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IRIS NEURALContacto

Todo lo que preguntan

Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.

Van agrupadas por dónde nacen: primero lo que hay que entender antes que nada, después cada parte del producto y al final cada sector. Ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que va a ver en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.

297 preguntas contestadas

Antes que nada

Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hay que cambiar las cámaras que ya están puestas, si anda sin internet y quién toma la decisión.

  • ¿IRIS puede funcionar sin internet?

    Sí. IRIS se puede instalar de forma completamente local y trabajar sin conexión a internet. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas pueden correr adentro de la infraestructura del cliente.

  • ¿Tengo que cambiar mis cámaras?

    No necesariamente. IRIS está hecho para aprovechar la infraestructura de video que ya está puesta, siempre que la integración y los flujos disponibles lo permitan.

  • ¿IRIS toma decisiones por nosotros?

    No. Las reglas y los límites los define su organización. IRIS se hace cargo de aplicarlas una y otra vez, y le sube a las personas las situaciones donde hace falta criterio humano.

  • ¿Qué es un NVMS?

    Neural Video Management System. Es un sistema de gestión de video que además entiende la escena: reconoce objetos, zonas, tiempos y contexto, aplica las reglas que puso la organización y convierte ese video en métricas y en evidencia.

  • ¿Cuánto demora en estar funcionando?

    Depende de la instalación y de cuántas cámaras entren, así que no le vamos a dar un plazo genérico. Lo habitual es partir con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera, y crecer desde ahí.

  • ¿IRIS reemplaza mi VMS actual?

    Se resuelve después de mirar su red de cámaras, y nunca antes. IRIS puede quedar como sistema completo de gestión de video, o puede convivir con el que usted ya tiene: depende de la instalación. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirle qué se puede hacer hoy y qué no, antes que prometer que encajamos con todo.

  • ¿Cuánto cuesta IRIS?

    De tres cosas: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones quiere en cada una y dónde se procesa el video. No publicamos tarifa cerrada, porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada. Cuéntenos su caso y le damos una cifra concreta, no un rango.

  • ¿IRIS baja los avisos en falso?

    Sí, y es de las razones por las que se instala. La detección de movimiento de siempre salta con la lluvia, con una rama o con un gato. IRIS mira la escena: distingue qué hay, dónde está y cuánto rato lleva ahí antes de levantar el aviso. Lo que no le vamos a prometer es que nunca más salte un aviso de más, porque eso no existe. Lo que sí: que el ruido deje de llegarle a quien opera, y que cuando llegue un aviso, valga la pena abrirlo.

Qué es IRIS

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  • ¿IRIS toma decisiones por nosotros?

    No. Las reglas y los límites los define su organización, e IRIS se hace cargo de aplicarlos una y otra vez sobre todas las cámaras. Y cuando una situación pide criterio humano, le llega a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con todo delante.

  • ¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?

    No necesariamente. IRIS está pensado para aprovechar la infraestructura de video que ya existe, cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten. En la evaluación previa se revisa cámara por cámara: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no entregan la calidad de imagen que necesita la detección que usted busca.

  • ¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?

    En lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó su organización y ejecuta lo que tiene que ocurrir a continuación. Detectar es el principio, no el final.

  • ¿Detectar y entender son lo mismo?

    No, y esa es una de las cosas que más se confunden. Mirar son tres cosas distintas. La primera ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está; es rápida y entrega siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es la única con la que se puede contar y con la que un número sale igual dos veces. La segunda NOMBRA: distingue un furgón de un automóvil, un casco de un gorro; trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. La tercera ENTIENDE: lee la escena completa y la relación entre las cosas —no «una persona» y «un auto», sino «una persona en el piso junto a un auto detenido en medio del cruce»—, no necesita lista y responde a una frase escrita con sus palabras, pero no es con la que se cuenta. IRIS lleva las tres de serie, y no como extras aparte: en la misma cámara suelen hacer falta al mismo tiempo. Por eso decimos que preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y que no se hacen igual.

  • ¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?

    Sí. Una pieza que solo se fabrica acá, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo aparece con este material: nada de eso está en ninguna lista, y no va a estarlo. Se entrena un modelo propio con imágenes de sus cámaras y con sus casos, y pasa a ser una detección más adentro de IRIS: se escribe en una regla igual que las demás. Y ese modelo es suyo: se entrena con sus imágenes y con el criterio de su gente, así que queda en propiedad suya. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a su competencia y no depende de que usted siga siendo cliente para poder ocuparlo. Lo que hace falta para entrenarlo: imágenes de eso pasando —de verdad, no montadas— y alguien de su equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Si eso que quiere detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.

  • ¿IRIS es un VMS?

    Trae adentro lo que trae un VMS —recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar—, pero la propuesta va bastante más allá. IRIS entiende lo que pasa en la imagen, aplica las reglas de la organización, transforma el video en métricas y permite investigar sin sentarse a revisar horas de grabación.

  • ¿Tengo que reemplazar el VMS que ya tengo?

    No necesariamente. Según el proyecto, IRIS puede quedar como plataforma completa o convivir con la infraestructura de video que ya existe, aprovechando los flujos y las integraciones disponibles. Lo sensato es verlo caso a caso: qué cámaras hay, qué grabación existe y qué sistemas se pueden reutilizar.

  • ¿Qué significa exactamente NVMS?

    Es la sigla de Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que además entiende lo que ocurre adentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS está en el centro del modelo: el VMS gira alrededor de la pantalla y de quien opera; el NVMS gira alrededor de la decisión.

  • ¿Hacen desarrollos a medida?

    Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja su equipo, un informe con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en su operación. Eso se hace. Lo que no le vamos a decir es que todo cabe en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.

  • ¿Se integra con lo que ya tengo?

    Sí, y es lo normal: casi nadie parte de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja su equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS se puede apoyar en algo que el sistema de ustedes ya sabe. Lo que no le vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de usted. Se comprueba al principio, con su sistema delante, y si algo no va a poder ser, se dice ahí.

Lenguaje natural

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  • ¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?

    No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.

  • ¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?

    No. Hay situaciones que una cámara concreta no resuelve, por dónde está puesta, por la calidad de su imagen o por la luz que tiene; y hay detalles chicos o muy lejanos que ninguna cámara de ese encuadre alcanza a distinguir. Eso no se resuelve discutiéndolo: se prueba la descripción sobre video real de esa cámara y se mira el resultado antes de contar con ella.

  • ¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?

    Sí. Además de definir reglas hacia adelante, usted puede describir algo que ya ocurrió —«furgón blanco detenido más de diez minutos en el andén 4»— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Deje de buscar el minuto; busque lo que pasó.

  • ¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?

    Nada. Acá no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas: IRIS no cobra por consulta. Escriba la regla, pruébela contra el video de esa cámara, cámbiela y vuélvala a probar todas las veces que quiera; una prueba y un millón salen igual. Es a propósito: una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas de una sola vez y mal.

Procesamiento

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  • ¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?

    Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no necesita internet para trabajar. Los servidores quedan en su edificio, el video entra por su red y los modelos corren en su hardware sin consultarle nada a ningún servicio de afuera. Desenchufe el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.

  • ¿Dónde queda el video y quién puede acceder a él?

    El video queda donde usted decida, y entra a él solo quien usted autorice. En la modalidad local vive en los discos de su edificio y no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, y el contrato fija quién puede entrar, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. En las dos modalidades las comunicaciones van cifradas y los accesos quedan registrados.

  • ¿Puedo partir con una modalidad y cambiarme a la otra más adelante?

    Sí. Es el mismo sistema en las dos: lo que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que usted dibujó sobre sus cámaras, ni la forma de trabajar de quienes operan. Y tampoco tiene que moverse la organización entera de una vez: cada instalación puede tener su modalidad y todas se miran desde el mismo lugar. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se conversa antes de firmar, no después.

  • ¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?

    Si se cae el enlace, el análisis en nuestro centro de datos se detiene hasta que la línea vuelve. Lo decimos derecho porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y en ese rato no va a recibir avisos. Sus cámaras siguen grabando donde graban hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —una sala de control, una planta de aguas servidas, un recinto penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.

  • ¿Me sale más caro mientras más lo use?

    No. IRIS no se factura por uso: no hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas. Una consulta y un millón de consultas salen lo mismo. Es a propósito, porque un sistema que cobra por pregunta termina ocupándose poco: quien opera se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda quieta. Lo que sí cambia el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad, y eso se conversa antes de firmar, no después.

  • ¿IRIS solo sirve para seguridad?

    No. IRIS sirve además para medir la operación: aforos, tiempos de espera, ocupación de zonas, filas y flujos de personas o vehículos. En muchas instalaciones ese es el uso que más se repite, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Eso no se pide hablando: se dibuja una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. Y el conteo de personas está homologado, vía NeuralPax, por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: lo homologado es esa medida, contar personas, y no el resto, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?

    No hace falta. La plataforma es la misma en todos los entornos y lo único que cambia es cómo queda configurada: qué objetos importan, qué zonas se vigilan y qué reglas corren. Una organización con entornos muy distintos termina trabajando con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo formado.

  • ¿Funciona en lugares apartados, sin personal ni conexión?

    Sí, siempre que la cámara tenga alimentación y una vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre adentro de la propia instalación, así que en un cierre perimetral apartado o en una red cerrada IRIS sigue entendiendo la escena aunque no haya conexión a internet.

Por lo que hace

Una pregunta por cada parte del producto: el vivo, la búsqueda, las patentes, los incidentes, los mapas, la automatización y todo lo demás.

Vivo y mural de pantallas

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  • ¿Hay que cambiar de cámaras para tener un mural así?

    No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y quien opera lo maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado en la pared de afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y vuelve igual mañana, y que el mural de la sala se gobierna desde el escritorio.

  • ¿Cuántas cámaras caben en una pantalla al mismo tiempo?

    Hasta 64 celdas por pantalla, con veinte formas de grilla o colocación libre a mano. Aparte de eso hay un tope, configurable por servidor, de cuántas de esas celdas dan video en vivo al mismo tiempo, para no ahogar ni el puesto de quien opera ni la red. Las celdas que pasan de ese tope no se quedan negras: muestran imagen fija que se refresca, y la propia celda avisa de que es una decisión del sistema y no una falla.

  • ¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?

