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¿Qué ve un aeropuerto antes de que se forme la fila?

Un aeropuerto no falla de golpe. Falla nueve minutos antes.

Un puesto abierto por el que no pasa nadie, una banda de equipaje atorada en el sótano, una escalera cerrada con ochenta personas enfrente. Ocurre delante de cámaras que el aeropuerto ya tiene puestas, y hoy se sabe cuando alguien llama a quejarse. Acá van catorce cámaras: unas miden y otras avisan. Una terminal de verdad tiene miles, y el sistema es el mismo. Y nada de esto identifica a nadie.

Nueve minutos antes

A las seis y media de la mañana hay veinticuatro minutos de fila en el control de seguridad. A quince metros hay un puesto abierto por el que no ha pasado nadie en nueve minutos. Nadie llama a avisar de eso: la gente que espera no lo ve, y quien está en el puesto piensa que la fila ya vendrá. Cuando el supervisor se entera, el pico ya pasó y el atraso ya está repartido por media terminal.

Las cámaras que el aeropuerto ya tiene puestas son las que IRIS lee. Mide cuántos minutos se espera de verdad en cada fila, cuántos puestos están abiertos mientras se espera, cuánto se tarda en sacar la primera maleta y cuánta gente pasa frente a cada local. Y de lo que se para, avisa: una banda atorada en el sótano, una escalera cerrada, una puerta de personal que alguien dejó abierta, una maleta que lleva seis minutos sola en medio de un pasillo.

Y son dos las maneras de pedirle cosas, porque son dos cosas distintas. Vigilar se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando ocurre. Medir se dibuja: una raya en la boca de la fila, una zona sobre el piso. En una frase no cabe una raya, hay que trazarla, y de ahí que el número de un martes y el de un domingo se midan igual. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir.

La escala real

Catorce acá. Miles en una terminal de verdad.

Esta demostración enseña catorce casos porque catorce caben en una pantalla. Un aeropuerto de verdad tiene cámaras en la acera y en los parqueos, en cada mostrador de aerolínea, en el control de seguridad y en el control migratorio, en cada pasillo y en cada puerta de embarque, en el sótano de equipaje, en las puertas de carga y en la malla del perímetro. IRIS las lee todas con las mismas reglas. Donde no hay cámara de IRIS es donde nunca debería haberla: dentro de un servicio sanitario, dentro de una sala de revisión y dentro de un vestidor de personal.

Un caso distinto cada vuelta

Esto no es un video. Es un pedazo de la pantalla de verdad.

Es un resumen de la interfaz real, andando sin manos. Se ve un caso completo, de principio a fin; lo que no se ve son las otras pantallas, que son muchas.

  1. Las cámaras, sobre el mapa
  2. Se dibuja una zona
  3. Sale qué pasó por ahí
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Y ahora piense en el suyo

Imagine saber que un puesto lleva nueve minutos abierto y vacío.

Tres minutos lleva atorada la banda del sótano, y arriba doscientas personas siguen mirando una banda vacía. Hace un cuarto de hora que cerraron una escalera y nadie ha desviado a la gente al ascensor que tiene al lado. En el punto de asistencia hay alguien esperando desde hace veintidós minutos y todavía no pasa nadie del servicio. Nada de eso es un daño nuevo: son minutos que ya se están perdiendo.

Todo eso está pasando delante de cámaras que su aeropuerto ya tiene puestas y pagadas. Y no lo sabe nadie hasta que alguien se queja. IRIS las lee, mide lo que hay que medir y avisa de lo que se paró, con la cámara, la hora y el video del minuto. No identifica a nadie, no reconoce rostros y no decide por nadie: quien decide sigue siendo la persona que está de turno.

Lo que se pregunta en el centro de operaciones

Las diez preguntas que salen antes de conectar la primera cámara.

Van contestadas desde la primera línea, sin rodeos y sin prometer nada que no se sostenga delante de una cámara. Medir flujos y avisar de hechos operativos: eso hace IRIS. Identificar a alguien no está entre sus funciones, y no lo va a estar.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?

    Sirve. A la señal de las cámaras IP ya instaladas se conecta IRIS, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara puesta para ver el vestíbulo entero puede que no llegue a contar la boca de una fila— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce rostros?

    Ni lo uno ni lo otro. No los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona por la terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ninguna tarjeta de embarque. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control migratorio, no verifica documentos, no sustituye al escáner ni a quien atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una banda parada. Un pasajero contado es un uno: de él no queda nada más.

  • ¿Sale el video del aeropuerto?

    Depende de la modalidad que ustedes escojan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿Los minutos de espera del control de seguridad son un número confiable?

    Lo son porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: se verificó contra un patrón con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación costarricense.

  • ¿Detecta un equipaje abandonado?

    En el sentido literal de lo que ve una cámara, sí: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, dentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto enfrente. Y hay que decirlo antes de firmar: en un vestíbulo lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avíseme si hay fila”, sino “avíseme si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en su terminal, no en una terminal cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    Lo decide el aeropuerto, no IRIS. Vigilar se escribe hablando: una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. Medir se dibuja: una raya en el piso, una zona sobre una sala. Son dos cosas distintas, no se configuran igual, y por eso hay que decidir las dos. De fábrica IRIS no trae ninguna lista de comportamientos, ni decide qué es normal en su vestíbulo a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y si cambia el horario de un vuelo de madrugada, si se cierra un pasillo por obras o si se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.

  • ¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?

    Lo que no entra en el encuadre, y eso conviene decirlo antes de firmar nada. Con el vestíbulo lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo ha probado un domingo por la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado, y ahí el conteo se reacomoda donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.

  • ¿Cuánto tarda en estar trabajando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, cuál modalidad de despliegue escogen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo medir el control de seguridad y la sala de entrega de equipaje que cubrir una terminal entera con sus tiendas, sus pasillos y su sótano. Y se puede arrancar pequeño: el control de seguridad y la sala de equipaje, ver los números con su equipo enfrente y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Y lo mejor

Una grabación se ve cuando ya no hay remedio.Un aviso suena cuando todavía queda margen.

Mientras está pasando, IRIS avisa y dice dónde: la cámara, la hora y las imágenes de ese momento. Con eso, quien esté de guardia todavía alcanza a hacer algo.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o si todavía no.

Respondemos el mismo día hábil.