Todo lo que preguntan
Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.
El orden es por dónde nacen las preguntas: primero lo que conviene entender antes que nada, después cada parte del producto, y al final cada sector. Ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que están en su lugar, y desde cada grupo se llega hasta ahí.
297 preguntas contestadas
Antes de nada
Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hay que cambiar las cámaras, si funciona sin internet y quién decide.
Inicio
Ir a la página¿IRIS puede andar sin internet?
Sí, andando de forma completamente local y sin conexión a internet. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas corren adentro de la infraestructura del cliente.
¿Tengo que cambiar mis cámaras?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS está pensado para aprovechar la infraestructura de video que ya está instalada.
¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define tu organización. IRIS automatiza su aplicación repetitiva y le lleva a las personas las situaciones que piden criterio humano.
¿Qué es un NVMS?
NVMS quiere decir Neural Video Management System. Es un sistema de gestión de video que, además, entiende lo que pasa en la escena: interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto, aplica las reglas de la organización y convierte el video en métricas y en evidencia.
¿Cuánto tarda en estar andando?
No damos un plazo genérico, porque depende de la instalación y de cuántas cámaras se integren. Lo habitual es arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera, y crecer desde ahí.
¿IRIS reemplaza a mi VMS actual?
Depende de la instalación. IRIS puede andar como sistema completo de gestión de video o convivir con el que ya tenés, y eso se decide después de mirar tu red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirte qué se puede hacer hoy y qué no, en vez de prometer que encaja con todo.
¿Cuánto cuesta IRIS?
Salen de tres cosas: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones querés en cada una y dónde se procesa el video. Tarifa cerrada no publicamos, porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada. Contanos tu caso y te damos una cifra concreta, no una horquilla.
¿IRIS reduce las falsas alarmas?
Sí, y por eso se instala en muchos casos. Con la lluvia, con una rama o con un gato salta la detección de movimiento clásica; IRIS mira la escena y distingue qué hay, dónde está y cuánto hace que está ahí antes de avisar. Que no vuelva a saltar un aviso de más no lo prometemos, porque eso no existe. Lo que prometemos es que el ruido deje de llegarle al operador, y que cuando llegue un aviso valga la pena mirarlo.
Qué es IRIS
Ir a la página¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define tu organización, e IRIS se encarga de aplicarlos de forma repetitiva sobre todas las cámaras. Las situaciones que piden criterio humano le llegan a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con toda la información delante.
¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS está pensado para aprovechar la infraestructura de video que ya existe. En la evaluación previa se revisa cámara por cámara: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que necesita la detección que buscás.
¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?
La diferencia está en lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó tu organización y ejecuta lo que tiene que pasar a continuación. Detectar es el principio, no el final.
¿Detectar y entender son lo mismo?
No, y es de las cosas que más se confunden. Mirar son tres cosas distintas. Una ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está; es rápida y sobre la misma imagen da siempre el mismo resultado, y por eso es la única con la que se puede contar y con la que un número sale igual dos veces. Otra NOMBRA: distingue una camioneta de un auto, un casco de una gorra; trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. Y la tercera ENTIENDE: lee la escena entera y la relación entre las cosas —no «una persona» y «un auto», sino «una persona en el piso al lado de un auto parado en medio del cruce»—, no necesita lista y contesta a una frase escrita con tus palabras, pero no es con la que se cuenta. Las tres vienen de serie en IRIS, no como extras aparte, porque en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. De ahí que digamos que preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y que no se hacen igual.
¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?
Sí. Una pieza que solo se fabrica acá, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo aparece con este material: nada de eso figura en ninguna lista, ni va a figurar. Lo que se hace es entrenar un modelo propio con imágenes de tus cámaras y con tus casos, y desde ahí es una detección más adentro de IRIS, que se escribe en una regla como cualquier otra. Ese modelo, además, es tuyo: entrenado con tus imágenes y con el criterio de tu gente, queda en propiedad tuya. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a tu competencia, y no depende de que sigas siendo cliente para que lo puedas usar. Para entrenarlo hacen falta dos cosas: imágenes de eso pasando de verdad, no armadas, y alguien de tu equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Y si eso que querés detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.
NVMS
Ir a la página¿IRIS es un VMS?
Recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar: esas capacidades de un VMS IRIS las incluye. Pero su propuesta va más allá. Entiende lo que pasa en la imagen, aplica las reglas de la organización, convierte el video en métricas y permite investigar sin revisar horas de grabación.
¿Tengo que reemplazar el VMS que ya tengo?
No necesariamente. Puede actuar como plataforma completa, o convivir con la infraestructura de video existente aprovechando los flujos y las integraciones disponibles; eso depende del proyecto. Lo sensato es revisarlo caso por caso: qué cámaras hay, qué grabación hay y qué sistemas se pueden reutilizar.
¿Qué significa exactamente NVMS?
Neural Video Management System: eso son las siglas. Un sistema de gestión de video que además entiende lo que pasa adentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS está en el centro del modelo: el VMS gira alrededor de la pantalla y del operador, el NVMS gira alrededor de la decisión.
¿Hacen desarrollos a medida?
Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que no mira nadie, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja tu equipo, un informe con el formato y los nombres de ustedes, un cálculo que solo tiene sentido en esa operación. Eso se hace. Lo que no te vamos a decir es que todo entra en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.
¿Se integra con lo que ya tengo?
Sí, y es lo normal: casi nadie arranca de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja tu equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que el sistema de ustedes ya sabe. Lo que no te vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de vos. Se comprueba al principio, con tu sistema delante, y si algo no va a poder ser se dice ahí.
Lenguaje natural
Ir a la página¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?
No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.
¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?
No. Por su posición, su calidad de imagen o su iluminación, hay situaciones que una cámara concreta no puede resolver, y hay detalles chicos o muy lejanos que ninguna cámara de ese encuadre distingue. Eso no se sabe discutiéndolo: se prueba la descripción sobre video real de esa cámara y se mira el resultado antes de contar con ella.
¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?
Sí. Las reglas van hacia adelante, pero también se puede describir algo que ya pasó —«camioneta blanca parada más de diez minutos en la dársena 4»— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Dejá de buscar el minuto; buscá lo que pasó.
¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?
No cuesta nada. IRIS no cobra por consulta: no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas. Escribí una regla, probala contra el video de esa cámara, cambiala y volvela a probar las veces que haga falta; una prueba y un millón de pruebas cuestan lo mismo. Es a propósito, porque una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas a la primera y mal.
Procesamiento
Ir a la página¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?
Puede, y el matiz es el que importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la usa para funcionar. Los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red y los modelos corren en tu hardware sin consultarle nada a ningún servicio de afuera. Se puede desenchufar el cable de internet y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.
¿Dónde queda el video y quién puede acceder?
En la modalidad local vive en los discos de tu edificio, y ahí no lo mira ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada, ubicada donde se acuerde, y con el contrato fijando quién entra, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. Lo que no cambia entre una y otra son tres cosas: las comunicaciones van cifradas, cada acceso queda registrado, y entra solamente quien vos autorizaste.
¿Puedo arrancar con una modalidad y cambiarme a la otra más adelante?
Se puede: se arranca con una y se pasa a la otra más adelante. Es el mismo sistema en los dos lados, y lo único que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que dibujaste sobre tus cámaras, ni la forma de trabajar de tu gente. Tampoco hay que mover la organización entera de una vez: cada sede puede tener su modalidad y todas se miran desde el mismo lugar. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar, no después.
¿Qué pasa si se corta el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?
Si se corta el enlace, el análisis en nuestro centro de datos queda parado hasta que la línea vuelve. Lo decimos de frente porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada para analizar del otro lado, y durante ese rato no vas a recibir avisos. Tus cámaras siguen grabando donde graban hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no se puede aceptar —un centro de monitoreo, una planta de tratamiento de efluentes, un establecimiento penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.
¿Me sale más caro cuanto más lo use?
No, porque no se factura por uso: no hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas. Una consulta y un millón de consultas salen igual. Es a propósito: un sistema que cobra por pregunta termina usándose poco, porque quien opera lo piensa antes de buscar y la herramienta queda parada. Lo que sí mueve el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se habla antes de firmar, no después.
El mundo
Ir a la página¿IRIS sirve solo para seguridad?
No. Sirve además para medir la operación: conteo de personas, tiempos de espera, ocupación de zonas, colas y flujos de personas o vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide todos los días y una alarma casi nunca, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Eso no se pide hablando: se traza una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. Y el conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— a través de NeuralPax: lo homologado es esa medida, contar personas, y no el resto, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?
No: la plataforma es la misma en todos los entornos, y lo que cambia es la configuración —qué objetos importan, qué zonas se vigilan, qué reglas se aplican—. Una organización con entornos muy distintos trabaja igual con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo formado.
¿Anda en lugares remotos, sin personal ni conexión?
Sí, con dos condiciones: que la cámara tenga alimentación y que haya una vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre adentro de la propia instalación, así que en un perímetro remoto o en una red cerrada la escena se sigue entendiendo aunque no haya conexión a internet.
Por lo que hace
Una por cada parte del producto: el vivo, la búsqueda, las matrículas, las novedades, los mapas, la automatización y las demás.
Directo y video wall
Ir a la página¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?
No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y el operador maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y vuelve igual mañana, y que el muro de la sala se maneja desde el escritorio.
¿Cuántas cámaras entran en una pantalla a la vez?
Hasta 64 celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o colocación libre a mano. Aparte de eso hay un tope, configurable por servidor, de cuántas de esas celdas dan video en vivo al mismo tiempo, para no ahogar ni el puesto del operador ni la red. Las celdas que pasan ese tope no se quedan negras: muestran imagen fija que se refresca, y la propia celda avisa de que es una decisión del sistema y no una avería.
¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la miró?
Queda constancia de todo: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado de una zona de privacidad y cada entrada a un muro publicado se anotan con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía. Antes de eso está el permiso, que no es uno solo: mirar una cámara, moverla y configurarla se dan por separado, y cada cámara admite además su propia lista de personas. Y lo que está tapado por privacidad no se levanta desde una vista y listo: hay que escribir el motivo, ponerle una duración y, si la organización así lo pide, que lo autorice un supervisor.
Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una avería o una decisión?
Porque la celda lo dice. IRIS distingue tres motivos y los nombra: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —una decisión del sistema, no una avería—, la cámara está caída, o el flujo quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Un operador puede exigir además que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque no tenés acceso a esa cámara, también lo dice: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en una sala.
¿Qué hace falta de verdad para armar un muro de pantallas?
Menos de lo que suele venderse. Alcanza con una pantalla que tenga navegador —un televisor, un monitor o un cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que usa todo lo demás. En esa pantalla no se instala nada y no hay ningún archivo de configuración para editar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. El enlace publicado se abre sin escribir contraseña, y viene con PIN, vencimiento y lista de direcciones permitidas. Lo único que no vende ningún fabricante es la parte difícil: decidir qué se ve. Eso lo hace la sala, y el resto está armado para que haya que hacerlo una sola vez.
Detección y comportamientos
Ir a la página¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Vienen 41 comportamientos listos sobre un catálogo de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias: intrusión, cruce de línea, permanencia, merodeo, objeto abandonado o retirado, conteo de personas, colas, aglomeración con densidad, lugar ocupado, contramano, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. Y si lo que se busca no es ninguno de ellos, queda el filtro fino: compara cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores y condiciones agrupadas con «y» y con «o».
¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?
Para empezar, no. Cada clase del catálogo trae su altura media real —una persona 1,70 metros, un auto 1,50— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. Para medida real sobre el piso se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden de verdad: desde ahí, distancias, recorridos y velocidades están en metros. La velocidad medida y la estimada nunca se mezclan, y una regla puede exigir que solo cuente la medida; la estimada se queda corta, y por eso va etiquetada como lo que es.
¿Y si me llena el turno de avisos equivocados?
Es lo primero que se ataja, y no con un botón sino con seis. Se marcan áreas donde a propósito no se detecta nada —una ruta al fondo, un cartel con fotos de personas—; se exige que el objeto venga siendo seguido un rato antes de que la regla actúe; se pone un doble umbral para que el aviso no parpadee justo en el borde de una zona; se le pone horario al comportamiento; y se agregan tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Después, antes de publicar nada, la regla se mira sobre la imagen en vivo y muestra lo que produce de verdad, con los objetos descartados y el motivo del descarte a la vista.
¿Y de noche, o con mala luz?
Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no se ejecutan a ciegas. Hay además una puntuación de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar la óptica, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo nocturno. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde el color, así que la medida de color se marca como poco confiable en vez de afirmar que la camioneta era blanca. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche sigue queriendo decir lo mismo en enero que en julio.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
La identidad se sostiene unos segundos, y cuando ya no se puede, se dice. Cuando algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, una lona— el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto guarda además un pequeño historial de sus clases, así que un auto que de lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite, por delante: si el objeto queda tapado más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa distinta, y sigue sin saber quién es.
Grabación y forense
Ir a la página¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Sí, y para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se puede escribir la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, mostrando antes qué entendió. Y si aun así el rango queda largo, el resumen se saltea el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
Porque no tiene que creernos: lo comprueba él. Adentro del paquete van una huella de cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que se abre en cualquier navegador y no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro. Si se modificó algo —un fotograma, un byte, el manifiesto—, la comprobación falla y lo dice. Y el paquete se verifica a sí mismo antes de salir: si no pasa su propia comprobación, no se entrega.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no lo puede saltear. Si lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema frena, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en vez de sacrificar material protegido para ganar lugar. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra —nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar—. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de vencimiento.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
Cámara por cámara, y lo decide el cliente: ese plazo manda sobre el general del servidor y puede quedar sin límite, para que nada se borre por viejo. Pero el techo real no lo pone el programa, lo pone el disco. Por eso la pantalla no se conforma con el plazo configurado y muestra los días que hay grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llenó antes. Crecer, entonces, es agregar disco donde falte: la grabación se reparte entre tantos servidores y puntos como haga falta. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
No puede, y queda escrito que lo intentó. Fuera del borrado automático está todo el material bloqueado, y borrar a mano pide un permiso propio y además tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo pide el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito; la ficha no se va a ningún lado, queda marcada como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación entran al registro de auditoría con el estado de antes y el de después, encadenados de manera que se nota si alguien alteró o sacó una entrada.
Búsqueda por apariencia
Ir a la página¿IRIS reconoce caras?
Sí lo incluye, y viene apagado. En la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley lo permite, prenderlo pasa por nueve advertencias legales de lectura obligatoria y por declarar tres cosas a mano: base jurídica, finalidad y plazo de conservación. Sin esos tres datos no anda, y si se sacan, se detiene al momento sin reiniciar nada. No viene puesto de fábrica ni lo decidimos nosotros: lo decide cada instalación, y queda registrado quién lo prendió y cuándo. En las zonas que esta web muestra IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras la función no está prendida. Y conviene decir la otra mitad: casi ninguna búsqueda real la necesita, porque se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.
¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?
Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto IRIS guarda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona—, y con eso se lo vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre a nadie. Cuando propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión humana. Cada propuesta la confirma o la descarta una persona, y su decisión queda guardada con nombre y hora.
¿Quién puede buscar y qué queda registrado?
Para buscar hace falta permiso de ver grabaciones, y además cada quien encuentra únicamente objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, sencillamente no aporta resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles se pueden tapar con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, la aprobación de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Y todo pasa adentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y andan sin internet, así que ni una imagen sale a un tercero. Todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más para abrir en el firewall.
¿Y si la persona se cambia de ropa?
Se corta el rastro por apariencia, y eso hay que decirlo. Color, forma y complexión son la huella de una persona: cambia la ropa, cambia la huella, y a partir de ahí IRIS deja de proponerla en las cámaras siguientes. Lo que no hace es inventar una coincidencia para tapar el hueco: dice que nadie llega al umbral, y con qué umbral. En pie queda bastante: el recorrido hasta el cambio, con la última vez que se la vio y a qué hora; la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja; y el vehículo, si lo hay. Por algo el recorrido se arma con avistamientos que confirma una persona y no con una cadena automática que no miró nadie.
¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?
El plazo lo fija cada instalación, por separado para personas, vehículos, rostros y matrículas, y va de cero a 3.650 días. Cero no quiere decir borrar: quiere decir conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo elija de descuidado. El borrado lo hace un barrido nocturno, y si ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en vez de dar por hecho que el plazo se cumple; además se puede ver cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron su plazo. Consultarlas exige el permiso de ver grabaciones, y solo alcanza a las cámaras que esa persona puede ver. Cambiar la retención exige su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.
Matrículas y accesos
Ir a la páginaLa web dice que IRIS no lee matrículas. ¿En qué quedamos?
Las dos cosas son ciertas, y la diferencia está en la cámara. Leer matrículas es una función que se prende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se prende —el patio de una escuela, un sector de un establecimiento penitenciario, el perímetro de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí termina: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee matrículas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un estacionamiento, la puerta de una playa de camiones— se prende, porque es justo lo que el cliente vino a comprar. Quién la prendió, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la respuesta a «¿dónde se leen matrículas en esta instalación?» siempre se puede consultar, y siempre es una lista corta y comprobable. Y prenderla no es solo una decisión técnica: una matrícula es un dato personal, así que se prende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es —con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó—.
¿IRIS sabe de quién es el auto?
No. Lee el número de la matrícula y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí termina. Detrás no hay ningún registro de titulares: no consulta ninguna base de datos oficial, no sabe el nombre del propietario y no lo puede averiguar. Tampoco lee la marca ni el modelo. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de completar el hueco con una suposición. Una matrícula significa algo únicamente si el cliente la puso en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.
¿IRIS abre la barrera solo?
IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve físicamente la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso a paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta matrícula, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla contesta por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo, y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a mitad, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en vez de dar por buena una apertura que no confirmó nadie. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.
¿Y si la matrícula está sucia, doblada o tapada?
Suele alcanzar con barro, con un ángulo malo o con poca luz, porque un paso deja decenas de lecturas y alcanza con que una salga bien. Con una matrícula que directamente no es legible, no: ahí no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna. Lo que hace es contar el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se están perdiendo en esa cámara. Si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el software: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y lo decimos antes de vender y no después. En un control de accesos, una matrícula que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Y ojo con no confundir dos cosas: darse cuenta de que un vehículo anda sin matrícula legible no necesita leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.
¿Y si se equivoca leyendo un carácter?
Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas prendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriendo la barrera al auto de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la matrícula de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se saltea su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una matrícula compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo auto, y la pantalla lo marca como tal.
Novedades y sala de control
Ir a la página¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube. Todo aviso entra en una escalera con sus plazos: al vencer el primero, si nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así para arriba. Responder es asignársela, validarla, cerrarla o comentarla; con eso la subida se frena, aunque el caso no quede resuelto. Si un turno quedó sin nadie, el aviso salta al escalón siguiente en vez de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca termina en silencio.
¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?
Con tres cosas, y ninguna es apagar reglas a ciegas. La primera: las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una fila con su contador, sin borrar ninguna, así que el detalle queda y el número siempre cuadra. La segunda: 27 criterios combinables para filtrar la cola, y cada operador se guarda su vista y la comparte con el equipo. La tercera: un panel que mide cuántos avisos le llegan por hora a cada persona y señala qué cámara y qué regla los están produciendo, que es lo que permite afinarlas. Y además queda registro de quién silenció qué.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Sí. Cada novedad guarda su cronología entera: quién la abrió, quién la miró, qué cambió, qué escribió y cuándo la cerró. El registro solo admite agregar, va encadenado criptográficamente y se puede verificar cuando se quiera; si algo se hubiera tocado, dice en qué apunte exacto se rompe la cadena. La carpeta se descarga como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión ni programas. Y lo que existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en vez de hacerlo pasar por verificado.
¿Y si el que falla es el propio escalado?
