Todo lo que preguntan
Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.
El orden es el de dónde nacen: primero lo que hay que entender antes de nada, después cada parte del producto, y al final cada sector. Ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que vas a ver en su sitio, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.
297 preguntas contestadas
Antes de nada
Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hace falta cambiar las cámaras, si funciona sin internet y quién decide.
Inicio
Ir a la página¿IRIS puede funcionar sin internet?
Sí. El despliegue puede ser completamente local y funcionar sin conexión a internet: el video, los modelos, las búsquedas y las reglas corren dentro de la infraestructura del cliente.
¿Tengo que cambiar mis cámaras?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS aprovecha la infraestructura de video que ya existe: para eso está hecho.
¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define tu organización; lo que hace IRIS es automatizar su aplicación repetitiva y llevarle a las personas las situaciones que piden criterio de una persona.
¿Qué es un NVMS?
Neural Video Management System. Es decir: un sistema de gestión de video que, además, entiende lo que pasa en la escena. Interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto, aplica las reglas de la organización y convierte el video en métricas y en evidencia.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
No damos un plazo genérico, porque depende de la instalación y de cuántas cámaras entren. Lo normal es arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera y crecer desde ahí.
¿IRIS sustituye a mi VMS actual?
Depende de la instalación, y eso se decide después de mirar tu red de cámaras, no antes. IRIS puede correr como sistema completo de gestión de video o convivir con el que ya tienes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirte qué se puede hacer hoy y qué no, antes que prometer que encajamos con todo.
¿Cuánto cuesta IRIS?
Tres cosas mandan en el precio: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones quieres en cada una y dónde se procesa el video. Por eso no publicamos tarifa cerrada: doce cámaras y seiscientas no se parecen en nada. Cuéntanos tu caso y te damos una cifra concreta, no un rango.
¿IRIS reduce las falsas alarmas?
Sí, y es de las razones por las que se instala. Con la detección de movimiento clásica salta la lluvia, salta una rama y salta un gato; IRIS mira la escena y distingue qué hay, dónde está y cuánto lleva ahí antes de avisar. Lo que no vamos a prometer es que nunca más salte un aviso de más, porque eso no existe. Lo que sí: que ese ruido deje de llegarle al operador, y que el aviso que llegue valga la pena mirarlo.
Qué es IRIS
Ir a la página¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Tu organización define las reglas y los límites, y IRIS se encarga de aplicarlos de forma repetitiva sobre todas las cámaras. Las situaciones que piden criterio de una persona llegan a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con toda la información enfrente.
¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS aprovecha la infraestructura de video que ya existe: para eso está hecho. Lo que sí hay es una evaluación previa cámara por cámara, y ahí se dice cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que pide la detección que buscas.
¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?
IRIS se diferencia de una analítica de video en lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó tu organización y ejecuta lo que debe pasar a continuación. Detectar es el principio, no el final.
¿Detectar y entender son lo mismo?
No, y es de las cosas que más se confunden. Mirar son tres trabajos distintos. Uno ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está; es rápido y da siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es el único con el que se cuenta y con el que un número sale igual dos veces. Otro NOMBRA: separa una camioneta de un carro particular, un casco de una gorra; trabaja contra una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. El tercero ENTIENDE: lee la escena completa y la relación entre las cosas —no «una persona» y «un carro», sino «una persona en el piso junto a un carro detenido en medio del cruce»—, no necesita lista y contesta a una frase escrita con tus palabras, pero con ese no se cuenta. Los tres vienen de fábrica en IRIS, y no como extras aparte, porque en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. De ahí la frase: preguntar sirve para buscar, contar sirve para medir, y no se hacen igual.
¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?
Sí. Hay cosas que no están en ninguna lista y no van a estarlo: una pieza que solo se fabrica aquí, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo sale con este material. Para eso se entrena un modelo propio, con imágenes de tus cámaras y con tus casos, y a partir de ahí es una detección más dentro de IRIS: se escribe en una regla igual que todas. Ese modelo además es tuyo. Se entrena con tus imágenes y con el criterio de tu gente, y queda en propiedad tuya: no se reusa con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a tu competencia y no depende de que sigas siendo cliente para poder usarlo. Lo que hay que poner: imágenes de eso pasando —reales, no montadas— y alguien de tu equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Y si eso que quieres detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.
NVMS
Ir a la página¿IRIS es un VMS?
Trae lo que trae un VMS —recibir cámaras, grabar, reproducir, exportar—, pero no se queda ahí. Entiende lo que pasa en la imagen, aplica las reglas de la organización, convierte el video en métricas y deja investigar sin revisar horas de grabación.
¿Tengo que sustituir el VMS que ya tengo?
No necesariamente. Hay proyectos donde IRIS entra como plataforma completa y otros donde convive con la infraestructura de video que ya existe, aprovechando los flujos y las integraciones disponibles. Lo sensato es mirarlo caso por caso: qué cámaras hay, qué grabación existe y qué sistemas se pueden reusar.
¿Qué significa exactamente NVMS?
Neural Video Management System. Es decir: un sistema de gestión de video que, además, entiende lo que pasa dentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS no está en el borde, está en el centro del modelo: el VMS gira alrededor de la pantalla y del operador; el NVMS gira alrededor de la decisión.
¿Hacen desarrollos a la medida?
Sí. Una detección sirve de poco si acaba en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja tu equipo, un reporte con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en su operación. Eso se hace. Lo que no te vamos a decir es que todo cabe en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.
¿Se integra con lo que ya tengo?
Sí, y es lo normal: casi nadie empieza de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja tu equipo, el número puede acabar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que su sistema ya sabe. Lo que no te vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de ti. Se comprueba al principio, con tu sistema enfrente, y si algo no va a poder ser se dice entonces.
Lenguaje natural
Ir a la página¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?
No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— y IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de prenderla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.
¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?
No. La posición, la calidad de imagen o la iluminación de una cámara concreta dejan fuera algunas situaciones, y hay detalles chicos o muy lejanos que ese encuadre sencillamente no distingue. Y eso no se resuelve discutiéndolo: se resuelve probando la descripción sobre video real de esa cámara y mirando el resultado antes de contar con ella.
¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?
Sí. Además de definir reglas hacia el futuro, puedes describir algo que ya pasó —«camioneta blanca detenida más de diez minutos en el dock 4»— y IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Deja de buscar el minuto; busca lo que pasó.
¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?
Nada. Aquí no hay cobro por consulta ni contador de frases, de búsquedas o de pruebas. Escribe la regla, pruébala contra el video de esa cámara, cámbiala y vuelve a probarla las veces que quieras: una prueba y un millón cuestan lo mismo. Y es a propósito. Una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento acaba lleno de reglas escritas a la primera y mal.
Procesamiento
Ir a la página¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?
Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no usa internet para funcionar. Los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red y los modelos corren en tu hardware sin consultarle nada a nadie de fuera. Desconecta el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.
¿Dónde reside el video y quién puede entrar a él?
Donde tú decidas, y entra solo quien tú autorices. En la modalidad local vive en los discos de tu edificio y no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, con el contrato fijando quién puede entrar, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. Y en las dos: comunicaciones cifradas y accesos registrados.
¿Puedo empezar con una modalidad y cambiarme a la otra más adelante?
Sí. Es el mismo sistema en los dos lados: lo que cambia es dónde corre el análisis, y no lo que sabe hacer, ni las reglas que dibujaste sobre tus cámaras, ni la forma de trabajar de tu gente. Tampoco hay que mover toda la organización a la vez: cada sitio puede llevar su modalidad y todos se ven desde el mismo lugar. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar y no después.
¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?
El análisis se para hasta que la línea vuelve. Lo decimos claro porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato no vas a recibir avisos. Tus cámaras siguen grabando donde lo hagan hoy, y en cuanto se restablece la línea el análisis se reanuda. Y si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —un centro de monitoreo, una planta de tratamiento, un centro penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se mezclan en la misma organización.
¿Me cuesta más mientras más lo use?
No. Aquí no se factura por uso, y no hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas: una consulta y un millón cuestan lo mismo. Es a propósito. Un sistema que cobra por pregunta acaba usándose poco —quien opera se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda parada—. Lo que sí mueve el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se habla antes de firmar.
El mundo
Ir a la página¿IRIS solo sirve para seguridad?
No. IRIS sirve además para medir la operación: conteos, tiempos de espera, ocupación de zonas, filas y flujos de personas o vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide a diario y una alarma casi nunca, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Eso no se pide hablando: se dibuja una raya o una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. Y el conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— a través de NeuralPax: lo homologado es esa medida, contar personas, y no el resto. Es una homologación española y no equivale a ninguna certificación estadounidense.
¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?
