entonces se arma: el filtro fino mira cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, qué tan estable es la clase— con ocho comparadores, y las condiciones se juntan con «y» y con «o» hasta que la regla diga lo que tiene que decir.
¿Hay que calibrar la cámara para medir velocidades?
Para empezar, no. Cada clase del catálogo viene con su altura media real —una persona 1,70 metros, un carro 1,50— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. Para medida real sobre el piso se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden de verdad: desde ahí, distancias, recorridos y velocidades quedan en metros. IRIS separa siempre la velocidad medida de la estimada, y una regla puede exigir que solo cuente la medida; la estimada se queda corta y por eso se etiqueta como lo que es.
¿Y si me llena el turno de avisos equivocados?
Antes de publicar una regla se ve, sobre la imagen en vivo, lo que va a producir de verdad: cuáles objetos pasan, cuáles se descartan y por qué se descartó cada uno. Solo con eso se acaba la mitad de la discusión. Y encima quedan los mandos: áreas donde no se mira nada a propósito —la autopista del fondo, el aviso publicitario con caras impresas—, un mínimo de segundos siguiendo al objeto antes de que la regla actúe, doble umbral en el borde de la zona para que el aviso no prenda y apague, horario, y si todavía hace falta, espera, enfriamiento y un techo de avisos por minuto.
¿Y de noche, o con mala luz?
Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no corren a ciegas. Además hay una puntuación de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar la óptica, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo de noche. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que la van era blanca. Y los horarios entienden a qué hora amanece y a qué hora oscurece, de modo que vigilar de noche siga significando lo mismo en temporada seca y en temporada de lluvias.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
Se aguanta la identidad unos segundos, y cuando no se puede, se dice. Cuando algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, un toldo— el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto guarda además un pequeño historial de sus clases, así que un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite, por delante: si lo tapado dura más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa distinta, y sigue sin saber quién es.
Grabación y forense
Ir a la página¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Sí, y para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se escribe la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, mostrando antes qué entendió. Y si aun así el rango queda largo, el resumen se salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
Porque lo comprueba él mismo, sin nosotros en el medio. El paquete exportado incluye una huella de cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre en cualquier navegador. Ese comprobador trabaja sin conexión: no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro. Si algo se modificó —un cuadro, un byte, el manifiesto—, la comprobación falla y lo dice. Y antes de entregarse, el paquete se verifica a sí mismo; si no pasa su propia comprobación, no se entrega.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
No se borra. Un tramo bloqueado queda por fuera del reciclado, y el criterio de disco no puede saltárselo. Si lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema para, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en lugar de sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; y si alguna de las tres no se puede realizar, no se borra: nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de vencimiento.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
Lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se deja sin límite para que nada se borre por viejo. El techo real no es el programa: es el disco. Por eso la pantalla no muestra solo el plazo configurado, sino los días que hay de verdad grabados ahorita, y avisa cuando son menos porque el disco se llena antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
Le queda escrito el intento, y no lo consigue. Para borrar a mano hacen falta dos cosas: un permiso propio y tener asignada esa cámara; y el material bloqueado, además, está por fuera del borrado automático. Levantar un bloqueo va todavía más arriba: pide el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito. La ficha del bloqueo tampoco desaparece: se marca como liberada, con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación quedan en el registro de auditoría con el estado de antes y el de después, encadenados de modo que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.
Búsqueda por apariencia
Ir a la página¿IRIS reconoce caras?
Sí, lo incluye: viene apagado y no se ofrece en la Unión Europea. Donde la ley lo permite, encenderlo obliga a leer nueve advertencias legales y a declarar base jurídica, finalidad y plazo de conservación; sin esos tres datos no funciona, y al retirarlos se detiene al momento sin reiniciar nada. Lo decide cada instalación, no viene puesto de fábrica, y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las zonas que esta web muestra, IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras la función no está encendida. Y casi ninguna búsqueda real la necesita: se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.
¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?
Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto queda guardado cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona— y con eso se le vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre. Cuando IRIS propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, de que no sirve como prueba de identidad y de que necesita revisión humana. Una persona confirma o descarta cada propuesta, y su decisión queda guardada con nombre y hora.
¿Quién puede buscar y qué queda registrado?
Todo pasa dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y trabajan con el cable de internet desconectado, así que ni una imagen sale hacia un tercero. Buscar exige permiso de ver grabaciones, y además cada usuario solo encuentra objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, simplemente no aporta resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles se tapan con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, la aprobación de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Y todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrirle al firewall.
¿Y si la persona se cambia de ropa?
Se rompe el rastro por apariencia, y eso hay que decirlo antes que nada. La huella de una persona se apoya en el color, la forma y la complexión: cambia la ropa y cambia la huella, de modo que IRIS deja de proponerla en las cámaras siguientes. Lo que no va a hacer es inventarse una coincidencia: dice que nadie llegó al umbral, y con qué umbral. Y queda bastante en pie: el recorrido hasta el cambio —dónde se le vio por última vez y a qué hora—, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo si lo hay. Por eso el recorrido se arma con avistamientos que confirma una persona, y no con una cadena automática que nadie miró.
¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?
El plazo lo fija cada instalación, por separado para personas, vehículos, rostros y placas, y va de cero a 3.650 días. Cero no significa borrar: significa conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo elija por descuido. El borrado lo ejecuta un barrido de noche, y si ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en vez de dar por hecho que el plazo se cumple; además se ve cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron su plazo. Consultarlas exige el permiso de ver grabaciones, y solo alcanza a las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la retención exige su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.
Placas y accesos
Ir a la páginaSu web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?
Las dos cosas son ciertas, y la diferencia es la cámara. La lectura de placas se prende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se prende —el patio de una escuela, un módulo de un establecimiento penitenciario, el perímetro de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un estacionamiento, la puerta de un patio de gandolas— se prende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la prendió, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la respuesta a «¿dónde se leen placas en esta instalación?» siempre se puede consultar, y siempre es una lista corta y comprobable. Y prenderla no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se prende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es: con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.
¿Sabe IRIS de quién es el carro?
No. IRIS lee el número de la placa y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí se acaba. Detrás no hay ningún registro de propietarios: no consulta ninguna base de datos oficial, no sabe el nombre de nadie y no lo puede averiguar. Tampoco lee la marca ni el modelo. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de llenar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la metió en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.
¿IRIS abre la barrera él solo?
IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve físicamente la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso por paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta placa, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla responde por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a la mitad, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en lugar de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.
¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?
Depende de qué tan tapada. Con barro, con un ángulo malo o con poca luz suele alcanzar, porque un paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga buena. Cuando la placa ya no es legible, no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna: cuenta el descarte con su motivo para que se vea cuántas se están perdiendo en esa cámara. Si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el software: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y se dice antes de vender, no después. En un control de accesos, la placa que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Y hay algo que no se debe confundir: ver que un vehículo anda sin placa legible no exige leer nada, y eso sí funciona en cámaras donde la lectura está apagada.
¿Y si se equivoca leyendo un carácter?
Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas prendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriéndole la barrera al carro de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo carro, y la pantalla lo marca como tal.
Incidentes y sala de control
Ir a la página¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si al vencer el primero nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es asignárselo, validarlo, cerrarlo o comentarlo; eso detiene la subida, aunque no resuelva el caso. Si un turno se quedó sin nadie, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca termina en silencio.
¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?
Hay un panel que mide cuántos avisos le llegan a cada persona por hora y señala qué cámara y qué regla los están produciendo: con eso se afinan, en vez de apagarlas a ciegas. Por debajo, las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una sola línea con su contador, y no se borra ninguna —el detalle sigue guardado y el número siempre cuadra—. Y la cola se filtra por 27 criterios combinables, con la vista de cada quien guardada y compartible con el equipo. De quién silenció qué también queda registro.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Sí, y con la cadena a la vista. La cronología de cada incidente guarda quién lo abrió, quién lo miró, qué cambió, qué escribió y cuándo lo cerró; el registro solo admite agregar, va encadenado criptográficamente y se verifica cuando alguien quiera, diciendo en qué apunte exacto se rompe la cadena si algo se tocó. Para entregarlo, el expediente se baja como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y lo que ya existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en lugar de hacerlo pasar por verificado.
¿Y si el que falla es el propio escalado?
Se mide y se muestra, porque un escalado que falla en silencio es peor que no tener escalado. Hay un panel que dice tres cosas: si está corriendo, si corre pero hay avisos que no salen, o si está parado; y el motivo va en texto llano —apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar—. Ese mismo panel avisa de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no queda ningún canal activo por donde salir, o cuántas personas del equipo no tienen manera de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que jalar del último recurso. Un detalle más, y es a propósito: recién instalado arranca desarmado. Solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor, porque un despliegue no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos personas agarran el mismo incidente a la vez?
