Todo lo que preguntan
Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.
Ninguna respuesta está escrita para esta página: son las mismas que usted verá en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive. Están agrupadas por dónde nacen —primero lo que hay que entender antes de nada, después cada parte del producto, y al final cada sector.
297 preguntas contestadas
Antes de nada
Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hace falta cambiar las cámaras, si funciona sin internet y quién decide.
Inicio
Ir a la página¿IRIS puede funcionar sin internet?
Puede quedar desplegado del todo en local y correr sin conexión a internet. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas se pueden ejecutar adentro de la infraestructura del cliente.
¿Tengo que cambiar mis cámaras?
No necesariamente. Mientras la integración y los flujos disponibles lo permitan, IRIS aprovecha la infraestructura de video que ya está puesta.
¿IRIS toma decisiones por nosotros?
Las reglas y los límites los define su organización. IRIS automatiza la parte repetitiva de aplicarlos, y le lleva a las personas las situaciones que piden criterio humano.
¿Qué es un NVMS?
Un Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que además entiende lo que pasa en la escena. Interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto, aplica las reglas de la organización y convierte el video en métricas y en evidencia.
¿Cuánto se demora en estar funcionando?
No damos un plazo genérico, porque depende de la instalación y de cuántas cámaras entren. Lo habitual es arrancar con unas pocas y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera, y crecer desde ahí.
¿IRIS reemplaza a mi VMS actual?
Depende de la instalación, y eso se decide después de mirar su red de cámaras, no antes. IRIS puede funcionar como sistema completo de gestión de video o convivir con el que usted ya tiene. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirle qué se puede hacer hoy y qué no, en vez de prometer que encaja con todo.
¿Cuánto cuesta IRIS?
De tres cosas depende: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones quiere en cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa cerrada porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada. Cuéntenos su caso y le damos una cifra concreta, no un rango.
¿IRIS reduce las alarmas equivocadas?
Es una de las razones por las que se instala. La detección de movimiento clásica salta con el aguacero, con una rama o con un perro; IRIS mira la escena y separa qué hay, dónde está y cuánto tiempo lleva ahí antes de avisar. No prometemos que no vuelva a saltar un aviso de más, porque eso no existe: prometemos que el ruido deje de llegarle a quien está de turno y que, cuando llegue un aviso, valga la pena mirarlo.
Qué es IRIS
Ir a la página¿IRIS toma decisiones por nosotros?
Las reglas y los límites los define su organización; IRIS se encarga de aplicarlos, de forma repetitiva, sobre todas las cámaras. Cuando una situación pide criterio humano, le llega a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con toda la información delante.
¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?
Depende de cada cámara, y por eso se revisan una por una antes de prometer nada. IRIS está pensado para aprovechar la infraestructura de video que ya existe, mientras la integración y los flujos disponibles lo permitan. De la evaluación previa sale la lista: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que pide la detección que usted busca.
¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?
En lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS toma ese hecho y lo relaciona con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó su organización y ejecuta lo que debe pasar a continuación. Detectar es el principio, no el final.
¿Detectar y entender son lo mismo?
Con una se cuenta y con otra se pregunta, así que no, no son lo mismo. Mirar son tres cosas distintas. Una ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está; es rápida y devuelve siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es la única con la que se puede contar y que un número salga igual dos veces. Otra NOMBRA: separa una furgoneta de un auto, un casco de una gorra; trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. Y la tercera ENTIENDE: lee la escena entera y la relación entre las cosas —no «una persona» y «un carro», sino «una persona en el piso junto a un carro parado en medio del cruce»—, no necesita lista y contesta a una frase escrita con sus palabras, pero no es con la que se cuenta. IRIS lleva las tres de serie, y no como extras aparte: en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. Por eso decimos que preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y que no se hacen igual.
¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?
Puede, y es de lo más útil que hace. Una pieza que solo se fabrica aquí, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo aparece con este material: nada de eso está en ninguna lista, ni va a estarlo. Se entrena un modelo propio con imágenes de sus cámaras y con sus casos, y pasa a ser una detección más adentro de IRIS, que se escribe en una regla igual que las demás. Y ese modelo es suyo: se entrena con sus imágenes y con el criterio de su gente, así que queda en propiedad de usted. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a su competencia y no depende de que siga siendo cliente para poder usarlo. Lo que hace falta para entrenarlo: imágenes de eso pasando —de verdad, no montadas— y alguien de su equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Si eso que quiere detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.
NVMS
Ir a la página¿IRIS es un VMS?
Trae adentro lo que hace un VMS —recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar—, pero su propuesta va más allá. IRIS entiende lo que pasa en la imagen, aplica las reglas de la organización, convierte el video en métricas y deja investigar sin revisar horas de grabación.
¿Tengo que reemplazar el VMS que ya tengo?
No necesariamente, y depende del proyecto: IRIS puede ser la plataforma completa o convivir con la infraestructura de video existente, aprovechando los flujos y las integraciones que haya. Lo sensato es revisarlo caso por caso —qué cámaras, qué grabación y qué sistemas se pueden reutilizar— antes de decidir nada.
¿Qué significa exactamente NVMS?
Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que además entiende lo que pasa adentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS está en el centro del modelo: el VMS gira alrededor de la pantalla y de quien la mira; el NVMS gira alrededor de la decisión.
¿Hacen desarrollos a la medida?
Se hacen, porque una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira: casi siempre hace falta algo alrededor —una pantalla pensada para cómo trabaja su equipo, un informe con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en su operación—. Lo que no le vamos a decir es que todo cabe en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.
¿Se integra con lo que ya tengo?
Casi nadie empieza de cero, así que sí, y es lo normal. El aviso puede entrar donde ya trabaja su equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que su sistema ya sabe. Lo que no le vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de usted. Se comprueba al principio, con su sistema delante, y si algo no va a poder ser se dice ahí.
Lenguaje natural
Ir a la página¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?
No hace falta. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— y IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para mover un umbral.
¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?
Cualquier cosa, no. Una cámara concreta puede quedarse corta por su posición, por su calidad de imagen o por la luz que tiene, y hay detalles pequeños o muy lejanos que con ese encuadre no distingue ninguna. Discutirlo no sirve de nada: lo que sirve es probar la descripción sobre video real de esa cámara y mirar el resultado antes de contar con ella.
¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?
También sirve para atrás, no solo para adelante. Se describe algo que ya pasó —«camioneta blanca parada más de diez minutos en el andén 4»— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Deje de buscar el minuto: busque lo que pasó.
¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?
Una prueba y un millón de pruebas cuestan lo mismo: nada. IRIS no cobra por consulta y no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas. Escriba una regla, pruébela contra el video de esa cámara, cámbiela y vuélvala a probar las veces que haga falta. Es a propósito, porque una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas a la primera y mal.
Procesamiento
Ir a la página¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?
Puede, y el matiz importa: no es que aguante una caída de enlace, es que en la modalidad local no lo usa para funcionar. Los servidores están en su edificio, el video entra por su red, y los modelos corren en su hardware sin consultar ningún servicio de afuera. Usted puede desconectar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.
¿Dónde reside el video y quién puede acceder a él?
Reside donde usted decida, y accede solo quien usted autorice. En la modalidad local vive en los discos de su edificio y no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, y el contrato fija quién puede entrar, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. En las dos modalidades las comunicaciones van cifradas y los accesos quedan registrados.
¿Puedo empezar con una modalidad y cambiarme a la otra más adelante?
Puede. Es el mismo sistema en los dos sitios: lo que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que usted haya dibujado sobre sus cámaras, ni la forma de trabajar de su gente. Tampoco tiene que moverse toda la organización a la vez: cada sede puede tener su modalidad y todas se ven desde el mismo sitio. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar, no después.
¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?
El análisis se detiene hasta que el enlace vuelve. Lo decimos claro porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato usted no va a recibir avisos. Sus cámaras siguen grabando donde lo hagan hoy, y apenas el enlace se restablece el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —una central de monitoreo, una planta de tratamiento, un centro penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.
¿Me cuesta más mientras más lo use?
No cuesta más, y es a propósito. Aquí no hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas: una consulta y un millón cuestan lo mismo. Un sistema que cobra por pregunta termina usándose poco, porque quien opera se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda parada. Lo que sí cambia el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se habla antes de firmar, no después.
El mundo
Ir a la página¿IRIS solo sirve para seguridad?
Sirve también para medir la operación, y hay instalaciones donde eso se pide a diario y una alarma casi nunca: aforos, tiempos de espera, ocupación de zonas, filas y flujos de personas o de vehículos. Porque no todo lo importante es una alarma; a veces lo importante es un número. Y eso no se pide hablando: se dibuja una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. El conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— a través de NeuralPax: lo homologado es esa medida, contar personas, y no el resto. No equivale a una acreditación ecuatoriana y no lo presentamos como tal.
¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?
Ninguno: la plataforma es la misma en todos los entornos, y lo único que cambia es la configuración —qué objetos importan, qué zonas se vigilan, qué reglas se aplican—. Por eso una organización con entornos muy distintos trabaja con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo formado.
¿Funciona en sitios remotos, sin personal ni conexión?
Funciona, mientras la cámara tenga energía y alguna vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre adentro de la propia instalación, así que en un cerramiento remoto o en una red cerrada IRIS sigue entendiendo la escena aunque no haya internet. En el Oriente, donde hay campos sin señal, ese es justamente el argumento.
