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IRIS NEURALContacto

Todo lo que preguntan

Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.

Van agrupadas por dónde nacen: lo que hay que entender antes de nada, después cada parte del producto y al final cada sector. Y ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que están en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.

297 preguntas contestadas

Antes de nada

Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hace falta cambiar las cámaras, si funciona sin internet y quién decide.

  • ¿IRIS puede funcionar sin internet?

    Sí. IRIS se puede desplegar completamente local y trabajar sin conexión a internet. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas corren dentro de la infraestructura del cliente. Y aquí eso pesa: cuando se va la energía se va el enlace, y adentro la planta eléctrica arranca y el sistema sigue.

  • ¿Tengo que cambiar mis cámaras?

    No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS trabaja sobre la infraestructura de video que ya existe.

  • ¿IRIS toma decisiones por nosotros?

    No. Las reglas y los límites los define tu organización. Lo que IRIS automatiza es aplicarlos una y otra vez, y las situaciones que piden criterio humano se las lleva a una persona.

  • ¿Qué es un NVMS?

    Son las siglas de Neural Video Management System, y lo que agrega la N es entender lo que pasa en la escena. Interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto; aplica las reglas de la organización; y deja el video convertido en métricas y en evidencia. Lo demás —gestionar y guardar— lo hace igual que siempre.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende de la instalación y de cuántas cámaras entren, así que un plazo genérico no lo damos. Lo normal es arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera y crecer desde ahí.

  • ¿IRIS sustituye a mi VMS actual?

    Depende de la instalación. IRIS puede ser el sistema completo de gestión de video o convivir con el que ya está puesto, y eso se decide después de mirar tu red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decir qué se puede hacer hoy y qué no, en vez de prometer que encaja con todo.

  • ¿Cuánto cuesta IRIS?

    Contanos tu caso y te damos una cifra concreta, no un rango. Tarifa cerrada no publicamos porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada, y el precio sale de tres cosas: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones se quieren en cada una y dónde se procesa el video.

  • ¿IRIS reduce los avisos equivocados?

    Sí, y esa es de las razones por las que se instala. Un aguacero, una rama o un gato hacen saltar a la detección de movimiento clásica; IRIS mira la escena y distingue qué hay, dónde está y cuánto lleva ahí antes de avisar. Lo que no prometemos es que nunca vuelva a salir un aviso de más —eso no existe—. Prometemos que ese ruido deje de llegarle al operador, y que cuando llegue un aviso valga la pena mirarlo.

Qué es IRIS

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  • ¿IRIS toma decisiones por nosotros?

    No. Las reglas y los límites los define tu organización, y lo que IRIS hace es aplicarlos de forma repetitiva sobre todas las cámaras. Las situaciones que piden criterio humano le llegan a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con todo delante.

  • ¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?

    En general no. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS trabaja sobre la infraestructura de video que ya existe. Y eso se comprueba antes: en la evaluación previa se pasa cámara por cámara diciendo cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que pide la detección que se busca.

  • ¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?

    La diferencia está en lo que pasa después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS amarra ese hecho a la zona, al tiempo y al contexto, comprueba la regla que fijó tu organización y ejecuta lo que tiene que ocurrir a continuación. Detectar es el principio, no el final.

  • ¿Detectar y entender son lo mismo?

    No, y esta es de las cosas que más se confunden. Mirar son tres oficios distintos. El primero ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está; es rápido y da siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es el único con el que se puede contar y que un número salga igual dos veces. El segundo NOMBRA: distingue un panel de un sedán, un casco de una gorra; trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. El tercero ENTIENDE: lee la escena entera y la relación entre las cosas —no “una persona” y “un carro”, sino “una persona en el piso junto a un carro parado en media calle”—, no necesita lista y contesta a una frase escrita con tus palabras, pero no es con el que se cuenta. IRIS lleva los tres de fábrica, y no como extras aparte: en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. Por eso decimos que preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y que no se hacen igual.

  • ¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?

    Sí. Una pieza que solo se fabrica ahí, un gesto que solo se hace en ese oficio, un defecto que solo aparece con ese material: nada de eso está en ninguna lista, y no va a estarlo. Se entrena un modelo propio con imágenes de tus cámaras y con tus casos, y pasa a ser una detección más dentro de IRIS: se escribe en una regla igual que las demás. Y ese modelo es tuyo: se entrena con tus imágenes y con el criterio de tu gente, así que queda en tu propiedad. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a tu competencia y no depende de que sigás siendo cliente para poder usarlo. Lo que hace falta para entrenarlo: imágenes de eso pasando —de verdad, no montadas— y alguien de tu equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Si eso que se quiere detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.

  • ¿IRIS es un VMS?

    Recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar: eso lo trae. Pero la propuesta no termina ahí. IRIS entiende lo que pasa en la imagen, aplica las reglas de la organización, convierte el video en métricas y deja investigar sin revisar horas de grabación.

  • ¿Tengo que sustituir el VMS que ya tengo?

    Depende del proyecto, y muchas veces no. IRIS puede ser la plataforma completa, o convivir con la infraestructura de video que ya existe aprovechando sus flujos y sus integraciones. Lo sensato es mirarlo caso por caso: qué cámaras hay, qué grabación hay y qué sistemas se pueden reutilizar.

  • ¿Qué significa exactamente NVMS?

    Neural Video Management System. Es un sistema de gestión de video que, además de gestionarlo, entiende lo que pasa dentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS está en dónde tiene puesto el centro: el VMS lo tiene en la pantalla y en el operador; el NVMS, en la decisión.

  • ¿Hacen desarrollos a la medida?

    Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja tu equipo, un reporte con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en esa operación. Eso se hace. Lo que no vamos a decirte es que todo cabe en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.

  • ¿Se integra con lo que ya tengo?

    Sí, y es lo normal: casi nadie empieza de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja tu equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que el sistema de ustedes ya sabe. Lo que no vamos a decirte es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de vos. Se comprueba al principio, con tu sistema delante, y si algo no va a poder ser se dice entonces.

Lenguaje natural

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  • ¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?

    No hace falta. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, cuánto tiempo y qué hacer— y antes de activarlas IRIS enseña cómo entendió cada parte. Para la puesta en marcha y las integraciones el equipo técnico sigue haciendo falta; para mover un umbral, no.

  • ¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?

    No. Hay situaciones que una cámara concreta no puede resolver, por dónde está puesta, por su calidad de imagen o por la luz que tiene; y hay detalles chiquitos o muy lejos que ningún encuadre distingue. Eso no se averigua discutiendo: se prueba la descripción sobre video real de esa cámara y se mira el resultado antes de contar con ella.

  • ¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?

    Sí. Además de escribir reglas hacia adelante, se puede describir algo que ya pasó —“panel blanco parado más de diez minutos en la rampa 4”— y IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Se deja de buscar el minuto y se busca lo que pasó.

  • ¿Me cuesta algo probar frases hasta que le achunto?

    Nada. IRIS no cobra por consulta: no hay contador de frases, ni de búsquedas, ni de pruebas. Se escribe una regla, se prueba contra el video de esa cámara, se cambia y se vuelve a probar las veces que haga falta; una prueba y un millón de pruebas cuestan lo mismo. Es a propósito, porque una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas a la primera y mal.

Procesamiento

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  • ¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?

    Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la usa para funcionar. Los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, y los modelos corren en tu hardware sin consultar ningún servicio de afuera. Se puede desconectar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual. Aquí eso no es teórico: cuando la tormenta se lleva la energía de la zona se lleva también el enlace, y adentro la planta eléctrica arranca y el sistema sigue.

  • ¿Dónde vive el video y quién puede entrar a él?

    Donde vos decidás, y con acceso solo para quien vos autorices. En la modalidad local, en los discos de tu edificio, sin que lo vea ningún tercero. En nuestro centro de datos, en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, con el contrato fijando quién puede entrar, con qué permisos y cuánto se conserva cada cosa. Y en las dos, comunicaciones cifradas y accesos registrados.

  • ¿Puedo empezar con una modalidad y pasarme a la otra más adelante?

    Sí, y sin rehacer nada. Es el mismo sistema en los dos sitios: cambia dónde corre el análisis, y no lo que sabe hacer, ni las reglas dibujadas sobre tus cámaras, ni la forma de trabajar de tus operadores. Tampoco tiene que moverse la organización entera a la vez: cada sede con su modalidad, y todas vistas desde el mismo sitio. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se conversa antes de firmar, no después.

  • ¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?

    El análisis en nuestro centro de datos se detiene hasta que la línea vuelve. Lo decimos claro porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato no van a llegar avisos. Tus cámaras siguen grabando donde graben hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —un cuarto de monitoreo, una planta de tratamiento, un centro de acceso restringido—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.

  • ¿Me cuesta más cuanto más lo use?

    No, porque no se factura por uso: acá no hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas. Una consulta y un millón salen igual. Y es a propósito: donde se cobra por pregunta, el operador se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda parada. Lo que sí mueve el precio son el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se conversa antes de firmar.

  • ¿IRIS solo sirve para seguridad?

    No. Sirve además para medir la operación: conteo de personas, tiempos de espera, ocupación de zonas, filas y flujos de personas o de vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide a diario y una alarma casi nunca, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Y eso no se pide hablando: se dibuja una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. El conteo de personas está verificado con el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— a través de NeuralPax: lo verificado es esa medida, contar personas, y no el resto, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?

    No hay módulos por sector: la plataforma es la misma en todos los entornos, y lo que cambia es cómo se configura —qué objetos importan, qué zonas se vigilan, qué reglas se aplican—. Una organización con entornos muy distintos termina con un sistema, un histórico y un equipo entrenado, en vez de tres de cada uno.

  • ¿Funciona en sitios remotos, sin personal ni conexión?

    Sí, siempre que la cámara tenga energía y una vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre dentro de la propia instalación, así que en un perímetro remoto o en una red cerrada IRIS sigue entendiendo la escena aunque no haya internet. Y ese es justo el caso del apagón: se va la energía de la zona, se va el enlace, y adentro la planta eléctrica arranca y el sistema sigue mirando.

Por lo que hace

Una por cada parte del producto: el directo, la búsqueda, las placas, las incidencias, los mapas, la automatización y las demás.

Directo y video wall

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  • ¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?

    No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y el operador lo maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado allá afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y vuelve igual mañana, y que el muro de la sala se gobierna desde el escritorio.

  • ¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?

    Hasta 64 celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o colocación libre a mano. Aparte hay un tope, configurable por servidor, de cuántas de esas celdas dan video en vivo a la vez, para no ahogar ni el puesto del operador ni la red. Las celdas que pasan de ese tope no se quedan negras: enseñan imagen fija que se refresca, y la propia celda avisa de que es una decisión del sistema y no una falla.

  • ¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?

    Son tres permisos separados —ver, mover, configurar— y encima cada cámara lleva su propia lista de acceso, persona por persona. Destapar una zona tapada por privacidad no se hace desde una vista: pide motivo escrito, duración limitada y, si la organización lo exige, la firma de un supervisor. Y sí, todo deja rastro. Quién vio qué cámara, quién la movió, quién destapó qué y quién entró a un muro publicado: con nombre, hora, sitio desde el que se hizo y por qué vía.

  • Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una falla o una decisión?

    Porque la celda lo dice. IRIS distingue tres motivos y los nombra: se llegó al tope de video en vivo a la vez —decisión del sistema, no falla—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Un operador puede además exigir que sus celdas nunca pasen a imagen fija. Y si una celda está negra porque no tenés acceso a esa cámara, también lo pone: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en una sala.

  • ¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?

    Menos de lo que la gente supone. Una pantalla con navegador —televisor, monitor o cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que usa todo lo demás, y ya. En esa pantalla no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, lo que va en cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. El enlace publicado se abre sin escribir contraseña, y trae PIN, vencimiento y lista de direcciones permitidas. Lo caro es lo otro, lo que no vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Esa parte le toca a la sala, y el resto está armado para que solo haya que hacerla una vez.

Detección y comportamientos

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  • ¿Qué puede detectar IRIS exactamente?

    El catálogo son 94 clases de objeto en 12 familias, y encima corren 41 comportamientos ya armados: intrusión, cruce de línea, permanencia, permanencia prolongada, objeto abandonado o retirado, cuántas personas hay dentro, filas, aglomeración con su densidad, espacio ocupado, vehículo en sentido contrario, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. Cuando lo que se busca no es ninguno de esos 41, se arma con el filtro fino: once campos por objeto —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase—, ocho comparadores y condiciones agrupadas con “y” y con “o”.

  • ¿Hay que calibrar la cámara para medir velocidades?

    Para arrancar, no. Cada clase trae puesta su altura media real —1.70 metros una persona, 1.50 un carro— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora. La calibración es el paso siguiente, y son cuatro puntos: se marcan sobre la imagen y se dice cuánto miden de verdad; de ahí en adelante distancias, recorridos y velocidades van en metros sobre el plano. Lo que no se mezcla nunca son las dos cosas: lo estimado sale etiquetado como estimado —porque se queda corto—, y una regla puede exigir que solo cuente lo medido.

  • ¿Y si me llena el turno de avisos equivocados?

    Se ataja de entrada, y con siete mandos. Se marcan pedazos de imagen que no se miran: la carretera del fondo, un afiche con caras. Se exige que el objeto lleve rato siendo seguido antes de que la regla actúe. El umbral va doble, para que el aviso no baile en el borde de la zona. El comportamiento se ata a un horario. Y encima hay tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Nada se publica a ciegas: sobre la imagen en vivo se ve antes lo que la regla produciría, con los objetos que descarta y el porqué de cada descarte.

  • ¿Y de noche, o con mala luz?

    Se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no corren a ciegas. Y hay una puntuación de salud de la detección, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar el lente, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo. Aquí eso pesa más que en otros mercados: en temporada seca el polvo del camino y la ceniza dejan el lente del patio lavado en dos semanas, y a las seis de la mañana el domo amanece empañado por dentro y durante una hora esa cámara no ve. El límite, dicho por delante: en infrarrojo la imagen pierde color, así que el color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que el panel era blanco. Y el horario se ata al amanecer y al anochecer, que a trece grados del ecuador caen casi a la misma hora todo el año.

  • ¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?

    Se aguanta unos segundos, y cuando ya no se puede, se avisa. Mientras una columna, otro vehículo o un techo de lámina tapan al objeto, el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para reengancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Y como cada objeto guarda un pequeño historial de sus clases, un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla; los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite: si el objeto queda tapado más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra su ficha de vida y lo que sale después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa, y tampoco sabe quién es.

Grabación y forense

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  • ¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?

    Sí, y para eso son los quince filtros. Se acota por franja de fechas, por cámaras, por tipo de objeto, por hasta cuatro colores, por un pedazo concreto de la imagen y por uno de los nueve comportamientos, y todo se combina entre sí. También se puede escribir la frase en lenguaje natural: el sistema la traduce a esos filtros y enseña antes qué entendió. Y si aun así el rango sale largo, el resumen salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.

  • ¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?

    Porque lo comprueba él mismo, y sin pedirle permiso a nadie. Dentro del paquete van la huella de cada fragmento, la huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre cualquier navegador. Ese comprobador no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro: funciona sin conexión. Si algo cambió —un fotograma, un byte, el manifiesto—, la comprobación falla y lo dice. Y el paquete se verifica a sí mismo antes de entregarse: si no pasa su propia comprobación, no se entrega.

  • ¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?

    No se borra. El reciclado no alcanza a un tramo bloqueado, y el criterio de disco tampoco puede saltárselo. Si lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema se detiene, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, antes que sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada, y si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra: que no se haya podido mirar no es lo mismo que que no hubiera bloqueos. Además la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de esos bloqueos no tienen fecha de vencimiento.

  • ¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?

    Lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por viejo. Pero el techo real no lo pone el programa: lo pone el disco. Por eso la pantalla no enseña solo el plazo configurado, sino los días que de verdad hay grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llenó antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.

  • ¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?

    No puede, y queda escrito que lo intentó. El borrado automático no alcanza al material bloqueado, y para borrar a mano hace falta un permiso propio y además tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo pide el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito; la ficha del bloqueo no se va, se marca como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación entran en el registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de modo que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.

Búsqueda por apariencia

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  • ¿IRIS reconoce caras?

    Viene en el producto, viene apagado y no se ofrece en la Unión Europea. Donde la ley lo permite, encenderlo obliga a leer nueve advertencias legales y a declarar tres cosas: base jurídica, finalidad y plazo de conservación. Sin esos tres datos no funciona, y quitarlos lo detiene al momento, sin reiniciar nada. Lo decide cada instalación —no viene de fábrica— y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las zonas que enseña esta web IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras está apagado. Y las búsquedas de todos los días no lo necesitan: se resuelven con el tipo, el color, el recorrido, cuánto se quedó, la zona y la hora.

  • ¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

    Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto queda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, cuánto se quedó, zona— y con eso se le vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre. Cuando el sistema propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, de que no sirve como prueba de identidad y de que necesita revisión humana. Confirmar o descartar cada propuesta lo hace una persona, y su decisión queda guardada con nombre y hora.

  • ¿Quién puede buscar y qué queda registrado?

    Buscar pide permiso de ver grabaciones, y encima cada usuario alcanza solo los objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, simplemente no aporta resultados, y eso se dice. De cada búsqueda queda escrito quién, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Lo sensible se tapa con máscaras de privacidad, y destaparlo pide un motivo y, si la organización lo exige, la firma de un segundo supervisor. Cada tipo de dato tiene su propio plazo de conservación. Y todo ocurre dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y corren sin internet, así que ni una imagen sale hacia un tercero. Interfaz, video, miniaturas y consultas viajan además por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el cortafuegos.

  • ¿Y si la persona se cambia de ropa?

    Se rompe el rastro, y eso se dice de frente. Color, forma y complexión son de lo que está hecha la huella; cambiada la ropa, la huella es otra, y de ahí en adelante el sistema ya no propone esa coincidencia en las cámaras siguientes. Lo que no va a hacer es fabricar una: informa que nadie llegó al umbral, y con cuál. Queda en pie bastante, eso sí: hasta dónde llegó el recorrido, con la última cámara y su hora; la consulta por otros criterios dentro de esa zona y esa franja; y el vehículo, si lo hay. Y se entiende mejor por qué el recorrido se arma con avistamientos que alguien confirmó uno por uno, en vez de con una cadena automática que nadie revisó.

  • ¿Cuánto se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?

    El plazo lo pone cada instalación, por separado para personas, vehículos, rostros y placas, y va de cero a 3,650 días. Cero no es borrar: es conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo elija por descuido. El borrado lo hace un barrido de madrugada, y si ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en lugar de dar el plazo por cumplido; además se ve cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron de su plazo. Consultarlas pide el permiso de ver grabaciones y alcanza solo a las cámaras de ese usuario. Cambiar la retención pide su propio permiso. Y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.

Placas y accesos

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  • Su web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?

    Las dos cosas son ciertas, y lo que las separa es la cámara. Leer placas se enciende cámara por cámara, y de fábrica viene apagado. Donde no se enciende —el patio de una escuela, el pasillo de un centro, el perímetro de una obra— IRIS ve “un vehículo” y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un parqueo, el portón del patio de camiones— se enciende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién lo encendió, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la pregunta “¿dónde se leen placas en esta instalación?” siempre tiene respuesta, y siempre es una lista corta y comprobable. Y encenderlo no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se enciende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es —con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.

  • ¿Sabe IRIS de quién es el carro?

    No. IRIS lee el número de la placa y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí termina. Detrás no hay ningún registro de titulares: no consulta ninguna base de datos oficial, no sabe el nombre del propietario y no lo puede averiguar. La marca y el modelo tampoco se leen. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en lugar de llenar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la metió en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.

  • ¿IRIS abre la barrera él solo?

    IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso a paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: “¿qué harías con esta placa, en este acceso, a esta hora?”, y la pantalla contesta por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo, y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia se cae a mitad, dice en qué paso se cayó y que puede haber quedado algo abierto, en vez de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.

  • ¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?

    Con lodo, con un ángulo malo o con poca luz normalmente alcanza, porque un paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga bien. Con una placa que no es legible, no: ahí no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna. Lo que hace es contar el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se pierden en esa cámara. Si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el software: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y eso lo decimos antes de vender, no después. En un control de accesos, una placa que no se lee sale como “no está en ninguna lista”, queda registrada con su imagen, y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Y una aclaración, porque es otra cosa: darse cuenta de que un vehículo anda sin placa legible no necesita leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.

  • ¿Y si se equivoca leyendo un carácter?

    Pasa, y está previsto. Contra una lista se compara con tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas encendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriéndole al carro de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo carro, y la pantalla lo marca como tal.

Incidencias y cuarto de monitoreo

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  • ¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?

    Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: vencido el primero sin respuesta, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Contestar es asignársela, validarla, cerrarla o comentarla; con eso la subida se frena, aunque el caso siga sin resolver. Si el turno se quedó sin nadie de guardia, el aviso salta un peldaño en lugar de callarse. Y cuando se agotan escalones y repeticiones, sale al destino de último recurso. En silencio no termina nunca.

  • ¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?

    Con tres cosas. Una: las repeticiones de la misma cámara se doblan en una fila con su contador, sin borrar ninguna —el detalle sigue guardado y el número cuadra siempre—. Dos: la fila se filtra por 27 criterios combinables, y cada operador se guarda su vista y la comparte con el equipo. Tres: un panel mide cuántos avisos le llegan a cada persona por hora y señala qué cámara y qué regla los están produciendo, para afinarlas en vez de apagarlas. Y queda registro de quién silenció qué.

  • ¿Se puede demostrar después qué se hizo?

    Sí, y esa es la parte que se entrega. Con cada incidencia queda su cronología entera —quién la abrió, quién la miró, qué cambió, qué escribió, cuándo la cerró—, en un registro que solo admite agregar y que va encadenado criptográficamente. Verificarlo lo puede hacer cualquiera y cuando quiera: si algo se tocó, dice en qué apunte exacto se rompe la cadena. El expediente se baja como paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y una honestidad que cuesta y se hace igual: lo anterior a la activación del encadenado sale declarado como no verificable, en vez de pasar por verificado.

  • ¿Y si el que falla es el propio escalado?

    Peor que no tener escalado es tener uno que falla en silencio, así que se mide y se enseña. Un panel dice si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está parado, y da el motivo en palabras: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar. Avisa también de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no hay ningún canal activo por donde salir, o cuántas personas del equipo no tienen forma de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Otro detalle: recién instalado arranca desarmado a propósito. Solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor. Un despliegue no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.

  • ¿Qué pasa si dos operadores agarran la misma incidencia a la vez?