No hace falta. La plataforma es la misma en todos los entornos y lo que cambia es la configuración: qué objetos importan, qué zonas se vigilan y qué reglas corren. Una organización con entornos muy distintos acaba con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo formado.
¿Funciona en sitios remotos, sin personal ni conexión?
Sí, con dos condiciones: que la cámara tenga alimentación y que haya una vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre dentro de la propia instalación, de modo que en un perímetro remoto o en una red cerrada IRIS sigue entendiendo la escena aunque no exista conexión a internet.
Por lo que hace
Una por cada parte del producto: el directo, la búsqueda, las placas, los incidentes, los mapas, la automatización y las demás.
Directo y videowall
Ir a la página¿Hay que cambiar de cámaras para tener un videowall así?
No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y quien opera lo maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo que cuelga afuera en la pared: es que el mosaico se monta en dos clics, se guarda y regresa igual mañana, y que el muro se gobierna desde el escritorio.
¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?
Hasta 64 celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o acomodo libre a mano. Aparte de eso hay un tope, configurable por servidor, de cuántas de esas celdas dan video en vivo a la vez, para no ahogar ni el puesto ni la red. Las celdas que pasan de ese tope no se quedan negras: muestran imagen fija que se refresca, y la propia celda avisa de que es una decisión del sistema y no una falla.
¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?
Son tres permisos distintos —ver, mover y configurar—, y encima de eso cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona. Lo tapado por privacidad no se levanta desde una vista: pide motivo escrito, duración limitada y, si la organización lo exige, la autorización de un supervisor. Y todo deja huella: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada entrada a un muro publicado se registran con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía.
Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una falla o una decisión?
Porque la celda lo dice. IRIS distingue tres motivos y los nombra: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —una decisión del sistema, no una falla—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Un operador puede exigir además que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque no tienes acceso a esa cámara, también lo pone: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en un turno.
¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?
Una pantalla con navegador y su conexión al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. Vale un televisor, un monitor o un cubo de video. En esa pantalla no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. Y como una recepción no puede escribir contraseñas, la pantalla abre el enlace publicado, que lleva su PIN, su vencimiento y su lista de direcciones permitidas. Lo que sí hace falta no lo vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Esa parte la pone el centro de monitoreo, y todo lo demás existe para que solo haya que hacerla una vez.
Detección y comportamientos
Ir a la página¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Vienen listos 41 comportamientos, sobre un catálogo propio de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias. La lista: intrusión, cruce de línea, permanencia, permanencia prolongada, objeto abandonado o retirado, capacidad, filas, aglomeración con densidad, espacio ocupado, sentido contrario, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. ¿Y si lo tuyo no está ahí? Entonces se construye con el filtro fino: cada objeto se compara contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores y condiciones agrupadas con «y» y con «o».
¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?
No para empezar. Cada clase del catálogo trae su altura media real —una persona, cinco pies y siete pulgadas; un carro, cinco pies— y con eso ya salen pies por segundo y millas por hora sin tocar nada. Para medida real sobre el piso se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden de verdad: de ahí en adelante, distancias, recorridos y velocidades están en pies. IRIS distingue siempre la velocidad medida de la estimada, y una regla puede exigir que nada más cuente la medida; la estimada se queda corta y por eso se etiqueta como lo que es.
¿Y si me llena el turno de avisos falsos?
Es lo primero que se ataja, y hay seis frenos distintos. Se apagan áreas enteras donde no se quiere detectar nada —la carretera del fondo, el anuncio con fotos de personas—. Se exige que el objeto lleve ya un rato siendo seguido antes de que la regla actúe. El umbral se pone doble, para que el aviso no parpadee en el borde de una zona. El comportamiento se limita a un horario. Y encima van el tiempo de espera, el enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Nada de esto se publica a ciegas: sobre la imagen en vivo se ve lo que la regla produce de verdad, los objetos que descarta y por qué los descarta.
¿Y de noche, o con mala luz?
Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no corren a ciegas. Además hay una puntuación de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar la óptica, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo nocturno. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que la camioneta era blanca. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche sigue significando lo mismo en junio y en diciembre.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
Se sostiene unos segundos, y cuando ya no se puede, se dice. Ante una columna, otro vehículo o un toldo, el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio de reenganche en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto guarda además un historial corto de sus clases, así que el carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y el seguimiento se afina por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite va por delante: si la ocultación se alarga, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida y lo que reaparece es un objeto nuevo. Reconocerlo otra vez por su aspecto es otra cosa, y sigue sin saber quién es.
Grabación y forense
Ir a la página¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Sí: para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se puede escribir la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, enseñando antes qué entendió. Y si aun así el rango es largo, el resumen salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
Porque el paquete se comprueba solo. Adentro van una huella por cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre en cualquier navegador. Ese comprobador no llama a ningún servidor —ni al nuestro ni a otro—, así que funciona sin conexión. Basta con que se haya movido un cuadro, un byte o el manifiesto para que la comprobación falle y lo diga. Y antes de salir, el paquete se verifica a sí mismo: si no pasa su propia comprobación, no se entrega.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no se lo puede saltar. Si lo único antiguo que queda está bloqueado, el sistema para, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en lugar de sacrificar material protegido para ganar espacio. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede realizar, no se borra —nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar—. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de vencimiento.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
Lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda por encima del general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por antigüedad. Pero el techo real no lo pone el programa, lo pone el disco. Por eso la pantalla no enseña solo el plazo que se configuró, sino los días que hay grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llenó antes. Crecer, entonces, es agregar disco donde falte: la grabación se reparte entre tantos servidores y sitios como haga falta. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
No puede, y el intento queda escrito. Lo bloqueado está fuera del borrado automático, y para borrar a mano hacen falta dos cosas: un permiso propio y tener asignada esa cámara. Levantar el bloqueo pide todavía más —el permiso reforzado, el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito; la ficha del bloqueo no se va, se marca como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación caen en el registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de forma que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.
Búsqueda por apariencia
Ir a la página¿IRIS reconoce rostros?
No. IRIS no reconoce rostros y no sabe quién es nadie. Busca por apariencia: tipo de objeto, color, recorrido, permanencia, zona y hora. Con eso se resuelven casi todas las búsquedas reales, porque quien busca a alguien casi nunca tiene una foto de su rostro: lo que tiene es una descripción. Cuando el sistema propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como parecido y nunca como identidad, y siempre lo confirma una persona. Ponerle nombre a alguien le toca a la autoridad con sus medios, no a nosotros. Y no es una casilla apagada: no lo hace, no es una opción y no lo vamos a agregar en la letra chica.
¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?
Sí, y es la forma normal de trabajar. IRIS guarda de cada objeto cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona— y con eso se le vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre. Cuando propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión de una persona. Alguien confirma o descarta cada propuesta, y su decisión queda guardada con nombre y hora.
¿Quién puede buscar y qué queda registrado?
Hace falta el permiso de ver grabaciones, y encima cada quien solo encuentra objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, sencillamente no aporta resultados, y eso se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles se tapan con máscaras de privacidad, y destaparlas pide un motivo y, si la organización lo exige, la aprobación de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Todo pasa además dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y corren sin internet, así que ni una imagen sale hacia un tercero. Y todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— cabe en un solo puerto, el 443: ni uno más que abrir en el firewall.
¿Y si la persona se cambia de ropa?
Se rompe el rastro por apariencia, y hay que decirlo así. La huella se apoya en el color y en la forma: cambia la ropa, cambia la huella, y de ahí en adelante IRIS deja de proponer a esa persona en las cámaras siguientes. Lo que no hace es fabricar una coincidencia: dice que nadie llega al umbral, y con qué umbral lo dice. Lo que sí queda en pie es todo lo anterior al cambio —dónde se le vio por última vez y a qué hora—, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo, si lo hay. Por eso el recorrido se construye con avistamientos que una persona confirma, y no con una cadena automática que nadie miró.
¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?
Cada instalación fija su plazo, por separado para personas, vehículos y placas, entre cero y 3,650 días. Y cero no quiere decir borrar: quiere decir conservación indefinida, y la pantalla lo pinta en rojo para que nadie lo elija por descuido. Del borrado se encarga un barrido nocturno; si ese barrido no está encendido, la pantalla lo avisa en lugar de dar por hecho que el plazo se cumple, y además se ve cuántas huellas vivas hay por tipo y cuántas ya pasaron su plazo. Consultarlas pide el permiso de ver grabaciones, y solo alcanza a las cámaras de ese usuario. Cambiar la retención tiene su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.
Placas y accesos
Ir a la páginaSu web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?
