Todo lo que preguntan
Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.
Están agrupadas por dónde nacen: primero lo que hay que entender antes que nada, después cada parte del producto y al final cada sector. Ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que va a ver en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.
297 preguntas contestadas
Antes que nada
Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hay que cambiar las cámaras, si trabaja sin internet y quién decide.
Inicio
Ir a la página¿IRIS puede trabajar sin internet?
Sí. Se puede desplegar completamente en sitio y trabajar con la instalación desconectada de internet. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas corren dentro de la infraestructura del cliente.
¿Tengo que cambiar mis cámaras?
No necesariamente. IRIS está diseñado para aprovechar la infraestructura de video existente cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten.
¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define su organización. Lo que hace IRIS es aplicarlos una y otra vez sin cansarse, y subirle a las personas las situaciones que piden criterio humano.
¿Qué es un NVMS?
NVMS quiere decir Neural Video Management System. Es un sistema de gestión de video que, además de guardar, entiende qué está ocurriendo en la escena: objetos, zonas, tiempos y contexto. Con eso aplica las reglas de la organización y convierte el video en métricas y en evidencia.
¿Cuánto demora en estar funcionando?
No damos un plazo genérico, porque depende de la instalación y de cuántas cámaras entren. Lo que sí recomendamos siempre: arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar con su equipo delante que detecta lo que se espera, y crecer desde ahí.
¿IRIS reemplaza a mi VMS actual?
Depende de la instalación. IRIS puede trabajar como sistema completo de gestión de video o convivir con el que usted ya tiene, y eso se decide después de mirar su red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirle qué se puede hacer hoy y qué no, en lugar de prometer que encaja con todo.
¿Cuánto cuesta IRIS?
De tres cosas: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones quiere en cada una y dónde se procesa el video. No publicamos tarifa cerrada porque no sería honesta: doce cámaras y seiscientas no son el mismo proyecto. Cuéntenos su caso y le damos una cifra, no un rango.
¿IRIS reduce las falsas alarmas?
Sí, y es de las razones por las que se instala. La detección de movimiento de siempre salta con la lluvia, con una rama y con un gato. IRIS mira la escena y distingue qué hay, dónde está y desde cuándo, antes de avisar. Lo que no le vamos a prometer es que nunca más salga un aviso de más, porque eso no existe: lo que prometemos es que el ruido deje de llegar al operador, y que cuando llegue un aviso valga la pena abrirlo.
Qué es IRIS
Ir a la página¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define su organización; lo de IRIS es aplicarlos, una y otra vez, sobre todas las cámaras. Y lo que pide criterio humano le llega a una persona con el video, el contexto y el histórico delante, para que decida con todo a la vista.
¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?
No necesariamente. El diseño parte de aprovechar la infraestructura de video que ya existe, cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten. Lo que sí hay es una evaluación previa, cámara por cámara: cuáles sirven tal como están, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que pide la detección que usted busca.
¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?
La diferencia está en lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó su organización y ejecuta lo que debe ocurrir a continuación. Detectar es el principio, no el final.
¿Detectar y entender son lo mismo?
No, y es de las confusiones más comunes. Mirar son en realidad tres trabajos distintos. Uno ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está. Es rápido y devuelve siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es el único con el que se puede contar y que una cifra salga igual dos veces. Otro NOMBRA: separa una camioneta de un auto, un casco de una gorra. Trabaja contra una lista, y lo que no figura en la lista no existe para él. El tercero ENTIENDE: lee la escena completa y cómo se relacionan las cosas —no «una persona» y «un carro», sino «una persona en el piso junto a un carro parado en medio del cruce»—; no necesita lista y contesta a una frase escrita con sus palabras, pero no es con el que se cuenta. Los tres vienen de serie en IRIS, y no como extras aparte, porque en la misma cámara suelen hacer falta al mismo tiempo. De ahí sale la frase: preguntar sirve para buscar, contar sirve para medir, y no se hacen igual.
¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?
Sí. Una pieza que solo se fabrica acá, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo aparece con este material: nada de eso está en ninguna lista, y no va a estarlo. Se entrena un modelo propio con imágenes de sus cámaras y con sus casos, y pasa a ser una detección más dentro de IRIS: se escribe en una regla igual que las demás. Y ese modelo es suyo: se entrena con sus imágenes y con el criterio de su gente, así que queda en su propiedad. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a su competencia y no depende de que usted siga siendo cliente para poder usarlo. Lo que hace falta para entrenarlo: imágenes de eso pasando —de verdad, no montadas— y alguien de su equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Si eso que usted quiere detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.
NVMS
Ir a la página¿IRIS es un VMS?
Hace lo que hace un VMS —recibir cámaras, grabar, reproducir, exportar—, pero la propuesta no termina ahí. Entiende qué ocurre en la imagen, aplica las reglas que puso la organización, convierte el video en métricas y deja investigar sin sentarse a revisar horas de grabación.
¿Tengo que reemplazar el VMS que ya tengo?
No necesariamente. Hay proyectos donde IRIS entra como plataforma completa y otros donde convive con la infraestructura de video que ya está, aprovechando los flujos y las integraciones disponibles. Lo sensato es mirarlo caso por caso: qué cámaras hay, qué grabación existe y qué sistemas se pueden reutilizar.
¿Qué significa exactamente NVMS?
Neural Video Management System. Es decir: un sistema de gestión de video que, además de gestionarlo, entiende lo que ocurre dentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS está en dónde pone el centro. El VMS gira alrededor de la pantalla y del operador; el NVMS gira alrededor de la decisión.
¿Hacen desarrollos a medida?
Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja su equipo, un reporte con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en su operación. Eso se hace. Lo que no le vamos a decir es que todo entra en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.
¿Se integra con lo que ya tengo?
Sí, y es lo normal: casi nadie empieza de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja su equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que su sistema ya sabe. Lo que no le vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de usted. Se comprueba al principio, con su sistema delante, y si algo no va a poder ser se dice entonces.
Lenguaje natural
Ir a la página¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?
No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.
¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?
No. Por posición, por calidad de imagen o por iluminación, hay cosas que una cámara concreta no va a resolver; y hay detalles demasiado chicos o demasiado lejos que ningún encuadre alcanza. Eso no se discute en una reunión: se prueba. Se corre la descripción contra el video real de esa cámara y se mira el resultado antes de contar con ella.
¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?
Sí, y no solo hacia adelante. Además de dejar reglas puestas para el futuro, usted puede describir algo que ya ocurrió —«camioneta blanca parada más de diez minutos en el muelle 4»— y recibir los candidatos, cada uno con su cámara, su hora y su imagen. Deje de buscar el minuto; busque lo que pasó.
¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?
Nada. Acá no hay contador de frases, ni de búsquedas, ni de pruebas. Escriba la regla, córrala contra el video de esa cámara, cámbiela, vuelva a correrla: una prueba y un millón cuestan igual. Y es deliberado, porque una frase se afina probándola. Un sistema que cobra por intento produce reglas escritas a la primera y mal escritas.
Procesamiento
Ir a la página¿IRIS puede trabajar sin conexión a internet?
Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la necesita para trabajar. Los servidores están en su edificio, el video entra por su red y los modelos corren en su hardware sin consultarle nada a ningún servicio de afuera. Usted puede desenchufar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.
¿Dónde reside el video y quién puede acceder a él?
El video reside donde usted decida, y entra solo quien usted autorice. En la modalidad local vive en los discos de su edificio y no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, y el contrato fija quién puede entrar, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. En las dos modalidades las comunicaciones van cifradas y los accesos quedan registrados.
¿Puedo empezar con una modalidad y pasarme a la otra más adelante?
Sí, usted puede empezar con una modalidad y pasarse a la otra más adelante. Es el mismo sistema en los dos sitios: lo que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que ya dibujó sobre sus cámaras, ni la forma de trabajar de sus operadores. Tampoco tiene que moverse toda la organización a la vez: cada sede puede tener su modalidad y todas se ven desde el mismo lugar. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se conversa antes de firmar, no después.
¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?
Si se cae el enlace, el análisis en nuestro centro de datos se detiene hasta que la línea vuelva. Lo decimos claro porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato usted no va a recibir avisos. Sus cámaras siguen grabando donde lo hagan hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —un centro de control, una PTAR, un establecimiento penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.
¿Me cuesta más mientras más lo use?
No. IRIS no se factura por uso: no hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas. Una consulta y un millón de consultas cuestan lo mismo. Es a propósito, porque un sistema que cobra por pregunta termina usándose poco: el operador se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda parada. Lo que sí cambia el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se conversa antes de firmar, no después.
El mundo
Ir a la página¿IRIS solo sirve para seguridad?
No. También sirve para medir la operación: aforos, tiempos de espera, ocupación de zonas, colas y flujos de personas o de vehículos. En muchas instalaciones ese termina siendo el uso más frecuente, porque no todo lo importante es una alarma; a veces lo importante es un número. Eso no se pide hablando: se dibuja una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. Y el conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología a través de NeuralPax, instituto nacional de metrología de España: lo homologado es esa medida, contar personas, y nada más.
¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?
No: la plataforma es la misma en todos los entornos. Lo que cambia es la configuración —qué objetos importan, qué zonas se vigilan, qué reglas se aplican—. Así, una organización con entornos que no se parecen en nada trabaja igual con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo capacitado.
¿Funciona en sitios remotos, sin personal ni conexión?
Sí, con dos condiciones: que la cámara tenga alimentación y que exista una vía para llegar al servidor de IRIS. Como el análisis corre adentro de la propia instalación, en un perímetro remoto o en una red cerrada la escena se sigue entendiendo aunque no haya conexión a internet.
Por lo que hace
Una por cada parte del producto: el vivo, la búsqueda, las placas, las incidencias, los mapas, la automatización y las demás.
Vivo y video wall
Ir a la página¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?
No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y el operador maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado en la pared de afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y vuelve igual mañana, y que el muro de la sala se gobierna desde el escritorio.
¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?
