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¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

Encontrar a alguien por cómo es, sin rostro y sin placa

En el centro de control hay cuarenta cámaras y dos semanas grabadas. La pregunta llega a las ocho de la mañana y es siempre la misma: encuéntrelo. Revisar a mano no es una opción, y un buscador de movimiento solo sabe decir que ahí algo se movió. IRIS anota, mientras el video se graba, cómo era cada objeto que pasó: qué era, de qué color, por dónde fue, cuánto se quedó y a qué hora. Buscar deja de ser mirar video y pasa a ser una pregunta con respuesta.

De un vistazo

Lo que sabe hacer

  • Buscar por cómo era

    No hay que elegir entre buscar por color o buscar por hora: van juntos. Quince criterios en la misma consulta —tipo de objeto, color, modo y tolerancia de coincidencia, comportamiento, duración, sentido de marcha, zona de la imagen y cómo calza en ella, fechas, franja horaria, cámaras, cantidad de resultados, confianza y cruce con el movimiento—, y todos sobre lo que ya quedó anotado. Nadie tiene que volver a abrir el video.

  • Basta con una frase

    Usted escribe la frase —carros rojos entre las dos y las seis de la tarde— y los filtros se llenan solos. En pantalla queda qué entendió y qué descartó. Lo que la frase no dijo, no se completa por su cuenta.

  • Marcar un objeto y buscar parecidos

    Basta con hacer clic sobre un objeto de la imagen para preguntar dónde más sale: en esa cámara, en todas, o en las que usted marque. El parecido mínimo lo fija quien busca, y cada resultado viene con el suyo al costado.

  • El mismo, en otra cámara

    Sobre las demás cámaras, el sistema levanta una lista de apariciones posibles del mismo objeto, ordenada por nivel de confianza. Y ahí se detiene: confirmar o descartar cada propuesta es trabajo de una persona, y esa decisión queda firmada.

  • El recorrido completo

    Cada avistamiento confirmado se suma a un expediente: cuándo se le vio por primera vez y por última, cuántas cámaras lo vieron y qué recorrido hizo. Sale a hoja de cálculo y se adjunta a la incidencia.

  • Volver a mirar el video

    ¿Y si eso que busca nunca quedó anotado? Queda repasar la grabación completa. Antes de empezar avisa cuánto va a costar; mientras corre muestra por dónde va; y se detiene cuando usted quiera, sin perder lo ya revisado.

  • Quién buscó qué y cuándo

    De cada búsqueda queda constancia: autor, hora, cámaras y criterios. Y nadie encuentra objetos de una cámara que no tiene permiso de ver: esas cámaras no aportan resultados, y la pantalla lo dice en vez de callarlo.

  • El rostro viene apagado

    Reconocimiento facial el producto sí lo trae. Viene apagado, y en la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley lo permite, encenderlo es una decisión de cada instalación, y queda escrito quién lo hizo.

  • Y qué dejó fuera

    El panel deja a la vista cada filtro que quedó puesto —clase, color, franja, cámaras, comportamiento, zona— y también lo que dejó fuera y por qué: un color que no está en el catálogo, una cámara que ese usuario no puede ver, una zona que hay que dibujar a mano. Y al verificar resultados, separa «sin verificar» de «no cumple».

  • El color, medido siempre igual

    Una camioneta blanca deja de ser blanca debajo de un poste de alumbrado amarillo, y eso pasa todas las noches. Por eso el color se mide sobre el recorte del objeto y nunca sobre el fotograma entero. Se puede pedir de tres maneras: solo el color dominante, presente en cualquier parte del objeto, o por tono parecido. Son once colores de catálogo, más cualquier color libre que se elija en pantalla.

  • Lo que se guarda, y cuánto

    Cada tipo de dato tiene su propio plazo: personas, vehículos, rostros y placas se guardan por separado, y las políticas de naturaleza biométrica van marcadas como tales. Las zonas sensibles se tapan con máscaras de privacidad, y destaparlas deja motivo, hora y nombre —con el visto bueno de un segundo supervisor si la organización lo exige.

  • De la búsqueda a la prueba

    Cualquier resultado se anexa a la incidencia y al expediente del caso, con su cadena de custodia. Y lo que sale es un archivo de columnas, con encabezado fijo y nombre fechado, que abre cualquier hoja de cálculo: nadie tiene que fiarse de una captura de pantalla.