Las dos cosas son ciertas, y la diferencia es la cámara. La lectura de placas es una función que se prende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se prende —el patio de una escuela, un módulo de un centro penitenciario, el perímetro de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la pluma de un estacionamiento, la puerta de un patio de camiones— se prende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la prendió, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la respuesta a «¿dónde se leen placas en esta instalación?» siempre se puede consultar, y siempre es una lista corta y comprobable. Y prenderla no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se prende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es —con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.
¿Sabe IRIS de quién es el carro?
No. IRIS lee el número de la placa y lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí se acaba. No hay ningún registro de propietarios detrás: no consulta ninguna base de datos oficial, no sabe el nombre de nadie y no lo puede averiguar. Tampoco lee la marca ni el modelo. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de llenar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la metió en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué motivo y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.
¿IRIS abre la pluma él solo?
IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve físicamente la pluma es una secuencia que monta el cliente desde la web, paso a paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta placa, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla contesta por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a la mitad, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en lugar de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la pluma no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.
¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?
Con lodo, con mal ángulo o con poca luz, casi siempre alcanza: un paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga bien. Con una placa que ya no es legible, no alcanza, y ahí el sistema no inventa nada. Lo que hace es contar el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se están perdiendo en esa cámara. Si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el software: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y lo decimos antes de vender y no después. En un control de accesos, la placa que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la pluma no se abre sola: la abre una persona, con motivo escrito y a su nombre. Y una cosa distinta que conviene no confundir: para darse cuenta de que un vehículo circula sin placa legible no hace falta leer nada, y eso sí funciona en cámaras donde la lectura está apagada.
¿Y si se equivoca leyendo un carácter?
Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas prendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda acabe abriéndole la pluma al carro de al lado. Para una pluma se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo carro, y la pantalla lo marca como tal.
Incidentes y centro de monitoreo
Ir a la página¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si al vencer el primero nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es asignárselo, validarlo, cerrarlo o comentarlo; eso detiene la subida, aunque no resuelva el caso. Si un turno se quedó sin nadie de guardia, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca acaba en silencio.
¿Cómo se evita que el turno se ahogue en avisos?
Con tres frenos. El primero: las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una fila con su contador, sin borrar nada —el detalle sigue ahí y el número cuadra siempre—. El segundo: la fila se filtra por 27 criterios que se combinan, y cada operador guarda su vista y se la pasa al equipo. El tercero es el que casi nadie tiene: un panel que mide cuántos avisos le caen por hora a cada persona y señala con nombre la cámara y la regla que los están produciendo, para afinarlas en vez de apagarlas a ciegas. Y silenciar deja rastro: queda escrito quién silenció qué.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Sí, y con papel que se entrega. De cada incidente queda su cronología completa: quién lo abrió, quién lo miró, qué cambió, qué escribió y cuándo lo cerró. Ese registro nada más admite agregar, va encadenado criptográficamente y se puede verificar cuando se quiera; si alguien hubiera tocado algo, dice en qué apunte exacto se rompe la cadena. El expediente se baja como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y lo anterior a la activación del encadenado se declara como no verificable, en lugar de colarlo como verificado.
¿Y si el que falla es el propio escalado?
Un escalado que falla callado es peor que no tener escalado, así que se mide y se enseña en pantalla. El panel dice tres cosas: corre, corre pero hay avisos que no salen, o está parado; y siempre con el motivo en texto llano —apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, tantos minutos sin pasar—. Avisa además de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no queda ningún canal activo por donde salir, o cuánta gente del equipo no tiene manera de recibir nada. De las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que jalar del último recurso. Y una decisión de instalación que conviene contar: recién puesto, esto arranca desarmado. Simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que activarlo servidor por servidor. Un despliegue no empieza a llamarle a la gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos operadores toman el mismo incidente a la vez?
Se ven entre ellos. La ficha dice con nombres quién más la tiene abierta en ese momento, y si estás solo también lo dice. Asignárselo es reclamar la propiedad, con su hora anotada, y es además el gesto que detiene el escalado aunque todavía no resuelva nada. Los estados tampoco saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor revisa cada cambio y rechaza el que no toca, diciendo de dónde a dónde se quiso ir, así que dos personas no pueden dejar el mismo incidente en dos sitios distintos. Y lo que hicieron las dos acaba en la misma línea de tiempo: quién lo abrió, quién lo miró, quién lo cambió y qué escribió cada una.
Reglas y automatizaciones
Ir a la página¿Hay que saber programar para montar un automatismo?
No. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en un pizarrón. Si dos piezas no embonan, el editor rechaza la unión en el momento y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya corriendo. Y si ni siquiera quieres dibujar, hay 23 recetas ya hechas: eliges una, llenas cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y está funcionando el primer día. Para quien está en el centro de monitoreo hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin lienzo ninguno.
¿Y si la regla se activa sola de madrugada?
Es el miedo real de quien automatiza algo, y por eso hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Antes de publicar, el simulador corre el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría activado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Una vez publicado se puede dejar silenciado: el flujo corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo va mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.
¿La misma regla sirve para muchas cámaras a la vez?
Sí, y esa es media razón de ser del editor. El automatismo se define una vez y luego se aplica donde haga falta: una cámara, un grupo, un servidor completo o la instalación entera. Las exclusiones llevan su motivo escrito —todas las cámaras del servidor menos el vestidor y el cuarto de equipos cabe en una sola declaración— en vez de una lista que alguien tenga que ir manteniendo a mano. Los umbrales y el horario pueden ser distintos en cada sitio sin duplicar el flujo. Y una misma cámara aguanta tres configuraciones a la vez: la de producción contando de verdad, la de validación con los umbrales nuevos y la de diseño mientras alguien dibuja, sin tocar la que ya está funcionando.
¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?
Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse en el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la falla se localiza sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se enseña un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si el incidente se creó antes de la falla, el incidente está creado. Lo que sí prometemos es que sabes hasta dónde llegó y por qué se paró ahí.
¿Quién puede tocar un automatismo que ya está corriendo?
Nada más quien tenga permiso de escritura, que va por separado del de lectura: un operador abre el flujo, lo entiende entero y no puede mover una coma. Encima de eso, un administrador elige qué bloques usa cada rol. Un bloque bloqueado no desaparece: se queda en gris, para que se vea que existe y se pueda pedir, y los automatismos publicados que lo usan siguen corriendo, porque bloquear no rompe nada. Queda anotado quién bloqueó qué y cuándo, y se quita con un clic. Del resto se encarga el historial: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador pinta sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué cambió entre dos publicaciones. Y si de un automatismo arranca otro encadenado, borrarlo no se puede hasta soltar el enganche.
Chat e inteligencia artificial
Ir a la página¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?
No. La inteligencia artificial que contesta es propia y corre en el servidor de tu instalación, igual que la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Ni una imagen, ni un cuadro, ni una frase de la conversación viajan a un proveedor de fuera, porque en ningún punto del recorrido hay una llamada a un tercero. Funciona con el cable de internet desconectado, y eso es un requisito de diseño, no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
En que este llega a los mandos. Un chat corriente contesta con lo que sabe; el asistente de IRIS trae 95 herramientas conectadas al sistema y las usa para ir por la respuesta: mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, dibuja el mapa, compone el reporte. Y si quien pregunta tiene permiso, actúa sobre el sistema: crea o cierra un incidente, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de nada.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
No, y esa diferencia es de las que más conviene entender. Describir una situación y encontrar algo se hace hablando, y ahí el asistente rinde. Medir es otra cosa: hay que saber por dónde pasa la línea exacta y en qué sentido se cruza. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número se repite igual y se puede revisar dentro de un año.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que le pides, lo dice en vez de enseñarte otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene enfrente y qué haría falta para saberlo, sin tapar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No, y no es una promesa: es cómo está construido. El asistente nada más ve las herramientas que la persona que pregunta tiene derecho a usar, así que el mismo chat ofrece capacidades distintas a un operador y a un administrador. Diez permisos gobiernan el chat en sí —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas— y además cada herramienta puede exigir el suyo propio. Las que modifican datos están marcadas como tales y no corren sin ese permiso, y publicar un automatismo pide confirmación explícita. Todo queda registrado: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal; también los intentos de acceso negados. Las conversaciones son privadas por omisión y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
No. No hay contador: ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Puedes tener una conversación de dos frases o pasarte el turno entero preguntándole, y cuesta lo mismo. Lo decimos porque cambia cómo se usa: cuando cada mensaje trae precio, quien opera se corta, pregunta menos de lo que necesita y acaba jalando del sistema viejo. Aquí no hay nada que racionar.
Mapas, planos y territorio
Ir a la página¿De verdad funciona sin conexión a internet?