Se mide y se muestra, porque un escalado que falla en silencio es peor que no tener ninguno. Hay un panel que dice si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está parado, y da el motivo en castellano llano: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar. Avisa además de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no quedó ningún canal activo por el que salir, o cuántas personas del equipo no tienen forma de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalados quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Otro detalle: recién instalado arranca desarmado a propósito, solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor. Una instalación no puede empezar a llamar a gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos operadores agarran la misma novedad a la vez?
Se ven entre ellos. La ficha dice con nombres quién más la está mirando en ese momento, y también dice cuando estás solo. Asignársela es reclamar la propiedad y ese gesto queda con su hora: es además lo que frena el escalado, aunque todavía no se resuelva nada. Los estados tampoco saltan de cualquiera a cualquiera: cada cambio lo comprueba el servidor, y el que no corresponde lo rechaza diciendo de dónde a dónde se intentó ir, de modo que dos personas no pueden dejar la misma novedad en dos lugares distintos. Y lo que hicieron las dos termina en la misma línea de tiempo: quién la abrió, quién la miró, quién la cambió y qué escribió cada una.
Reglas y automatizaciones
Ir a la página¿Hay que saber programar para armar una automatización?
No hace falta. Los bloques se arrastran a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en un pizarrón; si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión ahí mismo y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya andando. Y si ni siquiera querés dibujar, están las 23 recetas ya hechas: se elige una, se completan cuatro campos sobre la imagen en directo de la cámara y anda el primer día. Para el operador de sala hay todavía otro camino: seis preguntas en lenguaje corriente, sin ningún lienzo.
¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?
Es el miedo real de quien automatiza algo, y por eso hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Antes de publicar, el simulador lanza el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Una vez publicado se puede dejar silenciado: el flujo corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo anda mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.
¿La misma regla vale para muchas cámaras a la vez?
Sí, y esa es media gracia. El automatismo se define una vez y después se aplica donde haga falta: una cámara, un grupo, un servidor entero, la instalación completa. Las exclusiones también se escriben, con su motivo: «todas las cámaras del servidor menos el vestuario y la sala de servidores» es una sola declaración, no una lista que alguien tenga que ir manteniendo a mano. Cada punto puede además llevar sus propios umbrales y su propio horario sin que el flujo se duplique. Y sobre una misma cámara conviven varias configuraciones: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que está andando.
¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas por la mitad?
Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la avería se localiza sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si la novedad se creó antes de la falla, la novedad está creada. Lo que sí prometemos es que sabés hasta dónde llegó y por qué se frenó ahí.
¿Quién puede tocar una automatización que ya está andando?
Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que un operador puede abrir el flujo, entenderlo entero y no poder cambiar nada. Arriba de eso, un administrador decide qué bloques puede usar cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen andando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se saca en un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador muestra sobre el dibujo qué se agregó, qué se sacó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que sacarle el enganche.
Chat e inteligencia artificial
Ir a la página¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?
No sale nada. La inteligencia artificial que contesta es propia y corre en el servidor de tu instalación, y lo mismo la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. No hay una sola llamada a un tercero en ningún punto del recorrido, así que no viaja ni una imagen, ni un fotograma, ni una frase de la conversación. Con el cable de internet desenchufado sigue andando igual, y eso es un requisito de diseño y no una casualidad. Lo que se genera queda en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
En que este llega a los controles. El chat corriente contesta con lo que sabe y ahí termina; el asistente de IRIS tiene 95 herramientas conectadas al sistema y sale a buscar la respuesta con ellas: mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, dibuja el mapa, arma el informe. Y con permiso, además, actúa sobre el sistema: crea o cierra una novedad, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación no se ejecutan sin una confirmación explícita.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
No, y esa frontera conviene tenerla clara. Describir una situación y buscar algo se hacen hablando, y ahí el asistente rinde. Medir es otra cosa: para medir hay que saber por dónde pasa exactamente la línea y en qué sentido se cruza. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número se puede repetir y auditar un año después.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que le pedís, lo dice en vez de mostrarte otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin tapar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No puede, y no porque lo prometamos: está construido así. De la caja de herramientas, el asistente solo ve las que la persona que pregunta tiene derecho a usar, de modo que el mismo chat le ofrece cosas distintas a un operador que a un administrador. Sobre el chat en sí mandan diez permisos —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos, administrar herramientas—, y encima de eso cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos vienen marcadas como tales y no corren sin ese permiso; publicar una automatización pide confirmación explícita. Y queda todo anotado: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal, también los accesos que se denegaron. Las conversaciones nacen privadas, y a los hilos compartidos solo entra gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
No cuesta nada, porque no hay contador: ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Da lo mismo una conversación de dos frases que pasarse el turno entero preguntándole. Lo decimos porque cambia cómo se usa: cuando cada mensaje lleva precio, el operador se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina volviendo al sistema viejo. Acá no hay nada para racionar.
Mapas, planos y territorio
Ir a la página¿De verdad anda sin conexión a internet?
Anda igual. Los datos se instalan país por país en el servidor del cliente y ahí se quedan, y contra ellos se resuelven las tres cosas: dibujar el mapa, buscar una dirección y traducir una coordenada en un domicilio. La propia interfaz lo aclara en pantalla —«mapa local, sin internet»— para que quien opera sepa con qué está trabajando. Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está vigilando.
¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?
Sí, en PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y un PDF de proyecto con veinte pisos se convierte en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas las arma cada instalación como le sirva —país, local, edificio, piso o lo que sea— y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca coincide con el día en que se subió.
¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?
No hay, y conviene decirlo antes de la demostración y no durante. El mapa de calor de IRIS se dibuja sobre la imagen de la cámara, no sobre la cartografía. Sobre el terreno, la densidad se obtiene hoy agregando por zonas dibujadas, por perímetro de local y por espacio de medición, y no como una capa de calor continua encima del mapa. Es un hueco real y se declara acá porque un integrador lo comprueba en cinco minutos.
¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?
Depende de cuántos países se instalen, porque se agregan y se sacan de a uno: el mundo entero no lo instala nadie y casi nadie lo necesita. Una instalación de referencia trabaja con 65 de los 185 del catálogo. Y el dimensionado no queda en estimación de folleto: la pantalla de administración muestra, país por país, cuánto ocupa en el almacén y cuándo se instaló, antes y después. Actualizar es una carga de datos que dispara el administrador, con una cola de trabajos que va diciendo el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo se rompe. Goteo automático desde internet no hay, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie. Y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga, así que siempre se sabe con qué edición se está trabajando.
¿Y si un local es nuevo o el edificio no está en la cartografía?
Es lo normal, y no bloquea nada. El plano de interior no depende del callejero: se sube el del proyecto, se ancla al mapa con un clic, y el edificio existe en el sistema antes de existir en ninguna cartografía. Para el perímetro del local hay cinco orígenes posibles —tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual—, y esa última etiqueta existe justo para que el sistema lo diga en vez de callarse. Aunque el número de puerta no exista, la búsqueda inversa contesta igual: devuelve el más cercano que sí existe, con su distancia en metros. Y si el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato en lugar de inventar una altura.
Videoconferencia y colaboración
Ir a la página¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
Ninguna. La sala vive adentro de IRIS y arranca desde el muro de cámaras o desde el mapa, sin instalar ni contratar nada más. Y lo importante: para hablar sobre el video no hay que sacarlo de la instalación. La cámara entra a la llamada en directo, y todos miran lo mismo mientras discuten.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Sí. El anfitrión genera un enlace con código QR, y de afuera se entra escaneándolo con el celular. Ese enlace vence, tiene un número de usos contados, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar. Cada uso queda registrado.
¿Anda en una instalación sin internet?
Sí, igual que cualquier otro punto. Adentro de la red del propio cliente y por el puerto 443 viajan las cuatro cosas: la conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace su reunión sin nada especial.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí una sola vez y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso se muestra en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?
Entra con un enlace y sin cuenta, y cómo se protege ese enlace lo decide el anfitrión: abierto para cualquiera que lo tenga, restringido a quien tenga sesión en el sistema, o con un PIN. También decide cuánto dura —unas horas, hasta una fecha concreta, o sin límite—, cuántas veces se puede usar y qué puede hacer quien lo abre. Y fija el idioma con el que se abre, así que un contratista o un perito lo ve en el suyo sin configurar nada. Cuando deja de hacer falta, se anula al instante.
Plataforma, escala e integración
Ir a la página¿Cuántos puertos hay que abrir en el firewall?
Uno solo: el 443. Cifrados y por ahí viajan la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación. El sistema escucha en catorce puertos, pero los otros trece son accesibles nada más que adentro de la propia máquina y no cruzan la red en ningún caso. Para el área de redes eso significa trece excepciones que no hay que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación el día que algo sale mal.
¿Qué pasa si se corta el enlace entre un punto y el centro?
El punto sigue andando. Cada emplazamiento capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de ese punto, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve el punto publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre puntos se dimensiona por eventos y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.
¿Hasta dónde escala de verdad?
El producto declara más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, pero lo que permite comprobarlo son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. Por ejemplo, entran sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. La calculadora que viene adentro del producto hace ese cálculo con doce preguntas, dice qué recurso se agota antes y declara inviable un dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir.
Se nos quedó chica la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?
Se agrega una máquina, y no se rehace nada. Desde la interfaz central se genera un código de registro, se instala el servicio en la máquina nueva y se le pasa ese código: se da de alta sola, con identidad propia, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; mientras no declare al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en vez de dejarlo pasar en silencio. El reparto se acomoda solo, y se mueven únicamente las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se rebaraja. Lo que sí toca recalcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso la calculadora lo canta antes de comprar nada.
¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchos puntos?
Máquina por máquina, y sin apagón general. Cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, así que un desfasaje de versiones en la flota se ve en pantalla en vez de aparecer el día que algo falla. Mientras un punto se actualiza, los demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguno depende de otro para trabajar. Tampoco hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, de manera que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Y si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito qué le falta. El plazo no lo prometemos: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento.
Administración y auditoría
Ir a la página¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?
No, y ningún programa puede estarlo por vos: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con sus procesos, su gente y sus instalaciones. Lo que hace IRIS es venir diseñado para ayudar a cumplir esos marcos con el trabajo ya hecho: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad español de nivel alto y los 93 del anexo A de ISO 27001, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, cruzados entre sí para no hacer dos veces la misma tarea. Lo decimos así en vez de mostrar un sello: en la primera auditoría se nota la diferencia. La única homologación de un tercero que sí tenemos es la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología, que es el instituto nacional de metrología de España y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?