Se ven. La ficha dice, con nombres, quién más lo está mirando en ese momento; y si estás solo, también lo dice. Asignárselo es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que detiene el escalado, aunque todavía no resuelva nada. Los estados no se saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no toca, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar el mismo incidente en dos sitios distintos. Y todo lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién lo abrió, quién lo miró, quién lo cambió y qué escribió cada quien.
Reglas y automatizaciones
Ir a la página¿Hay que saber programar para montar una automatización?
No. Se arrastran bloques a un lienzo y se amarran con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra. Si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión ahí mismo y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya andando. Y si ni siquiera quieres dibujar, hay 23 recetas ya hechas: eliges una, llenas cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y queda trabajando el primer día. Para quien está en la sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje llano, sin lienzo ninguno.
¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?
Hay cuatro frenos puestos justamente ahí, porque ese es el miedo real de quien automatiza algo. Uno: un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo. Dos: si algo va mal se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Tres: ya publicado se deja silenciado —corre y calcula, no ejecuta ninguna acción—, y así se valida durante días sin molestar a nadie. Y cuatro, el primero de todos: antes de publicarlo, el simulador lo lanza contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar un solo aviso.
¿La misma regla sirve para muchas cámaras a la vez?
Sí, y sin duplicar nada. El automatismo se define una vez y se aplica a una cámara, a un grupo, a un servidor completo o a la instalación entera. Lo bueno está en cómo se escribe la excepción: «todas las del servidor menos el vestuario y el cuarto de servidores» es una sola declaración con su motivo, no una lista que alguien tenga que mantener a mano. Cada sitio puede llevar encima sus propios umbrales y su propio horario. Y una misma cámara aguanta varias configuraciones a la vez: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que ya está trabajando.
¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?
Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro sitio —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la avería se ubica sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede enviar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si el incidente se creó antes de la falla, el incidente está creado. Lo que sí prometemos es que sabes hasta dónde llegó y por qué se paró ahí.
¿Quién puede tocar una automatización que ya está corriendo?
Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que quien opera puede abrir el flujo, entenderlo completo y no poder cambiar nada. Por encima de eso, quien administra decide qué bloques puede usar cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen trabajando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se retira con un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador muestra sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que quitarle el enganche.
Chat e inteligencia artificial
Ir a la página¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?
No. La inteligencia artificial que contesta es propia y se ejecuta en el servidor de tu instalación, igual que la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Ni una imagen, ni un cuadro, ni una frase de la conversación viajan a un proveedor externo, porque no hay ninguna llamada a un tercero en ningún punto del recorrido. Trabaja con el cable de internet desconectado, y eso es un requisito de diseño, no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
En que este llega a los mandos. Un chat corriente contesta con lo que sabe; el asistente de IRIS tiene 95 herramientas conectadas al sistema, y las usa para ir a buscar la respuesta: mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, traza el mapa, compone el informe. Y si quien pregunta tiene permiso, actúa sobre el sistema: crea o cierra un incidente, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de nada.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
No, y esa raya conviene tenerla clara. Describir una situación o ir a buscar algo sí se hace hablando, y el asistente lo hace muy bien. Medir es otra cosa: hace falta saber por dónde pasa exactamente la línea y en qué sentido cruza cada quien, y eso no cabe en una frase, hay que trazarlo encima de la imagen. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número sale igual la segunda vez y se puede auditar un año después.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que le pides, lo dice en vez de mostrarte otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin rellenar el hueco con una suposición. Las fallas se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No, y no hace falta creerlo: está construido así. El asistente solo alcanza a ver las herramientas que su usuario tiene derecho a usar, de modo que el mismo chat le rinde distinto a quien opera y a quien administra. Sobre el chat en sí hay diez permisos —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos, administrar herramientas— y por debajo cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos vienen marcadas como tales y no corren sin ese permiso; publicar una automatización pide confirmación explícita. De todo queda registro: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal, incluidos los intentos negados. Y las conversaciones nacen privadas: los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
Nada. No hay contador de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras: dos frases o el turno completo preguntándole cuestan lo mismo. Lo decimos porque eso cambia cómo se usa. Cuando cada mensaje lleva precio, quien opera se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina jalando otra vez del sistema viejo. Aquí no hay nada que racionar.
Mapas, planos y terreno
Ir a la página¿De verdad trabaja sin conexión a internet?
Sí, y esa es la prueba que conviene pedir. La cartografía se instala en el servidor del cliente, país por país, y ahí se queda: dibujar el mapa, buscar una dirección y traducir una coordenada en un domicilio se resuelven todos contra esos datos. La pantalla lo declara —«mapa local, sin internet»— para que quien opera sepa con qué está trabajando. Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está vigilando.
¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?
Sí, y de una sola pasada. Entran PDF, TIFF, JPG y PNG: en el asistente se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y un PDF de proyecto con veinte pisos sale convertido en veinte planos independientes. Las carpetas se organizan como le sirva a cada instalación —por país, por sede, por edificio, por piso o por lo que sea—. Y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca coincide con el día en que alguien lo subió.
¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el terreno?
No lo hay, y se dice antes de la demostración en vez de durante. Donde IRIS sí dibuja mapa de calor es encima de la imagen de la cámara. La densidad sobre el terreno se saca hoy de otra manera: agregando por zonas trazadas, por perímetro de sede y por espacio de medición, no como una capa continua encima de la cartografía. Es un hueco real, y aquí queda declarado porque quien integra lo descubre en cinco minutos.
¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?
Lo que ocupen los países que estén instalados, ni más ni menos, porque se instalan y se quitan uno por uno: el mundo entero no lo instala nadie y casi nadie lo necesita —de los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65—. En la pantalla de administración cada país muestra cuánto ocupa y cuándo se instaló, así que el dimensionado deja de ser una estimación de folleto y pasa a ser una cifra que se ve antes y después. Para actualizar, quien administra lanza una carga de datos, y hay una cola de trabajos que dice el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo falla. Automático desde internet no hay nada, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha para saber siempre con qué edición se trabaja.
¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?
Eso pasa a cada rato y no bloquea nada, porque el plano de interior no depende del callejero: se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic, y el edificio existe en el sistema antes de existir en ninguna cartografía. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes: tomado de la referencia cartográfica, trazado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual. Esa última etiqueta existe justo para que el sistema lo diga en vez de callarlo. Mientras tanto, la búsqueda inversa sigue contestando aunque esa dirección no exista: da la más cercana que sí existe, con su distancia en metros. Y donde no hay datos de relieve, dice que ahí no hay dato en lugar de inventarse una altitud.
Videoconferencia y colaboración
Ir a la página¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
No hace falta ninguna. La sala vive dentro de IRIS: se abre desde el mural de cámaras o desde el mapa, sin instalar ni contratar nada más. Y lo importante es que el video no tiene que salir de la instalación para poder hablar sobre él, porque la cámara entra en vivo dentro de la llamada y todos miran lo mismo mientras conversan.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Sí, con un código QR que genera el anfitrión y que se escanea con el celular. Ese enlace vence, tiene un número de usos contados y se anula al instante; y define de entrada qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del mural, escribir en el chat, o solamente mirar. Cada uso queda registrado.
¿Trabaja en una instalación sin internet?
Sí, y sin excepción. Dentro de la red del propio cliente viajan las cuatro cosas: la conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras, todo por el puerto 443. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace su reunión igual que cualquier otra sede.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí una sola vez y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso se muestra en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?
Sin cuenta, con un enlace, y lo que ese enlace permite lo fija el anfitrión. Primero cómo se protege: abierto para cualquiera que lo tenga, restringido a quien tenga sesión en el sistema, o con un PIN. Después cuánto dura —unas horas, hasta una fecha o sin límite—, cuántas veces se puede usar y qué puede hacer quien lo abra. También fija el idioma con el que se abre, de modo que un contratista o un perito lo ve en el suyo sin configurar nada. Y apenas deja de hacer falta, se anula al instante.
Plataforma, escala e integración
Ir a la página¿Cuántos puertos hay que abrirle al firewall?
Uno solo: el 443. Cifrado, y por ahí pasa todo —la interfaz, el video en vivo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación—. Es cierto que el sistema escucha en catorce puertos, pero los otros trece solo se alcanzan dentro de la propia máquina y no cruzan la red nunca. Para el equipo de redes son trece excepciones que no hay que abrir, ni justificar, ni mantener; y una sola comprobación el día que algo va mal.
¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?
La sede sigue trabajando. Cada sitio capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca cuadros. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos, y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.
¿Hasta dónde escala de verdad?