    Se ven entre ellos. La ficha dice con nombres quién más la está mirando en ese momento; y cuando no hay nadie más, también lo dice. Asignársela es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que frena el escalado, aunque no resuelva nada todavía. Los estados no saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no toca, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar la misma incidencia en dos sitios distintos. Y lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién la abrió, quién la miró, quién la cambió y qué escribió cada una.

Reglas y automatizaciones

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  • ¿Hay que saber programar para armar una automatización?

    No. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra. Si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión ahí mismo y dice cuáles son las dos, así que el error no sale cuando ya está todo andando. Y si ni siquiera querés dibujar, hay 23 recetas hechas: se elige una, se llenan cuatro campos sobre la imagen en directo de la cámara, y anda el primer día. Para el operador de sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin lienzo ninguno.

  • ¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?

    Es el miedo de todo el que automatiza algo, y por eso hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Antes de publicar, el simulador lanza el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Ya publicado, se puede dejar en silencio: el flujo corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo va mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se levanta solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.

  • ¿La misma regla vale para muchas cámaras a la vez?

    Sí, y con la escala que se quiera: una cámara, un grupo, un servidor entero o la instalación completa. Lo bueno son las exclusiones, que se escriben con su motivo en vez de mantenerse a mano —“todas las del servidor menos los vestidores y el cuarto de equipos” cabe en una sola declaración—. Después cada sitio puede llevar su umbral y su horario propios sin que haya que duplicar el flujo. Y una misma cámara aguanta tres configuraciones a la vez: la de producción contando de verdad, la de validación probando umbrales nuevos y la de diseño mientras alguien la dibuja, sin tocar la que está funcionando.

  • ¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?

    Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de fallo, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la falla se localiza sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se enseña un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo ya hecho: si la incidencia se creó antes de la falla, la incidencia está creada. Lo que sí prometemos es que se sabe hasta dónde llegó y por qué se detuvo ahí.

  • ¿Quién puede tocar una automatización que ya está andando?

    Solo quien tenga permiso de escritura. Leer y escribir van separados, así que un operador puede abrir el flujo, entenderlo entero y no poder cambiar nada. Por encima, un administrador decide qué bloques puede usar cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen andando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se levanta en un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador enseña sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que quitarle el enganche.

Chat e inteligencia artificial

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  • ¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?

    No salen. La inteligencia artificial que contesta es propia y corre en el servidor de tu instalación, igual que la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Ni una imagen, ni un fotograma, ni una frase de la conversación viajan a un proveedor externo, porque en ningún punto del recorrido hay una llamada a un tercero. Con el cable de internet desconectado sigue funcionando, y eso es un requisito de diseño, no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.

  • ¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?

    Un chat corriente contesta con lo que sabe y ahí se queda. Este llega a los mandos: 95 herramientas conectadas al sistema, y las usa para ir a buscar la respuesta. Mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, dibuja el mapa, arma el informe. Y cuando quien pregunta tiene permiso, ya no es solo mirar: crea o cierra una incidencia, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda con el nombre de quien la pidió, y las que tocan la instalación no corren sin una confirmación explícita antes.

  • ¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?

    Describir una situación, sí: “¿qué se ve ahora en la rampa?” es justo lo que el asistente hace bien, y lo hace hablando. Medir es otro oficio. Para medir hay que saber por dónde pasa la línea y en qué sentido la cruza la gente, y eso no cabe en una frase. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Por eso el conteo se configura dibujando sobre la imagen, y por eso ese número se puede volver a comprobar un año después.

  • ¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?

    Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. ¿No hay grabación en el instante que le pediste? Lo dice, en vez de enseñarte otra cosa. ¿Se quedó sin margen para pensar o para escribir? Lo dice y sugiere subir de nivel, antes que entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin llenar el hueco con una suposición. Los errores llegan con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y con cada respuesta vienen las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.

  • ¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?

    No puede, y no porque lo prometamos: porque está construido así. Las herramientas que el asistente ve son las que esa persona tiene derecho a usar, de manera que el mismo chat le da capacidades distintas a un operador y a un administrador. Sobre el chat en sí mandan diez permisos —usarlo, compartir una conversación, crear hilos compartidos, moderarlos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos, administrar herramientas—, y encima cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos vienen marcadas y no corren sin ese permiso; publicar una automatización pide confirmación aparte. De todo queda registro: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó, si salió bien o mal, y también los intentos que se denegaron. Las conversaciones nacen privadas, y a un hilo compartido solo entra gente de la propia organización.

  • ¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?

    Nada. No hay contador de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras: dos frases o un turno entero preguntando cuestan lo mismo. Y esto no es un detalle de precio, es un detalle de uso: donde cada mensaje lleva tarifa, el operador se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina volviendo al sistema viejo. Aquí no hay nada que racionar.

Mapas, planos y territorio

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  • ¿De verdad funciona sin conexión a internet?

    Sí. La cartografía se instala en el servidor del cliente, país por país, y ahí se queda: dibujar el mapa, buscar una dirección y traducir una coordenada se resuelven contra esos datos. La interfaz lo pone en pantalla —“mapa local, sin internet”— para que el operador sepa con qué está trabajando. Ninguna consulta sale de la instalación, así que nadie de afuera puede deducir qué zona se está mirando.

  • ¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?

    Los que ya hay sirven: PDF, TIFF, JPG y PNG. El asistente pide marcar con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y con eso un PDF de proyecto de veinte niveles se convierte en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas se organizan como le sirva a cada instalación —por país, por sede, por edificio, por nivel o por lo que sea—, y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca coincide con el día en que alguien lo subió.

  • ¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?

    No lo hay, y lo decimos antes de la demostración en vez de durante. Lo que IRIS pinta de calor va sobre la imagen de la cámara; encima de la cartografía, no. Para saber cuánta gente hubo en el terreno se agrega por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición, y eso no es una capa continua de calor sobre el mapa. Es un hueco de verdad, y aparece escrito aquí porque cualquier integrador lo descubre en cinco minutos de prueba.

  • ¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?

    Ocupa lo que ocupen los países que se instalen, porque se instalan y se quitan uno por uno: el mundo entero no se instala nunca, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. En la pantalla de administración cada país enseña su tamaño en el almacén y su fecha de instalación, así que dimensionar no es una estimación de folleto: es una cifra que se ve antes y después. Actualizar es una carga de datos que lanza el administrador, con una cola de trabajos que dice el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo falla. No hay goteo automático desde internet, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la empresa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con qué edición se está trabajando.

  • ¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?

    Es lo normal, y no traba nada. El plano de interior no depende del callejero: se sube el del proyecto, se ancla al mapa con un clic, y el edificio existe en el sistema antes de existir en ninguna cartografía. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes posibles: tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana —esa última etiqueta está justo para los casos en que el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual, y el sistema lo diga en vez de callarlo—. La búsqueda al revés tampoco se cae si el número no existe: devuelve el más cercano que sí existe, con su distancia en metros. Y cuando el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, se dice que ahí no hay dato antes que inventarse una altura.

Videoconferencia y colaboración

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  • ¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?

    No hace falta ninguna. La sala vive adentro de IRIS y nace donde el operador está mirando: el muro de cámaras o el mapa. Nada que instalar, nada que contratar aparte. Y sobre todo, nada que sacar del edificio: en vez de exportar el video para poder hablar de él, la cámara se mete a la llamada en directo y todos ven lo mismo mientras conversan.

  • ¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?

    Sí, escaneando un código QR con el celular. Ese enlace lo genera el anfitrión y viene con cuatro cosas puestas: vence, tiene un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre —hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar—. Cada uso queda registrado.

  • ¿Funciona en una instalación sin internet?

    Funciona igual. Ni la conexión de la sala, ni el audio, ni el video de las personas, ni el de las cámaras pasan por un servidor de terceros: todo va por el puerto 443 dentro de la red del propio cliente. Por eso una planta aislada del exterior hace su reunión como cualquier otra sede.

  • ¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?

    Nada. Se entra con el navegador que ya está abierto, y quien viene de afuera escanea un código con el celular. Antes de pasar hay una antesala, y ahí ocurre todo lo incómodo de una sola vez: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen, se decide si se prende la cámara y el micrófono, y el navegador pide sus permisos —una vez, y no vuelve a preguntar adentro—. Si la sala graba, el aviso aparece en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.

  • ¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?

    Con un enlace, y sin cuenta. Lo que el anfitrión decide es cómo se protege ese enlace: abierto para cualquiera que lo tenga, reservado a quien tenga sesión en el sistema, o con un PIN. También cuánto vive —unas horas, hasta una fecha, o sin límite—, cuántas veces se puede usar y qué permite hacer. Y trae una comodidad que se agradece: el idioma con el que abre va dentro del enlace, así que un contratista o un perito lo ve en el suyo sin tocar nada. Apenas deja de hacer falta, se anula al instante.

Plataforma, escala e integración

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  • ¿Cuántos puertos hay que abrir en el cortafuegos?

    Uno: el 443. Por ahí van la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación, todo cifrado. El sistema escucha en catorce puertos en total, y los otros trece solo se alcanzan dentro de la propia máquina: nunca cruzan la red. Para el área de redes eso son trece excepciones que no hay que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación el día que algo va mal.

  • ¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?

    La sede sigue trabajando. Cada sitio capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, y no detiene ni el monitoreo ni la grabación; cuando el enlace vuelve, la sede publica todo lo acumulado. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos, y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.

  • ¿Hasta dónde escala de verdad?

    Lo que declara el producto son más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, y lo que permite comprobarlo son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. Ejemplo: caben sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. Esa cuenta la hace la calculadora que viene dentro del producto con doce preguntas, dice qué recurso se agota antes y declara inviable un dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir.

  • Se nos quedó corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?

    Se agrega una máquina y no se rehace nada. Desde la interfaz central se genera un código de registro, se instala el servicio en la máquina nueva y se le da ese código: la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; hasta que no declara al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en lugar de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y solo se mueven las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se rebaraja. Lo que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.

  • ¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?

    Máquina por máquina, no con un apagón general. Cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, así que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla en vez de descubrirse el día que algo falla. Mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Y no hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, así que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.

Administración y auditoría

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  • ¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?

    No lo está, y ningún programa puede estarlo por nadie: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con su gente, sus procesos y sus instalaciones. Lo que trae IRIS es el trabajo adelantado —172 controles con su estado, su evidencia y su fecha de revisión, cruzados entre los dos marcos para no hacer dos veces la misma tarea: 79 del Esquema Nacional de Seguridad español de nivel alto y 93 del anexo A de ISO 27001—. Decirlo así, en vez de enseñar un sello, se nota en la primera auditoría. Verificación de un tercero solo hay una: la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que no equivale a ninguna acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?

    No. El registro de auditoría solo admite agregar, y esa regla no la pone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Además cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha pasó.

  • ¿Puedo dar acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo unos días?

    Es lo normal, y se hace en dos capas. La primera es el alcance: por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella, o sin ello— o por caso de investigación, y siempre con fecha de vencimiento; de las concesiones que expiran en los próximos siete días avisa la pantalla sola. La segunda es la franja de horas: fuera de ella la persona ve un mensaje explícito y no entra. Revocar exige motivo, y la concesión guarda las cinco cosas que después nadie recuerda: quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la quitó y por qué. Así un acceso temporal se termina cerrando, en vez de quedarse abierto para siempre porque nadie se acordó.

  • ¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?

