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¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando empieza la pelea?

Acá el dato no clasifica a nadie. Sirve para que nadie llegue tarde.

Acá mostramos diecisiete cámaras: dieciséis que avisan cuando está pasando algo y una que no avisa de nada, solo mide. Y antes que nada, porque es lo primero que piensa cualquiera al oír «cámaras» y «penal»: esto no es un sistema para clasificar a las personas internas. IRIS no identifica a nadie, no lleva ficha de nadie y no predice nada. Detecta situaciones que definió el propio establecimiento.

Lo que está en juego en un establecimiento penitenciario

Cientos de cámaras, y en el centro de control dos personas. Nadie sostiene la atención sobre cientos de pantallas durante ocho horas: no es un descuido de quien está ahí, es una limitación humana y le pasa a cualquiera. Mientras se mira el patio, no se mira el muelle de carga. Mientras se mira el muelle, la persona que se cayó en la galería lleva cuatro minutos en el piso. Y esto no cierra nunca: a las cuatro de la mañana hay todavía menos gente delante de esas pantallas.

IRIS mira por usted. Analiza al mismo tiempo todas las cámaras que el establecimiento ya tiene y solo interrumpe cuando se cumple una regla que escribió el propio establecimiento: una persona en el piso, un grupo reunido donde a esa hora no tiene que haber nadie, un dron sobre el predio, una cámara tapada. El aviso llega con la cámara, la hora y el video. Y llega mientras está pasando, a la persona que puede mandar a alguien ahí.

Y donde no hay nada que avisar, IRIS mide. Cuánta gente hay ahora mismo en cada zona: en el patio, en el comedor, en cada galería. Eso no se configura hablando, se configura dibujando: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el número sale igual todos los días y se puede auditar. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: la cifra la verificó un tercero independiente, no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana. Y el conteo reglamentario sigue siendo el conteo reglamentario; esto es otra cosa y no lo reemplaza.

Y dos cosas en voz alta, porque son las primeras que piensa cualquiera. La primera: esto no es un sistema para clasificar a las personas internas. IRIS no identifica a nadie, no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no lleva ficha de nadie y no sigue a una persona concreta por el establecimiento. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no califica a nadie y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que ve es «hay una persona en el piso en la galería tres», dónde y desde cuándo. La segunda: IRIS no abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión, no reemplaza al conteo reglamentario ni a ningún protocolo, y no reemplaza a ninguna persona del establecimiento. Avisa antes, para que llegue alguien.

La escala real

Diecisiete cámaras acá. Un establecimiento tiene cientos, y no cierra nunca.

Diecisiete entran en una pantalla; un establecimiento, no. Y acá el eje no son los kilómetros de una carretera ni las tiendas de una cadena: son las cámaras y las horas. Cientos de cámaras por establecimiento, y todas las horas del día todos los días del año, porque esto no cierra. De madrugada hay todavía menos gente mirando, y las horas en las que menos se mira no son las horas en las que menos pasa. Poner más personas delante de más pantallas no lo arregla: a la décima pantalla la atención se va, y a nadie le extraña. IRIS no se cansa y no se distrae. Analiza todas las cámaras que haya, todas las horas, y solo interrumpe cuando se cumple una regla que escribió el establecimiento.

Ejemplos

Estas diecisiete son solo ejemplos.

Dieciséis avisan cuando está pasando algo y una no avisa de nada: solo mide. Van en cinco grupos: el orden adentro, las personas que están adentro, el perímetro y los accesos, las instalaciones y los medios, y medir el establecimiento. No son las diecisiete cosas que sabe hacer IRIS acá; son las que entran en una pantalla, y las escribe cada establecimiento con sus palabras. Entre a cualquiera y va a ver la imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.

Demostración · IRIS andando

Todo entra por la cámara. Solo lo importante llega acá.

Acá se resume qué hace IRIS con un aviso, desde que aparece hasta que se cierra. En la pantalla real hay muchas más cosas; esto es el hilo principal.

  1. Entra a la bandeja
  2. Usted abre el aviso
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Y ahora piense en el suyo

Imagine saberlo mientras está pasando, y no en el parte de la mañana siguiente.

La persona que lleva cuatro minutos en el piso en la galería tres. Los dos que se agarraron en la esquina del patio que no se ve desde la torre. El grupo que se juntó a las once en un pasillo donde a esa hora no tiene que haber nadie. El colchón y las mesas apilados delante de una puerta. La cámara del muro norte que lleva media hora tapada con una bolsa. El auto que lleva cuarenta minutos parado en la vía de afuera con dos personas adentro. El dron que entró por el este a las tres de la madrugada. El centro de control que se quedó vacío durante el relevo. El panel del taller al que le falta una herramienta. Y las noventa personas que hay ahora mismo en el patio, cuando en el turno se contaba con sesenta.

Nada de eso ocurre fuera de cuadro: pasa delante de cámaras que el establecimiento ya tiene puestas. Lo que falta es alguien que las mire: hay cientos de pantallas y dos personas en el centro de control, y el parte se escribe después, cuando ya pasó. IRIS mira todas esas cámaras al mismo tiempo y lo dice mientras está pasando, a quien puede mandar a alguien ahí. Ninguna de esas frases dice quién es nadie: dicen qué está pasando, dónde y desde cuándo. Delante de cámaras que ya existen.

Lo que se pregunta en la visita al establecimiento

Las diez preguntas que salen antes de decir que sí.

Van contestadas en la primera línea, sin vueltas, y sin prometer que una cámara evite una pelea o una desgracia. IRIS avisa antes; la decisión y la respuesta siguen siendo de personas.

  • ¿Esto sirve para clasificar a las personas internas?

    No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no lleva ficha de nadie y no sigue a una persona concreta por el establecimiento. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no califica a nadie, no clasifica a nadie por su comportamiento y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son situaciones que definió el propio establecimiento: «hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie». Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, al personal y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza al personal?

    No. IRIS no abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión y no reemplaza a ninguna persona del establecimiento. Tampoco reemplaza al conteo reglamentario ni a ningún protocolo del centro: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay gente en el pasillo», sino «avísame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, por más de un minuto». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su establecimiento, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el establecimiento, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la propia institución, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en ese patio: lo normal en un establecimiento no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obra o se abre un pabellón nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Y los derechos de las personas internas y los del personal?

    Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que el establecimiento definió —un patio, un pasillo, un muelle de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona interna y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no les puede decir «esta persona pasó por acá seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas internas, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, la firma la entidad que lo instala, con sus servicios legales y con la representación del personal delante. Desconfíen de quien les diga lo contrario.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un establecimiento ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del establecimiento?

    Solo si ustedes quieren, y en un establecimiento penitenciario lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿El aforo por zonas es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se audita. Y en el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza al conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y hay que ponerlo sobre la mesa antes de firmar. Fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona sin cámara, IRIS no ve nada: exactamente lo mismo que no vería una persona sentada delante de esa pantalla. Con poca luz, con lluvia fuerte o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que a un segundo de distancia son idénticas: dos personas que se abrazan y dos que forcejean. Por eso el aviso lo cierra siempre alguien mirando el video. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender así: es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un pabellón con doce cámaras y tres reglas y un establecimiento entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

Y lo mejor

IRIS solo ve lo que la cámara muestra.Donde no llegamos, lo decimos.

Un encuadre que apunta para otro lado no lo arregla ningún programa, y un lente velado tampoco. Por eso lo primero que hacemos es decirle qué cámaras están hoy en condiciones de ver lo que se les va a pedir, y cuáles no.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Contestamos el mismo día hábil.