¿Y si dentro de dos meses hay que encontrar ese minuto?
Grabar lo hace cualquiera. Encontrar el minuto exacto dos meses después, no.
Decenas de miles de horas al mes graba una instalación mediana. Y el día que pasa algo, alguien tiene minutos —no días— para dar con el instante, verlo con las cámaras de al lado a la vez y sacar una copia que aguante delante de un tercero. Ese recorrido entero ocurre en la misma pantalla: se busca dentro del video, se protege lo que no se puede borrar y se entrega un archivo que quien lo recibe comprueba por su cuenta, sin depender de nosotros ni de internet.
De un vistazo
Lo que sabe hacer
Buscar dentro del video
Cuarenta horas de grabación terminan en una lista corta. Los quince filtros se combinan: qué objeto, de qué color, qué hizo, en qué pedazo de la imagen y entre qué horas.
Se pide con palabras
Basta con escribirlo: “carros rojos entre las dos y las seis”. La frase se vuelve filtros, y antes de buscar la pantalla enseña qué entendió y dice, con su motivo, lo que no pudo aplicar.
Buscar por parecido
Marcado un objeto en pantalla, sale la lista de dónde vuelve a aparecer. Y la pantalla lo advierte antes de que nadie saque conclusiones: eso es un parecido, no una identificación, y lo revisa una persona.
Ocho horas en minutos
Ocho horas de nada y tres minutos de algo: el resumen deja los tres minutos. También puede juntar en un mismo plano todo lo que cruzó la escena, filtrado por tipo de objeto y por color.
Lo que no se borra
Ni cuando vence el plazo ni cuando el disco se llena: un tramo bloqueado no se borra. Y si el sistema no logra comprobar si hay bloqueo, tampoco borra, y lo deja escrito.
Se comprueba sin internet
Quien recibe el video comprueba por su cuenta que nadie lo tocó, sin depender de nosotros. El paquete lleva su huella, su firma y un comprobador que abre cualquier navegador, sin conexión.
Tapar lo que no toca
Lo que no debe salir se difumina, se pixela o se tapa en negro antes de entregar, y queda horneado en el video: no es una capa que se pueda quitar. Si el tapado falla, la exportación se cae; el original nunca sale creyendo que iba tapado.
Quién vio qué
Usuario, hora y qué tramo se miró: eso queda anotado en cada visualización, cada salto, cada captura, cada descarga y cada exportación. Y ese registro no vence junto con el video que describe.
Cuatro ángulos a la vez
Abrir cuatro ventanas no es reconstruir un suceso. Reconstruirlo es ver las cuatro cámaras moviéndose juntas bajo un mismo mando: el mosaico entero se lleva a la misma hora, y el sistema dice cuántas cámaras no tienen grabación de ese instante.
Si una máquina cae
Cada fragmento lleva sellado quién lo grabó y quién lo sirve, y la grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta. Si cae un nodo, los demás siguen; y cuando vuelve la red, los archivos que quedaron sueltos se reindexan solos.
Cuando el plazo no cabe
Los días configurados y los días que de verdad hay en disco no siempre coinciden. El sistema compara los dos números y lo dice en pantalla cuando el disco se llena antes de que venza el plazo, en vez de callarse y seguir borrando.
Tapar también al mirar
Negro para todos, y no solo al exportar: hay pedazos de la imagen que quedan tapados también al mirar en vivo. Levantar el tapado un rato pide motivo escrito, tiempo limitado y, si la organización lo exige, la firma de una segunda persona.