    La cuenta se desactiva, y eso es reversible por si vuelve. Lo que no espera es la sesión: las credenciales en curso se revocan al momento, sin aguardar a que venzan, así que nadie se queda adentro. Después van las concesiones sobre sedes o cámaras, que se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso de sus programas, que se cortan guardando quién las quitó. Lo único que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además pide la supresión de sus datos, eso se tramita como solicitud, con período de gracia antes del borrado definitivo; la anonimización cambia el dato personal dentro de los asientos, deja la cadena intacta y cuenta cuántos se anonimizaron. El registro conserva qué pasó y deja de conservar quién era.

  • ¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?

    Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena entera y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o informe—, que lleva la firma dentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin fiarse de nosotros ni del cliente. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.

Por dónde trabajás

Las mismas dudas cambian de forma según el sitio: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto. Acá están por entorno.

  • ¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?

    Cambiarlas no hace falta. Lo que hace IRIS es conectarse a la señal de las cámaras IP que ya están en la calle y analizarla: el sensor sigue siendo el mismo, lo que cambia es cuánto se entiende de esa imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre y la calidad dan para lo que se quiere detectar en ese punto, y se dice sin rodeos cuáles no llegan. Cambiar una cámara termina siendo la excepción.

  • ¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?

    Todas las que tenga la instalación, a la vez, incluidas las miles de una ciudad entera. Acá se enseñan veintitrés porque veintitrés caben en una pantalla, no porque sea un tope. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás, no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.

  • ¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?

    Depende de la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro, y el sistema no necesita internet para funcionar —que aquí importa, porque cuando se va la energía se va el enlace—. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿IRIS identifica a las personas o reconoce caras?

    No las identifica ni les reconoce la cara. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: un carro parado sobre la acera, una caída, una aglomeración, basura fuera del depósito. A nadie le pone nombre y contra ninguna base de datos compara rostros. El conteo por franjas de horas es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más.

  • ¿Cómo evito que el cuarto de monitoreo termine ignorando los avisos por los avisos equivocados?

    Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige. Empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario no instaló ninguno. Por eso una regla nunca es una sola condición: junta qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores, calle por calle, durante las primeras semanas, hasta que lo que llega a la pantalla es lo que tu equipo quiere recibir.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando en la calle?

    Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué se quiere detectar en cada una.

  • ¿IRIS sustituye a mi cuarto de monitoreo o a los guardias que tengo?

    Ni al cuarto de monitoreo ni a los guardias: lo que cambia es qué miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, enseña lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.

  • ¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?

    Sí, y convive con él en vez de sustituirlo. IRIS es un NVMS, o sea la capa que hoy falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar tus reglas. Se puede seguir grabando y gestionando el video donde se hace ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, y no prometiendo de antemano que encajamos con todo.

  • ¿Puedo poner esto en la calle sin problemas de protección de datos?

    Se puede, y el cumplimiento no depende solo del software: depende también de cómo se despliegue y de qué se decida tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí te podemos decir es que el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y se puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?

    Sale de tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue se elige y si el hardware lo pone el cliente o lo ponemos nosotros. Una tarifa única que valga para todos no existe, porque analizar veinte cámaras de un parque no cuesta lo mismo que dos mil de una ciudad entera. Contanos cuántas cámaras hay y qué se quiere detectar, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

La carretera

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?

    Sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP de los pórticos y los postes y la analiza tal como llega: el equipo del poste sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre y el alcance dan para lo que se quiere detectar en ese tramo —no es lo mismo un hombro a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Sustituir una cámara termina siendo la excepción.

  • ¿Funciona de noche y con aguacero?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: el aguacero fuerte, la neblina cerrada y el deslumbramiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, la sala se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar a la cuadrilla. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan los faros; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.

  • ¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?

    Avisa apenas se cumple la regla que definiste, sin que nadie tenga que llamar. Ese es el cambio de verdad: hoy el reloj arranca cuando un motorista llama o cuando alguien de la sala pasa de casualidad por esa cámara. Con IRIS arranca cuando la escena ocurre delante del lente. Un número de segundos no te lo vamos a dar, porque depende de tu red, de tus cámaras y del hardware que se ponga detrás; lo que sí te decimos es que enterarte deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.

  • ¿Puede reemplazar los conteos de tránsito que hacemos unos días al año?

    No los reemplaza, y cuenta lo que un conteo de unos días no puede contar: todos los días, a todas horas y en cada cámara. Un conteo puntual da la foto de una semana; una cámara con IRIS da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, bus, motocicleta— y sin cerrar un carril para instalar nada. Si hace falta una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no te vamos a decir que la damos: lo que se verificó ante el Centro Español de Metrología, que es el instituto nacional de metrología de España, es el conteo de personas, y eso no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye. Para decidir dónde toca refuerzo de pavimento o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.

  • ¿Detecta un vehículo parado en el hombro?

    Lo detecta, y también lo que suele venir después. La regla no es solo “hay un carro”: es un vehículo detenido dentro del área que marcaste como hombro y durante más tiempo del que hayas fijado. Si además alguien sale del vehículo y camina por el hombro o por la vía, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Un carro varado es una incidencia; un carro varado con una persona afuera es una urgencia, y el sistema distingue las dos.

  • ¿IRIS comprueba que los rótulos de mensaje variable funcionen?

    Lo comprueba, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el rótulo, así que detecta que está apagado, que tiene ledes quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el rótulo muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que manda las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los rótulos y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se te dice qué encaja y qué no.

  • ¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?

    Depende de la modalidad que elijás, y son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores.

  • ¿Identifica placas o a las personas que salen en las cámaras?

    Ni una cosa ni la otra. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la vía, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cerrado. No lee placas, contra ninguna base de datos compara caras y a nadie le pone nombre. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, bus, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.

  • ¿Qué pasa con los avisos equivocados en una vía abierta?

    Los hay, y quien diga lo contrario no puso un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, faros de frente, una bolsa cruzando un carril: todo eso se parece a algo. De ahí que una regla no sea nunca una sola condición, sino tres —qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí—. Esos tres valores se afinan tramo por tramo, con tus operadores, durante las primeras semanas, hasta que a la sala le llega lo que la sala quiere recibir. Y un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado: eso se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta en cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque analizar las cámaras de un tramo no cuesta lo mismo que las de un trazado entero con sus enlaces, sus pasos a desnivel y sus áreas de servicio. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

El transporte público

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la terminal?

    Sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP de andenes, vestíbulo, pasillos, torniquetes y accesos y la analiza tal como llega: la cámara del techo sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que se quiere detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara termina siendo la excepción.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros?

    No los identifica. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una persona dentro del carril de maniobra, una persona en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera eléctrica parada. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara y de nadie guarda quién es. Cuando cuenta gente, el resultado es un número —cuántas personas hay en un área o cuántas pasan por un punto—, nunca una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede verlo lo decidís vos: el sistema puede correr entero dentro de la terminal, sin que salga una sola imagen.

  • ¿Detecta a alguien que se mete al carril de maniobra?

    Lo detecta, porque el carril de maniobra es un área dibujada sobre la imagen y una persona dentro de esa área es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y la sala tiene la imagen abierta sin tener que esperar a que un pasajero apriete el botón de emergencia o llame por el intercomunicador. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea el carril, y no todas lo ven. En el proyecto se revisa andén por andén qué encuadre hace falta y se te dice cuál no llega.

  • ¿Funciona con el andén lleno de gente?

    Funciona, y con un matiz que decimos antes de firmar: la gente se tapa entre sí, y lo que queda tapado deja de verse. Una persona que cae al piso detrás de un grupo compacto puede quedar oculta para esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. En cambio la ocupación no se resiente: para saber cuánto se está llenando un andén no hace falta distinguir a una persona de otra. Por eso en los andenes se combinan encuadres —dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola—.

  • ¿Cómo se avisa y a quién?

    A quien vos decidás y por el canal que decidás. Cada regla lleva su destinatario: el puesto del cuarto de monitoreo, el jefe de terminal, el equipo de mantenimiento, el equipo de seguridad de turno. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en el carril de maniobra no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de pasajes descompuesta: cada aviso va a quien puede resolverlo. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, enseña y espera.

  • ¿Puede reemplazar los conteos que hacemos ahora?

    Puede, y encima hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a todas horas y en cada punto que interese. Un conteo de tres días da la foto de tres días; una cámara con IRIS da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda en tierra en una parada. Y ese conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: la cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Sale el video de la terminal?

    Depende de la modalidad que elijás, y son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores de la terminal.

  • ¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?

    Se resuelve pieza por pieza, configurando qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Ese es el punto de partida; arriba está el que más pesa, que es que acá no se identifica a nadie —sin identidades no hay identidades que proteger—. El cumplimiento, eso sí, no lo decide el software solo: también depende de cómo se despliegue y de qué se decida tratar, y eso lo firma tu organización. Lo que sí podemos poner sobre la mesa es que nuestra manera de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y se puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Qué pasa con los avisos equivocados en una terminal llena?

    Los hay, y quien diga lo contrario no puso un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que lo que llega a la sala es lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una terminal?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta o se mide en cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque analizar los andenes de una terminal chica no cuesta lo mismo que una terminal entera con vestíbulo, torniquetes, dársenas de bus, parada de taxis y parqueo, ni cuesta lo mismo una red de veinte terminales. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

El comercio

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  • ¿IRIS identifica a nuestros clientes?

    No los identifica: detecta objetos, comportamientos y situaciones. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara, de nadie guarda quién es, a ninguna persona sigue de una tienda a otra y con el programa de fidelización no se cruza. Lo que ve es “una persona”, “un carrito”, “un anaquel vacío”, dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de una tienda no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Si algún día alguien te ofrece lo contrario, que quede claro que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?

    Sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP del techo y la analiza tal como llega: el equipo sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que querés ver ahí —una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no llega a leer el anaquel del fondo— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva termina siendo la excepción.

  • ¿Esto sirve para prevención de pérdida?

    No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página hace eso, y no es porque no se nos haya ocurrido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, e IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que está en esta página: avisar de un hueco en el anaquel, de algo derramado en el piso, de un área a oscuras o de un piso de venta más lleno de lo que puede atender el turno; y medir las filas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente y lo que de verdad hace la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que buscás es prevención de pérdida, te va a hacer falta otra cosa, y te lo vamos a decir en la primera reunión y no en la última.

  • ¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?

    Son dos conteos separados: cuántas personas entran al área de espera de las cajas y cuántas llegan al punto de cobro. Lo que hay entre los dos números es la gente que se fue antes de que le tocara. Después vienen dos pistas más: cuánto se espera de media en esa fila, y los carritos que quedan abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Todo eso lleva su hora, así que se cruza con cuántas cajas había abiertas en ese momento. Cuánto dinero es, no te lo vamos a decir —no pasó por tu caja y no lo sabemos—. A qué hora ocurre y con cuántas cajas abiertas deja de ocurrir, sí.

  • ¿Puede decirme si una promoción funciona?

    En la parte que se ve desde una cámara, sí: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta se para, cuánto rato se queda. La venta vive en tu caja, y ahí no entramos. Ahora, juntá las dos mitades y el diagnóstico cambia. Pasa mucha gente y casi nadie se para: el problema es dónde está la isla o cómo se ve. Se para mucha gente y después no vende: el problema es el precio o el producto. Hoy las dos salen igual en el reporte de ventas —vendió poco— y son dos problemas con dos soluciones distintas. Sirve lo mismo para comparar el mismo montaje en dos tiendas, o el mismo sitio en dos semanas.