    Son tres permisos distintos —ver, mover y configurar— y encima cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona. Las zonas tapadas por privacidad no se destapan desde una vista: exigen motivo escrito, duración limitada y, si la organización lo pide, un supervisor que lo autorice. Y sí, todo queda constancia: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada acceso a un mural publicado quedan registrados con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía.

  • Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una falla o una decisión?

    Porque la celda lo dice. IRIS distingue tres motivos y los nombra: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —una decisión del sistema, no una falla—, la cámara está caída, o el flujo se quedó detenido. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Quien opera puede exigir además que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque usted no tiene acceso a esa cámara, también lo dice: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en una sala.

  • ¿Qué hace falta de verdad para armar un mural de pantallas?

    Una pantalla con navegador —televisor, monitor o cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. En esa pantalla no hay nada que instalar ni ningún archivo de configuración que tocar: la forma del mural, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. Abre el enlace publicado sin escribir contraseña, y ese enlace lleva PIN, vencimiento y lista de direcciones permitidas. Lo que sí hace falta no lo vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Esa parte es trabajo de la sala, y todo lo demás existe para que solo haya que hacerla una vez.

Detección y comportamientos

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  • ¿Qué puede detectar IRIS exactamente?

    Vienen 41 comportamientos listos: intrusión, cruce de línea, permanencia, permanencia prolongada, objeto dejado o retirado, aforo, filas, aglomeración con densidad, espacio ocupado, sentido contrario, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. Todos ellos trabajan sobre un catálogo de 94 clases de objeto repartidas en 12 familias. Y si lo que usted busca no es ninguno de los 41, se arma con el filtro fino: cada objeto se compara contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores, y las condiciones se agrupan con «y» y con «o».

  • ¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?

    Para partir, no. Cada clase del catálogo trae su altura promedio real —1,70 metros una persona, 1,50 un auto— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. Para medir de verdad sobre el suelo se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden en la realidad: desde ahí, distancias, recorridos y velocidades quedan en metros. Y la velocidad medida nunca se confunde con la estimada: una regla puede exigir que solo cuente la medida, y la estimada se etiqueta como lo que es, porque se queda corta.

  • ¿Y si me llena el turno de avisos en falso?

    Es lo primero que se ataja, y con varias herramientas a la vez. Se marcan áreas donde no se detecta nada —una ruta al fondo, un letrero con fotos de personas—; se exige que el objeto lleve ya un rato siendo seguido antes de actuar; se pone un doble umbral para que el aviso no parpadee en el borde de una zona; se limita el comportamiento a un horario; y se suman tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Y nada se publica a ciegas: sobre la imagen en vivo se ve lo que la regla produce de verdad, incluidos los objetos que descartó y por qué los descartó.

  • ¿Y de noche, o con mala luz?

    Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está fuera de foco, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no se ejecutan a ciegas. Además hay un puntaje de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar el lente, comprobar el foco, revisar el infrarrojo nocturno. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que el furgón era blanco. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche sigue significando lo mismo en junio y en diciembre.

  • ¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?

    Unos segundos se aguanta la identidad; pasado ese rato, se dice. Cuando una columna, otro vehículo o un toldo tapan a un objeto, el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para reengancharlo, en proporción al rato que lleva sin verse. Y como cada objeto guarda un pequeño historial de sus clases, un auto que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla; los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque una persona y un camión no se mueven igual. Ahora el límite, por delante: si la ocultación se alarga demasiado, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Reconocerlo otra vez por su aspecto es harina de otro costal, y sigue sin saber quién es.

Grabación y forense

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  • ¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?

    Sí: para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, por cámaras, por tipo de objeto, por hasta cuatro colores, por una parte concreta de la imagen y por uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se puede escribir la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, mostrando antes qué entendió. Y si aun así el rango queda largo, el resumen se salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.

  • ¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?

    Lo comprueba él mismo, y ahí está la gracia. Adentro del paquete van una huella por cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre cualquier navegador. Ese comprobador no necesita conexión y no llama a ningún servidor: ni al nuestro ni a otro. Cambió un fotograma, un byte o el manifiesto: la comprobación falla y lo dice. Y el paquete se verifica a sí mismo antes de salir; si no pasa su propia comprobación, no sale.

  • ¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?

    No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no lo puede saltar. Si lo único antiguo que queda está bloqueado, el sistema se detiene, lo escribe en el registro con todas sus letras y avisa, en vez de sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra —nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar—. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de caducidad.

  • ¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?

    El plazo lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por antigüedad. El techo real no es el programa, es el disco: por eso la pantalla no muestra solo el plazo configurado, sino los días que hay de verdad grabados en este momento, y avisa cuando son menos porque el disco se llena antes. La grabación se reparte entre todos los servidores y sedes que haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.

  • ¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?

    No va a poder, y encima queda escrito que lo intentó. Nada bloqueado entra al borrado automático, y para borrar a mano se necesita un permiso propio y tener asignada esa cámara. Levantar el bloqueo pide más todavía: el permiso reforzado —el mismo de las solicitudes de supresión— y un motivo escrito. La ficha del bloqueo no se va a ninguna parte: queda marcada como liberada, con quién, cuándo y por qué, y ese histórico es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación entran al registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de modo que se nota si alguien alteró o sacó una entrada.

Búsqueda por apariencia

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  • ¿IRIS reconoce rostros?

    Lo trae, viene apagado, y en la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley lo permite, para encenderlo hay que leer nueve advertencias legales y declarar tres cosas: base jurídica, finalidad y plazo de conservación. Sin esos tres datos no funciona, y si se sacan se detiene al momento, sin reiniciar nada. Esa decisión es de cada instalación, no viene puesta de fábrica, y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las zonas que este sitio muestra IRIS no identifica a nadie, porque ahí la función está apagada. Y la mayoría de las búsquedas reales no la necesita: salen por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.

  • ¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

    Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto IRIS guarda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona— y con eso se lo vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre. Cuando propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión humana. Una persona confirma o descarta cada propuesta, y su decisión queda guardada con nombre y hora.

  • ¿Quién puede buscar y qué queda registrado?

    Buscar exige permiso de ver grabaciones, y además cada usuario solo encuentra objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, simplemente no aporta resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles se pueden tapar con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, la aprobación de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Y todo ocurre adentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y andan sin internet, así que ni una imagen sale hacia un tercero. Y todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el firewall.

  • ¿Y si la persona cambia de ropa?

    Ahí el rastro por apariencia se corta, y eso hay que decirlo de frente. La huella de una persona se sostiene en el color, la forma y la complexión; si eso cambia, la huella cambia, y en las cámaras siguientes IRIS deja de proponerla. Lo que no va a hacer es inventarse una coincidencia: dice que nadie llegó al umbral, y con cuál. Lo que queda en pie es bastante: el recorrido hasta ese punto —dónde se lo vio por última vez y a qué hora—, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo, si lo hubo. Justamente por esto el recorrido se arma con avistamientos que confirma una persona, y no con una cadena automática que no miró nadie.

  • ¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién la puede consultar?

    Lo fija cada instalación, y por separado para personas, vehículos, rostros y patentes: entre cero y 3.650 días. Ojo con el cero, que no quiere decir borrar sino conservación indefinida, y por eso la pantalla lo marca en rojo, para que nadie lo deje puesto sin darse cuenta. Quien borra es un barrido nocturno; si ese barrido no está armado, la pantalla lo avisa en vez de dar por hecho que el plazo se cumple, y además se ve cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas ya pasaron su plazo. Para consultarlas hace falta el permiso de ver grabaciones, y solo llega hasta las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la retención lleva su propio permiso, y toda búsqueda y todo cambio quedan registrados con autor y hora.

Patentes y accesos

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  • Este sitio dice que IRIS no lee patentes. ¿En qué quedamos?

    Las dos cosas son ciertas, y la diferencia está en la cámara. La lectura de patentes es una función que se prende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se prende —el patio de un colegio, un módulo de un recinto penitenciario, el perímetro de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee patentes: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un estacionamiento, el portón de un patio de camiones— se prende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la prendió, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la respuesta a «¿dónde se leen patentes en esta instalación?» siempre se puede consultar, y siempre es una lista corta y comprobable. Y prenderla no es solo una decisión técnica: una patente es un dato personal, así que se prende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es —con su plazo, con quién lo puede ver y con el registro de quién lo consultó—.

  • ¿Sabe IRIS de quién es el auto?

    No. IRIS lee el número de la patente y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí se acaba. Detrás no hay ningún registro de titulares: no consulta ninguna base de datos oficial, no sabe el nombre del propietario y no lo puede averiguar. Tampoco lee la marca ni el modelo. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de llenar el hueco con una suposición. Una patente solo significa algo si el cliente la puso en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.

  • ¿IRIS abre la barrera solo?

    IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve físicamente la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso a paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta patente, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla responde por el mismo camino que ocupa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a mitad, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en vez de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.

  • ¿Y si la patente está sucia, doblada o tapada?

    Barro, ángulo malo o poca luz suelen no ser problema: un paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga bien. Con una patente que sencillamente no es legible, sí es problema: ahí no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna. Lo que sí hace es contar ese descarte con su motivo, para que se vea cuántas se están perdiendo en esa cámara. Si se pierde una de cada tres, el problema no lo arregla el software: lo arregla correr el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y eso lo decimos antes de vender, no después. En un control de accesos, una patente que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Y ojo, que es otra cosa distinta: darse cuenta de que un vehículo circula sin patente legible no necesita leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.

  • ¿Y si se equivoca leyendo un carácter?

    Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia solo en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas prendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriendo la barrera al auto de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la patente de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una patente compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo auto, y la pantalla lo marca como tal.

Incidentes y sala de control

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  • ¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?

    Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si al vencer el primero nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es asignárselo, validarlo, cerrarlo o comentarlo; eso detiene la subida, aunque no resuelva el caso. Si un turno quedó sin nadie, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca termina en silencio.

  • ¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?

    Con tres cosas a la vez. Primero, las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una fila con su contador, sin borrar ninguna: el detalle queda guardado y el número siempre cuadra. Segundo, la fila se filtra por 27 criterios combinables, y cada operador guarda su vista y se la comparte al equipo. Y tercero, un panel mide cuántos avisos le llegan a cada persona por hora y señala qué cámara y qué regla los están produciendo, para afinarlas en lugar de apagarlas. Además queda registro de quién silenció qué.

