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IRIS NEURALContactanos

Lo que nos preguntan

Las dudas de siempre, contestadas de una vez.

El orden es el de siempre: primero lo que conviene entender antes que nada, después cada parte del producto y al final cada sector. Ninguna de estas respuestas se escribió para esta página; son las mismas que vas a leer en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.

297 preguntas contestadas

Antes que nada

Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hay que cambiar las cámaras, si anda sin internet y quién termina decidiendo.

  • ¿IRIS puede funcionar sin internet?

    Sí, completamente local y sin conexión a internet: el video, los modelos, las búsquedas y las reglas corren adentro de la infraestructura del cliente.

  • ¿Tengo que cambiar mis cámaras?

    No necesariamente: cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS trabaja sobre la infraestructura de video que ya está puesta.

  • ¿IRIS toma decisiones por nosotros?

    No. Las reglas y los límites los define tu organización. IRIS automatiza la parte repetitiva de aplicarlos y le lleva a las personas las situaciones que piden criterio humano.

  • ¿Qué es un NVMS?

    Son las siglas de Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que además entiende lo que está pasando en la escena. Interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto, aplica las reglas de la organización y convierte ese video en métricas y en evidencia.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende de la instalación y de cuántas cámaras entren, así que no damos un plazo general. Lo habitual es arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera y crecer desde ahí.

  • ¿IRIS reemplaza a mi VMS actual?

    Depende de la instalación. IRIS puede ser el sistema completo de gestión de video o convivir con el que ya tenés, y eso se decide después de mirar tu red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirte qué se puede hacer hoy y qué no, en lugar de prometer que encaja con todo.

  • ¿Cuánto cuesta IRIS?

    De tres cosas: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones querés en cada una y dónde se procesa el video. Tarifa cerrada no publicamos, porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada. Contanos tu caso y te damos una cifra concreta, no un rango.

  • ¿IRIS reduce los avisos equivocados?

    Sí, y es de los motivos por los que se instala. Con la lluvia, con una rama o con un gato, la detección de movimiento clásica salta igual; IRIS mira la escena y distingue qué hay, dónde está y hace cuánto está ahí antes de avisar. Lo que no vamos a prometer es que nunca más salte un aviso de más, porque eso no existe. Lo que prometemos es que ese ruido deje de llegarle al operador, y que cuando llegue un aviso valga la pena mirarlo.

Qué es IRIS

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  • ¿IRIS toma decisiones por nosotros?

    No. Las reglas y los límites los define tu organización; lo que hace IRIS es aplicarlos, uno por uno, sobre todas las cámaras y a cualquier hora. Y cuando la situación pide criterio humano, llega a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con todo delante.

  • ¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?

    No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS aprovecha la infraestructura de video que ya existe. Eso se resuelve en la evaluación previa, revisando cámara por cámara: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que necesita la detección que buscás.

  • ¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?

    IRIS se diferencia de una analítica de video en lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó tu organización y ejecuta lo que tiene que pasar a continuación. Detectar es el principio, no el final.

  • ¿Detectar y entender son lo mismo?

    No, y es de las cosas que más se confunden. Mirar son tres cosas distintas. La primera ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está; es rápida y sobre la misma imagen da siempre el mismo resultado, y por eso es la única con la que se puede contar y que el número salga igual dos veces. La segunda NOMBRA: separa una camioneta de un auto, un casco de una gorra; trabaja con una lista, y lo que no está en esa lista no lo ve. La tercera ENTIENDE: lee la escena entera y cómo se relacionan las cosas —no «una persona» y «un auto», sino «una persona en el piso al lado de un auto parado en el medio del cruce»—; no necesita lista y contesta una frase escrita con tus palabras, pero no es con la que se cuenta. Las tres vienen de fábrica, no como extras aparte, porque en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. De ahí sale la frase: preguntar sirve para buscar, contar sirve para medir, y no se hacen igual.

  • ¿IRIS puede aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?

    Sí. Una pieza que se fabrica solo acá, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que aparece nada más que con este material: nada de eso está en ninguna lista, ni va a estar. Se entrena un modelo propio con imágenes de tus cámaras y con tus casos, y después se usa como una detección más: se escribe en una regla igual que las otras. Ese modelo queda en propiedad tuya, porque se entrenó con tus imágenes y con el criterio de tu gente; no se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a tu competencia y no se apaga el día que dejes de ser cliente. ¿Qué hace falta para entrenarlo? Imágenes de eso pasando —reales, no armadas— y alguien de tu equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Y si eso que querés detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.

  • ¿IRIS es un VMS?

    Hace lo que hace un VMS —recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar— y no se queda ahí. Entiende lo que pasa en la imagen, aplica las reglas que escribió la organización, convierte el video en números y deja investigar sin revisar horas de grabación.

  • ¿Tengo que reemplazar el VMS que ya tengo?

    Depende del proyecto: a veces IRIS es la plataforma completa y a veces convive con la infraestructura de video que ya existe, aprovechando sus flujos y sus integraciones. Lo sensato es mirarlo caso por caso —qué cámaras hay, qué grabación hay, qué sistemas se pueden reutilizar—.

  • ¿Qué significa exactamente NVMS?

    Neural Video Management System. Es un sistema de gestión de video que, además, entiende lo que pasa adentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS está en el centro del modelo: el VMS gira alrededor de la pantalla y del operador; el NVMS gira alrededor de la decisión.

  • ¿Hacen desarrollos a medida?

    Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja tu equipo, un informe con el formato y los nombres de ustedes, un cálculo que solo tiene sentido en esa operación. Eso se hace. Lo que no te vamos a decir es que todo entra en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.

  • ¿Se integra con lo que ya tengo?

    Sí, y es lo normal: casi nadie arranca de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja tu equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que el sistema de ustedes ya sabe. Lo que no te vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de vos. Se comprueba al principio, con tu sistema delante, y si algo no va a poder ser, se dice ahí.

Lenguaje natural

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  • ¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?

    No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.

  • ¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?

    No. Por su posición, su calidad de imagen o su iluminación, hay situaciones que una cámara concreta no puede resolver, y hay detalles chicos o muy lejanos que con ese encuadre no distingue ninguna cámara. Y eso no se discute: se prueba la descripción sobre video real de esa cámara y se mira el resultado antes de contar con ella.

  • ¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?

    Sí. Además de definir reglas hacia adelante, podés describir algo que ya pasó —«camioneta blanca parada más de diez minutos en la dársena 4»— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Dejás de buscar el minuto: buscás lo que pasó.

  • ¿Me cuesta algo probar frases hasta que le acierto?

    No cuesta nada. IRIS no cobra por consulta: no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas. Escribís una regla, la probás contra el video de esa cámara, la cambiás y la volvés a probar las veces que haga falta; una prueba y un millón de pruebas cuestan lo mismo. Es a propósito, porque una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas a la primera y mal.

Procesamiento

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  • ¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?

    Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la necesita para funcionar. Los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red y los modelos corren en tu hardware sin consultarle nada a ningún servicio de afuera. Podés desenchufar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.

  • ¿Dónde queda el video y quién puede acceder a él?

    Donde vos decidas, y entra solo quien vos autorices. En local, en los discos de tu edificio, y ahí no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos, en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, con el contrato fijando quién entra, con qué permisos y cuánto tiempo se guarda cada cosa. Y en los dos casos las comunicaciones van cifradas y cada acceso queda registrado.

  • ¿Puedo arrancar con una modalidad y pasarme a la otra más adelante?

    Sí, se puede arrancar con una y pasarse a la otra más adelante. Es el mismo sistema en los dos lados: lo que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que dibujaste sobre tus cámaras, ni cómo trabajan tus operadores. Y tampoco tiene que mudarse la organización entera de una vez: cada sede puede tener su modalidad y todas se ven desde el mismo lugar. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar, no después.

  • ¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?

    El análisis se detiene hasta que la línea vuelve, y lo decimos claro porque ése es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada para analizar del otro lado, y en ese rato no vas a recibir avisos. Tus cámaras siguen grabando donde graban hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Cuando hay un punto donde ese hueco no se puede aceptar —un centro de monitoreo, una planta de tratamiento, un establecimiento penitenciario—, ese punto va en local. Las dos modalidades conviven en la misma organización.

  • ¿Me cuesta más cuanto más lo use?

    No: acá no se factura por uso. No hay contador de consultas, ni de búsquedas, ni de avisos, ni de cámaras abiertas, y una consulta cuesta lo mismo que un millón. Es a propósito. Un sistema que cobra por pregunta termina quieto, porque el operador se lo piensa antes de buscar. Lo que sí mueve el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad elegida, y eso se conversa antes de firmar.

  • ¿IRIS solo sirve para seguridad?

    No. Medir la operación es la otra mitad: aforos, tiempos de espera, ocupación de zonas, filas, flujos de personas y de vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide todos los días y una alarma casi nunca, y por eso lo repetimos: no todo lo importante es una alarma, a veces lo importante es un número. Y ese número no se pide hablando: se dibuja una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. El conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— a través de NeuralPax; eso cubre esa medida y no el resto, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?

    No hay módulo por sector: la plataforma es la misma en todos los entornos y lo único que cambia es la configuración —qué objetos importan, qué zonas se vigilan, qué reglas corren—. Una organización con entornos muy distintos termina con un solo sistema, un solo histórico y una sola herramienta en la que formar a su gente.

  • ¿Anda en lugares alejados, sin gente y sin conexión?

    Sí, siempre que la cámara tenga alimentación y alguna vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre adentro de la propia instalación, así que en un cerco alejado o en una red cerrada IRIS sigue entendiendo la escena aunque no haya conexión a internet.

Por lo que hace

Una por cada parte del producto: el directo, la búsqueda, las chapas, las incidencias, los mapas, la automatización y las que siguen.

Directo y video wall

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  • ¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?

    No hace falta. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y el operador maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y al otro día vuelve igual, y que el muro de la sala se maneja desde el escritorio.

  • ¿Cuántas cámaras entran en una pantalla a la vez?

    Sesenta y cuatro por pantalla, con veinte formas de rejilla o acomodadas a mano. Aparte va otro número, que se configura por servidor: cuántas de esas celdas dan video en vivo al mismo tiempo, para no ahogar ni el puesto del operador ni la red. Y las que pasan de ahí no se apagan: quedan en imagen fija que se refresca, y la celda avisa de que eso lo decidió el sistema y no es una avería.

  • ¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?

    Cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona, y arriba de eso van tres permisos que no son el mismo: ver, mover y configurar. Las zonas tapadas por privacidad no se destapan desde una vista: piden motivo escrito, duración limitada y, si la organización lo exige, la autorización de un supervisor. Constancia queda de todo: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada acceso a un muro publicado, con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía.

  • Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una avería o una decisión?

    Porque la celda lo dice. IRIS distingue tres motivos y los nombra: se llegó al límite de video en vivo simultáneo —una decisión del sistema, no una avería—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Un operador puede exigir además que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque no tenés acceso a esa cámara, también lo pone: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en una sala.

  • ¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?

    Una pantalla con navegador —un televisor, un monitor o un cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que usa todo lo demás. En esa pantalla no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. El enlace publicado se abre sin escribir contraseña, y lleva PIN, vencimiento y lista de direcciones permitidas. Y después falta lo único que no vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Eso es trabajo de la sala, y lo demás está armado para que se haga una sola vez.

Detección y comportamientos

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  • ¿Qué puede detectar IRIS exactamente?

    Vienen 41 comportamientos listos sobre un catálogo de 94 clases de objeto en 12 familias. La lista: intrusión, cruce de línea, permanencia, merodeo, objeto abandonado o retirado, aforo, filas, aglomeración con densidad, lugar ocupado, contramano, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. ¿Y si el caso no está? Entonces se arma con el filtro fino, que compara cada objeto contra once campos —la confianza, el tiempo de vida, la velocidad, la dirección, el tamaño, la estabilidad de la clase— con ocho comparadores, y agrupa las condiciones con «y» y con «o».

  • ¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?

    Para arrancar no hace falta. Cada clase del catálogo ya trae su altura media real —1,70 metros una persona, 1,50 un auto— y con eso salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. Si lo que se quiere es medida real sobre el piso, se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden de verdad: de ahí en más, distancias, recorridos y velocidades van en metros. Y las dos cosas nunca se mezclan: la estimada se queda corta, va etiquetada como estimada, y una regla puede exigir que solo cuente la medida.

  • ¿Y si me llena el turno de avisos equivocados?

    Es lo primero que se ataja, y hay seis frenos. Un mínimo de seguimiento antes de que la regla actúe. Un doble umbral, para que el aviso no titile en el borde de la zona. Un horario que la limita. Tiempo de espera, enfriamiento y un límite de avisos por minuto. Áreas donde no se detecta nada a propósito, como una ruta al fondo o un cartel con fotos de personas. Y antes de publicar, la imagen en vivo muestra lo que la regla produce de verdad, con los objetos descartados y el motivo de cada descarte.

  • ¿Y de noche, o con poca luz?

    Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que trabaja como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no corren a ciegas. Además hay un puntaje de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar el lente, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo de noche. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que la camioneta era blanca. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche sigue significando lo mismo en enero y en julio.

  • ¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?

    La identidad se aguanta unos segundos, y cuando no se puede, se dice. Cuando algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, una lona— el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto guarda además un historial chico de sus clases, así que un auto que a lo lejos oscila a camión no hace titilar la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite, por delante: si la tapada dura más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa distinta, y sigue sin saber quién es.

Grabación y forense

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  • ¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?

    Sí: para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se puede escribir la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, mostrando antes qué entendió. Y si aun así el rango es largo, el resumen saltea el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.

  • ¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?

    Porque el paquete se comprueba solo. Adentro va una huella de cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que se abre en cualquier navegador y no llama a ningún servidor: ni al nuestro ni a otro. Basta con que se haya modificado un cuadro, un byte o el manifiesto para que la comprobación falle y lo diga. Y antes de salir, el paquete se verifica a sí mismo: si no pasa esa prueba, no se entrega.

  • ¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?

    No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no lo puede saltear. Si lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema para, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en lugar de sacrificar material protegido para ganar lugar. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra: nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de vencimiento.

  • ¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?

    Cámara por cámara, y lo decide el cliente: ese plazo manda sobre el general del servidor y se puede dejar sin límite, para que nada caiga por viejo. Pero el techo real no lo pone el programa, lo pone el disco, y por eso la pantalla no muestra solo el plazo configurado: muestra los días que hay grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llenó antes. Crecer, entonces, es agregar disco donde falte, porque la grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta. Y la decisión nunca se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.

  • ¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?

    No puede, y queda escrito que lo intentó. El material bloqueado está fuera del borrado automático, y para borrar a mano hace falta un permiso propio y además tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo pide el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito; la ficha del bloqueo no desaparece, se marca como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Y cada borrado, cada exportación y cada liberación quedan en el registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de forma que se detecta si alguien alteró o sacó una entrada.

Búsqueda por apariencia

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  • ¿IRIS reconoce caras?

    Lo incluye, y viene apagado. En la Unión Europea directamente no se ofrece. Donde la ley lo permite, prenderlo obliga a leer nueve advertencias legales y a declarar base jurídica, finalidad y plazo de conservación: sin esos tres datos no funciona, y si se retiran se detiene al momento sin reiniciar nada. Lo decide cada instalación, nunca viene puesto de fábrica, y queda registrado quién lo prendió y cuándo. Por eso en las zonas que esta web muestra IRIS no identifica a nadie: ahí la función no está prendida. Y conviene decir la otra mitad: casi ninguna búsqueda real la necesita, porque se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.

  • ¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

    Se puede, y es la manera normal de trabajar. De cada objeto queda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia, zona— y con eso vuelve a aparecer en otra cámara y otro día sin que nadie le ponga un nombre. Cuando dos apariciones parecen el mismo objeto, lo que sale es un nivel de confianza, nunca una identidad: la pantalla lo dice con todas las letras, que es una posible coincidencia por apariencia, que no vale como prueba de identidad y que hace falta que la revise una persona. Y esa persona confirma o descarta de a una, con su nombre y la hora al lado.

  • ¿Quién puede buscar y qué queda registrado?

    Para buscar hace falta permiso de ver grabaciones, y encima cada usuario encuentra únicamente objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, aporta cero resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles van tapadas con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, la aprobación de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Todo eso pasa adentro de la instalación, porque los modelos y la cartografía son propios y andan sin internet: ni una imagen sale a un tercero. Y todo junto —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni uno más que abrir en el firewall.

  • ¿Y si la persona se cambia de ropa?

    Ahí el rastro por apariencia se corta, y hay que decirlo. La huella de una persona se apoya en el color, la forma y la contextura: cambiada la ropa, cambia la huella, y IRIS deja de proponerla en las cámaras siguientes. Lo que no va a hacer es inventar una coincidencia: dice que nadie llega al umbral, y con qué umbral lo dice. Queda en pie, eso sí, el recorrido hasta el cambio —dónde se la vio por última vez y a qué hora—, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo si lo hay. Y ése es justo el motivo de que el recorrido se arme con avistamientos que confirma una persona, y no con una cadena automática que no miró nadie.

  • ¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?

    El plazo lo fija cada instalación, por separado para personas, vehículos, rostros y chapas, y va de cero a 3.650 días. Cero no significa borrar: significa conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo elija por descuido. El borrado lo hace un barrido de madrugada, y si ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en lugar de dar por hecho que el plazo se cumple; además se puede ver cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron su plazo. Consultarlas exige el permiso de ver grabaciones, y solo alcanza a las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la conservación exige su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.

Chapas y accesos

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  • Su web dice que IRIS no lee chapas. ¿En qué quedamos?

    Las dos cosas son ciertas, y la diferencia es la cámara. La lectura de chapas es una función que se prende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se prende —el patio de una escuela, un módulo de un establecimiento penitenciario, el cerco de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí se termina: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee chapas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un estacionamiento, la puerta de una playa de camiones— se prende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la prendió, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la respuesta a «¿dónde se leen chapas en esta instalación?» siempre se puede consultar, y siempre es una lista corta y comprobable. Y prenderla no es solo una decisión técnica: una chapa es un dato personal, así que se prende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es: con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.

  • ¿IRIS sabe de quién es el auto?

    No. IRIS lee el número de la chapa y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí se termina. Atrás no hay ningún registro de titulares: no consulta ninguna base de datos oficial, no sabe el nombre del propietario y no lo puede averiguar. Tampoco lee la marca ni el modelo. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de llenar el hueco con una suposición. Una chapa solo significa algo si el cliente la puso en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.

  • ¿IRIS abre la barrera él solo?

    IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve físicamente la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso por paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta chapa, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla contesta por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla por la mitad, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en lugar de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.

  • ¿Y si la chapa está sucia, doblada o tapada?

    Depende de qué le pase. Con barro, con un ángulo malo o con poca luz suele alcanzar, porque el paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga bien. Si la chapa directamente no es legible, no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna: cuenta el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se están perdiendo ahí. Y si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el programa: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y lo decimos antes de vender y no después. En un control de accesos, una chapa que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Ojo con una cosa distinta: darse cuenta de que un vehículo circula sin chapa legible no exige leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.

  • ¿Y si se equivoca leyendo un carácter?

    Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas prendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriendo la barrera para el auto de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se armó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la chapa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se saltea su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una chapa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo auto, y la pantalla lo marca como tal.

Incidencias y sala de control

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  • ¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?

    Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si vence el primero y nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así para arriba. Responder es asignársela, validarla, cerrarla o comentarla; con eso la subida se frena, aunque el caso no esté resuelto. Si un turno se quedó sin nadie de guardia, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse. Y cuando se terminan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca termina en silencio.

  • ¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?

    Con tres cosas. Las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una sola fila con su contador, sin borrar ninguna: el detalle sigue guardado y el número siempre cuadra. La cola se filtra por 27 criterios que se combinan, y cada operador guarda su vista y la comparte con el equipo. Y un panel mide cuántos avisos recibe cada persona por hora y señala qué cámara y qué regla los están produciendo, para afinarlas en lugar de apagarlas. Además queda registro de quién silenció qué.

  • ¿Se puede demostrar después qué se hizo?

    Sí. Cada incidencia guarda su cronología entera: quién la abrió, quién la miró, qué cambió, qué escribió y cuándo la cerró. El registro solo admite agregar, va encadenado con criptografía y se verifica cuando haga falta; si algo se hubiera tocado, dice en qué apunte exacto se corta la cadena. El expediente se baja como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y lo que existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en vez de hacerlo pasar por verificado.

  • ¿Y si el que falla es el escalado mismo?

    Se mide y se muestra, porque un escalado que falla callado es peor que no tener ninguno. El panel dice tres cosas: si está corriendo, si corre pero hay avisos que no salen, o si está parado, y en ese caso el motivo va en texto claro —apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, tantos minutos sin pasar—. Avisa además de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no quedó ningún canal activo por donde salir, o cuánta gente del equipo no tiene forma de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalados quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Otro detalle: recién instalado arranca desarmado a propósito, solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor. Una instalación nueva no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.

  • ¿Qué pasa si dos operadores agarran la misma incidencia a la vez?

