Todo lo que preguntan
Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.
Van agrupadas por dónde nacen: primero lo que hay que entender antes de nada, después cada parte del producto y de último cada sector. Ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que usted va a encontrar en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.
297 preguntas contestadas
Antes de nada
Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hace falta cambiar las cámaras, si trabaja sin internet y quién decide.
Inicio
Ir a la página¿IRIS puede trabajar sin internet?
Sí. El despliegue puede ser completamente local, sin conexión a internet: el video, los modelos, las búsquedas y las reglas corren dentro de la infraestructura del cliente.
¿Tengo que cambiar mis cámaras?
No necesariamente. La idea es aprovechar la infraestructura de video que ya está puesta, siempre que la integración y los flujos disponibles lo permitan.
¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Su organización define las reglas y los límites. IRIS automatiza aplicarlas una y otra vez, y les lleva a las personas las situaciones que piden criterio humano.
¿Qué es un NVMS?
NVMS quiere decir Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que, además de guardarlo, entiende lo que pasa en la escena. Interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto; aplica las reglas de la organización; y convierte el video en métricas y en evidencia.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende de la instalación y de cuántas cámaras se integren, así que no damos un plazo genérico. Lo normal es arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera y crecer desde ahí.
¿IRIS sustituye a mi VMS actual?
Depende de la instalación. IRIS puede trabajar como sistema completo de gestión de video o convivir con el que usted ya tiene, y eso se decide después de mirar su red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirle qué se puede hacer hoy y qué no, en lugar de prometer que encaja con todo.
¿Cuánto cuesta IRIS?
Son tres cosas las que mandan en el precio: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones quiere en cada una y dónde se procesa el video. Tarifa cerrada no publicamos, porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada. Cuéntenos su caso y le damos una cifra concreta, no un rango.
¿IRIS reduce los avisos equivocados?
Sí, y es una de las razones por las que se instala. La detección de movimiento de siempre salta con el aguacero, con una rama o con un gato; IRIS mira la escena y separa qué hay, dónde está y cuánto lleva ahí antes de avisar. No prometemos que no vuelva a saltar un aviso de más, porque eso no existe: prometemos que el ruido deje de llegarle a quien está de turno y que, cuando llegue un aviso, valga la pena mirarlo.
Qué es IRIS
Ir a la página¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Su organización define las reglas y los límites, y IRIS se encarga de aplicarlos una y otra vez sobre todas las cámaras. Las situaciones que piden criterio humano le llegan a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con toda la información enfrente.
¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?
No necesariamente. La idea es aprovechar la infraestructura de video que ya está puesta, cuando la integración y los flujos disponibles lo permitan. En la evaluación previa se revisa cámara por cámara: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que pide la detección que usted busca.
¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?
La diferencia está en lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó su organización y ejecuta lo que debe pasar a continuación. Detectar es el principio, no el final.
¿Detectar y entender son lo mismo?
No, y esa es de las cosas que más se confunden. Mirar son tres cosas distintas. La primera ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en cuál punto exacto de la imagen está; es rápida y da siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es la única con la que se puede contar y que un número salga igual dos veces. La segunda NOMBRA: separa un furgón de un sedán, un casco de una gorra; trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. La tercera ENTIENDE: lee la escena entera y la relación entre las cosas —no “una persona” y “un carro”, sino “una persona en el piso junto a un carro parado en medio del cruce”—, no necesita lista y contesta a una frase escrita con sus palabras, pero no es con la que se cuenta. IRIS trae las tres de serie, y no como extras aparte: en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. Por eso decimos que preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y que no se hacen igual.
¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?
Sí. Una pieza que solo se fabrica acá, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo aparece con este material: nada de eso está en ninguna lista, y no va a estarlo. Se entrena un modelo propio con imágenes de sus cámaras y con sus casos, y pasa a ser una detección más dentro de IRIS: se escribe en una regla igual que las demás. Y ese modelo es suyo: se entrena con sus imágenes y con el criterio de su gente, así que queda en propiedad suya. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a su competencia y no depende de que siga siendo cliente para que lo pueda usar. Lo que hace falta para entrenarlo: imágenes de eso pasando —de verdad, no montadas— y alguien de su equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Si eso que quiere detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.
NVMS
Ir a la página¿IRIS es un VMS?
Recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar sí lo hace, como cualquier VMS. Pero su propuesta va más allá: entiende lo que ocurre en la imagen, aplica las reglas de la organización, convierte el video en métricas y deja investigar sin sentarse a revisar horas de grabación.
¿Tengo que sustituir el VMS que ya tengo?
No necesariamente. Según el proyecto, IRIS trabaja como plataforma completa o convive con la infraestructura de video ya existente, aprovechando los flujos y las integraciones disponibles. Lo sensato es revisarlo caso por caso: cuáles cámaras hay, cuál grabación hay y cuáles sistemas se pueden reutilizar.
¿Qué significa exactamente NVMS?
Es la sigla de Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que además entiende lo que ocurre dentro de las imágenes. Con un VMS la diferencia está en el centro del modelo: el VMS gira alrededor de la pantalla y de quien está de turno; el NVMS gira alrededor de la decisión.
¿Hacen desarrollos a la medida?
Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja su equipo, un reporte con el formato y los nombres de ustedes, un cálculo que solo tiene sentido en su operación. Eso se hace. Lo que no le vamos a decir es que todo cabe en la misma cotización: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.
¿Se integra con lo que ya tengo?
Sí, y es lo normal: casi nadie arranca de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja su equipo, el número puede terminar en el tablero que ustedes ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que su sistema ya sabe. Lo que no le vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de usted. Se comprueba al principio, con su sistema enfrente, y si algo no va a poder ser se dice ahí.
Lenguaje natural
Ir a la página¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?
No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.
¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?
No. Por su posición, su calidad de imagen o su iluminación, hay situaciones que una cámara concreta no resuelve; y hay detalles pequeños o muy lejanos que ninguna cámara con ese encuadre distingue. Eso no se sabe discutiéndolo: se sabe probando la descripción sobre video real de esa cámara y mirando el resultado, antes de contar con ella.
¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?
Sí. Además de definir reglas hacia adelante, usted puede describir algo que ya ocurrió —“furgón blanco parado más de diez minutos en la puerta de carga 4”— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Deje de buscar el minuto; busque lo que pasó.
¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?
Nada. Acá no se cobra por consulta: contador de frases no hay, ni de búsquedas, ni de pruebas. Escriba una regla, pruébela contra el video de esa cámara, cámbiela y vuelva a probarla las veces que quiera; una prueba y un millón cuestan igual. Y es a propósito: una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina lleno de reglas escritas a la primera y mal.
Procesamiento
Ir a la página¿IRIS puede trabajar sin conexión a internet?
Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la usa para trabajar. Los servidores están en su edificio, el video entra por su red, y los modelos corren en su hardware sin consultar ningún servicio de afuera. Puede desconectar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.
¿Dónde queda el video y quién puede entrar a verlo?
El video queda donde usted decida, y entra solo quien usted autorice. En la modalidad local vive en los discos de su edificio y no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, y el contrato fija quién puede entrar, con cuáles permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. En las dos modalidades las comunicaciones van cifradas y los accesos quedan registrados.
¿Puedo arrancar con una modalidad y cambiarme a la otra más adelante?
Sí. Es el mismo sistema en los dos sitios: lo que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que usted dibujó sobre sus cámaras, ni la forma de trabajar de su gente. Tampoco tiene que moverse toda la organización a la vez: cada sede puede tener su modalidad y todas se ven desde el mismo sitio. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar, no después.
¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?
El análisis se detiene hasta que la línea vuelve. Lo decimos claro porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato usted no va a recibir avisos. Sus cámaras siguen grabando donde lo hagan hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —un cuarto de monitoreo, una planta de tratamiento, un centro penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.
¿Me cuesta más entre más lo use?
No, porque acá no se factura por uso: contador de consultas no hay, ni de búsquedas, ni de avisos, ni de cámaras abiertas. Una consulta y un millón cuestan igual. Y es a propósito: un sistema que cobra por pregunta termina usándose poco, porque quien está de turno se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda quieta. Lo que sí mueve el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se habla antes de firmar, no después.
El mundo
Ir a la página¿IRIS solo sirve para seguridad?
No. También sirve para medir la operación: conteo de personas, tiempos de espera, ocupación de zonas, filas y flujos de personas o de vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide a diario y una alarma casi nunca, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Y eso no se pide hablando: se dibuja una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. El conteo de personas se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, a través de NeuralPax: lo verificado es esa medida —contar personas— y no el resto, y no equivale a ninguna acreditación costarricense ni la sustituye.
¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?
No. Es la misma plataforma en todos los entornos; lo que cambia es la configuración: cuáles objetos importan, cuáles zonas se vigilan y cuáles reglas se aplican. Una organización con entornos muy distintos trabaja con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo entrenado.
¿Trabaja en sitios remotos, sin personal ni conexión?
Sí, siempre que la cámara tenga corriente y una vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre dentro de la instalación misma, así que en un perímetro alejado o en una red cerrada IRIS sigue entendiendo la escena aunque no haya conexión a internet.
Por lo que hace
Una por cada parte del producto: el directo, la búsqueda, las placas, las incidencias, los mapas, la automatización y las demás.
Directo y video wall
Ir a la página¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?
No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y quien está de turno lo maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado allá afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y mañana regresa igual, y que el muro del cuarto de monitoreo se gobierna desde el escritorio.
¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?
