¿Cómo se decide algo entre tres personas que están en tres lugares?
Todos ven la misma cámara, en vivo, dentro de la misma reunión
Pasa algo en una instalación y hay que decidir entre tres personas que están en tres lugares distintos. Hoy eso se resuelve describiendo por teléfono lo que uno tiene en su pantalla, o sacando el celular para grabar el monitor. Con IRIS se abre una sala desde el propio muro de cámaras y la cámara entra adentro de la llamada: todos ven lo mismo, al mismo tiempo, en vivo. Una herramienta de reuniones no puede hacer eso, porque no es el sistema de video; y acá no hace falta ninguna, porque ni una imagen sale de la instalación.
De un vistazo
Lo que sabe hacer
La cámara, dentro de la llamada
Ni una captura ni una pantalla compartida: adentro de la reunión se sirve en vivo el muro del operador. Quien llega tarde ve el muro que hay en ese momento, no una pantalla vacía.
La sala se abre donde usted está mirando
La sala nace donde el operador está trabajando —el muro de cámaras o el mapa— y arranca ya con esa vista puesta. Si él la cambia, cambia para todos, celda por celda.
Un enlace para quien no tiene cuenta
Un código escaneado con el celular y el personal de campo ya está adentro. Ese enlace vence, lleva la cuenta de sus usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre.
Pizarra sobre el mismo plano
Flechas, zonas, recorridos, texto y medidas de distancia y de superficie: varios participantes dibujan a la vez sobre el mapa. Y cuando alguien se va, su dibujo se retira solo.
La reunión queda como prueba
Queda en el mismo almacén de evidencia que el video de las cámaras, con su huella para demostrar que nadie la tocó, y se adjunta a un caso. El aviso se muestra antes de entrar, en el idioma de cada quien.
Preguntarle a IRIS sin salir de la sala
La pregunta va sobre las cámaras que están en pantalla en ese momento, y la respuesta se publica en el chat, a la vista de todos. Después queda en el historial, con las cámaras que se consultaron.
Nada sale de la instalación
Nada de servicios externos, nada de nube ajena, nada de herramientas de terceros. La reunión entera viaja por el mismo puerto 443 que el resto de IRIS, y una instalación sin salida a internet la hace igual.
Un parpadeo no lo saca de la reunión
Una caída pasajera del celular en campo no cuenta: solo la sostenida se toma como salida. Y si le falla la cámara, esa persona sigue en la sala, en la lista y en el chat.
La sala nace de la incidencia
Nadie tiene que salir a buscar un enlace ni explicar dónde mirar: compartir la incidencia y convocar la reunión son la misma acción. Quien entra ve el plano sincronizado y la misma ficha abierta en su pantalla.
Se avisa antes de grabar, y hay que aceptar
El aviso aparece antes de entrar, en el idioma de cada quien y con el texto que escribió el administrador; quien no lo acepta, no entra a una sala que graba. Y el distintivo de grabación queda a la vista durante toda la reunión.
Una reunión no le quita trabajo a la detección
En su propio servicio corren las salas, aparte del video y del análisis. Abrir una sala no le quita recursos a lo que las cámaras están detectando en ese momento.
Nada se prende solo
El panel de la reunión se abre sin que se prenda la cámara ni el micrófono: nada se emite hasta hacer clic en conectar. Y al salir se sueltan todas las pistas, de modo que la luz de la cámara se apaga de verdad.
Reunirse mirando lo mismo
Decidir sin describir por teléfono lo que uno está viendo
Una alarma, un vehículo detenido donde no debe estar, un aviso en una planta. El operador lo está viendo en su pantalla. Quien tiene que decidir está en otro edificio, y quien responde por la zona va manejando. Hoy la conversación empieza siempre igual: alguien describe por teléfono lo que tiene delante, y los otros dos deciden sobre una descripción en vez de sobre una imagen. Con IRIS la sala se abre desde el propio muro y la cámara entra adentro de la llamada: los tres miran la misma imagen, en el mismo instante, mientras conversan. Nadie tuvo que abrir otra aplicación, y ninguna otra habría podido hacerlo: para meter esa cámara adentro de la llamada hay que ser, además, el sistema que la está grabando.
Hay instalaciones que sencillamente no pueden sacar una imagen afuera: un penal, un hospital, una infraestructura crítica. Ahí, abrir una herramienta de videollamada ajena y compartir la pantalla no es una comodidad discutible: es algo que no se puede hacer. Y su alternativa no es otra herramienta, es no hacer la reunión. La videoconferencia de IRIS no llama a ningún servicio externo, ni para conectar la sala ni para el audio y el video. Todo viaja por el mismo puerto 443 que el resto del sistema, así que el área de redes no tiene que abrir nada nuevo en el firewall. Y en una instalación sin salida a internet funciona exactamente igual.
