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¿Quién mira un muelle entero a las tres de la mañana?

Un terminal es enorme, no para nunca y casi nadie lo mira. IRIS sí.

Dos cosas conviene decirlas pronto. IRIS no identifica a nadie: ve que alguien cruzó el cerramiento, y no dice quién es ni a qué vino. Y funciona sin internet, porque en un terminal aislado el enlace se cae y la operación no se detiene. Aquí se enseñan catorce cámaras: trece que avisan cuando pasa algo y una que no avisa de nada, solo mide.

Lo que está en juego en un terminal

Ocho segundos está ahí abajo el que cruza por debajo de una carga colgada. El que se queda de pie adentro de la zona de retroceso de un cable no sabe que está adentro. El contenedor que quedó cruzado sobre la pila lo ve el turno siguiente. Y el reefer que se quedó sin enchufe se descubre al abrir la puerta, cuando ya no tiene arreglo. Porque un terminal es mucho terreno a la intemperie y no para de noche, ni con aguacero, ni con viento: cámaras hay por todas partes, y en la central hay dos personas que además llevan la operación.

IRIS mira por usted. Analiza a la vez todas las cámaras que el terminal ya tiene y solo interrumpe cuando se cumple una regla que puso su equipo: alguien caminando hacia la vertical de la carga, una persona de pie en la zona de retroceso de la amarra, un peatón y una máquina que convergen en un punto ciego, alguien que cruzó el cerramiento, una lancha que se acerca por el agua, un contenedor cruzado sobre la pila, un reefer con el cable en el piso, un líquido avanzando por el cantil. El aviso llega con la cámara, la hora y el video, mientras está pasando, a quien puede parar la maniobra por radio. Y no identifica a nadie: ve que alguien cruzó el cerramiento; no dice quién es ni a qué vino.

Media hora de muelle sin un solo ciclo de grúa es plata parada, y hasta ahora eso se contaba a pulso o no se contaba: ahí es donde IRIS mide, cuando no hay nada que avisar. Y medir no se configura hablando: se configura dibujando una línea o una zona sobre la imagen, porque una raya no se puede describir con una frase. Por eso el número sale igual todos los días y se puede auditar. Todo esto, además, pasa adentro del terminal: los modelos viven en la instalación del cliente, así que corre sin internet y la imagen no sale a ningún tercero. En un muelle donde el enlace se cae, eso no es un detalle.

La escala real

Catorce cámaras aquí. Un terminal que no cabe en ninguna pantalla.

Aquí el eje no son los kilómetros de una vía ni los pasajeros de una estación: son las hectáreas y los turnos. Muelle, patio de contenedores, zona de reefers, puerta de camiones, vía de tren, perímetro y línea de agua, todo a la intemperie y todo funcionando de noche. Cámaras hay muchas; gente para mirarlas, muy poca, y esa misma gente lleva la operación. Ese es el problema que resuelve IRIS: analiza las cámaras que haya, todas a la vez, las veinticuatro horas, y solo interrumpe cuando se cumple una regla. Y lo hace adentro de la instalación, sin depender de un enlace a internet que en un muelle se cae. Esta demostración enseña catorce cámaras porque catorce caben en una pantalla.

La interfaz real, paso a paso

No se lo contamos. Se lo enseñamos.

Va sola, paso a paso, y enseña solo el camino de un caso: es un resumen de la pantalla real. La herramienta de verdad tiene muchas más funciones de las que caben aquí.

  1. Salta el aviso
  2. Entra a la bandeja
  3. Usted abre el aviso
  4. Confirma o descarta
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Y ahora piense en su terminal

Imagine saber todo eso mientras el turno sigue en el muelle.

El que cruzó por debajo de la carga a las cuatro y diez, cuando el operador de la grúa no lo veía. El que estaba de pie adentro de la zona de retroceso mientras se tensaba la amarra. El contenedor que quedó cruzado sobre la pila el martes y nadie vio hasta el jueves. El reefer que llevaba once horas con el cable en el piso. El peatón y la máquina que coincidieron en el punto ciego de la esquina. El que saltó el cerramiento el domingo en la noche. La lancha que se acercó al muelle antes de que amaneciera. Y la media hora de muelle parado que no aparece en ningún parte.

En la central hay dos personas y en las pantallas hay muchas más cámaras que ojos, así que ahora mismo eso no lo sabe nadie. Y está pasando delante de cámaras que el terminal ya tiene puestas. IRIS las mira todas a la vez y lo dice mientras está pasando, a quien puede parar la maniobra. Adentro del terminal, sin depender de internet.

Lo que se pregunta en la visita al terminal

Las diez preguntas que salen antes de firmar nada.

IRIS avisa mientras está pasando; parar la maniobra sigue siendo cosa de una persona. Lo demás va contestado en la primera línea, sin rodeos y sin prometer que un sistema evite un accidente en el muelle.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene el terminal?

    Sirve, y ahora la parte incómoda. Un patio es largo, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan la óptica velada, y una cámara sucia ve menos cada semana. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega —lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen—, pero en el proyecto se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con mover o limpiar y cuáles no dan para lo que usted quiere ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Funciona si se cae el enlace?

    Funciona, y en un terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es local: los servidores están adentro del terminal, el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para funcionar; si el enlace se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se detiene. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: ahí el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.

  • ¿Esto es para vigilar a los estibadores?

    No es para eso, y hay que decirlo con todas las letras: IRIS no identifica a nadie. Ve que una persona cruzó el cerramiento o que camina hacia la vertical de la carga; quién es esa persona, no lo ve. No reconoce caras, no las compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada ni salida y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Al comité se le enseña exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Un terminal donde el comité entiende para qué está el sistema funciona; uno donde no lo entiende, no.

  • ¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza bajo la carga?

    No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza a quien señaliza la maniobra ni al plan de seguridad del terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está allá vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Ve de noche, con neblina y con aguacero?

    Según cuánta imagen quede, y aquí preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con aguacero se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien le diga lo contrario no pasó una madrugada de garúa en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien de pie adentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien de pie». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Esto vale para el plan de protección del puerto?

    Vale como una herramienta más, nunca como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce del cerramiento o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: aprobar y firmar ese plan no nos toca a nosotros ni depende de nosotros. Entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.

  • ¿Reemplaza al cerramiento, a los sensores de la malla o a los guardias?

    A ninguno de los tres. El cerramiento sigue haciendo falta: una malla detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores siguen donde están, y IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la malla, IRIS dice qué se ve ahí y enseña la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardias pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.

  • ¿Sirve para un terminal solo o para todo el puerto?

    Para los dos, y cobra otro sentido en el puerto entero. En un terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué muelle acumula más cruces bajo la carga, cuál los corrigió después de una charla de cinco minutos y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la impresión de quien recorre más muelles. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por un terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar pequeño: un par de puntos de un terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan allá, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Y lo mejor

Contar no es vigilar.Es saber cuántos pasaron, y a qué hora.

Sirve para comparar: dos martes, dos puertas, dos temporadas. Como se mide igual todos los días, la comparación se sostiene sola y no hay nada que discutir.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Respondemos el mismo día hábil.