Caben 64 celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o acomodo libre a mano. Y hay un segundo límite, aparte y configurable por servidor: cuántas de esas celdas dan video en vivo a la vez, para no ahogar ni el puesto de quien está de turno ni la red. Lo que pasa de ahí no se queda en negro: la celda muestra imagen fija que se refresca, y ella misma avisa de que eso lo decidió el sistema, que no es un daño.
¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?
Son tres permisos distintos —ver, mover y configurar—, y encima cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona. Lo que está tapado por privacidad no se destapa desde una vista: pide motivo escrito, duración limitada y, si la organización lo exige, un supervisor que lo autorice. Constancia queda de todo: de cada visualización, de cada movimiento de cámara, de cada destapado y de cada acceso a un muro publicado, con quién, cuándo, desde dónde y por cuál vía.
Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es un daño o una decisión?
Porque la celda lo dice. IRIS separa tres motivos y los nombra: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —decisión del sistema, no daño—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Quien mira puede exigir además que sus celdas nunca pasen a imagen fija. Y si una celda está en negro porque esa cámara no está a su alcance, también lo pone: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en un cuarto de monitoreo.
¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?
Una pantalla con navegador —televisor, monitor o cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. En esa pantalla no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. Abre el enlace publicado sin escribir contraseña, y ese enlace lleva PIN, caducidad y lista de direcciones permitidas. Lo único que de verdad hace falta es lo que no vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Esa parte le toca al cuarto de monitoreo, y todo lo demás está para que solo haya que hacerla una vez.
Detección y comportamientos
Ir a la página¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Vienen 41 comportamientos listos: intrusión, cruce de línea, permanencia, merodeo, objeto abandonado o retirado, ocupación, filas, aglomeración con densidad, espacio ocupado, sentido contrario, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. Trabajan sobre un catálogo de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias. ¿Y si lo que busca no es ninguno de ellos? Entonces entra el filtro fino, que compara cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores y condiciones agrupadas con “y” y con “o”.
¿Hay que calibrar la cámara para medir velocidades?
Para arrancar, no. Cada clase del catálogo ya trae su altura media real —una persona 1,70 metros; un carro, 1,50—, y con eso salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. La medida real sobre el piso pide un paso más: se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden de verdad. De ahí en adelante, distancias, recorridos y velocidades van en metros. Lo que IRIS nunca revuelve es la velocidad medida con la estimada: una regla puede exigir que solo cuente la medida, y la estimada se queda corta, por eso se etiqueta como lo que es.
¿Y si me llena el turno de avisos equivocados?
Es lo primero que se ataja, y hay cinco maneras de hacerlo. Marcar áreas donde no se detecta nada —una carretera al fondo, un rótulo con fotos de personas—. Exigir que el objeto lleve ya un rato bajo seguimiento antes de que la regla actúe. Poner un doble umbral, para que el aviso no parpadee en el borde de una zona. Limitar el comportamiento a un horario. Y sumarle tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Nada de eso se publica a ciegas: antes se ve en la imagen en vivo lo que la regla produce de verdad, con los objetos descartados y el motivo del descarte.
¿Y de noche, o con poca luz?
Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en lugar de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada —y en el lado Caribe una carcasa mal sellada se empaña sola—, las reglas que dependen de ella no corren a ciegas. Hay además una puntuación de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar el lente, revisar el enfoque, revisar el infrarrojo de noche. El límite va por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color sale marcada como poco confiable en vez de afirmar que el furgón era blanco. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, así que vigilar de noche sigue queriendo decir lo mismo en enero y en agosto.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
La identidad se aguanta unos segundos, y cuando ya no se puede, se dice. Si algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, un toldo—, el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto guarda además un historial corto de sus clases, así que un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite va por delante: si la ocultación dura más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa distinta, y sigue sin saber quién es.
Grabación y forense
Ir a la página¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Sí, y para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, por cámaras, por tipo de objeto, por hasta cuatro colores, por una parte concreta de la imagen y por uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre ellos. También se escribe la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, enseñando antes qué entendió. Y si aun así el rango queda largo, el resumen se salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
Porque lo comprueba él mismo. El paquete exportado trae una huella de cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que se abre en cualquier navegador. Ese comprobador trabaja sin conexión: no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro. Si algo se modificó —un fotograma, un byte, el manifiesto—, la comprobación falla y lo dice. Y antes de entregarse, el paquete se verifica a sí mismo; si no pasa su propia comprobación, no se entrega.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no lo puede saltar. Si lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema se detiene, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en lugar de sacrificar material protegido para ganar campo. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra —jamás se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que ocurrió es que no se pudo mirar—. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de caducidad.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
El plazo lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por viejo. El techo real no es el programa, es el disco: por eso la pantalla no enseña solo el plazo configurado, sino los días que hay de verdad grabados en este momento, y avisa cuando son menos porque el disco se llena antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive dentro de la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
No puede, y de todos modos queda escrito que lo intentó. El borrado automático no toca el material bloqueado, y para borrar a mano hacen falta dos cosas: un permiso propio y tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo pide el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito. La ficha del bloqueo no se va: queda marcada como liberada, con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación aterrizan en el registro de auditoría con el estado de antes y el de después, encadenados de manera que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.
Búsqueda por apariencia
Ir a la página¿IRIS reconoce caras?
El reconocimiento facial viene en el producto, viene apagado y no se ofrece en la Unión Europea. Donde la ley lo permite, encenderlo obliga a leer nueve advertencias legales y a declarar base jurídica, finalidad y plazo de conservación: sin esos tres datos no trabaja, y quitarlos lo detiene al momento sin reiniciar nada. Eso lo decide cada instalación, no viene puesto de fábrica, y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las zonas que esta web enseña IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras la función no está encendida. Y casi ninguna búsqueda real la necesita: se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.
¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?
Sí, y es la manera normal de trabajar. De cada objeto IRIS guarda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona—, y con eso se le vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre. Cuando propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza, no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita que alguien la revise. Una persona confirma o descarta cada propuesta, y su decisión queda guardada con nombre y hora.
¿Quién puede buscar y qué queda registrado?
Para buscar hace falta permiso de ver grabaciones, y además cada usuario solo encuentra objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, simplemente no aporta resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre cuáles cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles se pueden tapar con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, la aprobación de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Y todo ocurre dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y trabajan sin internet, así que ni una imagen sale para un tercero. Todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el cortafuegos.
¿Y si la persona se cambia de ropa?
Se rompe el rastro por apariencia, y eso hay que decirlo. La huella de una persona se arma con el color, la forma y la complexión: cambia eso, cambia la huella, y de ahí en adelante IRIS ya no la propone en las cámaras siguientes. Lo que no va a hacer es inventarse una coincidencia: dice que nadie llegó al umbral, y con cuál umbral. En pie queda bastante: el recorrido hasta ese punto —dónde se le vio por última vez y a qué hora—, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo, si lo hay. Por eso el recorrido se arma con avistamientos que una persona confirmó, y no con una cadena automática que nadie miró.
¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?
El plazo lo fija cada instalación, por separado para personas, vehículos, rostros y placas, y va de cero a 3.650 días. Cero no quiere decir borrar: quiere decir conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo escoja por descuido. El borrado lo ejecuta un barrido de madrugada, y si ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en vez de dar por hecho que el plazo se cumple; además se puede ver cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron de su plazo. Consultarlas exige el permiso de ver grabaciones, y solo alcanza a las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la retención exige su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.
Placas y accesos
Ir a la páginaEsta web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?
Las dos cosas son ciertas, y lo que las separa es la cámara. La lectura de placas se enciende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se enciende —el patio de un colegio, un módulo de un centro penitenciario, el perímetro de una obra— IRIS ve “un vehículo” y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un parqueo, la puerta de un patio de camiones— se enciende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la enciende, en cuáles cámaras y cuándo queda en el registro de auditoría, así que la pregunta “¿dónde se leen placas en esta instalación?” siempre se puede contestar, y siempre con una lista corta y comprobable. Y encenderla no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se enciende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es, con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.
¿Sabe IRIS de quién es el carro?
No. Lee el número de la placa y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí se acaba. Detrás no hay ningún registro de titulares: no consulta base de datos oficial ninguna, no sabe el nombre del propietario y no lo puede averiguar. Tampoco lee la marca ni el modelo. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de llenar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la metió en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con cuál base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.
¿IRIS abre la barrera él solo?
IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve físicamente la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso por paso, y que se puede probar antes de que ocurra nada real: “¿qué haría con esta placa, en este acceso, a esta hora?”, y la pantalla responde por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a medias, se dice en cuál paso falló y que algo pudo quedar abierto, en lugar de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera nunca salen del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.
¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?
Con barro encima, con un ángulo malo o con poca luz suele alcanzar: un paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga bien. Si la placa no es legible, no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna. Lo que hace es contar el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se pierden en esa cámara. ¿Que se pierde una de cada tres? Eso no lo arregla el software: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y lo decimos antes de vender, no después. En un control de accesos, una placa que no se lee sale como “no está en ninguna lista”, queda registrada con su imagen y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Y ojo con no confundirlo: darse cuenta de que un vehículo anda sin placa legible no necesita leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.
¿Y si se equivoca leyendo un carácter?
Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas encendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriéndole la barrera al carro de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se armó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo carro, y la pantalla lo marca así.
Incidencias y cuarto de monitoreo
Ir a la página¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si al vencer el primero nadie contestó, se avisa al escalón siguiente, y así para arriba. Contestar es asignársela, validarla, cerrarla o comentarla; eso detiene la subida, aunque no resuelva el caso. Si un turno se quedó sin nadie de guardia, el aviso brinca al peldaño siguiente en lugar de callarse. Y cuando se acaban los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca termina en silencio.