  • ¿Se puede demostrar después qué se hizo?

    Sí, con la cronología entera de cada incidente: quién lo abrió, quién lo miró, qué cambió, qué escribió y cuándo lo cerró. Ese registro solo admite agregar, va encadenado criptográficamente y se verifica cuando usted quiera; si algo se hubiera tocado, dice en qué apunte exacto se corta la cadena. Y el expediente se baja como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión ni programas. Lo que existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en lugar de hacerlo pasar por verificado.

  • ¿Y si el que falla es el propio escalamiento?

    Peor que no tener escalamiento es tener uno que falla en silencio, así que este se mide y se muestra. Hay un panel que dice si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está detenido, con el motivo en texto simple: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, tantos minutos sin pasar. Avisa además de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no hay ningún canal activo por donde salir, o cuántas personas del equipo no tienen manera de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalamientos quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Otro detalle: recién instalado arranca desarmado a propósito, solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor. Una instalación no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.

  • ¿Qué pasa si dos operadores toman el mismo incidente a la vez?

    Se ven entre ellos. La ficha dice con nombres quién más la está mirando en ese momento, y si usted está solo también lo dice. Asignárselo es reclamar la propiedad, un gesto que queda con su hora y que además detiene el escalamiento, aunque todavía no resuelva nada. Y los estados no saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no corresponde, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar el mismo incidente en dos lugares distintos. Todo lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién lo abrió, quién lo miró, quién lo cambió y qué escribió cada una.

Reglas y automatizaciones

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  • ¿Hay que saber programar para armar una automatización?

    No. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra. Si dos piezas no calzan, el editor rechaza la unión en el momento y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya andando. Y si usted ni siquiera quiere dibujar, hay 23 recetas ya hechas: elige una, llena cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y queda funcionando el primer día. Para quien opera en la sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin lienzo ninguno.

  • ¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?

    Es el miedo real de quien automatiza algo, y por eso hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Antes de publicar, el simulador lanza el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Una vez publicado se puede dejar silenciado: el flujo corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo anda mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.

  • ¿La misma regla sirve para muchas cámaras al mismo tiempo?

    Sí. El automatismo se define una vez y después se aplica donde haga falta: una cámara, un grupo, un servidor completo o la instalación entera. Y las exclusiones llevan su motivo escrito: «todas las del servidor menos el camarín y la sala de servidores» es una sola declaración, no una lista que alguien tenga que ir manteniendo. Cada lugar puede tener sus propios umbrales y su propio horario sin duplicar el flujo. Y en una misma cámara pueden convivir varias configuraciones: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que está andando.

  • ¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?

    Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Aparte de sus salidas normales, cada bloque tiene una salida de falla, así que el error se lleva a otra parte —avisar a mantención, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y también el número de intento, de modo que la falla se ubica sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Cuando un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con su motivo. Y cuando un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y jamás se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si el incidente se creó antes de la falla, el incidente está creado. Lo que sí prometemos es que usted sabe hasta dónde llegó y por qué se detuvo ahí.

  • ¿Quién puede tocar una automatización que ya está andando?

    Solo quien tenga permiso de escritura. Lectura y escritura van separadas, así que alguien que opera puede abrir el flujo, entenderlo completo y no poder cambiar nada. Por encima de eso, un administrador decide qué bloques puede ocupar cada perfil: el bloque bloqueado igual se ve, en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen andando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se saca con un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador muestra sobre el dibujo qué se agregó, qué se sacó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que sacarle el enganche.

Chat e inteligencia artificial

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  • ¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?

    No salen. La inteligencia artificial que contesta es de casa y corre en el servidor de su instalación; lo mismo la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. En ningún punto del recorrido hay una llamada a un tercero, así que ninguna imagen, ningún cuadro y ninguna frase de la conversación viajan a un proveedor externo. Con el cable de internet desenchufado sigue andando, y eso es un requisito de diseño y no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.

  • ¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?

    En que este llega hasta los mandos. El chat corriente responde con lo que sabe; el asistente de IRIS tiene 95 herramientas conectadas al sistema y las ocupa para ir a buscar la respuesta: mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, dibuja el mapa, arma el informe. Y cuando quien pregunta tiene permiso, además actúa: abre o cierra un incidente, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de ejecutarse.

  • ¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?

    No, y la diferencia importa. Preguntar sirve para buscar y para describir una situación: eso sí se hace hablando, y el asistente lo hace muy bien. Contar sirve para medir, y para medir hay que saber por dónde pasa exactamente la línea y en qué sentido. Una raya no se puede contar con palabras: hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número se repite y se puede auditar un año después.

  • ¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?

    Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que usted pide, lo dice en vez de mostrarle otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin rellenar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que ocupó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.

  • ¿Puede hacer cosas que la persona no tiene permiso para hacer?

    No puede, y no es una promesa: está construido así. Las herramientas que la persona no tiene derecho a ocupar el asistente ni las ve, de modo que el mismo chat le ofrece capacidades distintas a quien opera y a un administrador. El chat en sí lo gobiernan diez permisos —ocuparlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas—, y encima cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos vienen marcadas como tales y no corren sin ese permiso; publicar una automatización pide además confirmación explícita. Y todo queda registrado: quién lo pidió, con qué perfil en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto demoró y si salió bien o mal, incluidos los intentos denegados. Las conversaciones son privadas por omisión, y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.

  • ¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?

    No. No hay contador: ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Puede tener una conversación de dos frases o pasarse el turno entero preguntándole, y sale lo mismo. Lo decimos porque cambia cómo se ocupa: cuando cada mensaje lleva precio, quien opera se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina tirando del sistema viejo. Acá no hay nada que racionar.

Mapas, planos y territorio

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  • ¿De verdad funciona sin conexión a internet?

    Sí. Se instala en el servidor del cliente, país por país, y de ahí no se mueve: dibujar el mapa, buscar una dirección y traducir una coordenada en un domicilio se resuelven todos contra esos datos. Y la interfaz lo declara en pantalla —«mapa local, sin internet»—, para que el operador sepa con qué está trabajando. Como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está mirando.

  • ¿Puedo ocupar los planos que ya tengo del edificio?

    Sí, y entran cuatro formatos: PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se recuadra lo que interesa de cada documento, así que un PDF de proyecto con veinte pisos sale convertido en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas las arma cada instalación como le acomode —país, sede, edificio, piso, lo que sea— y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca es la del día en que alguien lo subió.

  • ¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?

    No, y esto se dice antes de la demostración, no durante. Lo que IRIS dibuja como mapa de calor va sobre la imagen de la cámara, no sobre la cartografía. Sobre el terreno, la densidad sale hoy agregando por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición; no existe como capa de calor continua encima del mapa. Es un hueco de verdad, y lo declaramos acá porque un integrador lo comprueba en cinco minutos.

  • ¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?

    Ocupa lo que ocupen los países que se instalen, porque se instalan y se sacan de a uno: el mundo completo no se instala nunca, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. En la pantalla de administración cada país muestra su tamaño en disco y su fecha de instalación, así que el dimensionamiento no es una estimación de folleto: es una cifra que se ve antes y después. La actualización es una carga de datos que lanza el administrador, con una fila de trabajos que dice el tipo, el estado, el avance, el paso actual y el error si algo falla. No hay goteo automático desde internet, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con qué edición se está trabajando.

  • ¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?

    Eso pasa todo el tiempo, y no bloquea nada. Del callejero no depende el plano de interior: se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic, y el edificio ya existe en el sistema antes de existir en cartografía alguna. El perímetro de la sede admite cinco orígenes —tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual—, y esa última etiqueta existe justo para que el sistema lo diga en vez de callar. La búsqueda inversa sigue respondiendo aunque esa dirección no exista: entrega la más cercana que sí existe, con su distancia en metros. Y si el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato en vez de inventarse una altitud.

Videoconferencia y colaboración

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  • ¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?

    No hace falta. La sala es parte de IRIS y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa: no hay nada más que instalar ni que contratar. Y tampoco hay que sacar el video de la instalación para poder hablar sobre él, porque la cámara entra adentro de la llamada, en vivo, y todos miran lo mismo mientras conversan.

  • ¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?

    Sí. El anfitrión genera un enlace con código QR que se escanea con el celular. El enlace caduca, tiene un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar. Cada uso queda registrado.

  • ¿Funciona en una instalación sin internet?

    Sí. La conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras viajan por el puerto 443 adentro de la red del propio cliente. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace la reunión igual que cualquier otra sede.

  • ¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?

    No. Se entra con el navegador que ya se está ocupando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí una sola vez y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso aparece en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.

  • ¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?

    Esa persona entra con un enlace y sin cuenta. Cómo se protege ese enlace lo decide el anfitrión: abierto para cualquiera que lo tenga, reservado a quien tenga sesión en el sistema, o con PIN. También decide cuánto dura —unas horas, hasta una fecha determinada, o sin límite—, cuántas veces se puede ocupar y qué puede hacer quien lo abre. Y el enlace carga además el idioma con el que se abre, así que un contratista o un perito lo ve en el suyo sin configurar nada. Apenas deja de hacer falta, se anula al instante.

Plataforma, escala e integración

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  • ¿Cuántos puertos hay que abrir en el firewall?

    Uno: el 443. Por ahí viajan la interfaz, el video en vivo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación, todo cifrado. El sistema escucha en catorce puertos en total, pero los otros trece solo se alcanzan adentro de la propia máquina y nunca cruzan la red. Para el área de redes son trece excepciones que no hay que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación cuando algo anda mal.

  • ¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?

    La sede sigue funcionando. Cada instalación capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que fue acumulando. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos, y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.

  • ¿Hasta dónde escala de verdad?

    Las cifras declaradas son más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, y lo que permite comprobarlas son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se arreglan agregando máquinas, y cinco son muro. Un ejemplo: en un proceso de captación caben sesenta y cuatro cámaras, así que cinco mil cámaras salen setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas que hagan falta. Ese cálculo lo hace en doce preguntas la calculadora que trae el propio producto, que además avisa qué recurso se acaba antes y declara inviable cualquier dimensionamiento que cruce un tope no repartible.

  • Se nos quedó chica la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?

    Se agrega una máquina y no se rehace nada. Desde la interfaz central se genera un código de registro, se instala el servicio en la máquina nueva y se le entrega ese código: la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; mientras no declare al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en vez de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y se mueven solo las cámaras que cambian de máquina: la instalación completa no se rebaraja. Lo que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.

  • ¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?

    De cada servidor se publican su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, de modo que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla y no se descubre el día que algo falla. Y la actualización va máquina por máquina: no hay apagón general. Mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna necesita de otra para trabajar. Y no hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, así que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Lo que no le vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantención, no nosotros.

Administración y auditoría

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  • ¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?

    No lo está, y ningún programa puede estarlo por usted: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con sus procesos, su gente y sus instalaciones. Lo que aporta IRIS es el trabajo ya hecho para llegar ahí: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad de nivel alto y los 93 del anexo A de ISO 27001, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, y cruzados entre sí para no repetir dos veces la misma tarea. Lo decimos así en lugar de mostrar un sello, porque en la primera auditoría la diferencia se nota. Y la única homologación de un tercero que sí tenemos es la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología.

  • ¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?

    No. El registro de auditoría solo admite agregar, y esa regla no la impone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Además, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se cortaría, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha ocurrió.

  • ¿Puedo dar acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo por unos días?

    Sí, y de hecho es lo habitual. El acceso se otorga por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella, o sin ello— o por caso de investigación, y siempre con fecha de vencimiento; la propia pantalla avisa de las concesiones que expiran dentro de los próximos siete días. Encima se le puede sumar una franja horaria: fuera de esa franja la persona ve un mensaje explícito y no entra. Y al revocar, el motivo es obligatorio: la concesión guarda quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la sacó y por qué. Así un acceso temporal se cierra de verdad, en lugar de quedarse abierto para siempre porque nadie se acordó.

  • ¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?

    Se desactiva la cuenta, y es reversible por si vuelve. Sus sesiones abiertas se revocan al momento: las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que no queda nadie adentro hasta que expire ninguna ficha. Las concesiones que tuviera sobre sedes o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que ocuparan sus programas se cortan y guardan quién las quitó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un periodo de gracia antes del borrado definitivo, y la anonimización reemplaza el dato personal adentro de los asientos dejando la cadena intacta y contando cuántos se anonimizaron: el registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.

  • ¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?

    Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena completa y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —planilla de cálculo, archivo de intercambio o informe—, que lleva la firma adentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin confiar en nosotros ni en usted. La tercera son los anclajes y el sellado por periodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.

Por dónde trabaja

La misma duda cambia de forma según dónde esté la cámara: en un hospital pesa una cosa y en un puerto, otra. Acá van ordenadas por entorno.

  • ¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?

    No hace falta cambiar ninguna. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas en la calle y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre y la calidad dan para lo que usted quiere detectar en ese punto, y se le dice derechamente cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS al mismo tiempo en una comuna entera?

    Todas las que tenga su instalación, incluidas las miles de una comuna completa. Esta demostración muestra veintitrés porque veintitrés caben en una pantalla, no porque sea un tope. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás y no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.

  • ¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con lo que se firme por contrato. Lo habitual es mezclar las dos: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿IRIS identifica a las personas o reconoce rostros?

    No, IRIS no identifica a las personas ni reconoce rostros. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un auto estacionado arriba de la vereda, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor. No le pone nombre a nadie ni compara rostros con ninguna base de datos. El conteo por tramo horario es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella.

  • ¿Cómo evito que la sala de control termine ignorando los avisos por culpa de los avisos en falso?

    Se evita afinando las reglas con sus operadores, calle por calle, durante las primeras semanas. Y empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Le pasa a cualquier sistema de detección, y quien diga lo contrario no instaló ninguno. Por eso una regla nunca se sostiene en una sola condición: junta qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se ajustan con usted hasta que a la pantalla llegue lo que su equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Cuánto demora en estar funcionando en la calle?

    Depende del tamaño de la instalación, y no le vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quiere detectar en cada una.

  • ¿IRIS reemplaza mi central de monitoreo o a los guardias que tengo?

    No, IRIS no reemplaza su central de monitoreo ni a sus guardias: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no las puede atender todas al mismo tiempo. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, muestra lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.

  • ¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?

    Sí, y convive con él en vez de reemplazarlo. IRIS es un NVMS, es decir, la capa que hoy le falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar sus reglas. Usted puede seguir grabando y gestionando el video donde lo hace ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiéndole de antemano que encajamos con todo.

  • ¿Puedo poner esto en la vía pública sin salirme de la ley de protección de datos?

    Puede, pero el cumplimiento no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegue y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos decir es que el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una comuna?

    El costo depende de tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que sirva para todos, porque no sale lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de una comuna entera. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?

    Sí, sirve con las que ya están puestas en la vía. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos, mástiles y postes, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que usted quiere detectar en ese tramo —no es lo mismo una berma a cincuenta metros que una pista al fondo del encuadre— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Funciona de noche y con lluvia?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: la lluvia fuerte, la camanchaca cerrada y el encandilamiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, la sala se entera y puede avisar, bajar la velocidad o mandar una ronda. De noche trabaja con la iluminación que la vía ya tiene y con lo que aportan los focos; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.

  • ¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?

    Avisa apenas se cumple la regla que usted definió, sin que nadie tenga que llamar. Ese es el cambio de verdad: hoy el reloj parte cuando un conductor marca la línea de emergencias o cuando alguien de la sala pasa por casualidad por esa cámara. Con IRIS parte cuando la escena ocurre delante del lente. No le vamos a dar un número de segundos, porque depende de su red, de sus cámaras y del hardware que se ponga detrás; lo que sí le decimos es que enterarse deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.

  • ¿Puede reemplazar los conteos que hacemos unos días al año?

    No reemplaza un conteo homologado, pero cuenta lo que un conteo de unos días no puede contar: todos los días, a toda hora y en cada cámara. Un conteo puntual entrega la foto de una semana; una cámara con IRIS entrega el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, bus, motocicleta— y sin cortar una pista para instalar nada. Si usted necesita una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no le vamos a decir que la damos: nuestra homologación del Centro Español de Metrología cubre el conteo de personas. Para decidir dónde toca reforzar el pavimento o dónde hace falta una pista más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.

  • ¿Detecta un vehículo detenido en la berma?

    Sí, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un auto»: es un vehículo detenido adentro de la zona que usted marcó como berma y durante más tiempo del que haya fijado. Si además alguien sale del vehículo y camina por la berma o por la calzada, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Una panne es un incidente; una panne con una persona fuera del auto es una urgencia, y el sistema distingue las dos.

  • ¿IRIS comprueba que los letreros de mensaje variable funcionen?

    Sí, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el letrero, así que detecta que está apagado, que tiene leds quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el letrero muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que envía las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los letreros y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se le dice qué encaja y qué no.

  • ¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores.

  • ¿Lee patentes o identifica a las personas que salen en las cámaras?

    No, IRIS no lee patentes ni identifica a las personas. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la calzada, un bulto en una pista, material caído de un talud, una pista cortada. No lee patentes, no compara rostros contra ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, bus, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.

  • ¿Qué pasa con los avisos en falso en una vía abierta?

    Existen, y quien le diga lo contrario no puso un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, focos de frente, una bolsa que cruza una pista: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que a la sala llegue lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no sale lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus enlaces, sus túneles y sus áreas de servicio. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

El transporte público

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?

    Sí, sirve con las que ya están puestas en la estación. Se conecta a la señal de las cámaras IP de andenes, hall, pasillos, torniquetes y accesos, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del techo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que usted quiere detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros?

    No. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: alguien adentro de la vía, alguien en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica detenida. Ningún rostro reconocido, ninguna comparación contra una base de datos y nadie guardado. Cuando cuenta gente lo que sale es un número —cuántas personas hay en una zona o cuántas pasan por un punto—, jamás una lista de quién pasó. Y qué se guarda, por cuánto tiempo y quién lo puede ver lo decide usted: el sistema puede funcionar entero adentro de la estación, sin que salga una sola imagen.

  • ¿Detecta a alguien que cae a la vía?

    Sí, porque la vía es una zona dibujada sobre la imagen y una persona adentro de esa zona es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y la sala tiene la imagen abierta sin esperar a que un pasajero tire de la seta de emergencia o llame por el citófono. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. En el proyecto se revisa andén por andén qué encuadre hace falta y se le dice cuál no llega.

  • ¿Funciona con el andén lleno de gente?

    Funciona, con un matiz que va por delante y no en letra chica: apenas la gente empieza a taparse entre sí, hay cosas que dejan de verse. Alguien que cae al piso detrás de un grupo compacto puede quedar oculto a esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. La ocupación es otra historia y se sigue midiendo igual, porque para saber cuánto se llena un andén no hace falta distinguir a una persona de la otra. Por eso en los andenes conviene cruzar encuadres: dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola.

  • ¿Cómo se avisa y a quién?

    El aviso se manda a quien usted decida y por el canal que usted decida. Cada regla lleva su destinatario: el puesto de la sala de control, el jefe de estación, el equipo de mantención, el turno de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de pasajes en pana: cada aviso va a quien lo puede resolver. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, muestra y espera.

  • ¿Puede reemplazar los conteos que hacemos ahora?

    Puede, y además hace lo que un conteo puntual no puede: contar todos los días del año, a toda hora y en cada punto que le interese. Un conteo de tres días entrega la foto de tres días; una cámara con IRIS entrega la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda abajo en un paradero. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: es el respaldo de que el aforo que usted presenta es el correcto, porque quien lo verificó es un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Sale el video de la estación?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores de la estación.

  • ¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?

    Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ese es el punto de partida, y arriba está el que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegue y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Qué pasa con los avisos en falso en una estación llena?

    Existen, y quien le diga lo contrario no puso un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto dejado solo. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que a la sala llegue lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no sale lo mismo analizar los andenes de una estación chica que una estación entera con hall, torniquetes, andenes de buses, paradero de taxis y estacionamiento, ni sale lo mismo una red de veinte estaciones. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

El comercio

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  • ¿IRIS identifica a nuestros clientes?

    No, IRIS no identifica a sus clientes: detecta objetos, comportamientos y situaciones. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de un local a otro y no se cruza con el programa de fidelización. Lo que ve es «una persona», «un carro», «un estante vacío», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de un local no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Si algún día alguien le ofrece lo contrario, sepa que nosotros no lo hacemos y que no es un descuido: es una decisión tomada.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el local?