Sesenta y cuatro celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o acomodo libre a mano. Cosa distinta es cuántas de esas celdas dan video en vivo a la vez: eso tiene su propio tope, configurable por servidor, para no ahogar ni el puesto del operador ni la red. Y las celdas que quedan fuera de ese tope no se van a negro: pasan a imagen fija que se refresca, y la propia celda aclara que es una decisión del sistema y no una falla.
¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?
Cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona, y encima ver, mover y configurar son tres permisos distintos. Las zonas tapadas por privacidad no se destapan desde una vista: hace falta un motivo escrito, una duración limitada y, si la organización lo exige, un supervisor que lo autorice. ¿Y queda constancia? Sí, de las cuatro cosas: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada acceso a un muro publicado quedan con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía.
Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una falla o una decisión?
Porque la celda lo dice. IRIS separa tres motivos y les pone nombre: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —decisión del sistema, no falla—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Un operador puede exigir además que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque usted no tiene acceso a esa cámara, también lo dice: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible dentro de una sala.
¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?
Una pantalla con navegador —televisor, monitor o cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. Ahí se acaba el equipamiento. En esa pantalla no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. Abre el enlace publicado sin escribir contraseña, y ese enlace lleva su PIN, su caducidad y su lista de direcciones permitidas. Lo que sí hace falta no lo vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Esa parte le toca a la sala, y todo lo demás existe para que haya que hacerla una sola vez.
Detección y comportamientos
Ir a la página¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Son 41 comportamientos listos, sobre un catálogo de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias. La lista: intrusión, cruce de línea, permanencia, merodeo, objeto abandonado o retirado, aforo, colas, aglomeración con densidad, espacio ocupado, sentido contrario, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. ¿Y si su caso no es ninguno de esos ni de los demás? Entonces entra el filtro fino: compara cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase—, con ocho comparadores y condiciones agrupadas con «y» y con «o».
¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?
Para arrancar, no. De fábrica, cada clase del catálogo trae su altura media real —1.70 metros una persona, 1.50 un carro— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. La medida real sobre el piso llega con cuatro puntos: se marcan en la imagen, se dice cuánto miden de verdad, y a partir de ahí distancias, recorridos y velocidades están en metros. Lo importante es que las dos nunca se confunden: la estimada se etiqueta como estimada, porque se queda corta, y una regla puede exigir que solo cuente la medida.
¿Y si me llena el turno de avisos en falso?
Es lo primero que se ataja, y hay cinco maneras de hacerlo. Marcar áreas donde no se detecta nada —una pista al fondo, un afiche con fotos de personas—. Exigir que el objeto lleve ya un rato siendo seguido antes de que la regla actúe. Poner un doble umbral, para que el aviso no parpadee en el borde de una zona. Limitar el comportamiento a un horario. Y sumarle tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Nada de eso se publica a ciegas: antes se ve en la imagen en vivo lo que la regla produce de verdad, con los objetos descartados y el motivo del descarte.
¿Y de noche, o con mala luz?
Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no se ejecutan a ciegas. Además hay un puntaje de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar la óptica, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo nocturno. Y el límite, dicho por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que la camioneta era blanca. Los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche sigue significando lo mismo en junio y en diciembre.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
La identidad se aguanta unos segundos, y cuando ya no se puede, se dice. Cuando algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, un toldo— el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto conserva además un pequeño historial de sus clases, así que un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite, dicho por delante: si la ocultación se alarga más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa distinta, y sigue sin saber quién es.
Grabación y forense
Ir a la página¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Sí: para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre ellos. También se puede escribir la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, mostrando antes qué entendió. Y si aun así el rango sigue siendo largo, el resumen salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
Porque no tiene que creernos: lo comprueba él. El paquete exportado incluye una huella de cada fragmento, otra del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre cualquier navegador. Ese comprobador trabaja sin conexión y no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro. Basta con que se modifique un fotograma, un byte o el manifiesto para que la comprobación falle y lo diga. Y el paquete se verifica a sí mismo antes de entregarse: si no pasa su propia comprobación, no sale.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no lo puede saltar. Si lo único antiguo que queda está bloqueado, el sistema se detiene, lo escribe en el registro con todas sus letras y avisa, en lugar de sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede realizar, no se borra, porque nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar. Y la pantalla dice además cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de caducidad.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
Lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por antigüedad. Ahora bien, el techo real no es el programa: es el disco. Por eso la pantalla no muestra solo el plazo configurado, sino los días que hay de verdad grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llena antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es sumar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive dentro de la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
No puede, y encima queda escrito que lo intentó. El material bloqueado está fuera del borrado automático, y para borrar a mano hacen falta dos cosas: un permiso propio y tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo es más duro todavía: exige el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito. La ficha del bloqueo sigue ahí, marcada como liberada, con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación entran al registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de forma que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.
Búsqueda por apariencia
Ir a la página¿IRIS reconoce rostros?
Sí lo incluye, y viene apagado. En la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley lo permite, encenderlo pasa por nueve advertencias legales de lectura obligatoria y por declarar tres cosas a mano: base jurídica, finalidad y plazo de conservación. Sin esos tres datos no funciona, y si se retiran, se detiene al momento sin reiniciar nada. No viene puesto de fábrica ni lo decidimos nosotros: lo decide cada instalación, y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las zonas que esta web enseña IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras la función no está encendida. Y conviene decir lo otro: casi ninguna búsqueda real la necesita, porque se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.
¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?
Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto IRIS guarda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona— y con eso vuelve a encontrarlo en otra cámara y otro día sin ponerle nombre a nadie. Cuando propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y nunca como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión humana. Confirmar o descartar cada propuesta es de una persona, y su decisión queda guardada con nombre y hora.
¿Quién puede buscar y qué queda registrado?
Buscar no lo puede hacer cualquiera: hace falta el permiso de ver grabaciones, y encima cada usuario solo alcanza los objetos de las cámaras que puede ver. Una cámara sin permiso no rompe nada; simplemente no aporta resultados, y la pantalla lo dice en vez de callarlo. De cada búsqueda queda escrito autor, hora, cámaras y criterios. Las zonas sensibles se tapan con máscaras de privacidad, y destaparlas pide un motivo y, si la organización lo exige, el visto bueno de un segundo supervisor. El tiempo de conservación se fija por separado para cada tipo de dato. Y todo esto pasa dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y funcionan sin internet, así que ni una imagen sale a un tercero. Todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el firewall.
¿Y si la persona se cambia de ropa?
Se rompe el rastro por apariencia, y preferimos decirlo antes de que lo descubra usted solo. La huella se arma con el color, la forma y la complexión; cambiada la ropa, cambia la huella, y de ahí en adelante IRIS ya no propone a esa persona en las cámaras siguientes. Lo que nunca hace es tapar el hueco con una coincidencia inventada: informa que nadie llegó al umbral, y con qué umbral se midió. Lo que sí sobrevive es todo lo anterior al cambio: dónde se le vio por última vez y a qué hora, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo, si lo hubo. Y esa es la razón de fondo de que el recorrido se arme con avistamientos que una persona confirma, y no con una cadena automática que nadie miró.
¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?
Ese plazo no lo traemos puesto: lo pone cada instalación, y lo pone cuatro veces, porque personas, vehículos, rostros y placas se configuran por separado. El rango va de cero a 3,650 días, y el cero es la trampa: no borra, guarda para siempre. Por eso la pantalla lo pinta en rojo, para que nadie lo elija de pasada. Quien borra de verdad es un barrido nocturno; si ese barrido no está armado, la pantalla lo dice en lugar de dejarle creer que el plazo se cumple solo. Ahí mismo se ve cuántas huellas vivas hay de cada modalidad y cuántas ya pasaron su fecha. Para consultarlas hace falta el permiso de ver grabaciones, y solo llegan las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la retención tiene su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan con nombre y hora.
Placas y accesos
Ir a la páginaEn su web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?
Las dos cosas son ciertas, y lo que las separa es la cámara. La lectura de placas se enciende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se enciende —el patio de un colegio, un módulo de un penal, el cerco de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un estacionamiento, la puerta de un patio de camiones— se enciende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la enciende, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la pregunta «¿dónde se leen placas en esta instalación?» siempre tiene respuesta, y siempre es una lista corta y comprobable. Y encenderla no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se enciende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es, con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.
¿Sabe IRIS de quién es el carro?
No. IRIS lee el número de la placa y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí termina. Detrás no hay ningún registro de titulares: no consulta ninguna base de datos oficial, no sabe el nombre del propietario y no lo puede averiguar. Marca y modelo tampoco los lee. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en lugar de llenar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la puso en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.
¿IRIS abre la barrera él solo?
IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está dentro. Lo que mueve físicamente la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso a paso, y que se puede probar antes de que ocurra nada real: «¿qué harías con esta placa, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla responde por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo, y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a mitad, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en lugar de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.
¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?
Con barro, con un ángulo malo o con poca luz suele alcanzar de sobra: un paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga bien. Cuando la placa sencillamente no es legible, no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna. Lo que hace es anotar el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se están perdiendo en esa cámara. Y si se pierde una de cada tres, el software no lo va a arreglar: lo arregla mover el poste, corregir el ángulo o poner luz, y eso se dice antes de vender, no después. En un control de accesos, una placa que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Cuidado con confundir dos cosas distintas: notar que un vehículo circula sin placa legible no exige leer nada, y eso sí ocurre en cámaras donde la lectura está apagada.
¿Y si se equivoca leyendo un carácter?
Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas encendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriendo la barrera al carro de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto ya se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está dentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo carro, y la pantalla lo marca como tal.
Incidencias y sala de control
Ir a la página¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si al vencer el primero nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es asignársela, validarla, cerrarla o comentarla; eso detiene la subida, aunque no resuelva el caso. Si un turno se quedó sin nadie, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca termina en silencio.
¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?