¿Cómo se evita que el cuarto de monitoreo se ahogue en avisos?
Con tres cosas. Las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una sola fila con su contador, sin borrar ninguna: el detalle sigue guardado y el número siempre cuadra. La fila de avisos se filtra por 27 criterios combinables, y cada operador guarda su vista y la comparte con el equipo. Y un panel mide cuántos avisos le llegan a cada persona por hora y señala cuál cámara y cuál regla los producen, para afinarlas en lugar de apagarlas. Además queda registro de quién silenció qué.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Sí. De cada incidencia queda la cronología entera —quién la abrió, quién la vio, qué cambió, qué escribió y cuándo la cerró—. Ese registro solo admite agregar, va encadenado criptográficamente y se verifica cuando se quiera; y si algo se hubiera tocado, señala en cuál apunte exacto se rompe la cadena. Para entregarlo, el expediente se descarga como paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar programas. Lo que existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en lugar de hacerlo pasar por verificado.
¿Y si el que falla es el escalado mismo?
Se mide y se enseña, porque un escalado que falla en silencio es peor que no tener escalado. Un panel dice si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está detenido, y da el motivo en palabras llanas: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar. Avisa además de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no queda ningún canal activo por dónde salir, o cuántas personas del equipo no tienen manera de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Otra cosa: recién instalado arranca desarmado a propósito. Solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor, porque un despliegue no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos operadores agarran la misma incidencia a la vez?
Se ven. La ficha dice, con nombres, quién más la está mirando en ese momento; y si está solo, también lo dice. Asignársela es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que detiene el escalado, aunque todavía no resuelva nada. Los estados no brincan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no corresponde, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar la misma incidencia en dos sitios distintos. Y lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién la abrió, quién la vio, quién la cambió y qué escribió cada una.
Reglas y automatizaciones
Ir a la página¿Hay que saber programar para armar una automatización?
No. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra. Si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión ahí mismo y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya andando. Y si ni siquiera quiere dibujar, hay 23 recetas ya hechas: escoge una, llena cuatro campos sobre la imagen en directo de la cámara y está trabajando el primer día. Para quien está de turno hay además un modo de seis preguntas en palabras corrientes, sin lienzo ninguno.
¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?
Es el miedo real de quien automatiza algo, y por eso hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Antes de publicar, el simulador corre el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Ya publicado, se puede dejar silenciado: el flujo corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo va mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.
¿La misma regla sirve para muchas cámaras a la vez?
Sí. Se define una vez y se aplica a una cámara, a un grupo, a un servidor entero o a la instalación completa. Y las exclusiones se escriben con su motivo: “todas las cámaras del servidor menos el vestidor y el cuarto de equipos” es una sola declaración, no una lista que alguien tenga que estar manteniendo. Cada sitio puede llevar además sus propios umbrales y su propio horario sin duplicar el flujo. Otra cosa que suele hacer falta: una misma cámara admite varias configuraciones a la vez —una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja—, y la que está trabajando no se toca.
¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?
Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva para otro lado —avisarle a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en cuál etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que el daño se ubica sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y jamás se enseña un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo ya hecho: si la incidencia se creó antes de la falla, la incidencia está creada. Lo que sí prometemos es que usted sabe hasta dónde llegó y por qué se detuvo ahí.
¿Quién puede tocar una automatización que ya está andando?
Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que alguien de turno puede abrir el flujo, entenderlo entero y no poder cambiar nada. Por encima de eso, un administrador decide cuáles bloques usa cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen andando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se retira en un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador enseña sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que quitarle el enganche.
Chat e inteligencia artificial
Ir a la página¿Salen mis imágenes o mis conversaciones para algún servicio de internet?
No. La inteligencia artificial que contesta es propia y corre en el servidor de su instalación, igual que la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Ni una imagen, ni un fotograma, ni una frase de la conversación viajan a un proveedor de afuera, porque no hay ninguna llamada a un tercero en ningún punto del recorrido. Trabaja con el cable de internet desconectado, y eso es un requisito de diseño, no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
En que este llega a los mandos. Un chat corriente contesta con lo que sabe; el asistente de IRIS tiene 95 herramientas conectadas al sistema, y las usa para ir a buscar la respuesta: mira por una cámara, abre una grabación, junta estadísticas, dibuja el mapa, arma el reporte. Y si quien pregunta tiene permiso, actúa sobre el sistema: crea o cierra una incidencia, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de nada.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
No, y la diferencia importa. Preguntar sirve para buscar y para describir una situación: eso sí se hace hablando, y el asistente lo hace muy bien. Contar sirve para medir, y para medir hay que saber por dónde pasa exactamente la línea y en cuál sentido. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número es repetible y se puede auditar un año después.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que se le pide, lo dice en vez de enseñar otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene enfrente y qué haría falta para saberlo, sin rellenar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No, y no es una promesa: es cómo está construido. El asistente solo ve las herramientas que la persona que pregunta tiene derecho a usar, así que el mismo chat ofrece capacidades distintas a quien está de turno y a un administrador. Diez permisos gobiernan el chat en sí —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas— y además cada herramienta puede exigir el suyo propio. Las que modifican datos van marcadas como tales y no corren sin ese permiso, y publicar una automatización pide confirmación explícita. Todo queda registrado: quién lo pidió, con cuál papel en ese momento, con cuáles argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal; también los intentos de acceso denegados. Las conversaciones son privadas de entrada y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
No. Contador no hay: ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Se puede tener una conversación de dos frases o pasarse el turno entero preguntándole, y cuesta lo mismo. Lo decimos porque cambia cómo se usa: cuando cada mensaje lleva precio, quien está de turno se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina jalando del sistema viejo. Acá no hay nada que racionar.
Mapas, planos y territorio
Ir a la página¿De verdad trabaja sin conexión a internet?
Sí. La cartografía se instala en el servidor del cliente, país por país, y de ahí no se mueve: contra esos datos se resuelven el dibujo del mapa, la búsqueda de una dirección y la traducción de una coordenada en un domicilio. La interfaz lo pone en pantalla —“mapa local, sin internet”— para que quien opera sepa con qué está trabajando. Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir cuál zona se está vigilando.
¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?
Sí: PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que sirven, y un PDF de proyecto con veinte niveles se convierte en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas se organizan como a cada instalación le convenga —por país, por sede, por edificio, por nivel o como sea—, y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca coincide con el día en que se subió.
¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?
No, y conviene decirlo antes de la demostración y no durante. El mapa de calor de IRIS se dibuja sobre la imagen de la cámara, no sobre la cartografía. La densidad sobre el terreno se obtiene hoy juntando por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición, no como una capa de calor continua encima del mapa. Es un hueco real y se declara acá porque quien integra lo comprueba en cinco minutos.
¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?
Ocupa lo que ocupen los países instalados, porque se instalan y se quitan uno por uno: el mundo entero no lo instala nadie, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. Cada país muestra en la pantalla de administración su tamaño en el almacén y su fecha de instalación, así que dimensionar no es una estimación de folleto: es una cifra que se ve antes y después. Actualizar es una carga de datos que lanza el administrador, con una fila de trabajos que dice el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo se cae. Goteo automático desde internet no hay, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con cuál edición se trabaja.
¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?
Pasa a cada rato y no traba nada. El plano de interior no depende del callejero: se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic, y el edificio existe en el sistema antes de existir en cartografía ninguna. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes —tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual—, y esa última etiqueta existe justo para que el sistema lo diga en vez de callárselo. La búsqueda inversa contesta aunque el portón no exista: entrega el más cercano que sí existe, con su distancia en metros. Y si el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato en lugar de inventarse una altitud.
Videoconferencia y colaboración
Ir a la página¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
No. La sala vive dentro de IRIS y nace desde el muro de cámaras o desde el mapa. Nada más que instalar, nada más que contratar. Y tampoco hay que sacar el video de la instalación para poder hablar sobre él: la cámara entra dentro de la llamada, en directo, y todos miran lo mismo mientras conversan.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Sí. El anfitrión genera un enlace con código QR y esa persona lo escanea con el celular. Ese enlace vence, lleva un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o nada más mirar. Y cada uso queda registrado.
¿Trabaja en una instalación sin internet?
Sí. Dentro de la red del cliente viajan la conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras, todo por el puerto 443. En ningún punto del camino hay servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace su reunión igual que cualquier otra sede.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera lo hace escaneando un código con el celular. Antes de pasar hay una antesala: uno pone su nombre, ve cómo va a salir en imagen y decide si enciende la cámara y el micrófono. Ahí se piden los permisos del navegador, una sola vez, y adentro ya no se vuelven a pedir. Y cuando la sala graba, el aviso sale en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?
Entra con un enlace y sin cuenta, y cómo se protege lo decide el anfitrión: abierto para cualquiera que lo tenga, solo para quien tenga sesión en el sistema, o con un PIN. Decide también cuánto dura —unas horas, hasta una fecha concreta o sin límite—, cuántas veces se usa y qué puede hacer quien lo abre. El enlace fija además el idioma con el que se abre, así que un contratista o un perito lo ve en el suyo sin configurar nada. Y en cuanto deja de hacer falta, se anula al instante.
Plataforma, escala e integración
Ir a la página¿Cuántos puertos hay que abrir en el cortafuegos?
Uno: el 443. Por ahí viajan la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación, todo cifrado. El sistema escucha en catorce puertos en total, pero los otros trece solo se alcanzan dentro de la máquina misma y nunca cruzan la red. Para quien lleva la red son trece excepciones que no hay que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación cuando algo sale mal.
¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?
La sede sigue trabajando. Cada sitio capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, jamás fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.
