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¿Y si el mapa no tuviera que salir a internet?

El mapa del mundo vive dentro de su servidor, no en el de otro

Cada vez que un sistema pide un mapa, en esa petición viaja algo en lo que casi nadie repara: dónde está mirando quien opera. Y casi cualquier sistema que enseñe un mapa se lo está pidiendo a un proveedor de afuera. IRIS lleva la cartografía adentro —calles, portales, edificios, relieve y direcciones de medio mundo, cifradas en el servidor— y no hace ni una llamada a un tercero. El mapa se dibuja igual con el cable de internet desconectado.

De un vistazo

Lo que sabe hacer

  • Cartografía dentro de casa

    Calles, edificios, portales, relieve y casi 145 millones de direcciones, sin una sola llamada para afuera. El catálogo son 185 países, y se instalan y se quitan uno por uno en el servidor del cliente.

  • El mapa, bajo llave

    Copiar el disco no da acceso al mapa. La cartografía se guarda cifrada adentro del propio servidor y la clave la custodia el servidor, aparte del dato: sin esa clave no se abre, ni entera ni a medias.

  • Buscar un sitio, sin salir para afuera

    Escriba mal, sin tildes o con abreviaturas: igual encuentra la ciudad, la calle, el lugar o el número de portal. Y cada resultado llega con su grado de confianza y con la procedencia del dato, que en un expediente no da lo mismo.

  • De un punto a un portal

    «El portal más cercano al punto es el 14, a doce metros»: eso es lo que devuelve al tocar un lugar del mapa, con la distancia en metros y el margen que declara. En un parte pesa bastante más que un «pasó en el número 14».

  • El mapa operativo

    Con el vivo a un clic, y a la misma hora: las cámaras, las novedades, las placas leídas, los planos y los vehículos, todos sobre el terreno real. Y el mapa también retrocede: la grabación y las novedades se mueven con él.

  • Planos de interior, piso por piso

    Veinte pisos salen como veinte planos independientes de una sola pasada, subiendo el PDF del proyecto. Cada uno con su escala real, el norte marcado y el cono de visión de cada cámara recortado por las paredes, que es como se ve qué pasillo queda ciego.

  • Una pizarra sobre el mapa

    El invitado no instala nada ni tiene cuenta, y aun así dibuja sobre lo mismo que usted, al mismo tiempo, desde otra sede. El enlace lleva PIN, vencimiento e idioma propio, y se revoca de golpe cuando termina.

  • Vehículos y activos, en vivo y en histórico

    Desde cualquier punto del recorrido se cae en el video de la cámara más cercana en ese mismo instante. Encima, la traza va coloreada por velocidad, cada entrada y salida de una zona dibujada avisa, y un área trazada a mano contesta quién pasó por ahí.

  • El invitado ve lo que ve usted

    El invitado no navega por su cuenta: el enlace puede llevar su encuadre en vivo, así que mira exactamente donde mira usted. Entra sin sesión, con sesión o con PIN, con la videoconferencia adentro si hace falta, y un enlace revocado deja de servir al instante para todo el que lo tuviera.

  • Cada dirección dice de dónde sale

    Una dirección salida de un registro oficial y otra salida de cartografía colaborativa no pesan lo mismo en un expediente, y el sistema no las iguala: dice de cuál de las dos viene y con qué grado de confianza. Y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga.

  • Una sede es un recinto, no un punto

    Cada sede lleva su perímetro real —tomado de la cartografía, dibujado a mano, importado o calculado envolviendo sus cámaras— y con eso el sistema deduce qué cámara es de qué sede. Así una cámara del parqueadero deja de contarse como si fuera del terminal.

  • Quién ve qué mapa

    En una operación repartida en varios territorios, el equipo de uno no tiene por qué ver el mapa del vecino: el acceso se acota por país. Y todo queda escrito: quién puso cada cámara sobre el plano y cuándo, quién fijó un perímetro y de dónde salía.

Por qué importa de dónde sale el mapa

El mapa que pide dice dónde está mirando

Hágale esta pregunta a cualquier sistema que esté comparando: de dónde saca el mapa, y qué se lleva consigo cada vez que lo pide. Porque un sistema que dibuja un mapa se lo está pidiendo a un servicio de afuera, y en esa petición va escrito qué pedazo de mundo tiene delante quien opera, y a qué hora lo tiene delante. Para un centro penitenciario, una subestación eléctrica o una instalación crítica, eso es información saliendo del edificio sin que nadie de la organización lo haya decidido. IRIS instala la cartografía adentro: 185 países que se agregan y se quitan uno por uno, con casi 145 millones de direcciones ya cargadas, el relieve y las curvas de nivel. No hay llamada a un tercero al dibujar el mapa, ni al buscar una dirección, ni al traducir una coordenada en un domicilio; tampoco hay cuota por consulta ni proveedor remoto que se caiga, y todo viaja por el mismo puerto seguro que el resto de IRIS, así que al área de redes no hay que pedirle nada más para tener mapas.