El día que hace falta
Del aviso al archivo que aguanta delante de un tercero
Video falta poco; lo que sobra es video. Alguien cuenta de memoria lo que pasó —“un panel blanco, por la tarde, creo que el martes”— y ahí arranca el día perdido delante de una barra de tiempo. Lo que IRIS cambia es la pregunta: en vez de mirar horas, se filtra. Y los filtros son quince, y se pueden nombrar uno por uno: fecha y hora, cámaras, tipo de objeto, color, modo de color, tolerancia de color, región de la imagen, comportamiento, duración mínima, rumbo, movimiento dentro de una zona dibujada, parecido con un objeto marcado, texto libre sobre el propio video, la frase en lenguaje natural y cuántos resultados se quieren. Se combinan entre sí, y lo que devuelven no es una caja suelta: es un objeto con todas sus apariciones juntas. Cuando la lista viene recortada lo declara —tantos de tantos—, porque una lista incompleta que se hace pasar por completa es peor que no tener lista.
Tres meses después, ¿va a seguir ahí ese video? Esa es la segunda pregunta, y se responde con dos números y dos candados. Los números: el plazo que tiene puesto esa cámara, y los días que de verdad hay en disco, que a veces son menos porque el disco se llena antes. Los candados: marcar una grabación como prueba, y bloquear un tramo entero de una cámara entre dos horas, incluido lo que todavía no se grabó dentro de ese tramo. El motivo es obligatorio y el bloqueo puede quedar sin vencimiento. Al abrir una incidencia, el material de su ventana se bloquea solo. Y si el disco se llena y lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema se detiene y lo escribe con todas las letras, antes que sacrificar una prueba por falta de espacio. Soltar un tramo pide permiso reforzado y motivo escrito, y la ficha no se borra: queda marcada como liberada, con quién y por qué.
Un paquete de evidencia no es un video suelto dentro de una carpeta. Es un manifiesto —quién lo exportó, cuándo, de qué cámara, de qué tramo y con qué referencia de expediente—, una huella por cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre cualquier navegador. Y ese comprobador funciona sin conexión, que es lo que casi nadie tiene y lo que de verdad cambia la conversación: quien recibe el video verifica por su cuenta que nadie lo tocó, sin llamarnos, sin instalar nada y sin internet. Aquí eso pesa: cuando se va la energía se va el internet, y una comprobación que necesita red es una comprobación que no se puede hacer. La marca de agua graba la fecha y la hora reales de cada fotograma, no la del reloj de quien exporta. El paquete se puede cifrar con contraseña y antes de entregarse se comprueba a sí mismo: si esa comprobación falla, no se entrega. Está armado para sostenerse ante un tercero; quien decide si vale es siempre ese tercero.
Hay un punto exacto donde esta página se engancha con el resto del sitio: en las nueve zonas, cada aviso guarda su video. Lo que sigue es qué pasa con ese video después. Desde el aviso se salta al instante exacto, se llevan todas las cámaras del mosaico a esa misma hora y el suceso se ve desde varias perspectivas a la vez; la barra de tiempo no disimula los huecos, y avisa de cada uno con cuántos segundos son. Y lo que no hace se dice igual: la búsqueda por parecido guarda alrededor de las dos últimas semanas y no identifica a nadie —es un parecido, y lo revisa una persona—; el reconocimiento facial solo está disponible fuera de la Unión Europea; y cuando la IA no pudo mirar bien el video, lo dice en vez de devolver una lista vacía. Todo entra por un solo puerto, el 443, así que al área de redes no hay que pedirle un rango entero. Y corre sin internet: los modelos son propios y viven en la instalación del cliente, igual que el comprobador de los paquetes exportados.
Un suceso casi nunca cabe en una sola cámara. Por eso el mosaico entero se lleva al mismo instante bajo un único mando: avanza, retrocede y se pausa en las cuatro a la vez, con doce velocidades que incluyen la reversa fluida y el paso a fotograma para cuando hay que afinar. Se salta a una fecha y una hora exactas, y el enlace a ese instante se copia y se pega en un correo: quien lo abre cae en el mismo segundo, no por ahí cerca. ¿Y cuando no se sabe qué se busca? Un día entero se repasa como una tira de fotogramas, o como una rejilla que enseña cuándo hubo personas y cuándo vehículos, hora por hora, minuto por minuto o segundo por segundo. Y lo que alguien anota se queda: un marcador con su título, su nota y sus etiquetas sobrevive al video que lo originó, porque lo escribió una persona.