    Se ven. La ficha dice, con nombres, quién más la está mirando en ese momento; y si estás solo, también lo dice. Asignársela es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que frena el escalado, aunque todavía no resuelva nada. Los estados no se saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no corresponde, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar la misma incidencia en dos lugares distintos. Y todo lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién la abrió, quién la miró, quién la cambió y qué escribió cada una.

Reglas y automatismos

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  • ¿Hay que saber programar para armar un automatismo?

    No hace falta. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en un pizarrón. Dos piezas que no encajan no se dejan unir: el editor lo rechaza ahí mismo y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya en marcha. Y si ni siquiera querés dibujar, hay 23 recetas ya armadas: elegís una, completás cuatro campos sobre la imagen en directo de la cámara y trabaja desde el primer día. Para el operador de sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin lienzo ninguno.

  • ¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?

    Ése es el miedo real de quien automatiza algo, y por eso hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Antes de publicar, el simulador tira el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Ya publicado, se puede dejar silenciado: corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo va mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que quieras, y se reactiva solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.

  • ¿La misma regla sirve para muchas cámaras a la vez?

    Para eso está pensado. La regla se escribe una vez y después se le dice dónde vale: esta cámara, este grupo, este servidor o la instalación entera. Y las excepciones van en la misma frase, con el motivo escrito al lado: todas las del servidor menos el vestuario y la sala de servidores, en una sola declaración y no en una lista que alguien tiene que ir manteniendo. Después, el depósito de la planta puede llevar un umbral y el galpón del puerto otro, sin que haya dos flujos. Y en una misma cámara conviven tres versiones a la vez: la que está contando en serio, la que se valida con umbrales nuevos y la que todavía se está dibujando.

  • ¿Y si un flujo falla por la mitad? ¿Deja las cosas a medio hacer?

    Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de fallo, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la avería se ubica sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si la incidencia se creó antes del fallo, la incidencia está creada. Lo que sí prometemos es que sabés hasta dónde llegó y por qué se paró ahí.

  • ¿Quién puede tocar un automatismo que ya está en marcha?

    Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que un operador abre el flujo, lo entiende entero y no puede cambiar nada. Por encima de eso, un administrador decide qué bloques usa cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen funcionando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se saca con un clic. Todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador marca sobre el dibujo qué se agregó, qué se sacó y qué se cambió entre dos publicaciones. Y no se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que sacarle el enganche.

Chat e inteligencia artificial

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  • ¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?

    No salen. La inteligencia artificial que contesta es propia y corre en el servidor de tu instalación, y lo mismo la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Ni una imagen, ni un cuadro, ni una frase de la conversación viajan a un proveedor de afuera, porque en ningún punto del recorrido hay una llamada a un tercero. Con el cable de internet desenchufado sigue funcionando, y eso es una decisión de diseño, no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y con su procedencia.

  • ¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?

    En que éste llega a los mandos. Un chat corriente contesta con lo que sabe; el asistente de IRIS tiene 95 herramientas conectadas al sistema y las usa para ir a buscar la respuesta: mira por una cámara, abre una grabación, junta estadísticas, dibuja el mapa, arma el informe. Y si quien pregunta tiene el permiso, actúa sobre el sistema: crea o cierra una incidencia, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación escrita antes de nada.

  • ¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?

    No de esa manera, y la diferencia importa. Lo que se pide hablando es una búsqueda o la descripción de una situación, y ahí el asistente rinde. Un número que después alguien va a firmar es otra cosa: hay que fijar por dónde pasa la línea exacta y en qué sentido la cruza cada uno. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número del martes se puede volver a sacar el año que viene.

  • ¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?

    Lo dice, y ésa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que le pediste, lo dice en vez de mostrarte otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y propone subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con lo que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin tapar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en vez de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y con lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.

  • ¿Puede hacer cosas para las que el usuario no tiene permiso?

    No, y no es una promesa: es cómo está construido. El asistente ve únicamente las herramientas que la persona que pregunta tiene derecho a usar, así que el mismo chat le ofrece capacidades distintas a un operador y a un administrador. Diez permisos gobiernan el chat en sí —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas— y encima cada herramienta puede pedir el suyo propio. Las que modifican datos están marcadas como tales y no corren sin ese permiso, y publicar un automatismo pide confirmación escrita. Todo queda registrado: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal; también los intentos de acceso que se negaron. Las conversaciones son privadas mientras nadie diga lo contrario, y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.

  • ¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?

    Nada. No hay contador de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras: dos frases o un turno entero preguntando cuestan lo mismo. Lo decimos porque cambia cómo se usa. Cuando cada mensaje tiene precio, el operador se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina volviendo a la pantalla de siempre. Acá no hay nada que racionar.

Mapas, planos y territorio

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  • ¿De verdad anda sin conexión a internet?

    Anda. La cartografía se instala país por país en el servidor del cliente y ahí se queda, así que dibujar el mapa, buscar una dirección o convertir una coordenada en un domicilio se resuelve contra esos datos y nada más. En pantalla se lee «mapa local, sin internet», para que el operador sepa con qué está trabajando. Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está mirando.

  • ¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?

    Los que ya tenés sirven: entran PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se marca con un rectángulo el pedazo del documento que interesa, y un PDF de proyecto de veinte pisos se convierte en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas las arma cada instalación como le sirva —país, sede, edificio, piso—, y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca es la del día en que alguien lo subió.

  • ¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?

    No, y conviene decirlo antes de la demostración y no durante. El mapa de calor de IRIS se dibuja sobre la imagen de la cámara, no sobre la cartografía. La densidad sobre el terreno se saca hoy agrupando por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición, no como una capa de calor continua encima del mapa. Es un hueco real y se declara acá porque un integrador lo comprueba en cinco minutos.

  • ¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?

    Ocupa lo que ocupen los países que se instalen, porque se instalan y se sacan de a uno: el mundo entero no se instala nunca, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. En la pantalla de administración cada país muestra su tamaño en el almacén y su fecha de instalación, así que el dimensionado no es una estimación de folleto: es una cifra que se ve antes y después. La actualización es una carga de datos que lanza el administrador, con una cola de trabajos que dice el tipo, el estado, el avance, el paso actual y el error si algo falla. No hay goteo automático desde internet, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con qué edición se está trabajando.

  • ¿Y si la sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?

    El plano de interior no depende del mapa de calles, y por eso esto no traba nada: se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic y el edificio existe en el sistema antes que en ninguna cartografía. Con una planta nueva pasa seguido. El perímetro de la sede admite cinco orígenes: tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual —y esa etiqueta existe justo para que el sistema lo diga en lugar de callarse—. Mientras tanto la búsqueda inversa sigue contestando aunque el portal no exista: da el más cercano que sí existe, con su distancia en metros. Y si el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato en vez de inventar una altura.

Videoconferencia y colaboración

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  • ¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?

    Ninguna. La sala vive adentro de IRIS y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa: nada que instalar, nada que contratar aparte, y sobre todo nada de sacar el video de la instalación para poder hablar de él. La cámara entra a la llamada en directo, y todos miran lo mismo mientras hablan.

  • ¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?

    Sí, con un código QR que genera el anfitrión y que se escanea con el celular. Ese enlace tiene fecha de vencimiento y número de usos, se anula al instante y define de antemano qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat o solo mirar. Y cada uso queda registrado.

  • ¿Anda en una instalación sin internet?

    Anda, y por eso está escrito acá. La conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el de las cámaras van por el puerto 443 adentro de la red del propio cliente. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace la reunión igual que la sede más conectada.

  • ¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?

    Nada. Se entra con el mismo navegador que ya está abierto, y quien viene de afuera escanea un código con el celular. Antes de pasar hay una antesala: se escribe el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Ahí el navegador pide sus permisos una sola vez, y adentro no vuelve a pedirlos. Y si la sala graba, el aviso está en esa misma antesala y hay que aceptarlo para entrar.

  • ¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?

    Sin cuenta, con un enlace, y con el anfitrión decidiendo cómo se lo protege: abierto para cualquiera que lo tenga, reservado a quien ya tenga sesión en el sistema, o con un PIN. También fija cuánto vive —unas horas, hasta una fecha o sin límite—, cuántas veces se puede usar y qué puede hacer quien lo abra. Y fija el idioma con el que se abre, así que un contratista o un perito lo lee en el suyo sin tocar nada. Cuando ya no hace falta, se anula al instante.

Plataforma, escala e integración

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  • ¿Cuántos puertos hay que abrir en el firewall?

    Uno solo: el 443, y por ahí pasan cifrados la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación. En total el sistema escucha en catorce, pero los otros trece se alcanzan únicamente adentro de la propia máquina y nunca cruzan la red. Para el área de redes eso son trece excepciones que no hay que abrir, ni justificar, ni mantener, y una sola comprobación el día en que algo sale mal.

  • ¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?

    La sede sigue funcionando. Cada punto capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y mueve sus relés en local; hacia el centro suben eventos y medidas, nunca cuadros de imagen. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que juntó. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.

  • ¿Hasta dónde escala de verdad?

    El producto declara más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, pero lo que permite comprobarlo son los ocho límites publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son techo. Por ejemplo, entran sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. La calculadora que viene adentro del producto hace esa cuenta con doce preguntas, dice qué recurso se agota antes y declara inviable un dimensionamiento que cruce un límite que no se puede repartir.

  • Se nos queda chica la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?

    Se agrega una máquina y no se rehace nada. Se genera un código de registro desde la interfaz central, se instala el servicio en la máquina nueva y se le da ese código: la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; hasta que no declara al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en lugar de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y se mueven únicamente las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se rebaraja. Lo que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco límites que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.

  • ¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?

    Máquina por máquina, sin apagón general: mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna necesita a otra para trabajar. Cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, así que un desfase en la flota se ve en pantalla y no se descubre el día en que algo falla. Tampoco hay archivos de configuración que reconciliar de a uno: todo vive en el sistema y se edita desde la web, de modo que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Y si a un servicio le falta algo después de actualizar, espera con el puerto cerrado y deja escrito qué le falta, en lugar de arrancar a medias. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.

Administración y auditoría

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  • ¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?

    No lo está, y ningún programa puede estarlo por vos. Se certifica la organización que explota el sistema, con su gente, sus procesos y sus instalaciones; lo que aporta el producto es el trabajo ya hecho para llegar ahí. Están los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad de nivel alto, que es el marco de seguridad de la Administración pública española, y los 93 del anexo A de ISO 27001, que es internacional: cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, y los dos cruzados para no hacer dos veces la misma tarea. Lo decimos así en lugar de mostrar un sello, porque en la primera auditoría se nota la diferencia. Homologación de un tercero tenemos una sola, la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España.

  • ¿Un administrador puede borrar el rastro de lo que hizo?