Hay tres frenos, y funcionan juntos. Las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una sola fila con su contador, sin borrar ninguna: el detalle queda guardado y el número siempre cuadra. La cola se filtra por 27 criterios combinables, y la vista que arma cada operador se guarda y se comparte con el equipo. Y hay un panel que mide cuántos avisos le llegan a cada persona por hora, y señala qué cámara y qué regla los están produciendo, para poder afinarlas en vez de apagarlas. Además, quién silenció qué queda registrado.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Sí, y esa es la parte que se defiende sola. De cada incidencia queda su cronología entera —quién la abrió, quién la miró, qué cambió, qué escribió y cuándo la cerró— en un registro que solo admite añadir, encadenado criptográficamente y verificable cuando haga falta: si algo se hubiera tocado, señala el apunte exacto donde se rompe la cadena. El expediente se descarga como paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y hay un detalle que dice mucho: lo que ya existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en lugar de hacerlo pasar por verificado.
¿Y si el que falla es el propio escalado?
Peor que no tener escalado es tener uno que falla callado, así que este se mide y se muestra. Hay un panel que dice en qué estado está —corriendo, corriendo pero con avisos que no llegan, o detenido— y da el motivo en castellano llano: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar. Avisa además de dos cosas que nadie mira hasta que ya es tarde: que no queda ningún canal activo por donde salir, y cuántas personas del equipo no tienen forma de recibir un aviso. De las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Y hay una decisión de diseño que conviene contar: recién instalado arranca desarmado a propósito, solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor. Un despliegue no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos operadores toman la misma incidencia a la vez?
Se ven entre ellos. La ficha dice, con nombres, quién más la está mirando en ese momento; y si usted está solo, también lo dice. Asignársela es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que detiene el escalado, aunque todavía no resuelva nada. Los estados no se saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no corresponde, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar la misma incidencia en dos lugares distintos. Y todo lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién la abrió, quién la miró, quién la cambió y qué escribió cada una.
Reglas y automatizaciones
Ir a la página¿Hay que saber programar para armar una automatización?
No. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra. Si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión al momento y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya andando. Y si ni siquiera quiere dibujar, hay 23 recetas ya hechas: elige una, llena cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y queda funcionando el primer día. Para el operador de sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin lienzo ninguno.
¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?
Cuatro frenos, y están puestos justo para eso. El primero es el simulador: antes de publicar lanza el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ni un aviso. El segundo es el modo silenciado: ya publicado, el flujo corre y calcula pero no ejecuta ninguna acción, de modo que se valida durante días sin molestar a nadie. El tercero es la pausa: una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, con reactivación sola. Y el cuarto no lo pide nadie y está igual: un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.
¿La misma regla vale para muchas cámaras a la vez?
Sí, y sin duplicar el flujo. Un automatismo se define una vez y se aplica donde haga falta: a una cámara, a un grupo, a un servidor entero o a la instalación completa. Las exclusiones se escriben con su motivo, así que «todas las cámaras del servidor menos los vestidores y la sala de servidores» es una sola declaración y no una lista que alguien tenga que mantener a mano. Cada lugar puede llevar sus propios umbrales y su propio horario. Y una misma cámara admite varias configuraciones conviviendo: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que está funcionando.
¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?
Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la falla se ubica sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo ya hecho: si la incidencia se creó antes de la falla, la incidencia está creada. Lo que sí prometemos es que usted sabe hasta dónde llegó y por qué se detuvo ahí.
¿Quién puede tocar una automatización que ya está andando?
Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que un operador puede abrir el flujo, entenderlo entero y no poder cambiar nada. Por encima de eso, un administrador decide qué bloques puede usar cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen funcionando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se retira en un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador muestra sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que soltar el enganche.
Chat e inteligencia artificial
Ir a la página¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?
No. La inteligencia artificial que contesta es propia y se ejecuta en el servidor de su instalación, igual que la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Ni una imagen, ni un fotograma, ni una frase de la conversación viajan a un proveedor externo, porque en ningún punto del recorrido hay una llamada a un tercero. Funciona con el cable de internet desconectado, y eso es un requisito de diseño, no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
En que este llega a los mandos. La diferencia se mide en herramientas: son 95, conectadas al sistema, y el asistente las usa para ir a buscar la respuesta en vez de improvisarla. Mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, dibuja el mapa, arma el informe. Y si quien pregunta tiene permiso, deja de solo contestar: crea o cierra una incidencia, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda con su autor anotado, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de moverse.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
No, y conviene entender la frontera. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual. Describir una situación o dar con algo se hace hablando, y ahí el asistente rinde. Pero medir exige saber por dónde pasa exactamente la línea y en qué sentido la cruza cada quien: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número sale repetible y se puede auditar un año después.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que se le pide, lo dice en vez de mostrar otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin llenar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No, y no hace falta que nos crea: es cómo está construido. Lo que el asistente ve son únicamente las herramientas que la persona que pregunta tiene derecho a usar, así que el mismo chat ofrece capacidades distintas a un operador y a un administrador. Sobre el chat en sí mandan diez permisos: usarlo, compartir una conversación, crear hilos compartidos, moderarlos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas. Y encima cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos van marcadas como tales y no corren sin ese permiso; publicar una automatización pide confirmación explícita. De todo queda registro: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto demoró y si salió bien o mal, y también los intentos denegados. Las conversaciones nacen privadas, y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
No. No hay contador: ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Puede tener una conversación de dos frases o pasarse el turno entero preguntando, y cuesta lo mismo. Lo decimos porque cambia cómo se usa: cuando cada mensaje lleva precio, el operador se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina tirando del sistema viejo. Acá no hay nada que racionar.
Mapas, planos y territorio
Ir a la página¿De verdad funciona sin conexión a internet?
Sí, y se nota en pantalla. Los datos de cartografía se instalan en el servidor del cliente, país por país, y ahí se quedan; contra ellos se resuelven las tres cosas: dibujar el mapa, buscar una dirección y traducir una coordenada en un domicilio. La interfaz lo declara —«mapa local, sin internet»— para que el operador sepa con qué está trabajando. Como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está vigilando.
¿Se pueden usar los planos que ya existen del edificio?
Sí, y en cuatro formatos: PDF, TIFF, JPG y PNG. El asistente pide marcar con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y de un proyecto de veinte pisos salen veinte planos independientes en una sola pasada. Las carpetas las arma cada instalación como le sirva —país, sede, edificio, piso, lo que sea—, y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca coincide con el día en que alguien lo subió.
¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?
No, y vale más decirlo antes de la demostración que durante. Lo que IRIS dibuja como mapa de calor va sobre la imagen de la cámara, no sobre la cartografía. La densidad sobre el terreno hoy se obtiene agregando —por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición—, no como una capa continua encima del mapa. Es un hueco real, y se declara acá porque cualquier integrador lo comprueba en cinco minutos.
¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?
Ocupa lo que ocupen los países que se instalen, porque se instalan y se quitan de a uno: el mundo entero no se instala nunca, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. En la pantalla de administración cada país muestra su tamaño en el almacén y su fecha de instalación, así que el dimensionamiento no es una estimación de folleto: es una cifra que se ve antes y después. La actualización es una carga de datos que lanza el administrador, con una cola de trabajos que dice el tipo, el estado, el avance, el paso actual y el error si algo falla. No hay goteo automático desde internet, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con qué edición se está trabajando.
¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?
Pasa todo el tiempo, y no bloquea nada. El plano de interior no depende del mapa de calles: se sube el plano del proyecto, se ancla con un clic y el edificio ya existe en el sistema aunque no exista en ninguna cartografía. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes posibles: tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual. Esa última etiqueta existe justo para que el sistema lo diga en lugar de callarse. La búsqueda inversa sigue contestando aunque el número no exista: entrega el más cercano que sí existe, con su distancia en metros. Y cuando el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato en lugar de inventarse una altitud.
Videoconferencia y colaboración
Ir a la página¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
No. La sala vive adentro de IRIS y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa. No hay nada que instalar ni que contratar aparte, y tampoco hay que sacar el video de la instalación para poder conversar sobre él: la cámara entra adentro de la llamada, en vivo, y todos ven lo mismo mientras hablan.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Sí. El anfitrión genera un enlace con código QR que se escanea con el celular. Ese enlace vence, tiene un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar. Y cada uso queda registrado.
¿Funciona en una instalación sin internet?
Sí. La conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras viajan por el puerto 443 dentro de la red del propio cliente. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace la reunión igual que cualquier otra sede.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si prender la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí, una sola vez, y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso aparece en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de fuera de la organización?
Entra con un enlace y sin cuenta. El anfitrión decide tres cosas sobre ese enlace. Cómo se protege: abierto para cualquiera que lo tenga, restringido a quien tenga sesión en el sistema, o con PIN. Cuánto vive: unas horas, hasta una fecha concreta, o sin límite, y con un tope de usos. Y qué puede hacer quien lo abra. El idioma también viaja en el enlace, así que un contratista o un perito lo abre en el suyo sin configurar nada. Y se anula al instante apenas deja de hacer falta.
Plataforma, escala e integración
Ir a la página¿Cuántos puertos hay que abrir en el firewall?
Uno solo: el 443. Por ahí van, cifradas, la interfaz, el video en vivo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación. Puertos de escucha hay catorce en total, pero los trece restantes solo se alcanzan desde la propia máquina y nunca cruzan la red. Traducido al trabajo del área de redes: trece excepciones que no hay que abrir, ni justificar, ni mantener, y una sola comprobación el día que algo va mal.
¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?
La sede sigue funcionando. Cada local capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.
¿Hasta dónde escala de verdad?
La cifra declarada son más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, pero lo comprobable no es la cifra: son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto —tres se resuelven sumando máquinas, cinco son muro—. Un ejemplo del primer grupo: sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras salen setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. Y ese cálculo no se hace de memoria: la calculadora que viene adentro del producto lo hace con doce preguntas, dice qué recurso se agota antes y declara inviable un dimensionamiento que cruce un tope que no se reparte.
Se nos quedó corta la instalación. ¿Qué hay que sumar y qué hay que rehacer?