  • ¿Funciona con la tienda llena?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un sábado por la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en un área y cómo se reparte por el piso de venta no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está colapsada funciona precisamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso estrecho y muy cargado; en ese caso el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila, y la ocupación se deja para el piso de venta.

  • ¿Sale el video de la tienda?

    Son dos modalidades, y de eso depende. En la local no sale: servidores en tus instalaciones —en la tienda o en la central—, video entrando por tu red, análisis ahí adentro, y el sistema sin necesitar internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. Comunicaciones cifradas en las dos, condiciones firmadas por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto: un servidor por tienda no es lo mismo que llevar el análisis a un solo sitio, y eso condiciona la red de cada local.

  • ¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?

    Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una tienda: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo se despliegue y de qué se decida tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí te podemos poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y se puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?

    Para las dos, y lo que cambia no es el sistema sino qué se hace con el dato. Una tienda sola lo usa para decidirse a sí misma: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si al fondo del local llega gente o hay que darle una razón para llegar. Una cadena gana algo que la tienda sola no tiene, que es poder comparar: la misma promoción montada en cuarenta tiendas y medida igual en todas; la tienda donde la fila se dispara media hora antes; la que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Lo más normal es empezar por una, ver qué sale y decidir después, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta o se mide en cada una, de cuántas tiendas entran, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque medir las cajas y la entrada de una tienda chica no cuesta lo mismo que cubrir el piso de venta entero de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo una tienda que cuarenta. Contanos cuántas tiendas hay, cuántas cámaras tiene cada una y qué querés ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

  • ¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?

    No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, y no de quién se trata. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara, de nadie guarda quién es, para marcar entrada no sirve, para sancionar a un trabajador concreto tampoco, y al control de acceso de la obra no lo reemplaza. Lo que ve es “una persona sin casco en el área de máquinas”, dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?

    No la para. Ninguna máquina toca, ningún mando corta, y no reemplaza al encargado de seguridad, al señalero ni al plan de seguridad y salud de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana; lo sabemos, y por eso una regla no es “avisá si alguien no lleva casco”. Es “avisá si alguien sin casco está dentro del área de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos”. Se acota el área sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega el aviso. Se empieza por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callar en lo demás.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?

    Sirve con las que ya están, incluidas las que se ponen y se quitan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: el equipo sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que se quiere ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche a lo mejor no llega a distinguir un casco al otro lado del terreno— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y el aguacero se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz fija. Poner una cámara nueva termina siendo la excepción.

  • La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?

    No hay que rehacerlo: el sistema está pensado para que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se mueve una cámara o se redibuja un área, se vuelve a marcar el área sobre la imagen y se sigue trabajando; no hay que encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del trazo inicial.

  • ¿Podemos saber cuánta gente hay dentro de cada área?

    Se puede, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja el área sobre la imagen y IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el sótano en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo sitio. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Ese conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.

    Donde vos decidás, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y nada más que dos. La primera es adentro de la propia obra: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y corre sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa ahí y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.

  • ¿Qué le contamos a la representación de los trabajadores?

    Exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: caras no reconoce, a nadie identifica y para sancionar a un trabajador concreto no sirve. Qué se trata, cuánto se guarda y quién puede verlo se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma tu organización, no un vendedor nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.

  • ¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?

    Sirve para una sola y cobra otro sentido con todas las de la empresa. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de tajo, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación del que más obras pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una y de dónde se procesa el video. Tarifa publicada no hay porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escribinos y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.

El centro de acceso restringido

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  • ¿Esto sirve para clasificar a las personas que están dentro?

    No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: no reconoce caras, contra ninguna base de datos las compara, de nadie guarda quién es, ficha de nadie no lleva y a ninguna persona concreta sigue por el centro. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, a nadie califica, a nadie clasifica por su comportamiento y el estado de ánimo de nadie interpreta. Lo que detecta son situaciones que definió el centro: “hay una persona en el piso del pasillo del sector tres”, “hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie”. Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza a alguien del personal?

    Ninguna de las tres cosas. Ninguna puerta abre ni cierra, ninguna alarma automática dispara en lugar de una decisión, y a nadie del personal reemplaza. Tampoco reemplaza el conteo reglamentario ni ningún protocolo del centro: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro de un centro, el criterio de quien conoce ese pasillo y a la gente que hay ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que decidás, porque la regla se acota: área, hora y duración. Un sistema que da doscientos avisos al turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avisame si hay gente en el pasillo”, sino “avisame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, durante más de un minuto”. Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en tu centro, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el centro, no IRIS. Qué área, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en tu patio: lo normal en un centro no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra un pasillo por obra o se abre un sector nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Y los derechos de las personas que están dentro y los del personal?

    Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en áreas comunes que el centro definió —un patio, un pasillo, una rampa de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona que esté dentro y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no puede decir “esta persona pasó por aquí seis veces”, porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas que están dentro, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, los firma la organización que lo instala, con sus asesores jurídicos y con la representación del personal delante. Desconfiá de quien diga lo contrario.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sirve con las que ya están, y ese es justo el punto: un centro ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar tus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirte en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del centro?

    Solo si vos querés, y en un centro así lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio centro, en un equipo tuyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue corriendo aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si te conviene, y eso es una decisión tuya, no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el reporte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿El conteo de personas por área es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Y ahí no hay que quedarse con nuestra palabra: el conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que comprobó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza el conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Hay cosas que no ve, y conviene decirlas antes de firmar nada. Su encuadre es su límite: fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en un área sin cámara, no ve nada —igual que no vería nada una persona mirando esa misma pantalla—. Con poca luz, con aguacero o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones casi calcadas entre sí: dos personas que se abrazan y dos que forcejean se parecen durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Infalible no es, y no te lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una y de dónde se procesa el video. Tarifa publicada no hay, porque no sería honesta: un sector con doce cámaras y tres reglas y un centro entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un patio y un pasillo, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escribinos y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.

El hospital

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  • ¿Van a poner cámaras en las habitaciones?

    No, y esto va antes que nada. En una habitación no hay cámara, en un baño tampoco, en una sala de exploración tampoco, y en ningún sitio donde se atiende o se explora a un paciente. IRIS mira áreas comunes: pasillos, salas de espera, vestíbulos y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y en esas áreas no identifica a nadie: no reconoce caras, contra ninguna base de datos las compara, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no entra a la historia clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es “hay una persona en el piso del pasillo del tercer nivel”: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?

    Ni diagnostica ni decide a quién se atiende antes. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no clasifica pacientes y a ninguno prioriza: el criterio clínico es de un profesional y IRIS no participa en él. Tampoco entra a la historia clínica ni a ningún dato médico, y no se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no reemplaza la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del nivel siguen exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que decidás, porque la regla se acota: área, hora y duración. Un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avisame si hay alguien parado en el pasillo”, sino “avisame si hay una persona en el piso de este pasillo durante más de veinte segundos”, o “avisame si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete”. Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en tu hospital, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se mira y qué no?

    Lo decide el hospital, no IRIS. Qué área, a qué hora y cuánto rato es “mucho rato”: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencias no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un nivel a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de lo que es “normal” en tus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obra o se abre un nivel nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué le contamos al personal y a la representación de los trabajadores?

    Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si un área tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control de horario, no es marcaje y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún sitio y no puede decir “esta persona llegó tarde” ni “esta persona se fue antes”. Distingue a un profesional por la ropa —una bata, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es “esta área lleva media hora sin nadie”, que es una pregunta sobre el área y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación de los trabajadores delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sirve con las que ya están, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, vestíbulos y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar tus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirte en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del hospital?

    Solo si vos querés, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio centro, en un equipo tuyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue corriendo aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si te conviene, y eso es una decisión tuya, no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de expediente, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿La cifra de gente que espera en emergencias es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Y ahí no hay que quedarse con nuestra palabra: el conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que comprobó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para poder reforzar el turno o abrir otra ventanilla. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Hay cosas que no ve, y conviene decirlas antes de firmar nada. Su encuadre es su límite: adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo sin cámara, no ve nada, igual que no vería nada una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones casi calcadas entre sí: agacharse a recoger algo y perder el equilibrio se parecen durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y falta la frase entera, que es la importante: acá no se evita ninguna caída. Cuando IRIS la ve, la caída ya pasó. Lo que cambia es el rato que esa persona se queda en el piso antes de que llegue alguien. Infalible no es, y no te lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una y de dónde se procesa el video. Tarifa publicada no hay, porque no sería honesta: un nivel con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un pasillo y la sala de espera de emergencias, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Escribinos y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.

La escuela

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  • ¿Van a reconocer a nuestros alumnos?

    No, y esto va antes que nada. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara, quién es ningún niño no lo sabe, ninguna cara guarda, a ningún menor sigue y ficha de nadie lleva. Placas tampoco lee: en una escuela esa función no se enciende. Y hay sitios donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestidores. IRIS mira áreas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle del portón—, que es donde casi cualquier escuela ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es “hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse”: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder enseñarle al personal docente, al comité de padres de familia y a las familias.

  • ¿IRIS detecta el acoso escolar?

    No lo detecta, y quien diga lo contrario no está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un círculo cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién molesta, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es enseñarle al equipo del centro dónde y cuándo mirar, con el video delante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el maestro, el orientador, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.

  • ¿IRIS abre portones o llama a alguien por su cuenta?

    Ni abre ni llama. Ningún portón abre o cierra, ninguna sirena activa, a nadie de afuera avisa y ninguna decisión toma en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al maestro de turno: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla al personal docente —no es control de horario, no es marcaje y no evalúa a nadie— y no sanciona a ningún carro. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del centro. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?

    Los que decidás, porque la regla se acota por área, hora y duración. Cincuenta avisos por recreo apagan cualquier sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea “avisame si hay un niño en el piso” —eso pasa a todas horas y casi siempre porque están jugando—, sino “avisame si hay un niño en el piso en esta cancha durante más de dos minutos”, o “avisame si esta área lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media”. Moviendo el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector deja de sonar todo el rato y suena cuando de verdad importa. Y quien escribe esa regla es el centro, con su equipo y su orientador, no un proveedor: cuánto rato es “mucho rato” y qué esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.

  • ¿Qué le contamos al personal docente, al comité de padres y a las familias?

    Todo, y antes de instalar nada. Qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle del portón. Qué no se mira: los baños y los vestidores, donde no hay cámara. Con estas palabras: no hay reconocimiento facial, no hay ficha de ningún menor, y acá no se etiqueta a ningún niño. Aparte hay que explicar la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma la dirección del centro, que es quien responde de eso. Y un sistema así solo funciona si el personal y las familias saben exactamente qué mira y qué no.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sirve con las que ya están, y ese es justo el punto: una escuela ya suele tener cámaras en el portón, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga el portón entero. Antes de prometer nada preferimos mirar tus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirte en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale de la escuela?

    Solo si vos querés, y en una escuela lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio centro, en un equipo tuyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue corriendo aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si te conviene, y eso es una decisión tuya, no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grado, ni una cara guardada, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Y ahí no hay que quedarse con nuestra palabra: el conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que comprobó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad se sepa dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Hay cosas que no ve, y conviene decirlas antes de firmar nada. En los baños y en los vestidores no hay cámara, así que lo que pase ahí no lo ve ni lo va a ver. Tampoco detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en que el centro decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones casi calcadas entre sí: un montón de niños tirándose unos encima de otros jugando y un altercado se parecen durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Falta la frase entera, que es la importante: acá no se evita ningún altercado ni ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que corre hasta que llega un adulto. Infalible no es, y no te lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una y de dónde se procesa el video. Tarifa publicada no hay, porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y un centro entero con el portón, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: el patio y el portón, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada. Escribinos y lo miramos con tus planos y tus cámaras delante.