Por lo que hace
Una por cada parte del producto: el vivo, la búsqueda, las placas, las novedades, los mapas, la automatización y las demás.
Vivo y video wall
Ir a la página¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?
No hay que cambiarlas. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y quien opera lo maneja todo desde el navegador, sin instalar un programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado allá afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y mañana vuelve igual, y que al muro de la sala se le manda desde la mesa.
¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?
Sesenta y cuatro por pantalla, con veinte formas de rejilla o colocación libre a mano. Aparte va otro número, configurable por servidor: cuántas de esas celdas pueden dar video en vivo al mismo tiempo sin ahogar el puesto ni la red. Las que pasan de ahí no se quedan negras. Muestran imagen fija que se refresca, y la celda avisa de que eso lo decidió el sistema y no es una avería.
¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?
Ver, mover y configurar son tres permisos distintos, y encima cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona. Las zonas tapadas por privacidad no se destapan desde una vista: hace falta un motivo escrito, una duración limitada y, si la organización lo exige, un supervisor que lo autorice. Y sí, queda constancia: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada acceso a un muro publicado quedan registrados con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía.
Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una avería o una decisión?
Lo dice la celda, que para eso separa tres motivos y los nombra: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —decisión del sistema, no avería—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Quien opera puede exigir, además, que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque usted no tiene acceso a esa cámara, también lo pone: en una sala, un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible.
¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?
Una pantalla con navegador —televisor, monitor o cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. Ahí no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. La pantalla abre el enlace publicado sin escribir contraseña, y ese enlace lleva PIN, vencimiento y lista de direcciones permitidas. Lo que sí hace falta no lo vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Esa parte le toca a la sala, y todo lo demás está para que solo haya que hacerla una vez.
Detección y comportamientos
Ir a la página¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Vienen 41 comportamientos listos —intrusión, cruce de línea, permanencia, permanencia prolongada, objeto abandonado o retirado, aforo, filas, aglomeración con densidad, puesto ocupado, contravía, velocidad, distancia entre personas, recorrido entre zonas— sobre un catálogo de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias. ¿Y si lo que usted necesita no está entre ellos? Entonces entra el filtro fino, que compara cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores y condiciones agrupadas con «y» y con «o».
¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?
Para arrancar, no. Cada clase del catálogo trae su altura media real —una persona 1.70 m, un carro 1.50 m— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. La medida real sobre el piso llega marcando cuatro puntos de la imagen y diciendo cuánto miden de verdad: de ahí en adelante, distancias, recorridos y velocidades van en metros. IRIS nunca mezcla la velocidad medida con la estimada, y una regla puede exigir que solo cuente la medida; la estimada se queda corta, y por eso se etiqueta como lo que es.
¿Y si me llena el turno de avisos equivocados?
Es lo primero que se ataja, y hay como media docena de mandos para hacerlo. Se marcan áreas donde no se detecta nada —una vía al fondo, un afiche con fotos de personas—; se exige que el objeto lleve ya un rato siendo seguido antes de actuar; se pone un doble umbral para que el aviso no parpadee en el borde de una zona; se limita el comportamiento a un horario; y se agrega tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Y antes de publicar nada, se ve en la imagen en vivo lo que la regla produce de verdad, incluidos los objetos descartados y el motivo del descarte.
¿Y de noche, o con mala luz?
Con menos luz se detecta menos, y eso se dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no corren a ciegas. Hay además una puntuación de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar la óptica, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo de la noche. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde el color, así que la medida de color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que la camioneta era blanca. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer. Aquí eso pesa menos que en otras partes, porque en el Ecuador amanece y anochece casi a la misma hora los 365 días; la función está igual, y sirve para que «de noche» siga significando lo mismo donde esa hora sí se mueve.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
Se aguanta la identidad unos segundos, y cuando ya no se puede, se dice. Si algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, un toldo— el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto guarda además un pequeño historial de sus clases, así que un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite, por delante: si el objeto queda tapado más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto, y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa distinta, y sigue sin saber quién es.
Grabación y forense
Ir a la página¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Se puede, y para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se escribe la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, enseñando antes qué entendió. Y si aun así el rango queda largo, el resumen salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
No tiene que fiarse: lo comprueba él mismo, y sin pedirle permiso a nadie. Dentro del paquete van una huella por fragmento, otra del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre en cualquier navegador y no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro. Cambie un fotograma, un byte o el manifiesto, y la comprobación falla y lo dice. Antes de salir, además, el paquete se verifica a sí mismo: si no pasa su propia prueba, no se entrega.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
Ese video no se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no se lo puede saltar. Si lo único viejo que queda está bloqueado, el sistema para, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en vez de sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada, y si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra: aquí nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de vencimiento.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
El plazo lo decide el cliente, cámara por cámara, y manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por antigüedad. Pero el techo real no es el programa: es el disco. Por eso la pantalla no enseña solo el plazo configurado sino los días que hay de verdad grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llenó antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
Queda escrito que lo intentó, y ahí se acaba el intento. El material bloqueado está fuera del borrado automático, y para borrar a mano hacen falta un permiso propio y tener asignada esa cámara. Levantar un bloqueo pide el permiso reforzado —el mismo de las solicitudes de supresión— y un motivo escrito; la ficha no se va, se marca como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Borrados, exportaciones y liberaciones caen en el registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de manera que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.
Búsqueda por apariencia
Ir a la página¿IRIS reconoce caras?
Sí lo incluye, y viene apagado, y no se ofrece en la Unión Europea. Donde la ley lo permite, prenderlo obliga a leer nueve advertencias legales y a declarar base jurídica, finalidad y plazo de conservación: sin esos tres datos no funciona, y retirarlos lo detiene al momento sin reiniciar nada. La decisión es de cada instalación, no viene puesta de fábrica, y queda registrado quién lo prendió y cuándo. En las zonas que esta web enseña, IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras la función no está prendida. Y casi ninguna búsqueda real la necesita: se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.
¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?
Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto queda anotado cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, cuánto se quedó y en qué zona—, y con eso se le vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre a nadie. Cuando el sistema propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión humana. Una persona confirma o descarta cada propuesta, y su decisión queda guardada con nombre y hora.
¿Quién puede buscar y qué queda registrado?
Para buscar hace falta permiso de ver grabaciones, y encima cada usuario solo encuentra objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, simplemente no aporta resultados, y así se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Sobre las zonas sensibles se pueden poner máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, el visto bueno de un segundo supervisor. Cuánto se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Y todo pasa dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y funcionan sin internet, así que ni una imagen sale a un tercero. Todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el cortafuegos.
¿Y si la persona se cambia de ropa?
Lo que sigue en pie es el recorrido hasta ese punto: dónde se le vio por última vez y a qué hora, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo si lo hubo. Lo que se rompe es el rastro por apariencia, y hay que decirlo sin adornos: la huella se arma con el color, la forma y la complexión, así que un cambio de ropa cambia la huella y IRIS deja de proponer a esa persona en las cámaras que vienen después. Lo que no va a hacer es inventarse una coincidencia para tapar el hueco: dirá que nadie llegó al umbral, y con qué umbral lo midió. Por eso mismo el recorrido se arma con avistamientos que una persona confirma, y no con una cadena automática que nadie miró.
¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?
El plazo lo fija cada instalación, aparte para personas, vehículos, rostros y placas, y va de cero a 3,650 días. Cero no quiere decir borrar: quiere decir conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo elija por descuido. El borrado lo ejecuta un barrido de la noche, y si ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en vez de dar por hecho que el plazo se cumple; además se puede ver cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas ya pasaron su plazo. Consultarlas exige el permiso de ver grabaciones, y solo alcanza a las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la retención exige su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.
Placas y accesos
Ir a la páginaSu web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?
Las dos cosas son ciertas, y la diferencia está en la cámara. La lectura de placas se prende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se prende —el patio de un colegio, un módulo de un centro penitenciario, el cerramiento de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un parqueadero, la puerta de un patio de tráileres— se prende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la prendió, en qué cámaras y cuándo queda en el registro de auditoría, así que la pregunta «¿dónde se leen placas en esta instalación?» siempre se puede contestar, y la respuesta es siempre una lista corta y comprobable. Y prenderla no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se prende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es —con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.
¿Sabe IRIS de quién es el carro?
No lo sabe, y no lo puede averiguar. IRIS lee el número de la placa y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí se acaba. Detrás no hay ningún registro de propietarios: no consulta ninguna base de datos oficial y no conoce el nombre de nadie. Tampoco lee la marca ni el modelo. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de tapar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la metió en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.
¿IRIS abre la barrera él solo?
La barrera la mueve una secuencia que arma el cliente desde la web, paso por paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta placa, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla responde por el mismo camino que usa el motor de verdad. IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a mitad, dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en vez de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.
¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?
Un paso deja decenas de lecturas, así que con barro, con un ángulo malo o con poca luz suele alcanzar: basta con que una salga bien. Con una placa que no es legible, no. Ahí no hay lectura, y el sistema no se inventa ninguna: cuenta el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se están perdiendo en esa cámara. Y si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el software: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y se lo decimos antes de vender, no después. En un control de accesos, una placa que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la barrera la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Ojo con una cosa distinta: para darse cuenta de que un vehículo circula sin placa legible no hay que leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.
¿Y si se equivoca leyendo un carácter?
Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas prendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriéndole la barrera al carro de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo carro, y la pantalla lo marca así.
Novedades y sala de control
Ir a la página¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube solo. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si al vencer el primero nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es tomarla, validarla, cerrarla o comentarla; eso detiene la subida, aunque no resuelva el caso. Si un turno se quedó sin nadie, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Aquí nada termina en silencio.
¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?
Hay tres frenos, y los tres hacen falta. El primero pliega las repeticiones de una misma cámara en una sola fila con su contador, sin borrar ninguna: el detalle sigue guardado y el número siempre cuadra. El segundo son los 27 criterios de filtro que se combinan en la fila, y la vista que cada quien guarda y comparte con su equipo. Y el tercero es un panel que mide cuántos avisos le caen a cada persona por hora, y señala con nombre y apellido qué cámara y qué regla los están produciendo, para poder afinarlas en vez de apagarlas. Encima queda registro de quién silenció qué.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Se demuestra con la cronología, que va entera adentro de cada novedad: quién la abrió, quién la miró, qué cambió, qué escribió y cuándo la cerró. Ese registro solo admite agregar, va encadenado criptográficamente y se verifica cuando usted quiera; si algo se hubiera tocado, señala en qué apunte exacto se rompe la cadena. El expediente se baja como paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión ni programas. Y lo que ya existía antes de armar el encadenado se declara como no verificable, en vez de hacerlo pasar por verificado.
¿Y si el que falla es el propio escalado?
Peor que no tener escalado es tenerlo fallando en silencio, así que se mide y se enseña en pantalla. Un panel dice tres cosas: si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está parado, con el motivo en texto llano —apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar—. Y avisa de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no hay ningún canal activo por donde salir, o cuántas personas del equipo no tienen forma de recibir nada. De las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Recién instalado arranca desarmado a propósito: solo simula y deja el plan escrito, y hay que armarlo servidor por servidor, porque un despliegue no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos operadores toman la misma novedad a la vez?
Se ven las dos. La ficha dice, con nombres, quién más la está mirando en ese momento; y si usted está solo, también lo dice. Tomarla es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que detiene el escalado, aunque todavía no resuelva nada. Los estados no se saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no toca, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar la misma novedad en dos sitios distintos. Y todo lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién la abrió, quién la miró, quién la cambió y qué escribió cada una.
Reglas y automatizaciones
Ir a la página¿Hay que saber programar para armar una automatización?
No hace falta. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra. Si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión al momento y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya corriendo. Y si ni siquiera quiere dibujar, hay 23 recetas hechas: escoge una, llena cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y está funcionando el primer día. Para quien está en la sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin ningún lienzo.
¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?
Contra ese miedo —que es el miedo real de quien automatiza algo— hay cuatro frenos. Antes de publicar, el simulador lanza el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Ya publicado, se puede dejar silenciado: el flujo corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo va mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.
¿La misma regla vale para muchas cámaras a la vez?
Vale para las que usted quiera: se define una vez y se aplica a una cámara, a un grupo, a un servidor entero o a la instalación completa. Lo bueno son las exclusiones, que se escriben con su motivo —todas las del servidor menos los vestidores y el cuarto de servidores es una sola línea, no una lista que alguien tenga que ir manteniendo—. Cada sitio puede llevar sus propios umbrales y su propio horario sin duplicar el flujo. Y una misma cámara aguanta tres configuraciones a la vez: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que está corriendo.
¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?
Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de fallo, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la avería se ubica sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se enseña un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo ya hecho: si la novedad se creó antes del fallo, la novedad está creada. Lo que sí prometemos es que usted sabe hasta dónde llegó y por qué se detuvo ahí.
¿Quién puede tocar una automatización que ya está corriendo?
Solo quien tenga permiso de escritura. Leer y escribir van separados, así que alguien puede abrir el flujo, entenderlo entero y no poder cambiar nada. Por encima de eso, un administrador decide qué bloques usa cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos publicados que lo usan siguen corriendo, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se retira en un clic. Todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador enseña sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se cambió entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que soltar el enganche.
Chat e inteligencia artificial
Ir a la página¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?
No sale nada. La inteligencia artificial que contesta es propia y corre en el servidor de su instalación, igual que la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Ni una imagen, ni un fotograma, ni una frase de la conversación viajan a un proveedor de afuera, porque no hay una sola llamada a un tercero en ningún punto del recorrido. Funciona con el cable de internet desconectado, y eso es un requisito de diseño, no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
Un chat corriente se queda en lo que sabe. Este llega a los mandos: 95 herramientas conectadas al sistema, que usa para ir a buscar la respuesta —mirar por una cámara, abrir una grabación, agregar estadísticas, dibujar el mapa, armar el informe—. Y donde hay permiso, además actúa sobre la instalación: abre o cierra una novedad, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada acción queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de nada.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
Hablando se busca y se describe, y el asistente lo hace muy bien: eso está resuelto. Medir es otra cosa. Para medir hay que saber por dónde pasa exactamente la línea y en qué sentido va. Ahí está la frontera: preguntar sirve para buscar, contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número sale igual siempre y se puede auditar un año después.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa fue la parte que más trabajo costó. ¿No hay grabación en el instante que le pidió? Lo dice, en vez de enseñarle otra cosa. ¿Se quedó corto de margen para pensar o para escribir? Lo dice y sugiere subir de nivel, en vez de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin tapar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en vez de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y con lo que le devolvieron, así que se comprueba en vez de creerse. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No puede, y no es una promesa: es cómo está construido. El asistente solo ve las herramientas que la persona que pregunta tiene derecho a usar, así que el mismo chat le ofrece capacidades distintas a un operador y a un administrador. Diez permisos gobiernan el chat en sí —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas— y encima cada herramienta puede exigir el suyo propio. Las que modifican datos van marcadas como tales y no corren sin ese permiso, y publicar una automatización pide confirmación explícita. Todo queda registrado: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal; también los intentos de acceso negados. Las conversaciones son privadas por defecto, y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
Cuesta lo mismo preguntar dos frases que pasarse el turno entero preguntando: no hay contador de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Lo decimos porque cambia cómo se usa. Cuando cada mensaje lleva precio, quien opera se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina volviendo al sistema viejo. Aquí no hay nada que racionar.
Mapas, planos y territorio
Ir a la página¿De verdad funciona sin conexión a internet?
Sin conexión y con el cable afuera, que es como se hace la demostración. La cartografía se instala en el servidor del cliente, país por país, y ahí se queda: dibujar el mapa, buscar una dirección y convertir una coordenada en un domicilio se resuelven todos contra esos datos. La pantalla lo declara —«mapa local, sin internet»— para que quien opera sepa con qué está trabajando. Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está vigilando.
¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?
Los que ya tenga: PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y un proyecto de veinte pisos se convierte en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas las organiza cada instalación como le sirva —país, sede, edificio, piso o lo que sea— y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca es el día en que alguien lo subió.
¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?
Sobre el territorio, no. El de IRIS se dibuja encima de la imagen de la cámara. Para el terreno, lo que hay hoy es agregación por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición, y no una capa de calor continua sobre la cartografía. Lo decimos aquí porque un integrador lo comprueba en cinco minutos, y preferimos que lo lea antes de la demostración y no durante.
¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?
Ocupa lo que ocupen los países que se instalen, porque se instalan y se quitan uno por uno: el mundo entero no se instala nunca, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. En la pantalla de administración cada país muestra su tamaño en el almacenamiento y su fecha de instalación, así que el dimensionado no es una estimación de folleto: es una cifra que se ve antes y después. La actualización es una carga de datos que lanza el administrador, con una fila de trabajos que dice el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo falla. No hay goteo automático desde internet, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con qué edición se está trabajando.
¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?
Ni bloquea nada ni es raro: pasa todo el tiempo. El plano de interior no depende del callejero, así que se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic y el edificio existe en el sistema antes que en ninguna cartografía. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes posibles: la referencia cartográfica, el trazo a mano, un archivo del cliente, el cálculo que envuelve las cámaras, y una quinta etiqueta —referencia huérfana— para cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual. Esa quinta existe justo para que el sistema lo diga en vez de callarse. La búsqueda inversa contesta igual aunque el portal no exista: da el más cercano que sí existe, con su distancia en metros. Y si el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato, en vez de inventarse una altura.
Videoconferencia y colaboración
Ir a la página¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
Ninguna: la sala vive adentro de IRIS y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa. Nada que instalar, nada que contratar aparte, y ningún video que sacar de la instalación para poder hablar de él. La cámara entra a la llamada en vivo, y todos miran lo mismo mientras conversan.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Puede. El anfitrión genera un enlace con código QR que se escanea con el celular. Ese enlace vence, tiene un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar. Y cada uso queda registrado.
¿Funciona en una instalación sin internet?
Igual que cualquier otra sede, aunque la planta esté aislada del exterior. Todo lo de la sala —la conexión, el audio, el video de las personas y el de las cámaras— viaja por el puerto 443 adentro de la red del propio cliente, y en ningún punto del camino hay un servidor de terceros.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
Nada. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí una sola vez y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso aparece en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?