El redondel de la entrada. El andén de carga. El tercer piso. Quien coordina no piensa en una lista de nombres de cámara: piensa en un sitio. El mapa operativo pone sobre el terreno todo lo que tiene posición —las cámaras con su estado, las novedades con su color, las placas leídas en la última hora, los planos anclados y los vehículos en marcha— y desde ahí se abre el vivo, se manda una cámara al mural o se pregunta por ella en lenguaje natural. Cuando hay muchos elementos juntos se agrupan en una burbuja con el número adentro, y si dos están exactamente en el mismo punto el sistema lo dice y despliega la lista, en vez de dejar a alguien acercando el mapa en vano. También dice cuántas cámaras no salen porque nadie les puso posición: de ahí sale casi siempre el «faltan cámaras». Y todo se mide y se anota encima —distancias, áreas, flechas, notas—, se guarda el encuadre para volver mañana al mismo sitio y se ponen varios relojes a la vez, porque un centro que vigila sedes en tres husos horarios necesita ver las tres horas.

Adentro del edificio está la mayoría de las cámaras, y ahí la cartografía de la calle ya no sirve: hace falta el plano. Se sube en PDF, TIFF, JPG o PNG, se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y de un proyecto de veinte pisos salen veinte planos en una sola pasada. Cada uno se calibra con una medida conocida —una puerta, la fachada— y desde ahí mide de verdad: la distancia entre dos cámaras del pasillo deja de ser una estimación. Se le marca el norte, y el cono de visión de cada cámara se recorta contra las paredes dibujadas, de modo que el pasillo ciego aparece en pantalla antes de instalar nada. El plano se ancla al mapa del mundo y se entra al edificio con un clic; o se abre el muro de planos y el plano queda junto a dieciséis cámaras en la misma pantalla, en vivo o en grabación. Y sobre cualquiera de las dos se arma una sala de situación en segundos: se comparte un enlace, el invitado abre sin cuenta y sin instalar nada, los dos dibujan encima a la vez, y al terminar el enlace se revoca y deja de servir para cualquiera que lo tuviera.

Un vehículo lleva al video, y el video devuelve al mapa: desde un punto del recorrido se salta a la grabación de la cámara georreferenciada más cercana en ese instante. Antes de eso, en la misma pantalla, la traza va coloreada por velocidad y con los tramos parados aparte, las zonas dibujadas avisan de cada entrada y cada salida, y el sistema anota por su cuenta seis clases de suceso de conducción —frenada, aceleración y giro bruscos entre ellas—, cada una con su valor medido. Se dibuja un área, se elige el periodo y contesta quién pasó por ahí, cuántas veces y a qué hora. Cada una de las nueve zonas de esta web enseña una imagen con sus marcadores; esto es lo mismo, pero sobre cartografía de verdad y con la instalación completa encima: las sedes con su perímetro real, los planos de cada piso y cada medición atribuida a su sitio exacto.

Hay un momento de la demostración en el que se hace el silencio: se desconecta el cable de red delante del cliente y se escribe una dirección con su número de portal. Y aparece. La búsqueda no compara letra por letra sino por parecido, así que aguanta las faltas de ortografía, las tildes que faltan y las abreviaturas —quien escribe «malecon» encuentra el Malecón— y ordena los resultados de más a menos parecido. Cada uno llega con su calle, su número, su código postal, su coordenada, un grado de confianza para botar las coincidencias flojas y, sobre todo, la procedencia del dato: no es lo mismo una dirección salida de un registro oficial que una salida de cartografía colaborativa, y el sistema lo dice en vez de igualarlas. Al revés funciona igual: se toca un punto y devuelve los domicilios más cercanos con la distancia en metros y el margen que declara, que es la diferencia entre escribir «pasó en el número 14» y escribir «el portal más cercano al punto registrado es el 14, a doce metros, con un margen declarado de diez». Y cada conjunto cartográfico guarda su versión de origen y su fecha de carga, así que meses después se puede contestar la pregunta incómoda de una investigación: de qué edición del callejero salió esa dirección, y desde cuándo estaba en el sistema.