Los ocho topes publicados son lo que permite comprobarlo, más que la cifra: el producto declara más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, pero cada tope va con su unidad de reparto, y de los ocho, tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. Ejemplo del primer grupo: sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación; cinco mil cámaras son entonces setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas que hagan falta. Esa cuenta la hace la calculadora que viene dentro del producto, con doce preguntas: dice qué recurso se agota antes y, cuando el dimensionamiento cruza un tope que no se reparte, declara inviable.
Se nos quedó corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?
Se agrega una máquina y no se rehace nada. Se genera un código de registro desde la interfaz central, se instala el servicio en la máquina nueva y se le da ese código: la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; hasta que no declara al menos uno no recibe trabajo, y la pantalla lo dice en voz alta en lugar de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y únicamente se mueven las cámaras que cambian de máquina: la instalación completa no se rebaraja. Lo que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.
¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?
Máquina por máquina, y nunca como un apagado general: mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Ayuda que cada servidor publique su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque: un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla en vez de descubrirse el día que algo falla. Y como no hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor —todo vive en el sistema y se edita desde la web—, una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito qué le falta. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento.
Administración y auditoría
Ir a la página¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?
No, y ningún programa puede estarlo por ti: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con sus procesos, su gente y sus instalaciones. Lo que hace IRIS es venir diseñado para ayudar a cumplir esos marcos con el trabajo ya hecho: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad español de nivel alto y los 93 del anexo A de ISO 27001, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, cruzados entre sí para no hacer dos veces la misma tarea. Lo decimos así en vez de mostrar un sello: en la primera auditoría se nota la diferencia. La única homologación de un tercero que sí tenemos es la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España; alcanza a esa medida, no al producto, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Puede quien administra borrar el rastro de lo que hizo?
No. El registro de auditoría solo admite agregar, y esa regla no la impone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Además, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha pasó.
¿Puedo darle acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo unos días?
Es el caso normal, y se hace por tres vías: por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella o sin ello— o por caso de investigación. Siempre con fecha de vencimiento, y con la pantalla avisando sola de lo que vence en los próximos siete días. Encima se le puede poner franja horaria: fuera de esas horas la persona ve un mensaje explícito y no entra. Y al revocar, el motivo es obligatorio; la concesión guarda quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la quitó y por qué. Es la diferencia entre cerrar un acceso temporal y dejarlo abierto para siempre porque nadie se acordó.
¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?
La cuenta se desactiva —reversible, por si vuelve— y las sesiones que tuviera abiertas se revocan en el acto: las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que nadie se queda adentro hasta que expire una ficha. Después van las concesiones que tuviera sobre sedes o cámaras, que se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas, que se cortan guardando quién las quitó. Lo único que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con período de gracia antes del borrado definitivo; la anonimización sustituye el dato personal dentro de los asientos, deja la cadena intacta y cuenta cuántos se anonimizaron. Así el registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.
¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?
Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena completa y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o informe—, que lleva la firma dentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin creerle a nosotros ni a ti. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.
Por dónde trabajas
Las mismas dudas cambian de forma según el sitio: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto. Aquí están por entorno.
La ciudad
Ir a la página¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?
No. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas en la calle y la analiza: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se revisa en el proyecto si el encuadre y la calidad sirven para lo que quieres detectar en ese punto, y se te dice claramente cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?
Todas las que tenga tu instalación, a la vez, incluidas las miles de una zona entera. Esta demostración enseña veintitrés porque veintitrés caben en una pantalla, no porque sea un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás, no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.
¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿IRIS identifica a las personas o reconoce caras?
No: IRIS no identifica a las personas ni reconoce caras. Detecta objetos, comportamientos y situaciones —un carro parado sobre la acera, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor—. No le pone nombre a nadie ni compara rostros con ninguna base de datos. Y el conteo por franjas horarias es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno; de ella no queda nada más.
¿Cómo evito que la sala de monitoreo termine ignorando los avisos por culpa de los avisos equivocados?
Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige. Se corrige ajustando las reglas con tu gente, calle por calle, durante las primeras semanas. Y empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez —todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario no ha instalado ninguno—. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí, y esos tres valores se afinan contigo hasta que a la pantalla llega lo que tu equipo quiere recibir.
¿Cuánto tarda en estar trabajando en la calle?
Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, trazar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieres detectar en cada una.
¿IRIS reemplaza mi centro de monitoreo o a los vigilantes que tengo?
No: IRIS no reemplaza tu centro de monitoreo ni a tus vigilantes. Cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez; con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, enseña lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.
¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?
Sí. IRIS es un NVMS —la capa que hoy te falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar tus reglas— y convive con el VMS en vez de reemplazarlo, así que puedes seguir grabando y gestionando el video donde lo haces ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, y no prometiéndote de antemano que encajamos con todo.
¿Puedo poner esto en la vía pública sin incumplir la ley de protección de datos?
Puedes, aunque el cumplimiento no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegues y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización. Lo que sí te podemos decir es que el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde—, y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo puedes pedir antes de contratar nada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?
El costo depende de tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de una zona entera. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
La autopista
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?
Sí: sirve con las cámaras que ya tienes puestas en la vía. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos y postes y la analiza tal como llega; lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que quieres detectar en ese tramo —no es lo mismo un hombrillo a cincuenta metros que un canal al fondo del encuadre— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Sustituir una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Trabaja de noche y con aguacero?
Sí, y con un matiz que preferimos decir antes de firmar: el aguacero cerrado, la neblina y el encandilamiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, la sala se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar a alguien. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan las luces de los carros; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.
¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?
En cuanto se cumple la regla que definiste, sin que nadie tenga que llamar. Ese es el cambio de verdad: hoy el reloj empieza cuando llama un conductor, o cuando alguien de la sala pasa por casualidad por esa cámara. Con IRIS empieza cuando la escena pasa delante del lente. No te vamos a dar un número de segundos, porque depende de tu red, de tus cámaras y del hardware que se ponga detrás; lo que sí te decimos es que enterarte deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.
¿Puede reemplazar los aforos que ponemos unos días al año?
No reemplaza un aforo homologado, pero cuenta lo que un aforo de unos días no puede contar: todos los días, a todas horas y en cada cámara. Un aforo puntual te da la foto de una semana; una cámara con IRIS te da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, autobús, motocicleta— y sin cerrar un canal para instalar nada. Si necesitas una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no te vamos a decir que la damos: nuestra homologación del Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, cubre el conteo de personas y ahí no aplica. Para decidir dónde toca refuerzo de pavimento o dónde hace falta un canal más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.
¿Detecta un vehículo parado en el hombrillo?
Sí, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un carro»: es un vehículo detenido adentro de la zona que marcaste como hombrillo y durante más tiempo del que fijaste. Si además alguien sale del vehículo y camina por el hombrillo o por la calzada, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Un carro varado es un incidente; un carro varado con una persona afuera es una urgencia, y el sistema separa las dos.
¿IRIS comprueba que los paneles de mensaje variable funcionen?
Sí, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el panel, así que detecta que está apagado, que tiene ledes fundidos o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el panel muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que envía las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los paneles y hacia los sistemas conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se te dice qué encaja y qué no.
¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores.
¿Lee placas o identifica a las personas que salen en las cámaras?
No: ni lee placas ni identifica a las personas. Detecta objetos, comportamientos y situaciones —un vehículo detenido, una persona caminando por la calzada, un bulto en un canal, material caído de un talud, un canal cerrado—. No compara caras con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, autobús, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una vía abierta?
Los avisos equivocados existen, y quien te diga lo contrario no ha puesto un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, luces de frente, una bolsa que cruza un canal: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tu gente durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que lo que llega a la sala es lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus distribuidores, sus túneles y sus áreas de servicio. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar en cada una, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
El transporte público
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?
Sí. Se conecta a la señal de las cámaras IP que ya tienes en andenes, lobby, pasillos, torniquetes y accesos, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del techo, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se revisa en el proyecto si el encuadre da para lo que quieres detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros?
No. Qué se guarda, cuánto tiempo y quién lo puede ver lo decides tú, y el sistema puede trabajar completo adentro de la estación sin que salga una sola imagen. Lo que IRIS detecta son objetos, comportamientos y situaciones: una persona dentro de la vía, una persona en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica parada. Caras no reconoce, ni las compara con ninguna base de datos, ni guarda quién es nadie. Y cuando cuenta gente el resultado es un número —cuántas hay en una zona, cuántas pasan por un punto—, nunca una lista de quién pasó.
¿Detecta a alguien que cae a la vía?
Sí, porque la vía es una zona trazada sobre la imagen y una persona adentro de esa zona es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y la sala tiene la imagen abierta sin esperar a que un pasajero jale el botón de emergencia o llame por el intercomunicador. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. Andén por andén se revisa en el proyecto qué encuadre hace falta, y se te dice cuál no llega.
