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¿Cuánto demora en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la madrugada?

En un hospital, el dato no diagnostica. Sirve para que alguien pase antes.

Acá mostramos trece cámaras: doce que avisan cuando está pasando algo y una que no avisa de nada, solo mide. Y antes que nada, porque es lo primero que piensa cualquiera al oír «cámaras» y «hospital»: acá no hay cámara en ninguna habitación, ni en ningún baño, ni en ningún consultorio. IRIS mira zonas comunes —pasillos, salas de espera, halls y accesos— y en esas zonas no identifica a nadie: no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no entra a la historia clínica y no diagnostica nada.

Lo que está en juego en un hospital

Kilómetros de pasillo, cientos de cámaras y, delante de las pantallas, un puñado de personas por turno. Y un hospital que no cierra nunca. La gente que trabaja ahí está atendiendo a alguien, no mirando un monitor, y así tiene que ser. Por eso, cuando alguien se cae en un pasillo a las cuatro de la madrugada, lo que decide cómo termina la historia no es la cámara que lo grabó: es cuánto demora en pasar alguien. Un minuto o veinte, y esa diferencia no la ve nadie hasta que ya pasó.

IRIS mira por usted. Analiza al mismo tiempo todas las cámaras que el hospital ya tiene en sus zonas comunes y solo interrumpe cuando se cumple una regla que escribió el hospital: una persona en el piso en un pasillo, alguien que lleva demasiado rato sin moverse en una sala de espera, líquido en el piso delante de un ascensor, una camilla estacionada delante de una salida. El aviso llega con la cámara, la hora y el video. Y llega mientras está pasando, a la persona que puede mandar a alguien ahí.

Y donde no hay nada que avisar, IRIS mide. Cuánta gente hay ahora mismo esperando en emergencia y cuánto rato lleva llena la sala. Eso no se configura hablando, se configura dibujando: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el número sale igual todos los días y se puede auditar. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: la cifra la verificó un tercero independiente, no nosotros. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana. Y sirve para saber a qué hora hace falta más gente en el mostrador, nunca para decidir a quién se atiende antes: eso IRIS no lo toca.

Y dos cosas en voz alta, porque son las primeras que piensa cualquiera al oír «cámaras» y «hospital». La primera: acá no hay cámara en ninguna habitación, ni en ningún baño, ni en ningún consultorio, ni en ningún sitio donde se atiende o se examina a un paciente. IRIS mira zonas comunes: pasillos, salas de espera, halls y accesos. Y en esas zonas no identifica a nadie: no reconoce rostros, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no entra a la historia clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. La segunda: IRIS no diagnostica, no hace triaje y no decide a quién se atiende antes. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie y no participa en ninguna decisión clínica. Tampoco reemplaza a la vigilancia clínica ni a ningún profesional, y no llama a nadie por su cuenta. Avisa antes, para que llegue una persona.

La escala real

Trece cámaras acá. Un hospital tiene cientos, y no cierra nunca.

Trece entran en una pantalla; un hospital, no. Y acá el eje no son los kilómetros de una carretera ni las tiendas de una cadena: son los metros de pasillo y las horas. Kilómetros de pasillo por hospital, y todas las horas del día todos los días del año, porque un hospital no cierra. De madrugada circula todavía menos gente, y las horas en las que menos gente pasa por un pasillo no son las horas en las que menos falta hace que pase alguien. Poner más personas delante de más pantallas tampoco lo arregla, y además sería absurdo: quien trabaja en un piso tiene que estar atendiendo, no vigilando un monitor. IRIS no se cansa y no se distrae. Analiza todas las cámaras que haya en las zonas comunes, todas las horas, y solo interrumpe cuando se cumple una regla que escribió el hospital.

Ejemplos

Estas trece son solo ejemplos.

Doce avisan cuando está pasando algo y una no avisa de nada: solo mide. Van en cinco grupos, y el primero son los pacientes, porque en un hospital eso es lo primero: los pacientes, lo que hay que resolver ahora, los accesos y las zonas, el personal y los equipos, y medir el hospital. No son las trece cosas que sabe hacer IRIS en un hospital; son las que entran en una pantalla, y las escribe cada centro con sus palabras. Todas ocurren en zonas comunes. Entre a cualquiera y va a ver la imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.

Simulación · así funciona IRIS

Una cámara mira. IRIS entiende lo que está viendo.