    Sí, sirve con las que ya están puestas en el local. Se conecta a la señal de las cámaras IP del techo y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar la puerta quizás no alcance a leer la góndola del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Esto sirve para controlar la merma?

    No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página trabaja la merma, y no es por descuido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, e IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que tiene en esta página: avisar de un hueco en la góndola, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de una sala más llena de lo que puede atender el turno; y medir las filas, los probadores, los carros, el reparto de la gente por la sala y qué hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener el local como corresponde. Si lo que buscan es prevención de pérdidas, les va a hacer falta otra cosa, y se lo vamos a decir en la primera reunión y no en la última.

  • ¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?

    Porque IRIS lleva dos cuentas separadas: la gente que entra a la zona de espera de las cajas y la que llega al punto de cobro. Lo que sobra de la primera cuenta es quien se fue antes de que le tocara. A eso se le suman dos pistas: cuánto se espera en promedio en esa fila y cuántos carros quedan abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se aburrió. Todo con la hora puesta, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánta plata es eso no se lo vamos a decir, porque no pasó por su caja y no lo sabemos; a qué hora ocurre y con cuántas cajas abiertas deja de ocurrir, sí.

  • ¿Puede decirme si una promoción funciona?

    Puede decírselo en la parte que se ve desde una cámara: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta se detiene y cuánto rato se queda. La venta está en su caja y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades, el diagnóstico cambia: si pasa mucha gente y no se detiene casi nadie, el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Si se detiene mucha gente y después no vende, el problema es el precio o el producto. Hoy esas dos situaciones se ven iguales en el informe de ventas —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas. Lo mismo sirve para comparar el mismo montaje en dos locales o el mismo lugar en dos semanas.

  • ¿Funciona con el local lleno?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una a una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien les diga lo contrario no lo probó un sábado en la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por la sala no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que el local está colapsado funciona precisamente porque está lleno. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso angosto y muy cargado; en ese caso se recoloca el conteo en el acceso, donde la gente pasa en fila, y se deja la ocupación para la sala.

  • ¿Sale el video del local?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones —en el local o en la central—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un servidor por local que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada uno.

  • ¿Y la protección de datos, con el local lleno de clientes?

    Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en un local: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que armar. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Sirve para un local solo o hace falta una cadena?

    Para los dos, y lo que cambia no es el sistema sino qué hace usted con el dato. Con un local solo le sirve para decidir su local: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo de la sala se visita o hay que dar una razón para llegar hasta ahí. Con una cadena aparece algo que un local solo no tiene: comparar. La misma promoción montada en cuarenta locales y medida igual en todos. El local donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. El que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Partir por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un local?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos locales entran, qué modalidad elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no sale lo mismo medir las cajas y la entrada de un local de barrio que cubrir la sala entera de un supermercado grande, ni sale lo mismo un local que cuarenta. Cuéntenos cuántos locales tienen, cuántas cámaras hay en cada uno y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

  • ¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?

    No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no detecta quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar asistencia, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza el control de acceso de la faena. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la faena hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder mostrarle: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS detiene la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?

    No, IRIS no detiene la grúa. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al prevencionista, al señalero ni al plan de prevención de riesgos de la faena. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda detener. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una faena, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que entrega cien avisos al día se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla no es «avise si alguien no lleva casco». Es «avise si alguien sin casco está adentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega el aviso. Se parte por lo que de verdad importa en esa faena, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callar en lo demás.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la faena?

    Sí, incluidas las que se ponen y se sacan según avanza la faena. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche quizás no alcance a distinguir un casco al otro lado del terreno— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con correr o bajar. El polvo, el contraluz y la lluvia se miran ahí mismo, porque una faena no es un pasillo con luz fija. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • La faena cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?

    No, y por eso el sistema está armado para que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se corre una cámara o se redibuja una zona, se vuelve a marcar la zona sobre la imagen y se sigue trabajando: no hay que encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que la regla de la etapa que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en terminaciones, cuando la faena ya no se parece en nada a la del trazado.

  • ¿Podemos saber cuánta gente hay adentro de cada zona?

    Sí, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el subterráneo en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo lugar. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede contar con palabras, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ustedes ven la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Dónde se procesa el video? En una faena no siempre hay buena conexión.

    Donde ustedes decidan, y en una faena eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es adentro de la propia faena: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y funciona sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa allá y la faena solo necesita conexión. Se puede partir por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas faenas conviven las dos.

  • ¿Qué le contamos a la representación de los trabajadores?

    Exactamente esto, y mientras antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: no reconoce rostros, no identifica a nadie y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Qué se trata, cuánto se guarda y quién lo puede ver se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un vendedor nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una faena donde eso se entiende funciona; una donde no se entiende, no.

  • ¿Esto es para una faena o para todas las de la empresa?

    Para una faena sola sirve, y con todas las de la empresa cobra otro sentido. En una faena, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de faenas al mismo tiempo aparece algo que una sola no tiene, que es comparar con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Ahí se ve qué faena acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de frente de trabajo, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación del que más faenas pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una faena con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte faenas abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es partir chico: un par de puntos de una faena, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

El recinto penitenciario

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  • ¿Esto sirve para clasificar a las personas privadas de libertad?

    No, y conviene decirlo con todas sus letras. Acá no se identifica a nadie: ningún rostro reconocido, ninguna comparación contra una base de datos, nadie guardado, ninguna ficha y ningún seguimiento de una persona concreta por el recinto. Tampoco se predice ni se juzga: IRIS no dice quién va a hacer qué, no puntúa a nadie, no clasifica a nadie por su conducta y no interpreta el ánimo de nadie. Lo que detecta son situaciones que definió el propio recinto: «hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en que no debería haber nadie». Qué pasa, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza al personal de custodia?

    No, IRIS no abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace una decisión y no reemplaza a nadie del personal de custodia. Tampoco reemplaza el recuento formal ni ningún protocolo de prevención del recinto: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de turno, y tiene que seguir siendo así: adentro de un recinto, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que entrega doscientos avisos por turno queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay gente en el pasillo», sino «avíseme si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, durante más de un minuto». Moviendo zona, franja y tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su recinto, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el recinto, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica una lista de comportamientos marcados de antemano ni decide por su cuenta qué es normal en su patio: lo normal en un recinto no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obras o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Y los derechos de las personas privadas de libertad y los del personal?

    Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que el recinto definió —un patio, un pasillo, un andén de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de patentes, no hay ficha de ninguna persona privada de libertad y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no les puede decir «esta persona pasó por acá seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas privadas de libertad, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, lo firma quien lo instala, con sus abogados y con la representación del personal delante. Desconfíen de quien les diga lo contrario.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un recinto ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba entrega mucho más que una puesta para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es correr una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del recinto?

    Solo si ustedes quieren, y en un recinto penitenciario lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro del propio recinto, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿El aforo por zonas es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede contar con palabras; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza el recuento formal. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y decirlo antes de firmar es parte del trato. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: si algo ocurre fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con lluvia fuerte o con el lente sucio, rinde menos. Y hay situaciones que se parecen mucho: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona con el video delante. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que hoy no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas y un recinto entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es partir chico: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

El hospital

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  • ¿Van a poner cámaras en las habitaciones?

    No, y esto va antes que nada. No hay cámara en una habitación, no la hay en un baño, no la hay en un box de atención y no la hay en ningún lugar donde se atiende o se examina a un paciente. IRIS mira zonas comunes: pasillos, salas de espera, halls y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y en esas zonas no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún funcionario, no lleva ficha de nadie, no entra a la ficha clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso del pasillo del tercer piso»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a los funcionarios y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende primero?

    No hace ninguna de las dos cosas. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no categoriza y no prioriza a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional, y ahí IRIS no entra. Tampoco abre la ficha clínica ni ningún dato médico, y no se conecta al sistema del hospital para saber quién es quién. Y no viene a reemplazar la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos de la unidad quedan igual, los ejecutan las mismas personas y con el mismo procedimiento. IRIS tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo único que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, evalúa y decide.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que entrega cien avisos por turno queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay alguien parado en el pasillo», sino «avíseme si hay una persona en el piso en este pasillo durante más de veinte segundos», o «avíseme si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Moviendo zona, franja y tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se mira y qué no?

    Lo decide el hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el recinto con sus profesionales, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de la urgencia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de una unidad a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en sus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obras o se abre una unidad nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué le contamos a la representación de los trabajadores y a los profesionales?

    Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control horario, no es marcaje de asistencia y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún lugar y no puede decirles «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa —un delantal, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un vendedor nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación de los trabajadores delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, halls y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba entrega mucho más que una puesta para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es correr una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del hospital?

    Solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro del propio recinto, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de ficha, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿La cifra de gente que espera en la urgencia es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede contar con palabras; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que puedan reforzar el turno o abrir otro mesón. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende primero.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y decirlo antes de firmar es parte del trato. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: si algo ocurre adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio rinde menos. Y hay situaciones que se parecen mucho: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona con el video delante. Y hay que decir la frase completa: IRIS no evita ninguna caída. Cuando IRIS la ve, la caída ya ocurrió. Lo que cambia es el rato que esa persona pasa en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que hoy no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una unidad con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es partir chico: un pasillo y la sala de espera de la urgencia, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

El colegio

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  • ¿Van a reconocer a nuestros alumnos?

    No, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ningún rostro, no sigue a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee patentes: en un colegio esa función no se prende. Y hay lugares donde no hay cámara: ni en los baños ni en los camarines. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier colegio ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder mostrarle al equipo docente, al centro de padres y a las familias.

  • ¿IRIS detecta el hostigamiento escolar?

    No, IRIS no detecta el hostigamiento escolar, y quien les diga lo contrario no les está contando la verdad. Es un patrón que evalúa un profesional con formación, mirando muchas cosas que no ocurren delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un círculo cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién hostiga, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es mostrarle al equipo del establecimiento dónde y cuándo mirar, con el video delante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el profesor jefe, el orientador, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.

  • ¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?

    No, IRIS no abre ninguna puerta y no llama a nadie por su cuenta. No abre ni cierra la puerta del colegio, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al profesor de turno: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla al profesorado —no es control horario, no es marcaje de asistencia y no evalúa a nadie— y no cursa ninguna infracción a ningún auto. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del establecimiento. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que entrega cincuenta avisos por recreo queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay un niño en el piso», que en un patio pasa a toda hora y casi siempre porque están jugando, sino «avíseme si hay un niño en el piso en esta cancha durante más de dos minutos», o «avíseme si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Moviendo zona, franja y tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe el establecimiento con su equipo y con su orientador, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que salga las dos primeras semanas.