A una sala de crisis entra quien tiene que entrar, y en cuatro condiciones distintas. Los operadores entran con su cuenta y con los permisos que ya tienen en el sistema. Quien está en la calle entra con un enlace que vence, que lleva la cuenta de sus usos y que se anula al instante; ese mismo enlace decide qué puede hacer: publicar su cámara, ver el muro, escribir en el chat, o solo mirar. Los roles de una sala son cuatro —anfitrión, operador, campo y espectador— y quien no es anfitrión no modera, por mucho que manipule su navegador: el rechazo lo da el servidor, no la pantalla. Las salas, los enlaces, los mensajes y las grabaciones quedan aislados por organización, así que una central que atiende a varios clientes no los mezcla nunca.
Terminada la reunión, queda. Queda el video, con su huella criptográfica para demostrar que nadie lo tocó, guardado en el mismo almacén de evidencia que el video de las cámaras y adjuntable a un caso. Queda el registro de la sala, que solo agrega y jamás se reescribe: quién entró, con qué rol y con qué enlace, qué cámaras se estaban mirando en cada momento, quién silenció a quién y quién cerró. Queda el chat, con lo que se escribió y con lo que se le preguntó y respondió la inteligencia artificial. Y los límites se dicen en voz alta: una sala admite hasta ocho personas a la vez, y la novena recibe un aviso de sala llena, nunca una falla muda.
Convocar una reunión de crisis suele ser un trámite aparte: buscar el enlace, pegarlo en un mensaje y después explicar por escrito dónde hay que mirar. Acá no. El enlace del plano de operaciones lleva la reunión adentro, y con ella lo que el operador tiene abierto: el encuadre del mapa, las capas, las cámaras que seleccionó y la ficha de la incidencia. Si él tiene un expediente abierto, al otro se le abre el mismo. Las cámaras del enlace no se copian: se vuelven a pedir con los permisos de quien lo abre, así que un enlace compartido nunca le muestra a nadie algo que no pudiera ver por su cuenta. Y quien lo recibe puede entrar en modo solo mirar: sigue el plano y escucha la reunión, pero no mueve el mapa ni la cierra.
A un producto se le conoce por lo que hace cuando algo no está en su sitio. Si el sistema no tiene configurado dónde guardar las grabaciones, el grabador no arranca y lo dice: no da por grabada una reunión que no lo está. Si falta un dato necesario para funcionar, el servicio avisa en vez de arrancar a ciegas con un valor inventado. Y mientras el servicio de reuniones todavía no responde, la pantalla de estado lo declara en lugar de mostrar ceros que parecerían datos. Si la grabación falla a mitad de una reunión, la reunión sigue: la falla queda anotada, pero nadie se queda sin hablar. Nada de esto luce en una demostración; todo se nota el día que algo va mal.
Las cifras
Contado, no estimado
- 0Herramientas de afuera: la reunión ocurre dentro del propio sistema
- 8Participantes a la vez en una sala
- 500Anotaciones a la vez sobre el mismo plano
- 443El único puerto que hay que abrir para toda la reunión
- 11Acciones que quedan en el registro de cada sala
- 3Formas de proteger un enlace: abierto, con sesión o con PIN
Preguntas
¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
No. La sala vive adentro de IRIS y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa. No hay nada que instalar ni que contratar aparte, y tampoco hay que sacar el video de la instalación para poder conversar sobre él: la cámara entra adentro de la llamada, en vivo, y todos ven lo mismo mientras hablan.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Sí. El anfitrión genera un enlace con código QR que se escanea con el celular. Ese enlace vence, tiene un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar. Y cada uso queda registrado.
¿Funciona en una instalación sin internet?
Sí. La conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras viajan por el puerto 443 dentro de la red del propio cliente. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace la reunión igual que cualquier otra sede.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si prender la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí, una sola vez, y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso aparece en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de fuera de la organización?
Entra con un enlace y sin cuenta. El anfitrión decide tres cosas sobre ese enlace. Cómo se protege: abierto para cualquiera que lo tenga, restringido a quien tenga sesión en el sistema, o con PIN. Cuánto vive: unas horas, hasta una fecha concreta, o sin límite, y con un tope de usos. Y qué puede hacer quien lo abra. El idioma también viaja en el enlace, así que un contratista o un perito lo abre en el suyo sin configurar nada. Y se anula al instante apenas deja de hacer falta.
La interfaz real, paso a paso
Usted pone la regla una vez. IRIS la aplica siempre.
Va a ver un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.
- Usted dibuja la raya
- Se cuenta solo
- Sale un número
Siguiente paso
El transporte público
¿Quién mira una estación entera en hora punta?
17 casos: 11 avisan cuando pasa algo y 6 solo miden. Usted ve cada imagen tal cual, y después con lo que IRIS entiende encima.
El comercio
¿Quién ve las ventas que no llegan a la caja?
10 casos: 4 avisan cuando pasa algo y 6 solo miden. Usted ve cada imagen tal cual, y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Agregar una cámara cuesta lo que cuesta;agregar a alguien que la mire cuesta todos los meses.
Pasado cierto número de pantallas, la realidad es que ya casi nadie mira ninguna. IRIS las mira todas al mismo tiempo y solo lo interrumpe cuando ocurre eso que usted dejó escrito que le importaba.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Contestamos el mismo día hábil.