Las infraestructuras

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  • ¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce caras?

    A nadie identifica: ni lee placas ni reconoce caras. Lo que ve es “una persona en la coronación” o “un vehículo parado en el acceso”, dónde está y desde cuándo. Contra ninguna base de datos compara nada, y de nadie guarda quién es. Si lo que hace falta es saber de quién es un carro o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.

  • ¿IRIS predice una crecida, una falla o un incendio?

    No predice nada. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están juntando delante del vertedero de la represa, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.

  • ¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?

    Ni abre ni cierra ninguna compuerta, ninguna bomba para y ninguna maniobra dispara. Tampoco reemplaza la instrumentación de la instalación: ni un sensor de nivel, ni la protección eléctrica, ni un sistema de extinción, ni ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo tuyo y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.

  • ¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?

    Porque en la imagen hay una referencia física —una escala pintada, un peldaño, el borde de una losa, un bordo— y el agua se ve por encima de ella. Esa referencia no se describe con una frase: se traza sobre la imagen, y de ahí que el dato salga igual todos los días y se pueda auditar. Ahora, dicho claro: eso no es un limnímetro, no da una cota en metros y no reemplaza la instrumentación. Lo que dice es “el agua pasó esta línea”, que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.

  • ¿Qué puede ver una cámara y qué no?

    Puede ver lo que se ve y no puede ver lo que no se ve, y tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. Ve una compuerta en una posición, y no lee ningún telemando ni sabe si la orden llegó. Ve una sala inundada con las bombas quietas, y no sabe si una bomba está funcionando. Lee un nivel sobre una referencia física visible, y no es un limnímetro. Eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para reemplazar tus sensores. Ahora bien, si la cámara es termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: IRIS ubica el punto caliente antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego empieza por dentro y cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada nuevo: IRIS mira las termográficas que ya haya, igual que mira las demás.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida tu regla, y acotar esa regla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto pesa más que en ninguna otra: una regla mal acotada genera cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. Por eso una regla no es “avisame si hay alguien”. Es “avisame si hay una persona adentro del predio cercado, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos”. Área, horario y duración. Con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.

  • Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?

    Adentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de tu red. Si hay conexión, el aviso llega también al cuarto de monitoreo o al celular de quien esté de turno; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos. Lo elegís vos, instalación por instalación.

  • Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?

    A quien vos decidás, porque a las cuatro de la madrugada no hay nadie delante y ese es justo el problema. Puede ir al cuarto de monitoreo, al celular de quien está de turno, a la empresa de seguridad contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.

  • ¿Quién decide qué es un aviso y qué no?

    El titular, no IRIS. Quién sabe qué es normal en esa planta y qué no —si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal— es quien trabaja ahí, y por eso las reglas se escriben ahí, con sus palabras y en una frase. De fábrica no viene ningún criterio ni nadie decide por su cuenta lo que importa: IRIS aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.

  • Una represa y un relleno sanitario no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?

    No hace falta: es el mismo. Esta página enseña siete tipos de instalación —represa, planta de tratamiento, subestación, pozo de tormenta, quebrada, relleno sanitario y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando no hay una instalación sino cientos, repartidas por todo el país y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo sitio donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.

La industria

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?

    Con las que ya están puestas, sí. La señal de las cámaras IP se analiza tal como llega: el equipo no cambia, cambia cuánto se entiende de esa imagen. Y ahora lo incómodo, porque una bodega no es un pasillo con luz fija: el polvo de una trituradora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que sencillamente no llegan. Por eso en el proyecto se pasa cámara por cámara, diciendo sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con mover unos grados y cuáles no dan para lo que se quiere ver ahí.

  • ¿Esto sirve para vigilar a los operarios?

    No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de una guarda abierta, y no de quién son esas manos. No reconoce caras, contra ninguna base de datos las compara, para marcar entrada no sirve y para sancionar a una persona concreta tampoco. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?

    Ni para la máquina ni se conecta al autómata. Ningún mando toca, ninguna línea corta, y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de seguridad ocupacional. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa área pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es “avisá si hay alguien cerca del montacargas”. Es “avisá si una persona a pie está adentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos”. Se acota el área sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se empieza por lo que de verdad importa en esa bodega, se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Sale el video de la planta?

    Depende de la modalidad que elijás, y son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Eso importa en una planta donde el enlace se cae con el apagón. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un grupo industrial lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?

    Es el mismo sistema, y lo que cambia es qué se le pide. La doble puerta de un área limpia de farmacéutica, un dique de contención de química y una banda de reciclaje son escenas muy distintas, y por debajo son lo mismo: un área dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una planta de acero y una de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?

    Lo que no cabe en una imagen, y en una planta esa lista importa. Ni lee un sensor ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. Adentro de una máquina cerrada, de un tanque o de una tubería, no ve. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.

  • ¿Sustituye a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de seguridad ocupacional?

    Con todo eso convive; no reemplaza nada. Un sensor mide una magnitud en un punto, y IRIS entiende una escena entera: son cosas distintas y hacen falta las dos. Lo que hoy falta es la capa que mira todas las cámaras a la vez y cuenta lo que está pasando delante de ellas. Grabar y gestionar el video se puede seguir haciendo donde se hace ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Y qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.

  • Además de avisar, ¿puede medir?

    Puede, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, un área que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay adentro de un área, cuántas tarimas pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Ese conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una, de cuántas plantas entran, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa publicada no hay porque no sería honesta: una bodega con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce plantas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los parqueos

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  • ¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?

    No hace falta. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el parqueo ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada espacio, y IRIS mira si hay carro o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios a la vez, y encima distingue el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de recarga. Nada de levantar el pavimento, ni de cablear nivel por nivel, ni de mover de sitio lo que ya funciona.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?

    Sirve, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen a mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se pasa cámara por cámara viendo qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se te dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿El número del rótulo de la entrada es confiable? ¿Y cuando el parqueo está lleno?

    Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los espacios. Contar carros en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el rótulo dice “lleno” con cuarenta espacios libres en el nivel cuatro. Acá cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, espacio por espacio, y ahí se decide qué cámara se mueve y qué área se deja fuera del conteo.

  • ¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?

    Las lee, y sí, una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que dice la norma y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión tuya, cámara por cámara: se puede activar en la barrera para el abono y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decir de quién es ese carro: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de tu sistema de abonados y de tu organización, no nuestra.

  • ¿IRIS identifica a las personas o a los motoristas?

    Ni a unas ni a otros. No reconoce caras, contra ninguna base de datos las compara y de nadie guarda quién es. Lo que ve es “una persona cruzando el paso”, “un carro subiendo la rampa”, dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un carro delante de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos carros y cuántas personas pasaron por un área y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que suelta doscientos avisos al día se ignora en cuatro días, y en un parqueo eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es “avisá si hay un carro parado”. Es “avisá si un carro lleva más de unos minutos parado fuera de espacio en el nivel cuatro, en horario de apertura”. Se acota el área sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Sale el video del parqueo o se queda adentro?

    Depende de la modalidad que elijás, y son dos. En la local no sale: el servidor está en tu propio edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Es lo normal en un parqueo subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios parqueos conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo sitio.

  • ¿Sustituye a las barreras, al sistema de tickets o a la instalación contra incendios?

    A ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisar a quien puede bajar hasta ahí. Y acá va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un carro conectado, avisa, y no es un detector de incendios certificado ni reemplaza la instalación de detección y extinción que exige la norma. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.

  • ¿Qué NO sabe IRIS de un parqueo?

    Muchas cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en tu sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un carro. No sabe si quien parquea en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo, solo ve que hay un carro ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay adentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no le entre al encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre delante de las cámaras que ya están puestas, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien se queja.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un parqueo?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta o se mide en cada una, de cuántos parqueos entran, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: medir los espacios de un nivel no cuesta lo mismo que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada más. Contanos cuántos espacios y cuántas cámaras hay y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los recintos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el recinto?

    Sirve con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: el equipo sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que se quiere ver ahí. Y se dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara de la grada no distingue una cara desde el otro lado del recinto, y no hace falta que la distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza.

  • ¿IRIS identifica a la gente o reconoce caras en la grada?

    Ni identifica a la gente ni reconoce caras. Contra ninguna lista compara a nadie, ni contra ningún registro de vetados, ni contra ninguna base de datos, y de nadie guarda quién es. Lo que ve son hechos: un círculo que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una barrera, una bengala encendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.

  • ¿Puedo saber cuánta gente hay en cada área y controlar el límite?

    Se puede. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta y IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja el área de una boca de salida o de un vestíbulo y queda sabido cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Ese conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Funciona con el recinto lleno, que es cuando hace falta?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta gente hay por metro en esa área y si el grupo avanza o se paró. Medir densidad y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar de uno en uno es en las puertas y los torniquetes, porque ahí la gente pasa en fila.

  • ¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?

    Avisa apenas se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa área y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde la sala mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del sitio: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de una salida. El aviso llega con la cámara, el área y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.

  • ¿Esto sustituye al personal de sala, al plan de emergencia o al control de accesos?

    A ninguno de los tres: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no para un torniquete y no manda a nadie a ningún sitio: abre la cámara, enseña lo que vio y espera. El plan sigue siendo tuyo y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?

    Los que pida tu regla, y ajustarla es el trabajo de los primeros eventos. Cien avisos en un concierto apagan el sistema al segundo evento; lo sabemos. De ahí que una regla no sea “avisá si hay mucha gente”, sino “avisá si la densidad de esta área pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso”. Se acota el área sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y no llega a un correo: llega a la radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Después se repasa un evento entero con tu equipo y se afina.

  • ¿Sale el video del recinto o se queda adentro?

    Son dos modalidades, y de eso depende. En la local no sale: servidores en tus instalaciones, video entrando por tu red, análisis ahí adentro, y el sistema sin necesitar internet para funcionar. En un recinto eso pesa mucho: el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y es justo cuando el sistema tiene que seguir viendo. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. Comunicaciones cifradas en las dos, condiciones firmadas por contrato.

  • Una feria y un concierto no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?

    No hace falta: el sistema está pensado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las áreas se redibujan sobre la imagen: si el escenario tapa media grada y aparece un foso adelante, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y no hay que rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que toque. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la gira entera.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un recinto?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta o se mide en cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa publicada no hay porque no sería honesta: cubrir las cinco puertas de acceso de un salón no cuesta lo mismo que las gradas, las bocas de salida y las barras de un recinto entero. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: las dos puertas que se atoran siempre, el conteo de personas, y ver los avisos y los números con tu equipo después de un par de eventos. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los hoteles

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  • ¿Hay cámaras en las habitaciones?

    No las hay, ni las va a haber. Tampoco en los baños ni en los vestidores del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el salón, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en el área de servicio: sitios comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien te ofrece analizar el interior de una habitación, que quede claro que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.

  • ¿Esto sirve para controlar a mi personal?

    No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. Lo que IRIS mide es la situación, nunca a la persona: ve “una mesa sin recoger desde hace ocho minutos”, y no ve quién tenía que recogerla. El aviso sirve para abrir otra ventanilla o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mesero ni para calificar a un recepcionista. A nadie identifica, para marcar entrada no sirve y para sancionar tampoco. Si hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor.

  • ¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce caras?