No. El registro de auditoría solo admite agregar, y esa regla no la impone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Además, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha pasó.
¿Puedo darle acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo unos días?
Sí, y es el caso normal. Se concede por cámara, por local —con todo lo que cuelga de él, o sin eso— o por caso de investigación, y siempre con fecha de vencimiento; de las concesiones que vencen en los próximos siete días avisa sola la pantalla. Arriba se le puede poner una franja horaria: fuera de esa franja la persona no entra y ve un mensaje explícito. Revocar exige motivo, y la concesión guarda quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la sacó y por qué. Ese es el mecanismo que cierra un acceso temporal, en vez de que quede abierto para siempre porque no se acordó nadie.
¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?
Se desactiva la cuenta, y es reversible por si vuelve. Sus sesiones abiertas se revocan al momento: las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que no queda nadie adentro hasta que expire una ficha. Las concesiones que tuviera sobre locales o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas se cortan y guardan quién las sacó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo, y la anonimización sustituye el dato personal adentro de los asientos dejando la cadena intacta y contando cuántos se anonimizaron: el registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.
¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?
Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena entera y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —planilla de cálculo, archivo de intercambio o informe—, que lleva la firma adentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin creerle a nosotros ni a vos. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.
Por dónde trabajás
Las mismas dudas cambian de forma según el lugar: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto. Acá están por entorno.
La ciudad
Ir a la página¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?
No hace falta cambiar ninguna. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre y la calidad dan para lo que querés detectar en ese punto, y se te dice claramente cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?
Todas las que tenga la instalación al mismo tiempo, incluidas las miles de una ciudad entera. Acá se muestran veintitrés porque veintitrés entran en una pantalla, no porque sea un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone atrás, no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.
¿El video sale de mi instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿IRIS identifica a las personas o reconoce caras?
Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: un auto parado sobre la vereda, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor. Nada de eso pasa por una cara. No le pone nombre a nadie, no compara rostros con ninguna base de datos y no identifica a ninguna persona. Y el conteo por franjas horarias es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cómo evito que el centro de monitoreo termine ignorando los avisos por culpa de las falsas alarmas?
Ajustando las reglas con tus operadores, calle por calle, durante las primeras semanas. Y empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario no instaló ninguno. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto hace que está ahí. Esos tres valores se afinan con vos hasta que lo que llega a la pantalla es lo que tu equipo quiere recibir. Un aviso que no atiende nadie es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Cuánto tarda en estar andando en la calle?
Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué querés detectar en cada una.
¿IRIS reemplaza a mi centro de monitoreo o a los guardias que tengo?
No reemplaza a nadie: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no las puede atender todas al mismo tiempo. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, muestra lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.
¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?
Sí, y convive con él en vez de reemplazarlo. IRIS es un NVMS, es decir, la capa que hoy te falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar tus reglas. Podés seguir grabando y manejando el video donde lo hacés ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no prometiéndote de antemano que encajamos con todo.
¿Puedo poner esto en la vía pública sin incumplir la ley de protección de datos?
Se puede, y con una salvedad: el cumplimiento no sale solo del software. Sale también de cómo lo despliegues y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización y no nosotros. Lo que sí te podemos decir es que el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde— y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial, lo firma un auditor, y nos lo podés pedir antes de contratar nada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?
Salen de tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue elegís y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. Tarifa única que valga para todos no hay, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de una plaza que dos mil de una ciudad entera. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
La ruta
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la ruta?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos, columnas y postes, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que querés detectar en ese tramo —no es lo mismo una banquina a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Anda de noche y con lluvia?
Anda, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: la lluvia fuerte, la niebla cerrada y el encandilamiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, la sala se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar asistencia vial. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la ruta y con lo que aportan las luces de los autos; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.
¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la ruta?
Apenas se cumple la regla que definiste, y sin que nadie tenga que llamar. Ése es el cambio de verdad: hoy el reloj empieza cuando alguien que va manejando llama a emergencias, o cuando alguien de la sala pasa de casualidad por esa cámara. Con IRIS empieza cuando la escena ocurre delante del lente. Un número de segundos no te lo vamos a dar, porque depende de tu red, de tus cámaras y del hardware que se ponga atrás; lo que sí te decimos es que enterarte deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.
¿Puede reemplazar a los conteos de tránsito que ponemos unos días al año?
Reemplazarlos no, pero cuenta lo que un conteo de unos días no puede contar: todos los días, a toda hora y en cada cámara. Un conteo puntual te da la foto de una semana; una cámara con IRIS te da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, ómnibus, moto— y sin cortar un carril para instalar nada. Si necesitás una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no te vamos a decir que la damos: nuestra homologación del Centro Español de Metrología —el instituto de metrología de España— cubre el conteo de personas, y no equivale a una homologación uruguaya. Para decidir dónde toca refuerzo de pavimento o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.
¿Detecta un vehículo parado en la banquina?
Sí, y también lo que suele venir después. La regla no es solamente «hay un auto»: es un vehículo detenido adentro de la zona que marcaste como banquina y durante más tiempo del que hayas fijado. Si además alguien sale del vehículo y camina por la banquina o por la calzada, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Una avería es una novedad; una avería con una persona fuera del auto es una urgencia, y el sistema distingue las dos.
¿IRIS comprueba que los paneles de mensaje variable funcionen?
Sí, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el panel, así que detecta que está apagado, que tiene ledes quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el panel muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que envía las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los paneles y hacia los sistemas conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se te dice qué encaja y qué no.
¿El video sale de nuestra instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores.
¿Identifica matrículas o a las personas que salen en las cámaras?
Cuando cuenta vehículos los cuenta por tipo —liviano, pesado, ómnibus, moto— y lo que sale es un número agregado, nunca una lista de quién pasó. Ni matrículas ni personas: lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones —un vehículo detenido, una persona caminando por la calzada, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cortado—. No lee ninguna chapa, no compara caras con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie.
¿Qué pasa con las falsas alarmas en una ruta abierta?
Existen, y quien te diga lo contrario no puso un sistema de detección en una ruta abierta. Sombras largas al amanecer, luces de frente, una bolsa que cruza un carril: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto hace que está ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que lo que llega a la sala es lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ruta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue elegís y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus accesos, sus túneles y sus áreas de servicio. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
El transporte público
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la terminal?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP de andenes, hall, pasillos, molinetes y accesos, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del techo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que se quiere detectar en ese punto —no es lo mismo una que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros?
No. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una persona adentro de la zona de maniobra, una persona en el piso, un andén que se llena, un molinete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica parada. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara y quién es nadie no lo guarda. Cuando cuenta gente, el resultado es un número —cuántas personas hay en una zona o cuántas pasan por un punto—, nunca una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién lo puede ver lo decidís vos: el sistema puede andar entero adentro de la terminal, sin que salga una sola imagen.
¿Detecta a alguien que baja a la zona de maniobra de los ómnibus?
Lo detecta, porque esa zona es un área dibujada sobre la imagen y una persona adentro de ella es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y la sala tiene la imagen abierta sin esperar a que un pasajero apriete un pulsador de emergencia o llame por el intercomunicador. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la zona, y no todas la ven. En el proyecto se revisa plataforma por plataforma qué encuadre hace falta y se te dice cuál no llega.
¿Funciona con el andén lleno de gente?
Funciona, y el matiz va antes de firmar: cuando la gente se tapa entre sí, hay cosas que dejan de verse. Alguien que cae al piso atrás de un grupo compacto puede quedar oculto para esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. Lo que no se pierde es la ocupación, porque para saber cuánto se está llenando un andén no hace falta distinguir a una persona de otra. De ahí sale la recomendación de siempre para un andén: dos encuadres del mismo lugar se tapan mucho menos que uno solo.
¿Cómo se avisa y a quién?
El aviso se manda a quien vos decidas y por el canal que vos decidas. Cada regla lleva su destinatario: el puesto del centro de monitoreo, quien está a cargo de la terminal, el equipo de mantenimiento, el equipo de seguridad de turno. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la zona de maniobra no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de boletos rota: cada aviso va a quien lo puede resolver. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, muestra y espera.
¿Puede reemplazar a los conteos que hacemos ahora?
Puede, y además hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a toda hora y en cada punto que te interese. Un conteo de tres días te da la foto de tres días; una cámara con IRIS te da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda afuera en una parada. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: es la garantía de que la cifra que presentás es la correcta, porque quien la verificó es un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Sale el video de la terminal?
Sale o se queda adentro según la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores de la terminal.
¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ése es el punto de partida, y arriba de todo eso está lo que de verdad pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades para proteger. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegues y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí te podemos poner arriba de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo podés pedir antes de contratar nada.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una terminal llena?
Existen, y quien diga lo contrario no puso un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que lo que llega a la sala es lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una terminal?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue elijas y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo analizar los andenes de una terminal chica que una terminal entera con hall, molinetes, dársenas de ómnibus, parada de taxis y estacionamiento, ni cuesta lo mismo una red de veinte terminales. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
El comercio
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes?
Lo que ve es «una persona», «un carrito», «una góndola vacía», dónde está y cuánto hace que está ahí: objetos, comportamientos y situaciones. A ninguna persona la identifica. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a alguien de un local a otro y no se cruza con el programa de fidelización. Por eso el conteo de un local no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Y si algún día alguien les ofrece lo contrario, sepan que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el local?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP del techo y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una puesta para vigilar la puerta a lo mejor no llega a leer la góndola del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Esto sirve para detectar faltantes de mercadería?
No sirve para eso, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página lo hace, y no es porque no se nos haya ocurrido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, y IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que tenés en esta página: avisar de un hueco en la góndola, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de un salón más lleno de lo que puede atender el turno; y medir las colas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por el salón y lo que hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener el local como tiene que estar. Si lo que buscan es prevención de pérdidas, les va a hacer falta otra cosa, y se lo decimos en la primera reunión y no en la última.