Un extracto de la pantalla real, sin locución y sin manos. Cada vuelta plantea otra situación. Lo que hay detrás es bastante más grande que lo que se ve.

  1. Las cámaras, sobre el mapa
  2. Se dibuja una zona
  3. Sale qué pasó por ahí
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Y ahora piense en su hospital

Imagine saberlo mientras está pasando, y no cuando por fin pasa alguien por ahí.

La persona que lleva cuatro minutos en el piso del pasillo del tercer piso. El paciente que lleva veinte minutos sentado sin moverse en una sala de espera. El que espera solo en un pasillo mientras el control de enfermería está vacío. Alguien en bata saliendo por la puerta de la calle sin que nadie lo sepa. El charco que lleva media hora delante del ascensor. La camilla estacionada delante de una salida. El empujón a un técnico en el mostrador de emergencia a la una de la madrugada. Los tres que entraron por una puerta que no es para visitas. La recepción del hall, sin nadie detrás, a la hora de más gente. Los cuarenta visitantes apretados delante de un ascensor. La zona que lleva media hora sin nadie con uniforme. El equipo que hace falta ahora y que está en la otra punta del edificio. Y las cincuenta personas que llevan esperando en emergencia desde antes del almuerzo.

Nada de eso está oculto: pasa delante de cámaras que el hospital ya tiene puestas, en zonas comunes. Lo que falta es alguien que las mire: hay cientos de pantallas y un puñado de personas por turno, y quien podría mirarlas está atendiendo a alguien. IRIS mira todas esas cámaras al mismo tiempo y lo dice mientras está pasando, a quien puede mandar a alguien ahí. Ninguna de esas frases dice quién es nadie ni qué le pasa: dicen qué está ocurriendo, dónde y desde cuándo. Delante de cámaras que ya existen.

Lo que se pregunta en la visita al hospital

Las diez preguntas que salen antes de decir que sí.

Van contestadas en la primera línea, sin vueltas, y sin prometer que una cámara evite una caída ni que mejore ningún resultado clínico. Lo que hace IRIS es avisar antes. Mirar, valorar y decidir le sigue tocando a un profesional.

  • ¿Van a poner cámaras en las habitaciones?

    No, y esto va antes que nada. No hay cámara en una habitación, no la hay en un baño, no la hay en un consultorio y no la hay en ningún sitio donde se atiende o se examina a un paciente. IRIS mira zonas comunes: pasillos, salas de espera, halls y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y en esas zonas no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no entra a la historia clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso del pasillo del tercer piso»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?

    Ni lo uno ni lo otro. El criterio clínico es de un profesional, y en ese terreno IRIS no entra: no dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no prioriza a ningún paciente. Tampoco abre la historia clínica, ni toca ningún dato médico, ni se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no viene a reemplazar la vigilancia clínica: los protocolos del piso quedan exactamente igual, con las mismas personas y el mismo procedimiento. Tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo único que hace es avisar antes —cámara, hora y video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay alguien parado en el pasillo», sino «avísame si hay una persona en el piso de este pasillo por más de veinte segundos», o «avísame si alguien lleva más de quince minutos sin moverse en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se mira y qué no?

    Lo decide el hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en esos pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obra o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué le contamos al personal y a los profesionales?

    Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control de asistencia, no es marcación y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún sitio y no les puede decir «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa —un mandil, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con el personal delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si la gente sabe qué mira y qué no mira.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, halls y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una puesta para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del hospital?

    Solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar dentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de historia, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿La cifra de gente que espera en emergencia es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se repite y se audita. Y en el conteo de personas no se queden con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación peruana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que ustedes puedan reforzar el turno o abrir otro módulo. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo sin cámara, IRIS no ve nada: igual que no vería nada una persona sentada delante de esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones casi idénticas a un segundo de distancia: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y falta la frase completa, que es la incómoda: IRIS no evita ninguna caída. Cuando la ve, ya ocurrió. Lo que cambia es cuánto rato esa persona se queda en el piso antes de que llegue alguien. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender así: es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un pasillo y la sala de espera de emergencia, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

Y lo mejor

Grabar ya lo hace.Lo difícil siempre fue mirarlo.

Hay años de video ahí guardados que solo se abren cuando ya ocurrió algo. IRIS entiende esas mismas imágenes a medida que entran, así que la respuesta deja de vivir únicamente en el archivo.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Contestamos el mismo día hábil.