Se suma una máquina, y no hay nada que rehacer. Desde la interfaz central se genera un código de registro; se instala el servicio en la máquina nueva, se le pasa ese código y ella se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras: mientras no declare al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en lugar de dejarlo callado. El reparto se ajusta solo y solo mueve las cámaras que cambian de máquina; la instalación entera no se rebaraja. Lo único que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento, y únicamente si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten. Eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.
¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?
Máquina por máquina, y nunca como apagón general. Cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, así que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla y no se descubre el día que algo falla. Mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Tampoco hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, de modo que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Y si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo ponen el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.
Administración y auditoría
Ir a la página¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?
No, y ningún programa puede estarlo por usted: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con sus procesos, su personal y sus instalaciones. Lo que hace IRIS es venir diseñado para ayudar a cumplir esos marcos con el trabajo ya hecho: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad de nivel alto —el marco de seguridad de la Administración pública española— y los 93 del anexo A de ISO 27001, que es internacional, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, cruzados entre sí para no hacer dos veces la misma tarea. Lo decimos así en lugar de mostrar un sello: en la primera auditoría se nota la diferencia. La única homologación de un tercero que sí tenemos es la del conteo de personas, otorgada por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, y por eso mismo es una homologación española que no equivale a una homologación peruana.
¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?
No. Al registro de auditoría solo se le puede agregar, y esa regla no la impone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Además, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha ocurrió.
¿Se puede dar acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo unos días?
Sí, y es el caso más común. Se concede por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella, o sin ello— o por caso de investigación, y siempre con fecha de vencimiento; la pantalla avisa sola de lo que vence en los próximos siete días. Encima de eso se le pone una franja horaria: fuera de ella, la persona ve un mensaje explícito y no entra. Revocar exige motivo, y la concesión guarda las cinco cosas: quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la quitó y por qué. Así un acceso temporal se cierra de verdad, en vez de quedar abierto para siempre porque nadie se acordó.
¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?
Se desactiva la cuenta, y es reversible por si vuelve. Sus sesiones abiertas se revocan al momento: las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que nadie se queda adentro hasta que expire alguna ficha. Las concesiones que tuviera sobre sedes o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas se cortan y guardan quién las quitó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo, y la anonimización reemplaza el dato personal dentro de los asientos dejando la cadena intacta y contando cuántos se anonimizaron: el registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.
¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?
Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena completa y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o informe—, que lleva la firma adentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin fiarse de nosotros ni de usted. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.
Por dónde trabaja usted
Las mismas dudas cambian de forma según el sitio: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un terminal portuario. Acá están por entorno.
La ciudad
Ir a la página¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?
No. IRIS toma la señal de las cámaras IP que ya están en la calle y la analiza: no cambia el sensor, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre y la calidad sirven para lo que usted quiere detectar en ese punto, y se le dice con claridad cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?
Todas las que tenga su instalación, incluidas las miles de una ciudad entera. Esta demostración muestra veintitrés porque veintitrés entran en una pantalla, no porque sea un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás, no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.
¿El video sale de mi instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elija usted, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿IRIS identifica a las personas o reconoce rostros?
No. IRIS no identifica a las personas ni reconoce rostros. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un carro estacionado encima de la vereda, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor. No le pone nombre a nadie ni compara caras con ninguna base de datos. El conteo por franjas horarias es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más.
¿Cómo evito que el centro de monitoreo termine ignorando los avisos por las falsas alarmas?
Empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario nunca instaló ninguno. La respuesta no es un ajuste de fábrica: es sentarse con sus operadores, calle por calle, durante las primeras semanas. Una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí, y esos tres valores se mueven hasta que lo que llega a la pantalla es lo que su equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado.
¿Cuánto demora en estar funcionando en la calle?
Depende del tamaño de la instalación, y no le vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino demora más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quiere detectar en cada una.
¿IRIS reemplaza a mi centro de monitoreo o a los vigilantes que tengo?
No. Cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, muestra lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.
¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?
Sí. Convive con él en lugar de reemplazarlo. IRIS es un NVMS, es decir, la capa que hoy le falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar sus reglas. Usted puede seguir grabando y gestionando el video donde lo hace ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiéndole de antemano que encajamos con todo.
¿Puedo poner esto en la vía pública sin problemas de protección de datos?
Puede, con una advertencia: el cumplimiento no sale solo del software. Sale también de cómo lo despliegue usted y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización y no nosotros. Lo que sí está de nuestro lado es que el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde— y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor, lo firma un auditor, y nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?
De tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única que sirva para todos, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de una ciudad entera. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
La carretera
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?
Sí, con las que ya están puestas en la vía. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos y postes y la analiza tal como llega: no cambia el equipo del poste, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que usted quiere detectar en ese tramo —no es lo mismo una berma a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Reemplazar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Funciona de noche y con lluvia?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: la lluvia fuerte, la neblina cerrada y el deslumbramiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, el centro de control se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar a alguien. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan los faros; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.
¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?
Avisa apenas se cumple la regla que usted definió, sin que nadie tenga que llamar. Ese es el cambio de verdad: hoy el reloj empieza cuando un conductor marca la línea de emergencia o cuando alguien del centro de control pasa por casualidad por esa cámara. Con IRIS empieza cuando la escena ocurre delante del lente. No le vamos a dar un número de segundos, porque depende de su red, de sus cámaras y del hardware que se ponga detrás; lo que sí le decimos es que enterarse deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.
¿Puede reemplazar a los aforadores que ponemos unos días al año?
No reemplaza a un aforo homologado, pero cuenta lo que un aforo de unos días no puede contar: todos los días, a toda hora y en cada cámara. Un aforo puntual le da la foto de una semana; una cámara con IRIS le da el año entero, con el tipo de vehículo separado —ligero, pesado, bus, motocicleta— y sin cortar un carril para instalar nada. Si necesita una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no le vamos a decir que la damos: nuestra homologación del Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, cubre el conteo de personas. Para decidir dónde toca refuerzo de pavimento o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.
¿Detecta un vehículo parado en la berma?
Sí, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un carro»: es un vehículo detenido dentro de la zona que usted marcó como berma y durante más tiempo del que haya fijado. Si además alguien baja del vehículo y camina por la berma o por la pista, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Un vehículo varado es una incidencia; un vehículo varado con una persona afuera es una emergencia, y el sistema distingue las dos.
¿IRIS comprueba que los paneles de mensaje variable funcionen?
Sí, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el panel, así que detecta que está apagado, que tiene leds quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el panel muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que envía las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los paneles y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se le dice qué encaja y qué no.
¿El video sale de nuestra instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elija, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores.
¿Identifica placas o a las personas que salen en las cámaras?
No hace ninguna de las dos cosas. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la pista, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cortado. No lee placas, no compara caras con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —ligero, pesado, bus, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.
¿Qué pasa con las falsas alarmas en una vía abierta?
Existen, y quien le diga lo contrario no puso un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, faros de frente, una bolsa que cruza un carril: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que lo que llega al centro de control es lo que el centro quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus intercambios, sus túneles y sus grifos. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
El transporte público
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?
Sí, con las que ya están puestas en la estación. IRIS toma la señal de las cámaras IP de andenes, hall, pasillos, torniquetes y accesos y la analiza tal como llega: no cambia la cámara del techo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que usted quiere detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros?
No, y no es una limitación: es cómo está hecho. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: alguien dentro de la vía, alguien en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica detenida. Ningún rostro se reconoce, ninguno se compara contra una base de datos y de nadie queda guardado quién es. Cuando cuenta gente entrega un número —cuántas personas hay en una zona, cuántas pasan por un punto— y nunca una lista. Qué se guarda, por cuánto tiempo y quién lo puede ver lo decide usted, y el sistema puede trabajar entero dentro de la estación, sin que salga una sola imagen.
¿Detecta a alguien que cae a la vía?
Sí, porque la vía es una zona dibujada sobre la imagen y una persona dentro de esa zona es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y el centro de control tiene la imagen abierta sin esperar a que un pasajero apriete el pulsador de emergencia o llame por el intercomunicador. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. En el proyecto se revisa andén por andén qué encuadre hace falta y se le dice cuál no llega.
¿Funciona con el andén lleno de gente?
Funciona, y el matiz va por delante: con el andén cargado la gente se tapa entre sí, y lo que queda tapado no se detecta. Alguien que cae al piso detrás de un grupo compacto puede quedar oculto para esa cámara. Lo que no se pierde es la ocupación, que no depende de distinguir a cada persona: saber cuánto se está llenando el andén se sigue midiendo igual de bien. Por eso acá recomendamos siempre dos encuadres del mismo andén: entre los dos, la zona ciega se reduce muchísimo.
¿Cómo se avisa y a quién?
A quien usted decida y por el canal que usted decida. Cada regla lleva su destinatario: el puesto del centro de control, el jefe de estación, el equipo de mantenimiento, el personal de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de pasajes malograda: cada aviso va a quien puede resolverlo. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, muestra y espera.
¿Puede reemplazar a los aforos que hacemos ahora?
Puede, y además hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a toda hora y en cada punto que a usted le interese. Un aforo de tres días le da la foto de tres días; una cámara con IRIS le da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda en tierra en una parada. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: es la garantía de que el aforo que usted presenta es el correcto, porque quien lo verificó es un tercero y no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿El video sale de la estación?
Depende de la modalidad que elija, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores de la estación.
¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ese es el punto de partida, y arriba está el que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegue usted y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Qué pasa con las falsas alarmas en una estación llena?
Existen, y quien le diga lo contrario no puso un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que lo que llega al centro de control es lo que el centro quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar los andenes de una estación chica que una estación entera con hall, torniquetes, espacios de embarque de buses, paradero de taxis y estacionamiento, ni cuesta lo mismo una red de veinte estaciones. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
El comercio
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes?
No, y no es un límite técnico: es una decisión. Lo que IRIS detecta son objetos, comportamientos y situaciones. Ninguna cara se compara contra ninguna base de datos, nadie queda guardado, nadie es seguido de una tienda a otra y nada se cruza con el programa de fidelización. Lo que ve es «una persona», «un carrito», «un anaquel vacío», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de una tienda nunca responde quién entró: responde cuántos, por dónde y a qué hora. Si alguna vez alguien les ofrece lo contrario, sepan que nosotros no lo hacemos.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?