¿Hasta dónde escala de verdad?
El producto declara más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, pero lo que deja comprobarlo son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. Por ejemplo, caben sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. La calculadora que viene dentro del producto hace ese cálculo con doce preguntas, dice cuál recurso se agota antes y declara inviable un dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir.
Se nos quedó corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?
Se agrega una máquina, y rehacer no hay que rehacer nada. Desde la interfaz central se genera un código de registro, se instala el servicio en la máquina nueva y se le entrega ese código: ella sola se da de alta, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara cuáles tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; mientras no declare al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en vez de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y se mueven únicamente las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se revuelve. Lo que sí toca volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.
¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?
Su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque los publica cada servidor, así que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla y no se descubre el día que algo falla. Actualizar es máquina por máquina, no un apagón general: mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Y archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor no hay: todo vive en el sistema y se edita desde la web, así que una actualización no arrastra un reguero de ajustes locales. ¿Que a un servicio le falta algo después de actualizar? Entonces no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.
Administración y auditoría
Ir a la página¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?
No, y ningún programa puede estarlo por usted: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con sus procesos, su personal y sus instalaciones. Lo que hace IRIS es venir armado para ayudar a cumplir esos marcos con el trabajo adelantado: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad de nivel alto —el marco de la administración española— y los 93 del anexo A de ISO 27001, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, cruzados entre ellos para no hacer dos veces la misma tarea. Ninguno de los dos equivale a una acreditación costarricense ni la sustituye. Lo decimos así en lugar de enseñar un sello: en la primera auditoría se nota la diferencia. La única verificación de un tercero que sí tenemos es la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España.
¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?
No. Agregar es lo único que admite el registro de auditoría, y esa regla no la impone el programa sino el almacén de datos mismo: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Además, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en cuál asiento y en cuál fecha ocurrió.
¿Puedo darle acceso a una empresa de afuera solo a unas cámaras y solo unos días?
Sí, y es el caso normal. Se concede por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella o sin eso— o por caso de investigación, y siempre con fecha de caducidad; de las concesiones que vencen en los próximos siete días avisa la pantalla sola. Encima se le pone una franja horaria: afuera de ella la persona ve un mensaje explícito y no entra. Revocar pide motivo obligatorio, y la concesión guarda quién la dio, cuándo, con cuál motivo, quién la quitó y por qué. Así un acceso temporal se cierra, en lugar de quedarse abierto para siempre porque nadie se acordó.
¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?
La cuenta se desactiva, y es reversible por si regresa. Las sesiones abiertas se revocan al momento: las credenciales en curso dejan de servir sin esperar a que venzan, así que nadie se queda adentro hasta que expire una ficha. Las concesiones sobre sedes o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas se cortan, guardando quién las quitó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo; la anonimización sustituye el dato personal dentro de los asientos, deja la cadena intacta y cuenta cuántos se anonimizaron. El registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.
¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?
Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena entera y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o reporte—, que lleva la firma dentro del archivo mismo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que nadie lo tocó, sin confiar ni en nosotros ni en usted. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la pantalla misma: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.
Por dónde trabaja usted
Las mismas dudas cambian de forma según el sitio: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto. Acá están por entorno.
La ciudad
Ir a la página¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?
No hace falta. A la señal de las cámaras IP ya instaladas se conecta IRIS, y la analiza: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de esa imagen. Después, en el proyecto, se revisa cámara por cámara si el encuadre y la calidad dan para lo que usted quiere detectar en ese punto, y se le dice sin rodeos cuáles no llegan. Cambiar una cámara acá es la excepción, no el punto de partida.
¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?
Todas las que tenga la instalación, incluidas las miles de una ciudad completa, y a la vez. Esta demostración enseña veintitrés porque veintitrés caben en una pantalla, no porque sea un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás, no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.
¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted escoja, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿IRIS identifica a las personas o reconoce rostros?
Ni lo uno ni lo otro. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: un carro parado sobre la acera, una caída, una aglomeración, basura fuera del basurero. A nadie le pone nombre, y rostros no compara con ninguna base de datos. El conteo por franjas horarias es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más.
¿Cómo evito que el cuarto de monitoreo termine ignorando los avisos por culpa de los avisos equivocados?
Ajustando las reglas con su gente, calle por calle, durante las primeras semanas. Y empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario no ha instalado ninguno. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con usted hasta que lo que llega a la pantalla es lo que su equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Cuánto tarda en estar trabajando en la calle?
Depende del tamaño de la instalación, y no le vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quiere detectar en cada una.
¿IRIS sustituye a mi cuarto de monitoreo o a los oficiales de seguridad que tengo?
A ninguno de los dos: lo que cambia es qué miran. Hoy una persona tiene enfrente decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, enseña lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.
¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?
Sí, y convive con él en lugar de sustituirlo. IRIS es un NVMS, o sea, la capa que hoy le falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar sus reglas. Usted puede seguir grabando y administrando el video donde lo hace ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, y no prometiéndole de antemano que encajamos con todo.
¿Puedo poner esto en la vía pública sin problemas de protección de datos?
Puede, pero eso no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegue y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos decir es que el tratamiento es configurable pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y usted nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?
El costo sale de tres cosas: cuántas cámaras se analizan, cuál modalidad de despliegue escoge y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. Una tarifa única que sirva para todos no existe, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de una ciudad entera. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La carretera
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?
Sirve. A la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos, báculos y postes se conecta IRIS, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que usted quiere detectar en ese tramo —no es lo mismo un espaldón a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Sustituir una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Trabaja de noche y con aguacero?
Sí, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: el aguacero fuerte, la neblina cerrada y el deslumbramiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, el cuarto de monitoreo se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar una cuadrilla. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan las luces de los carros; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.
¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?
Avisa apenas se cumple la regla que usted definió, sin que nadie tenga que llamar. Y ese es el cambio de verdad: hoy el reloj arranca cuando un conductor llama a reportarlo o cuando alguien del cuarto de monitoreo pasa de casualidad por esa cámara. Con IRIS arranca cuando la escena ocurre delante del lente. No le vamos a dar un número de segundos, porque depende de su red, de sus cámaras y del hardware que se ponga detrás; lo que sí le decimos es que enterarse deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.
¿Puede sustituir a los conteos que ponemos unos días al año?
Sustituir un conteo homologado, no; pero cuenta lo que un conteo de unos días no puede contar: todos los días, a todas horas y en cada cámara. Un conteo puntual le da la foto de una semana; una cámara con IRIS le da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, bus, motocicleta— y sin cerrar un carril para instalar nada. Si usted necesita una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no le vamos a decir que la damos: la verificación que tenemos con el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, cubre el conteo de personas, y ahí no aplica. Para decidir dónde toca recarpeteo o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele pesar más que la foto de unos días.
¿Detecta un vehículo parado en el espaldón?
Sí, y también lo que suele venir después. La regla no es solo “hay un carro”: es un vehículo detenido dentro de la zona que usted marcó como espaldón y durante más tiempo del que haya fijado. Y si además alguien se baja y camina por el espaldón o por la vía, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Un carro varado es una incidencia; un carro varado con una persona afuera es una emergencia, y el sistema separa las dos.
¿IRIS comprueba que los paneles de mensaje variable trabajen?
Sí, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el panel, así que detecta que está apagado, que tiene ledes quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el panel muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que manda las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los paneles y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se le dice qué encaja y qué no.
¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted escoja, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores.
¿Identifica placas o a las personas que salen en las cámaras?
Ni una cosa ni la otra. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la vía, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cerrado. Placas no lee, rostros no compara contra ninguna base de datos y a nadie le pone nombre. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, bus, motocicleta— y el resultado es un número agregado, jamás una lista de quién pasó.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una vía abierta?
Existen, y quien le diga lo contrario no ha puesto un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, luces de frente, una bolsa que cruza un carril: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con su gente durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que lo que llega al cuarto de monitoreo es lo que ahí se quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, cuál modalidad de despliegue escoge y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus enlaces, sus pasos a desnivel y sus áreas de servicio. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
El transporte público
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?
Sirve. A la señal de las cámaras IP de andenes, vestíbulo, pasillos, torniquetes y accesos se conecta IRIS, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del cielo raso, es lo que se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que usted quiere detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros?
No. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una persona dentro de la vía, una persona en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica parada. Rostros no reconoce, no los compara contra ninguna base de datos y quién es nadie no lo guarda. Cuando cuenta gente, el resultado es un número —cuántas personas hay en una zona o cuántas pasan por un punto—, jamás una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede verlo lo decide usted: el sistema puede trabajar entero dentro de la estación, sin que salga una sola imagen.
¿Detecta a alguien que cae a la vía?
Sí, porque la vía es una zona dibujada sobre la imagen y una persona dentro de esa zona es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y el cuarto de monitoreo tiene la imagen abierta sin esperar a que un pasajero jale el pulsador de emergencia o llame por el interfono. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. En el proyecto se revisa andén por andén cuál encuadre hace falta y se le dice cuál no llega.
¿Trabaja con el andén lleno de gente?
Sí, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando la gente se tapa entre sí, hay cosas que dejan de verse. Una persona que cae al piso detrás de un grupo apretado puede quedar oculta a esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. La ocupación, en cambio, se sigue midiendo igual: para saber cuánto se está llenando un andén no hace falta distinguir a una persona de otra. Por eso en los andenes conviene combinar encuadres: dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola.
¿Cómo se avisa y a quién?
A quien usted decida y por el canal que usted decida. Cada regla lleva su destinatario: el puesto del cuarto de monitoreo, el jefe de estación, el equipo de mantenimiento, el equipo de seguridad de turno. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de tiquetes dañada: cada aviso va a quien puede resolverlo. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, enseña y espera.
