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¿Y si dentro de dos meses hay que encontrar ese minuto?

Grabar lo hace cualquiera. Encontrar el minuto exacto, no.

Una instalación mediana graba decenas de miles de horas al mes. El día que pasa algo, alguien tiene minutos —no días— para dar con el instante, verlo con las cámaras de al lado a la vez y sacar una copia que aguante delante de un tercero. Ese recorrido entero ocurre en la misma pantalla: se busca dentro del video, se protege lo que no se puede borrar y se entrega un archivo que quien lo recibe comprueba por su cuenta, sin depender de nosotros ni de internet.

De un vistazo

Lo que sabe hacer

  • Buscar dentro del video

    Qué objeto, de qué color, qué hizo, en qué parte de la imagen y a qué horas: quince filtros que se combinan entre ellos. Cuarenta horas grabadas terminan en una lista corta.

  • Se pide con palabras

    Se escribe «carros rojos entre las dos y las seis» y esa frase se vuelve filtros. Antes de buscar muestra qué entendió, y lo que no pudo aplicar lo dice con su motivo al costado.

  • Buscar por parecido

    Un clic sobre un objeto de la imagen y se busca dónde más sale. La propia pantalla lo aclara: es un parecido, no una identificación, y lo revisa una persona.

  • Ocho horas en minutos

    El tiempo muerto se salta y queda solo lo que pasó. También se puede juntar en un mismo plano todo lo que cruzó la escena, filtrable por tipo de objeto y por color.

  • Lo que no se borra

    Ni cuando vence el plazo ni cuando el disco se llena: un tramo bloqueado no se borra. Y si el sistema no logra comprobar si hay un bloqueo, tampoco borra nada, y lo deja escrito.

  • Se comprueba sin internet

    El paquete exportado sale con su huella, su firma y un comprobador que abre cualquier navegador sin conexión. Quien recibe el video verifica que nadie lo tocó, y no depende de nosotros para hacerlo.

  • Tapar lo que no toca

    Lo que no debe salir se difumina, se pixela o se tapa en negro antes de entregar, y queda horneado en el video: no es una capa que alguien pueda sacar después. Si el tapado falla, la exportación se aborta; nunca sale el original creyendo que iba tapado.

  • Quién vio qué

    Cada visualización, cada salto, cada captura, cada descarga y cada exportación queda anotada con usuario, hora y qué tramo de video se miró. Y ese registro no caduca con el video que describe.

  • Cuatro ángulos a la vez

    Cuatro ventanas abiertas no reconstruyen nada. Lo que sirve es ver las cuatro cámaras moviéndose juntas bajo un mismo mando: el mosaico entero se lleva a la misma hora, y el sistema dice cuántas cámaras no tienen grabación en ese instante.

  • Si una máquina cae

    Tantos servidores y tantas sedes como haga falta se reparten la grabación, y cada fragmento queda sellado con quién lo grabó y quién lo sirve. Si un nodo cae, no arrastra a los demás; y cuando vuelve la red, los archivos que quedaron sueltos se vuelven a indexar solos.

  • Cuando el plazo no cabe

    Los días que usted configuró y los días que hay de verdad en disco no siempre son los mismos, y el sistema los compara. Si el disco se llena antes de que venza el plazo, sale en pantalla en lugar de quedarse callado y seguir borrando.

  • Tapar también al mirar

    Hay zonas de la imagen que quedan tapadas en negro para todo el mundo, no solo al exportar. Para destaparlas un rato hace falta motivo escrito, tiempo limitado y, si la organización lo pide, el visto bueno de una segunda persona.

El día que hace falta

Del aviso al archivo que aguanta delante de un tercero

Video no falta nunca; lo que sobra es video. Alguien cuenta de memoria lo que pasó —«una camioneta blanca, por la tarde, creo que el martes»— y ahí arranca el día perdido arrastrando una barra de tiempo. IRIS cambia la pregunta: en vez de mirar horas, se filtra. Y los filtros son quince, que se pueden nombrar uno por uno: fecha y hora, cámaras, tipo de objeto, color, modo de color, tolerancia de color, región de la imagen, comportamiento, duración mínima, rumbo, movimiento en una zona dibujada, parecido con un objeto marcado, texto libre sobre el propio video, la frase en lenguaje natural y la cantidad de resultados. Se combinan entre ellos, y lo que devuelven no es una caja suelta: es un objeto con todas sus apariciones agrupadas. Cuando la lista está recortada lo dice —tantos de tantos—, y jamás hace pasar una lista incompleta por completa.

Después llega la segunda pregunta, que es la que de verdad quita el sueño: ¿ese video va a seguir ahí dentro de tres meses? Cada cámara tiene su propio plazo, y la pantalla dice además los días que hay de verdad en disco, que a veces son menos que los configurados porque el disco se llena antes. Por encima del plazo hay dos protecciones: marcar una grabación concreta como prueba, y bloquear un tramo entero de una cámara entre dos horas, incluido lo que todavía no se graba dentro de ese tramo. El motivo es obligatorio y el bloqueo puede quedar sin caducidad. Cuando se abre una incidencia, el material de su ventana se bloquea solo. Y si el disco se llena y lo único antiguo que queda está bloqueado, el sistema se detiene y lo escribe con todas sus letras, en lugar de sacrificar una prueba por falta de espacio. Soltar un tramo exige un permiso reforzado y un motivo escrito, y la ficha sigue ahí: queda marcada como liberada, con quién y por qué.