    No. El registro de auditoría solo admite agregar, y esa regla no la pone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o borrar un asiento a mano se rechaza, tenga los permisos que tenga quien lo intente. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Además, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por abajo, la cadena se cortaría, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha pasó.

  • ¿Puedo dar acceso a una empresa de afuera solo a unas cámaras y solo unos días?

    Es el caso normal, y se resuelve con dos cosas. Primero el alcance: una cámara suelta, una sede entera —con lo que cuelga de ella o sin eso— o un caso de investigación, siempre con fecha de vencimiento, y con la pantalla avisando sola de lo que vence en los próximos siete días. Después la franja horaria: fuera de esa franja la persona ve un mensaje que lo explica y no entra. Sacar el acceso pide motivo obligatorio, y la concesión guarda quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la sacó y por qué. Así el acceso temporal se cierra, en vez de quedar abierto para siempre porque nadie se acordó.

  • ¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?

    Se desactiva la cuenta, y es reversible por si vuelve. Sus sesiones abiertas se cortan al momento: las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que nadie se queda adentro hasta que caduque una ficha. Las concesiones que tuviera sobre sedes o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas se cortan y guardan quién las sacó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo, y la anonimización reemplaza el dato personal adentro de los asientos dejando la cadena intacta y contando cuántos se anonimizaron: el registro sigue demostrando qué pasó sin guardar quién era.

  • ¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?

    Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena entera y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha en la que se corta. La segunda es la exportación firmada —planilla, archivo de intercambio o informe—, que lleva la firma adentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin fiarse ni de nosotros ni de vos. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.

Por dónde trabajás

La misma duda cambia de forma según el sitio: lo que desvela en un sanatorio no es lo que desvela en un puerto fluvial. Acá están ordenadas por entorno.

  • ¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?

    No hace falta cambiarlas. Se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están en la calle y la analiza: no cambia el sensor, cambia lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y la calidad sirven para lo que querés detectar en ese punto, y se te dice con claridad cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?

    IRIS analiza a la vez todas las cámaras que tenga tu instalación, incluidas las miles de una ciudad entera. Esta demostración muestra veintitrés porque veintitrés entran en una pantalla, no porque sea un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone atrás, no el programa, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.

  • ¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?

    Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. Con la local no sale: los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red y se analiza ahí adentro, sin necesitar internet para funcionar. Con la otra sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato, porque se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero—. Lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo demás.

  • ¿IRIS identifica a las personas o reconoce caras?

    No, IRIS no identifica a las personas ni reconoce caras. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un auto parado sobre la vereda, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor. No le pone nombre a nadie ni compara rostros con ninguna base de datos. El conteo por franjas horarias es agrupado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más.

  • ¿Cómo evito que la sala de monitoreo termine ignorando los avisos por culpa de los avisos equivocados?

    Ajustando las reglas con tus operadores, calle por calle, durante las primeras semanas. Y arranquemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Le pasa a todos los sistemas de detección, y quien diga lo contrario no instaló ninguno. Por eso ninguna regla es una sola condición: junta qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con vos hasta que a la pantalla llegue lo que tu equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y se corrige.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando en la calle?

    Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué querés detectar en cada una.

  • ¿IRIS reemplaza a mi centro de monitoreo o a los guardias que tengo?

    No, IRIS no reemplaza a tu centro de monitoreo ni a tus guardias: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, muestra lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.

  • ¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?

    Sí, y convive con él en lugar de reemplazarlo. IRIS es un NVMS: la capa que hoy falta, la que entiende qué pasa delante de las cámaras y aplica tus reglas. Podés seguir grabando y gestionando el video donde lo hacés hoy. Qué se integra y cómo, se decide mirando tu sistema concreto, y no prometiéndote de antemano que encajamos con todo.

  • ¿Puedo poner esto en la vía pública sin incumplir la normativa de protección de datos?

    Podés, pero el cumplimiento no depende solo del programa: depende también de cómo lo instales y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí podemos decirte es que el tratamiento es configurable pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo podés pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?

    El costo se calcula según tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad elegís y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que sirva para todos, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de una ciudad entera. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar, y te damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la ruta?

    Sí, IRIS sirve con las cámaras que ya tenés puestas en la ruta. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos, columnas y postes y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que querés detectar en ese tramo —no es lo mismo una banquina a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Funciona de noche y con lluvia?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: lo que no se ve no se detecta, y el aguacero, la niebla cerrada y el encandilamiento reducen lo que ve cualquier cámara. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, la sala se entera y puede avisar, bajar la velocidad o mandar una cuadrilla. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la ruta y con lo que aportan los faros; en los tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.

  • ¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la ruta?

    IRIS avisa de un incidente apenas se cumple la regla que definiste, sin que nadie tenga que llamar. Ése es el cambio de verdad: hoy el reloj empieza cuando un conductor llama a emergencias o cuando alguien de la sala pasa de casualidad por esa cámara. Con IRIS empieza cuando la escena pasa delante del lente. No te vamos a dar un número de segundos, porque depende de tu red, de tus cámaras y del hardware que se ponga atrás; lo que sí te decimos es que enterarte deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.

  • ¿Puede reemplazar a los conteos que hacemos unos días al año?

    IRIS no reemplaza a un conteo homologado, pero cuenta lo que un conteo de unos días no puede contar: todos los días, a toda hora y en cada cámara. Un conteo puntual te da la foto de una semana; una cámara con IRIS te da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, colectivo, moto— y sin cortar un carril para instalar nada. Si necesitás una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no te vamos a decir que la damos: nuestra homologación del Centro Español de Metrología cubre el conteo de personas. Para decidir dónde toca refuerzo de pavimento o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.

  • ¿Detecta un vehículo parado en la banquina?

    Sí, IRIS detecta un vehículo parado en la banquina, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un auto»: es un vehículo detenido adentro de la zona que marcaste como banquina y durante más tiempo del que hayas fijado. Si además alguien sale del vehículo y camina por la banquina o por la calzada, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Una avería es una incidencia; una avería con una persona fuera del auto es una urgencia, y el sistema distingue las dos.

  • ¿IRIS comprueba que los carteles de mensaje variable funcionen?

    Sí, IRIS comprueba que los carteles de mensaje variable funcionen, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el cartel, así que detecta que está apagado, que tiene leds quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el cartel muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que manda las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los carteles y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se te dice qué encaja y qué no.

  • ¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red y se analiza ahí adentro, sin necesitar internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores.

  • ¿Identifica chapas o a las personas que salen en las cámaras?

    No, IRIS no identifica chapas ni identifica a las personas. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la calzada, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cortado. No lee chapas, no compara caras con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, colectivo, moto— y el resultado es un número agrupado, nunca una lista de quién pasó.

  • ¿Qué pasa con los avisos equivocados en una ruta abierta?

    Existen, y quien te diga lo contrario no puso un sistema de detección en una ruta abierta. Sombras largas al amanecer, faros de frente, una bolsa que cruza un carril: todo eso se parece a algo. De ahí que ninguna regla sea una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que a la sala llegue lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ruta?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad elegís y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de una traza entera con sus enlaces, sus túneles y sus paradores. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

El transporte público

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la terminal?

    Sí, IRIS sirve con las cámaras que ya tenés en la terminal. Se conecta a la señal de las cámaras IP de plataformas, hall, pasillos, molinetes y accesos y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del techo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que querés detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira la plataforma a lo largo que una que la mira de frente— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros?

    No, IRIS no identifica a los pasajeros. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una persona adentro del patio de maniobras, una persona en el piso, una plataforma que se llena, un molinete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica parada. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Cuando cuenta gente, el resultado es un número —cuántas personas hay en una zona o cuántas pasan por un punto—, nunca una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede verlo lo decidís vos: el sistema puede funcionar entero adentro de la terminal, sin que salga una sola imagen.

  • ¿Detecta a alguien que baja al patio de maniobras?

    Sí, IRIS detecta a una persona que baja al patio de maniobras, porque ese patio es una zona dibujada sobre la imagen y una persona adentro de esa zona es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y la sala tiene la imagen abierta sin tener que esperar a que un pasajero toque el botón de parada o llame por el portero eléctrico. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea el patio, y no todas lo ven. En el proyecto se revisa plataforma por plataforma qué encuadre hace falta y se te dice cuál no llega.

  • ¿Funciona con la plataforma llena de gente?

    Funciona, con un matiz que decimos antes de firmar: cuando la gente se tapa entre sí, hay cosas que dejan de verse. Alguien que cae al piso atrás de un grupo compacto puede quedar tapado para esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. La ocupación no: para saber cuánto se está llenando una plataforma no hace falta distinguir a una persona de otra. Por eso en las plataformas conviene combinar encuadres, porque dos perspectivas de la misma plataforma se tapan mucho menos que una sola.

  • ¿Cómo se avisa y a quién?

    El aviso se manda a quien vos decidas y por el canal que vos decidas. Cada regla lleva su destinatario: el puesto de la sala de monitoreo, el jefe de la terminal, el equipo de mantenimiento, la guardia de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en el patio de maniobras no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de pasajes averiada: cada aviso va a quien puede resolverlo. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, muestra y espera.

  • ¿Puede reemplazar a los conteos que hacemos ahora?

    IRIS puede reemplazar a los conteos que hacés ahora, y además hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a toda hora y en cada punto que te interese. Un conteo de tres días te da la foto de tres días; una cámara con IRIS te da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta queda en tierra en una parada. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: es la garantía de que el aforo que presentás es el correcto, porque quien lo verificó es un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Sale el video de la terminal?

    Según la modalidad, y son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red y se analiza ahí adentro, sin necesitar internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. Las comunicaciones van cifradas en las dos, y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores de la terminal.

  • ¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?

    La protección de datos se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ése es el punto de partida, y arriba está el que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del programa: depende también de cómo lo instales y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerte arriba de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo podés pedir antes de contratar nada.

  • ¿Qué pasa con los avisos equivocados en una terminal llena?

    Los avisos equivocados existen en una terminal llena, y quien te diga lo contrario no puso un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, plataforma por plataforma y acceso por acceso, hasta que lo que llega a la sala es lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una terminal?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad elegís y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar las plataformas de una terminal chica que una terminal entera con hall, molinetes, dársenas de colectivos, parada de taxis y estacionamiento, ni cuesta lo mismo una red de veinte terminales. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

El comercio

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  • ¿IRIS identifica a nuestros clientes?

    No: lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones. Caras no reconoce, no las compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de un local a otro y no se cruza con el programa de fidelización. Lo que ve es «una persona», «un carrito», «un estante vacío», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de un local nunca dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Y si alguna vez alguien les ofrece lo contrario, que quede claro que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el local?