  • ¿Qué le contamos al equipo docente, al centro de padres y a las familias?

    Todo, y antes de instalar nada, no después. Se les muestra qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Y qué no se mira: los baños y los camarines, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que IRIS no etiqueta a ningún niño. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un vendedor nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma el establecimiento y su sostenedor, que son quienes responden de eso. Un sistema así solo funciona si el equipo docente y las familias saben exactamente qué mira y qué no mira.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un colegio ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba entrega mucho más que una puesta para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es correr una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del colegio?

    Solo si ustedes quieren, y en un colegio lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro del propio establecimiento, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue trabajando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un curso, ni un rostro guardado, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede contar con palabras; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y decirlo antes de firmar es parte del trato. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: en los baños y en los camarines no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en que el establecimiento decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio rinde menos. Y hay situaciones que se parecen mucho: un montón de niños que se tiran unos encima de otros jugando y una riña pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona con el video delante. Y hay que decir la frase completa: IRIS no evita ninguna riña y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, toda la jornada, el patio que hoy no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y un establecimiento entero con la puerta, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es partir chico: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.

Las infraestructuras

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  • ¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee patentes o reconoce rostros?

    No, IRIS no identifica a nadie: no lee patentes y no reconoce rostros. Lo que ve es «una persona en el coronamiento» o «un vehículo detenido en el acceso», dónde está y desde cuándo. No compara nada contra ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Si lo que ustedes necesitan es saber de quién es un auto o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.

  • ¿IRIS predice una crecida, una falla o un incendio?

    No, IRIS no predice una crecida, ni una falla, ni un incendio. IRIS no predice nada. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están juntando delante del vertedero, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.

  • ¿IRIS abre una compuerta o detiene una bomba cuando ve un problema?

    No, IRIS no abre ni cierra ninguna compuerta, no detiene ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco reemplaza la instrumentación de la instalación: ni un sensor de nivel, ni la protección eléctrica, ni un sistema de extinción, ni ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo de ustedes y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.

  • ¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?

    Porque la ve pasar por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un peldaño, el borde de un canal, un pretil. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen, y por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No entrega una cota en metros ni reemplaza la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.

  • ¿Qué puede ver una cámara y qué no?

    Ve lo que se ve, y no ve lo que no se ve. Tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. IRIS ve en qué posición quedó una compuerta, pero no lee ningún telemando ni sabe si la orden llegó. Ve una sala inundada con las bombas quietas, y no sabe si una bomba está trabajando. Lee un nivel contra una referencia física visible, y no por eso es un limnímetro. Todo eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para reemplazar sus sensores. Ahora bien, si la cámara es termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: el punto caliente aparece antes que el humo. En una pila de residuos el fuego arranca por dentro y, cuando el humo asoma, ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada: IRIS mira las termográficas que ya tengan igual que mira las demás.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida su regla, y acotar esa regla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto pesa más que en ninguna otra: una regla mal acotada genera cien avisos que no lee nadie, y en una semana el sistema está apagado. Por eso una regla no es «avíseme si hay alguien». Es «avíseme si hay una persona adentro del recinto cercado, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos». Zona, horario y duración. Con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.

  • Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?

    El video se puede procesar adentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también a la sala de control o al celular de quien esté de turno de llamado; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.

  • Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?

    Al que ustedes decidan, porque a las cuatro de la madrugada no hay nadie ahí y ese es justo el problema. Puede ir a la sala de control, al celular de quien está de turno de llamado, a la empresa de seguridad que tengan contratada, o a los tres al mismo tiempo. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al otro día no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.

  • ¿Quién decide qué es un aviso y qué no?

    Lo decide el titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.

  • Una represa y un relleno sanitario no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?

    Una represa y un relleno sanitario no se parecen en nada, y no hace falta un sistema para cada uno: es el mismo. Esta página muestra siete tipos de instalación —represa, planta de aguas servidas, subestación, estanque de aguas lluvias, cauce, relleno sanitario y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando ustedes no tienen una instalación sino cientos, repartidas por una región entera y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo lugar donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.

La industria

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?

    Sí, sirve con las que ya están puestas en la planta. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora lo incómodo: una planta no es un pasillo con luz fija. El polvo de un chancador, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con girar unos grados y cuáles no dan para lo que quieren ver ahí.

  • ¿Esto sirve para vigilar a los operarios?

    No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de un resguardo abierto, no detecta de quién son esas manos. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y mientras antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS detiene la máquina o se conecta al autómata?

    No, IRIS no detiene la máquina ni se conecta al autómata. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de prevención de riesgos. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que entrega cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avise si hay alguien cerca de la grúa horquilla». Es «avise si una persona a pie está adentro del pasillo de grúas horquilla, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se parte por lo que de verdad importa en esa planta, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Sale el video de la planta?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Eso pesa en una planta donde la línea se cae o donde no hay buena conexión. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con lo que se firme por contrato. Lo habitual en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?

    No hace falta uno por planta: es el mismo sistema y lo que cambia es lo que se le pide. Una esclusa de farmacéutica, un pretil de contención de química y una correa de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no parte de cero, y por eso una siderúrgica y una planta de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?

    Todo lo que no cabe en una imagen, y en una planta esa lista importa. No lee un sensor ni un autómata, así que no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. Tampoco ve adentro de una máquina cerrada, de un estanque ni de una cañería. Un gas incoloro no se ve; un humo muy fino tarda en verse. De ahí que IRIS no sea detección de incendios ni detección de gases, y que no venga a reemplazar ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.

  • ¿Reemplaza nuestros sensores, la instalación de seguridad o el plan de prevención?

    No, no reemplaza sus sensores, ni la instalación de seguridad, ni el plan de prevención de riesgos: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y se necesitan las dos. Lo que aporta IRIS es la capa que hoy falta: mirar todas las cámaras al mismo tiempo y contar lo que está pasando delante de ellas. Pueden seguir grabando y gestionando el video donde lo hacen ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.

  • Además de avisar, ¿puede medir?

    Sí, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay adentro de una zona, cuántos pallets pasan por un punto, cuánto rato lleva detenida una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede contar con palabras, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una bodega con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce plantas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es partir chico: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los estacionamientos

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  • ¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?

    No hace falta. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el estacionamiento ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada espacio e IRIS mira si hay auto o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios al mismo tiempo, y además distingue el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de recarga. No hay que levantar el pavimento, ni cablear nivel por nivel, ni cambiar de lugar nada de lo que ya funciona.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay allá abajo?

    Sirve con las que ya tiene, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una patente no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se le dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿El número del letrero de la entrada es confiable? ¿Y cuando el estacionamiento está lleno?

    Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los espacios. Contar autos en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el letrero dice «completo» con cuarenta espacios libres en el nivel cuatro. Acá cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, espacio por espacio, y se decide qué cámara se corre y qué zona se deja fuera del recuento.

  • ¿Lee patentes? ¿Y eso no es un dato personal?

    Sí, IRIS lee patentes, y sí, una patente es un dato personal. Lo decimos así de claro porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión suya, cámara por cámara: puede activarla en la barrera para el abono y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién lo puede consultar. Lo que IRIS no hace es decirle de quién es ese auto: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una patente con un titular es cosa de su sistema de abonados y de su organización, no nuestra.

  • ¿IRIS identifica a las personas o a quien maneja?

    No, IRIS no identifica a las personas ni a quien maneja. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un auto subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un auto delante de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos autos y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y no queda nada más de ella.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que suelta doscientos avisos al día se ignora en cuatro días, y en un estacionamiento eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es «avise si hay un auto detenido». Es «avise si un auto lleva más de unos minutos detenido fuera de espacio en el nivel cuatro, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Sale el video del estacionamiento o se queda adentro?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: el servidor queda en su propio edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Es lo habitual en un estacionamiento subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con lo que se firme por contrato. Con varios estacionamientos conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.

  • ¿Reemplaza las barreras, el sistema de tickets o la instalación contra incendios?

    No, no reemplaza las barreras, ni el sistema de tickets, ni la instalación contra incendios: convive con los tres. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisar a quien puede bajar hasta allá. Y acá va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un auto conectado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de detección y extinción que exige la normativa. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.

  • ¿Qué NO sabe IRIS de un estacionamiento?

    Hay bastantes cosas que no sabe, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en su sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un auto. No sabe si quien estaciona en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo; solo ve que hay un auto ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay adentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre delante de las cámaras que usted ya tiene, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien reclama.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un estacionamiento?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos estacionamientos entran, qué modalidad elige usted y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no sale lo mismo medir los espacios de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es partir chico: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántos espacios y cuántas cámaras tiene y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los recintos de eventos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el recinto?

    Sí, sirve con las que ya están puestas en el recinto. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí. Y se les dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara de la tribuna no distingue un rostro desde el otro extremo del recinto, y no hace falta que lo distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza.

  • ¿IRIS identifica a la gente o reconoce rostros en la tribuna?

    No, IRIS no identifica a la gente ni reconoce rostros en la tribuna. No compara a nadie contra ninguna lista ni contra ninguna base de datos, y no guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un círculo que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una barrera de contención, pirotecnia encendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.

  • ¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y controlar el aforo?

    Sí. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de una boca de acceso o de un hall y usted sabe cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede contar con palabras, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la verificó un tercero y no nosotros. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Funciona con el recinto lleno, que es cuando hace falta?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una a una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta gente hay por metro en esa zona y si el grupo avanza o se detuvo. Medir densidad y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar de a uno es en las puertas y los torniquetes, porque ahí la gente pasa en fila.

  • ¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?

    Avisa apenas se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo armándose, y sale en el aviso antes de que se note desde la sala mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del lugar: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de un acceso. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.

  • ¿Esto reemplaza al personal del recinto, al plan de emergencia o al control de accesos?