¿Puede sustituir a los conteos que hacemos ahora?
Puede, y además hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a todas horas y en cada punto que a usted le interese. Un conteo de tres días le da la foto de tres días; una cámara con IRIS le da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda sin subir en una parada. Y para el conteo de personas nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: el número que usted presenta lo comprobó un tercero, no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Sale el video de la estación?
Depende de la modalidad que usted escoja, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores de la estación.
¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?
Configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Ese es el punto de partida. Y encima está lo que más pesa: como IRIS no identifica a nadie, no hay identidades que proteger. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegue y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y usted nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una estación llena?
Existen, y quien le diga lo contrario no ha puesto un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Un bolso en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con su gente durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que lo que llega al cuarto de monitoreo es lo que ahí se quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuál modalidad de despliegue escoge y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo analizar los andenes de una estación pequeña que una estación entera con vestíbulo, torniquetes, bahías de buses, parada de taxis y parqueo, ni cuesta lo mismo una red de veinte estaciones. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
El comercio
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes?
No: detecta objetos, comportamientos y situaciones. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de una tienda a otra y no se cruza con el programa de fidelización. Lo que ve es “una persona”, “un carrito”, “un estante vacío”, dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de una tienda no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Si algún día alguien les ofrece lo contrario, sepan que nosotros no lo hacemos y que no es un descuido: es una decisión.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?
Sí. Se conecta a la señal de las cámaras IP del cielo raso y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no llega a leer la góndola del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Esto sirve para prevención de pérdida?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página hace eso, y no es porque no se nos haya ocurrido: eso obliga a juzgar la intención de una persona concreta, e IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que usted tiene en esta página: avisar de un hueco en la góndola, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de un área de ventas más llena de lo que puede atender el turno; y medir las filas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por el local y lo que hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que ustedes buscan es prevención de pérdida, les va a hacer falta otra cosa, y se lo diremos en la primera reunión y no en la última.
¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?
Porque son dos cuentas separadas: cuántas personas entran a la zona de espera de las cajas, y cuántas llegan al punto de cobro. Lo que hay entre las dos es la gente que se fue antes de que le tocara. Y a eso se le suman dos pistas: cuánto se espera de media en esa fila, y los carritos abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Todo con su hora puesta, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánta plata es eso no se lo vamos a decir —no lo sabemos, no pasó por su caja—, pero sí a qué hora ocurre y con cuántas cajas abiertas deja de ocurrir.
¿Puede decirme si una promoción funciona?
Puede decirle la parte que se ve desde una cámara: cuánta gente pasa frente a la isla, cuánta se detiene y cuánto rato se queda. La venta está en su caja y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades, el diagnóstico cambia: si pasa mucha gente y no se detiene casi nadie, el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Si se detiene mucha gente y después no vende, el problema es el precio o el producto. Hoy esas dos situaciones se parecen en el reporte de ventas —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas. Lo mismo sirve para comparar el mismo montaje en dos tiendas o el mismo sitio en dos semanas.
¿Trabaja con la tienda llena?
Sí, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien le diga lo contrario no lo ha probado un sábado por la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por el local no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está colapsada trabaja precisamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso estrecho y muy cargado; en ese caso se reacomoda el conteo en el acceso, donde la gente pasa en fila, y se deja la ocupación para el local.
¿Sale el video de la tienda?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la tienda o en la central—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor por tienda que llevar el análisis a un solo sitio: condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una tienda: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?
Sirve para las dos; lo que cambia no es el sistema, es qué hace usted con el dato. En una tienda sola le sirve para decidir su tienda: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo del local se visita o hay que dar una razón para llegar hasta ahí. En una cadena aparece algo que una tienda sola no tiene: la comparación. La misma promoción montada en cuarenta tiendas y medida igual en todas. La tienda donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. La que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Arrancar por una tienda, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas tiendas entran, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de una tienda de barrio que cubrir el área de ventas entera de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo una tienda que cuarenta. Cuéntennos cuántas tiendas tienen, cuántas cámaras hay en cada una y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La obra
Ir a la página¿Esto sirve para vigilar a nuestro personal?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no detecta quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar entrada, no sirve para señalar a un trabajador concreto y no sustituye al control de acceso de la obra. Lo que ve es “una persona sin casco en la zona de máquinas”, dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay comité de salud ocupacional, esto es lo primero que hay que poder enseñarle: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS detiene la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?
No. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no sustituye a quien supervisa la seguridad de la obra, ni al señalero, ni al programa de salud ocupacional. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda detener. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana; lo sabemos, y por eso una regla no es “avise si alguien no lleva casco”. Es “avise si alguien sin casco está dentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos”. Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega el aviso. Se arranca por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callar en lo demás.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?
Sí, incluidas las que se ponen y se quitan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche a lo mejor no llega a distinguir un casco al otro lado del lote— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y el aguacero se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz pareja. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?
No, y por eso el sistema está pensado para que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se mueve una cámara o se redibuja una zona, se vuelve a marcar la zona sobre la imagen y se sigue trabajando: no hay que encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que arranca se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del replanteo.
¿Podemos saber cuánta gente hay dentro de cada zona?
Sí, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el sótano en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo sitio. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ustedes ven la comprobó un tercero y no nosotros. Y conviene decirlo con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.
Donde ustedes decidan, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es dentro de la obra misma: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y trabaja sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa allá y la obra solo necesita conexión. Se puede arrancar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.
¿Qué le contamos al comité de salud ocupacional?
Exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: no reconoce rostros, no identifica a nadie y no sirve para señalar a un trabajador concreto. Qué se trata, cuánto se guarda y quién puede verlo se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un vendedor nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde el comité entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?
Sirve para una obra sola y cobra otro sentido con todas las de la empresa. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver cuál obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de faena, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación de quien pisa más obras. Con el dato enfrente se decide mejor, y se puede explicar.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
El centro penitenciario
Ir a la página¿Esto sirve para clasificar a las personas privadas de libertad?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no lleva ficha de nadie y no sigue a una persona concreta por el centro. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no puntúa a nadie, no clasifica a nadie por su comportamiento y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son situaciones que definió el centro: “hay una persona en el piso en la galería tres”, “hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en que no debería haber nadie”. Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o sustituye a alguien del personal?
Ninguna de las tres. No abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que sustituya a una decisión y no sustituye a nadie del personal. Tampoco sustituye al conteo reglamentario ni a ningún protocolo del centro: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: dentro de un centro, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que en este momento no mira nadie.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan: la regla se acota por zona, por hora y por duración. Un sistema que suelta doscientos avisos al turno está apagado a la semana, y con razón, porque cuando todo avisa no avisa nada. De ahí que una regla no sea “avíseme si hay gente en el pasillo”, sino “avíseme si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, durante más de un minuto”. Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y después se ajusta con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su centro, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El centro, no IRIS. Cuál zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de conductas marcadas ni decide por su cuenta qué es normal en su patio: lo normal en un centro no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obras o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Y los derechos de las personas privadas de libertad y los del personal?
Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que el centro definió —un patio, un pasillo, una puerta de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona privada de libertad y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no les puede decir “esta persona pasó por acá seis veces”, porque no sabe quién es: el aviso dice cuál situación, en cuál cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas privadas de libertad, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, lo firma la administración que lo instala, con sus asesores jurídicos y con la representación del personal enfrente. Desconfíen de quien les diga lo contrario.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un centro ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una acomodada para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en cuáles cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del centro?
Solo si ustedes quieren, y en un centro penitenciario lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del centro mismo, en un equipo suyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿El conteo por zonas es confiable?
Lo es porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense. Y una cosa más, porque importa: esto no sustituye al conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio en este momento, que es otra pregunta y se responde de otra manera.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con aguacero fuerte o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre ellas: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que en este momento no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas y un centro entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
El hospital
Ir a la página¿Van a poner cámaras en las habitaciones?
No, y esto va antes que nada. En una habitación no hay cámara; en un servicio sanitario, tampoco; en una sala de exploración, tampoco; y en ningún sitio donde se atiende o se explora a un paciente, tampoco. IRIS mira zonas comunes: pasillos, salas de espera, vestíbulos y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y en esas zonas no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no entra al expediente clínico y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es “hay una persona en el piso del pasillo del tercer nivel”: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?
Ni lo uno ni lo otro. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no prioriza a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional e IRIS no participa en él. Tampoco entra al expediente clínico ni a ningún dato médico, y no se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no sustituye a la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del piso siguen exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan: la regla se acota por zona, por hora y por duración. Un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, y con razón, porque cuando todo avisa no avisa nada. De ahí que una regla no sea “avíseme si hay alguien parado en el pasillo”, sino “avíseme si hay una persona en el piso de este pasillo durante más de veinte segundos”, o “avíseme si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete”. Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y después se ajusta con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se mira y qué no?
El hospital, no IRIS. Cuál zona, a qué hora y cuánto rato es “mucho rato”: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencias no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de lo que es “normal” en sus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obras o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué le contamos al comité de salud ocupacional y a los profesionales?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control de horario, no es marcar entrada y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún sitio y no les puede decir “esta persona llegó tarde” ni “esta persona se fue antes”. Distingue a un profesional por la ropa —una gabacha, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es “esta zona lleva media hora sin nadie”, que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación del personal enfrente, y por escrito. Un sistema así solo funciona si la gente sabe qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, vestíbulos y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una acomodada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en cuáles cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del hospital?
Solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del centro mismo, en un equipo suyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de expediente, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿La cifra de gente que espera en emergencias es confiable?