Lo que resuelve el trabajo

Casi todo se resuelve sin el rostro

Quien busca a una persona en un archivo de video casi nunca tiene una foto de su rostro. Lo que tiene es lo que pasó, contado por alguien que estuvo ahí: salió alguien con una caja por el portón de atrás, cerca de las siete de la noche, y cruzó el patio hacia la vereda. Eso es justo lo que IRIS anota de cada objeto mientras graba: qué era, de qué color, por dónde fue, cuánto tiempo se quedó, en qué zona y a qué hora. Con eso se le encuentra sin saber quién es, y ese es el trabajo real de casi todas las búsquedas. Es además la manera menos invasiva de resolverlo, y acá es la vía principal, no el premio de consolación: la biometría es la excepción, y viene apagada.

Buscar no vuelve a abrir el video: consulta lo que se anotó mientras el video se grababa. De cada objeto quedan más de cincuenta datos medidos; quince criterios entran juntos en una sola consulta; y sobre ellos se puede pedir cualquiera de las 94 clases del catálogo, cualquiera de los once colores o un color libre elegido en pantalla, y cualquiera de los nueve comportamientos: rápido, parado, merodeo, sentido de marcha, permanencia, cruce de línea, sentido contrario, objeto abandonado o zona visitada. Un filtro que nadie pidió no se llena solo. La pantalla dice siempre cuántos resultados hay de verdad antes de recortar la lista. Y cuando no hay ninguno, dice por qué: sin permiso, sin grabación, sin indexar, apagado, o realmente sin coincidencias. Una falla nunca se disfraza de «acá no hay nada».

Una búsqueda se vuelve un recorrido el día que el mismo objeto aparece en la cámara de al lado. IRIS propone candidatos ordenados por nivel de confianza —alta, probable o ambigua— y publica por separado las tres señales con las que llegó ahí: el parecido, el encaje en el tiempo y la cercanía entre las dos cámaras. Lo físicamente imposible lo descarta solo: si entre una cámara y la otra no da el tiempo material para llegar, el candidato ni se muestra. Y ahí se detiene. El sistema propone; una persona confirma o descarta, y su decisión queda guardada con nombre y hora. Identidad no se afirma nunca: la pantalla habla de posible coincidencia por apariencia, y avisa de que no sirve como prueba de identidad y de que necesita revisión humana.

Sí, IRIS incluye reconocimiento facial. Y viene apagado, y en la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley sí lo permite, encenderlo no es marcar una casilla: hay una pantalla que no se puede saltar, con nueve advertencias de lectura obligatoria y tres datos que se escriben a mano —base jurídica, finalidad y plazo de conservación—. Sin esos tres, el proceso queda inerte; y si se retira la base jurídica, se detiene al momento, sin reiniciar nada. Nada de esto lo decidimos nosotros y nada viene puesto de fábrica: lo decide cada instalación, queda escrito quién lo encendió y con qué base, y después todo lo que se busque queda auditado, quién buscó qué y cuándo. En las nueve zonas que esta web enseña, IRIS no identifica a nadie: en esas cámaras la función no está encendida.

Un objeto no vive dentro de una cámara: la atraviesa. Desde una aparición se pueden pedir candidatos en las cámaras vecinas dentro del cuarto de hora siguiente, o abrir la ventana hasta 168 horas —una semana entera— para seguir al mismo camión o a la misma persona por toda la instalación. Cada avistamiento que una persona confirma se suma a un expediente del objeto: cuándo se le vio por primera vez y por última, cuántas cámaras lo vieron, cuántos avistamientos lo componen y, si es un vehículo con lectura, su placa más repetida. Ese expediente es el recorrido, y es también lo que se adjunta a una incidencia o a un caso. El histórico de huellas llega a unos catorce días: la fecha no se bloquea, se avisa de que más atrás puede no quedar nada, porque esconder el límite sería peor que decirlo.

Una lista vacía es la peor pantalla de cualquier buscador, y es donde se ve de qué está hecho. Acá ninguna se queda callada: o nadie llegó al umbral —y se dice cuál se usó de verdad, no el que esté ahora en el mando—, o el objeto marcado todavía no se indexó, o falta permiso, o no hay grabación, o la búsqueda por apariencia está apagada en toda la plataforma, y entonces se indica el sitio exacto donde se vuelve a encender. Cuando una sola fila resume decenas de avistamientos, lo declara con el intervalo real que cubre. Y lo que está quieto no inunda nada: se mide la primera vez y después solo de rato en rato, porque una moto estacionada midiéndose cada segundo tapaba todo lo demás. Deja de repetirse; no deja de indexarse.