Sí. Los datos cartográficos se instalan en el servidor del cliente, país por país, y de ahí no salen: contra ellos se resuelven el dibujo del mapa, la búsqueda de una dirección y la traducción de una coordenada en un domicilio. La propia interfaz lo dice en pantalla —«mapa local, sin internet»— para que quien opera sepa con qué trabaja. Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de fuera puede deducir qué zona se está vigilando.
¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?
Sí, en PDF, TIFF, JPG y PNG. El asistente pide marcar con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y un PDF de proyecto de veinte pisos sale convertido en veinte planos independientes de una sola pasada. Las carpetas se organizan como le sirva a cada instalación: por país, por sitio, por edificio, por piso o como se quiera. Y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca coincide con el día en que alguien lo subió.
¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?
No lo hay, y preferimos decirlo antes de la demostración y no a media demostración. El mapa de calor de IRIS vive sobre la imagen de la cámara; la cartografía no lo lleva. Sobre el terreno, la densidad sale hoy agregada por zonas dibujadas, por perímetro de sitio y por espacio de medición, y no como una capa continua encima del mapa. Es un hueco de verdad, y lo declaramos aquí porque cualquier integrador lo comprueba en cinco minutos.
¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?
Depende de cuántos países instales, porque se instalan y se quitan uno por uno: el mundo entero no lo instala nadie, y casi nadie lo necesita. Una instalación de referencia trabaja con 65 de los 185 del catálogo. Y el dimensionado no se estima en un folleto: la pantalla de administración da el tamaño en disco de cada país y su fecha de instalación, antes y después. Actualizar es una carga de datos que lanza el administrador, con una fila que dice tipo, estado, progreso, paso actual y el error si algo se rompe. Aquí no hay goteo automático desde internet, porque no hay internet: el mapa cambia el día que alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga, así que siempre se sabe con qué edición se trabaja.
¿Y si un sitio es nuevo o el edificio no está en la cartografía?
Pasa a cada rato y no detiene nada. El plano de interior no espera al catálogo de calles: se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic y el edificio ya existe en el sistema aunque no exista en ninguna cartografía. Para el perímetro del sitio hay cinco orígenes posibles —de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto vigente—, y esa última etiqueta existe precisamente para que el sistema lo diga en lugar de callarse. Mientras tanto la búsqueda inversa sigue contestando aunque ese número no exista: entrega el más cercano que sí existe, con su distancia en pies. Y donde no hay datos de relieve, dice que no hay dato en vez de inventarse una altitud.
Videoconferencia y colaboración
Ir a la página¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
No. La sala vive dentro de IRIS y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa. No hay que instalar ni contratar nada más, y no hay que sacar el video de la instalación para poder hablar de él: la cámara entra dentro de la llamada, en vivo, y todos ven lo mismo mientras hablan.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Sí. El anfitrión genera un enlace con código QR que se escanea con el celular. El enlace vence, tiene un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o nada más mirar. Cada uso queda registrado.
¿Funciona en una instalación sin internet?
Sí. Todo pasa dentro de la red del cliente y por el puerto 443: la conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros, de modo que una planta aislada del exterior hace su reunión igual que cualquier otro sitio.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de fuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí una sola vez y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso se muestra en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de fuera de la organización?
Con un enlace y sin cuenta. Cómo se protege lo elige el anfitrión: abierto para cualquiera que lo tenga, restringido a quien ya tenga sesión en el sistema, o con un PIN. También elige cuánto dura —unas horas, hasta una fecha o sin límite—, cuántas veces se puede usar y qué puede hacer quien lo abra. Ese enlace fija además el idioma en el que se abre, así que un contratista o un perito lo lee en el suyo sin tocar una sola configuración. Y en cuanto deja de hacer falta, se anula al instante.
Plataforma, escala e integración
Ir a la página¿Cuántos puertos hay que abrir en el firewall?
Uno solo: el 443. Por ahí viajan la interfaz, el video en vivo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación, todo cifrado. En total el sistema escucha en catorce puertos, pero los otros trece nada más son accesibles dentro de la propia máquina y nunca cruzan la red. Para el área de redes eso significa trece excepciones que no hay que abrir, ni justificar, ni mantener; y una sola comprobación el día que algo va mal.
¿Qué pasa si se corta el enlace entre un sitio y el centro?
El sitio sigue funcionando. Cada uno capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relevadores en local; hacia el centro nada más suben eventos y medidas, nunca cuadros. Un corte deja al centro sin vista en vivo de ese sitio, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve el sitio publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre sitios se dimensiona por eventos y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.
¿Hasta dónde escala de verdad?
Lo que declara el producto es más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras. Lo que permite comprobarlo son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. Un ejemplo: sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, así que cinco mil cámaras salen setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. Ese cálculo lo hace la calculadora que viene dentro del producto, con doce preguntas, y además dice qué recurso se acaba antes y declara inviable cualquier dimensionamiento que cruce un tope que no se reparte.
Se nos quedó corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?
Se agrega una máquina, y no se rehace nada. El procedimiento es corto: se genera un código de registro desde la interfaz central, se instala el servicio en la máquina nueva y se le pasa ese código; la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras. Hasta que no declara al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en lugar de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo, y nada más se mueven las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se rebaraja. Lo único que hay que volver a calcular es el dimensionamiento, y solo si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten. Eso lo dice la calculadora antes de que nadie compre nada.
¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchos sitios?
Máquina por máquina, y sin apagón general. Cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, así que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla y no se descubre el día que algo falla. Mientras un sitio se actualiza, los demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguno depende de otro para trabajar. Tampoco hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, de modo que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito qué le falta. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.
Administración y auditoría
Ir a la página¿IRIS está certificado en ISO 27001 o en el esquema de seguridad español?
No, y ningún programa puede estarlo por ti: quien se certifica es la organización que opera el sistema, con sus procesos, su personal y sus instalaciones. Lo que hace IRIS es llegar con el trabajo hecho para ayudar a cumplir esos marcos: los 93 controles del anexo A de ISO 27001, que es internacional, y los 79 del Esquema Nacional de Seguridad de nivel alto, que es el reglamento del Estado español y que aquí vale como evidencia de rigor y no como casilla local. Cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, y los dos cruzados para no hacer dos veces la misma tarea. Lo decimos así en vez de enseñar un sello: en la primera auditoría se nota la diferencia. La única homologación de un tercero que sí tenemos es la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España—, y no equivale a ninguna certificación estadounidense.
¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?
No. Al registro de auditoría nada más se le agrega, y esa regla no la impone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la lanzó. Además, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha pasó.
¿Puedo dar acceso a una empresa externa nada más a unas cámaras y nada más unos días?
Sí, es lo normal. Se concede por cámara, por sitio —arrastrando lo que cuelga de él, o sin ello— o por caso de investigación, y siempre con fecha de vencimiento; siete días antes, la pantalla lo avisa sola. Encima se le pone una franja horaria: fuera de ella la persona lee un mensaje explícito y se queda en la puerta. Para revocar hay que escribir el motivo, y la concesión guarda quién la dio, cuándo, por qué, quién la quitó y por qué. Así se cierra un acceso temporal, en vez de quedarse abierto tres años porque nadie se acordó de él.
¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?
Se desactiva la cuenta, y es reversible por si regresa. Sus sesiones abiertas se revocan al momento: las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que no se queda nadie adentro hasta que expire una ficha. Las concesiones que tuviera sobre sitios o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las llaves de acceso que usaran sus programas se cortan y guardan quién las quitó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo, y la anonimización sustituye el dato personal dentro de los asientos dejando la cadena intacta y contando cuántos se anonimizaron: el registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.
¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?
Con tres cosas que se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena completa y contesta íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o reporte—, que lleva la firma dentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin fiarse de nosotros ni de ti. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.
Por dónde trabajas
Las mismas dudas cambian de forma según el sitio: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto. Aquí están por entorno.
La ciudad
Ir a la página¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?
No hace falta. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa una por una si el encuadre y la calidad dan para lo que quieres detectar en ese punto, y se te dice claramente cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, nunca el punto de partida.
¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en una ciudad entera?
Todas las que tenga tu instalación, incluidas las miles de una ciudad entera. Aquí se enseñan veintitrés porque veintitrés caben en una pantalla, y no porque sea un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás, nunca el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.
¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?
Según la modalidad, y hay dos. Con la local no sale: los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y ahí sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo normal es mezclar las dos: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿IRIS identifica a las personas o reconoce rostros?
No, IRIS no sabe quién es nadie ni reconoce rostros. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un carro detenido sobre la acera, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor. No le pone nombre a nadie ni compara rostros con ninguna base de datos. El conteo por franjas horarias es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella.
¿Cómo evito que el centro de monitoreo acabe ignorando los avisos por culpa de los avisos equivocados?