¿Trabaja con el andén lleno de gente?
Sí, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando la gente se tapa entre sí, hay cosas que dejan de verse. Una persona que cae al piso detrás de un grupo compacto puede quedar oculta a esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. La ocupación, en cambio, se sigue midiendo igual: para saber cuánto se está llenando un andén no hace falta distinguir a una persona de otra. Por eso en los andenes conviene combinar encuadres: dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola.
¿Cómo se avisa y a quién?
A quien tú decidas y por el canal que tú decidas. Cada regla lleva su destinatario: el puesto de la sala de monitoreo, quien dirige la estación, el equipo de mantenimiento, el personal de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de boletos dañada: cada aviso va a quien lo puede resolver. Quien decide qué se hace es siempre una persona; IRIS abre la cámara, enseña y espera.
¿Puede reemplazar los aforos que hacemos ahora?
Sí, y además hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a todas horas y en cada punto que te interese. Un aforo de tres días te da la foto de tres días; una cámara con IRIS te da la temporada completa, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda en tierra en una parada. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: es la garantía de que el aforo que presentas es el correcto, porque quien lo verificó es un tercero y no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Sale el video de la estación?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores de la estación.
¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?
Arriba está lo que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. Debajo, el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde—. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegues y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí te podemos poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo puedes pedir antes de contratar nada.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una estación llena?
Existen, y quien te diga lo contrario no ha puesto un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Un morral en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tu gente durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que a la sala llega lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar los andenes de una estación chiquita que una estación completa con lobby, torniquetes, bahías de autobús, parada de taxis y estacionamiento, ni cuesta lo mismo una red de veinte estaciones. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar en cada una, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
El comercio
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes?
No: detecta objetos, comportamientos y situaciones. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no le sigue el paso a una persona de una tienda a otra y no se cruza con el programa de fidelización. Lo que ve es «una persona», «un carrito», «una góndola vacía», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de una tienda no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Si algún día alguien te ofrece lo contrario, que sepas que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?
Sí. Se conecta a la señal de las cámaras IP del techo que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieres ver ahí —una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no llega a leer la góndola del fondo— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con moverlas unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Esto sirve para prevención de pérdidas?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página hace eso, y no es porque no se nos haya ocurrido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, e IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que tienes en esta página: avisar de un hueco en la góndola, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de un piso de venta más lleno de lo que puede atender el turno; y medir las colas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por la sala y lo que hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que buscas es prevención de pérdidas, te va a hacer falta otra cosa, y te lo decimos en la primera reunión y no en la última.
¿Cómo sé cuánta gente deja la cola y se va sin comprar?
Por diferencia. IRIS cuenta por separado cuántas personas entran a la zona de espera de las cajas y cuántas llegan al punto de cobro, y la diferencia es la gente que se fue antes de que le tocara. A eso se le suman dos pistas: el tiempo que se espera de media en esa cola, y los carritos que quedan abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Todo lleva la hora puesta, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánto es eso en plata no te lo vamos a decir —no lo sabemos, no pasó por tu caja—; a qué hora pasa y con cuántas cajas abiertas deja de pasar, sí.
¿Puede decirme si una promoción funciona?
De la parte que se ve desde una cámara, sí: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta se para y cuánto rato se queda. La venta está en tu caja y ahí no entramos. Pero al juntar las dos mitades el diagnóstico cambia. Si pasa mucha gente y casi nadie se para, el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Si se para mucha gente y después no vende, el problema es el precio o el producto. En el informe de ventas esas dos situaciones se parecen —vendió poco— y son dos problemas distintos, con dos soluciones distintas. Sirve igual para comparar el mismo montaje en dos tiendas, o el mismo sitio en dos semanas.
¿Trabaja con la tienda llena?
Sí, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien te diga lo contrario no lo ha probado un sábado en la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por la sala no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está colapsada trabaja precisamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso estrecho y muy cargado; en ese caso se recoloca el conteo en el acceso, donde la gente pasa en cola, y se deja la ocupación para la sala.
¿Sale el video de la tienda?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones —en la tienda o en la central—, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor por tienda que llevar el análisis a un solo sitio: condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?
Encima de todo está lo que más pesa en una tienda: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que armar. Debajo, el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegues y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí te podemos poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo puedes pedir antes de contratar nada.
¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?
Lo que cambia no es el sistema: es lo que haces con el dato. Con una tienda sola decides tu tienda —a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si al fondo del local llega gente o hay que darle una razón para llegar—. Con una cadena aparece algo que una tienda sola no tiene: la comparación. La misma promoción montada en cuarenta tiendas y medida igual en todas. La tienda donde la cola se dispara media hora antes que en el resto. La que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Arrancar por una tienda, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas tiendas entran, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de un abasto que cubrir el piso de venta completo de un automercado grande, ni cuesta lo mismo una tienda que cuarenta. Cuéntanos cuántas tiendas tienes, cuántas cámaras hay en cada una y qué quieres ver, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
La obra
Ir a la página¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no quién es esa persona. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar entrada, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza el control de acceso de la obra. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?
No. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza a quien vigila la maniobra, al señalero ni al plan de seguridad de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda parar. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahorita no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida tu regla, y afinarla es el trabajo del primer mes. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callar en lo demás. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana; lo sabemos, y por eso una regla no es «avisa si alguien no lleva casco», sino «avisa si alguien sin casco está adentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se arranca por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?
Sí, con las que ya tienes en la obra, incluidas las que se ponen y se quitan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se mira en el proyecto si el encuadre da para lo que quieres ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche capaz no llega a distinguir un casco al otro lado del terreno— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con moverlas o bajarlas. El polvo, el contraluz y el aguacero se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz fija. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?
No: el sistema está pensado justo para que cambiarlo cueste poco tiempo, porque la obra cambia cada pocas semanas. Cuando se mueve una cámara o se vuelve a trazar una zona, se marca la zona otra vez sobre la imagen y se sigue trabajando: no hay que encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del replanteo.
¿Podemos saber cuánta gente hay adentro de cada zona?
Sí, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se traza la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahorita —cuánta gente hay en el sótano en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo sitio. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ves la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.
Donde tú decidas, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es adentro de la propia obra: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y trabaja sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa allá y la obra solo necesita conexión. Se puede arrancar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.
¿Qué le contamos a la representación de los trabajadores?
Exactamente esto, y mientras antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: no reconoce caras, no identifica a nadie y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Qué se trata, cuánto se guarda y quién lo puede ver se configura, y se configura contigo. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma tu organización, no un comercial nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde la representación de los trabajadores entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?
Sirve para una obra sola y cobra otro sentido con todas las de la empresa. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se ve qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de tajo, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación de quien más obras pisa; con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar chiquito: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escríbenos y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.
El establecimiento penitenciario
Ir a la página¿Esto sirve para clasificar a los internos?
Situaciones que definió el propio centro: eso, y nada más, es lo que sale en la pantalla. «Hay una persona en el piso en la galería tres.» «Hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie.» Qué pasa, dónde y desde cuándo; eso es todo lo que lleva el aviso. Clasificar a los internos no entra, y hay que decirlo con todas las letras: IRIS no identifica a nadie, no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no lleva ficha de nadie y no le sigue el paso a ninguna persona por el centro. Tampoco adivina ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no le pone puntaje a nadie, no clasifica a nadie por su conducta y no interpreta el ánimo de nadie. Y eso es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o releva a alguien del personal de custodia?
IRIS no abre ni cierra una puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión y no releva a nadie del personal de custodia. El conteo reglamentario tampoco se toca, ni ningún protocolo de prevención del centro: siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue alguien. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de turno, y tiene que seguir siendo así: dentro de un centro, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. Lo que IRIS aporta es lo que a esa persona le falta: unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que decidas, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Doscientos avisos por turno se apagan a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay gente en el pasillo», sino «avísame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, por más de un minuto». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas: una regla se ajusta con lo que pasa en tu centro, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo escribe la institución, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar, e IRIS la aplica siempre igual y sin cansarse. De fábrica no viene ninguna lista de conductas ni ningún criterio propio sobre qué es normal en tu patio: lo normal en un centro no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja allí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obra o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se le muestra tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Y los derechos de las personas internas y los del personal?
Se miran situaciones en zonas comunes que definió el centro —un patio, un pasillo, un muelle de carga— y no se mira quién es nadie: así se protegen unos derechos y otros, y la respuesta cabe en dos líneas. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona interna y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no te puede decir «esta persona pasó por aquí seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro. El encaje legal, la información al personal y a las personas internas, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, las firma la administración que lo instala, con sus abogados y con la representación del personal delante. Desconfía de quien te diga otra cosa.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un centro ya tiene cientos de cámaras, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí pesa en el resultado es dónde quedó puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga el muro completo. Antes de prometer nada preferimos ver tus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirte en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es correr una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del centro?