Sí, con las que ya están puestas en la tienda. IRIS toma la señal de las cámaras IP del techo y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no llega a leer la góndola del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Esto sirve para prevención de pérdidas?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página hace eso, y no es porque no se nos haya ocurrido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, e IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que tienen en esta página: avisar de un espacio vacío en la góndola, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de una sala más llena de lo que puede atender el turno; y medir las colas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por la sala y qué hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que buscan es prevención de pérdidas, les va a hacer falta otra cosa, y se lo vamos a decir en la primera reunión y no en la última.
¿Cómo sé cuánta gente deja la cola y se va sin comprar?
Con una resta. Se cuenta por un lado cuánta gente entra a la zona de espera de las cajas, y por otro cuánta llega al punto de cobro; lo que falta en la segunda cifra es quien se fue antes de que le tocara. Alrededor de esa resta hay dos pistas más: cuánto se espera en promedio en esa cola y cuántos carritos quedan abandonados en un pasillo o al costado de las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Todo eso lleva su hora, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánta plata representa no se lo vamos a decir, porque no pasó por su caja y no lo sabemos. A qué hora ocurre y con cuántas cajas deja de ocurrir, sí.
¿Puede decirme si una promoción funciona?
De la promoción le puede dar la mitad que se ve desde una cámara: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta se detiene y cuánto rato se queda. La otra mitad, la venta, está en su caja, y ahí no entramos. Ahora, junte las dos y el diagnóstico cambia de golpe. Pasa mucha gente y casi nadie se detiene: el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Se detiene mucha gente y después no vende: el problema es el precio o el producto. Hoy las dos situaciones se leen igual en el reporte —vendió poco— y piden soluciones opuestas. Y sirve igual para comparar el mismo montaje en dos tiendas, o el mismo sitio en dos semanas distintas.
¿Funciona con la tienda llena?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas de a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien les diga lo contrario no lo probó un sábado por la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por la sala no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está colapsada funciona precisamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar de a una en un paso angosto y muy cargado; en ese caso se reubica el conteo en el acceso, donde la gente pasa en cola, y se deja la ocupación para la sala.
¿El video sale de la tienda?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes —en la tienda o en la central—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un servidor por tienda que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una tienda: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen ustedes y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerles sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?
Sirve para las dos cosas; lo que cambia no es el sistema, es qué hace usted con el dato. En una tienda sola le sirve para decidir su tienda: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo del local se visita o hay que dar una razón para llegar hasta ahí. En una cadena aparece algo que una tienda sola no tiene: la comparación. La misma promoción montada en cuarenta tiendas y medida igual en todas. La tienda donde la cola se dispara media hora antes que en el resto. La que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Empezar por una tienda, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas tiendas entran, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de una tienda de barrio que cubrir la sala entera de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo una tienda que cuarenta. Cuéntenos cuántas tiendas tienen, cuántas cámaras hay en cada una y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
La obra
Ir a la página¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no detecta quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar asistencia, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza al control de acceso de la obra. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder mostrarle: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?
No. IRIS no para la grúa. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al prevencionista, al señalero ni al plan de seguridad y salud de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla; escribirla bien es el trabajo del primer mes. Un sistema que suelta cien avisos al día está apagado a la semana, y lo sabemos. Por eso nadie deja escrito «avisa si alguien no lleva casco». Se escribe «avisa si alguien sin casco está dentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota zona, horario, duración y destinatario. Se arranca por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana entera de avisos con su equipo y se ajusta. La meta no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callarse en lo demás.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?
Sí, con las que ya están puestas en la obra, incluidas las que se ponen y se sacan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche a lo mejor no llega a distinguir un casco al otro lado del terreno— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y la lluvia se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz pareja. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?
No, y eso era una condición del diseño, porque una obra no se queda quieta. Se movió una cámara o cambió el frente: se vuelve a marcar la zona sobre la imagen y se sigue trabajando, sin encargarle nada a nadie ni esperar a que venga alguien. Las reglas van escritas con palabras, así que la de la fase que arranca se escribe en un rato y se prueba ese mismo día. Ahí está la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del trazo y replanteo.
¿Podemos saber cuánta gente hay dentro de cada zona?
Sí, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el sótano en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo sitio. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ustedes ven la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.
Donde ustedes decidan, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es dentro de la propia obra: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y trabaja sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa allá y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.
¿Qué le contamos a la representación del personal?
Exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: no reconoce rostros, no identifica a nadie y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Qué se trata, cuánto se guarda y quién lo puede ver se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un vendedor nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?
Sirve para una obra sola y toma otro sentido con todas las de la empresa. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de frente, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación de quien más obras pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El establecimiento penitenciario
Ir a la página¿Esto sirve para clasificar a las personas internas?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no lleva ficha de nadie y no sigue a una persona concreta por el establecimiento. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no califica a nadie, no clasifica a nadie por su comportamiento y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son situaciones que definió el propio establecimiento: «hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie». Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, al personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza al personal?
No. IRIS no abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión y no reemplaza a ninguna persona del establecimiento. Tampoco reemplaza al conteo reglamentario ni a ningún protocolo del centro: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay gente en el pasillo», sino «avísame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, por más de un minuto». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su establecimiento, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide el establecimiento, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la propia institución, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en ese patio: lo normal en un establecimiento no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obra o se abre un pabellón nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Y los derechos de las personas internas y los del personal?
Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que el establecimiento definió —un patio, un pasillo, un muelle de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona interna y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no les puede decir «esta persona pasó por acá seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas internas, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, la firma la entidad que lo instala, con sus servicios legales y con la representación del personal delante. Desconfíen de quien les diga lo contrario.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un establecimiento ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del establecimiento?
Solo si ustedes quieren, y en un establecimiento penitenciario lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿El aforo por zonas es confiable?
Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se audita. Y en el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza al conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y hay que ponerlo sobre la mesa antes de firmar. Fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona sin cámara, IRIS no ve nada: exactamente lo mismo que no vería una persona sentada delante de esa pantalla. Con poca luz, con lluvia fuerte o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que a un segundo de distancia son idénticas: dos personas que se abrazan y dos que forcejean. Por eso el aviso lo cierra siempre alguien mirando el video. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender así: es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un pabellón con doce cámaras y tres reglas y un establecimiento entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El hospital
Ir a la página¿Van a poner cámaras en las habitaciones?
No, y esto va antes que nada. No hay cámara en una habitación, no la hay en un baño, no la hay en un consultorio y no la hay en ningún sitio donde se atiende o se examina a un paciente. IRIS mira zonas comunes: pasillos, salas de espera, halls y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y en esas zonas no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no entra a la historia clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso del pasillo del tercer piso»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?
Ni lo uno ni lo otro. El criterio clínico es de un profesional, y en ese terreno IRIS no entra: no dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no prioriza a ningún paciente. Tampoco abre la historia clínica, ni toca ningún dato médico, ni se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no viene a reemplazar la vigilancia clínica: los protocolos del piso quedan exactamente igual, con las mismas personas y el mismo procedimiento. Tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo único que hace es avisar antes —cámara, hora y video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay alguien parado en el pasillo», sino «avísame si hay una persona en el piso de este pasillo por más de veinte segundos», o «avísame si alguien lleva más de quince minutos sin moverse en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se mira y qué no?
Lo decide el hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en esos pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obra o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué le contamos al personal y a los profesionales?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control de asistencia, no es marcación y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún sitio y no les puede decir «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa —un mandil, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con el personal delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si la gente sabe qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, halls y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del hospital?
Solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de historia, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿La cifra de gente que espera en emergencia es confiable?
Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se audita. Y en el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que ustedes puedan reforzar el turno o abrir otro módulo. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo sin cámara, IRIS no ve nada: igual que no vería nada una persona sentada delante de esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones casi idénticas a un segundo de distancia: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y falta la frase completa, que es la incómoda: IRIS no evita ninguna caída. Cuando la ve, ya ocurrió. Lo que cambia es cuánto rato esa persona se queda en el piso antes de que llegue alguien. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender así: es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un pasillo y la sala de espera de emergencia, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El colegio
Ir a la página¿Van a reconocer a nuestros alumnos?
No, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ninguna cara, no sigue a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee placas: en un colegio esa función no se prende. Y hay sitios donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestuarios. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier colegio ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle al equipo docente y a las familias.
¿IRIS detecta el acoso escolar?
No, y quien les diga lo contrario no les está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un círculo cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién acosa, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es mostrarle al equipo del colegio dónde y cuándo mirar, con el video delante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el tutor, el psicólogo, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.
¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?
No. IRIS no abre ni cierra la puerta del colegio, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al auxiliar de educación: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla a los docentes —no es control de asistencia, no es marcación y no evalúa a nadie— y no sanciona a ningún vehículo. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del colegio. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.
¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da cincuenta avisos por recreo está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay un niño en el piso», que en un patio pasa a toda hora y casi siempre porque están jugando, sino «avísame si hay un niño en el piso en esta cancha por más de dos minutos», o «avísame si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe el colegio con su equipo y con su psicólogo, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que salga las dos primeras semanas.
¿Qué les contamos a los docentes y a las familias?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Se les muestra qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Y qué no se mira: los baños y los vestuarios, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que IRIS no etiqueta a ningún niño. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta salir en un simulacro, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma el colegio y su promotora, que son quienes responden de ello. Un sistema así solo funciona si los docentes y las familias saben exactamente qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un colegio ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del colegio?
Solo si ustedes quieren, y en un colegio lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio colegio, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grado, ni una cara guardada, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?
Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se audita. Y en el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad ustedes sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y hay que ponerlo sobre la mesa antes de firmar. En los baños y en los vestuarios no hay cámara, así que lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que el colegio decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay escenas que a un segundo de distancia son idénticas: un montón de chicos tirándose unos encima de otros jugando y una pelea. Por eso el aviso lo cierra siempre alguien mirando el video. Falta la frase completa, que es la incómoda: IRIS no evita ninguna pelea y no evita ningún atropello. Cuando lo ve, ya está pasando; lo que cambia es cuánto demora en llegar un adulto. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender así: es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y un colegio entero con la puerta, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
Las infraestructuras
Ir a la página¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce rostros?