¿Cómo sé cuánta gente deja la cola y se va sin comprar?
IRIS cuenta dos cosas por separado: cuántas personas entran a la zona de espera de las cajas y cuántas llegan al punto de cobro. La diferencia es la gente que se fue antes de que le tocara. A eso se le suman dos pistas más: el tiempo que se espera de media en esa cola y los carritos abandonados en un pasillo o al lado de las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Y todo eso lleva la hora puesta, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánta plata es eso no te lo vamos a decir —no lo sabemos, no pasó por tu caja—, pero sí a qué hora ocurre y con cuántas cajas abiertas deja de ocurrir.
¿Puede decirme si una promoción funciona?
En la parte que se ve desde una cámara, sí: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta se para y cuánto rato se queda. La venta está en tu caja y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades, el diagnóstico cambia: si pasa mucha gente y no se para casi nadie, el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Si se para mucha gente y después no vende, el problema es el precio o el producto. Hoy esas dos situaciones se parecen en el informe de ventas —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas. Lo mismo sirve para comparar el mismo armado en dos locales o el mismo lugar en dos semanas.
¿Anda con el local lleno?
Anda, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien te diga lo contrario no lo probó un sábado de tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por el salón no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que el local está colapsado anda justamente porque está lleno. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso angosto y muy cargado; en ese caso el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila, y la ocupación queda para el salón.
¿El video sale del local?
Sale o se queda adentro según la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en el local o en la central—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un servidor por local que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada punto.
¿Y la protección de datos, con el local lleno de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y arriba de todo eso está lo que más pesa en un local: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades para proteger ni perfiles de cliente para construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma la organización de ustedes, no nosotros. Lo que sí les podemos poner arriba de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Sirve para un local solo o hace falta una cadena?
Sirve para los dos; lo que cambia no es el sistema, es qué hacés con el dato. En un local solo te sirve para decidir tu local: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo se visita o hay que dar una razón para llegar hasta ahí. En una cadena aparece algo que un local solo no tiene: la comparación. La misma promoción armada en cuarenta locales y medida igual en todos. El local donde la cola se dispara media hora antes que en el resto. El que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Empezar por un local, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un local?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos locales entran, qué modalidad de despliegue elegís y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de un almacén de barrio que cubrir el salón entero de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo un local que cuarenta. Cuéntennos cuántos locales tienen, cuántas cámaras hay en cada uno y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
La obra
Ir a la página¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no detecta quién es esa persona. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara, quién es nadie no guarda, para marcar tarjeta no sirve, para sancionar a un trabajador tampoco, y al control de acceso de la obra no lo reemplaza. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder mostrarle: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por arriba de alguien?
No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al técnico prevencionista, al señalero ni al plan de seguridad de la obra. Lo que hace es avisar de la situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda parar. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS agrega lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por día?
Van a llegar los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por día se apaga a la semana; lo sabemos, y por eso una regla no es «avisá si alguien no lleva casco». Es «avisá si alguien sin casco está adentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega el aviso. Se empieza por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callarse en lo demás.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?
Sirve, incluidas las que se ponen y se sacan según avanza la obra. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que se quiere ver ahí —una puesta para vigilar el acopio de noche capaz que no llega a distinguir un casco del otro lado del predio— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y la lluvia se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz pareja. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?
No, y por eso el sistema está pensado para que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se mueve una cámara o se redibuja una zona, se vuelve a marcar la zona sobre la imagen y se sigue trabajando: no hay que encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en terminaciones, cuando la obra ya no se parece en nada a la del replanteo.
¿Podemos saber cuánta gente hay adentro de cada zona?
Se puede, y ésa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el subsuelo en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo lugar. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ven la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.
Se procesa donde ustedes decidan, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y nada más que dos. La primera es adentro de la propia obra: un equipo en la casilla analiza las cámaras ahí mismo y anda sin internet, así que si se corta la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa ahí y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.
¿Qué le contamos a la representación del personal?
Exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: caras no reconoce, a nadie identifica y para sancionar a un trabajador no sirve. Qué se trata, cuánto se guarda y quién lo puede ver se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma la organización de ustedes, no un comercial nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?
Sirve para una sola, y cobra otro sentido con todas. En una obra el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras al mismo tiempo aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Ahí se puede ver qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de frente de trabajo, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación de quien más obras pisa. Con el dato adelante se decide mejor, y se puede explicar.
¿Cuánto cuesta?
Sale según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras adelante.
El establecimiento penitenciario
Ir a la página¿Esto sirve para clasificar a las personas privadas de libertad?
Las situaciones que detecta las definió el establecimiento: «hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie». Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Clasificar no está entre esas cosas, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ni reconoce caras, ni las compara con ninguna base de datos, ni guarda quién es nadie, ni lleva registro de nadie, ni sigue a una persona concreta por el establecimiento. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no puntúa a nadie, no clasifica a nadie por su comportamiento y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Eso es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza al personal?
Ninguna de las tres cosas. No abre ni cierra puertas, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión y no reemplaza a ninguna persona del personal penitenciario. Tampoco reemplaza al recuento reglamentario ni a ningún protocolo del establecimiento: ésos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro de un establecimiento, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay gente en el pasillo», sino «avisame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, durante más de un minuto». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces por día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en el establecimiento de ustedes, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El establecimiento, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos «raros» ni decide por su cuenta qué es normal en ese patio: lo normal en un establecimiento no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obras o se abre un sector nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se le puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Y los derechos de las personas privadas de libertad y los del personal?
Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que definió el establecimiento —un patio, un pasillo, un muelle de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de matrículas, no hay registro de ninguna persona privada de libertad y no hay registro de ningún trabajador. IRIS no les puede decir «esta persona pasó por acá seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas privadas de libertad, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, los firma la administración que lo instala, con sus servicios jurídicos y con la representación del personal delante. Desconfíen de quien les diga lo contrario.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ése es justo el punto: un establecimiento ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del establecimiento?
Solo si ustedes quieren, y en un establecimiento penitenciario lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro del propio establecimiento, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue andando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿El conteo de personas por zonas es confiable?
Lo es porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que verificó como tercero independiente que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza al recuento reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende solamente lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, atrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con lluvia fuerte o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: dos personas que se abrazan y dos que forcejean se pueden confundir durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un sector con doce cámaras y tres reglas, y un establecimiento entero con cientos, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escribannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El hospital
Ir a la página¿Van a poner cámaras en las habitaciones?
No, y esto va antes que nada. En una habitación no hay cámara, en un baño tampoco, en una sala de examen tampoco, y en ningún lugar donde se atiende o se revisa a un paciente tampoco. IRIS mira zonas comunes: pasillos, salas de espera, halls y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y en esas zonas no identifica a nadie: no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no guarda registro de nadie, no accede a la historia clínica y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso, en el pasillo del tercer nivel»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a los profesionales y a quien lo tenga que aprobar.
¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?
Ninguna de las dos. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no prioriza a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional y IRIS no participa en él. A la historia clínica no accede, con ningún dato médico se cruza, y con el sistema del hospital no se conecta para saber quién es quién. Tampoco reemplaza a la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del piso siguen exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Y no llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, por hora y por duración. Un sistema que da cien avisos por turno queda apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay alguien parado en el pasillo» sino «avisame si hay una persona en el piso en este pasillo por más de veinte segundos», o «avisame si alguien lleva más de quince minutos quieto en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Moviendo esos tres números, el mismo detector pasa de sonar cien veces por día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salió las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en ese hospital y no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se mira y qué no?
El hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato» lo escribe la institución con sus profesionales, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de la emergencia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de lo que es «normal» en esos pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obras o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué le contamos a la representación del personal y a los profesionales?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control horario, no es marcar tarjeta y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún lado y no puede decir «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa de trabajo —una túnica, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma ningún comercial nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación de los trabajadores adelante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ése es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, halls y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del hospital?
Sale solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue andando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de historia, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿La cifra de gente que espera en la emergencia es confiable?
Lo es porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para poder reforzar el turno o abrir otro mostrador. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende solamente lo que entra en su encuadre: si algo pasa adentro de una habitación, en un baño, atrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que se agacha a levantar algo y alguien que perdió el equilibrio se pueden confundir durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna caída. Cuando IRIS la ve, la caída ya pasó. Lo que cambia es el rato que esa persona está en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Sale según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un pasillo y la sala de espera de la emergencia, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras adelante.
La escuela
Ir a la página¿Van a reconocer a nuestros alumnos?
No, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ninguna cara, no sigue a ningún chico y no lleva registro de nadie. Matrículas tampoco lee: en una escuela esa función no se prende. Y hay lugares donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestuarios. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier escuela ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un niño en el piso en la cancha del fondo y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder mostrarle al cuerpo docente, a la comisión de fomento y a las familias.
¿IRIS detecta el acoso escolar?
No lo detecta, y quien diga lo contrario no está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un corro cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién molesta, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no le pone etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es mostrarle al equipo de la escuela dónde y cuándo mirar, con el video adelante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —la maestra, quien orienta, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.
¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?
Ninguna de las dos cosas. No abre ni cierra la puerta de la escuela, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza a quien está en el recreo: el patio lo sigue mirando quien lo mira hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla a los docentes —no es control horario, no es marcar tarjeta y no evalúa a nadie— y no le pone ninguna multa a ningún auto. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto de la escuela. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.
¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, por hora y por duración. Un sistema que da cincuenta avisos por recreo queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay un niño en el piso», que en un patio pasa a toda hora y casi siempre porque están jugando, sino «avisame si hay un niño en el piso en esta cancha por más de dos minutos», o «avisame si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Moviendo esos tres números, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe la escuela con su equipo y con quien orienta, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí todos los días. Después se afina con lo que salió las dos primeras semanas.
¿Qué le contamos al cuerpo docente, a la comisión de fomento y a las familias?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Se les muestra qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Y qué no se mira: los baños y los vestuarios, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay registro de ningún niño y que IRIS no le pone etiqueta a nadie. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma ningún comercial nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma la escuela y su dirección, que son quienes responden por eso. Un sistema así solo funciona si el cuerpo docente y las familias saben exactamente qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ése es justo el punto: una escuela suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale de la escuela?