Solo si tú quieres, y en un centro penitenciario lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse dentro del propio centro, en un equipo tuyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ti te conviene, pero esa es una decisión tuya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el reporte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿El aforo por zonas es confiable?
Se configura dibujando, no hablando, y de ahí sale la confianza: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay dentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no te quedas con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza el conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de cuadro, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con aguacero o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no te lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas y un centro entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan allí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—, y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.
El hospital
Ir a la página¿Van a poner cámaras en las habitaciones?
No. Y esto va antes que nada: no hay cámara en una habitación, ni en un baño, ni en una sala de exploración, ni en ningún sitio donde se atiende o se explora a un paciente. Donde IRIS mira es en zonas comunes —pasillos, salas de espera, lobbys y accesos—, que es justo donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y ahí no identifica a nadie: no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no entra a la historia clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso en el pasillo del tercer piso»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?
No. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no clasifica pacientes y no prioriza a ninguno: el criterio clínico es de un profesional e IRIS no participa en él. Tampoco entra a la historia clínica ni a ningún dato médico, y no se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no reemplaza la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del piso siguen exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. IRIS tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que decidas: la regla se acota por zona, por hora y por duración. Cuando todo avisa, no avisa nada, y un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, con razón. Por eso una regla no es «avísame si hay alguien parado en el pasillo»: es «avísame si hay una persona en el piso en este pasillo durante más de veinte segundos», o «avísame si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en tu hospital, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se mira y qué no?
Lo decide el hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en tus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, cierran un ala por obras o abren un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se le puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué le contamos al personal y a sus representantes?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control de horario, no es marcar entrada y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto de trabajo, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún sitio y no te puede decir «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa —una bata, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación de los trabajadores delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, lobbys y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta completa. Antes de prometer nada preferimos mirar tus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirte en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale del hospital?
Solo si tú quieres, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro del propio centro, en un equipo tuyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ti te conviene, pero eso es una decisión tuya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de historia, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿La cifra de gente que espera en emergencia es confiable?
Es confiable porque no se configura hablando, se configura trazando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Y en el conteo de personas no te quedas con nuestra palabra: nuestro sistema lo homologó el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que puedas reforzar el turno o abrir otro mesón. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio se pueden confundir durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase completa: IRIS no evita ninguna caída. La caída ya pasó cuando IRIS la ve. Lo que cambia es el rato que esa persona está en el piso antes de que llegue alguien. No te vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahorita no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar chiquito: un pasillo y la sala de espera de emergencia, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escríbenos y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.
La escuela
Ir a la página¿Van a reconocer a nuestros estudiantes?
No, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ninguna cara, no le sigue el paso a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee placas: en una escuela esa función no se prende. Y hay sitios donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestuarios. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier plantel ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle al personal docente, a la sociedad de padres y a las familias.
¿IRIS detecta el acoso escolar?
No, y quien te diga lo contrario no te está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un ruedo cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo completo solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién molesta a quién, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es enseñarle al equipo del plantel dónde y cuándo mirar, con el video delante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el docente, quien orienta, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.
¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?
No. No abre ni cierra la puerta de la escuela, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al docente de turno: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla al personal docente —no es control de horario, no es marcar entrada y no evalúa a nadie— y no le pone ninguna multa a ningún carro. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del plantel. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.
¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?
Los que decidas, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da cincuenta avisos por recreo está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay un niño en el piso», que en un patio pasa a todas horas y casi siempre porque están jugando, sino «avísame si hay un niño en el piso en esta cancha durante más de dos minutos», o «avísame si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe el plantel con su equipo y con quien orienta, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.
¿Qué les contamos al personal docente y a las familias?
Todo, y antes de instalar nada. Qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Qué no se mira: los baños y los vestuarios, donde no hay cámara. Y se dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que IRIS no etiqueta a ningún niño. Aparte se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma el plantel y su titular, que son quienes responden. Un sistema así solo funciona si el personal docente y las familias saben exactamente qué mira y qué no.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: una escuela ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta completa. Antes de prometer nada preferimos mirar tus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirte en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale de la escuela?
Solo si tú quieres, y en una escuela lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro del propio plantel, en un equipo tuyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ti te conviene, pero eso es una decisión tuya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grado, ni una cara guardada, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?
Es confiable porque no se configura hablando, se configura trazando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Y en el conteo de personas no te quedas con nuestra palabra: nuestro sistema lo homologó el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepas dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: en los baños y en los vestuarios no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que el plantel decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: un montón de niños que se tiran unos encima de otros jugando y un forcejeo se pueden confundir durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase completa: IRIS no evita ningún forcejeo y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No te vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahorita no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y un plantel entero con la puerta, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar chiquito: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada. Escríbenos y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.
Las infraestructuras
Ir a la página¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce caras?
No: ni lee placas ni reconoce caras. Lo que ve es «una persona en la cresta» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. No compara nada con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Si lo que necesitas es saber de quién es un carro o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.
¿IRIS predice una creciente, una avería o un incendio?
No. IRIS no predice nada: ni una creciente, ni una avería, ni un incendio. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están acumulando delante del aliviadero, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está pasando, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.
¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?
No: no abre ni cierra ninguna compuerta, no para ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco reemplaza la instrumentación de la instalación: ni un sensor de nivel, ni la protección eléctrica, ni un sistema de extinción, ni ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo tuyo y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.
¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?
Porque la ve por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un escalón, el borde de un cajón, una piedra marcada. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen, y por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No da una cota en metros ni reemplaza la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.
¿Qué puede ver una cámara y qué no?
Ve lo que se ve, y no ve lo que no se ve; tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. Ve una compuerta en una posición, pero no lee ningún telemando ni sabe si la orden llegó. Ve una sala inundada con las bombas quietas, pero no sabe si una bomba está trabajando. Lee un nivel sobre una referencia física visible, y no es un limnímetro. Son señales observables y no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para reemplazar tus sensores. Ahora bien, con una cámara termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen, y el punto caliente aparece antes que el humo. En una pila de residuos el fuego empieza por dentro y cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada: las termográficas que ya tengas IRIS las mira igual que las demás.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida tu regla, y acotarla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto es más grave que en ninguna otra: una regla mal acotada genera cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. Por eso una regla no es «avísame si hay alguien». Es «avísame si hay una persona adentro del predio cercado, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos». Zona, horario y duración. Con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.
Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?
Adentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y aquí es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de tu red. Si hay conexión, el aviso llega también al centro de monitoreo o al celular de quien esté de turno; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eliges tú, instalación por instalación.
Aquí no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién le llega el aviso?
A quien tú decidas, porque a las cuatro de la madrugada no hay nadie delante y ese es justo el problema. Puede ir al centro de monitoreo, al celular de quien está de turno, a la empresa de seguridad que tengas contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahorita. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.
¿Quién decide qué es un aviso y qué no?
El titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escribes tú, con tus palabras y en una frase, porque eres quien sabe qué es normal en tu planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el tuyo, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.
Una represa y un relleno sanitario no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?
No hace falta: es el mismo sistema. Esta página enseña siete tipos de instalación —represa, planta de tratamiento, subestación, pozo de tormentas, quebrada, relleno sanitario y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso también trabaja cuando no tienes una instalación sino cientos, repartidas por una región entera y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo sitio donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.
La industria
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?
Sí, con las que ya tienes en la planta. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora lo incómodo: un galpón no es un pasillo con luz fija. El polvo de una trituradora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. Cámara por cámara se revisa en el proyecto, y se te dice sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con moverlas unos grados y cuáles no dan para lo que quieres ver ahí.
¿Esto sirve para vigilar a los operarios?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de una guarda abierta, no de quién son esas manos. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada y no sirve para sancionar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y mientras antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?
No. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza el enclavamiento, el bloqueo y etiquetado ni el plan de seguridad. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahorita no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avisa si hay alguien cerca del montacargas». Es «avisa si una persona a pie está adentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se arranca por lo que de verdad importa en ese galpón, se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video de la planta?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Eso importa en una planta donde la línea se cae o donde no hay buena conexión. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo normal en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?
No: es el mismo sistema y cambia lo que se le pide. Una esclusa de farmacéutica, un dique de contención de química y una correa de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona trazada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una siderúrgica y una planta de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.
¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?
Lo que no cabe en una imagen, y en una planta esa lista es importante. No lee un sensor ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. No ve adentro de una máquina cerrada, de un tanque ni de una tubería. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.
¿Reemplaza nuestros sensores, la instalación de seguridad o el plan de seguridad industrial?