    Ni los identifica ni les reconoce la cara. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: una fila que crece, una maleta sola en el salón, una bandeja vacía, una persona en el piso. Contra ninguna base de datos compara rostros, a nadie sigue de un salón a otro y con el programa de fidelización o la ficha de reserva no se cruza. El conteo es agregado y anónimo: dice cuántas personas hay en el comedor a las nueve y media, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?

    Con las que ya están puestas, sí. La señal de las cámaras IP se analiza tal como llega: el equipo no cambia, lo que cambia es cuánto se entiende de esa imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. La que se puso para vigilar la puerta a lo mejor no distingue si una bandeja del buffet está vacía; y la de recepción, a contraluz de una fachada de vidrio al mediodía, da una imagen quemada donde no se cuenta bien. Por eso en el proyecto se pasa cámara por cámara, y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.

  • ¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?

    Lo mide de verdad, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen el área de espera y la línea del mostrador. IRIS cuenta cuánta gente entra al área y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Ese conteo de personas se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la comprobó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?

    Funciona, con un matiz que se dice antes de firmar. Lo grande y brillante que aparece de golpe —una llamarada sobre el sartén— se ve bien; un charco en el piso, también. El humo fino es lo que se ve mal, y el vapor de una lavaplatos o de una marmita puede tapar media imagen y pasar por humo. Súmele que la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre: la cámara de cocina hay que limpiarla. Y lo que más importa: esto no es un detector de incendios certificado y no reemplaza la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?

    Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana. Por eso una regla no es “avisá si hay fila”: es “avisá si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mostradores abiertos”. Se acota el área sobre la imagen, la franja de horas, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular del jefe de turno o de quien dirige, no a una pantalla del área de servicio que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta.

  • ¿Sale el video del hotel?

    Son dos modalidades, y de eso depende. En la local no sale: servidores en tus instalaciones, video entrando por tu red, análisis ahí adentro, y el sistema sin necesitar internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. Comunicaciones cifradas en las dos, condiciones firmadas por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto: no es lo mismo un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo sitio, y eso condiciona la red de cada establecimiento.

  • ¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?

    Sirve para los dos; lo que cambia no es el sistema, es qué se hace con el dato. En un hotel solo sirve para decidir ese hotel: a qué hora abrir el segundo mostrador, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece. En una cadena aparece algo que un hotel solo no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, medida igual en cuarenta establecimientos. El hotel donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. Empezar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta o se mide en cada una, de cuántos establecimientos entran, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones no cuesta lo mismo que cubrir un resort entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los puertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?

    Con las que ya tiene, sí: la señal de las cámaras IP se analiza tal como llega, y lo que cambia no es el equipo sino cuánto se entiende de esa imagen. Ahora la parte incómoda, que en un puerto pesa. Un patio es largo, y una cámara colgada hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan el lente velado, y una cámara sucia ve menos cada semana que pasa. Por eso el proyecto empieza pasando cámara por cámara: cuáles llegan, cuáles bastaría con mover o limpiar, y cuáles no dan para lo que se quiere ver ahí. Poner una cámara nueva termina siendo la excepción.

  • ¿Funciona si se cae la línea?

    Funciona, y en una terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y nada más que dos. La primera es local: los servidores están adentro de la terminal, el video entra por tu red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para funcionar. Si la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se para. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: entonces el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.

  • ¿Esto es para vigilar a los estibadores?

    No es para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó la malla o que camina hacia la vertical de la carga, y no ve quién es esa persona. No reconoce caras, contra ninguna base de datos las compara, para marcar entrada no sirve y para sancionar a un trabajador concreto tampoco. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. A la representación de los trabajadores se le enseña exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.

  • ¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza debajo de la carga?

    No la para. Ninguna máquina toca, ningún mando corta, y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Ve de noche, con neblina y con aguacero?

    Según cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con aguacero se pierde nitidez y se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien diga lo contrario no pasó una madrugada de neblina en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: junta qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. “Alguien parado dentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos” no es lo mismo que “alguien parado”. Se acota el área sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con tus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Esto vale para el plan de protección del puerto?

    Vale como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce de la malla o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: aprobar el plan no nos toca a nosotros, y firmarlo le toca a tu organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.

  • ¿Sustituye a la malla, a los sensores del cierre o a los guardias?

    A ninguno de los tres. La malla sigue haciendo falta: una malla detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores del cierre siguen donde están, y IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la malla, IRIS dice qué se ve ahí y enseña la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardias pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.

  • ¿Sirve para una terminal sola o para todo el puerto?

    Sirve para una sola y cobra otro sentido en todo el puerto. En una terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué muelle acumula más cruces debajo de la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación del que más muelles pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una, de dónde se procesa el video y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa publicada no hay porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en el portón y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tus jefes de muelle antes de decidir nada. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

  • ¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce caras?

    Ni los identifica ni les reconoce la cara. Contra ninguna lista ni base de datos compara rostros, de nadie construye un perfil, y con tus sistemas de cliente no se cruza. Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el vestíbulo, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Y quien mira eso y decide qué significa es una persona de tu empresa, siempre.

  • ¿Esto avisa antes de que pase algo grave?

    No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión: la intención de una persona no se adivina, y quien prometa eso está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con el rostro cubierto, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tienen las agencias?

    Sirve con las que ya tienen. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: el equipo sigue siendo el mismo, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Y te lo decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y el vestíbulo de cajeros a oscuras arruinan cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que querés ver ahí, y se te dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.

  • ¿Sale el video de la agencia o se queda adentro?

    Depende de la modalidad que elijás, y son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones —en la agencia o en tu centro de proceso—, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de agencias conviene decidirlo pronto, porque condiciona la red de cada local.

  • ¿Y la protección de datos, en una agencia llena de clientes?

    Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una agencia: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo se despliegue y de qué se decida tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí te podemos poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y se puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Sustituye a la alarma conectada al centro, a los guardias o al control de accesos?

    A ninguno de los tres, y con los tres convive: lo que cambia es qué miran. La alarma sigue en lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que falta hoy es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Un lector de tarjeta no ve nada de eso, porque cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.

  • Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?

    Sirve, y es de las cosas que más tiempo devuelven. La escena de hoy es alguien sentado pasando horas de grabación para dar con cuatro minutos. Con IRIS se escribe una frase con lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el vestíbulo— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y hay que decir la otra mitad, que es lo que la hace valer como prueba: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?

    Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es “avisá si hay alguien en el vestíbulo de cajeros”. Es “avisá si alguien lleva más de tantos minutos en el vestíbulo, fuera del horario de agencia”. Se acota la zona sobre la imagen, la franja de horas, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —quien dirige la agencia, el centro de monitoreo, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de agencias?

    Sí, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una agencia. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una agencia no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve qué agencias acumulan puertas que se quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se empieza por unas pocas y se decide después.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de agencias?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta o se mide en cada una, de cuántas agencias entran, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa publicada no hay, porque no sería honesta: una agencia con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: unas pocas agencias, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los casinos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?

    Sirve con las que ya están encima de las mesas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: el equipo sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que querés ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo puede no llegar a leer el tapete— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva termina siendo la excepción.

  • ¿IRIS reconoce caras, controla la autoexclusión o detecta menores?

    Ninguna de las tres. No compara ningún rostro con ninguna base de datos, de nadie guarda quién es, a ningún jugador sigue por la sala y con tu programa de fidelización no se cruza. Y acá está la línea, dicha antes de que la preguntés: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no te lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.

  • ¿Sale el video de la sala?

    Son dos modalidades, y de eso depende. En la local no sale: servidores en tus instalaciones, video entrando por tu red, análisis ahí adentro, y el sistema sin necesitar internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. Comunicaciones cifradas en las dos, y condiciones firmadas por contrato. En una sala lo normal es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.

  • ¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?

    Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, escoge cuatro cámaras y rebobina. Con IRIS se describe en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y se cae en el minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se detiene IRIS. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y lo que vale ante cumplimiento o ante quien regula lo marcan tu procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por vos.

  • ¿Los números de la sala son confiables?

    Son confiables porque no se configuran hablando, se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el tapete, y de ahí en adelante el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas no hay que quedarse con nuestra palabra: se verificó ante el Centro Español de Metrología, que es el instituto nacional de metrología de España. Dicho con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que decidás, porque la regla se acota: zona, franja de horas y duración. Un sistema que suelta doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avisame si hay gente de pie junto a una mesa”, sino “avisame si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa durante más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu sala, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide la sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe tu equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en tu tapete: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambiás el horario, cerrás una mesa o abrís un área nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se la podés enseñar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué no ve IRIS en una mesa?

    Hay cosas que no ve, y conviene decirlo antes de firmar nada. Su encuadre es su límite: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro, y una mesa llena esconde media superficie. La luz baja de una sala le juega en contra, y el lente sucio también. Y después están los gestos que se parecen: recoger una ficha y mover una ficha son casi lo mismo durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso acá nadie juzga intenciones ni dice quién hizo trampa. Infalible no es, y no te lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando en la sala?

    Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en tu sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué querés ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se detecta o se mide en cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede empezar chiquito: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los centros comerciales

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene el centro?

    Sirve con las que el centro ya tiene puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: el equipo sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que se quiere medir ahí —una cámara colgada para vigilar un acceso a lo mejor no llega a contar en el pasillo del fondo— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva termina siendo la excepción.

  • ¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce caras?

    Ni los identifica ni les reconoce la cara. Contra ninguna base de datos las compara, de nadie guarda quién es, a ninguna persona sigue de una tienda a otra y con ningún programa de fidelización se cruza. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más. Y como esto sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el niño perdido: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en un área, y no busca a un niño por su cara ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.

  • ¿Sale el video del centro?

    Son dos modalidades, y de eso depende. En la local no sale: servidores en tus instalaciones, video entrando por tu red, análisis ahí adentro, y el sistema sin necesitar internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. Comunicaciones cifradas en las dos, y condiciones firmadas por contrato. Conviene decidirlo pronto: no es lo mismo un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera, y eso condiciona la red del centro.

  • ¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?

    El contador de la puerta cuenta cuánta gente vino; esto cuenta qué pasó adentro. Por dónde entró, en qué niveles se quedó, qué pasillos evitó, qué cambió el día que salió la promoción. Y se pide de dos maneras, porque son dos cosas distintas: lo que se vigila se describe hablando —una frase, y el aviso sale cuando ocurre—; lo que se mide se dibuja —una raya en el umbral, un área sobre el piso—. Una raya en una frase no cabe: hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se puede auditar. Y en el conteo de personas no hay que creernos: se verificó ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Podemos darles estos números a los arrendatarios de las tiendas?

    Se pueden dar, y es de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder datos de nadie. Cuánta gente pasa por delante de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. La venta no está acá —vive en la caja del arrendatario, y ahí no entramos—, y sin embargo juntar las dos mitades cambia el diagnóstico. Si pasa mucha gente y no entra casi nadie, el problema es la vitrina o el rótulo. Si no pasa nadie, el problema es el pasillo y no la tienda. Hoy las dos situaciones salen igual en el reporte —vendió poco— y son dos problemas distintos, con dos soluciones distintas.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir en el cuarto de monitoreo?