Sale solo si ustedes quieren, y en una escuela lo normal es que no salga. IRIS se puede procesar adentro de la propia escuela, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ningún lado y el análisis sigue andando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grupo, ni una cara guardada, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?
Lo es porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad se sepa dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende solamente lo que entra en su encuadre: en los baños y en los vestuarios no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve atrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que la escuela decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: un montón de chicos que se tiran unos arriba de otros jugando y una pelea se pueden confundir durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna pelea y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Sale según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y una escuela entera con la puerta, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras adelante.
Las infraestructuras
Ir a la página¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee matrículas o reconoce caras?
No hace ninguna de las dos cosas. Lo que ve es «una persona en la coronación» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. Contra ninguna base de datos compara nada, y quién es nadie no lo guarda. Si lo que necesitan es saber de quién es un auto o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.
¿IRIS predice una creciente, una avería o un incendio?
No predice nada, y ninguna de las tres es una excepción. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por arriba de una referencia, los troncos que ya se están juntando delante del vertedero, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.
¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?
Ninguna compuerta abre ni cierra, ninguna bomba para y ninguna maniobra dispara. Tampoco reemplaza a la instrumentación de la instalación: ni a un sensor de nivel, ni a la protección eléctrica, ni a un sistema de extinción, ni a ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo de ustedes y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.
¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?
Porque la ve por arriba de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un escalón, el borde de un caño, una junta de la mampostería. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen, y de ahí sale que el dato salga igual todos los días y se pueda auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No da una cota en metros ni reemplaza a la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.
¿Qué puede ver una cámara y qué no?
Ve lo que se ve, y no ve lo que no se ve; tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. IRIS ve una compuerta en una posición, y no lee ningún telemando ni sabe si la orden llegó. Ve una sala inundada con las bombas quietas, y no sabe si una bomba está andando. Lee un nivel contra una referencia física visible, y no es un limnímetro. Eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para reemplazar a los sensores de ustedes. Ahora bien, si la cámara es termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: IRIS ubica el punto caliente antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego arranca por adentro y cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada nuevo: IRIS mira las térmicas que ya tengan igual que mira las demás.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por día?
Los que pida la regla, y acotar esa regla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto se paga más caro que en cualquier otra: una regla mal acotada larga cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. De ahí que la regla no sea «avisame si hay alguien». Es «avisame si hay una persona adentro del predio cercado, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos». Zona, horario y duración. Con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.
Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?
Se puede procesar adentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también al centro de monitoreo o al celular de quien está de turno; si se corta, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.
Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?
A quien ustedes decidan, porque a esa hora no hay nadie adelante y ése es justo el problema. Puede ir al centro de monitoreo, al celular de quien está de turno, a la empresa de seguridad contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al otro día no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.
¿Quién decide qué es un aviso y qué no?
El titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en esa planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados todos los días, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.
Una represa y un vertedero no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?
No hace falta: es el mismo. Esta página muestra siete tipos de instalación —represa, planta de tratamiento, subestación, tanque de tormenta, cauce, vertedero y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando no hay una instalación sino cientos, repartidas por varios departamentos y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo lugar donde llegan los avisos y una sola cosa para aprender.
La industria
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?
Sirve: se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están y la analiza tal como llega, sin cambiar el equipo. Lo que cambia es lo que se entiende de esa imagen. Ahora lo incómodo, porque un galpón no es un pasillo con luz pareja: el polvo de una trituradora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto ensucian lo que se ve, y hay encuadres que no dan. Por eso en el proyecto se revisa de a una y la respuesta llega sin adornos: cuáles sirven, cuáles alcanzaría con correr unos grados y cuáles no llegan a lo que se quiere ver ahí.
¿Esto sirve para vigilar a los operarios?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de un resguardo abierto, no detecta de quién son esas manos. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara, para marcar tarjeta no sirve y para sancionar a una persona tampoco. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la máquina o se conecta al PLC?
Ninguna de las dos cosas. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de seguridad. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS agrega lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Van a llegar los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avisá si hay alguien cerca del autoelevador». Es «avisá si una persona a pie está adentro del pasillo de autoelevadores, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se empieza por lo que de verdad importa en ese galpón, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video de la fábrica?
Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. Eso importa en una planta donde la línea se corta o donde no hay buena conexión. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube y no la de un tercero—, y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones firmadas por contrato. Lo habitual en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?
No hace falta uno por planta: es el mismo sistema y lo que cambia es qué se le pide. Una esclusa de farmacéutica, un dique de contención de química y una cinta de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una acería y una fábrica de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.
¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?
No ve lo que no entra en una imagen, y en una planta esa lista es importante. Un sensor no lo lee, y un PLC tampoco: la temperatura de un horno, la presión de una línea o la concentración de un gas no las sabe. Adentro de una máquina cerrada, de un tanque o de una cañería no ve nada. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no tendría que estar.
¿Reemplaza a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de prevención?
A ninguno de los tres: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y se necesitan las dos. Lo que agrega IRIS es la capa que hoy falta: mirar todas las cámaras al mismo tiempo y contar lo que está pasando delante de ellas. Se puede seguir grabando y gestionando el video donde se hace ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando el sistema concreto de ustedes, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.
Además de avisar, ¿puede medir?
Puede, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay adentro de una zona, cuántos pallets pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?
Sale según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un galpón con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce fábricas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los estacionamientos
Ir a la página¿Necesito un sensor en cada lugar para saber cuántos quedan libres?
No hace falta. El número sale de mirar los lugares con las cámaras que el estacionamiento ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada lugar e IRIS mira si hay auto o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de lugares a la vez, y además distingue el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de carga eléctrica. No hay que romper el piso, ni cablear nivel por nivel, ni mover nada de lo que ya funciona.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?
Sirve, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una matrícula no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los lugares del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se te dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles alcanzaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿El número del cartel de la entrada es confiable? ¿Y cuando está lleno?
Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los lugares. Contar autos en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el cartel dice «completo» con cuarenta lugares libres en el cuarto nivel. Acá cada lugar se comprueba de a uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio lugar o hay un pasillo sin luz, ese lugar concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, lugar por lugar, y ahí se decide qué cámara se mueve y qué zona queda afuera del recuento.
¿Lee matrículas? ¿Y eso no es un dato personal?
Las lee, y sí: una matrícula es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que dice la normativa de protección de datos que aplique y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión tuya, cámara por cámara: la podés activar en la barrera para el abonado y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién lo puede consultar. Lo que IRIS no hace es decirte de quién es ese auto: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una matrícula con un titular es cosa de tu sistema de abonados y de tu organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a quien va manejando?
A ninguno de los dos. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara y quién es nadie no lo guarda. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un auto subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un auto delante de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos autos y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por día?
Van a llegar los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que larga doscientos avisos por día se ignora en cuatro días, y en un estacionamiento eso pasa rápido porque hay movimiento todo el tiempo. De ahí que la regla nunca sea «avisá si hay un auto parado». Es «avisá si un auto lleva más de unos minutos parado fuera de lugar en el cuarto nivel, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con el equipo de ustedes y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video del estacionamiento o se queda adentro?
Sale o se queda según la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: el servidor está en tu propio edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. Es lo habitual en un estacionamiento subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube y no la de un tercero—, y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones firmadas por contrato. Con varios estacionamientos conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.
¿Reemplaza a las barreras, al sistema de tickets o a la instalación contra incendios?
A ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abonado y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisar a quien puede bajar hasta ahí. Y acá va lo importante, dicho sin vueltas: cuando ve humo o llama al pie de un auto enchufado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de detección y extinción que exige la normativa. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un estacionamiento?
No sabe muchas cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en tu sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un auto. No sabe si quien estaciona en el lugar reservado tiene derecho a hacerlo; solo ve que hay un auto ahí y que no figura una autorización asociada. No sabe qué hay adentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre delante de las cámaras que ya tenés, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien reclama.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un estacionamiento?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos estacionamientos entran, qué modalidad de despliegue elijas y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los lugares de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de lugares libres, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada más. Contanos cuántos lugares y cuántas cámaras tenés y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los predios feriales
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el predio?
Sirve, y sin cambiar el equipo: se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están y la analiza tal como llega. Lo que cambia es lo que se entiende de esa imagen. Después se mira de a una si el encuadre da para lo que se quiere ver ahí, y la respuesta va sin adornos. La de la grada, por ejemplo, no distingue una cara desde el otro lado del predio; tampoco hace falta, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza.
¿IRIS identifica a la gente o reconoce caras en la grada?
Ninguna de las dos. A nadie se lo compara con ninguna lista, ni con un registro de prohibiciones, ni con ninguna base de datos, y quién es nadie no se guarda. Lo que ve son hechos: un corro que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una valla, una bengala prendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.
¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y controlar la capacidad?
Se puede. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de un vomitorio o de un hall y se sabe cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Funciona con el predio lleno, que es cuando hace falta?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas de a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta gente hay por metro en esa zona y si el grupo avanza o se paró. Medir densidad y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar de a uno es en las puertas y los molinetes, porque ahí la gente pasa en fila.
¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?
Avisa apenas se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde la sala mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del lugar: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de un vomitorio. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.
¿Esto reemplaza al personal de seguridad del evento, al plan de emergencia o al control de accesos?
A ninguno de los tres: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene adelante decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no para un molinete y no manda a nadie a ningún lado: abre la cámara, muestra lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que agrega son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién?
Llegan los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo de los primeros eventos. Un sistema que da cien avisos en un recital se apaga al segundo; lo sabemos. De ahí que la regla no sea «avisá si hay mucha gente». Es «avisá si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota la zona sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y el aviso no va a un correo: va a la radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Se repasa un evento entero con el equipo de ustedes y se ajusta.
¿Sale el video del predio o se queda adentro?
Sale o se queda según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En un predio eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.
Una feria y un recital no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?