    No, no reemplaza al personal de servicio del recinto, ni al plan de emergencia, ni al control de accesos: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y, el día de lleno, no las puede atender todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no detiene un torniquete y no manda a nadie a ninguna parte: abre la cámara, muestra lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién le llegan?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de los primeros eventos. Un sistema que entrega cien avisos en un evento se apaga en el segundo; lo sabemos. Por eso una regla no es «avise si hay mucha gente». Es «avise si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota la zona sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y el aviso no va a un correo: va a la radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Se repasa un evento entero con su equipo y se ajusta.

  • ¿Sale el video del recinto o se queda adentro?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En un recinto eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.

  • Un evento de pie y un concierto con sillas no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo cada vez?

    No se parecen, y por eso el sistema está armado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las zonas se vuelven a dibujar sobre la imagen: si el escenario tapa media tribuna y aparece un foso adelante, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que la regla del montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y no hay que rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento y se carga la que corresponda. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la gira de temporada.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un recinto?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: no sale lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un recinto techado que las tribunas, las bocas de acceso y los mesones de un recinto entero. Lo que sí se puede hacer es partir chico: las dos puertas que se taponan siempre, el conteo del aforo, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntenos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los hoteles

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  • ¿Hay cámaras en las habitaciones?

    No, y tampoco en los baños ni en los camarines del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara y no la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el lobby, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: lugares comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien le ofrece analizar el interior de una habitación, sepa que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión tomada.

  • ¿Esto sirve para controlar a mi personal?

    No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS mide la situación, nunca a la persona: ve «una mesa sin levantar desde hace ocho minutos», no ve quién tenía que levantarla. El aviso sirve para abrir otro mesón o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un garzón ni para calificar a quien está en recepción. No identifica a nadie, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar. Si hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y mientras antes mejor.

  • ¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce rostros?

    No, IRIS no identifica a los huéspedes ni reconoce rostros. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una fila que crece, una maleta sola en el lobby, una cubeta vacía, una persona en el piso. No compara rostros con ninguna base de datos, no sigue a nadie de un salón a otro y no se cruza con el programa de fidelización ni con la ficha de reserva. El conteo es agregado y anónimo: dice cuántas personas hay en el comedor a las nueve y media, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?

    Sí, sirve con las que ya están puestas en el hotel. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta quizás no distinga si una cubeta del buffet está vacía, y la de recepción a contraluz de una fachada vidriada al mediodía entrega una imagen quemada donde no se cuenta bien. En el proyecto se revisa cámara por cámara, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados.

  • ¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?

    Sí, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del mesón. IRIS cuenta cuánta gente entra a la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se aburrió y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede contar con palabras, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar. Un sartén prendido se ve bien: es grande, es brillante y aparece de golpe. Un charco en el piso también. Lo que se ve mal es el humo fino, y el vapor de un lavavajillas o de una marmita puede tapar media imagen y confundirse con humo. Además la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre, así que la cámara de cocina hay que limpiarla. Y lo más importante: IRIS no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que entrega cien avisos al día se apaga en una semana. Por eso una regla no es «avise si hay fila»: es «avise si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mesones abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular del jefe de turno o de la gerencia, no a una pantalla del office que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta.

  • ¿Sale el video del hotel?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada establecimiento.

  • ¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?

    Para los dos, y lo que cambia no es el sistema sino qué hace usted con el dato. Con un hotel solo, el dato le sirve para decidir su hotel: a qué hora abrir el segundo mesón, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece. Con una cadena aparece algo que un hotel solo no tiene: comparar con la misma vara. Una regla escrita una vez, medida igual en cuarenta establecimientos, y ahí salta el hotel donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. Partir por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no sale lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un resort entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es partir chico: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los puertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que la terminal ya tiene?

    Sí, sirve con las que la terminal ya tiene puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora la parte incómoda. Una explanada es larga, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan el lente velado, y una cámara sucia ve menos cada semana. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con correr o limpiar y cuáles no dan para lo que quieren ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Funciona si se cae la línea?

    Sí, y en una terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es local: los servidores quedan adentro de la terminal, el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para trabajar. Si la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se detiene. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: ahí el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede partir por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.

  • ¿Esto es para vigilar a los estibadores?

    No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó el cierre o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara contra ninguna base de datos, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. A la representación de los trabajadores se le muestra exactamente esto, y mientras antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde eso se entiende funciona; una donde no se entiende, no.

  • ¿IRIS detiene la grúa cuando alguien cruza bajo la carga?

    No, IRIS no detiene la grúa. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda detener. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Ve de noche, con camanchaca y con lluvia?

    Según cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con lluvia se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con camanchaca cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien les diga lo contrario no pasó una noche de neblina en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que entrega cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: junta qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien de pie adentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien de pie». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Esto vale para el plan de protección del puerto?

    Vale como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce del cierre o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: quien aprueba ese plan no somos nosotros, y quien lo firma es su organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.

  • ¿Reemplaza el cierre perimetral, los sensores de la malla o a los guardias?

    No, IRIS no reemplaza el cierre perimetral, ni los sensores de la malla, ni a los guardias. El cierre sigue haciendo falta: una reja detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores siguen donde están, e IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la malla, IRIS dice qué se ve ahí y muestra la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardias pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.

  • ¿Sirve para una terminal sola o para todo el puerto?

    Para una terminal sola sirve, y en todo el puerto cobra otro sentido. En una terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de detenerla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es comparar con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Ahí se ve qué muelle acumula más cruces bajo la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación del que más muelles pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Partir por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es partir chico: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

  • ¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce rostros?

    No, IRIS no identifica a sus clientes ni reconoce rostros. No compara rostros con ninguna lista ni con ninguna base de datos, no arma perfiles de nadie y no se cruza con sus sistemas de cliente. Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el hall, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de su casa, siempre.

  • ¿Esto anticipa lo que va a hacer una persona?

    No, esto no anticipa lo que va a hacer una persona, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. IRIS no adivina la intención de nadie ni predice conductas; quien les prometa eso les está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con el casco integral puesto y la visera abajo, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.

  • ¿Sirve con las cámaras que las sucursales ya tienen?

    Sí, IRIS sirve con las cámaras que las sucursales ya tienen puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y se lo decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y la sala de autoatención a oscuras estropean cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados.

  • ¿Sale el video de la sucursal o se queda adentro?

    El video sale de la sucursal o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones —en la sucursal o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de sucursales conviene decidirlo temprano, porque condiciona la red de cada local.

  • ¿Y la protección de datos, en una sucursal llena de clientes?

    La protección de datos se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una sucursal: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que armar. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Reemplaza la alarma conectada a central, a los guardias o al control de accesos?

    No, IRIS no reemplaza la alarma conectada a central, ni a los guardias, ni al control de accesos: convive con los tres y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.

  • Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para ubicar el momento?

    Sí, esto sirve para ubicar el momento de un reclamo de hace dos semanas, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelve. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación buscando cuatro minutos. Con IRIS se describe con una frase lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el hall— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y conviene decir la otra mitad: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es lo que la hace valer como prueba.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?

    Van a llegar los avisos que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avise si hay alguien en la sala de autoatención». Es «avise si alguien lleva más de tantos minutos en la sala, fuera del horario de atención». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —quien dirige la sucursal, la central, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de sucursales?

    Sí, se puede aplicar la misma regla en cientos de sucursales, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una sucursal. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una sucursal no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Ahí se ve qué sucursales acumulan puertas que quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se parte por unas pocas y se decide después.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de sucursales?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas sucursales entran, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una sucursal con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es partir chico: unas pocas sucursales, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los casinos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?

    Sí, sirve con las cámaras que ya tienen encima de las mesas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo puede no alcanzar a leer el paño— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS reconoce rostros, controla la autoexclusión o detecta menores?

    No. Nada de eso hace IRIS: no reconoce rostros, no controla autoexclusión y no detecta menores. Tampoco identifica a nadie —ningún rostro comparado contra ninguna base, nadie guardado, ningún jugador seguido por la sala, ningún cruce con su programa de fidelización—. Y la línea, dicha antes de que la pregunten: autoexclusión y control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se hace con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Ese sistema no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación, y cuánto rato lleva ahí.

  • ¿Sale el video de la sala?

    El video sale de la sala o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una sala lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.

  • ¿Cuánto se demora en ubicar una jugada de hace dos horas?

    Ubicar una jugada de hace dos horas deja de ser una tarde en la sala de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y rebobina. Con IRIS usted describe en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se detiene IRIS. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y lo que vale ante cumplimiento o ante quien fiscaliza lo marcan su procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por ustedes.

  • ¿Los números de la sala son confiables?

    Los números de la sala son confiables porque no se configuran hablando, se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede contar con palabras: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el paño, y a partir de ahí el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se demora la caja. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que suelta doscientos avisos por turno queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay gente de pie junto a una mesa», sino «avíseme si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía». Ajustando zona, franja y tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando importa. Y ese ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas en su sala y no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide la sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe su equipo, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su paño: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambian el horario, cierran una mesa o abren una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se la pueden mostrar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué no ve IRIS en una mesa?

    Hay cosas que IRIS no ve, y decirlo antes de firmar es parte del trato. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro, una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala rinde menos, y con el lente sucio también. Y hay gestos que durante un segundo son idénticos: recoger una ficha y moverla se ven igual. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona con el video delante, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni dice quién hizo qué. No es infalible, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que hoy no mira nadie.

  • ¿Cuánto demora en estar funcionando en la sala?

    El tiempo depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en su sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede partir chico: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

  • ¿Sirve con las cámaras que el mall ya tiene?

    Sí. IRIS toma la señal de las cámaras IP que ya están instaladas y la analiza tal como llega; lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Eso sí, en el proyecto se revisa una por una si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí: una cámara colgada para vigilar un acceso muchas veces no alcanza a contar en el corredor del fondo. Se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Comprar cámaras nuevas es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce rostros?

    No hace ninguna de las dos cosas. Ningún rostro comparado contra ninguna base de datos, nadie guardado, nadie seguido de un local a otro y ningún cruce con programas de fidelización. Una persona contada es un uno, y no queda nada más de ella. Y como esto sale en todas las reuniones, va derecho lo del niño perdido: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero no lo busca por su rostro ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.

  • ¿Sale el video del mall?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del mall.

  • ¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?

    En que el contador de la puerta dice cuánta gente vino, y esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué pisos se quedó, qué corredores evitó y qué cambió el día que ustedes lanzaron la activación. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se cuenta hablando: una frase, e IRIS avisa cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. En el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Podemos entregar estos números a los operadores de los locales?