    Los que decidás, porque la regla se acota: área, franja de horas y duración. Un sistema que avisa doscientas veces al día está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avisame si hay gente parada en la escalera eléctrica”, sino “avisame si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media”. Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu centro y no en un centro cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    El centro, no IRIS. Y se decide en dos formatos: la regla, en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia; la medición, dibujada sobre la imagen con una raya o un área. Lo que IRIS hace es aplicar eso, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no viene ninguna lista de comportamientos, y nadie de afuera decide qué es normal en tu pasillo: lo normal en un centro chico no es lo normal en uno de tres niveles con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Cambia el horario, cierra un local, se monta la promoción de temporada en el atrio: la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie.

  • ¿Qué no ve IRIS un sábado por la tarde?

    Un sábado por la tarde deja de distinguir a unas personas de otras cuando se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó con el centro lleno. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en un área y cómo se reparte por los niveles no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno a uno en un paso estrecho y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que ocurre fuera del encuadre, detrás de una columna o en un área sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Un plazo que todavía no controlamos no te lo vamos a dar: depende del tamaño del centro. Lo que sí está claro son las tres fases: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan; y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad adentro. Las primeras mediciones y los primeros avisos aparecen pronto. El ajuste fino tarda más, porque necesita que pase un día flojo, un sábado de quincena y un día de promoción. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué se quiere medir en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un centro comercial?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se mide o se detecta en cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única que valga para todos no hay, porque medir dos accesos y un nivel no cuesta lo mismo que cubrir tres niveles, el patio de comidas y las rampas del parqueo. Y se puede empezar chiquito: los accesos y un nivel, ver los números con tu equipo y decidir después. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés medir, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los aeropuertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?

    Sirve con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP de la terminal y la analiza tal como llega: el equipo sigue siendo el mismo, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que querés medir ahí —una cámara puesta para ver el vestíbulo entero puede que no llegue a contar la boca de una fila— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva termina siendo la excepción.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce caras?

    Ni identifica a los pasajeros ni les reconoce la cara. Contra ninguna base de datos las compara, de nadie guarda quién es, a ninguna persona sigue por la terminal, y con ninguna lista de pasajeros ni con ninguna tarjeta de embarque se cruza. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control migratorio, no verifica documentos, no reemplaza al escáner ni a quien atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una banda parada. Un pasajero contado es un uno: de él no queda nada más.

  • ¿Sale el video del aeropuerto?

    Depende de la modalidad que elijás, y son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo normal es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿Los minutos de espera del filtro son un número confiable?

    Son fiables porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se repite, se compara entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas no hay que quedarse con nuestra palabra: se verificó ante el Centro Español de Metrología, que es el instituto nacional de metrología de España. Dicho con precisión: esa verificación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación salvadoreña ni la sustituye.

  • ¿Detecta un equipaje abandonado?

    Lo detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva rato en el piso sin nadie al lado, dentro de una zona que dibujaste vos y durante el tiempo que fijaste vos. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, a nadie busca y nada decide: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto delante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un vestíbulo lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?

    Los que decidás vos, porque la regla se acota: zona, franja de horas y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avisame si hay fila”, sino “avisame si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en tu terminal, no en una terminal cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    El aeropuerto, no IRIS. Y las dos cosas se deciden por separado porque no se configuran igual: lo que se vigila se escribe hablando —una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia—, y lo que se mide se dibuja —una raya en el piso, una zona sobre una sala—. De fábrica no viene ninguna lista de comportamientos, ni nadie de afuera decide qué es normal en tu vestíbulo a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y cuando cambia el horario de un vuelo de madrugada, se cierra un pasillo por obra o se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie.

  • ¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?

    Una cámara solo entiende lo que le entra al encuadre, y con el vestíbulo lleno unas personas tapan a otras hasta que deja de distinguirlas una por una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro; quien diga lo contrario no lo probó un domingo por la tarde. Lo que no se pierde en esa situación es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: para medir cuánta gente hay en una zona no se necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno a uno en un paso estrecho y muy cargado, y por eso el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con contraluz de ventanal, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué querés ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se mide o se detecta en cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque medir el filtro y la sala de equipaje no cuesta lo mismo que cubrir una terminal entera con sus tiendas, sus pasillos y su sótano. Y se puede empezar chiquito: el filtro y la sala de equipaje, ver los números con tu equipo delante y decidir después. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

La seguridad de instalaciones

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?

    Sirve con las que ya están puestas, y ese es justo el punto: no faltan cámaras, falta alguien que las mire a todas horas. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es cuánto se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de tus cámaras y decirte en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿IRIS identifica a las personas, reconoce caras o sigue a alguien?

    Ninguna de las tres cosas, y hay que decirlo con todas las letras. Contra ninguna base de datos compara una cara, de nadie guarda quién es y ficha de nadie lleva. Tampoco predice, ni califica a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió la propia organización: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leerlas cuando la cámara está puesta para eso y quien la opera tiene base legal para hacerlo, y eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.

  • ¿Sale el video de nuestras instalaciones?

    Solo si vos querés, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el reporte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?

    Aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: la imagen no se retoca, nada se oculta y nada se interpreta. Si eso sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un vendedor nuestro. Lo que sí te podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.

  • ¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?

    Va contestado antes de que lo pregunten: adentro de una vivienda no se mira, ni en un vestidor, ni en un baño, ni en una oficina donde se está atendiendo a alguien. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide quien opera la instalación, con su marco legal, sus asesores jurídicos y la información pública que corresponda. Eso lo firma quien instala, no nosotros; desconfiá de quien diga lo contrario. Del software sí depende otra cosa: que el tratamiento se configure pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde—. Y que nuestra manera de trabajar esté certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y se puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar a la sala?

    Los que decidás, porque la regla se acota: área, franja de horas y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avisame si hay un vehículo parado”, sino “avisame si hay un vehículo parado en este hombro, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos”. Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en tu instalación y no en la de otro.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Quien opera la instalación, no IRIS. Qué área, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones lo escribe quien explota el sistema, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. Lo que IRIS hace es aplicarla, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no viene ninguna lista de comportamientos, y nadie de afuera decide qué es normal ahí: lo normal en la costa no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Se cierra un carril, se abre un acceso, cambia el horario de un paso: la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie. Y como está escrita en una frase, se le puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve?

    Hay cosas que no ve, y conviene decirlas antes de firmar nada. Su encuadre es su límite: fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en un área sin cámara, no ve nada —igual que no vería nada una persona mirando esa pantalla—. De noche, con neblina, con aguacero o con el lente sucio ve peor; y en una ladera a contraluz al amanecer, peor todavía. Y hay situaciones casi calcadas entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se confunden durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. Infalible no es, y no te lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño del despliegue, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué querés detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa publicada no hay porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un acceso, un tramo de carretera de montaña, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés detectar, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

Los centros de datos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?

    Sirve con las que ya están en el centro. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP puestas y la analiza tal como llega: el equipo sigue igual, lo que cambia es cuánto se entiende de la imagen. Después, en el proyecto, se pasa cámara por cámara viendo si el encuadre da para lo que querés ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo entero a lo mejor no llega a ver si un gabinete quedó abierto— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva termina siendo la excepción.

  • ¿IRIS identifica al personal o reconoce caras?

    Ni identifica al personal ni le reconoce la cara. Contra ninguna base de datos las compara, de nadie guarda quién es y a ninguna persona sigue por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta el personal: esto no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir el rendimiento de una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es “hay una persona”, “hay dos”, “esta puerta lleva este rato abierta”, “este gabinete está abierto sin nadie enfrente”. El nombre, si hace falta, lo pone después tu control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.

  • ¿Sale el video del centro de datos?

    Son dos modalidades, y de eso depende. En la local no sale: servidores en tus instalaciones, video entrando por tu red, análisis ahí adentro, y el sistema sin necesitar internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es decisión tuya, no condición nuestra.

  • ¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?

    Que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora: eso sí. Cuántas autorizaciones hubo, no —ese dato vive en tu control de accesos, no en la imagen—. El cruce lo hace tu sistema con el hecho que aporta la cámara: dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el de su orden de trabajo. Ahí es donde un paso normal se vuelve un problema. Y el reparto es a propósito: la cámara pone el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. El hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir algo o enseñárselo a quien viene a auditar.

  • ¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?

    Sí, de las tres cosas, y también de un gabinete que se queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque importa: esto no reemplaza a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a sitios donde no hay sonda y enseña la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que decidás, porque la regla se acota: qué puerta, qué franja de horas y cuánto tiempo. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es “avisame si esta puerta se abre”, sino “avisame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento”. Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu centro, no en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    El centro. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe tu equipo, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. IRIS solo aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no viene ninguna lista de comportamientos, y nadie de afuera decide qué es normal en tus pasillos: lo normal en una sala de operación no es lo normal en una rampa de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Cambia un procedimiento, se abre una sala o se corta un pasillo por obra, y la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie.

  • ¿Qué no ve IRIS en un pasillo de gabinetes?

    Su encuadre es su límite, y eso hay que decirlo antes de firmar nada. Detrás de un gabinete no ve; un cuerpo tapa a otro; en un pasillo estrecho el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz dura de frente, ve peor. Y hay situaciones casi calcadas entre sí: apoyar una puerta y trabarla se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Infalible no es, y no te lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este gabinete—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en tus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué querés detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, de qué se le pide a cada una, de la modalidad de despliegue y de si el hardware lo ponés vos o lo ponemos nosotros. Tarifa única no publicamos porque no sería honesta: cubrir la doble puerta de entrada y la rampa de descarga no cuesta lo mismo que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar chiquito: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada más. Contanos cuántas cámaras hay y qué querés ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España.

El estado de las cámaras

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  • ¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?

    Con las que ya tenés, sean del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.

  • ¿No me va a llenar el día de avisos?

    No, y está pensado justo para eso. Umbral y tiempo, cada cosa el suyo: la gota de aguacero tiene que quedarse un buen rato, la suciedad tiene que ir a peor varios días, y el encuadre tiene que haber cambiado de verdad, no por una ráfaga de viento norte. Al momento avisan tres cosas y nada más: cámara tapada, cámara girada, señal perdida. Lo demás no interrumpe a nadie: espera al reporte del día.

  • ¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?

    Porque se acuerda. El primer día queda anotado cómo se ve esa cámara cuando está bien: su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche. Y esa referencia es suya y de ninguna otra —una cámara de la rampa y una del vestíbulo no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada—. De ahí en adelante cada día se compara contra su propia referencia, no contra un ideal.

  • ¿Cada cuánto revisa las cámaras?

    Lo decidís vos. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté delante de la pantalla. Al terminar queda un reporte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Se baja a hoja de cálculo.

  • ¿Esto cuesta aparte?

    No cuesta aparte, porque la licencia va por cámara y no por pregunta. Pedirle que avise si alguien se cae sale exactamente igual que pedirle que diga si esa misma cámara está sucia. Ni módulo de mantenimiento aparte, ni tarifa por cada cosa que se quiera vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tenés.

  • ¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?

    Hay que subir, y acá no se disimula: nada se repara, ningún equipo se reinicia y ningún domo se limpia solo. Lo que cambia es que quien sube lo hace sabiendo a qué sube, y en el orden correcto. La diferencia no es chica: en lugar de una ronda por calendario —cuatrocientas cámaras recorridas porque toca—, queda una lista de las once que de verdad tienen algo, con su imagen delante. Y de esas once, alguna se arregla desde abajo.

¿Y si la tuya no está?

Escribinos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el siguiente que la tenga.

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Era que alguien mirara, nada más. Los mismos equipos y los mismos cables de la instalación que ya está puesta, y esas imágenes pasan de guardarse a entenderse.

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