No hace falta, y por eso el sistema está pensado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las zonas se vuelven a dibujar sobre la imagen: si el escenario tapa media grada y aparece un foso adelante, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y tampoco hay que rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, recital de pie, recital con sillas— y se carga la que toque. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en toda la temporada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un predio?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un pabellón que las gradas, los vomitorios y los puestos de bebida de un predio entero. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: las dos puertas que se traban siempre, el conteo de gente, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntennos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los hoteles
Ir a la página¿Hay cámaras en las habitaciones?
No hay. Tampoco en los baños ni en los vestuarios del personal. Ahí no hay nada para medir, porque ahí no hay cámara y no la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el salón, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: lugares comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien te ofrece analizar el interior de una habitación, que quede claro que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Esto sirve para controlar a mi personal?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS mide la situación, nunca a la persona: ve «una mesa sin levantar desde hace ocho minutos», no ve quién tenía que levantarla. El aviso sirve para abrir otro mostrador o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mozo ni para puntuar a quien está en recepción. No identifica a nadie, no sirve para marcar tarjeta y no sirve para sancionar. Si hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y cuanto antes mejor.
¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce caras?
Ninguna de las dos. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una cola que crece, una valija sola en el salón, una bandeja vacía, una persona en el piso. Ningún rostro se compara contra ninguna base de datos, a nadie se lo sigue de un salón a otro, y con el programa de fidelización o con la ficha de reserva no se cruza nada. El conteo es agregado y anónimo: dice cuántas personas hay en el comedor a las nueve y media, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta capaz que no distingue si una bandeja del buffet está vacía, y la de recepción a contraluz de un ventanal al mediodía da una imagen quemada donde no se cuenta bien. En el proyecto se mira cámara por cámara, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados.
¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?
Lo mide, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del mostrador. IRIS cuenta cuánta gente entra a la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?
Funciona, y el matiz va antes de firmar. Lo que la cámara agarra bien es lo grande y lo repentino: la llamarada arriba de la sartén, el charco en el piso. Lo que le cuesta es el humo fino, porque el vapor de una marmita o de un lavavajillas tapa media imagen y se le parece bastante. Y hay un problema físico que en una cocina no se puede ignorar: la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre, así que esa cámara entra en la rutina de limpieza. Lo más importante, igual, es otra cosa: IRIS no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.
¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?
Van a llegar los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por día se apaga a la semana. De ahí que la regla no sea «avisá si hay cola» sino «avisá si hay más de diez personas esperando en recepción por más de cinco minutos con menos de tres mostradores abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular de quien está de turno o de la dirección, no a una pantalla del office que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con el equipo de ustedes y se ajusta.
¿Sale el video del hotel?
Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada establecimiento.
¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?
Sirve para los dos; lo que cambia no es el sistema, es qué hacés con el dato. En un hotel solo te sirve para decidir tu hotel: a qué hora abrir el segundo mostrador, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece. En una cadena aparece algo que un hotel solo no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, medida igual en cuarenta establecimientos. El hotel donde la cola se dispara media hora antes que en el resto. Empezar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un complejo entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los puertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sirve: se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están y la analiza tal como llega, sin cambiar el equipo. Ahora la parte incómoda, que en un muelle pesa más que en cualquier otro lado. Una playa de contenedores es larga, y una cámara colocada hace años para mirar un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo velan el lente, y una cámara sucia ve un poco menos cada semana. Por eso se revisa de a una y la respuesta va sin adornos: cuáles llegan, cuáles alcanzaría con correr o con limpiar, y cuáles no dan para lo que se quiere ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Funciona si se corta la línea?
Funciona, y en una terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y nada más que dos. La primera es local: los servidores están adentro de la terminal, el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para andar. Si la línea se corta, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se para. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: ahí el video sale cifrado y con las condiciones firmadas por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.
¿Esto es para vigilar a los estibadores?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó el cerco o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. Caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara, para marcar tarjeta no sirve y para sancionar a un trabajador tampoco. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. A la representación del personal se le muestra exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza abajo de la carga?
No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra la pueda parar. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS agrega lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Ve de noche, con niebla y con lluvia?
Ve según cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con lluvia se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con niebla cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien diga lo contrario no pasó una noche de niebla en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien parado adentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien parado». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Esto vale para el plan de protección del puerto?
Vale como una herramienta más, nunca como el plan. Lo que aporta es respaldo: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce del cerco o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: quien aprueba el plan es quien tiene esa competencia, y quien lo firma es la organización de ustedes. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.
¿Reemplaza al cerco, a los sensores del perímetro o a los guardias?
A ninguno de los tres. El cerco sigue haciendo falta: un cerco detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores del perímetro siguen donde están, y IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó el alambrado, IRIS dice qué se ve ahí y muestra la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardias pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen adelante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.
¿Sirve para una terminal sola o para todo el puerto?
Sirve para una sola, y cobra otro sentido en todo el puerto. En una terminal el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Ahí se puede ver qué muelle acumula más cruces abajo de la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación de quien más muelles pisa. Con el dato adelante se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.
¿Cuánto cuesta?
Sale según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
La banca
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce caras?
Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el hall, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto, y ahí termina. Caras no reconoce, contra ninguna lista ni base de datos las compara, perfiles de nadie no arma y con los sistemas de cliente de ustedes no se cruza. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de la casa, siempre.
¿Esto avisa antes de que pase algo grave en la sucursal?
Adivinar la intención de alguien no lo hace, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión: quien prometa eso les está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos que se pueden comprobar en la imagen, mientras están pasando: alguien que entra con el casco puesto y el rostro cubierto, un bulto grande que entra y queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.
¿Sirve con las cámaras que ya tienen las sucursales?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y va sin adornos: el contraluz de la vidriera a media tarde y el hall de cajeros a oscuras arruinan cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados.
¿Sale el video de la sucursal o se queda adentro?
Sale o se queda según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la sucursal o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones firmadas por contrato. En una red de sucursales conviene decidirlo temprano, porque condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, con la sucursal llena de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y arriba de todo eso está lo que más pesa en una sucursal: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades para proteger ni perfiles de cliente para construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma la organización de ustedes, no nosotros. Lo que sí les podemos poner arriba de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Reemplaza a la alarma conectada a central, a los guardias o al control de accesos?
A ninguno de los tres. Convive con ellos, y lo que cambia es qué se mira. La alarma sigue haciendo lo suyo, y el control de accesos sigue decidiendo quién abre cada puerta. Lo que hoy no está es la capa que entiende la imagen: que esa puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de recuento hay una sola persona en una operación que pide dos. Un lector de tarjeta no ve nada de eso, porque cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.
Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?
Sirve, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelven. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación buscando cuatro minutos. Con IRIS se describe con una frase lo que se busca —una persona en el piso al lado de la entrada, un bulto que queda quieto en el hall— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y conviene decir la otra mitad: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es lo que la hace valer como respaldo.
¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?
Van a llegar los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avisá si hay alguien en el hall de cajeros». Es «avisá si alguien lleva más de tantos minutos en el hall, fuera del horario de la sucursal». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —quien dirige la sucursal, la central, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de sucursales?
Se puede, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una sucursal. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una sucursal no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Ahí se ve qué sucursales acumulan puertas que quedan abiertas, cuál tiene cola a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se arranca con unas pocas y se decide después.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de sucursales?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas sucursales entran, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una sucursal con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: unas pocas sucursales, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los casinos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos arriba de las mesas?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una puesta para cubrir el pasillo capaz que no llega a leer el paño— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS reconoce caras, controla la autoexclusión o detecta menores?
Ninguna de las tres. No identifica a nadie: ningún rostro se compara contra ninguna base de datos, quién es nadie no se guarda, a un jugador no se lo sigue por la sala y con el programa de fidelización no se cruza nada. Y acá está la línea, dicha antes de que la pregunten: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Ése no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una cola, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.
¿Sale el video de la sala?
Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una sala lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.
¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?
Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y rebobina. Con IRIS se describe en una frase lo que se vio —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y se llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: nada se retoca y nada se esconde. Y ahí IRIS se detiene. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y qué vale ante cumplimiento o ante quien tenga que aprobarlo lo marcan el procedimiento de ustedes y quien lo firme. Eso no lo firmamos nosotros por ustedes.
¿Los números de la sala son confiables?
Lo son porque no se configuran hablando, se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el paño, y de ahí en adelante el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera parada para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, verificado por un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Un sistema que larga doscientos avisos por turno queda apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay gente parada al lado de una mesa» sino «avisame si hay tres o más personas paradas al lado de esta mesa por más de cuatro minutos mientras hay otra abierta y vacía». Moviendo esos tres números, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas en esa sala y no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
La sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe el equipo de ustedes, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en ese paño no lo decide por su cuenta: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambian el horario, cierran una mesa o abren una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se la pueden mostrar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué no ve IRIS en una mesa?
Existe lo que no ve, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende solamente lo que entra en su encuadre: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro y una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala ve peor, y con el lente sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo entre sí: levantar una ficha y mover una ficha se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni dice quién hizo trampa. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando en la sala?
Depende del tamaño de la instalación, y un plazo que todavía no controlamos no se lo vamos a dar. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en esa sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede empezar chico: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los shoppings
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el shopping?
Sirve, y sin tocar el equipo: se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega. Lo que cambia es lo que se entiende de esa imagen. Después, en el proyecto, se revisa de a una si el encuadre da para lo que se quiere medir ahí —una colgada para vigilar un acceso capaz que no llega a contar en el corredor del fondo— y la respuesta va sin adornos: cuáles no llegan, y cuáles alcanzaría con girarlas unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce caras?
Ninguna de las dos. Contra ninguna base de datos se compara nada, quién es nadie no se guarda, a una persona no se la sigue de un local a otro y con ningún programa de fidelización se cruza. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más. Y como esto sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el niño perdido: IRIS puede avisar de que hay un niño solo en una zona, pero no lo busca por su cara ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.
¿Sale el video del shopping?
Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del shopping.
¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?
El contador de la puerta dice cuánta gente vino. Esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué pisos se quedó, qué corredores evitó y qué cambió el día que salió la campaña. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, y el aviso sale cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Ninguna raya entra adentro de una frase, hay que trazarla, y de ahí sale que el número se calcule igual todos los días, se pueda repetir y se pueda auditar. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Podemos darles estos números a los operadores de los locales?