Con las reglas ajustadas junto a tus operadores, calle por calle, durante las primeras semanas. Y empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez; todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario no instaló ninguno. De ahí que una regla nunca sea una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan contigo hasta que a la pantalla llega lo que tu equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Cuánto tarda en estar funcionando en la calle?
No te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos: depende del tamaño de la instalación. Lo que sí está claro son las tres fases del trabajo. Conectar las cámaras que ya existen. Dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan. Y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieres detectar en cada una.
¿IRIS sustituye a mi centro de monitoreo o a los guardias que tengo?
No, IRIS no sustituye a tu centro de monitoreo ni a tus guardias: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene enfrente decenas de pantallas y no las puede atender todas a la vez. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, enseña lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.
¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?
Sí, y conviven: IRIS no viene a sustituirlo. Un VMS graba y gestiona el video; IRIS es un NVMS, o sea la capa que hoy te falta —entender qué pasa enfrente de las cámaras y aplicar tus reglas—. Puedes seguir grabando donde grabas hoy. Y qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, en lugar de prometerte de antemano que encajamos con todo.
¿Puedo poner esto en la vía pública sin meterme en un problema de privacidad?
Puedes, y hay una parte que depende de ti: lo que puedas hacer con tus cámaras lo decide tu asesoría legal, no un proveedor. Lo que sí te podemos decir es que aquí no se genera el dato que más difícil es de defender: IRIS no reconoce rostros, no guarda identidades y no compara a nadie contra ninguna lista. Y el tratamiento es configurable pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién entra y desde dónde. Nuestra forma de trabajar además está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo puedes pedir antes de contratar nada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?
El costo se calcula en función de tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de una ciudad entera. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar, y te damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
La carretera
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?
Sí, IRIS sirve con las cámaras que ya tienes puestas en la vía. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos y postes y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que quieres detectar en ese tramo —no es lo mismo la orilla a ciento cincuenta pies que un carril al fondo del encuadre— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Sustituir una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Funciona de noche y con lluvia?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: la lluvia fuerte, la niebla cerrada y el deslumbramiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, el centro de monitoreo se entera y puede avisar, bajar la velocidad o mandar a alguien. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan los faros; y en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.
¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?
IRIS avisa de un incidente en cuanto se cumple la regla que definiste, sin que nadie tenga que llamar. Ese es el cambio de verdad: hoy el reloj empieza cuando un conductor marca el 911 o cuando alguien del centro de monitoreo pasa por casualidad por esa cámara. Con IRIS empieza cuando la escena pasa enfrente del lente. No te vamos a dar un número de segundos, porque depende de tu red, de tus cámaras y del hardware que se ponga detrás; lo que sí te decimos es que enterarte deja de depender de que alguien esté viendo la pantalla correcta en el momento correcto.
¿Puede sustituir a los conteos que ponemos unos días al año?
IRIS no sustituye a un conteo homologado, pero cuenta lo que un conteo de unos días no puede contar: todos los días, a todas horas y en cada cámara. Un conteo puntual te da la foto de una semana; una cámara con IRIS te da el año entero, con el tipo de vehículo separado —ligero, pesado, autobús, motocicleta— y sin cerrar un carril para instalar nada. Si necesitas una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no te vamos a decir que la damos: nuestra homologación es española, la del Centro Español de Metrología, y cubre el conteo de personas. Para decidir dónde toca reponer pavimento o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.
¿Detecta un vehículo detenido en la orilla?
Sí, IRIS detecta un vehículo detenido en la orilla, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un carro»: es un vehículo detenido dentro de la zona que marcaste como orilla y durante más tiempo del que hayas fijado. Si además alguien sale del vehículo y camina por la orilla o por la carretera, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Un vehículo descompuesto es un incidente; un vehículo descompuesto con una persona fuera del carro es una urgencia, y el sistema distingue las dos.
¿IRIS comprueba que los tableros de mensaje variable funcionen?
Sí, IRIS comprueba que los tableros de mensaje variable funcionen, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el tablero, así que detecta que está apagado, que tiene LED fundidos o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el tablero muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que manda las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los tableros y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se te dice qué encaja y qué no.
¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que elijas, y hay dos. Con la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, comunicaciones cifradas y condiciones firmadas por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores.
¿Identifica placas o a las personas que salen en las cámaras?
No, IRIS no lee placas aquí ni sabe quién es nadie. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la carretera, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cerrado. No lee placas en estas cámaras, no compara rostros con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —ligero, pesado, autobús, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.
¿Qué pasa con los avisos equivocados en una vía abierta?
Existen, y quien te diga lo contrario no puso un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, faros de frente, una bolsa cruzando un carril: todo eso se parece a algo. De ahí que una regla no sea nunca una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que al centro de monitoreo llega lo que ahí se quiere recibir. Un aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?
Cuatro cosas mandan en el costo: cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. Por eso no hay tarifa única: analizar las cámaras de un tramo no cuesta lo mismo que las de un trazado entero con sus enlaces, sus túneles y sus áreas de servicio. Dinos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
El transporte público
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?
Sirve, y con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP de andenes, vestíbulo, pasillos, torniquetes y accesos, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del techo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora, no todos los encuadres dan lo mismo: una cámara que mira el andén a lo largo entiende cosas que una de frente no puede. Por eso en el proyecto se revisa punto por punto qué se puede detectar desde ahí, y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, nunca el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros?
No, y esto va primero. No hay reconocimiento facial, no hay comparación contra ninguna base de datos y no queda guardado quién es nadie. Lo que IRIS entiende son situaciones: alguien dentro de la vía, alguien en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica detenida. Cuando cuenta, lo que sale es un número —cuánta gente hay en una zona, cuánta pasa por un punto—, jamás una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién lo abre lo decides tú: el sistema puede correr entero dentro de la estación, sin que salga una sola imagen.
¿Detecta a alguien que cae a la vía?
Lo detecta, porque la vía es una zona dibujada sobre la imagen y una persona dentro de esa zona cumple una regla sola. El aviso llega con la cámara y la hora, y el centro de control ya tiene la imagen abierta antes de que un pasajero alcance el botón de emergencia o el interfono. Ahora, la parte honesta: hace falta que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. En el proyecto se revisa andén por andén qué encuadre hace falta, y se te dice cuál no llega.
¿Funciona con el andén lleno de gente?
Funciona, con un matiz que preferimos poner antes de firmar: cuando la gente se tapa entre sí, hay cosas que dejan de verse. Alguien que cae al piso detrás de un grupo compacto puede quedar oculto a esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. La ocupación es otra cosa y se sigue midiendo igual: para saber cuánto se llena un andén no hace falta distinguir a una persona de otra. De ahí que en los andenes convenga combinar encuadres: dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola.
¿Cómo se avisa y a quién?
A quien tú decidas y por el canal que tú decidas. Cada regla lleva escrito su destinatario: el puesto del centro de control, el jefe de estación, el equipo de mantenimiento, el turno de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide mire exactamente lo mismo que miró el sistema y no una etiqueta suelta. Y alguien dentro de la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de boletos descompuesta: cada aviso va a quien puede resolverlo. Decidir qué se hace le toca siempre a una persona: IRIS abre la cámara, enseña y espera.
¿Puede sustituir a los conteos manuales que hacemos ahora?
Puede, y encima hace lo que un conteo manual no alcanza: contar los trescientos sesenta y cinco días, a todas horas y en cada punto que te interese. Tres días de conteo te dan la foto de tres días; una cámara con IRIS te da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda en tierra en una parada. Sobre la garantía del número, dicho con precisión: nuestro conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España. Es un tercero independiente que verificó el método, no nosotros. No es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Sale el video de la estación?
Según la modalidad que elijas, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, comunicaciones cifradas y condiciones firmadas por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque de eso depende cómo se dimensionan la red y los servidores de la estación.
¿Y la protección de datos, con tanta gente enfrente de las cámaras?
Arriba está lo que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. Desde ahí, el tratamiento se configura pieza a pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde— y esa configuración es la que sostiene el resto. Ahora, el cumplimiento no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegues y de qué decidas tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerte encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y puedes pedírnoslo antes de contratar nada.
¿Qué pasa con las falsas alarmas en una estación llena?
Existen, y quien te diga lo contrario no puso un sistema de detección enfrente de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. De ahí que una regla no sea nunca una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que al centro de control llega lo que ahí se quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?
Cuatro cosas mandan en el costo: cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. Por eso no hay tarifa única: los andenes de una estación chica no cuestan lo mismo que una estación entera con vestíbulo, torniquetes, dársenas de autobús, parada de taxis y estacionamiento, ni lo mismo que una red de veinte estaciones. Dinos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
El comercio
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes?