Le llega un enlace, sin cuenta, y el anfitrión escoge cómo protegerlo: abierto para cualquiera que lo tenga, reservado a quien tenga sesión en el sistema, o con un PIN. Escoge también cuánto dura —unas horas, hasta una fecha, o sin límite—, cuántos usos aguanta y qué puede hacer quien lo abra. Como el enlace fija el idioma con que se abre, un contratista o un perito lo ve en el suyo sin configurar nada. Y se anula al instante en cuanto deja de hacer falta.
Plataforma, escala e integración
Ir a la página¿Cuántos puertos hay que abrir en el cortafuegos?
Uno solo: el 443, cifrado, con la interfaz, el video en vivo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación adentro. Escuchar, el sistema escucha en catorce; pero los otros trece solo se alcanzan desde la propia máquina y no cruzan la red. Para el área de redes eso son trece excepciones que nadie tiene que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación el día que algo va mal.
¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?
La sede sigue trabajando. Cada sitio capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos, y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.
¿Hasta dónde escala de verdad?
Hasta donde dicen sus ocho topes, que están publicados con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. El producto declara más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, pero lo que permite comprobarlo son esos ocho números. Por ejemplo: caben sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. La calculadora que viene adentro del producto hace ese cálculo con doce preguntas, dice qué recurso se agota antes y declara inviable un dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir.
Se nos quedó corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?
No hay que rehacer nada: se agrega una máquina. Desde la interfaz central se genera un código de registro, se instala el servicio en la máquina nueva y se le entrega ese código; ella se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Luego se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras: mientras no declare al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en vez de dejarlo callado. El reparto se ajusta solo, y se mueven únicamente las cámaras que cambian de máquina. Lo que sí toca volver a calcular es el dimensionamiento, si el crecimiento cruza alguno de los cinco topes que no se reparten; eso lo avisa la calculadora antes de que usted compre nada.
¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?
Máquina por máquina, y nunca tumbando todo a la vez: mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, así que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla en vez de descubrirse el día que algo falla. Y no hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, así que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.
Administración y auditoría
Ir a la página¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?
No lo está, y ningún programa puede estarlo por usted: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con sus procesos, su gente y sus instalaciones. Lo que hace IRIS es llegar con el trabajo ya hecho para ayudar a cumplir esos marcos: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad español de nivel alto y los 93 del anexo A de ISO 27001, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, cruzados entre sí para no hacer dos veces la misma tarea. Preferimos decirlo así antes que enseñar un sello: en la primera auditoría se nota la diferencia. La única homologación de un tercero que sí tenemos es la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?
No puede, y esa regla no la pone el programa: la pone el propio almacén de datos, que rechaza cualquier intento de modificar o borrar un asiento a mano, tenga quien lo intente los permisos que tenga. El registro solo admite agregar. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Encima, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha pasó.
¿Puedo dar acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo unos días?
Es el caso normal, y para eso está. El acceso se concede por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella, o sin ello— o por caso de investigación, y siempre lleva fecha de vencimiento; la pantalla avisa sola de lo que vence en los próximos siete días. Encima admite franja horaria: fuera de ella la persona ve un mensaje explícito y no entra. Revocar exige motivo, y la concesión guarda quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la quitó y por qué. Es lo que hace que un acceso temporal se cierre de verdad, en vez de quedarse abierto para siempre porque nadie se acordó.
¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?
La cuenta se desactiva, y es reversible por si vuelve. Sus sesiones abiertas se revocan al momento: las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que nadie se queda adentro hasta que expire una ficha. Las concesiones que tuviera sobre sedes o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas se cortan y guardan quién las quitó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo, y la anonimización sustituye el dato personal adentro de los asientos dejando la cadena intacta y contando cuántos se anonimizaron: el registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.
¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?
Con tres cosas, y las tres se entregan. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena entera y contesta íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o informe—, con la firma adentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin fiarse de nosotros ni de usted. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de armar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.
Por dónde trabaja
Las mismas dudas cambian de forma según el sitio: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto. Aquí están por entorno.
La ciudad
Ir a la página¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?
Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre y la calidad sirven para lo que usted quiere detectar en ese punto, y se le dice sin rodeos cuáles no llegan.
¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?
Todas las que tenga su instalación, incluidas las miles de una ciudad entera. Aquí se enseñan veintitrés porque veintitrés caben en una pantalla, no porque haya un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás, no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.
¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted elija, y son dos. En la local no sale: los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿IRIS identifica a las personas o reconoce caras?
Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella. IRIS no le pone nombre a nadie ni compara rostros con ninguna base de datos, porque lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: un carro parado sobre la vereda, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor. Y el conteo por franjas horarias es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran.
¿Cómo evito que la central termine ignorando los avisos por culpa de los avisos equivocados?
Empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario no ha instalado ninguno. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores, calle por calle, durante las primeras semanas, hasta que lo que llega a la pantalla es lo que su equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Cuánto se demora en estar funcionando en la calle?
No le vamos a dar un plazo que todavía no controlamos, porque depende del tamaño de la instalación. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quiere detectar en cada una.
¿IRIS reemplaza a mi central de monitoreo o a los guardias que tengo?
No reemplaza a nadie: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, enseña lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.
¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?
Convive con él en vez de reemplazarlo. IRIS es un NVMS, es decir, la capa que hoy le falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar sus reglas. Usted puede seguir grabando y manejando el video donde lo hace ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiéndole de antemano que encajamos con todo.
¿Puedo poner esto en la vía pública y estar tranquilo con la protección de datos?
Eso lo firma su organización con su asesor legal, no nosotros, porque no depende solo del software: depende de cómo se despliegue y de qué se decida tratar. Lo que sí le podemos decir es que el tratamiento es configurable pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y usted nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?
De tres cosas depende: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de una ciudad entera. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La vía rápida
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?
Sustituir una cámara es la excepción, no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están en pórticos, báculos y postes, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que usted quiere detectar en ese tramo —no es lo mismo el costado de la vía a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se le dice sin adornos cuáles no llegan.
¿Funciona de noche y con aguacero?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: el aguacero cerrado, la neblina y el deslumbramiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, la central se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar una cuadrilla. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan los faros; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.
¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?
El cambio de verdad está en cuándo arranca el reloj. Hoy arranca cuando alguien llama, o cuando alguien de la central pasa de casualidad por esa cámara; con IRIS arranca cuando la escena pasa delante del objetivo, sin que nadie tenga que llamar, apenas se cumple la regla que usted definió. No le vamos a dar un número de segundos, porque depende de su red, de sus cámaras y del hardware que se ponga detrás. Lo que sí le decimos es que enterarse deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.
¿Puede reemplazar a los conteos que se ponen unos días al año?
Cuenta lo que un conteo de unos días no puede contar: todos los días, a todas horas y en cada cámara. Un conteo puntual le da la foto de una semana; una cámara con IRIS le da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, bus, motocicleta— y sin cerrar un carril para instalar nada. Si usted necesita una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no le vamos a decir que la damos: nuestra homologación del Centro Español de Metrología, que es el de España, cubre el conteo de personas. Para decidir dónde toca refuerzo de la vía o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.
¿Detecta un vehículo parado en el costado de la vía?
Lo detecta, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un carro»: es un vehículo detenido adentro de la zona que usted marcó como costado y durante más tiempo del que haya fijado. Y si además alguien sale del vehículo y camina por ahí o por la calzada, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Una avería es una novedad; una avería con una persona fuera del carro es una emergencia, y el sistema separa las dos.
¿IRIS comprueba que los letreros de mensaje variable funcionen?
Lo comprueba, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el letrero, así que detecta que está apagado, que tiene ledes quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el letrero muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que envía las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los letreros y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se le dice qué encaja y qué no.
¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted elija, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores.
¿Identifica placas o a las personas que salen en las cámaras?
Ni una cosa ni la otra. Lo que detecta son objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la calzada, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cerrado. No lee placas, no compara caras con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, bus, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una vía abierta?
Existen, y quien le diga lo contrario no ha puesto un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, faros de frente, una funda que cruza un carril: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que lo que llega a la central es lo que la central quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus enlaces, sus túneles y sus áreas de servicio. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
El transporte público
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?
Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP de andenes, hall, pasillos, torniquetes y accesos, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del techo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que usted quiere detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se le dice sin adornos cuáles no llegan.
¿IRIS identifica a los pasajeros?
Ni reconoce caras, ni las compara con ninguna base de datos, ni guarda quién es nadie. Lo que ve son objetos, comportamientos y situaciones: alguien adentro de la vía, alguien en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica detenida. Cuando cuenta gente, lo que sale es un número —cuántas personas hay en una zona, o cuántas pasan por un punto—, jamás una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede verlo lo decide usted: el sistema puede correr entero adentro de la estación, sin que salga una sola imagen.
¿Detecta a alguien que cae a la vía?
Lo detecta, porque la vía es una zona dibujada sobre la imagen y una persona adentro de esa zona es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y la central tiene la imagen abierta sin esperar a que un pasajero accione el pulsador de emergencia o llame por el interfono. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. En el proyecto se revisa andén por andén qué encuadre hace falta, y se le dice cuál no llega.
¿Funciona con el andén lleno de gente?
Para saber cuánto se está llenando un andén no hace falta distinguir a una persona de otra, así que la ocupación se mide igual de bien con el andén repleto. Lo que sí se pierde es el detalle: cuando la gente se tapa entre sí, alguien que cae al piso detrás de un grupo compacto puede quedar oculto para esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. Preferimos decirlo antes de firmar. Por eso en los andenes conviene combinar encuadres: dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola.