Y llega el día de entregarlo. Un paquete de evidencia no es un video suelto dentro de una carpeta: lleva un manifiesto con quién lo exportó, cuándo, de qué cámara, de qué tramo y con qué referencia de expediente; una huella por cada fragmento y una huella del paquete completo; una firma digital; y un comprobador que abre cualquier navegador y funciona sin conexión. Eso último casi nadie lo tiene, y es lo que cambia la conversación: quien recibe el video verifica por su cuenta que nadie lo tocó, sin llamarnos, sin instalar nada y sin internet. La marca de agua graba la fecha y la hora reales de cada fotograma, no la del reloj de quien exporta. El paquete se puede cifrar con contraseña, y antes de entregarse se comprueba a sí mismo: si la comprobación falla, no se entrega. Está preparado para sostenerse ante un tercero; quien decide si vale es siempre ese tercero.

Hay un punto exacto donde esta página se enlaza con el resto de la web: en las nueve zonas, cada aviso guarda su video. Acá se cuenta qué pasa con ese video después. Desde el aviso se salta al instante exacto, se llevan todas las cámaras del mosaico a esa misma hora y se ve lo ocurrido desde varias perspectivas a la vez; la barra de tiempo no esconde lo que falta, y avisa de cada hueco con cuántos segundos son. Y también decimos lo que no hace: la búsqueda por parecido guarda alrededor de las dos últimas semanas y no identifica a nadie —es un parecido, y lo revisa una persona—; el reconocimiento facial solo está disponible fuera de la Unión Europea; y cuando la IA no pudo mirar bien el video, lo dice en vez de devolver una lista vacía. Todo viaja por un solo puerto, el 443, así que al área de redes no hay que pedirle un rango entero. Y funciona sin internet: los modelos son propios y viven dentro de la instalación del cliente, igual que el comprobador de los paquetes exportados.

Un suceso casi nunca cabe dentro de una sola cámara. IRIS pone el mosaico entero en el mismo instante bajo un único mando: se avanza, se retrocede y se pausa en las cuatro a la vez, con doce velocidades que incluyen el retroceso fluido y el paso a fotograma cuando toca afinar. Se salta a una fecha y una hora exactas, y el enlace a ese instante se copia y se pega en un correo: quien lo abre cae en el mismo segundo, no por ahí cerca. Y cuando ni siquiera se sabe qué se busca, un día entero se revisa como una tira de fotogramas o como una rejilla que muestra cuándo hubo personas y cuándo vehículos, hora por hora, minuto por minuto o segundo por segundo. Lo que alguien anota se queda: un marcador con su título, su nota y sus etiquetas sobrevive al video que lo originó, porque lo escribió una persona.

Dónde vive esto y cuánto dura: es la pregunta de quien alguna vez perdió video, y tiene dos respuestas. La primera, dónde. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta —países y husos horarios distintos— y se gobierna desde una vista única; cada fragmento queda sellado con el servidor que lo escribió, el que lo sirve y la zona horaria de su cámara, así que se reproduce y se busca igual desde cualquier puesto. La segunda, cuánto. El plazo lo pone el cliente, cámara por cámara, y manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite, y un valor raro jamás se interpreta como bórralo todo. Cuando el video sí se borra, se lleva consigo los once tipos de datos derivados que había generado, cada uno con su propia palanca por si conviene conservarlo, y los marcadores quedan excluidos a propósito. Nada de esto se decide en nuestra casa: el material vive dentro de la instalación del cliente y no sale a ningún tercero.

Las cifras

Contado, no estimado

  • 15filtros combinables para buscar dentro del video
  • 32permisos separados: quién ve, quién exporta y quién libera una prueba
  • 9comportamientos que se buscan dentro de la grabación
  • 443el único puerto que hay que abrir: video, búsqueda y exportación
  • 11tipos de datos derivados que se borran con el video, cada uno con su palanca
  • 12velocidades de reproducción, con el retroceso fluido incluido

Preguntas

¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?

Sí: para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre ellos. También se puede escribir la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, mostrando antes qué entendió. Y si aun así el rango sigue siendo largo, el resumen salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.

¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?

Porque no tiene que creernos: lo comprueba él. El paquete exportado incluye una huella de cada fragmento, otra del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre cualquier navegador. Ese comprobador trabaja sin conexión y no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro. Basta con que se modifique un fotograma, un byte o el manifiesto para que la comprobación falle y lo diga. Y el paquete se verifica a sí mismo antes de entregarse: si no pasa su propia comprobación, no sale.

¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?

No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no lo puede saltar. Si lo único antiguo que queda está bloqueado, el sistema se detiene, lo escribe en el registro con todas sus letras y avisa, en lugar de sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede realizar, no se borra, porque nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar. Y la pantalla dice además cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de caducidad.

¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?

Lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por antigüedad. Ahora bien, el techo real no es el programa: es el disco. Por eso la pantalla no muestra solo el plazo configurado, sino los días que hay de verdad grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llena antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es sumar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive dentro de la instalación del cliente.

¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?

No puede, y encima queda escrito que lo intentó. El material bloqueado está fuera del borrado automático, y para borrar a mano hacen falta dos cosas: un permiso propio y tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo es más duro todavía: exige el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito. La ficha del bloqueo sigue ahí, marcada como liberada, con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación entran al registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de forma que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.

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La interfaz real, paso a paso

Usted pone la regla una vez. IRIS la aplica siempre.

Va a ver un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.

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  2. Usted abre el aviso
  3. Confirma o descarta
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Y lo mejor

Grabar ya lo hace.Lo difícil siempre fue mirarlo.

Hay años de video ahí guardados que solo se abren cuando ya ocurrió algo. IRIS entiende esas mismas imágenes a medida que entran, así que la respuesta deja de vivir únicamente en el archivo.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Contestamos el mismo día hábil.