No, y no por descuido: es una decisión. IRIS entiende objetos, comportamientos y situaciones, nunca identidades. Nada de reconocimiento facial, nada de comparar contra una base de datos, nada de guardar quién es nadie, nada de seguir a una persona de una tienda a otra y nada de cruzarlo con el programa de lealtad. Lo que ve es «una persona», «un carrito», «un anaquel vacío», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de una tienda no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Si algún día alguien les ofrece lo contrario, ya saben que nosotros eso no lo hacemos.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?
Sirve, y con las que ya están en el techo. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora, no todo encuadre alcanza: una cámara colocada para cuidar la puerta a lo mejor no llega a leer el anaquel del fondo. En el proyecto se revisa una por una qué se puede ver desde ahí, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, nunca el punto de partida.
¿Esto sirve para detectar robos?
No sirve, y preferimos decirlo antes de que salga en una junta. Ninguna de las diez cámaras de esta página hace eso, y no es que no se nos haya ocurrido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, y IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace está en esta misma página: avisar de un hueco en el anaquel, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de una sala más llena de lo que el turno puede atender; y medir las filas, los probadores, los carritos, cómo se reparte la gente por la sala y qué hace de verdad la isla de promoción. O sea: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que buscan es prevención de pérdida, van a necesitar otra cosa, y se lo decimos en la primera junta y no en la última.
¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?
De una resta. IRIS cuenta dos cosas por separado: cuánta gente entra en la zona de espera de las cajas y cuánta llega a la caja. Lo que falta se fue antes de que le tocara. Encima de esa resta van dos pistas más: cuánto se espera de promedio en esa fila y cuántos carritos quedan abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Todo eso lleva la hora puesta, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánto dinero es eso no te lo vamos a decir —no pasó por tu caja, no lo sabemos—, pero sí a qué hora ocurre y con cuántas cajas abiertas deja de ocurrir.
¿Puede decirme si una promoción funciona?
En la mitad que se ve desde una cámara, sí: cuánta gente pasa enfrente de la isla, cuánta se detiene y cuánto rato se queda. La otra mitad, la venta, está en tu caja y ahí no entramos. Pero juntando las dos, el diagnóstico cambia. Pasa mucha gente y casi nadie se detiene: el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Se detiene mucha gente y luego no vende: el problema es el precio o el producto. Hoy esas dos situaciones se parecen en el reporte de ventas —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas. Lo mismo aplica para comparar el mismo montaje en dos tiendas, o el mismo lugar en dos semanas.
¿Funciona con la tienda llena?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, al nuestro también, y quien diga lo contrario no lo probó un sábado por la tarde. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por la sala no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está saturada funciona precisamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila, y la ocupación se deja para la sala.
¿Sale el video de la tienda?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la tienda o en las oficinas centrales—, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, comunicaciones cifradas y condiciones firmadas por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor por tienda que llevar el análisis a un solo lugar: de eso depende la red de cada sucursal.
¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?
Arriba está lo que más pesa en una tienda: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. Debajo de eso, el tratamiento se configura pieza a pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ahora, el cumplimiento no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?
Sirve para las dos, y lo que cambia no es el sistema: es qué haces con el número. Con una tienda sola decides tu tienda: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo del local se visita o hay que dar una razón para caminar hasta ahí. Con una cadena aparece algo que una tienda sola no puede tener, que es la comparación. La misma promoción montada en cuarenta sucursales y medida igual en todas. La tienda donde la fila se alarga media hora antes que en el resto. La que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Empezar por una, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas tiendas entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. Por eso no hay tarifa única: medir las cajas y la entrada de una tienda de barrio no cuesta lo mismo que cubrir la sala entera de un supermercado grande, ni una tienda lo mismo que cuarenta. Cuéntennos cuántas tiendas tienen, cuántas cámaras hay en cada una y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
La obra
Ir a la página¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: entiende que una persona no trae casco, no entiende quién es esa persona. Nada de reconocimiento facial, nada de comparar contra una base de datos, nada de guardar quién es nadie. No sirve para registrar la jornada, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza al control de acceso de la obra. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay comité de trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?
No la para. IRIS no toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero, al responsable de seguridad ni al plan de seguridad de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda detenerla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí parado vale más que cualquier automatismo. Lo que IRIS aporta es lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Cien avisos al día es un sistema apagado en una semana; lo sabemos, y por eso una regla no es «avisa si alguien no trae casco». Es «avisa si alguien sin casco está dentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se arranca por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. La meta no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callarse en lo demás.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?
Sirve, y también con las que se ponen y se quitan según avanza el trabajo. IRIS se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora, no todo encuadre alcanza: una cámara colocada para cuidar el acopio de noche a lo mejor no distingue un casco al otro lado del terreno. En el proyecto se revisa una por una qué se puede ver desde ahí, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y la lluvia se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz fija. Poner una cámara nueva es la excepción, nunca el punto de partida.
La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?
No, y el sistema está pensado justo para eso: que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se mueve una cámara o se redibuja una zona, se vuelve a marcar la zona sobre la imagen y se sigue trabajando. Nada que encargar, nadie a quien esperar. Y las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que arranca se escribe en un rato y se prueba ese mismo día. Ahí está la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del trazo inicial.
¿Podemos saber cuánta gente hay dentro de cada zona?
Pueden, y es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el sótano en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo lugar. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Sobre la garantía del número, dicho con precisión: nuestro conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, que verificó el método. No es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.
Donde ustedes decidan, y son dos modalidades y solo dos. La primera es dentro de la propia obra: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y funciona sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa allá y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras abiertas conviven las dos.
¿Qué le contamos al comité de trabajadores?
Exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS entiende situaciones, no personas: no hay reconocimiento facial, no identifica a nadie y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Qué se trata, cuánto se guarda y quién puede verlo se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un vendedor nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde el comité entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?
Para una obra ya sirve, y con todas cobra otro sentido. En una obra el valor está en el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se ve qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de tarea, cuál las corrigió después de una charla de seguridad y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación del que más obras pisa. Con el número enfrente se decide mejor, y se puede explicar.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas no es el mismo proyecto que una constructora con veinte obras abiertas. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
El centro penitenciario
Ir a la página¿Esto sirve para clasificar a los internos?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: nada de reconocimiento facial, ningún rostro comparado contra una base de datos, nadie guardado, ninguna ficha de nadie y ninguna persona concreta seguida por el centro. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no califica a nadie, no clasifica a nadie por su comportamiento y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que entiende son situaciones que definió el centro: «hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie». Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS abre puertas, activa alarmas o reemplaza al personal de custodia?
Ninguna de las tres. No abre ni cierra ninguna puerta, no activa ninguna alarma automática que sustituya a una decisión y no ocupa el lugar de nadie. Tampoco reemplaza el recuento reglamentario ni ningún protocolo de prevención del centro: esos se quedan igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro de un centro, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. Lo que IRIS aporta es lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Doscientos avisos por turno es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay gente en el pasillo», sino «avísame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez de la noche y las siete de la mañana, más de un minuto». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su centro, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El centro, nunca IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe la institución, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de conductas marcadas de antemano ni decide por su cuenta qué es normal en su patio: lo normal en un centro no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obra o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Y los derechos de las personas internas y los del personal?
Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que definió el centro —un patio, un pasillo, un andén de carga— y no se mira quién es nadie. Nada de reconocimiento facial, nada de lectura de placas, ninguna ficha de ninguna persona interna y ninguna de ningún trabajador. IRIS no les puede decir «esta persona pasó por aquí seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y el resto no lo firma ningún vendedor nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas internas, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no la firma la administración que lo instala, con sus servicios jurídicos y con la representación del personal enfrente. Desconfíen de quien les diga lo contrario.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ese es justo el punto: un centro ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí cambia el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara seis pies, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del centro?
Solo si ustedes quieren, y en un centro penitenciario lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse dentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También puede procesarse en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es decisión de ustedes y no condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso queda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿El conteo por zonas es confiable?
Lo es, y por cómo se configura: no se pide hablando, se traza dibujando. Se marca una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay dentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro conteo está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, un tercero independiente que verificó el método. Dicho con precisión: no es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero. Una cosa más, porque importa: esto no reemplaza el recuento reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que le entra en el encuadre: si algo pasa fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con lluvia fuerte o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen muchísimo entre sí: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. No es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, las veinticuatro horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas no es el mismo proyecto que un centro entero con cientos. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
El hospital
Ir a la página¿Van a poner cámaras en las habitaciones?
No, y esto va antes que todo lo demás. En una habitación no hay cámara. En un baño, tampoco. En una sala de exploración, tampoco. En ningún lugar donde se atiende o se explora a un paciente, tampoco. Lo que IRIS mira son zonas comunes: pasillos, salas de espera, vestíbulos y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y ahí no identifica a nadie: nada de reconocimiento facial, nada de comparar contra una base de datos, ningún paciente ni profesional queda reconocido, de nadie se levanta una ficha, el expediente clínico no se toca y no se cruza ningún dato médico ni ningún sistema del hospital. Lo que entiende suena así: «hay una persona en el piso en el pasillo del tercer piso». Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, al personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?