    Sí, y es una de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin entregar datos de ninguna persona. Cuánta gente pasa por delante de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. Lo que no está acá es la venta: eso vive en la caja del operador y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades cambia el diagnóstico: si pasa mucha gente y no entra casi nadie, el problema es la vitrina o el letrero. Si no pasa nadie, el problema es el corredor y no el local. Hoy esas dos situaciones se ven iguales en el informe —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir en la sala de control?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces al día queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay gente parada en la escalera mecánica», sino «avíseme si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». Moviendo zona, franja y tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas en su mall y no en un mall cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    Lo decide el mall, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su corredor: lo normal en un mall de barrio no es lo normal en uno de tres pisos con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la activación de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.

  • ¿Qué no ve IRIS un sábado en la tarde?

    Un sábado en la tarde IRIS deja de distinguir a unas personas de otras cuando se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó con el mall lleno. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los pisos no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno a uno en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que ocurre fuera del encuadre, detrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.

  • ¿Cuánto demora en estar funcionando?

    Depende del tamaño del mall, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad adentro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hace falta que pasen un día flojo, un sábado y un día de activación. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un mall?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que sirva para todos, porque no sale lo mismo medir dos accesos y un piso que cubrir tres pisos, el patio de comidas y las rampas del estacionamiento. Y se puede partir chico: los accesos y un piso, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los aeropuertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que el terminal ya tiene?

    Sí, sirve con las cámaras que el terminal ya tiene puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara puesta para ver el hall entero puede que no alcance a contar la boca de una fila— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce rostros?

    No, IRIS no identifica a los pasajeros ni reconoce rostros. No los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona por el terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ninguna tarjeta de embarque. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control documental, no verifica documentos, no reemplaza al escáner ni a quien atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una correa detenida. Un pasajero contado es un uno: no queda nada más de él.

  • ¿Sale el video del aeropuerto?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local el video no sale de la casa: los servidores quedan en sus instalaciones, la señal entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con lo que se firme por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar las dos: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿Los minutos de espera del filtro son un número confiable?

    Los minutos de espera del filtro son un número confiable porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Y el alcance, dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una homologación chilena.

  • ¿Detecta un equipaje dejado solo?

    IRIS detecta un equipaje dejado solo en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, adentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de turno, con el procedimiento del aeropuerto delante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un hall lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y ahí la cámara no lo ve.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?

    Los que ustedes decidan. La regla siempre se acota con tres cosas: zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay fila», sino «avíseme si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Moviendo esos tres parámetros, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace con lo que salga las dos primeras semanas en su terminal, no en un terminal cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    Eso lo decide el aeropuerto y no IRIS, y son dos decisiones distintas. Lo que hay que vigilar se escribe hablando: una frase que cualquiera lee y cualquiera puede corregir. Lo que hay que medir se dibuja: una raya en el piso, una zona sobre una sala. IRIS no llega con una lista de comportamientos de fábrica ni sabe qué es normal en su hall a las seis de la mañana; eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y cuando cambie el horario de un vuelo de madrugada, se cierre un pasillo por obras o se abra una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargarle nada a nadie.

  • ¿Qué no ve IRIS en un terminal lleno?

    Lo que IRIS no ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: con el hall lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo ha probado un domingo en la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno a uno en un paso angosto y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.

  • ¿Cuánto demora en estar funcionando?

    El tiempo depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en el terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no sale lo mismo medir el filtro y la sala de retiro de equipaje que cubrir un terminal entero con sus locales, sus pasillos y su subterráneo. Y se puede partir chico: el filtro y la sala de equipaje, ver los números con su equipo delante y decidir después. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

La seguridad pública

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?

    Sí, y ese es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a toda hora. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara puesta para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que a ustedes les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es correr una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿IRIS identifica a las personas, reconoce rostros o sigue a alguien por el territorio?

    No hace ninguna de las tres cosas, y hay que decirlo con todas sus letras. No compara ningún rostro contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni puntúa a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió quien explota el sistema: un vehículo detenido donde no se puede detener, una salida bloqueada, humo saliendo del cerro, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las patentes, la respuesta honesta: IRIS puede leer patentes cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.

  • ¿Sale el video de nuestras instalaciones?

    Solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores quedan en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?

    Un aviso de IRIS aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un vendedor nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.

  • ¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?

    Conviene contestarlo antes de que lo pregunten: no se mira adentro de una vivienda, ni en un camarín, ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide quien explota el sistema, con su marco legal, sus abogados y la información pública que corresponda. Eso lo firma quien lo instala, no nosotros; desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software es que el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar a la sala?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que entrega doscientos avisos por turno queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay un vehículo detenido», sino «avíseme si hay un vehículo detenido en esta berma, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos». Moviendo zona, franja y tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas en su territorio y no en el de otro.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide quien explota el sistema, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones: eso lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su territorio: lo normal en una costa no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana se cierra una pista, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve?

    Existe, y decirlo antes de firmar es parte del trato. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: si algo ocurre fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con camanchaca, con lluvia fuerte o con el lente sucio rinde menos, y en una ladera a contraluz al amanecer rinde menos todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona con el video delante. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que hoy no mira nadie.

  • ¿Cuánto demora en estar funcionando?

    Depende del tamaño del despliegue, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es partir chico: un acceso, un tramo de camino de cerro, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los centros de datos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?

    Sí, sirve con las que ya están puestas en el centro. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo entero quizás no alcance a ver si un rack quedó abierto— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica al personal o reconoce rostros?

    No hace ninguna de las dos cosas: ni identifica al personal ni reconoce rostros. No los compara contra ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no sigue a una persona por el centro. Y esto se dice también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación de los trabajadores: acá no se controla la jornada de nadie, no se mide el rendimiento de nadie y no se lleva la cuenta de cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este rack quedó abierto y no hay nadie al frente». El nombre, si hace falta, lo pone después su control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.

  • ¿Sale el video del centro de datos?

    Depende de la modalidad, y son dos. Con la modalidad local no sale: los servidores quedan en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Con la otra, el proceso ocurre en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con lo que se firme por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión de ustedes, no una condición nuestra.

  • ¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?

    IRIS ve que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Lo que no sabe es cuántas autorizaciones hubo: ese dato vive en su control de accesos, no en la imagen. El cruce lo hace su sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se convierte en un problema. Ese reparto es a propósito: la cámara pone el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó o mostrárselo a quien viene a auditar.

  • ¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?

    Sí: agua en el piso técnico, humo en un pasillo, una puerta trabada con una cuña, un rack que queda abierto o una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque importa: esto no reemplaza la detección de incendios, ni las sondas de agua, ni la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantención, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a lugares donde no hay sonda y muestra la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: qué puerta, qué franja horaria y cuánto tiempo. Un sistema que avisa doscientas veces por turno queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si esta puerta se abre», sino «avíseme si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantención». Moviendo zona, franja y tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro, no en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Eso lo escribe el centro, no IRIS. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo define su equipo, y queda en una frase que cualquiera lee y cualquiera corrige. IRIS se limita a aplicarla, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni sabe qué es normal en sus pasillos: lo normal en una sala de operación no es lo normal en un andén de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Y cuando cambie un procedimiento, se abra una sala nueva o se corte un pasillo por obras, la regla se reescribe en un rato y sin encargarle nada a nadie.

  • ¿Qué no ve IRIS en un pasillo de racks?

    Hay cosas que IRIS no ve, y decirlo antes de firmar es parte del trato. La cámara entiende lo que entra en su encuadre y nada más: un rack tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro, y en un pasillo angosto el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, rinde menos. Y hay situaciones que se parecen mucho: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona con el video delante. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que hoy no mira nadie.

  • ¿Cuánto demora en estar funcionando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este rack—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieren detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad eligen ustedes y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no sale lo mismo cubrir la esclusa de entrada y el andén de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede partir chico: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

El estado de las cámaras

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  • ¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?

    Con las que ya tiene puestas, de la marca que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella se dé cuenta de que anda mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años entrega una imagen, y con eso basta. No hay que cambiar ninguna, ni sumar aparatos, ni tirar cable nuevo.

  • ¿No me va a llenar el turno de avisos?

    No, y está pensado justo para eso. Cada cosa lleva su umbral y su tiempo: una gota de lluvia tiene que quedarse un buen rato, la suciedad tiene que ir empeorando varios días, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por una ráfaga. Solo tres cosas avisan al momento: cámara tapada, cámara girada y señal perdida. Lo demás no interrumpe a nadie: espera al parte del día.

  • ¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?

    Porque se lo guardó. El primer día IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está sana —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz entrega de noche— y esa queda como su referencia. Es de esa cámara y de ninguna otra: una del muelle y una del hall no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada. Después compara cada día contra su propia referencia, no contra un ideal.

  • ¿Cada cuánto revisa las cámaras?

    Lo decide usted. Se programa una auditoría —todos los días, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS pasa revista a todas las cámaras de la instalación, sin que nadie lo pida y esté quien esté frente a la pantalla. Al terminar queda un parte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Se exporta a planilla de cálculo.

  • ¿Esto se paga aparte?

    No. La licencia de IRIS es por cámara, no por pregunta. Pedirle que avise si alguien se cae y pedirle que le diga si esa misma cámara está sucia sale exactamente lo mismo, porque lo que se paga es la cámara. No hay un módulo de mantención aparte ni un precio por cada cosa que quiera vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tiene.

  • ¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?

    Subir hay que subir, y no lo vamos a disimular: IRIS no repara nada, no reinicia equipos y no lava domos. Lo que cambia es que quien sube ya sabe a qué sube y en qué orden. La diferencia no es chica. Se deja de hacer la ronda por calendario —recorrer cuatrocientas cámaras porque toca— y se sube con una lista de once, cada una con su imagen delante. Y de esas once, un par se resuelven sin escalera.

¿Y si la suya no está?

Escríbanos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el que venga detrás.

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Y lo mejor

Las cámaras que compró hace añossiguen sirviendo. Lo que les faltaba no era calidad.

Les faltaba alguien que las mirara. IRIS se conecta a la instalación que ya está —los mismos equipos y los mismos cables— y esas imágenes dejan de solo guardarse.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Respondemos el mismo día hábil.