¿Cómo se avisa y a quién?
A quien usted decida y por el canal que usted decida, porque cada regla lleva su destinatario: el puesto de la central, quien opera la estación, el equipo de mantenimiento, el equipo de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de recarga dañada: cada aviso va a quien puede resolverlo. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, enseña y espera.
¿Puede reemplazar los aforos que hacemos ahora?
Puede, y además hace lo que esos aforos no pueden: contar todos los días del año, a todas horas y en cada punto que a usted le interese. Un aforo de tres días le da la foto de tres días; una cámara con IRIS le da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda en tierra en una parada. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España—: la garantía es que quien lo verificó es un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Sale el video de la estación?
Depende de la modalidad que usted elija, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores de la estación.
¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?
Arriba de todo está el argumento que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. Debajo, el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende de cómo se despliegue y de qué se decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y usted nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una estación llena?
Existen, y quien le diga lo contrario no ha puesto un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que lo que llega a la central es lo que la central quiere recibir. Un aviso que el turno de la tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar los andenes de una estación pequeña que una estación entera con hall, torniquetes, dársenas de buses, parada de taxis y parqueadero, ni cuesta lo mismo una red de veinte estaciones. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
El comercio
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes?
No los identifica, y no es un descuido: es una decisión. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de una tienda a otra y no se cruza con el programa de fidelización. Lo que ve es «una persona», «un carrito», «una percha vacía», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de una tienda no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Si algún día alguien les ofrece lo contrario, sepan que nosotros no lo hacemos.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?
Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP del techo y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no llega a leer la percha del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿Esto sirve para detectar un faltante en la sala?
No sirve para eso, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página lo hace, y no es porque no se nos haya ocurrido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, e IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que usted tiene en esta página: avisar de un hueco en la percha, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de un piso de venta más lleno de lo que puede atender el turno; y medir las filas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por la sala y lo que hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que buscan es prevención de pérdidas, les va a hacer falta otra cosa, y se los diremos en la primera reunión y no en la última.
¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?
La resta lo dice: IRIS cuenta por separado cuántas personas entran a la zona de espera de las cajas y cuántas llegan al punto de cobro, y la diferencia es la gente que se fue antes de que le tocara. A eso se le suman dos señales más: cuánto se espera de media en esa fila y cuántos carritos quedan abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Todo lleva su hora, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánto dinero es eso no se lo vamos a decir —no pasó por su caja, no lo sabemos—, pero sí a qué hora pasa y con cuántas cajas abiertas deja de pasar.
¿Puede decirme si una promoción funciona?
En la parte que se ve desde una cámara, sí: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta se para y cuánto rato se queda. La venta está en su caja y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades el diagnóstico cambia: si pasa mucha gente y no se para casi nadie, el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Si se para mucha gente y después no vende, el problema es el precio o el producto. Hoy esas dos situaciones se parecen en el informe de ventas —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas. Lo mismo sirve para comparar el mismo montaje en dos tiendas, o el mismo sitio en dos semanas.
¿Funciona con la tienda llena?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien le diga lo contrario no lo probó un sábado en la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por la sala no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está colapsada funciona precisamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso estrecho y muy cargado; en ese caso el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila, y la ocupación se deja para la sala.
¿Sale el video de la tienda?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la tienda o en la central—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor por tienda que llevar el análisis a un solo sitio: condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?
Lo que más pesa en una tienda va primero: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. Debajo de eso, el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?
Sirve para las dos; lo que cambia no es el sistema, es qué hace usted con el dato. En una tienda sola sirve para decidir su tienda: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo del local se visita o hay que dar una razón para llegar hasta allá. En una cadena aparece algo que una tienda sola no tiene: la comparación. La misma promoción montada en cuarenta tiendas y medida igual en todas. La tienda donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. La que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Empezar por una tienda, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas tiendas entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de una tienda de barrio que cubrir la sala entera de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo una tienda que cuarenta. Cuéntenos cuántas tiendas tienen, cuántas cámaras hay en cada una y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La obra
Ir a la página¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?
No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras: IRIS no identifica a nadie. Detecta que una persona no lleva casco; quién es esa persona, no. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar entrada ni salida, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza al control de acceso de la obra. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay comité de seguridad y salud, esto es lo primero que hay que poder enseñarle: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la torre grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?
No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al técnico de seguridad, a quien señaliza la maniobra ni al plan de seguridad y salud de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está allá vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana; lo sabemos, y por eso una regla no es «avise si alguien no lleva casco». Es «avise si alguien sin casco está adentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega el aviso. Se empieza por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callar en lo demás.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?
Sirve, incluidas las que se ponen y se quitan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche a lo mejor no llega a distinguir un casco al otro lado del terreno— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y el aguacero se miran allí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz fija. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?
No hay que rehacer nada, y el sistema está pensado justo para eso: para que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se mueve una cámara o se redibuja una zona, se vuelve a marcar la zona sobre la imagen y se sigue trabajando, sin encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del replanteo.
¿Podemos saber cuánta gente hay adentro de cada zona?
Pueden, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el subsuelo en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo sitio. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ustedes ven la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.
Donde ustedes decidan, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es adentro de la propia obra: un equipo en la caseta analiza las cámaras allí mismo y funciona sin internet, así que si se cae el enlace el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa allá y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.
¿Qué le contamos al comité de seguridad y salud?
Una obra donde el comité entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no. Así que se le cuenta todo, y cuanto antes: qué mira, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas —no reconoce caras, no identifica a nadie y no sirve para sancionar a un trabajador concreto—, y qué se trata, cuánto se guarda y quién puede verlo se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un comercial nuestro. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos.
¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?
Para las dos cosas, y con todas cobra otro sentido. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de trabajo, cuál las corrigió después de una charla de cinco minutos y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la impresión de quien recorre más obras. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar.
¿Cuánto cuesta?
Según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El centro penitenciario
Ir a la página¿Esto sirve para clasificar a las personas del centro?
Para clasificar a nadie, no sirve, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica: ni reconoce caras, ni las compara con ninguna base de datos, ni guarda quién es nadie, ni lleva ficha, ni sigue a una persona concreta por el centro. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no puntúa a nadie, no clasifica por comportamiento y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son situaciones que definió el centro: «hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie». Qué pasa, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza a alguien del personal?
Nada de eso. No abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión y no reemplaza a ninguna persona del centro. Tampoco reemplaza al conteo reglamentario ni a ningún protocolo de prevención: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de turno, y tiene que seguir siendo así: adentro de un centro, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Doscientos avisos al turno apagan cualquier sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Así que serán los que ustedes decidan, acotando la regla por zona, hora y duración. No es «avíseme si hay gente en el pasillo». Es «avíseme si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, durante más de un minuto». Con esos tres mandos, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y después se ajusta con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su centro, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide el centro, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos que juzgar, ni decide por su cuenta qué es normal en su patio: lo normal en un centro no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja allá. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obra o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Y los derechos de las personas del centro y los del personal?
Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y aquí la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que el centro definió —un patio, un pasillo, un andén de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona del centro y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no les puede decir «esta persona pasó por aquí seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje que corresponda, la información al personal y a las personas del centro, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, los firma la institución que lo instala, con sus servicios jurídicos y con la representación del personal delante. Desconfíen de quien les diga lo contrario.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ese es justo el punto: un centro ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una acomodada para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale del centro?
Sale solo si ustedes quieren, y en un centro penitenciario lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga el enlace. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿El aforo por zonas es confiable?
Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza al conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con un aguacero cerrado o con el objetivo sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas y un centro entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El hospital
Ir a la página¿Van a poner cámaras en las habitaciones?
En una habitación, no. Ni en un baño, ni en una sala de exploración, ni en ningún sitio donde se atiende o se explora a un paciente. Esto va antes que nada. Lo que IRIS mira son zonas comunes —pasillos, salas de espera, halls y accesos—, que es justo donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y ahí tampoco identifica a nadie: ni reconoce caras, ni las compara con ninguna base de datos, ni sabe quién es un paciente o un profesional, ni lleva ficha de nadie, ni entra a la historia clínica, ni se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso en el pasillo del tercer piso»: qué pasa, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?
Ni una cosa ni la otra. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no prioriza a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional e IRIS no participa en él. Tampoco entra a la historia clínica ni a ningún dato médico, y no se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no reemplaza a la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del piso siguen exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. IRIS tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Cuando todo avisa, no avisa nada: un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, y con razón. Por eso los avisos son los que ustedes decidan, acotando la regla por zona, hora y duración. No es «avíseme si hay alguien parado en el pasillo». Es «avíseme si hay una persona en el piso en este pasillo durante más de veinte segundos», o «avíseme si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Con esos tres mandos, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y después se ajusta con lo que salga las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se mira y qué no?
Lo decide el hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja allá, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en sus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obra o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué le contamos al comité de seguridad y salud y a los profesionales?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control horario, no es marcación y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún sitio y no puede decirles «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Separa a un profesional por la ropa —una bata, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación de los trabajadores delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, halls y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una acomodada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale del hospital?
Sale solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga el enlace. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de historia, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿La cifra de gente que espera en emergencia es confiable?
Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que ustedes puedan reforzar el turno o abrir otro mesón. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el objetivo sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna caída. Cuando IRIS la ve, ya pasó. Lo que cambia es el rato que esa persona está en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un pasillo y la sala de espera de emergencia, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El colegio
Ir a la página¿Van a reconocer a nuestros estudiantes?
A ninguno, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ninguna cara, no sigue a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee placas: en un colegio esa función no se prende. Y hay sitios donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestidores. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier unidad educativa ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarles a los docentes, al comité de padres y a las familias.
¿IRIS detecta el acoso escolar?
No lo detecta, y quien les diga lo contrario no les está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un corro cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién acosa, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es enseñarle al equipo del centro dónde y cuándo mirar, con el video delante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el tutor, el orientador, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.
¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?
Ni abre ni llama. No abre ni cierra la puerta del colegio, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al inspector de turno: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla a los docentes —no es control horario, no es marcación y no evalúa a nadie— y no sanciona a ningún carro. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del centro. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.
¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?
Cincuenta avisos por recreo apagan cualquier sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Así que serán los que ustedes decidan, acotando la regla por zona, hora y duración. No es «avíseme si hay un niño en el piso» —eso en un patio pasa a toda hora, y casi siempre porque están jugando—. Es «avíseme si hay un niño en el piso en esta cancha durante más de dos minutos», o «avíseme si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Y esa regla la escribe el centro con su equipo y con su orientador, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está allá cada día. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.
¿Qué les contamos a los docentes, al comité de padres y a las familias?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Se les enseña qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Y qué no se mira: los baños y los vestidores, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que IRIS no etiqueta a ningún niño. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un comercial nuestro: la información a las familias y el encaje que corresponda los firma el centro, que es quien responde de ello. Un sistema así solo funciona si los docentes y las familias saben exactamente qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ese es justo el punto: un colegio ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una acomodada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale del colegio?
Sale solo si ustedes quieren, y en un colegio lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga el enlace. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un curso, ni una cara guardada, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?
Es confiable porque no se configura hablando: se configura dibujando. Se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: en los baños y en los vestidores no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que el centro decidió que mire. Con poca luz o con el objetivo sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: un montón de niños que se tiran unos encima de otros jugando y una pelea pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna pelea y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y un centro entero con la puerta, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
La infraestructura
Ir a la página¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce caras?
Ni lee placas ni reconoce caras. Lo que ve es «una persona en la coronación» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. No compara nada con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Si lo que ustedes necesitan es saber de quién es un carro o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.
¿IRIS predice una crecida, una avería o un incendio?
No predice nada. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están acumulando delante del aliviadero, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.
¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?
Ni una cosa ni la otra: no abre ni cierra ninguna compuerta, no para ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco reemplaza a la instrumentación de la instalación: ni a un sensor de nivel, ni a la protección eléctrica, ni a un sistema de extinción, ni a ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo de ustedes y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.
¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?
Porque la ve por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un peldaño, el borde de un muro, una mota. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen, y por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No da una cota en metros ni reemplaza a la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.
¿Qué puede ver una cámara y qué no?
Tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos: una cámara ve lo que se ve, y no ve lo que no se ve. IRIS ve una compuerta en una posición, y no lee ningún telemando ni sabe si la orden llegó. Ve una sala inundada con las bombas quietas, y no sabe si una bomba está funcionando. Lee un nivel sobre una referencia física visible, y no es un limnímetro. Eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para reemplazar a sus sensores. Ahora bien, si la cámara es termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: IRIS ubica el punto caliente antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego empieza por dentro y cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada nuevo: IRIS mira las termográficas que ya tengan igual que mira las demás.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Zona, horario y duración: con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira. Acotar la regla es el trabajo del primer mes, y en una instalación sin personal eso pesa más que en ninguna otra: una regla mal acotada genera cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. Por eso no es «avíseme si hay alguien», sino «avíseme si hay una persona adentro del recinto cercado, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos».
Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?
Se puede procesar adentro de la propia instalación, sin salida a internet, y aquí es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas allí mismo, y las imágenes no salen de su red. Es la modalidad que define el producto. Si hay conexión, el aviso llega también a la central o al celular de quien esté de turno; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.
Aquí no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?
A quien ustedes decidan, porque ese es justo el problema: a esa hora no hay nadie delante. Puede ir a la central, al celular de quien está de turno, a la empresa de seguridad contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.
¿Quién decide qué es un aviso y qué no?
Decide el titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.
Una presa y un relleno sanitario no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?
Es el mismo sistema para los dos. Esta página enseña siete tipos de instalación —presa, planta de tratamiento, subestación, pozo de tormentas, cauce, relleno sanitario y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando ustedes no tienen una instalación sino cientos, repartidas por toda una provincia y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo sitio donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.
La industria
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?
Sirve, y ahora lo incómodo: una bodega no es un pasillo con luz fija. El polvo de una chancadora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega —lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen—, pero en el proyecto se revisa cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con mover unos grados y cuáles no dan para lo que ustedes quieren ver ahí.
¿Esto sirve para vigilar a los operarios?
No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras: IRIS no identifica a nadie. Detecta que hay manos adentro de un resguardo abierto; de quién son esas manos, no. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada ni salida y no sirve para sancionar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay comité de seguridad y salud, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?
Ni una cosa ni la otra. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de seguridad y salud. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está allá vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avise si hay alguien cerca del montacargas». Es «avise si una persona a pie está adentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se empieza por lo que de verdad importa en esa bodega, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video de la fábrica?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Eso importa en una planta donde el enlace se cae o donde no hay buena conexión. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?
Es el mismo sistema, y lo que cambia es lo que se le pide. Una esclusa de farmacéutica, un dique de contención de química y una banda de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una acería y una fábrica de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.
¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?
Todo lo que no cabe en una imagen, y en una planta esa lista es importante. No lee un sensor ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. No ve adentro de una máquina cerrada, de un tanque ni de una tubería. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.
¿Reemplaza a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de seguridad y salud?
No reemplaza a ninguno: convive con todos. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y se necesitan las dos. Lo que aporta IRIS es la capa que hoy les falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar lo que está pasando delante de ellas. Pueden seguir grabando y manejando el video donde lo hacen ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.
Además de avisar, ¿puede medir?
Puede, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay adentro de una zona, cuántos pallets pasan por un punto, cuánto rato lleva detenida una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología —el de España—, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?
Según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una bodega con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce fábricas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los parqueaderos
Ir a la página¿Necesito un sensor en cada puesto para saber cuántos quedan libres?
No hace falta ninguno. El número sale de mirar los puestos con las cámaras que el parqueadero ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada puesto e IRIS mira si hay carro o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de puestos a la vez, y encima separa el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de recarga. No hay que levantar el asfalto, ni cablear piso por piso, ni cambiar de sitio nada de lo que ya funciona.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?
Sirve, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un piso con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los puestos del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se le dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿El número del letrero de la entrada es confiable? ¿Y cuando el parqueadero está lleno?
Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los puestos. Contar carros en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el letrero dice «lleno» con cuarenta puestos libres en el piso cuatro. Aquí cada puesto se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio puesto o hay un pasillo sin luz, ese puesto concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, puesto por puesto, y se decide qué cámara se mueve y qué zona se deja fuera del recuento.
¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?
Lee placas, y sí: una placa es un dato personal y se trata como tal. Lo decimos así de claro porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión suya, cámara por cámara: se puede activar en la barrera para el abono y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirle de quién es ese carro: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de su sistema de abonados y de su organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?
A nadie, y el conteo tampoco: dice cuántos carros y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno, y no queda nada más de ella. IRIS no reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un carro subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un carro delante de la puerta.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que suelta doscientos avisos al día se ignora en cuatro días, y en un parqueadero eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es «avise si hay un carro parado». Es «avise si un carro lleva más de unos minutos parado fuera de puesto en el piso cuatro, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video del parqueadero o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted elija, y son dos. En la local no sale: el servidor está en su propio edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Es lo habitual en un parqueadero subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios parqueaderos conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo sitio.
¿Reemplaza a las barreras, al sistema de tickets o a la instalación contra incendios?
A ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisarle a quien puede bajar hasta allá. Y aquí va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un carro enchufado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de detección y extinción que exige la normativa aplicable. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un parqueadero?
Bastantes cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en su sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un carro. No sabe si quien parquea en el puesto reservado tiene derecho a hacerlo, solo ve que hay un carro ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay adentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que pasa delante de las cámaras que usted ya tiene, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien reclama.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un parqueadero?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos parqueaderos entran, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los puestos de un piso que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un piso, dos o tres reglas y el conteo de puestos libres, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántos puestos y cuántas cámaras tiene y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los coliseos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el recinto?
Sirve, y se les dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara de la gradería no distingue una cara desde el otro lado del recinto, y tampoco hace falta que la distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega —lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen—, y en el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí.
¿IRIS identifica a la gente o reconoce caras en la gradería?
Ni lo uno ni lo otro. No compara a nadie con ninguna lista, ni con ningún registro de vetados, ni con ninguna base de datos, y no guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un corro que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una baranda, una bengala prendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.
¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y controlar el aforo?
Puede, y se hace con una raya y una zona. Se traza la raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de un túnel de acceso o de un hall y usted sabe cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Funciona con el recinto lleno, que es cuando hace falta?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta gente hay por metro en esa zona y si el grupo avanza o se detuvo. Medir densidad y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar de uno en uno es en las puertas y los torniquetes, porque ahí la gente pasa en fila.
¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?
Depende del sitio, y conviene decir primero lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde la central mirando la pantalla. En una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de un túnel de acceso. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está allá.
¿Esto reemplaza al personal de sala, al plan de autoprotección o al control de accesos?
A ninguno de los tres: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no para un torniquete y no manda a nadie a ningún sitio: abre la cámara, enseña lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?
El aviso no va a un correo: va a la radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Y son los que pida su regla, que se afina en los primeros eventos, porque un sistema que da cien avisos en un concierto se apaga al segundo. Por eso la regla no es «avise si hay mucha gente», sino «avise si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso»: zona, umbral, duración y destinatario. Después se repasa un evento entero con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del recinto o se queda adentro?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En un recinto eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.
Una feria y un concierto no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?
No hay que rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que toque. El sistema está pensado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo: las zonas se redibujan sobre la imagen, así que si el escenario tapa media gradería y aparece un foso delantero, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la gira entera.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un recinto?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un coliseo pequeño que las graderías, los túneles de acceso y las barras de uno grande. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: las dos puertas que se atascan siempre, el conteo del aforo, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntenos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los hoteles
Ir a la página¿Hay cámaras en las habitaciones?
Ninguna. Tampoco en los baños ni en los vestidores del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara y no la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el salón, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: sitios comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien le ofrece analizar el interior de una habitación, sepa que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Esto sirve para controlar a mi personal?
No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS mide la situación, nunca a la persona: ve «una mesa sin recoger desde hace ocho minutos», no ve quién tenía que recogerla. El aviso sirve para abrir otro mesón o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mesero ni para puntuar a un recepcionista. No identifica a nadie, no sirve para marcar entrada ni salida y no sirve para sancionar. Si hay comité de seguridad y salud, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor.
¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce caras?
Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella. Detecta objetos, comportamientos y situaciones —una fila que crece, una maleta sola en el salón, una bandeja vacía, una persona en el piso— y nada de eso pasa por una cara. No compara rostros con ninguna base de datos, no sigue a nadie de un salón a otro y no se cruza con el programa de fidelización ni con la ficha de reserva. El conteo es agregado y anónimo: dice cuántas personas hay en el comedor a las nueve y media, nunca quiénes eran.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?
Sirve, y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no distingue si una bandeja del bufé está vacía, y la de recepción a contraluz de una fachada de vidrio al mediodía da una imagen quemada donde no se cuenta bien. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega —lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen—, pero en el proyecto se mira cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?
Lo mide, y se hace dibujando, no hablando: se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del mesón. IRIS cuenta cuánta gente entra a la zona y cuánta llega a ser atendida, y la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?
Funciona, y lo importante va primero: IRIS no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga. Dicho eso, una llamarada sobre el sartén se ve muy bien —es grande, es brillante y aparece de golpe— y un charco en el piso también. Lo que se ve mal es el humo fino, y el vapor de una máquina de lavar platos o de una marmita puede tapar media imagen y confundirse con humo. Además la grasa se pega a la óptica y va emborronando el encuadre: la cámara de cocina hay que limpiarla.
¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana. Por eso una regla no es «avise si hay fila»: es «avise si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mesones abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular del jefe de turno o de la gerencia, no a una pantalla de la oficina que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del hotel?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo sitio: condiciona la red de cada establecimiento.
¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?
Sirve para los dos; lo que cambia no es el sistema, es qué hace usted con el dato. En un hotel solo sirve para decidir su hotel: a qué hora abrir el segundo mesón, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece. En una cadena aparece algo que un hotel solo no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, medida igual en cuarenta establecimientos. El hotel donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. Empezar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un resort entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los puertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el terminal?
Sirve, y ahora la parte incómoda. Un patio es largo, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan la óptica velada, y una cámara sucia ve menos cada semana. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega —lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen—, pero en el proyecto se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con mover o limpiar y cuáles no dan para lo que usted quiere ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Funciona si se cae el enlace?
Funciona, y en un terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es local: los servidores están adentro del terminal, el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para funcionar; si el enlace se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se detiene. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: ahí el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.
¿Esto es para vigilar a los estibadores?
No es para eso, y hay que decirlo con todas las letras: IRIS no identifica a nadie. Ve que una persona cruzó el cerramiento o que camina hacia la vertical de la carga; quién es esa persona, no lo ve. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada ni salida y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Al comité se le enseña exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Un terminal donde el comité entiende para qué está el sistema funciona; uno donde no lo entiende, no.
¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza bajo la carga?
No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza a quien señaliza la maniobra ni al plan de seguridad del terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está allá vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Ve de noche, con neblina y con aguacero?
Según cuánta imagen quede, y aquí preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con aguacero se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien le diga lo contrario no pasó una madrugada de garúa en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien de pie adentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien de pie». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Esto vale para el plan de protección del puerto?
Vale como una herramienta más, nunca como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce del cerramiento o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: aprobar y firmar ese plan no nos toca a nosotros ni depende de nosotros. Entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.
¿Reemplaza al cerramiento, a los sensores de la malla o a los guardias?
A ninguno de los tres. El cerramiento sigue haciendo falta: una malla detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores siguen donde están, y IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la malla, IRIS dice qué se ve ahí y enseña la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardias pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.
¿Sirve para un terminal solo o para todo el puerto?
Para los dos, y cobra otro sentido en el puerto entero. En un terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué muelle acumula más cruces bajo la carga, cuál los corrigió después de una charla de cinco minutos y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la impresión de quien recorre más muelles. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por un terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.
¿Cuánto cuesta?
Según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un par de puntos de un terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La banca
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce caras?
Ni los identifica ni reconoce caras. No compara rostros con ninguna lista ni con ninguna base de datos, no construye perfiles de nadie y no se cruza con sus sistemas de cliente. Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el hall, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de su casa, siempre.
¿Esto avisa antes de que pase algo grave en la agencia?
Adivinar la intención de alguien no lo hace, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión: quien les prometa eso les está vendiendo humo. IRIS no predice lo que va a hacer una persona. Lo que sí ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con la cara cubierta donde no toca, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.
¿Sirve con las cámaras que ya tienen las agencias?
Sirve, y se los decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y el hall de cajeros a oscuras estropean cualquier imagen, incluida la nuestra. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega —lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen—, pero por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿Sale el video de la agencia o se queda adentro?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la agencia o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de agencias conviene decidirlo pronto, porque condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, en una agencia llena de clientes?
Lo que más pesa en una agencia va primero: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. Debajo de eso, el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Reemplaza a la alarma conectada a la central, a los guardias o al control de accesos?
A ninguno de los tres: convive con ellos y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy les falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.
Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?
Sirve, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelve. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación buscando cuatro minutos. Con IRIS se describe con una frase lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el hall— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y conviene decir la otra mitad: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es lo que la hace valer como prueba.
¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avise si hay alguien en el hall de cajeros». Es «avise si alguien lleva más de tantos minutos en el hall, fuera del horario de agencia». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —quien administra la agencia, la central de monitoreo, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de agencias?
Se puede, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una agencia. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una agencia no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve qué agencias acumulan puertas que se quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se empieza por unas pocas y se decide después.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de agencias?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas agencias entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una agencia con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: unas pocas agencias, las reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los casinos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya están encima de las mesas?
Sirve, y poner una cámara nueva es la excepción y no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que la sala quiere ver ahí —una cámara puesta para cubrir el pasillo puede no llegar a leer el tapete— y se dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados.
¿IRIS reconoce caras, controla la autoexclusión o detecta menores?
Ninguna de las tres. No identifica a nadie: no compara ningún rostro con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a un jugador por la sala y no se cruza con ningún programa de fidelización. Y aquí está la línea, dicha antes de que la pregunten: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no se va a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.
¿Sale el video de la sala?
Depende de la modalidad que la sala elija, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.
¿Cuánto se demora en encontrar una jugada de hace dos horas?
Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y rebobina. Con IRIS se describe en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y se llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se para IRIS. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y lo que valga ante cumplimiento lo marcan el procedimiento de la casa y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por nadie.
¿Los números de la sala son confiables?
Lo son porque no se configuran hablando: se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el tapete, y a partir de ahí el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se demora la caja. Y en el conteo de personas no hay que quedarse con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Cuántos avisos se reciben por turno?
Doscientos avisos por turno apagan cualquier sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Serán los que decida la sala, acotando la regla por zona, franja horaria y duración. No es «avise si hay gente de pie junto a una mesa», sino «avise si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa durante más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía». Con esos tres mandos, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando de verdad importa. Y después se afina con lo que salga las dos primeras semanas en esa sala, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide la sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en ese tapete: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja allá. Si mañana cambia el horario, se cierra una mesa o se abre una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se le puede enseñar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué no ve IRIS en una mesa?
Bastantes cosas, y conviene decirlas antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro y una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala ve peor, y con el objetivo sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo entre sí: recoger una ficha y mover una ficha se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni dice quién hizo trampa. IRIS no es infalible y no se va a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto se demora en estar funcionando en la sala?
No damos un plazo que todavía no controlamos, porque depende del tamaño de la instalación. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en esa sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué se quiere ver en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue se elige y si el hardware lo pone la casa o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede empezar pequeño: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos y los números antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los malls
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el mall?
Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara colgada para vigilar un acceso a lo mejor no llega a contar en el corredor del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados.
¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce caras?
Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de una tienda a otra y no se cruza con ningún programa de fidelización. Y como esto sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el menor perdido: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero no lo busca por su cara ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.
¿Sale el video del mall?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del mall.
¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?
El contador de la puerta dice cuánta gente vino; esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué pisos se quedó, qué corredores evitó y qué cambió el día que ustedes lanzaron la campaña. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando pasa. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Podemos dar estos números a los operadores de las tiendas?
Son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder datos de ninguna persona: pueden, y es una de las razones por las que esto se instala. Cuánta gente pasa por delante de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. La venta no está aquí —está en la caja del operador, y ahí no entramos—, pero al juntar las dos mitades el diagnóstico cambia. ¿Pasa mucha gente y no entra casi nadie? El problema es la vitrina o el letrero. ¿No pasa nadie? El problema es el corredor, no la tienda. Hoy las dos cosas se parecen en el informe —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.
¿Cuántos avisos vamos a recibir en la central?
Los que ustedes decidan, y ahí está la clave, porque cuando todo avisa no avisa nada: un sistema que suena doscientas veces al día está apagado a la semana, y con razón. La regla se acota por zona, franja horaria y duración. No es «avíseme si hay gente parada en la escalera mecánica», sino «avíseme si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». Con esos tres mandos, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y después se afina con lo que salga las dos primeras semanas en su mall, no en uno cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
Lo decide el mall, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su corredor: lo normal en un mall de barrio no es lo normal en uno de tres pisos con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja allá. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la campaña de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS un sábado en la tarde?
Con el mall lleno, IRIS deja de distinguir a unas personas de otras cuando se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un sábado. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los pisos no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que pasa fuera del encuadre, detrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.
¿Cuánto se demora en estar funcionando?
No les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos, porque depende del tamaño del mall. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad adentro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hace falta que pasen un día flojo, un sábado y un día de campaña. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un mall?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un piso que cubrir tres pisos, el patio de comidas y las rampas del parqueadero. Y se puede empezar pequeño: los accesos y un piso, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los aeropuertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el terminal?
Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara puesta para ver el hall entero puede que no llegue a contar la boca de una fila— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce caras?
Un pasajero contado es un uno: no queda nada más de él. No compara caras con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona por el terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ningún pase de abordar. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control de documentos, no verifica nada, no reemplaza al escáner ni a quien atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un counter abierto y vacío, una banda detenida.
¿Sale el video del aeropuerto?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿Los minutos de espera del filtro son un número confiable?
Lo son porque no se configuran hablando: se configuran dibujando. Una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que es un tercero independiente. Dicho con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a una acreditación ecuatoriana.
¿Detecta un equipaje abandonado?
Lo detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, adentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de turno, con el protocolo del aeropuerto delante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un hall lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avíseme si hay fila», sino «avíseme si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en su terminal, no en uno cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
El aeropuerto, nunca IRIS. Y hay que decidir dos cosas, porque son dos y no se configuran igual: lo que se vigila se escribe hablando —una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar—, y lo que se mide se dibuja: una raya en el piso, una zona sobre una sala. IRIS no trae de fábrica ninguna lista de comportamientos, ni decide por su cuenta qué es normal en su hall a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y si cambia el horario de un vuelo de madrugada, si se cierra un pasillo por obra o si se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS en un terminal lleno?
Existe una lista, y conviene decirla antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: con el hall lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo en la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el objetivo sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.
¿Cuánto se demora en estar funcionando?
No les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos, porque depende del tamaño de la instalación. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en el terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir el filtro y la sala de la banda de equipaje que cubrir un terminal entero con sus tiendas, sus pasillos y su subsuelo. Y se puede empezar pequeño: el filtro y la banda de equipaje, ver los números con su equipo delante y decidir después. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
La seguridad pública
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?
Sirve, y ese es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a todas horas. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara acomodada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que a ustedes les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿IRIS identifica a las personas, reconoce caras o sigue a alguien por el territorio?
Ninguna de las tres, y hay que decirlo con todas las letras. No compara ninguna cara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni puntúa a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió quien explota el sistema: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leer placas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.
¿Sale el video de nuestras instalaciones?
Sale solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar: si se cae el enlace, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?
Aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si eso sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un comercial nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.
¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?
Conviene contestarlo antes de que lo pregunten: no se mira adentro de una vivienda, ni en un vestidor, ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide quien explota el sistema, con su marco, sus servicios jurídicos y la información pública que corresponda. Eso lo firma quien lo instala, no nosotros; desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software es que el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Cuántos avisos van a llegar a la central?
Doscientos avisos por turno apagan cualquier sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Así que serán los que ustedes decidan, acotando la regla por zona, franja horaria y duración. No es «avíseme si hay un vehículo parado». Es «avíseme si hay un vehículo parado en este costado de la vía, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos». Con esos tres mandos, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas en su territorio, no en el de otro.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide quien explota el sistema, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones: eso se escribe ahí, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su territorio: lo normal en la costa no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja allá. Si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué es lo que IRIS no ve?
Hay una lista, y conviene decirla antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con neblina, con un aguacero cerrado o con el objetivo sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto se demora en estar funcionando?
No les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos, porque depende del tamaño del despliegue. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y un territorio entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un acceso, un tramo de vía de montaña, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
Los centros de datos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?
Sirve, y poner una cámara nueva es la excepción y no el punto de partida. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara acomodada para cubrir el pasillo entero a lo mejor no llega a ver si un rack quedó abierto— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿IRIS identifica al personal o reconoce caras?
Ni identifica ni reconoce caras. No las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no sigue a una persona por el centro. Y esto también va hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir el rendimiento de una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este rack está abierto sin nadie delante». Si hace falta un nombre, lo pone después su control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.
¿Sale el video del centro de datos?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión suya, no una condición nuestra.
¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?
Detecta que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Cuántas autorizaciones hubo no está en la imagen: ese dato vive en su control de accesos. El cruce lo hace su sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se convierte en un problema. Ese reparto es a propósito: la cámara aporta el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó o enseñárselo a quien viene a auditar.
¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?
Avisa de las tres, y también de un rack que se queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no reemplaza a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a sitios donde no hay sonda y enseña la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Doscientos avisos por turno apagan cualquier sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Serán los que ustedes decidan, acotando la regla por puerta, franja horaria y tiempo. No es «avíseme si esta puerta se abre», sino «avíseme si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Con esos tres mandos, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y después se ajusta con lo que salga las dos primeras semanas en su centro, no en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide el centro, no IRIS. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en sus pasillos: lo normal en una sala de operación no es lo normal en un andén de descarga, y eso lo sabe quien trabaja allá. Si mañana cambia un procedimiento, se abre una sala nueva o se corta un pasillo por obra, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.
¿Qué no ve IRIS en un pasillo de racks?
Varias cosas, y conviene decirlas antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: un rack tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo estrecho el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el objetivo sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto se demora en estar funcionando?
No les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos, porque depende del tamaño de la instalación. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este rack—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Se calcula por cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de entrada y el andén de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar pequeño: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.
El estado de las cámaras
Ir a la página¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?
Con las que ya tiene, sean del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.
¿No me va a llenar el día de avisos?
Está pensado justo para que no. Cada cosa lleva su umbral y su tiempo: una gota de aguacero tiene que seguir ahí un buen rato, la suciedad tiene que ir a peor varios días, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por una racha de viento. Solo tres cosas avisan al momento: que la cámara esté tapada, que esté girada o que haya perdido la señal. Todo lo demás no interrumpe a nadie: espera al parte del día.
¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?
Porque se lo guarda. El primer día IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está bien —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche— y esa es su referencia. Es de esa cámara y de ninguna otra: una del andén y una del hall no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada. Después compara cada día contra su propia referencia, no contra un ideal.
¿Cada cuánto revisa las cámaras?
Lo decide usted. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté delante de la pantalla. Al terminar queda un parte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Baja a hoja de cálculo.
¿Esto cuesta aparte?
No cuesta aparte, porque lo que se paga es la cámara: la licencia es por cámara y no por pregunta. Pedirle que avise si alguien se cae y pedirle que le diga si esa misma cámara está sucia cuesta exactamente lo mismo. No hay módulo de mantenimiento aparte ni precio por cada cosa que usted quiera vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tiene.
¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?
Subir hay que subir, y eso no se disimula: IRIS no repara nada, no reinicia equipos y no limpia domos. Lo que hace es que quien sube vaya sabiendo a qué va y en qué orden. La diferencia no es pequeña: en vez de recorrer cuatrocientas cámaras porque toca la ronda del calendario, usted tiene la lista de las once que de verdad tienen algo, con su imagen delante. Y de esas once, alguna se arregla desde abajo.
¿Y si la suya no está?
Escríbanos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el siguiente que la tenga.
Siguiente paso
El centro penitenciario
¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando empieza la pelea?
17 casos: 16 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
El hospital
¿Cuánto se demora en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la madrugada?
13 casos: 12 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Las cámaras que compró hace añossiguen sirviendo. Lo que les faltaba no era calidad.
Era que alguien mirara, nada más. Los mismos equipos y los mismos cables: IRIS se conecta a la instalación que usted ya tiene, y esas imágenes pasan de guardarse a entenderse.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día hábil.