Ni lo uno ni lo otro. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no le da prioridad a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional e IRIS no participa en él. Tampoco entra al expediente clínico ni a ningún dato médico, y no se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Tampoco reemplaza la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del piso quedan exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Y no llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo único que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Cien avisos por turno es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay alguien parado en el pasillo», sino «avísame si hay una persona en el piso en este pasillo más de veinte segundos», o «avísame si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete de la mañana». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se mira y qué no?
El hospital, nunca IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato» lo escribe el centro con sus profesionales, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencias no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de lo que es «normal» en sus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por remodelación o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué le contamos al comité de trabajadores y a los profesionales?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier junta, así que se explica de frente: eso no es control de horario, no es registro de jornada y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún lugar y no les puede decir «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Lo que distingue es ropa de trabajo —una bata, un uniforme—, no quién la trae puesta. Y lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. El resto no lo firma ningún vendedor nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación de los trabajadores enfrente, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, vestíbulos y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí cambia el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara seis pies, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale del hospital?
Solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse dentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También puede procesarse en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es decisión de ustedes y no condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso queda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de expediente, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿La cifra de gente que espera en emergencias es confiable?
Lo es, y por cómo se configura: ese número no se pide hablando, se traza dibujando. Se marca una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay dentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro conteo está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, un tercero independiente que verificó el método. Dicho con precisión: no es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero. Una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que puedan reforzar el turno o abrir otro mostrador. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que le entra en el encuadre: si algo pasa dentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen muchísimo entre sí: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna caída. Cuando IRIS la ve, la caída ya ocurrió. Lo que cambia es el rato que esa persona pasa en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, las veinticuatro horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas no es el mismo proyecto que un hospital entero con cientos. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un pasillo y la sala de espera de emergencias, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
La escuela
Ir a la página¿Van a reconocer a nuestros alumnos?
No, y esto va antes que todo lo demás. Nada de reconocimiento facial: ninguna cara se compara contra ninguna base de datos, ninguna cara se guarda, ningún menor queda seguido y de ningún niño se levanta una ficha. Tampoco se leen placas: en una escuela esa función no se enciende. Y hay lugares donde sencillamente no hay cámara, los baños y los vestidores. Lo que IRIS mira son zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier escuela ya tiene cámaras hoy. Y lo que entiende ahí suena así: «hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse». Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle al cuerpo docente, a la asociación de familias y a los papás.
¿IRIS detecta el acoso escolar?
No lo detecta, y quien les diga que sí no les está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que nunca ocurren enfrente de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un círculo cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién acosa, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no le pone etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es enseñarle al equipo de la escuela dónde y cuándo mirar, con el video enfrente. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el maestro de grupo, el consejero escolar, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.
¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?
Ni una cosa ni la otra. No abre ni cierra la puerta de la escuela, no activa ninguna sirena, no llama a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al maestro de turno: el patio lo sigue cuidando quien lo cuida hoy, con el mismo horario y el mismo criterio. No vigila al personal docente —no es control de horario, no es registro de entrada y no evalúa a nadie— y no le pone ninguna multa a ningún carro. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto de la escuela. Quién va, qué hace y qué se anota queda exactamente igual que ahora.
¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Cincuenta avisos por recreo es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay un niño en el piso», que en un patio pasa a todas horas y casi siempre porque están jugando, sino «avísame si hay un niño en el piso en esta cancha más de dos minutos», o «avísame si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media de la mañana». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe la escuela con su equipo y su consejero escolar, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.
¿Qué le contamos al cuerpo docente, a la asociación de familias y a los papás?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Qué no se mira: los baños y los vestidores, donde no hay cámara. Y con estas palabras: no hay reconocimiento facial, no hay ficha de ningún menor y IRIS no le pone etiqueta a ningún niño. Aparte hay que explicar la cámara que cuenta cuánta gente queda en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier junta: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma ningún vendedor nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma la escuela y su titularidad, que son quienes responden de ello. Un sistema así solo funciona si el cuerpo docente y las familias saben exactamente qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sirve, y ese es justo el punto: una escuela ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí cambia el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara seis pies, y eso sale más barato que comprar nada.
¿El video sale de la escuela?
Solo si ustedes quieren, y en una escuela lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse dentro del propio plantel, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También puede procesarse en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es decisión de ustedes y no condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso queda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grado, ni una cara guardada, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda dentro?
Lo es, y por cómo se configura: ese número no se pide hablando, se traza dibujando. Se marca una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay dentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: nuestro conteo está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, un tercero independiente que verificó el método. Dicho con precisión: no es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero. Una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que le entra en el encuadre: en los baños y en los vestidores no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que la escuela decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen muchísimo entre sí: un montón de niños que se echan unos encima de otros jugando y un pleito pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ningún pleito y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas no es el mismo proyecto que un plantel entero con la puerta, los pasillos y la calle. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.
Las infraestructuras
Ir a la página¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce caras?
A nadie, y ninguna de las dos cosas. Lo que ve es «una persona en la corona» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. Nada se compara contra una base de datos y no se guarda quién es nadie. Si lo que necesitan es saber de quién es un carro o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.
¿IRIS predice una crecida, una avería o un incendio?
Ninguna de las tres. IRIS no predice nada. Avisa de lo que está pasando enfrente de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están acumulando enfrente del vertedor, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.
¿IRIS abre una compuerta o detiene una bomba cuando ve un problema?
Ni lo uno ni lo otro, y tampoco lanza ninguna maniobra. Tampoco reemplaza la instrumentación de la instalación: ni un sensor de nivel, ni la protección eléctrica, ni un sistema de extinción, ni ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo suyo y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.
¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?
Porque la ve por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un peldaño, el borde del muro del canal, un bordo. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen: por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No da una cota ni reemplaza la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.
¿Qué puede ver una cámara y qué no?
Ve lo que se ve y no ve lo que no se ve, y tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. Una compuerta en una posición sí; el telemando no, y si la orden llegó tampoco. Una sala inundada con las bombas quietas sí; si una bomba está funcionando, no. Un nivel sobre una referencia física visible sí; un limnímetro, no. O sea: señales observables, no medidas de proceso, y sirven para avisar con margen y no para reemplazar sus sensores. Ahora bien, con una cámara termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: IRIS ubica el punto caliente antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego empieza por dentro y cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada nuevo: las termográficas que ya tengan se miran igual que las demás.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y acotar esa regla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto es más grave que en ninguna otra: una regla mal acotada suelta cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. Por eso una regla no es «avísame si hay alguien». Es «avísame si hay una persona dentro del recinto cercado, entre las diez de la noche y las seis de la mañana, y lleva más de veinte segundos». Zona, horario y duración. Con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.
Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?
Se puede procesar dentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y aquí es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también al centro de control o al celular de quien esté de guardia; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.
Aquí no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?
A quien ustedes decidan, porque a esa hora no hay nadie enfrente y ese es justo el problema. Puede ir al centro de control, al celular de la guardia, a la empresa de seguridad que tengan contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.
¿Quién decide qué es un aviso y qué no?
El titular de la instalación, nunca IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.
Una presa y un vertedero no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?
No hace falta: es el mismo. Esta página enseña siete tipos de instalación —presa, planta de tratamiento, subestación, tanque de tormentas, cauce, vertedero y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando no tienen una instalación sino cientos, repartidas por una región entera y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo lugar donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.
La industria
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?
Sirve, y con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora lo incómodo: una nave no es un pasillo con luz fija. El polvo de una trituradora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. En el proyecto se revisa una por una y se les dice sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con girar unos grados y cuáles no dan para lo que quieren ver ahí.
¿Esto sirve para vigilar a los operadores?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: entiende que hay manos dentro de un resguardo abierto, no de quién son esas manos. Nada de reconocimiento facial, nada de comparar contra una base de datos, no sirve para registrar la jornada y no sirve para sancionar a una persona concreta. Al aviso llega la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay comité de trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la máquina o se conecta al PLC?
Ninguna de las dos cosas. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de prevención de la planta. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí parado vale más que cualquier automatismo. Lo que IRIS aporta es lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Cien avisos por turno es un sistema apagado en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avisa si hay alguien cerca del montacargas». Es «avisa si una persona a pie está dentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se arranca por lo que de verdad importa en esa nave, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video de la fábrica?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Eso pesa en una planta donde la línea se cae o donde la conexión es mala. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y ahí sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un grupo industrial lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?