Quien alguna vez perdió video pregunta siempre lo mismo: dónde vive esto y cuánto dura. Vive repartido entre tantos servidores y sedes como haga falta —países y husos horarios distintos— y se gobierna desde una vista única; cada fragmento queda sellado con el servidor que lo escribió, el que lo sirve y la zona horaria de su cámara, así que se reproduce y se busca igual desde cualquier puesto. Dura lo que ponga el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor: se puede dejar sin límite, y un valor raro jamás se interpreta como “borralo todo”. El día que el video sí se borra, se lleva con él los once tipos de datos derivados que había generado, cada uno con su propia palanca por si conviene conservarlo; los marcadores quedan excluidos a propósito. Y nada de esto se decide en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente y no sale hacia ningún tercero.
Las cifras
Contado, no estimado
- 15filtros combinables para buscar dentro del video
- 32permisos separados: quién ve, quién exporta y quién libera una prueba
- 9comportamientos que se buscan dentro de la grabación
- 443el único puerto que hay que abrir: video, búsqueda y exportación
- 11tipos de datos derivados que se borran con el video, cada uno con su palanca
- 12velocidades de reproducción, con la reversa fluida incluida
Preguntas
¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Sí, y para eso son los quince filtros. Se acota por franja de fechas, por cámaras, por tipo de objeto, por hasta cuatro colores, por un pedazo concreto de la imagen y por uno de los nueve comportamientos, y todo se combina entre sí. También se puede escribir la frase en lenguaje natural: el sistema la traduce a esos filtros y enseña antes qué entendió. Y si aun así el rango sale largo, el resumen salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
Porque lo comprueba él mismo, y sin pedirle permiso a nadie. Dentro del paquete van la huella de cada fragmento, la huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre cualquier navegador. Ese comprobador no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro: funciona sin conexión. Si algo cambió —un fotograma, un byte, el manifiesto—, la comprobación falla y lo dice. Y el paquete se verifica a sí mismo antes de entregarse: si no pasa su propia comprobación, no se entrega.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
No se borra. El reciclado no alcanza a un tramo bloqueado, y el criterio de disco tampoco puede saltárselo. Si lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema se detiene, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, antes que sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada, y si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra: que no se haya podido mirar no es lo mismo que que no hubiera bloqueos. Además la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de esos bloqueos no tienen fecha de vencimiento.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
Lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por viejo. Pero el techo real no lo pone el programa: lo pone el disco. Por eso la pantalla no enseña solo el plazo configurado, sino los días que de verdad hay grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llenó antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
No puede, y queda escrito que lo intentó. El borrado automático no alcanza al material bloqueado, y para borrar a mano hace falta un permiso propio y además tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo pide el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito; la ficha del bloqueo no se va, se marca como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación entran en el registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de modo que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.
La interfaz real, paso a paso
Vos ponés la regla una vez. IRIS la aplica siempre.
Paso a paso y sin manos, un resumen de la interfaz. Cada vuelta arranca con otro caso. Y la herramienta completa no cabe en una demostración.
- Salta el aviso
- Abrís el aviso
- Confirmás o descartás
Siguiente paso
El transporte público
¿Quién mira una terminal entera en hora pico?
17 casos: 11 avisan cuando pasa algo y 6 solo miden. Ves cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
El comercio
¿Quién ve las ventas que no llegan a la caja?
10 casos: 4 avisan cuando pasa algo y 6 solo miden. Ves cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Grabar ya lo hacés.Lo difícil siempre fue mirarlo.
La respuesta deja de vivir solo en el archivo: esas mismas imágenes se entienden mientras entran. Antes eran años de video que se abrían cuando ya había pasado algo.
Contanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día hábil.