Se pueden dar, y para eso se instala en buena parte: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder el dato de ninguna persona. Cuánta gente pasa por delante de cada local, a qué hora, y por qué acceso entró. La venta no está acá: está en la caja del operador y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades el diagnóstico cambia de mano. Mucha gente pasando y casi nadie entrando es un problema de vidriera o de cartel. Nadie pasando es un problema del corredor, no del local. En el informe de hoy las dos se leen igual —vendió poco—, y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.
¿Cuántos avisos vamos a recibir en el centro de monitoreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Un sistema que avisa doscientas veces por día queda apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay gente parada en la escalera mecánica» sino «avisame si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». Moviendo esos tres números, el mismo detector pasa de sonar cien veces por día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas en ese shopping y no en uno cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
El shopping, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en ese corredor no lo decide por su cuenta: lo normal en un shopping de barrio no es lo normal en uno de tres pisos con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se arma la campaña de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS un sábado de tarde?
Con el shopping lleno deja de distinguir a unas personas de otras cuando se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un sábado a las siete. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los pisos no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar de a uno en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que ocurre fuera del encuadre, atrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño del shopping, y un plazo que todavía no controlamos no se lo vamos a dar. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad adentro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hacen falta un día flojo, un sábado y un día de campaña. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un shopping?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única que valga para todos no hay, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un piso que cubrir tres pisos, el patio de comidas y las rampas del estacionamiento. Y se puede empezar chico: los accesos y un piso, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los aeropuertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren medir ahí —una puesta para ver el hall entero capaz que no llega a contar la boca de una cola— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce caras?
Un pasajero contado es un uno, y de él no queda nada más. Ni cara reconocida, ni comparación contra ninguna base de datos, ni registro de quién es nadie, ni seguimiento de una persona por la terminal, ni cruce con una lista de pasajeros o con una tarjeta de embarque. Y conviene decir dónde está la raya: control documental no hace, documentos no verifica, al escáner y a quien está en el puesto no los reemplaza, y ningún sistema de seguridad del aeropuerto lo toca. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una cola que crece, un puesto abierto y vacío, una cinta parada.
¿Sale el video del aeropuerto?
Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube y no la de un tercero—, y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones firmadas por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿Los minutos de espera del control son un número confiable?
Lo son porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la cola, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, verificado por un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas y no el producto entero, y no equivale a una homologación uruguaya.
¿Detecta una valija abandonada?
La detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, adentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. De quién es no lo dice, qué hay adentro tampoco, a nadie busca y nada decide: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de turno, con el protocolo del aeropuerto adelante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un hall lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno queda apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay cola» sino «avisame si esta cola pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Moviendo esos tres números, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salió las dos primeras semanas en esa terminal y no en una terminal cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
Eso lo decide el aeropuerto. Y son dos decisiones, no una, porque se configuran de manera distinta: lo que se vigila se escribe hablando —una frase que cualquiera lee y cualquiera cambia— y lo que se mide se dibuja —una raya en el piso, una zona sobre una sala—. De fábrica IRIS no trae ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en ese hall a las seis de la mañana no lo decide: lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Después, si cambia el horario de un vuelo de madrugada, si se cierra un pasillo por obras o si se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?
Existe lo que no ve, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende solamente lo que entra en su encuadre: con el hall lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo de tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar de a uno en un paso angosto y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y un plazo que todavía no controlamos no se lo vamos a dar. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. Tarifa única no hay, porque no cuesta lo mismo medir el control y la sala de retiro de equipajes que cubrir una terminal entera con sus locales, sus pasillos y su subsuelo. Y se puede empezar chico: el control y la sala de equipajes, ver los números con su equipo adelante y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
La seguridad pública
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?
Sirve, y ése es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a toda hora. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de esas cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.
¿IRIS identifica a las personas, reconoce caras o sigue a alguien por el territorio?
Ninguna de las tres, y hay que decirlo con todas las letras. Ninguna cara se compara contra ninguna base de datos, quién es nadie no se guarda y registro de nadie no se lleva. Tampoco predice, ni puntúa a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió quien explota el sistema: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo de la plantación forestal, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va creciendo. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las matrículas, la respuesta honesta: IRIS puede leer matrículas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.
¿Sale el video de nuestras instalaciones?
Sale solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar: si se corta la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones firmadas por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que la novedad se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿Un aviso de IRIS sirve como respaldo de lo que pasó?
Un aviso aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: la imagen no se retoca, no se oculta nada y no se interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no en un procedimiento lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un comercial nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.
¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde por la protección de datos?
Conviene contestarlo antes de que lo pregunten: no se mira adentro de una vivienda, ni en un vestuario, ni en un baño, ni en una oficina donde se está atendiendo a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide el organismo que lo instala, con su marco legal, sus servicios jurídicos y la información pública que corresponda. Eso lo firma quien lo instala, no nosotros; desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software es que el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Cuántos avisos van a llegar a la sala?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota por zona, por franja horaria y por duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno queda apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si hay un vehículo parado» sino «avisame si hay un vehículo parado en esta banquina, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos». Moviendo esos tres números, el mismo detector pasa de sonar cien veces por día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salió las dos primeras semanas en ese territorio y no en el de otro.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Quien explota el sistema, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en ese territorio no lo decide por su cuenta: lo normal en la costa no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué es lo que IRIS no ve?
Existe lo que no ve, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende solamente lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, atrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con niebla, con lluvia fuerte o con el lente sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño del despliegue, y un plazo que todavía no controlamos no se lo vamos a dar. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un acceso, un tramo de camino rural, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
Los centros de datos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?
Sirve. Se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una puesta para cubrir el pasillo entero capaz que no llega a ver si un rack quedó abierto— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica al personal o reconoce caras?
No hace ninguna de las dos cosas: caras no reconoce, contra ninguna base de datos las compara, quién es nadie no guarda y a una persona no la sigue por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: esto no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir el rendimiento de una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este rack está abierto sin nadie adelante». El nombre, si hace falta, lo pone después el control de accesos de ustedes, y ese cruce lo deciden ustedes.
¿Sale el video del centro de datos?
Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para andar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones firmadas por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión de ustedes, no una condición nuestra.
¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?
Detecta que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Lo que no sabe es cuántas autorizaciones hubo: ese dato vive en el control de accesos, no en la imagen. El cruce lo hace su sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se convierte en un problema. Ese reparto es a propósito: la cámara pone el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó o mostrárselo a quien viene a auditar.
¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?
De las tres cosas avisa, y también de un rack que queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque importa: esto no reemplaza a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que agrega la cámara es otra cosa: llega a lugares donde no hay sonda y muestra la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: qué puerta, qué franja horaria y cuánto tiempo. Un sistema que avisa doscientas veces por turno queda apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que la regla no sea «avisame si esta puerta se abre» sino «avisame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Moviendo esos tres números, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y el ajuste se hace después, con lo que salga las dos primeras semanas en ese centro y no en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El centro, no IRIS. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe el equipo de ustedes, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y qué es normal en esos pasillos no lo decide por su cuenta: lo normal en una sala de operación no es lo normal en una dársena de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia un procedimiento, se abre una sala nueva o se corta un pasillo por obras, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS en un pasillo de racks?
Existe lo que no ve, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara entiende solamente lo que entra en su encuadre: un rack tapa lo que hay atrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo angosto el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba se pueden confundir durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a toda hora, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y un plazo que todavía no controlamos no se lo vamos a dar. El trabajo tiene tres etapas claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este rack—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Sale de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue elijan y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de entrada y la dársena de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar chico: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, que es un número de España.
El estado de las cámaras
Ir a la página¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?
Con las que ya tenés, del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.
¿No me va a llenar el día de avisos?
No, y justo para eso está pensado. Cada cosa tiene su umbral y su tiempo: la gota de lluvia tiene que seguir ahí un buen rato, la suciedad tiene que ir a peor varios días, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por una ráfaga. Al momento avisan tres cosas y nada más: cámara tapada, cámara girada, señal perdida. Lo demás no interrumpe a nadie y espera al parte del día.
¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?
Porque se lo guarda. El primer día IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está bien —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche— y ésa es su referencia. Es de esa cámara y de ninguna otra: una del muelle y una del hall no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada. Después compara cada día contra su propia referencia, no contra un ideal.
¿Cada cuánto revisa las cámaras?
Lo decidís vos. Se programa una auditoría —todos los días, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté delante de la pantalla. Al terminar queda un parte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Se exporta a planilla de cálculo.
¿Esto cuesta aparte?
No, porque la licencia va por cámara y no por pregunta. Cuesta exactamente lo mismo pedirle que avise si alguien se cae que pedirle que te diga si esa misma cámara está sucia: lo que se paga es la cámara. Módulo de mantenimiento aparte no hay, ni precio por cada cosa que quieras vigilar. Si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tenés.
¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?
Subir hay que subir, e IRIS no lo disimula: no repara, no reinicia equipos y no limpia domos. Lo que cambia es que quien sube lo hace sabiendo a qué va y en qué orden. Y la diferencia no es chica: en vez de una recorrida por calendario —cuatrocientas cámaras porque toca—, hay una lista de las once que de verdad tienen algo, con su imagen delante. De esas once, alguna se arregla desde abajo.
¿Y si la tuya no está?
Escribinos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el que la tenga después.
Siguiente paso
El establecimiento penitenciario
¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando empieza la pelea?
De 17 casos, 16 avisan cuando pasa algo y uno nada más que mide. Cada imagen se ve primero tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
El hospital
¿Cuánto tarda en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la madrugada?
De 13 casos, 12 avisan cuando pasa algo y uno nada más que mide. Cada imagen se ve primero tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Las cámaras que compraste hace añossiguen sirviendo. Lo que les faltaba no era calidad.
Lo que les faltaba era que alguien mirara. Los mismos equipos y los mismos cables: IRIS se conecta a la instalación que ya está, y esas imágenes pasan de guardarse a entenderse.
Contanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día hábil.