No identifica a nadie: ni lee placas ni reconoce rostros. Lo que ve es «una persona en el coronamiento» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. No compara nada con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Si lo que ustedes necesitan es saber de quién es un carro o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.
¿IRIS predice una crecida, una falla o un incendio?
No. IRIS no predice nada: ni una crecida, ni una falla, ni un incendio. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están acumulando delante del aliviadero, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.
¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?
No. IRIS no abre ni cierra ninguna compuerta, no para ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco reemplaza a la instrumentación de la instalación: ni a un sensor de nivel, ni a la protección eléctrica, ni a un sistema de extinción, ni a ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo de ustedes y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.
¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?
Por comparación con algo físico que ya está en la imagen: la regla pintada del muro, un peldaño, el borde del canal, una piedra marcada. Esa referencia no se explica con una frase, se traza encima de la imagen, y de ahí sale que el dato salga igual todos los días y aguante una revisión. Ahora, dicho claro: no es un limnímetro. No entrega una cota en metros y no viene a reemplazar la instrumentación. Lo que dice es «el agua pasó esta línea», que a las tres de la madrugada es justo lo que no está mirando nadie.
¿Qué puede ver una cámara y qué no?
Tener esto claro antes de escribir la primera regla ahorra bastantes disgustos. La cámara ve la compuerta en una posición, pero no lee el telemando ni sabe si la orden llegó. Ve la sala inundada con las bombas quietas, pero no sabe si una bomba está trabajando. Lee el nivel contra una referencia física visible, pero no es un limnímetro. Todo eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, nunca para reemplazar sus sensores. Hay una excepción y vale la pena: en una cámara termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen. IRIS ubica el punto caliente antes de que aparezca el humo, y eso cambia dos escenas enteras. En una pila de residuos el fuego arranca por dentro, y cuando asoma el humo lleva horas quemando; en una subestación, una conexión que se calienta se detecta antes de que arda nada. Sin comprar equipo nuevo: las termográficas que ya tengan se miran igual que las demás.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y acá acotarla bien pesa más que en ningún otro sitio: en una instalación sin personal, una regla floja produce cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está desconectado. Por eso nadie escribe «avísame si hay alguien». Se escribe «avísame si hay una persona dentro del cerco perimétrico, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos». Zona, horario y duración: con esas tres, la mayoría de las noches no suena nada. Y la noche que suena, se mira.
Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?
Se puede procesar dentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo en sitio analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también al centro de control o al celular de quien esté de turno; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.
Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?
A quien ustedes decidan, porque a las cuatro de la madrugada no hay nadie delante y ese es justo el problema. Puede ir al centro de control, al celular de quien está de turno, a la empresa de seguridad que tengan contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.
¿Quién decide qué es un aviso y qué no?
Decide el titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.
Una represa y un relleno no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?
No hace falta uno para cada tipo: es el mismo. Esta página muestra siete tipos de instalación —represa, PTAR, subestación, reservorio de tormenta, cauce, relleno y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando ustedes no tienen una instalación sino cientos, repartidas por toda una región y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo lugar donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.
La industria
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?
Sí, con las que ya están puestas en la planta. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. Ahora lo incómodo: una planta no es un pasillo con luz pareja. El polvo de una chancadora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con mover unos grados y cuáles no dan para lo que ustedes quieren ver ahí.
¿Esto sirve para vigilar a los operarios?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de un resguardo abierto, no de quién son esas manos. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?
No. IRIS no para la máquina ni se conecta al autómata. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de SSOMA. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avisa si hay alguien cerca del montacargas». Es «avisa si una persona a pie está dentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se empieza por lo que de verdad importa en esa planta, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿El video sale de la fábrica?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Eso importa en una planta donde la línea se cae o donde no hay buena conexión. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?
No hace falta uno por planta: es el mismo sistema y cambia lo que se le pide. Una esclusa de farmacéutica, un dique de química y una faja de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una acería y una fábrica de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.
¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?
Lo que no entra en una imagen, y en una planta esa lista es importante. No lee un sensor ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. No ve dentro de una máquina cerrada, de un tanque ni de una tubería. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.
¿Reemplaza a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de SSOMA?
No, convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y hacen falta las dos. Lo que aporta IRIS es la capa que hoy les falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar qué está pasando delante de ellas. Ustedes pueden seguir grabando y gestionando el video donde lo hacen ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.
Además de avisar, ¿puede medir?
Sí, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por guardia y por campaña: cuánta gente hay dentro de una zona, cuántas parihuelas pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una planta con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce fábricas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los estacionamientos
Ir a la página¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?
No hace falta ningún sensor. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el estacionamiento ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada espacio e IRIS mira si hay carro o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios a la vez, y además distingue el tipo: reservado, de accesibilidad, de moto o de recarga. No hay que romper el piso, ni cablear nivel por nivel, ni cambiar de sitio nada de lo que ya funciona.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?
Sirve con las que ya tiene, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se le dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿El número del cartel de la entrada es confiable? ¿Y cuando está lleno?
Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los espacios. Contar carros en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el cartel dice «lleno» con cuarenta espacios libres en el sótano cuatro. Acá cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, espacio por espacio, y se decide qué cámara se mueve y qué zona se deja fuera del conteo.
¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?
Sí, IRIS lee placas, y sí, una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión de usted, cámara por cámara: la puede prender en la barrera para el abonado y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirle de quién es ese carro: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de su sistema de abonados y de su organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?
No. IRIS no identifica a las personas ni a los conductores. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un carro subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un vehículo delante de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos carros y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que suelta doscientos avisos al día se ignora en cuatro días, y en un estacionamiento eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es «avisa si hay un carro parado». Es «avisa si un carro lleva más de unos minutos parado fuera de espacio en el sótano cuatro, en horario de atención». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿El video sale del estacionamiento o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elija, y son dos. En la modalidad local no sale: el servidor está en su propio edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Es lo habitual en un estacionamiento subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios estacionamientos conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.
¿Reemplaza a las barreras, al sistema de tickets o a la instalación contra incendios?
No, a ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abonado y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver qué está pasando y avisar a quien puede bajar hasta ahí. Y acá va lo importante, dicho sin vueltas: cuando ve humo o llama al pie de un carro enchufado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de detección y extinción que exige la normativa. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un estacionamiento?
Bastantes cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en su sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un carro. No sabe si quien estaciona en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo, solo ve que hay un vehículo ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay dentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es qué ocurre delante de las cámaras que usted ya tiene, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien se queja.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un estacionamiento?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos estacionamientos entran, qué modalidad de despliegue elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los espacios de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántos espacios y cuántas cámaras tiene y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los estadios
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el complejo?
Sí, con las que ya están puestas en el complejo. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí. Y se les dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara de la tribuna no distingue una cara desde el otro extremo, y no hace falta que la distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la cola avanza.
¿IRIS identifica a la gente o reconoce rostros en la tribuna?
No. IRIS no compara a nadie con ninguna lista, ni con ningún registro de personas vetadas, ni con ninguna base de datos, y no guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un círculo que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una valla de separación, una bengala encendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.
¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y controlar el aforo?
Sí. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de un túnel de salida o de un hall y usted sabe cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿Funciona con el complejo lleno, que es cuando hace falta?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas de a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta gente hay por metro en esa zona y si el grupo avanza o se detuvo. Medir densidad y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar de a uno es en las puertas y en los torniquetes, porque ahí la gente pasa en cola.
¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?
Avisa apenas se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde el centro de control mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del sitio: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de un túnel de salida. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.
¿Esto reemplaza al personal de sala, al plan de autoprotección o al control de accesos?
No, a ninguno de los tres: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no para un torniquete y no manda a nadie a ningún lado: abre la cámara, muestra lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?
Los que pida su regla; escribirla bien es el trabajo de los primeros eventos. Un sistema que suelta cien avisos en una noche está apagado para la siguiente, y lo sabemos. Por eso nadie escribe «avisa si hay mucha gente». Se escribe «avisa si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, por más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota zona, umbral, duración y destinatario. Y el aviso no cae en un correo: entra por la radio y en el celular de quien está en esa puerta, con la cámara ya abierta. Después se repasa un evento completo con su equipo y se ajusta.
¿El video sale del complejo?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En un complejo eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.
Un evento deportivo y un concierto no se parecen. ¿Hay que rehacerlo todo?
No hay que rehacer nada, y esa era una condición del diseño. Las zonas se vuelven a dibujar sobre la imagen: el escenario tapa media tribuna, aparece un foso delantero, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas van escritas con palabras, así que la del montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y encima queda guardada: se conserva una configuración por tipo de evento —deportivo, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que toca. Ahí está la diferencia entre un sistema que sirve la primera noche y uno que sigue sirviendo en la gira de verano.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un complejo?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un coliseo que las graderías, los túneles de salida y las barras de un complejo entero. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: las dos puertas que se atoran siempre, el conteo del aforo, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntenos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los hoteles
Ir a la página¿Hay cámaras en las habitaciones?
No. Tampoco en los baños ni en los vestuarios del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara y no la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el salón, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: lugares comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien le ofrece analizar el interior de una habitación, sepa que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Esto sirve para controlar a mi personal?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS mide la situación, nunca a la persona: ve «una mesa sin recoger desde hace ocho minutos», no ve quién tenía que recogerla. El aviso sirve para abrir otro módulo del counter o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mozo ni para calificar a un recepcionista. No identifica a nadie, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar. Si hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y cuanto antes mejor.
¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce rostros?
No hace ninguna de las dos cosas. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: la cola que crece, la maleta que quedó sola en el salón, la bandeja vacía del buffet, alguien en el piso. Ninguna cara se compara contra ninguna base de datos, nadie es seguido de un salón a otro y nada se cruza con el programa de fidelización ni con la ficha de reserva. El conteo es agregado y anónimo: responde cuánta gente hay en el comedor a las nueve y media, y nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ahí no queda nada más.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?