    Con las que ya están puestas alcanza: se conecta a la señal de las cámaras IP del techo y la analiza tal como llega, así que no cambia el equipo sino lo que se entiende de la imagen. Después se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una puesta para vigilar la puerta capaz que no llega a leer la góndola del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Cámara nueva, la excepción.

  • ¿Esto sirve para prevención de pérdida?

    No, esto no va de prevención de pérdida, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página hace eso, y no es porque no se nos haya ocurrido: eso obliga a juzgar la intención de una persona concreta, y IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que tienen en esta página: avisar de un hueco en la góndola, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de un salón más lleno de lo que puede atender el turno; y medir las filas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por el salón y lo que hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener el local como tiene que estar. Si lo que buscan es prevención de pérdida, va a hacer falta otra cosa, y se los vamos a decir en la primera reunión y no en la última.

  • ¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?

    Porque se cuentan dos cosas por separado: cuántas personas entran a la zona de espera de las cajas y cuántas llegan al punto de cobro. Esa diferencia es la gente que se fue antes de que le tocara. Y hay dos pistas más: cuánto se espera de media en esa fila, y los carritos que quedan abandonados en un pasillo o al lado de las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Todo con la hora puesta, así que se cruza con cuántas cajas había abiertas en ese momento. Cuánta plata es eso no te lo vamos a decir —no lo sabemos, no pasó por tu caja—, pero sí a qué hora pasa y con cuántas cajas abiertas deja de pasar.

  • ¿Puede decirme si una promoción funciona?

    En la parte que se ve desde una cámara, sí: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta frena y cuánto rato se queda. La venta está en tu caja, y ahí no entramos. Pero con las dos mitades juntas cambia el diagnóstico. Si pasa mucha gente y casi nadie frena, el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Si frena mucha gente y después no vende, el problema es el precio o el producto. Hoy las dos situaciones se parecen en el informe de ventas —vendió poco— y son dos problemas distintos, con dos soluciones distintas. Lo mismo vale para comparar el mismo montaje en dos locales, o el mismo lugar en dos semanas.

  • ¿Funciona con el local lleno?

    Funciona, con un matiz que decimos antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y la cámara deja de distinguirlas de a una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento, que es la ocupación: para medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por el salón no hace falta distinguir a cada persona. Y detectar que el local está colapsado funciona justamente porque está lleno. Lo que sí se degrada es contar de a una en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila, y la ocupación queda para el salón.

  • ¿Sale el video del local?

    Según la modalidad, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —el local o la central—, el video entra por su red y se analiza ahí adentro, sin necesitar internet. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. Las comunicaciones van cifradas en las dos, y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque un servidor por local y un análisis centralizado condicionan la red de manera distinta.

  • ¿Y la protección de datos, con el local lleno de clientes?

    La protección de datos se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en un local: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del programa: depende también de cómo lo instalen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerles arriba de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Sirve para un local solo o hace falta una cadena?

    Para los dos casos, y lo que cambia no es el sistema: es qué hacés con el dato. En un local solo, decidís tu local: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si al fondo del salón llega alguien o hay que darle una razón para llegar. En una cadena aparece la comparación, que un local solo no tiene: la misma promoción armada en cuarenta locales y medida igual en todos; el local donde la fila se dispara media hora antes que en el resto; el que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Empezar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un local?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos locales entran, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de un local de barrio que cubrir el salón entero de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo un local que cuarenta. Cuéntennos cuántos locales tienen, cuántas cámaras hay en cada uno y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

  • ¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?

    No, esto no sirve para vigilar a sus trabajadores, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no detecta quién es esa persona. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar tarjeta, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza al control de acceso de la obra. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Esto es lo primero que hay que poder mostrarle al personal de la obra: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?

    No, IRIS no para la grúa. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al responsable de seguridad, al señalero ni al plan de seguridad de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por día?

    Los que pida su regla, y afinarla es el trabajo del primer mes. Cien avisos por día apagan el sistema en una semana; lo sabemos. De ahí que la regla no sea «avisá si alguien no lleva casco», sino «avisá si alguien sin casco está adentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se arranca por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callarse en lo demás.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?

    Sí, IRIS sirve con las cámaras que ya tienen en la obra, incluidas las que se ponen y se sacan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche capaz que no llega a distinguir un casco al otro lado del terreno— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y la lluvia se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz pareja. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?

    Cambiarlo cuesta poco tiempo, y está pensado así justamente porque la obra cambia cada pocas semanas. Si se mueve una cámara o hay que redibujar una zona, se vuelve a marcar sobre la imagen y se sigue trabajando: nada que encargar, nadie a quien esperar. Y como las reglas se escriben con palabras, la regla de la fase que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Ésa es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en terminaciones, cuando la obra ya no se parece a la del replanteo.

  • ¿Podemos saber cuánta gente hay adentro de cada zona?

    Sí, pueden saber cuánta gente hay adentro de cada zona de trabajo, y ésa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el subsuelo en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo lugar. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ven la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.

    El video se procesa donde ustedes decidan, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es adentro de la propia obra: un equipo en la casilla analiza las cámaras ahí mismo y funciona sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa ahí y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.

  • ¿Qué le contamos al personal de la obra?

    Exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Acá se detectan situaciones, no personas: no se reconocen caras, no se identifica a nadie y no sirve para sancionar a ningún trabajador en particular. Qué se trata, cuánto se guarda y quién puede verlo se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un comercial nuestro; nosotros ponemos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.

  • ¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?

    Esto sirve para una obra sola y cobra otro sentido con todas las de la empresa. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de frente, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación del que más obras pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

El establecimiento penitenciario

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  • ¿Esto sirve para clasificar a las personas privadas de libertad?

    No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. Acá no se identifica a nadie: no se reconocen caras, no se comparan contra ninguna base de datos, no se guarda quién es nadie, no se lleva ficha de nadie y no se sigue a ninguna persona por el establecimiento. Tampoco se predice ni se juzga: no se dice quién va a hacer qué, no se le pone puntaje a nadie, no se clasifica a nadie por su comportamiento y no se interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que se detecta son situaciones que definió el propio establecimiento —«hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie»—: qué pasa, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, al personal y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza a alguien del personal?

    No, IRIS no abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión y no reemplaza a nadie del personal penitenciario. Tampoco reemplaza al recuento reglamentario ni a ningún protocolo de prevención: ésos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro de un establecimiento, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, hora y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que no se escriba «avisame si hay gente en el pasillo», sino «avisame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, más de un minuto». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector deja de sonar cien veces por día y suena cuando importa. Y se ajusta con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su establecimiento, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el establecimiento, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos que dé por buenos o por malos, ni decide por su cuenta qué es normal en su patio: lo normal en un establecimiento no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obras o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Y los derechos de las personas alojadas y los del personal?

    Los derechos de las personas privadas de libertad y los del personal se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que el establecimiento definió —un patio, un pasillo, un muelle de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de chapas, no hay ficha de ninguna persona privada de libertad y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no puede decirles «esta persona pasó por acá seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas alojadas, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, los firma la institución que lo instala, con sus servicios jurídicos delante. Desconfíen de quien les diga lo contrario.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, sirve con las cámaras que ya tienen, y ése es justo el punto: un establecimiento ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del establecimiento?

    El video sale del establecimiento solo si ustedes quieren, y en un establecimiento penitenciario lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero ésa es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿El aforo por zonas es confiable?

    El aforo por zonas es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza al recuento reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe lo que IRIS no ve, y se dice antes de firmar nada. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: si algo pasa fuera de campo, atrás de una columna, entre dos cuerpos o donde no hay cámara, no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa pantalla. Con poca luz, con lluvia fuerte o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre alguien mirando el video. Infalible no es, y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas y un establecimiento entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

El hospital

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  • ¿Van a poner cámaras en las habitaciones?

    En las habitaciones no va ninguna cámara, y esto va antes que nada. Tampoco en un baño, ni en una sala de examen, ni en ningún lugar donde se atiende o se examina a un paciente. Lo que mira IRIS son zonas comunes —pasillos, salas de espera, halls y accesos—, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y ahí no identifica a nadie: no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no accede a la historia clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso en el pasillo del tercer piso»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?

    Ni diagnostica ni decide a quién se atiende antes. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace clasificación de pacientes y no prioriza a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional, y ahí IRIS no participa. Tampoco accede a la historia clínica ni a ningún dato médico, y no se conecta al sistema del hospital para saber quién es quién. La vigilancia clínica no se reemplaza, y ningún profesional tampoco: los protocolos del piso siguen igual, con las mismas personas y el mismo procedimiento. Nadie es llamado por cuenta de IRIS, y nada se activa en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, hora y duración. Un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay alguien parado en el pasillo», sino «avisame si hay una persona en el piso en este pasillo más de veinte segundos», o «avisame si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces por día a sonar cuando importa. Y se ajusta con lo que salga las dos primeras semanas en su hospital, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se mira y qué no?

    Lo decide el hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el hospital con sus profesionales, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de la guardia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en sus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obras o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué le contamos al personal y a los profesionales?

    Al personal y a los profesionales se les cuenta todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control horario, no es marcar tarjeta y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún lado y no puede decirles «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa —un ambo, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con sus trabajadores delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, sirve con las cámaras que ya tienen, y ése es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, halls y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del hospital?

    El video sale del hospital solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio hospital, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero ésa es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de historia, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿La cifra de gente que espera en la guardia es confiable?

    La cifra de gente que espera en la guardia es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que puedan reforzar el turno o abrir otro mostrador. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Lo que IRIS no ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa adentro de una habitación, en un baño, atrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que se agacha a levantar algo y alguien que perdió el equilibrio pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna caída. La caída ya pasó cuando IRIS la ve. Lo que cambia es el rato que esa persona está en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un pasillo y la sala de espera de la guardia, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

La escuela

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  • ¿Van a reconocer a nuestros alumnos?

    No, no vamos a reconocer a ningún alumno, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún chico, no guarda ninguna cara, no sigue a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee chapas: en una escuela esa función no se prende. Y hay lugares donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestuarios. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier escuela ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un chico en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle al cuerpo docente, a la comisión de padres y a las familias.

  • ¿IRIS detecta el acoso escolar?

    No lo detecta, y quien les diga lo contrario no les está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Lo que ve una cámara es otra cosa: un corro cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o un chico que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. Acá no se dice quién molesta, ni quién es conflictivo, ni quién está triste, y a ningún chico se lo etiqueta; no se diagnostica y no se predice. Lo que se hace es mostrarle al equipo de la escuela dónde y cuándo mirar, con el video delante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el docente, el orientador, el equipo—, y esa parte IRIS no la toca.

  • ¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?

    No, IRIS no abre ninguna puerta y no llama a nadie por su cuenta. No abre ni cierra la puerta de la escuela, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al maestro de guardia: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla a los docentes —no es control horario, no es marcar tarjeta y no evalúa a nadie— y no le pone ninguna multa a ningún auto. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto de la escuela. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?