No: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y se necesitan las dos. Lo que aporta IRIS es la capa que hoy te falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar lo que está pasando delante de ellas. Puedes seguir grabando y gestionando el video donde lo haces ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, y no prometiendo de antemano que encajamos con todo.
Además de avisar, ¿puede medir?
Sí, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se traza: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay adentro de una zona, cuántas paletas pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un galpón con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce plantas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar chiquito: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres ver, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los estacionamientos
Ir a la página¿Necesito un sensor en cada puesto para saber cuántos quedan libres?
No. El número sale de mirar los puestos con las cámaras que el estacionamiento ya tiene puestas: se traza sobre la imagen qué pedazo de piso es cada puesto e IRIS mira si hay carro o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de puestos a la vez, y además distingue el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de recarga. No hay que romper el asfalto, ni cablear piso por piso, ni cambiar de sitio nada de lo que ya funciona.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay allá abajo?
Sirve con las que ya tienes, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen a mediodía. Un piso con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los puestos del fondo. Cámara por cámara se revisa en el proyecto qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se te dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajarlas unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿El número del aviso de la entrada es confiable? ¿Y cuando está lleno?
Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los puestos. Contar carros en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el aviso dice «lleno» con cuarenta puestos libres en el piso cuatro. Aquí cada puesto se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio puesto o hay un pasillo sin luz, ese puesto concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, puesto por puesto, y se decide qué cámara se mueve y qué zona se deja fuera del conteo.
¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?
Sí, IRIS lee placas, y sí, una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que dice la ley y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión tuya, cámara por cámara: la puedes prender en la barrera para el mensualista y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién lo puede consultar. Lo que IRIS no hace es decirte de quién es ese carro: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de tu sistema de mensualistas y de tu organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?
No. Caras no reconoce, no las compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie: ni a las personas ni a los conductores los identifica. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un carro subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. Y en el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un carro delante de la puerta; nunca quién es esa persona. El conteo también es agregado y anónimo: cuántos carros y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida tu regla, y afinarla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que suelta doscientos avisos al día se ignora en cuatro días, y en un estacionamiento eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es «avisa si hay un carro parado». Es «avisa si un carro lleva más de unos minutos parado fuera de puesto en el piso cuatro, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video del estacionamiento o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: el servidor está en tu propio edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Es lo normal en un estacionamiento subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios estacionamientos conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo sitio.
¿Reemplaza las barreras, el sistema de tickets o la instalación contra incendios?
No: convive con los tres. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida una mensualidad y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisar a quien puede bajar hasta allá. Y aquí va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un carro conectado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de detección y extinción que exige la normativa. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un estacionamiento?
Bastantes cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en tu sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un carro. No sabe si quien estaciona en el puesto reservado tiene derecho a hacerlo; solo ve que hay un carro ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay adentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que pasa delante de las cámaras que ya tienes, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien se queja.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un estacionamiento?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos estacionamientos entran, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los puestos de un piso que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es arrancar chiquito: un piso, dos o tres reglas y el conteo de puestos libres, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada más. Cuéntanos cuántos puestos y cuántas cámaras tienes y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los recintos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el recinto?
Sí, sirve con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieres ver ahí, y se te dice sin adornos cuáles no llegan. La cámara de la tribuna no distingue una cara desde el otro lado de la cancha, y no hace falta que la distinga: lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la cola avanza.
¿IRIS identifica a la gente o reconoce caras en la tribuna?
Ni identifica a la gente ni reconoce caras en la tribuna. No compara a nadie con ninguna lista, ni con una lista de vetados, ni con ninguna base de datos, y no guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un ruedo que se cierra alrededor de dos personas, alguien que se pasa una baranda, una bengala encendida y en qué fila de asientos está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.
¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y llevar el aforo?
Sí: se traza una raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de una boca de acceso o de un lobby y sabes cuánta gente hay dentro ahora mismo; con eso se lleva el aforo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, así que la cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Funciona con el recinto lleno, que es cuando hace falta?
Hay un matiz que preferimos poner sobre la mesa antes de firmar: al juntarse mucha gente, unas personas tapan a otras, y ahí una cámara ya no las separa una por una. Le pasa a cualquier sistema de visión, y el nuestro no es excepción. Lo bueno es que en ese momento la pregunta es otra: cuánta gente hay por metro en esa zona, y si el grupo sigue avanzando o se paró. Ni la densidad ni el avance necesitan que se distinga a cada persona. De uno en uno conviene contar en las puertas y los torniquetes, donde la gente pasa uno detrás de otro. Así que sí: con el recinto lleno, que es cuando hace falta, funciona.
¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?
Avisa en cuanto se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde la sala mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del sitio: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de acceso a una tribuna. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está allí.
¿Esto reemplaza al personal de sala, al plan de emergencia o al control de accesos?
No reemplaza al personal de sala, ni al plan de emergencia del recinto, ni al control de accesos: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no detiene un torniquete y no manda a nadie a ningún lado: abre la cámara, muestra lo que vio y espera. El plan sigue siendo tuyo y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?
Llegan los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo de los primeros eventos. Cien avisos en un concierto se apagan a la segunda; lo sabemos. Por eso una regla no es «avisa si hay mucha gente». Es «avisa si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, por más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota la zona sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y el aviso no va a un correo: va al radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Se repasa un evento entero con tu equipo y se ajusta.
¿El video sale del recinto o se queda dentro?
Se queda dentro o sale según la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores quedan en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En un recinto eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.
Una feria y un concierto no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?
No hace falta rehacerlo cada vez, y por eso el sistema está pensado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las zonas se redibujan sobre la imagen: si la tarima tapa media tribuna y aparece un foso delantero, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y se guarda una configuración por tipo de evento —feria, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que toque. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la temporada entera de conciertos.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un recinto?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un gimnasio cubierto que las gradas, las bocas de acceso y las barras de un estadio entero. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: las dos puertas que se atascan siempre, el conteo del aforo, y ver los avisos y los números con tu equipo después de un par de eventos. Cuéntanos cuántas cámaras hay y qué quieres ver, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los hoteles
Ir a la página¿Hay cámaras en las habitaciones?
No, y tampoco en los baños ni en los vestuarios del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara y no la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el lobby, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: sitios comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien te ofrece analizar el interior de una habitación, que sepas que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Esto sirve para controlar a mi personal?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS mide la situación, nunca a la persona: ve «una mesa sin recoger desde hace ocho minutos», no ve quién tenía que recogerla. El aviso sirve para abrir otro mesón o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mesonero ni para puntuar a quien está en recepción. No identifica a nadie, no sirve para marcar entrada y no sirve para sancionar. Si hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y mientras antes mejor.
¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce caras?
No. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una cola que crece, una maleta sola en el lobby, una bandeja vacía, una persona en el piso. No compara rostros con ninguna base de datos, no le sigue el paso a nadie de un salón a otro y no se cruza con el programa de fidelización ni con la ficha de reserva. El conteo es agregado y anónimo: dice cuántas personas hay en el comedor a las nueve y media, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno; de ella no queda nada más.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?
Sí, sirve con las que ya tienes en el hotel. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no distingue si una bandeja del bufé está vacía, y la de recepción a contraluz de una fachada de vidrio al mediodía da una imagen quemada donde no se cuenta bien. Cámara por cámara se mira en el proyecto, y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con moverlas unos grados.
¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?
Sí, y se hace trazando, no hablando. Se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del mesón. IRIS cuenta cuánta gente entra a la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Trabaja en la cocina, con el vapor y el calor?
Sí, con un matiz que preferimos decir antes de firmar, y con algo más importante todavía al final. Se ve bien una llamarada sobre la sartén: es grande, es brillante y aparece de golpe; y un charco en el piso también. Lo que se ve mal es el humo fino, porque el vapor de un lavavajillas o de una marmita puede tapar media imagen y confundirse con humo. Y la grasa se le pega al lente y va emborronando el encuadre, así que la cámara de cocina hay que limpiarla. Lo importante: IRIS no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.
¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?
Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana. Por eso una regla no es «avisa si hay cola»: es «avisa si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mesones abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular de quien está de turno o de la gerencia, no a una pantalla del cuarto de servicio que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta.
¿Sale el video del hotel?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo sitio: condiciona la red de cada establecimiento.
¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?
Para los dos, y lo que cambia no es el sistema: es qué haces con el dato. Con un hotel solo decides tu hotel —a qué hora abrir el segundo mesón, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece—. Con una cadena aparece algo que un hotel solo no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, medida igual en cuarenta establecimientos; y el hotel donde la cola se dispara media hora antes que en el resto. Arrancar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un complejo entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es arrancar chiquito: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los puertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el terminal?