Sí, con las que ya están puestas en el hotel. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no distingue si una bandeja del buffet está vacía, y la de recepción a contraluz de una fachada vidriada al mediodía entrega una imagen quemada donde no se cuenta bien. En el proyecto se mira cámara por cámara, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?
Sí, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del counter. IRIS cuenta cuánta gente entra a la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?
Funciona, con matices que preferimos poner sobre la mesa antes de firmar. La llamarada sobre la sartén se ve bien: es grande, es brillante y aparece de golpe, y el charco en el piso también. El problema es el humo fino, porque el vapor de una marmita o de un lavavajillas tapa media imagen y se confunde con él. Y hay una parte de mantenimiento que no se puede saltar: la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre, así que esa cámara se limpia. Lo más importante viene al final: esto no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.
¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?
Los que pida su regla; escribir bien esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que suelta cien avisos al día lo apagan a la semana. Por eso nadie deja escrito «avisa si hay cola»: se escribe «avisa si hay más de diez personas esperando en recepción por más de cinco minutos, con menos de tres módulos abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y llega al celular del jefe de turno o del gerente, nunca a una pantalla del office que no mira nadie. Después se repasa una semana entera de avisos con su equipo y se ajusta.
¿El video sale del hotel?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada establecimiento.
¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?
Sirve para los dos casos; lo que cambia no es el sistema sino qué hace usted con el dato. Con un hotel solo, las decisiones son de ese hotel: a qué hora abrir el segundo módulo, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o nada más lo parece. Con una cadena aparece algo que un hotel solo no puede tener, que es medir a todos con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada igual en cuarenta establecimientos, y ahí salta el hotel donde la cola se dispara media hora antes que en el resto. Arrancar por uno, ver qué sale y decidir después es lo normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad de despliegue elige usted y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un resort entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los puertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el terminal?
Sí, con las que el terminal ya tiene puestas. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. Ahora la parte incómoda. Un patio de contenedores es largo, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan el lente velado, y una cámara sucia ve menos cada semana. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con mover o lavar y cuáles no dan para lo que ustedes quieren ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Funciona si se cae la línea?
Sí, y en un terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es local: los servidores están dentro del terminal, el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para trabajar. Si la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se detiene. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: entonces el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varios terminales conviven las dos.
¿Esto es para vigilar a los estibadores?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó el cerco o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. A la representación del personal se le muestra exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Un terminal donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; uno donde no lo entiende, no.
¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza bajo la carga?
No. IRIS no para la grúa. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad del terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Ve de noche, con neblina y con lluvia?
Según cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con lluvia se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien les diga lo contrario no pasó una noche de neblina en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien de pie dentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien de pie». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Esto vale para el plan de protección del puerto?
Vale como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce del cerco o una tranquera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: quien aprueba el plan es quien tiene esa competencia, y quien lo firma es su organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.
¿Reemplaza al cerco, a los sensores o a los vigilantes?
No, a ninguno de los tres. El cerco sigue haciendo falta: un cerco detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores siguen donde están, e IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la malla, IRIS dice qué se ve ahí y muestra la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los vigilantes pasa lo mismo que en cualquier centro de control: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.
¿Sirve para un terminal solo o para todo el puerto?
Sirve para un terminal solo y toma otro sentido en todo el puerto. En un terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varios terminales aparece algo que uno solo no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todos. Entonces se puede ver qué muelle acumula más cruces bajo la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación de quien más muelles pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por un terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de un terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
La banca
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce rostros?
No. IRIS no identifica a sus clientes ni reconoce rostros. No compara caras con ninguna lista ni con ninguna base de datos, no arma perfiles de nadie y no se cruza con sus sistemas de cliente. Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el hall, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de su casa, siempre.
¿Esto avisa antes de que pase algo grave en la agencia?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión: IRIS no adivina la intención de nadie ni predice lo que va a hacer una persona. Quien les prometa eso les está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con el casco puesto y la visera abajo, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.
¿Sirve con las cámaras que ya tienen las agencias?
Sí, con las que las agencias ya tienen puestas. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. Y se los decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y la sala de cajeros a oscuras arruinan cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿El video sale de la agencia o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes —en la agencia o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de agencias conviene decidirlo temprano, porque condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, en una agencia llena de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una agencia: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen ustedes y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerles sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Reemplaza a la alarma conectada, a los vigilantes o al control de accesos?
No. Convive con los tres y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy les falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.
Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?
Sí, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelve. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación buscando cuatro minutos. Con IRIS se describe en una frase lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el hall— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y conviene decir la otra mitad: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es lo que la hace valer como evidencia.
¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avisa si hay alguien en la sala de cajeros». Es «avisa si alguien lleva más de tantos minutos en la sala, fuera del horario de atención». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —el jefe de la agencia, el centro de monitoreo, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de agencias?
Sí, y ese es el punto donde esto deja de ser una herramienta de una sola agencia. En una, lo que vale es el aviso: alguien se entera mientras la cosa pasa. En la red aparece otra cosa que una agencia sola no puede tener, que es medir a todas con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada igual. Ahí se ve qué agencias acumulan puertas que quedan abiertas, cuál hace cola a la misma hora todos los días y a cuál toca ir a visitar. Y no hace falta arrancar con todas: se empieza por unas pocas y se decide después.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de agencias?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas agencias entran, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una agencia con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: unas pocas agencias, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los casinos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?
Sí, con las que ya están encima de las mesas. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo puede no llegar a leer el paño— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS reconoce rostros, controla la autoexclusión o detecta menores?
No, ninguna de las tres. IRIS no reconoce rostros, no controla la autoexclusión y no detecta menores. No identifica a nadie: no compara ninguna cara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a un jugador por la sala y no se cruza con su programa de fidelización. Y acá está la línea, dicha antes de que ustedes la pregunten: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una cola, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.
¿El video sale de la sala?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una sala lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.
¿Cuánto se demora en encontrar una jugada de hace dos horas?
Deja de ser una tarde entera en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y rebobina. Con IRIS usted describe en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se detiene IRIS. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y qué vale delante de cumplimiento o de quien tenga que revisarlo lo marcan su procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por ustedes.
¿Los números de la sala son confiables?
Son confiables porque no se configuran hablando: se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el paño, y de ahí en adelante el número se calcula igual todos los días, se repite y se audita. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se demora la caja. Y en el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan. Una regla lleva siempre tres cosas: dónde, en qué franja y cuánto rato. Y eso es lo que separa un sistema vivo de uno apagado: el que suelta doscientos avisos por turno lo desconectan en una semana, con toda la razón, porque cuando todo avisa ya no avisa nada. Por eso nadie escribe «avísame si hay gente de pie junto a una mesa». Se escribe «avísame si hay tres o más de pie junto a esta mesa por más de cuatro minutos, mientras haya otra abierta y vacía». Y el ajuste fino sale de las dos primeras semanas en su sala, no de un promedio.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide la sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe su equipo, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su paño: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambian el horario, cierran una mesa o abren una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se la pueden mostrar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué no ve IRIS en una mesa?
Bastante, y conviene decirlo antes de firmar nada. En una mesa hay manos tapando fichas, cuerpos tapando a otros cuerpos y media superficie escondida cuando está llena. Con la luz baja de sala ve peor, y con el lente sucio, peor todavía. Y hay gestos que a un segundo de distancia son idénticos: recoger una ficha y mover una ficha se parecen demasiado. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni concluye nada sobre quien aparece. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, hora tras hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto demora en estar funcionando en la sala?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en su sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino demora más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede empezar chico: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los centros comerciales
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el mall?
Sí, con las que el mall ya tiene puestas. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara colgada para vigilar un acceso a lo mejor no llega a contar en el pasaje del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce rostros?
Ninguna de las dos cosas. Ninguna cara se compara contra ninguna base de datos, nadie queda guardado, nadie es seguido de una tienda a otra y nada se cruza con el programa de fidelización. Una persona contada es un uno, y de ahí no queda nada más. Y como el caso del niño perdido sale en todas las reuniones, mejor decirlo de una vez: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero no lo busca por su cara ni sabe quién es. Lo que hace es acotarle a alguien las cámaras y los minutos donde mirar. Encontrarlo lo hace esa persona.
¿El video sale del mall?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del mall.
¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?
En que el contador de la puerta dice cuánta gente vino, y esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué niveles se quedó, qué pasajes evitó y qué cambió el día de la activación. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se audita. En el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿Podemos darles estos números a los operadores de las tiendas?
Sí, y es una de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin entregar datos de ninguna persona. Cuánta gente pasa por delante de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. Lo que no está acá es la venta: eso está en la caja del operador y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades cambia el diagnóstico: si pasa mucha gente y no entra casi nadie, el problema es la vitrina o el letrero. Si no pasa nadie, el problema es el pasaje y no la tienda. Hoy esas dos situaciones se parecen en el reporte —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.
¿Cuántos avisos vamos a recibir en el centro de monitoreo?
Los que ustedes decidan. Cada regla lleva su zona, su franja horaria y su duración mínima, y de ahí depende que el sistema siga vivo: uno que avisa doscientas veces al día está desconectado a la semana, con toda la razón. Por eso nadie escribe «avísame si hay gente parada en la escalera mecánica». Se escribe «avísame si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». El mismo detector, con otros tres valores, pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando importa. Y esos valores salen de las dos primeras semanas en su mall, no de un promedio.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
Lo decide el mall, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que ustedes le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en ese pasaje: lo normal en un mall de barrio no es lo normal en uno de tres niveles con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la activación de campaña en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS un sábado por la tarde?
Con el mall lleno, IRIS deja de distinguir a unas personas de otras cuando se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un sábado a las siete. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los niveles no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar de a uno en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se reubica en el acceso, donde la gente pasa en cola. Y lo que ocurre fuera del encuadre, detrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.