    Van a tener los avisos que decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da cincuenta avisos por recreo está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay un chico en el piso», que en un patio pasa a toda hora y casi siempre porque están jugando, sino «avisame si hay un chico en el piso en esta cancha durante más de dos minutos», o «avisame si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe la escuela con su equipo y con su orientador, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí todos los días. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.

  • ¿Qué le contamos al cuerpo docente, a la comisión de padres y a las familias?

    Todo, y antes de instalar nada. Se les muestra qué se mira —el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta— y qué no se mira: los baños y los vestuarios, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que a ningún chico se lo etiqueta. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas sin saber quiénes son. Lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firman la escuela y quien la dirige, que son quienes responden por eso. Un sistema así solo funciona si los docentes y las familias saben exactamente qué mira y qué no.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, sirve con las cámaras que ya tienen, y ése es justo el punto: una escuela ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale de la escuela?

    El video sale de la escuela solo si ustedes quieren, y en una escuela lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro de la propia escuela, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero ésa es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grado, ni una cara guardada, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?

    La cifra de cuánta gente queda adentro es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe lo que IRIS no ve, y se dice antes de firmar nada. La cámara entiende lo que entra en su encuadre: en los baños y en los vestuarios no hay cámara, y lo que pase ahí no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve atrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que la escuela decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho: un montón de chicos tirándose unos encima de otros jugando y una pelea se confunden durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre alguien mirando el video. Y hay que decir la frase entera: acá no se evita ninguna pelea ni ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando; lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. Infalible no es, y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y una escuela entera con la puerta, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

Las infraestructuras

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  • ¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee chapas o reconoce caras?

    No, IRIS no identifica a nadie: no lee chapas y no reconoce caras. Lo que ve es «una persona en la coronación» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. No compara nada contra ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Si lo que necesitan es saber de quién es un auto o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.

  • ¿IRIS predice una creciente, una avería o un incendio?

    No, IRIS no predice una creciente, ni una avería, ni un incendio. IRIS no predice nada. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están juntando delante de la compuerta, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está pasando, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.

  • ¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?

    No, IRIS no abre ni cierra ninguna compuerta, no para ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco reemplaza a la instrumentación de la instalación: ni a un sensor de nivel, ni a la protección eléctrica, ni a un sistema de extinción, ni a ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo de ustedes y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.

  • ¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?

    Porque la ve por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un escalón, el borde del canal, una marca. Y esa referencia no se describe con una frase: se traza sobre la imagen, y por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Ahora, dicho claro: eso no es un limnímetro. No da una cota en metros y no reemplaza a la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.

  • ¿Qué puede ver una cámara y qué no?

    Una cámara puede ver lo que se ve y no puede ver lo que no se ve, y tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. IRIS ve una compuerta en una posición, y no lee ningún telemando ni sabe si la orden llegó. Ve una sala inundada con las bombas quietas, y no sabe si una bomba está funcionando. Lee un nivel sobre una referencia física visible, y no es un limnímetro. Eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para reemplazar a sus sensores. Ahora bien, si la cámara es termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: IRIS ubica el punto caliente antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego empieza por adentro y cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada nuevo: IRIS mira las termográficas que ya tengan igual que mira las demás.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por día?

    Los que pida su regla, y acotar esa regla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto pesa más que en ninguna otra: una regla mal acotada larga cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. Por eso no se escribe «avisame si hay alguien», sino «avisame si hay una persona adentro del predio cercado, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos». Zona, horario y duración: con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.

  • Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?

    El video se puede procesar adentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también al centro de monitoreo o al celular de quien esté de guardia; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.

  • Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?

    El aviso llega a quien ustedes decidan, porque a las cuatro de la madrugada no hay nadie adelante y ése es justo el problema. Puede ir al centro de monitoreo, al celular de quien está de guardia, a la empresa de seguridad que tengan contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al otro día no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.

  • ¿Quién decide qué es un aviso y qué no?

    Lo decide el titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados todos los días, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. Criterio de fábrica no hay, y por su cuenta no decide nada: aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.

  • Una represa y un vertedero no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?

    Una represa y un vertedero no se parecen en nada, y no hace falta un sistema para cada uno: es el mismo. Esta página muestra siete tipos de instalación —represa, planta de tratamiento, subestación, tanque de tormenta, cauce, vertedero y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando no tienen una instalación sino cientos, repartidas por medio país y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo lugar donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.

La industria

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?

    Con las que ya están en la planta alcanza. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: el equipo no cambia, cambia lo que se entiende de la imagen. Ahora lo incómodo: un galpón no es un pasillo con luz pareja. El polvo de una trituradora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. Por eso se revisa cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles sirven, cuáles alcanzaría con mover unos grados y cuáles no dan para lo que quieren ver ahí.

  • ¿Esto sirve para vigilar a los operarios?

    No, esto no sirve para vigilar a los operarios, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de un resguardo abierto, no detecta de quién son esas manos. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar tarjeta y no sirve para sancionar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Esto es lo primero que hay que poder mostrarle al personal de la planta, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?

    No, IRIS no para la máquina ni se conecta al autómata. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de seguridad. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Van a recibir los avisos que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avisá si hay alguien cerca del autoelevador». Es «avisá si una persona a pie está adentro del pasillo de autoelevadores, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se empieza por lo que de verdad importa en ese galpón, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Sale el video de la planta?

    El video sale de la planta o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Eso importa en una planta donde la línea se cae o donde no hay buena conexión. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?

    No hace falta un sistema para cada planta: es el mismo sistema y cambia lo que se le pide. Una esclusa de acceso a la zona limpia de una farmacéutica, un dique de contención de química y una cinta de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una fundición y una planta de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?

    IRIS no ve lo que no entra en una imagen, y en una planta esa lista es importante. No lee un sensor ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. No ve adentro de una máquina cerrada, de un tanque ni de una cañería. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.

  • ¿Reemplaza a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de prevención?

    No: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera, y hacen falta las dos cosas. Lo que aporta es la capa que hoy les falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar lo que está pasando delante de ellas. Grabar y gestionar el video pueden seguir haciéndolo donde lo hacen hoy, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, y no prometiendo de antemano que encajamos con todo.

  • Además de avisar, ¿puede medir?

    Sí, además de avisar puede medir, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay adentro de una zona, cuántos pallets pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?

    Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un galpón con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce plantas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los estacionamientos

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  • ¿Necesito un sensor en cada lugar para saber cuántos quedan libres?

    No, no hace falta un sensor en cada lugar. El número sale de mirar los lugares con las cámaras que el estacionamiento ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada lugar e IRIS mira si hay auto o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de lugares a la vez, y además distingue el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de carga eléctrica. No hay que levantar el pavimento, ni cablear nivel por nivel, ni cambiar de lugar nada de lo que ya funciona.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?

    Sirve con las cámaras que ya tenés, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una chapa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los lugares del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se te dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles alcanzaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿El número del cartel de la entrada es confiable? ¿Y cuando el estacionamiento está lleno?

    El número del cartel es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los lugares. Contar autos en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el cartel dice «completo» con cuarenta lugares libres en el nivel cuatro. Acá cada lugar se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio lugar o hay un pasillo sin luz, ese lugar concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, lugar por lugar, y se decide qué cámara se mueve y qué zona se deja fuera del recuento.

  • ¿Lee chapas? ¿Y eso no es un dato personal?

    Sí, IRIS lee chapas, y sí, una chapa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que dice la norma y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión tuya, cámara por cámara: la podés activar en la barrera para el abono y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirte de quién es ese auto: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una chapa con un titular es cosa de tu sistema de abonados y de tu organización, no nuestra.

  • ¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?

    No, IRIS no identifica a las personas ni a los conductores. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un auto subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un auto delante de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agrupado y anónimo: dice cuántos autos y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por día?

    Los que pida su regla, y afinarla es el trabajo de las primeras semanas. Doscientos avisos por día se ignoran en cuatro días, y en un estacionamiento eso pasa rápido porque hay movimiento todo el tiempo. De ahí que la regla nunca sea «avisá si hay un auto parado», sino «avisá si un auto lleva más de unos minutos parado fuera de lugar en el nivel cuatro, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega; después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y se corrige.

  • ¿Sale el video del estacionamiento o se queda adentro?

    Depende de la modalidad que elijas, y son dos. Con la local no sale: el servidor está en tu propio edificio, el video entra por tu red y se analiza ahí adentro, sin necesitar internet para funcionar. Es lo habitual en un estacionamiento subterráneo, donde la cobertura ya viene mala de por sí. Con la otra sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato, porque se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero—. Con varios estacionamientos conviene decidirlo pronto: no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.

  • ¿Reemplaza a las barreras, al sistema de tickets o a la instalación contra incendios?

    No, no reemplaza a las barreras, ni al sistema de tickets, ni a la instalación contra incendios: convive con los tres. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisar a quien puede bajar hasta ahí. Y acá va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama abajo de un auto enchufado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de detección y extinción que exige la normativa. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.

  • ¿Qué NO sabe IRIS de un estacionamiento?

    IRIS no sabe muchas cosas de un estacionamiento, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en tu sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un auto. No sabe si quien estaciona en el lugar reservado tiene derecho a hacerlo, solo ve que hay un auto ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay adentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que pasa delante de las cámaras que ya tenés, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien se queja.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un estacionamiento?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos estacionamientos entran, qué modalidad elegís y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los lugares de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de lugares libres, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada más. Contanos cuántos lugares y cuántas cámaras tenés y te damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los predios y eventos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el predio?

    Sí, sirve con las cámaras que ya tienen en el predio. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí. Y se les dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara de la tribuna no distingue una cara desde el otro lado del predio, y no hace falta que la distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza.

  • ¿IRIS identifica a la gente o reconoce caras en la tribuna?

    No, IRIS no identifica a la gente ni reconoce caras en la tribuna. No compara a nadie con ninguna lista de personas ni con ninguna base de datos, y no guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un corro que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una valla, una bengala prendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.

  • ¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y controlar el aforo?

    Sí, podés saber cuánta gente hay en cada zona y llevar el aforo con eso. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de una boca de salida o de un hall y sabés cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Funciona con el predio lleno, que es cuando hace falta?

    Funciona, con un matiz que decimos antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y la cámara deja de distinguirlas de a una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento —cuánta gente hay por metro en esa zona y si el grupo avanza o se paró—, porque medir densidad y avance no exige distinguir a cada persona. Contar de a uno conviene en las puertas y los molinetes, que es donde la gente pasa en fila.

  • ¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?