Un hospital o una fábrica no se piensan sobre un mapa: se piensan sobre un plano. Adentro de cada plano se trabaja por capas, que se crean, se ocultan y se borran sin perder nada —al eliminar una capa, sus anotaciones se mueven a la predeterminada en vez de desaparecer—, y encima se dejan notas ancladas a un punto, privadas para quien las escribe o globales para todo el que tenga acceso, guardadas cifradas y nunca en claro. Sobre la escalera y el ascensor se dibuja una zona tocable que lleva al piso siguiente, así que el edificio se recorre como se recorre de verdad, subiendo y bajando, y no buscando un nombre en una lista. Cada cámara del plano enseña su estado, muestra su imagen en vivo al pasarle el mouse por encima y avisa cuando no hay señal, en vez de quedarse como un ícono mudo. Y el día que hace falta, todo eso se comparte: el jefe de turno abre desde otra sede el plano del tercer piso, marca por dónde va a entrar la cuadrilla, y el trazo aparece en la pantalla de la sala mientras lo está dibujando. Al terminar, el enlace se revoca y ese acceso desaparece sin dejar una cuenta abierta detrás.

Las cifras

Contado, no estimado

  • 185países cartografiados que se instalan dentro del servidor
  • 144.9 Mdirecciones postales georreferenciadas, buscables sin internet
  • 16cámaras junto al plano del piso, en la misma pantalla
  • 443el único puerto que hay que abrir para el mapa, los planos y el video
  • 335,288curvas de nivel del relieve, embarcadas con el resto del mapa
  • 14tipos de espacio, del piso al torniquete, para situar cada medición

Preguntas

¿De verdad funciona sin conexión a internet?

Sin conexión y con el cable afuera, que es como se hace la demostración. La cartografía se instala en el servidor del cliente, país por país, y ahí se queda: dibujar el mapa, buscar una dirección y convertir una coordenada en un domicilio se resuelven todos contra esos datos. La pantalla lo declara —«mapa local, sin internet»— para que quien opera sepa con qué está trabajando. Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está vigilando.

¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?

Los que ya tenga: PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y un proyecto de veinte pisos se convierte en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas las organiza cada instalación como le sirva —país, sede, edificio, piso o lo que sea— y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca es el día en que alguien lo subió.

¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?

Sobre el territorio, no. El de IRIS se dibuja encima de la imagen de la cámara. Para el terreno, lo que hay hoy es agregación por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición, y no una capa de calor continua sobre la cartografía. Lo decimos aquí porque un integrador lo comprueba en cinco minutos, y preferimos que lo lea antes de la demostración y no durante.

¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?

Ocupa lo que ocupen los países que se instalen, porque se instalan y se quitan uno por uno: el mundo entero no se instala nunca, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. En la pantalla de administración cada país muestra su tamaño en el almacenamiento y su fecha de instalación, así que el dimensionado no es una estimación de folleto: es una cifra que se ve antes y después. La actualización es una carga de datos que lanza el administrador, con una fila de trabajos que dice el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo falla. No hay goteo automático desde internet, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con qué edición se está trabajando.

¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?

Ni bloquea nada ni es raro: pasa todo el tiempo. El plano de interior no depende del callejero, así que se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic y el edificio existe en el sistema antes que en ninguna cartografía. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes posibles: la referencia cartográfica, el trazo a mano, un archivo del cliente, el cálculo que envuelve las cámaras, y una quinta etiqueta —referencia huérfana— para cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual. Esa quinta existe justo para que el sistema lo diga en vez de callarse. La búsqueda inversa contesta igual aunque el portal no exista: da el más cercano que sí existe, con su distancia en metros. Y si el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato, en vez de inventarse una altura.

Ver todas las preguntas

La interfaz real, paso a paso

Usted pone la regla una vez. IRIS la aplica siempre.

Cada vuelta empieza con otro caso. Lo que usted va a ver es un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos, porque la herramienta completa no cabe en una demostración.

  1. Las cámaras, sobre el mapa
  2. Se dibuja una zona
  3. Sale qué pasó por ahí
IRIS NEURAL
30ES
IRISDirectoGrabacionesGISIncidencias3996SituaciónCasosLPRAutomatizacionesIRIS DATA
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IRIS · Infinity Neural

Y lo mejor

«La camioneta blanca del martes en la tarde.»Con eso alcanza para encontrarla.

Acordarse del momento exacto no hace falta, para eso está la pregunta. Se escribe como se le contaría a alguien, y salen los minutos que encajan con su cámara y su hora.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Respondemos el mismo día hábil.