Lo es porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que ustedes puedan reforzar el turno o abrir otra ventanilla. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa dentro de una habitación, en un servicio sanitario, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre ellas: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna caída. La caída ya pasó cuando IRIS la ve. Lo que cambia es el rato que esa persona está en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que en este momento no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: un pasillo y la sala de espera de emergencias, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
El colegio
Ir a la página¿Van a reconocer a nuestros estudiantes?
No, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ningún rostro, no sigue a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee placas: en un centro educativo esa función no se enciende. Y hay sitios donde no hay cámara: ni en los servicios sanitarios ni en los vestidores. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier centro ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es “hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse”: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle al personal docente, a la junta de padres y a las familias.
¿IRIS detecta el acoso escolar?
No, y quien les diga lo contrario no les está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un corro cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién molesta, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es enseñarle al equipo del centro dónde y cuándo mirar, con el video enfrente. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el docente guía, quien orienta, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.
¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?
Ni lo uno ni lo otro. No abre ni cierra la puerta del centro, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco sustituye al maestro de guardia: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla al personal docente —no es control de horario, no es marcar entrada y no evalúa a nadie— y no le impone nada a ningún carro. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del centro. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.
¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da cincuenta avisos por recreo está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avíseme si hay un niño en el piso”, que en un patio pasa a toda hora y casi siempre porque están jugando, sino “avíseme si hay un niño en el piso en esta cancha durante más de dos minutos”, o “avíseme si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe el centro con su equipo y con quien orienta, no un proveedor: cuánto rato es “mucho rato” y cuál esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.
¿Qué le contamos al personal docente, a la junta de padres y a las familias?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Se les enseña qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Y qué no se mira: los servicios sanitarios y los vestidores, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que IRIS no etiqueta a ningún niño. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma el centro y quien lo dirige, que son quienes responden de eso. Un sistema así solo funciona si el personal y las familias saben exactamente qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un centro suele tener ya cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una acomodada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en cuáles cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del centro?
Solo si ustedes quieren, y en un centro educativo lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del centro mismo, en un equipo suyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grupo, ni un rostro guardado, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?
Lo es porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: en los servicios sanitarios y en los vestidores no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en que el centro decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre ellas: un montón de niños que se tiran unos encima de otros jugando y una pelea pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna pelea y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todo el horario, el patio que en este momento no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas, y un centro entero con la puerta, los pasillos y la calle, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
Las infraestructuras
Ir a la página¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce rostros?
Ni lo uno ni lo otro. Lo que ve es “una persona en la corona” o “un vehículo parado en el acceso”, dónde está y desde cuándo. Contra ninguna base de datos compara nada, y quién es nadie no lo guarda. Si lo que ustedes necesitan es saber de quién es un carro o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.
¿IRIS predice una crecida, un daño o un incendio?
No predice nada. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están juntando frente al vertedor, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.
¿IRIS abre una compuerta o detiene una bomba cuando ve un problema?
No abre ni cierra ninguna compuerta, no detiene ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco sustituye a la instrumentación de la instalación: ni a un sensor de nivel, ni a la protección eléctrica, ni a un sistema de extinción, ni a ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo de ustedes y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.
¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?
Porque la ve por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un peldaño, el borde de una caja, un dique. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen: por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No da una cota en metros ni sustituye a la instrumentación. Dice “el agua pasó esta línea”, que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.
¿Qué puede ver una cámara y qué no?
Ve lo que se ve, y no ve lo que no se ve; y tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. La posición de una compuerta sí la ve, pero telemando no lee ninguno, ni sabe si la orden llegó. Un cuarto inundado con las bombas quietas sí lo ve, pero si una bomba está trabajando no lo sabe. Un nivel sobre una referencia física visible sí lo lee, pero limnímetro no es. Eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para sustituir a sus sensores. Ahora bien, con una cámara termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: el punto caliente aparece antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego arranca por dentro y para cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y comprar no hay que comprar nada: las termográficas que ustedes ya tengan IRIS las mira igual que las demás.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y acotar esa regla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto es más grave que en ninguna otra: una regla mal acotada genera cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. Por eso una regla no es “avíseme si hay alguien”. Es “avíseme si hay una persona dentro del área cercada, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos”. Zona, horario y duración. Con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.
Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?
Se puede procesar dentro de la instalación misma, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también al cuarto de monitoreo o al celular de quien esté de guardia; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo escogen ustedes, instalación por instalación.
Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?
A quien ustedes decidan, porque a esa hora no hay nadie enfrente y ese es justo el problema. Puede ir al cuarto de monitoreo, al celular de quien está de guardia, a la empresa de seguridad contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.
¿Quién decide qué es un aviso y qué no?
El titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de cuál línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.
Una represa y un relleno sanitario no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?
No hace falta: es el mismo. Esta página enseña siete tipos de instalación —represa, planta de tratamiento, subestación, tanque de tormenta, quebrada, relleno sanitario y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando ustedes no tienen una instalación sino cientos, repartidas por toda una provincia y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo sitio donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.
La industria
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?
Sirve. A la señal de las cámaras IP instaladas se conecta IRIS, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora lo incómodo: una bodega no es un pasillo con luz pareja. El polvo de una trituradora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con mover unos grados y cuáles no dan para lo que ustedes quieren ver ahí.
¿Esto sirve para vigilar al personal de planta?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos dentro de una guarda abierta, no de quién son esas manos. Rostros no reconoce, no los compara contra ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada y no sirve para señalar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay comité de salud ocupacional, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?
Ni una cosa ni la otra. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no sustituye al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al programa de salud ocupacional. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es “avise si hay alguien cerca del montacargas”. Es “avise si una persona a pie está dentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos”. Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se arranca por lo que de verdad importa en esa bodega, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video de la planta?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Eso importa en una planta donde la línea se cae o donde no hay buena conexión. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo normal en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que armar un sistema para cada una?
No hace falta: es el mismo sistema y lo que cambia es qué se le pide. Una esclusa de dispositivo médico, un dique de contención de química y una banda de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no arranca de cero, y por eso una acería y una planta de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a cuál planta conviene ir.
¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?
Lo que no cabe en una imagen, y en una planta esa lista es importante. Un sensor no lo lee, ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. Adentro de una máquina cerrada, de un tanque o de una tubería no ve. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no sustituye a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.
¿Sustituye a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al programa de salud ocupacional?
A ninguno: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y hacen falta las dos. Lo que aporta IRIS es la capa que hoy les falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar lo que está pasando delante de ellas. Ustedes pueden seguir grabando y administrando el video donde lo hacen ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, y no prometiendo de antemano que encajamos con todo.
Además de avisar, ¿puede medir?
Sí, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay dentro de una zona, cuántas tarimas pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Y conviene decirlo con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa porque no sería honesta: una bodega con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce fábricas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los parqueos
Ir a la página¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?
No hace falta. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el parqueo ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen cuál pedazo de piso es cada espacio e IRIS mira si hay carro o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios a la vez, y además distingue el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de recarga. No hay que levantar el asfalto, ni cablear nivel por nivel, ni cambiar de sitio nada de lo que ya trabaja.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?
Sirve, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen a mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se le dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿El número del rótulo de la entrada es confiable? ¿Y cuando el parqueo está lleno?
Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los espacios. Contar carros en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el rótulo dice “lleno” con cuarenta espacios libres en el nivel cuatro. Acá cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, espacio por espacio, y se decide cuál cámara se mueve y cuál zona se deja fuera del conteo.
¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?
Sí las lee, y sí, una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que corresponde y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión suya, cámara por cámara: la puede activar en la barrera para el abonado y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirle de quién es ese carro: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de su sistema de abonados y de su organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?
No. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Lo que ve es “una persona cruzando el paso”, “un carro subiendo la rampa”, dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un carro frente a la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos carros y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que suelta doscientos avisos al día se ignora en cuatro días, y en un parqueo eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es “avise si hay un carro parado”. Es “avise si un carro lleva más de unos minutos parado fuera de espacio en el nivel cuatro, en horario de apertura”. Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video del parqueo o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted escoja, y son dos. En la local no sale: el servidor está en su propio edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Es lo normal en un parqueo subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios parqueos conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo sitio.
¿Sustituye a las barreras, al sistema de tiquetes o a la instalación contra incendios?
A ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisarle a quien puede bajar hasta allá. Y acá va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un carro enchufado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no sustituye a la instalación de detección y extinción que corresponda. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del cielo raso. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un parqueo?
Muchas cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en su sistema de tiquetes, no en la imagen. No sabe de quién es un carro. No sabe si quien se parquea en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo; solo ve que hay un carro ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay dentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre delante de las cámaras que usted ya tiene, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien se queja.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un parqueo?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos parqueos entran, cuál modalidad de despliegue escoge y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los espacios de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántos espacios y cuántas cámaras tiene y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los centros de convenciones
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro de eventos?
Sí. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí. Y se les dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara de la gradería no distingue una cara desde el otro extremo del salón, y no hace falta que la distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza.
¿IRIS identifica a la gente o reconoce rostros en la gradería?
Ni lo uno ni lo otro. No compara a nadie contra ninguna lista, ni contra ningún registro de prohibiciones, ni contra ninguna base de datos, y no guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un corro que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una barrera, una bengala prendida y en cuál fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.
¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y llevar la capacidad?
Sí. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de un túnel de salida o de un vestíbulo y usted sabe cuánta gente hay adentro en este momento. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Trabaja con el salón lleno, que es cuando hace falta?
Sí, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta gente hay por metro en esa zona y si el grupo avanza o se paró. Medir densidad y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar de uno en uno es en las puertas y los torniquetes, porque ahí la gente pasa en fila.
¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?
Avisa apenas se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde el cuarto de monitoreo mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del sitio: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de un túnel de salida. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.
¿Esto sustituye al personal de sala, al plan de emergencias o al control de accesos?
A ninguno de los tres: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene enfrente decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no detiene un torniquete y no manda a nadie a ningún sitio: abre la cámara, enseña lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de los primeros eventos. Un sistema que suelta cien avisos en un concierto se apaga al segundo; lo sabemos. De ahí que una regla no sea “avise si hay mucha gente”, sino “avise si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso”. Se acota la zona sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y no va a un correo: va al radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Después se repasa un evento entero con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del centro de eventos o se queda adentro?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Acá eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.
Una feria y un concierto no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?
No, y por eso el sistema está pensado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las zonas se redibujan sobre la imagen: si el escenario tapa media gradería y aparece un foso adelante, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y no hace falta rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que corresponda. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la gira de temporada alta.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un centro de eventos?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un salón techado que las graderías, los túneles de salida y las barras de una instalación entera. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: las dos puertas que se atoran siempre, el conteo de personas, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntennos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los hoteles
Ir a la página¿Hay cámaras en las habitaciones?
No las hay. Tampoco en los servicios sanitarios ni en los vestidores del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara y no la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el salón, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: sitios comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien le ofrece analizar el interior de una habitación, sepa que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Esto sirve para controlar a mi personal?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS mide la situación, jamás a la persona: ve “una mesa sin recoger desde hace ocho minutos”, no ve quién tenía que recogerla. El aviso sirve para abrir otro mostrador o para mandar a alguien al pase, no para calificar a un salonero ni a quien está en recepción. No identifica a nadie, no sirve para marcar entrada y no sirve para señalar a nadie. Si hay comité de salud ocupacional, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor.
¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce rostros?
Ni lo uno ni lo otro. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una fila que crece, una maleta sola en el salón, una bandeja vacía, una persona en el piso. No compara rostros contra ninguna base de datos, no sigue a nadie de un salón a otro y no se cruza con el programa de fidelización ni con la ficha de reserva. El conteo es agregado y anónimo: dice cuántas personas hay en el comedor a las nueve y media, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?
Sí. A la señal de las cámaras IP instaladas se conecta y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no distingue si una bandeja del buffet está vacía; y la de recepción, a contraluz de una fachada de vidrio al mediodía, da una imagen quemada donde no se cuenta bien. Por eso en el proyecto se mira cámara por cámara y se les dice, sin adornos, cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?
De verdad, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del mostrador. IRIS cuenta cuánta gente entra a la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Trabaja en la cocina, con el vapor y el calor?
Trabaja, y con un matiz que preferimos decir antes de firmar. Una llamarada sobre el sartén se ve bien: es grande, es brillante y sale de golpe. Un charco en el piso también. El que se ve mal es el humo fino, y ahí el vapor de un lavaplatos o de una olla grande puede taparle media imagen y confundirse con humo. Otra cosa: la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre, así que la cámara de cocina hay que limpiarla. Y lo más importante de todo: esto no es un detector de incendios homologado y no sustituye a la instalación de protección de la cocina. Avisa; apagar no apaga.
¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana. Por eso una regla no es “avise si hay fila”: es “avise si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mostradores abiertos”. Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular del jefe de turno o de la gerencia, no a una pantalla del área de servicio que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del hotel?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo sitio: condiciona la red de cada establecimiento.
¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?
Sirve para las dos; lo que cambia no es el sistema, es qué hace usted con el dato. En un hotel solo le sirve para decidir su hotel: a qué hora abrir el segundo mostrador, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece. En una cadena aparece algo que un hotel solo no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, medida igual en cuarenta establecimientos. El hotel donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. Arrancar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un resort entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los puertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sirve. A la señal de las cámaras IP instaladas se conecta y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora la parte incómoda. Un patio es largo, y una cámara colgada hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan el lente velado, así que una cámara sucia ve menos cada semana. Por eso en el proyecto se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con mover o limpiar y cuáles no dan para lo que usted quiere ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Trabaja si se cae la línea?
Sí, y en una terminal eso no es un detalle. Las modalidades son dos y nada más. La local pone los servidores adentro de la terminal: el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet. Si la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se detiene. La otra es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: ahí el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede arrancar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.
¿Esto es para vigilar a los estibadores?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó la cerca o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada y no sirve para señalar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Al comité se le enseña exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde el comité entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿IRIS detiene la grúa cuando alguien cruza bajo la carga?
No. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no sustituye al señalero ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda detener. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Ve de noche, con neblina y con aguacero?
Según cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con aguacero se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien le diga lo contrario no ha pasado una noche de neblina en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. “Alguien de pie dentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos” no es lo mismo que “alguien de pie”. Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Esto sirve para el plan de protección del puerto?
Sirve como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce de la cerca o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: aprobar el plan no nos toca a nosotros, y firmarlo le toca a su organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.
¿Sustituye a la cerca, a los sensores del perímetro o a los oficiales de seguridad?
A ninguno de los tres. La cerca sigue haciendo falta: una cerca detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores del perímetro siguen donde están, e IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la malla, IRIS dice qué se ve ahí y enseña la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los oficiales de seguridad pasa lo mismo que en cualquier cuarto de monitoreo: no se sustituyen, cambia lo que miran. Hoy tienen enfrente muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.
¿Sirve para una terminal sola o para todo el puerto?
Sirve para una terminal sola y cobra otro sentido en todo el puerto. En una terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de detenerla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver cuál muelle acumula más cruces bajo la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación de quien pisa más muelles. Con el dato enfrente se decide mejor, y se puede explicar. Arrancar por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La banca
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce rostros?
Ni lo uno ni lo otro. No compara rostros contra ninguna lista ni contra ninguna base de datos, no construye perfiles de nadie y no se cruza con sus sistemas de cliente. Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el vestíbulo, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de su casa, siempre.
¿Esto avisa antes de que ocurra algo grave?
No adivina nada, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. IRIS no lee la intención de nadie ni predice lo que va a hacer una persona; quien les prometa eso les está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con el casco puesto y la visera abajo, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.
¿Sirve con las cámaras que ya tienen las sucursales?
Sí. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y se lo decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y el vestíbulo de cajeros a oscuras dañan cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿Sale el video de la sucursal o se queda adentro?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la sucursal o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de sucursales conviene decidirlo pronto, porque condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, en una sucursal llena de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una sucursal: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Sustituye a la alarma conectada a central, a los oficiales de seguridad o al control de accesos?
A ninguno de los tres: convive con ellos y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy les falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.
Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?
Sirve, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelve. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación buscando cuatro minutos. Acá se describe con una frase qué se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el vestíbulo— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y conviene decir la otra mitad: esa misma secuencia le da la razón a quien atendió con la misma facilidad con que se la quita. Justo eso es lo que la hace valer como prueba.
¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es “avise si hay alguien en el vestíbulo de cajeros”. Es “avise si alguien lleva más de tantos minutos en el vestíbulo, fuera del horario de la sucursal”. Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —quien dirige la sucursal, la central, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de sucursales?
Sí, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una sucursal. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una sucursal no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve cuáles sucursales acumulan puertas que se quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta arrancar por todas: se arranca por unas pocas y se decide después.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de sucursales?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas sucursales entran, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa porque no sería honesta: una sucursal con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: unas pocas sucursales, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los casinos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?
Sirve. A la señal de las cámaras IP instaladas se conecta y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de esa imagen. Y en el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí; una cámara puesta para cubrir el pasillo, por ejemplo, puede no llegar a leer el tapete. Eso se les dice sin adornos, junto con cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS reconoce rostros, controla la autoexclusión o detecta menores?
Ninguna de las tres. No identifica a nadie: no compara ningún rostro contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a un jugador por la sala y no se cruza con su programa de fidelización. Y acá está la línea, dicha antes de que ustedes la pregunten: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.
¿Sale el video de la sala?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una sala lo normal es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.
¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?
Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, escoge cuatro cámaras y se devuelve. Con IRIS usted describe en una frase lo que se ve —cuál mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se detiene IRIS. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y lo que vale ante cumplimiento o ante quien regula lo marcan su procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por ustedes.
¿Los números de la sala son confiables?
Lo son porque no se configuran hablando, se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el tapete, y de ahí en adelante el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan: la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Un sistema que suelta doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón, porque cuando todo avisa no avisa nada. De ahí que una regla no sea “avíseme si hay gente de pie junto a una mesa”, sino “avíseme si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa durante más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía”. Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando de verdad importa. Y después se afina con lo que salga las dos primeras semanas en su sala, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
La sala, no IRIS. Cuál mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe su equipo, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su tapete: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambian el horario, cierran una mesa o abren una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se la pueden enseñar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué no ve IRIS en una mesa?
Lo que no entra en el encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro y una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala ve peor, y con el lente sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo entre ellos: recoger una ficha y mover una ficha se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni dice quién hizo qué. No es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que en este momento no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar trabajando en la sala?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en su sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede arrancar pequeño: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los malls
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el mall?
Sirve. A la señal de las cámaras IP instaladas se conecta IRIS, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara colgada para vigilar un acceso a lo mejor no llega a contar en el pasillo del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce rostros?
Ni lo uno ni lo otro. No los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de una tienda a otra y no se cruza con ningún programa de fidelización. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más. Y como esto sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el niño perdido: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero no busca a un niño por su cara ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.
¿Sale el video del mall?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del mall.
¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?