¿Cuánto demora en estar funcionando?
Depende del tamaño del mall, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad adentro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino demora más, porque hace falta que pasen un día flojo, un sábado y un día de campaña. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un centro comercial?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única que sirva para todos, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un nivel que cubrir tres niveles, el patio de comidas y las rampas del estacionamiento. Y se puede empezar chico: los accesos y un nivel, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los aeropuertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el terminal?
Sí, con las que el terminal ya tiene puestas. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara puesta para abarcar el hall entero puede no llegar a contar la boca de una cola— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce rostros?
No. IRIS no identifica a los pasajeros ni reconoce rostros. No los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona por el terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ninguna tarjeta de embarque. Y conviene marcar la raya: IRIS no hace control documental, no verifica documentos, no reemplaza al escáner ni a la persona del puesto, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una cola que crece, un puesto abierto y vacío, una faja parada. Un pasajero contado es un uno: de él no queda nada más.
¿El video sale del aeropuerto?
Depende de la modalidad que elijan ustedes, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en las instalaciones del aeropuerto, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿Los minutos de espera del filtro son un número confiable?
Es fiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Una raya en la boca de la cola, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se repite, se compara entre semanas y se audita. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente. Y con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana.
¿Detecta un equipaje abandonado?
Lo detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al costado, dentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto delante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un hall lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay cola», sino «avísame si esta cola pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en su terminal, no en un terminal cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
El aeropuerto, no IRIS. Y son dos decisiones, no una: lo que se vigila se escribe hablando, en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia; lo que se mide se dibuja, con una raya en el piso o una zona sobre una sala. IRIS no llega con una lista de comportamientos de fábrica, y desde luego no sabe qué es normal en ese hall a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años ahí. Después, si se corre el horario de un vuelo de madrugada, si se cierra un pasillo por obra o si se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargarle nada a nadie.
¿Qué no ve IRIS en un terminal lleno?
Lo que IRIS no ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: con el hall lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo por la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar de a uno en un paso angosto y muy cargado, y ahí el conteo se reubica donde la gente pasa en cola. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente velado o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.
¿Cuánto demora en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en el terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino demora más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir el filtro y la sala de recojo de equipaje que cubrir un terminal entero con sus locales, sus pasillos y su nivel de equipajes. Y se puede empezar chico: el filtro y la sala de equipaje, ver los números con su equipo delante y decidir después. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
La seguridad pública
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?
Sí, y ese es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a toda hora. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; no cambia el sensor, cambia lo que se entiende de esa imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que a ustedes les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿IRIS identifica a las personas, reconoce rostros o sigue a alguien por el territorio?
No hace ninguna de las tres cosas, y hay que decirlo con todas sus letras. No compara ninguna cara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni califica a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió la propia entidad: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo de la ladera, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leerlas cuando la cámara está puesta para eso y quien la opera tiene base legal para hacerlo, pero esa es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.
¿El video sale de nuestras instalaciones?
Solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿Un aviso de IRIS sirve como evidencia de lo que pasó?
Un aviso de IRIS aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no como evidencia lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un vendedor nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.
¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?
Empecemos por la lista corta de dónde no va una cámara: adentro de una vivienda, en un vestuario, en un baño y en cualquier oficina donde se atiende a una persona. En el espacio público, dónde hay cámara y dónde no es una decisión de la entidad, con su marco legal, sus servicios jurídicos y la información pública que corresponda; eso lo firma quien instala y no nosotros, y desconfíen de quien les diga otra cosa. Del lado del software sí hay respuesta: el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde— y nuestra manera de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel lo firma un auditor, no un vendedor, y se puede pedir antes de contratar nada.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de monitoreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay un vehículo parado», sino «avísame si hay un vehículo parado en esta berma, entre las diez de la noche y las seis, por más de tres minutos». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su territorio y no en el de otro.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide la entidad, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones: eso lo escribe quien opera el sistema, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en ese territorio: lo normal en una caleta no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué es lo que IRIS no ve?
Lo que no entra en el encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Si algo pasa fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con neblina, con lluvia fuerte o con el lente sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto demora en estar funcionando?
Depende del tamaño del despliegue, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino demora más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un acceso, un tramo de vía de sierra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
Los centros de datos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?
Sí, con las que ya están puestas en el centro. IRIS toma la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de esa imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo entero a lo mejor no llega a ver si un rack quedó abierto— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica al personal o reconoce rostros?
No, y conviene decirlo también hacia adentro, porque es la primera pregunta que hace el propio personal: esto no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir a una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien parado en un pasillo. IRIS no reconoce rostros, no compara caras contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no sigue a nadie por el centro. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este rack está abierto sin nadie delante». El nombre, si hace falta, lo pone después su control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.
¿El video sale del centro de datos?
Depende de la modalidad que elijan, y son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en instalaciones de ustedes, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión de ustedes, no una condición nuestra.
¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?
Lo que detecta es que por esa puerta pasaron dos cuerpos, y a qué hora. Cuántas autorizaciones hubo no está en la imagen: ese dato vive en su control de accesos. El cruce lo hace su sistema, juntando el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el de la orden de trabajo— con lo que él ya sabe. Ese reparto es deliberado: la cámara pone el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda guardado con cámara, hora y pedazo de video, que es exactamente lo que hace falta el día que toque reconstruir qué pasó o mostrárselo a quien viene a auditar.
¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?
Sí: agua en el piso técnico, humo en un pasillo, una puerta trabada con una cuña, un rack que se queda abierto o una herramienta olvidada dentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no reemplaza a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a sitios donde no hay sonda y muestra la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan. Cada regla lleva su puerta, su franja horaria y su duración mínima, y de eso depende que el sistema siga vivo a los seis meses: uno que avisa doscientas veces por turno lo desconectan en una semana, con toda la razón. Por eso nadie escribe «avísame si esta puerta se abre», sino «avísame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». El mismo detector, con otros tres valores, pasa de sonar todo el día a sonar cuando importa. Y esos valores salen de las dos primeras semanas en su centro, no de un promedio.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El centro, nunca IRIS. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y por cuánto rato lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia. IRIS se limita a aplicarlo, siempre igual y sin cansarse. No llega con una lista de comportamientos de fábrica y no decide por su cuenta qué es normal en esos pasillos: lo normal en una sala de operación no es lo normal en un muelle de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Cuando cambie un procedimiento, se abra una sala nueva o se corte un pasillo por obra, la regla se reescribe en un rato.
¿Qué no ve IRIS en un pasillo de racks?
Lo que IRIS no ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: un rack tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo angosto el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto demora en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este rack—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino demora más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de entrada y el muelle de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar chico: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, y atiende por la mañana, hora del Perú.
El estado de las cámaras
Ir a la página¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?
Con las que ya están puestas, sea cual sea la marca. Acá el punto está en que IRIS no le pregunta nada a la cámara: no le pide un diagnóstico y no espera a que ella misma avise que algo anda mal. Mira la imagen que llega al grabador, igual que mira a una persona o a un camión. Un domo de doce años entrega una imagen, y con eso alcanza. Ni un equipo nuevo, ni un cable nuevo, ni cambiar una sola cámara para empezar.
¿No me va a llenar el turno de avisos?
Al revés: está hecho justo para que eso no pase. En la costa el domo amanece mojado casi todas las mañanas de mayo a octubre, y eso no puede sonar como una falla. Por eso cada cosa lleva su umbral y su tiempo: la gota tiene que seguir ahí un buen rato, la suciedad tiene que empeorar varios días seguidos, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por un golpe de viento. Al momento avisan tres, y son las tres que no admiten espera: tapada, girada o sin señal. Todo lo demás llega junto, en el parte del día.
¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?
Porque el primer día se lo aprende. IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está sana: su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz le queda de noche. Y esa referencia es de ella sola. El domo del patio de contenedores y el de la sala de cajeros no se parecen en nada, así que compararlos entre sí no diría absolutamente nada. Lo que compara IRIS cada día es esa cámara contra ella misma, no contra un ideal de catálogo.
¿Cada cuánto revisa las cámaras?
Lo decide usted, y ahí está la gracia. Se deja programada una auditoría —diaria, los domingos, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS pasa revista a todas las cámaras de la instalación, una por una, sin que nadie lo pida y esté quien esté de turno. Al terminar sale un parte: las que están bien, las que empeoraron y las que ya no ven, cada una con su imagen y su hora. Y se exporta a hoja de cálculo, que es como se lo van a pedir.
¿Esto se paga aparte?
No, y conviene decirlo temprano. Lo que se paga en IRIS es la cámara, no la pregunta. Pedirle que avise cuando alguien se cae y pedirle que le diga si ese mismo domo está velado cuesta igual, porque es la misma cámara y la misma licencia. No existe un módulo de mantenimiento aparte, ni una tarifa por cada cosa que usted quiera vigilar. Si esa cámara ya está en IRIS, esto lo tiene desde hoy.
¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?
Hay que subir, y no lo vamos a disimular: IRIS no repara nada, no reinicia equipos y no lava domos. Lo que cambia es cómo sube el técnico. Hoy la ronda va por calendario: cuatrocientas cámaras porque toca, escalera arriba y escalera abajo, y la que estaba mal siguió estando mal. Con el parte delante, la ronda son once cámaras, cada una con su imagen y con qué le pasa. Y de esas once, dos o tres se resuelven sin sacar la escalera.
¿Y si la suya no está?
Escríbanos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el siguiente que la tenga.
Siguiente paso
El establecimiento penitenciario
¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando empieza la pelea?
17 casos: 16 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual, y después con lo que IRIS entiende encima.
El hospital
¿Cuánto demora en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la madrugada?
13 casos: 12 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual, y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Las cámaras que compró hace añossiguen sirviendo. Lo que les faltaba no era calidad.
Era que alguien mirara. IRIS se conecta a la instalación que usted ya tiene —los mismos equipos, los mismos cables— y esas imágenes pasan de guardarse a entenderse.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Contestamos el mismo día hábil.