    Apenas se dan las dos señales que la anuncian. Y conviene decir lo que no hace: acá no se adivina el futuro ni se predice nada. Lo que se mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza, y cuando la densidad sube mientras el avance cae, eso es un embudo armándose; sale en el aviso antes de que se note desde la sala mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del lugar: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de una salida. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.

  • ¿Esto reemplaza al personal de acceso, al plan de autoprotección o al control de accesos?

    No, esto no reemplaza al personal de acceso, ni al plan de autoprotección, ni al control de accesos: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no para un molinete y no manda a nadie a ningún lado: abre la cámara, muestra lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?

    Los que pida su regla, y afinarla es el trabajo de los primeros eventos. Cien avisos en un recital apagan el sistema al segundo; lo sabemos. De ahí que la regla no sea «avisá si hay mucha gente», sino «avisá si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota la zona sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y no va a un correo: va a la radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Después se repasa un evento entero con su equipo y se ajusta.

  • ¿Sale el video del predio o se queda adentro?

    El video sale del predio o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En un predio eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.

  • Una feria y un recital no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?

    No se parecen, y por eso el sistema está armado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las zonas se vuelven a dibujar sobre la imagen: si el escenario tapa media tribuna y aparece un foso adelante, se marca el foso y se sigue trabajando. Y como las reglas de aviso se escriben con palabras, la regla del montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Tampoco hace falta rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, recital de pie, recital con sillas— y se carga la que toque. Ésa es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la gira de verano.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un predio?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un pabellón que las tribunas, las bocas de salida y las barras de un predio entero. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: las dos puertas que se traban siempre, el conteo del aforo, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntennos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los hoteles

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  • ¿Hay cámaras en las habitaciones?

    Ni en las habitaciones, ni en los baños, ni en los vestuarios del personal: ahí no hay cámara y no va a haberla, así que ahí no hay nada que medir. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el salón, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: lugares comunes, donde hoy ya hay cámaras puestas. Si alguien te ofrece analizar el interior de una habitación, que quede claro que nosotros no lo hacemos. Y no es un descuido: es una decisión.

  • ¿Esto sirve para controlar a mi personal?

    No, esto no sirve para controlar a tu personal, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS mide la situación, nunca a la persona: ve «una mesa sin levantar desde hace ocho minutos», no ve quién tenía que levantarla. El aviso sirve para abrir otro mostrador o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mozo ni para calificar a un recepcionista. No identifica a nadie, no sirve para marcar tarjeta y no sirve para sancionar. Esto es lo primero que hay que poder mostrarle al personal, y cuanto antes mejor.

  • ¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce caras?

    Ni identifica huéspedes ni reconoce caras. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: una fila que crece, una valija sola en el salón, una bandeja vacía, una persona en el piso. Ningún rostro se compara contra ninguna base de datos, a nadie se lo sigue de un salón a otro y nada se cruza con el programa de fidelización ni con la ficha de reserva. El conteo va agrupado y anónimo: dice cuántas personas hay en el comedor a las nueve y media, y nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno; de ella no queda nada más.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?

    Sí, con las que ya están puestas en el hotel: se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega, así que no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. La que vigila la puerta capaz que no distingue si una bandeja del buffet está vacía, y la de recepción a contraluz de un ventanal al mediodía da una imagen quemada donde no se cuenta bien. Por eso en el proyecto se mira cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados.

  • ¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?

    Sí, mide de verdad cuánto se espera en recepción, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del mostrador. IRIS cuenta cuánta gente entra a la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?

    Funciona en la cocina con un matiz que preferimos decir antes de firmar. Una llamarada sobre la plancha se ve bien: es grande, es brillante y aparece de golpe. Un charco en el piso también. Lo que se ve mal es el humo fino, y el vapor de un lavavajillas o de una olla grande puede tapar media imagen y confundirse con humo. Además la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre, así que la cámara de cocina hay que limpiarla. Y lo más importante: IRIS no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?

    Van a recibir los avisos que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por día se apaga a la semana. Por eso una regla no es «avisá si hay fila»: es «avisá si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mostradores abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular del jefe de turno o del gerente, no a una pantalla de la cocina que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta.

  • ¿Sale el video del hotel?

    El video sale del hotel o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada establecimiento.

  • ¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?

    Sirve para los dos casos; lo que cambia no es el sistema, es qué hacés con el dato. En un hotel solo, decidís tu hotel: a qué hora abrir el segundo mostrador, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece. En una cadena aparece algo que un hotel solo no tiene, que es comparar con la misma vara: la misma regla, escrita igual y medida igual en cuarenta establecimientos, y el hotel donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. Empezar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad elegís y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un complejo entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los puertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que la terminal ya tiene?

    Sirve con las que la terminal ya tiene. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de la imagen. Y ahora la parte incómoda: un playón es largo, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El polvo del camino y la humedad del río dejan el lente velado, y una cámara sucia ve menos cada semana. Por eso se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles alcanzaría con mover o limpiar, y cuáles no dan para lo que querés ver ahí. Cámara nueva, la excepción y no el punto de partida.

  • ¿Funciona si se cae la línea?

    Funciona igual, y en una terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La local pone los servidores adentro de la terminal: el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para funcionar, así que si la línea se cae IRIS sigue viendo y sigue avisando, como la operación, que tampoco se para. La otra es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: ahí el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.

  • ¿Esto es para vigilar a los estibadores?

    No, esto no es para vigilar a los estibadores, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó el cerco o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar tarjeta y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Al personal se le muestra exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.

  • ¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza abajo de la carga?

    No, IRIS no para la grúa. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Ve de noche, con niebla y con lluvia?

    Ve de noche, con niebla y con lluvia según cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con lluvia se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con niebla cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien te diga lo contrario no pasó una noche de niebla en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida su regla, y afinarla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. De ahí que ninguna regla sea una sola condición: junta qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien parado adentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien parado». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega; después se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y se corrige.

  • ¿Esto vale para el plan de protección del puerto?

    Como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con su cámara, su hora y su secuencia de video, así que un cruce del cerco, o una barrera con dos camiones y una sola apertura, dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se consulta y se audita. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: el plan lo aprueba la autoridad que corresponda y lo firma su organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos; el sello, no.

  • ¿Reemplaza al cerco, a los sensores del perímetro o a los guardias?

    No, IRIS no reemplaza al cerco, ni a los sensores del perímetro, ni a los guardias. El cerco sigue haciendo falta: un alambrado frena a alguien, y una cámara no frena a nadie. Los sensores siguen donde están, y IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó el alambrado, IRIS dice qué se ve ahí y muestra la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardias pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.

  • ¿Sirve para una terminal sola o para todo el puerto?

    Sirve para una terminal sola y cobra otro sentido en todo el puerto. En una terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué muelle acumula más cruces abajo de la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación del que más muelles pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

  • ¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce caras?

    No, IRIS no identifica a sus clientes ni reconoce caras. No compara rostros con ninguna lista ni con ninguna base de datos, no arma perfiles de nadie y no se cruza con sus sistemas de cliente. Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el hall, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de su casa, siempre.

  • ¿Esto se da cuenta antes de que pase algo grave?

    Adivinar no adivina, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. La intención de una persona no la lee nadie, y lo que va a hacer tampoco se predice: quien les prometa eso les está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos comprobables mientras están pasando: alguien que entra con el casco puesto y la visera baja, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Cada uno llega con su cámara y su minuto, y decide una persona.

  • ¿Sirve con las cámaras que las sucursales ya tienen?

    Sí, IRIS sirve con las cámaras que las sucursales ya tienen. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y se lo decimos sin adornos: el contraluz de la vidriera a media tarde y el hall de cajeros a oscuras arruinan cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados.

  • ¿Sale el video de la sucursal o se queda adentro?

    El video sale de la sucursal o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la sucursal o en su centro de procesamiento—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de sucursales conviene decidirlo pronto, porque condiciona la red de cada local.

  • ¿Y la protección de datos, en una sucursal llena de clientes?

    La protección de datos se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una sucursal: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del programa: depende también de cómo lo instalen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerles arriba de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Reemplaza a la alarma conectada a central, a los guardias o al control de accesos?

    No, IRIS no reemplaza a la alarma conectada a central, ni a los guardias de seguridad, ni al control de accesos: convive con los tres y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy les falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de recuento hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.

  • Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?

    Sí, esto sirve para encontrar el momento de un reclamo de hace dos semanas, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelve. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación buscando cuatro minutos. Con IRIS se describe con una frase lo que se busca —una persona en el piso al lado de la entrada, un bulto que se queda quieto en el hall— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y conviene decir la otra mitad: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es lo que la hace valer como prueba.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?

    Van a llegar los avisos que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avisá si hay alguien en el hall de cajeros». Es «avisá si alguien lleva más de tantos minutos en el hall, fuera del horario de atención». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —el gerente de la sucursal, la central, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de sucursales?

    Sí, se puede aplicar la misma regla en cientos de sucursales, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una sucursal. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una sucursal no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve qué sucursales acumulan puertas que quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se empieza por unas pocas y se decide después.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de sucursales?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas sucursales entran, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una sucursal con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: unas pocas sucursales, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los casinos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?

    Sirve con las que ya están encima de las mesas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una puesta para cubrir el pasillo capaz que no llega a leer el paño— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con girar unos grados. Cámara nueva, la excepción y no el punto de partida.

  • ¿IRIS reconoce caras, controla la autoexclusión o detecta menores?

    Nada de eso: ni reconoce caras, ni controla la autoexclusión, ni detecta menores. A nadie identifica —ningún rostro se compara contra ninguna base de datos, no se guarda quién es nadie, no se sigue a un jugador por la sala y no se cruza nada con su programa de fidelización—. Y acá está la línea, dicha antes de que la pregunten: la autoexclusión y el control de menores exigen saber quién es una persona concreta, y eso solo se hace con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Ese sistema no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.

  • ¿Sale el video de la sala?

    El video sale de la sala o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una sala lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.

  • ¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?

    Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y rebobina; con IRIS se describe en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y se llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: nada retocado, nada escondido. Y ahí IRIS se detiene. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y lo que vale ante cumplimiento o ante quien regule lo marcan su procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por ustedes.

  • ¿Los números de la sala son confiables?

    Los números de la sala son confiables porque no se configuran hablando, se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el paño, y de ahí en adelante el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera parada para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, franja horaria y duración. Un sistema que suelta doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay gente parada al lado de una mesa», sino «avisame si hay tres o más personas paradas al lado de esta mesa más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando importa. Y eso se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su sala y no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide la sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe su equipo, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su paño: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambian el horario, cierran una mesa o abren una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar. Y como está escrita en una frase, se la pueden mostrar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué no ve IRIS en una mesa?