En que el contador de la puerta dice cuánta gente vino, y esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en cuáles niveles se quedó, cuáles pasillos evitó y qué cambió el día que ustedes lanzaron la promoción. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. En el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Podemos darles estos números a los locales?
Sí, y es una de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder datos de ninguna persona. Cuánta gente pasa frente a cada local, a qué hora y desde cuál acceso llegó. Lo que no está acá es la venta: eso está en la caja del local y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades cambia el diagnóstico: si pasa mucha gente y no entra casi nadie, el problema es la vitrina o el rótulo. Si no pasa nadie, el problema es el pasillo y no la tienda. Hoy esas dos situaciones se parecen en el reporte —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.
¿Cuántos avisos vamos a recibir en el cuarto de monitoreo?
Los que ustedes decidan: la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Un sistema que avisa doscientas veces al día está apagado a la semana, y con razón, porque cuando todo avisa no avisa nada. De ahí que una regla no sea “avíseme si hay gente parada en la escalera mecánica”, sino “avíseme si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media”. Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y después se afina con lo que salga las dos primeras semanas en su mall, no en un mall cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
El mall, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que ustedes le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su pasillo: lo normal en un mall de barrio no es lo normal en uno de tres niveles con plaza de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la promoción de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS un sábado por la tarde?
Cuando la gente se tapa entre sí, deja de distinguir a unas personas de otras, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo ha probado con el mall lleno. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los niveles no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado; ahí el conteo se reacomoda en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que ocurre fuera del encuadre, detrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
Depende del tamaño del mall, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hace falta que pasen un día flojo, un sábado y un día de promoción. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un mall?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única que sirva para todos no hay, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un nivel que cubrir tres niveles, la plaza de comidas y las rampas del parqueo. Y se puede arrancar pequeño: los accesos y un nivel, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los aeropuertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sirve. A la señal de las cámaras IP ya instaladas se conecta IRIS, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara puesta para ver el vestíbulo entero puede que no llegue a contar la boca de una fila— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce rostros?
Ni lo uno ni lo otro. No los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona por la terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ninguna tarjeta de embarque. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control migratorio, no verifica documentos, no sustituye al escáner ni a quien atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una banda parada. Un pasajero contado es un uno: de él no queda nada más.
¿Sale el video del aeropuerto?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿Los minutos de espera del control de seguridad son un número confiable?
Lo son porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.
¿Detecta un equipaje abandonado?
En el sentido literal de lo que ve una cámara, sí: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, dentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto enfrente. Y hay que decirlo antes de firmar: en un vestíbulo lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avíseme si hay fila”, sino “avíseme si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en su terminal, no en una terminal cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
Lo decide el aeropuerto, no IRIS. Vigilar se escribe hablando: una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. Medir se dibuja: una raya en el piso, una zona sobre una sala. Son dos cosas distintas, no se configuran igual, y por eso hay que decidir las dos. De fábrica IRIS no trae ninguna lista de comportamientos, ni decide qué es normal en su vestíbulo a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y si cambia el horario de un vuelo de madrugada, si se cierra un pasillo por obras o si se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?
Lo que no entra en el encuadre, y eso conviene decirlo antes de firmar nada. Con el vestíbulo lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo ha probado un domingo por la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado, y ahí el conteo se reacomoda donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo medir el control de seguridad y la sala de entrega de equipaje que cubrir una terminal entera con sus tiendas, sus pasillos y su sótano. Y se puede arrancar pequeño: el control de seguridad y la sala de equipaje, ver los números con su equipo enfrente y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La seguridad ciudadana
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?
Sirve, y ese es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a todas horas. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara acomodada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que a ustedes les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿IRIS identifica a las personas, reconoce rostros o sigue a alguien por el territorio?
Ninguna de las tres, y hay que decirlo con todas las letras. No compara ninguna cara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni puntúa a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió la propia administración: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo de la montaña, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leer placas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.
¿Sale el video de nuestras instalaciones?
Solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?
Un aviso aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si eso sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un vendedor nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué vuelve útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.
¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?
Conviene contestarlo antes de que lo pregunten: no se mira dentro de una vivienda, ni en un vestidor, ni en un servicio sanitario, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide la administración, con su marco legal, sus asesores jurídicos y la información pública que corresponda. Eso lo firma quien lo instala, no nosotros; desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software es que el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Cuántos avisos van a llegar al cuarto de monitoreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avíseme si hay un vehículo parado”, sino “avíseme si hay un vehículo parado en este espaldón, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en su territorio y no en el de otro.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
La administración, no IRIS. Cuál zona, a qué hora, cuánto rato y con cuáles condiciones lo escribe quien explota el sistema, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. Lo que le dijeron es lo que aplica IRIS, siempre igual y sin cansarse. Lista de comportamientos de fábrica no trae ninguna, y qué es normal en su territorio no lo decide por su cuenta: lo normal en una costa no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Y si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie. Como está escrita en una frase, además, se le puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué es lo que IRIS no ve?
Lo que no entra en su encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Si algo pasa fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con neblina, con aguacero fuerte o con el lente sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho entre ellas: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que en este momento no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
Depende del tamaño del despliegue, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es arrancar pequeño: un acceso, un tramo de carretera de montaña, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los centros de datos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?
Sí. A la señal de las cámaras IP que ya están puestas se conecta, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de esa imagen. Después, en el proyecto, se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí. Una cámara acomodada para cubrir el pasillo entero, por ejemplo, a lo mejor no llega a ver si un rack quedó abierto; eso se les dice sin adornos, junto con cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica al personal o reconoce rostros?
Ni lo uno ni lo otro. No los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no sigue a una persona por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: esto no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir el rendimiento de una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es “hay una persona”, “hay dos”, “esta puerta lleva este rato abierta”, “este rack está abierto sin nadie enfrente”. El nombre, si hace falta, lo pone después su control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.
¿Sale el video del centro de datos?
Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión suya, no una condición nuestra.
¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?
Detecta que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Cuántas autorizaciones hubo no lo sabe: ese dato vive en su control de accesos, no en la imagen. El cruce lo hace su sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo distinto del que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se vuelve un problema. Ese reparto es a propósito: el hecho lo pone la cámara; el significado, quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que toca reconstruir qué pasó o enseñárselo a quien llega a auditar.
¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?
De las tres, y también de un rack que se queda abierto o de una herramienta olvidada dentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no sustituye a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a sitios donde no hay sonda y enseña la imagen del momento, para que quien está de guardia vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: cuál puerta, cuál franja horaria y cuánto tiempo. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avíseme si esta puerta se abre”, sino “avíseme si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro, no en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El centro, no IRIS. Cuál puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. Después IRIS aplica eso, siempre igual y sin cansarse. Lista de comportamientos de fábrica no trae ninguna, y qué es normal en sus pasillos no lo decide por su cuenta: lo normal en una sala de operación no es lo normal en una puerta de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Y si mañana cambia un procedimiento, se abre una sala nueva o se cierra un pasillo por obras, la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie.
¿Qué no ve IRIS en un pasillo de racks?
Lo que no entra en su encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Un rack tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo estrecho el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre ellas: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que en este momento no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar trabajando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este rack—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, cuáles salas entran y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de entrada y la puerta de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede arrancar pequeño: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
El estado de las cámaras
Ir a la página¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?
Con las que usted ya tiene, sean del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.
¿No me va a llenar el día de avisos?
No, y para eso está pensado. Cada cosa lleva su umbral y su tiempo: la gota de lluvia tiene que seguir ahí un buen rato; la suciedad, ir a peor varios días; el encuadre, haber cambiado de verdad y no por una ráfaga de viento. Al momento avisan tres cosas nada más: que la cámara esté tapada, que esté girada o que haya perdido la señal. Lo demás no interrumpe a nadie: espera al parte del día.
¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?
Porque se lo guarda. El primer día IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está bien —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche— y esa es su referencia. Es de esa cámara y de ninguna otra: una de la puerta de carga y una del vestíbulo no se parecen en nada, y compararlas entre ellas no diría nada. Después compara cada día contra su propia referencia, no contra un ideal.
¿Cada cuánto revisa las cámaras?
Lo decide usted. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté frente a la pantalla. Al terminar queda un parte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Sale a hoja de cálculo.
¿Esto cuesta aparte?
No. La licencia va por cámara, no por pregunta. Cuesta exactamente lo mismo pedirle que avise si alguien se cae que pedirle que le diga si esa misma cámara está sucia, porque lo que se paga es la cámara. Módulo de mantenimiento aparte no hay, ni precio por cada cosa que usted quiera vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tiene.
¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?
Subir hay que subir, y eso no lo disimulamos: acá no se repara nada, no se reinician equipos y no se limpian domos. Lo que cambia es que quien sube ya sabe a qué sube y en cuál orden. Y no es una diferencia pequeña: en vez de una ronda por calendario —cuatrocientas cámaras recorridas porque toca—, hay una lista de once con su imagen enfrente, que son las que de verdad tienen algo. Y de esas once, alguna se arregla desde abajo.
¿Y si la suya no está?
Escríbanos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el siguiente que la tenga.
Siguiente paso
El centro penitenciario
¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando empieza la pelea?
17 casos: 16 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
El hospital
¿Cuánto tarda en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la madrugada?
13 casos: 12 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Las cámaras que compró hace añossiguen sirviendo. Lo que les faltaba no era calidad.
Era que alguien las mirara. Con los mismos equipos y los mismos cables, IRIS se conecta a la instalación que usted ya tiene, y esas imágenes dejan de solo guardarse: se entienden.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o si todavía no.
Respondemos el mismo día hábil.