Sí, con las que ya tiene el terminal. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora la parte incómoda. Un patio de contenedores es largo, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan el lente velado, y una cámara sucia ve menos cada semana. Cámara por cámara se revisa en el proyecto y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con moverlas o limpiarlas y cuáles no dan para lo que quieres ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Trabaja si se cae la línea?
Sí, y en un terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es local: los servidores están adentro del terminal, el video entra por tu red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para trabajar. Si la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se para. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: entonces el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede arrancar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varios terminales conviven las dos.
¿Esto es para vigilar a los estibadores?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó el cercado o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. A la representación de los trabajadores se le enseña exactamente esto, y mientras antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Un terminal donde eso se entiende funciona; uno donde no se entiende, no.
¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza debajo de la carga?
No. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad del terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda parar. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahorita no está mirando nadie.
¿Ve de noche, con neblina y con aguacero?
Según cuánta imagen quede, y aquí preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con aguacero se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien te diga lo contrario no ha pasado una noche de neblina en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida tu regla, y afinarla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien parado adentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien parado». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con tus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Esto vale para el plan de protección del puerto?
Vale como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce del cercado o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: quien aprueba el plan es la autoridad, y quien lo firma es tu organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.
¿Reemplaza el cercado, los sensores del cierre o a los vigilantes?
No a los tres. El cercado sigue haciendo falta: una cerca detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores del cierre siguen donde están, e IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la cerca, IRIS dice qué se ve ahí y enseña la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los vigilantes pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos; con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.
¿Sirve para un terminal solo o para todo el puerto?
Sirve para un terminal solo y cobra otro sentido en todo el puerto. En un terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varios terminales aparece algo que uno solo no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todos. Entonces se ve qué muelle acumula más cruces debajo de la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación de quien más muelles pisa; con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Arrancar por un terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es arrancar chiquito: un par de puntos de un terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar en cada una, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
La banca
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce caras?
No: ni identifica a tus clientes ni reconoce caras. No compara rostros con ninguna lista ni con ninguna base de datos, no arma perfiles de nadie y no se cruza con tus sistemas de cliente. Lo que ve son hechos —dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el lobby, un bulto que no se mueve—, y cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de tu casa, siempre.
¿Esto detecta lo que va a pasar antes de que pase?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión: quien te prometa eso te está vendiendo humo. IRIS no adivina la intención de nadie y no predice lo que va a hacer una persona. Lo que sí ve, mientras está pasando, son hechos comprobables: alguien que entra con el casco puesto y la visera bajada, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.
¿Sirve con las cámaras que ya tienen las agencias?
Sí, sirve con las cámaras que ya tienen las agencias. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y te lo decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y el lobby de cajeros a oscuras dañan cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieres ver ahí, y se te dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿Sale el video de la agencia o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones —en la agencia o en tu centro de proceso—, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de agencias conviene decidirlo pronto, porque condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, en una agencia llena de clientes?
Encima de todo está lo que más pesa en una agencia: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que armar. Debajo, el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegues y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí te podemos poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo puedes pedir antes de contratar nada.
¿Reemplaza la alarma conectada al centro de monitoreo, a los vigilantes o al control de accesos?
No: convive con los tres y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy te falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de carnet lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.
Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?
Sí, y es de las cosas que más tiempo devuelven. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación para encontrar cuatro minutos; con IRIS se describe en una frase lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el lobby— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y va la otra mitad, que conviene decirla: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es lo que la hace valer como prueba.
¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?
Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avisa si hay alguien en el lobby de cajeros». Es «avisa si alguien lleva más de tantos minutos en el lobby, fuera del horario de la agencia». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —quien dirige la agencia, el centro de monitoreo, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de agencias?
Sí, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una agencia. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una agencia no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve qué agencias acumulan puertas que se quedan abiertas, cuál tiene cola a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se empieza por unas pocas y se decide después.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de agencias?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas agencias entran, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una agencia con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: unas pocas agencias, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los casinos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?
Sí, con las que ya tienes encima de las mesas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se revisa en el proyecto si el encuadre da para lo que quieres ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo capaz no llega a leer el tapete— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con voltearlas unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS reconoce caras, controla la autoexclusión o detecta menores?
No a las tres cosas. No identifica a nadie: no compara ningún rostro con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no le sigue el paso a ningún jugador por la sala y no se cruza con tu programa de fidelización. Y aquí está la línea, dicha antes de que la preguntes: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no te lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una cola, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.
¿Sale el video de la sala?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una sala lo normal es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.
¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?
Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y devuelve la cinta. Con IRIS describes en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y llegas al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se para IRIS. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y lo que vale ante cumplimiento o ante quien regula lo marcan tu procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por ti.
¿Los números de la sala son confiables?
Lo son porque no se configuran hablando, se configuran trazando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se traza una línea en el umbral o una zona sobre el tapete, y de ahí en adelante el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas no te quedas con nuestra palabra: lo homologó el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que decidas: la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Cuando todo avisa, no avisa nada, y un sistema que suelta doscientos avisos por turno está apagado a la semana, con razón. Por eso una regla no es «avísame si hay gente de pie junto a una mesa»: es «avísame si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa durante más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía». Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu sala, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide la sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe tu equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en tu tapete: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambias el horario, cierras una mesa o abres una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se la puedes enseñar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué no ve IRIS en una mesa?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro y una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala ve peor, y con el lente sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo entre sí: recoger una ficha y mover una ficha se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni dice quién hizo qué. IRIS no es infalible y no te lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahorita no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar trabajando en la sala?
Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, trazar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en tu sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieres ver en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede arrancar chiquito: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres ver, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los centros comerciales
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el centro?
Sí, con las que el centro ya tiene puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se revisa en el proyecto si el encuadre da para lo que quieres medir ahí —una cámara colgada para vigilar un acceso capaz no llega a contar en el pasillo del fondo— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con voltearlas unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce caras?
No: ni identifica a los visitantes ni reconoce caras. No las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no le sigue el paso a nadie de una tienda a otra y no se cruza con ningún programa de fidelización. Una persona contada es un uno; de ella no queda nada más. Y como esto sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el niño perdido: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero no busca a un niño por su cara ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.
¿Sale el video del centro?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del centro.
¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?
En que el contador de la puerta dice cuánta gente vino, y esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué pisos se quedó, qué pasillos esquivó y qué cambió el día que lanzaste la promoción. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando pasa. Lo que se mide se traza: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. En el conteo de personas no te quedas con nuestra palabra: nuestro sistema lo homologó el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Podemos darles estos números a los locales?
Sí, y es una de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder datos de ninguna persona. Cuánta gente pasa por delante de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. Lo que no está aquí es la venta: eso está en la caja del local y ahí no entramos. Pero al juntar las dos mitades cambia el diagnóstico: si pasa mucha gente y casi nadie entra, el problema es la vitrina o el aviso. Si no pasa nadie, el problema es el pasillo y no la tienda. Hoy esas dos situaciones se parecen en el informe —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.
¿Cuántos avisos vamos a recibir en la sala de monitoreo?
Los que decidas: la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Cuando todo avisa, no avisa nada, y un sistema que suena doscientas veces al día está apagado a la semana, con razón. Por eso una regla no es «avísame si hay gente parada en la escalera mecánica»: es «avísame si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu centro, no en un centro cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
Lo decide el centro, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se traza sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que le dijiste, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en tu pasillo: lo normal en un centro de una calle no es lo normal en uno de tres pisos con feria de comida, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la promoción de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS un sábado en la tarde?
Deja de distinguir a unas personas de otras cuando se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó con el centro lleno. Ahora, lo que más falta hace en ese momento es la ocupación, y eso no se pierde: medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los pisos no exige distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en cola. Y lo que pasa fuera del encuadre, detrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
Depende del tamaño del centro, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, trazar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en el centro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hace falta que pasen un día flojo, un sábado y un día de promoción. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieres medir en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un centro comercial?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un piso que cubrir tres pisos, la feria de comida y las rampas del estacionamiento. Y se puede arrancar chiquito: los accesos y un piso, ver los números con tu equipo y decidir después. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres medir, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los aeropuertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el terminal?
Sí. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que el terminal ya tiene instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se revisa en el proyecto si el encuadre da para lo que quieres medir ahí —una cámara puesta para ver el lobby completo capaz no llega a contar la boca de una cola— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con moverlas unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce caras?
No: ni identifica a los pasajeros ni reconoce caras. No las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no le sigue el paso a nadie por el terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ningún pase de abordar. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control documental, no verifica documentos, no reemplaza al escáner ni a quien atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una cola que crece, un puesto abierto y vacío, una correa parada. Un pasajero contado es un uno; de él no queda nada más.