    Lo que IRIS no ve existe, y eso se dice antes de firmar nada. Una cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro, una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala ve peor, y con el lente sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo: levantar una ficha y moverla se parecen durante un segundo. De ahí que el aviso lo cierre siempre una persona mirando el video, y de ahí que acá no se juzgue la intención de nadie ni se diga quién hizo trampa. Infalible no es, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando en la sala?

    Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en su sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede empezar chico: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los shoppings

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  • ¿Sirve con las cámaras que el shopping ya tiene?

    Sirve con las que el shopping ya tiene puestas: se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega, así que no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren medir ahí —una colgada para vigilar un acceso capaz que no llega a contar en el pasillo del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con girar unos grados. Cámara nueva, la excepción y no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce caras?

    Ni identifica visitantes ni reconoce caras: no las compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de un local a otro y no se cruza con ningún programa de fidelización. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más. Y como sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el chico perdido: se puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero no se busca a un chico por su cara ni se sabe quién es. Lo que se hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.

  • ¿Sale el video del shopping?

    El video sale del shopping o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del shopping.

  • ¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?

    Se diferencia en que el contador de la puerta dice cuánta gente vino, y esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué pisos se quedó, qué pasillos evitó y qué cambió el día que lanzaron la campaña. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando pasa. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Podemos darles estos números a los locatarios?

    Sí, y es una de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agrupadas, así que se comparten sin ceder datos de ninguna persona. Cuánta gente pasa por delante de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. La venta no está acá: está en la caja del locatario, y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades cambia el diagnóstico. Si pasa mucha gente y casi nadie entra, el problema es la vidriera o el cartel. Si no pasa nadie, el problema es el pasillo y no el local. Hoy esas dos situaciones se parecen en el informe —vendió poco— y son dos problemas distintos, con dos soluciones distintas.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir en la sala de monitoreo?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por día está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay gente parada en la escalera mecánica», sino «avisame si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector deja de sonar cien veces por día y suena cuando importa. Y eso se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su shopping y no en uno cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    Lo decide el shopping, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su pasillo: lo normal en un shopping de barrio no es lo normal en uno de tres pisos con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se arma la campaña de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.

  • ¿Qué no ve IRIS un sábado a la tarde?

    Cuando la gente se tapa entre sí, IRIS deja de distinguir a unas personas de otras, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó con el shopping lleno. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación, porque medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los pisos no exige distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar de a uno en un paso angosto y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que queda fuera del encuadre, atrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño del shopping, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad adentro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hace falta que pasen un día flojo, un sábado y un día de campaña. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un shopping?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que sirva para todos, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un piso que cubrir tres pisos, el patio de comidas y las rampas del estacionamiento. Y se puede empezar chico: los accesos y un piso, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los aeropuertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que la terminal ya tiene?

    Sí, sirve con las cámaras que la terminal ya tiene. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara puesta para ver el hall entero capaz que no llega a contar la boca de una fila— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce caras?

    No, IRIS no identifica a los pasajeros ni reconoce caras. No las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona por la terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ninguna tarjeta de embarque. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control documental, no verifica documentos, no reemplaza al escáner ni a la persona que atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos de la operación: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una cinta parada. Un pasajero contado es un uno: de él no queda nada más.

  • ¿Sale el video del aeropuerto?

    El video sale del aeropuerto o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿Los minutos de espera del control son un número confiable?

    Los minutos de espera del control son un número confiable porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

  • ¿Detecta un equipaje abandonado?

    IRIS detecta un equipaje abandonado en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, adentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto delante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un hall lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avisame si hay fila», sino «avisame si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando importa. Y eso se ajusta después, con lo que salga en las dos primeras semanas en su terminal, no en una terminal cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    Eso lo decide el aeropuerto, no IRIS. Y son dos decisiones distintas, porque no se configuran igual: lo que se vigila se escribe hablando, en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia; lo que se mide se dibuja, con una raya en el piso o una zona sobre una sala. De fábrica no viene ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en su hall a las seis de la mañana no lo decide un programa: lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Después, si cambia el horario de un vuelo de madrugada, si se cierra un pasillo por obras o si se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.

  • ¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?

    Lo que IRIS no ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: con el hall lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo a la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar de a uno en un paso angosto y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras. Primero, conectar las cámaras que ya existen. Después, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar. Y al final, afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir el control de seguridad y la sala de retiro de equipajes que cubrir una terminal entera con sus locales, sus pasillos y su subsuelo. Y se puede empezar chico: el control y la sala de equipajes, ver los números con su equipo delante y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

La seguridad pública

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?

    Sí, sirve con las cámaras que ya tienen puestas, y ése es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a toda hora. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿IRIS identifica a las personas, reconoce caras o sigue a alguien por el territorio?

    Nada de eso: ni identifica personas, ni reconoce caras, ni sigue a nadie por el territorio. Ninguna cara se compara contra ninguna base de datos, no se guarda quién es nadie y no se lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni le pone puntaje a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta intenciones ni estados de ánimo. Lo que detecta son hechos que definió la propia institución: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué pasa, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las chapas, la respuesta honesta: se pueden leer cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal, pero ésa es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.

  • ¿Sale el video de nuestras instalaciones?

    El video sale de sus instalaciones solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?

    Un aviso de IRIS aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no esconde nada y no interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un comercial nuestro. Lo que sí podemos decirles es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.

  • ¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?

    Conviene contestarlo antes de que lo pregunten. Adentro de una vivienda no se mira; en un vestuario tampoco; ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide la institución, con su marco legal, sus servicios jurídicos y la información pública que corresponda: eso lo firma quien lo instala y no nosotros, así que desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del programa es que el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde— y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel lo firma un auditor, no un comercial, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar a la sala?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, franja horaria y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que no se escriba «avisame si hay un vehículo parado», sino «avisame si hay un vehículo parado en esta banquina, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector deja de sonar cien veces por día y suena cuando importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su territorio y no en el de otro.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Eso lo decide la institución, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones lo escribe quien explota el sistema, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en su territorio no lo decide él: lo normal en la ribera no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira esa cámara.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve?

    Existe lo que IRIS no ve, y se dice antes de firmar nada. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: fuera de campo, atrás de un muro, entre dos vehículos o donde no hay cámara, no ve, igual que no vería una persona mirando esa pantalla. De noche, con niebla, con lluvia fuerte o con el lente sucio ve peor, y en una loma a contraluz al amanecer, peor todavía. Y hay cosas que se parecen mucho: el polvo que levanta un camión y el humo se confunden durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre alguien mirando el video. Detectar no es decidir. Infalible no es: es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que pase delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de ribera con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un acceso, un tramo de camino de monte, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

Los centros de datos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?

    Sirve con las que ya están puestas en el centro. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una puesta para cubrir el pasillo entero capaz que no llega a ver si un armario quedó abierto— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Cámara nueva, la excepción y no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica al personal o reconoce caras?

    Ni identifica al personal ni reconoce caras: no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no sigue a una persona por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta el personal: esto no controla la jornada de nadie, no mide el rendimiento de nadie y no sirve para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este armario está abierto sin nadie delante». Ponerle un nombre a eso, si hace falta, es cosa de su control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.

  • ¿Sale el video del centro de datos?

    El video sale del centro o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión de ustedes, no una condición nuestra.

  • ¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?

    Que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora: eso lo detecta. Cuántas autorizaciones hubo, no, porque ese dato vive en su control de accesos y no en la imagen. El cruce lo hace su sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el de su orden de trabajo—, y es ahí donde un paso normal se convierte en un problema. El reparto es a propósito: la cámara pone el hecho, y el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día en que hay que reconstruir qué pasó o mostrárselo a quien viene a auditar.

  • ¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?

    Sí, IRIS avisa de agua en el piso técnico, de humo en un pasillo y de una puerta trabada con una cuña, y también de un armario que queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no reemplaza a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a lugares donde no hay sonda y muestra la imagen del momento, para que quien está de guardia vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan. La regla se acota por puerta, franja horaria y tiempo, y eso es lo que la hace útil: un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado en una semana, y con razón, porque cuando todo avisa no avisa nada. Por eso no se escribe «avisame si esta puerta se abre», sino «avisame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Con la zona, la franja y el tiempo mínimo bien puestos, el mismo detector deja de sonar todo el día y suena cuando importa. Y todo eso se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Eso lo decide el centro, no IRIS. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en sus pasillos no lo decide él: lo normal en una sala de operación no es lo normal en una dársena de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia un procedimiento, se abre una sala nueva o se corta un pasillo por obras, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.

  • ¿Qué no ve IRIS en un pasillo de armarios?

    Existe lo que IRIS no ve, y eso se dice antes de firmar nada. La cámara entiende lo que entra en su encuadre: un armario tapa lo que hay atrás, un cuerpo tapa a otro, y en un pasillo angosto el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Infalible no es, y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este armario—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieren detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de acceso y la dársena de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar chico: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.

El estado de las cámaras

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  • ¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?

    Con las que ya tenés, del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.

  • ¿No me va a llenar el día de avisos?

    Está pensado justo para que no pase. Cada cosa lleva su umbral y su tiempo: la gota de lluvia tiene que quedarse un buen rato, la suciedad tiene que ir a peor durante varios días, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por una ráfaga de viento norte. Al momento avisan tres cosas nada más: la cámara tapada, la cámara girada y la señal perdida. Todo lo demás no interrumpe a nadie y espera al parte del día.

  • ¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?

    Porque se lo guardó. El primer día IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está bien —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche— y ésa queda como su referencia. Es de esa cámara y de ninguna otra: la del muelle y la del hall no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada. Después compara cada día contra su propia referencia, no contra un ideal.

  • ¿Cada cuánto revisa las cámaras?

    Lo decidís vos. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté delante de la pantalla. Al terminar hay un parte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Se baja a una planilla.

  • ¿Esto se paga aparte?

    Aparte no se paga nada. La licencia va por cámara, no por pregunta: pedirle que avise si alguien se cae y pedirle que diga si esa misma cámara está sucia salen igual, porque lo que se paga es la cámara. No existe un módulo de mantenimiento por separado ni una tarifa por cada cosa que quieras vigilar. Si la cámara ya está en IRIS, esto ya viene adentro.

  • ¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?

    Subir hay que subir, y no lo disimulamos: IRIS no repara nada, no reinicia equipos y no limpia domos. Lo que cambia es que quien sube ya sabe a qué sube y en qué orden. Y no es un cambio chico: en lugar de recorrer cuatrocientas cámaras porque toca la ronda del calendario, se sube con la lista de las once que de verdad tienen algo, cada una con su imagen delante. De esas once, alguna se arregla sin escalera.

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