Las cifras

Contado, no estimado

  • 94clases de objeto que se pueden buscar por su nombre
  • +50datos medidos y guardados de cada objeto que pasa
  • 15criterios que entran juntos en una sola consulta
  • 9avisos legales de lectura obligatoria antes de poder encender la biometría
  • 11colores de catálogo, más cualquier color libre que se elija en pantalla
  • 168horas de ventana para seguir al mismo objeto entre cámaras: una semana

Preguntas

¿IRIS reconoce rostros?

Sí lo incluye, y viene apagado. En la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley lo permite, encenderlo pasa por nueve advertencias legales de lectura obligatoria y por declarar tres cosas a mano: base jurídica, finalidad y plazo de conservación. Sin esos tres datos no funciona, y si se retiran, se detiene al momento sin reiniciar nada. No viene puesto de fábrica ni lo decidimos nosotros: lo decide cada instalación, y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las zonas que esta web enseña IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras la función no está encendida. Y conviene decir lo otro: casi ninguna búsqueda real la necesita, porque se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.

¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto IRIS guarda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona— y con eso vuelve a encontrarlo en otra cámara y otro día sin ponerle nombre a nadie. Cuando propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y nunca como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión humana. Confirmar o descartar cada propuesta es de una persona, y su decisión queda guardada con nombre y hora.

¿Quién puede buscar y qué queda registrado?

Buscar no lo puede hacer cualquiera: hace falta el permiso de ver grabaciones, y encima cada usuario solo alcanza los objetos de las cámaras que puede ver. Una cámara sin permiso no rompe nada; simplemente no aporta resultados, y la pantalla lo dice en vez de callarlo. De cada búsqueda queda escrito autor, hora, cámaras y criterios. Las zonas sensibles se tapan con máscaras de privacidad, y destaparlas pide un motivo y, si la organización lo exige, el visto bueno de un segundo supervisor. El tiempo de conservación se fija por separado para cada tipo de dato. Y todo esto pasa dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y funcionan sin internet, así que ni una imagen sale a un tercero. Todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el firewall.

¿Y si la persona se cambia de ropa?

Se rompe el rastro por apariencia, y preferimos decirlo antes de que lo descubra usted solo. La huella se arma con el color, la forma y la complexión; cambiada la ropa, cambia la huella, y de ahí en adelante IRIS ya no propone a esa persona en las cámaras siguientes. Lo que nunca hace es tapar el hueco con una coincidencia inventada: informa que nadie llegó al umbral, y con qué umbral se midió. Lo que sí sobrevive es todo lo anterior al cambio: dónde se le vio por última vez y a qué hora, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo, si lo hubo. Y esa es la razón de fondo de que el recorrido se arme con avistamientos que una persona confirma, y no con una cadena automática que nadie miró.

¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?

Ese plazo no lo traemos puesto: lo pone cada instalación, y lo pone cuatro veces, porque personas, vehículos, rostros y placas se configuran por separado. El rango va de cero a 3,650 días, y el cero es la trampa: no borra, guarda para siempre. Por eso la pantalla lo pinta en rojo, para que nadie lo elija de pasada. Quien borra de verdad es un barrido nocturno; si ese barrido no está armado, la pantalla lo dice en lugar de dejarle creer que el plazo se cumple solo. Ahí mismo se ve cuántas huellas vivas hay de cada modalidad y cuántas ya pasaron su fecha. Para consultarlas hace falta el permiso de ver grabaciones, y solo llegan las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la retención tiene su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan con nombre y hora.

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La interfaz real, paso a paso

Usted pone la regla una vez. IRIS la aplica siempre.

Va a ver un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.

  1. Usted pregunta
  2. IRIS busca
  3. Se lo muestra
IRIS NEURAL
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IRISDirectoGrabacionesGISIncidencias3996SituaciónCasosLPRAutomatizacionesIRIS DATA
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IRIS · Infinity Neural

Y lo mejor

Si usted tiene una cámara,ya tiene un vigilante. Si tiene cuatro mil, tiene cuatro mil vigilantes.

No hay uno que se canse, ni uno que se distraiga, ni uno que pida cambio de turno. Y no entra un equipo nuevo al edificio: las cámaras que ya están colgadas empiezan a entender lo que tienen delante.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Contestamos el mismo día hábil.