¿Sale el video del aeropuerto?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿Los minutos de espera del control son un número confiable?
Son fiables porque no se configuran hablando: se configuran trazando. Una raya en la boca de la cola, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se repite, se compara entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas no te quedas con nuestra palabra: lo homologó el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y por ser española no equivale a ninguna acreditación venezolana.
¿Detecta un equipaje abandonado?
Lo detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva rato en el piso sin nadie al lado, adentro de una zona que trazaste tú y durante el tiempo que fijaste tú. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto delante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un lobby lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?
Los que decidas: la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Cuando todo avisa, no avisa nada, y un sistema que suena doscientas veces por turno está apagado a la semana, con razón. Por eso una regla no es «avísame si hay cola»: es «avísame si esta cola pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en tu terminal, no en un terminal cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
Lo decide el aeropuerto, no IRIS, y hay que decidir dos cosas, porque son dos y no se configuran igual. Lo que se vigila se escribe hablando —una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar—. Lo que se mide se traza: una raya en el piso, una zona sobre una sala. De fábrica IRIS no trae ninguna lista de comportamientos, ni decide qué es normal en tu lobby a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y si cambia el horario de un vuelo de madrugada, cierran un pasillo por obras o abren una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie.
¿Qué no ve IRIS en un terminal lleno?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre, así que con el lobby lleno unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una —le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo en la tarde—. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no exige distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en cola. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, trazar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en el terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieres ver en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir el control y la sala de equipajes que cubrir un terminal completo con sus tiendas, sus pasillos y su sótano. Y se puede arrancar chiquito: el control y la sala de equipajes, ver los números con tu equipo delante y decidir después. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres ver, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
La seguridad pública
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?
Falta alguien que las mire a toda hora, no faltan cámaras: en un territorio eso es lo de siempre, y por eso la respuesta es sí. IRIS toma la señal de las cámaras IP ya instaladas y la analiza tal como llega; el sensor no cambia, cambia lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es la ubicación: una cámara puesta para que salga el acceso completo rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que te importa. Preferimos ver imágenes reales antes de prometer nada, y decirte en cuáles tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es correr una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar equipo.
¿IRIS identifica a las personas, reconoce caras o le sigue el paso a alguien por el territorio?
Hechos que definió la propia administración: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo de la montaña, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué pasa, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que lleva el aviso. Identificar a las personas no entra, y hay que decirlo con todas las letras: IRIS no reconoce caras, no le sigue el paso a nadie por el territorio, no compara ninguna cara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco adivina, ni le pone puntaje a nadie, ni clasifica a nadie por su conducta, ni interpreta intenciones ni ánimos. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leerlas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero esa es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.
¿Sale el video de nuestras instalaciones?
Solo si tú quieres, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores quedan en tu edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el reporte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?
Un hecho fechado con su video: eso aporta un aviso de IRIS, ni más ni menos. No retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un vendedor nuestro. Lo que sí te podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que alguien la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.
¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde por la protección de datos?
Dentro de una vivienda no; en un vestuario tampoco; ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Conviene contestarlo antes de que lo pregunten. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide la administración, con su marco legal, sus abogados y la información pública que corresponda: eso lo firma quien lo instala, no nosotros, y desconfía de quien te diga otra cosa. Lo que sí depende del software es que el tratamiento se configura pieza a pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo puedes pedir antes de contratar nada.
¿Cuántos avisos van a llegar a la sala?
Los que decidas, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por turno se apagan a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay un vehículo parado», sino «avísame si hay un vehículo parado en este hombrillo, entre las diez de la noche y las seis, por más de tres minutos». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu territorio y no en el de otro.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo escribe quien explota el sistema, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones: eso queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar, e IRIS la aplica siempre igual y sin cansarse. De fábrica no viene ninguna lista de conductas ni ningún criterio propio sobre qué es normal en tu territorio: lo normal en una costa no es lo normal en una zona industrial, y eso lo sabe quien trabaja allí. Si mañana se cierra un canal, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se le muestra tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué es lo que IRIS no ve?
Todo lo que no entra en el encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Si algo pasa fuera de cuadro, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con neblina, con aguacero o con el lente sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay cosas que se parecen mucho entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no te lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño del despliegue, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieres detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un acceso, un tramo de carretera de montaña, las dos o tres reglas que de verdad importan allí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
Los centros de datos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?
Sí, con las que ya tienes en el centro. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se mira en el proyecto si el encuadre da para lo que quieres ver ahí —una cámara colocada para cubrir el pasillo completo capaz no llega a ver si un armario quedó abierto— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con moverlas unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica al personal o reconoce caras?
No. Ni identifica al personal ni reconoce caras: no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no le sigue el paso a nadie por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: esto no controla la jornada de nadie, no mide el rendimiento de nadie y no dice cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este armario está abierto sin nadie delante». El nombre, si hace falta, lo pone después tu control de accesos, y ese cruce lo decides tú.
¿Sale el video del centro de datos?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión tuya, no una condición nuestra.
¿Detecta que dos personas pasan con un solo carnet?
Detecta que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Cuántas autorizaciones hubo no lo sabe: ese dato vive en tu control de accesos, no en la imagen. El cruce lo hace tu sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se convierte en un problema. El reparto es a propósito: la cámara pone el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó, o enseñárselo a quien viene a auditar.
¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?
Sí, y también de un armario que se queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no reemplaza la detección de incendios, ni las sondas de agua, ni la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a sitios donde no hay sonda y enseña la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que decidas: la regla se acota por puerta, por franja horaria y por tiempo. Cuando todo avisa, no avisa nada, y un sistema que suena doscientas veces por turno está apagado en una semana, con razón. Por eso una regla no es «avísame si esta puerta se abre»: es «avísame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu centro, no en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide el centro, no IRIS. Tu equipo escribe qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato, y eso queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse: de fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y no decide por su cuenta qué es normal en tus pasillos —lo normal en una sala de operación no es lo normal en un muelle de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí—. Si mañana cambia un procedimiento, abren una sala nueva o cierran un pasillo por obras, la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie.
¿Qué no ve IRIS en un pasillo de armarios?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: un armario tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo estrecho el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba se pueden confundir durante un segundo. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no te lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahorita no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, trazar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este armario—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en tus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieres detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de entrada y el muelle de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede arrancar chiquito: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada más. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres ver, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.
El estado de las cámaras
Ir a la página¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?
Con las que ya tienes, sean del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.
¿No me va a llenar el día de avisos?
No, y está pensado justo para eso. Al momento avisan solo tres cosas: que la cámara esté tapada, que esté volteada o que haya perdido la señal. Todo lo demás lleva su umbral y su tiempo —la gota de agua tiene que seguir ahí buen rato, la suciedad tiene que ir a peor varios días, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por una ráfaga de viento— y no interrumpe a nadie: espera al reporte del día.
¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?
Porque se lo guarda, y se lo guarda de esa cámara y de ninguna otra. El primer día IRIS anota cómo se ve cuando está bien —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche— y esa queda como su referencia. Una del muelle y una del lobby no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada; por eso cada día se compara contra su propia referencia y no contra un ideal.
¿Cada cuánto revisa las cámaras?
Lo decides tú. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté delante de la pantalla. Al terminar queda un reporte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Y baja a hoja de cálculo.
¿Esto cuesta aparte?
No: lo que se paga es la cámara, y la licencia de IRIS es por cámara, no por pregunta. Pedirle que avise si alguien se cae cuesta exactamente lo mismo que pedirle si esa misma cámara está sucia. No hay módulo de mantenimiento aparte ni precio por cada cosa que quieras vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tienes.
¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?
Hay que subir, y no lo disimulamos: IRIS no repara nada, no reinicia equipos y no limpia domos. Lo que cambia es que quien sube va sabiendo a qué sube y en qué orden. La diferencia no es chiquita: en vez de una ronda por calendario —recorrer cuatrocientas cámaras porque toca— queda una lista de las once que de verdad tienen algo, con su imagen delante. Y de esas once, alguna se arregla desde abajo.
¿Y si la tuya no está?
Escríbenos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el siguiente que la tenga.
Siguiente paso
El establecimiento penitenciario
¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando el ruedo se cierra?
17 casos: 16 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Ves cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
El hospital
¿Cuánto tarda en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la madrugada?
13 casos: 12 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Ves cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Las cámaras que compraste hace añossiguen sirviendo. Lo que les faltaba no era calidad.
Faltaba que alguien mirara. Con la instalación que ya tienes —los mismos equipos, los mismos cables— IRIS se conecta, y esas imágenes pasan de guardarse a entenderse.
Explícanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día laborable. Escribe a cualquier hora: se responde en horario de España.