No hace falta: es el mismo sistema y lo que cambia es qué se le pide. Una esclusa de acceso de farmacéutica, un dique de contención de química y una banda de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo son lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no arranca de cero, y por eso una acería y una fábrica de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.
¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?
Lo que no cabe en una imagen, y en una planta esa lista importa. No lee un sensor ni un PLC: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. No ve dentro de una máquina cerrada, de un tanque ni de una tubería. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones se quedan donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.
¿Reemplaza a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de prevención?
A ninguno de los tres: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y hacen falta las dos. Lo que IRIS aporta es la capa que hoy les falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar lo que está pasando enfrente de ellas. Pueden seguir grabando y gestionando el video donde lo hacen ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Y qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, en lugar de prometerles de antemano que encajamos con todo.
Además de avisar, ¿puede medir?
Puede, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay dentro de una zona, cuántas tarimas pasan por un punto, cuánto rato lleva detenida una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Sobre la garantía del número, dicho con precisión: nuestro conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, que verificó el método. No es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una nave con ocho cámaras y tres reglas no es el mismo proyecto que un grupo con doce fábricas. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los estacionamientos
Ir a la página¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?
No hace falta ninguno. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el estacionamiento ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada espacio e IRIS mira si hay carro o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios a la vez, y encima distingue el tipo: reservado, accesible, de moto o de recarga. Nada de levantar el pavimento, nada de cablear nivel por nivel, nada de mover de lugar lo que ya funciona.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?
Sirve, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para cuidar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se revisa una por una qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se te dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, nunca el punto de partida.
¿El número del letrero de la entrada es confiable? ¿Y cuando el estacionamiento está lleno?
Lo es, y por de dónde sale: no de restar entradas y salidas, sino de mirar los espacios. Contar carros en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el letrero dice «lleno» con cuarenta espacios libres en el nivel cuatro. Aquí cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, espacio por espacio, y ahí se decide qué cámara se mueve y qué zona se deja fuera del conteo.
¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?
Las lee, y sí, una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque conviene saberlo antes de firmar y no después. De ahí que la lectura sea una decisión tuya, cámara por cámara: puedes encenderla en la barrera para la mensualidad y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirte de quién es ese carro: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de tu sistema de clientes y de tu organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?
A nadie. Nada de reconocimiento facial, nada de comparar contra una base de datos, nada de guardar quién es nadie. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un carro subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un carro enfrente de la puerta: jamás quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos carros y cuántas personas pasaron por una zona y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Doscientos avisos al día se ignoran en cuatro días, y en un estacionamiento eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es «avisa si hay un carro parado». Es «avisa si un carro lleva más de unos minutos parado fuera de espacio en el nivel cuatro, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video del estacionamiento o se queda dentro?
Según la modalidad que elijas, y son dos. Con la local no sale: el servidor está en tu propio edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Es lo habitual en un estacionamiento subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y ahí sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios estacionamientos conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.
¿Reemplaza las barreras, el sistema de boletos o la instalación contra incendios?
A ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida una mensualidad y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisar a quien puede bajar hasta ahí. Y aquí va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un carro enchufado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de detección y extinción del edificio. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un estacionamiento?
Bastantes cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en tu sistema de boletos, no en la imagen. No sabe de quién es un carro. No sabe si quien se estacionó en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo, solo ve que hay un carro ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay dentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre enfrente de las cámaras que ya tienes, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien se queja.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un estacionamiento?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos estacionamientos entran, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: medir los espacios de un nivel no cuesta lo mismo que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada más. Dinos cuántos espacios y cuántas cámaras tienes y te damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los recintos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el recinto?
Sirve, y con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa una por una qué se puede ver desde ahí. Y se les dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara de la grada no distingue una cara desde el otro lado del campo, y no hace falta que la distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta parte del piso está ocupada y si la fila avanza.
¿IRIS identifica a la gente o reconoce caras en la grada?
Ni una cosa ni la otra. A nadie se le compara contra una lista, ni contra un libro de prohibiciones, ni contra ninguna base de datos, y no se guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un círculo que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una valla, una bengala encendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.
¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y controlar el aforo?
Puedes, y el aforo se lleva con eso. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja la zona de un vestíbulo o la boca de un túnel de grada y sabes cuánta gente hay dentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Sobre la garantía del número, dicho con precisión: nuestro conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, que verificó el método. No es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Funciona con el recinto lleno, que es cuando hace falta?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una a una. Le pasa a cualquier sistema de visión, al nuestro también. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta parte del piso está ocupada en esa zona y si el grupo avanza o se detuvo. Medir ocupación y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar uno por uno es en las puertas y los torniquetes, porque ahí la gente pasa en fila.
¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?
En cuanto se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta parte del piso está ocupada en esa zona y a qué velocidad avanza la gente. Cuando la ocupación sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde el centro de control mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del lugar: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de un túnel de grada. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.
¿Esto reemplaza a los stewards, al plan de emergencia o al control de accesos?
A ninguno de los tres: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene enfrente decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no detiene un torniquete y no manda a nadie a ningún lado: abre la cámara, enseña lo que vio y espera. El plan sigue siendo suyo y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de los primeros eventos. Cien avisos en un concierto es un sistema apagado al segundo; lo sabemos. Por eso una regla no es «avisa si hay mucha gente». Es «avisa si la ocupación de esta zona pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota la zona sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y el aviso no va a un correo: va al radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Se repasa un evento entero con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del recinto o se queda dentro?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En un recinto eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, comunicaciones cifradas y condiciones firmadas por contrato.
Una feria y un concierto no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?
No, y el sistema está pensado justo para eso: que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las zonas se redibujan sobre la imagen: si el escenario tapa media grada y aparece un foso delantero, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba ese mismo día. Y no hay que rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que toque. Ahí está la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la gira de verano.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un recinto?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: cubrir las cinco puertas de acceso de un pabellón no cuesta lo mismo que las gradas, los túneles y las barras de un estadio entero. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: las dos puertas que se atascan siempre, el conteo del aforo, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntennos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los hoteles
Ir a la página¿Hay cámaras en las habitaciones?
No hay, ni las va a haber. Tampoco en los baños ni en los vestidores del personal: ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el salón, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: lugares comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Y si alguien te ofrece analizar el interior de una habitación, que quede claro que nosotros eso no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Esto sirve para controlar a mi personal?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS mide la situación, nunca a la persona: ve «una mesa sin recoger desde hace ocho minutos», no ve quién tenía que recogerla. El aviso sirve para abrir otro mostrador o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mesero ni para calificar a un recepcionista. No identifica a nadie, no sirve para registrar la jornada y no sirve para sancionar. Si hay comité de trabajadores, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y cuanto antes mejor.
¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce caras?
Ni una cosa ni la otra. Lo que entiende son objetos, comportamientos y situaciones: una fila que crece, una maleta sola en el salón, una charola vacía, una persona en el piso. Ningún rostro se compara contra una base de datos, no se sigue a nadie de un salón a otro y no se cruza el programa de lealtad ni la ficha de reserva. El conteo es agregado y anónimo: dice cuánta gente hay en el comedor a las nueve y media de la noche, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?
Sirve, y con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara colocada para cuidar la puerta a lo mejor no distingue si una charola del buffet está vacía, y la de recepción a contraluz de una fachada de cristal al mediodía da una imagen quemada donde no se cuenta bien. En el proyecto se revisa una por una, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados.
¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?
De verdad, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen la zona de espera y la línea del mostrador. IRIS cuenta cuánta gente entra en la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Sobre la garantía del número, dicho con precisión: nuestro conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, que verificó el método. No es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?
Funciona, aunque hay que decir qué se pierde ahí adentro. Lo que se ve bien es lo grande y lo brillante: una llamarada sobre el sartén aparece de golpe y no se confunde, y un charco en el piso tampoco. Lo que se ve mal es el humo fino, y encima el vapor de una lavaloza o de una marmita llega a tapar media imagen y a parecerse a ese humo. Súmale la grasa, que se pega al lente y va emborronando el encuadre: la cámara de cocina hay que limpiarla. Y lo más importante de todo: IRIS no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.
¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Cien avisos al día es un sistema apagado en una semana. Por eso una regla no es «avisa si hay fila»: es «avisa si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mostradores abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular del jefe de turno o del gerente, nunca a una pantalla de la oficina de servicio que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del hotel?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, comunicaciones cifradas y condiciones firmadas por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo lugar: de eso depende la red de cada establecimiento.
¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?
Sirve para los dos, y lo que cambia no es el sistema: es qué haces con el número. Con un hotel solo decides tu hotel: a qué hora abrir el segundo mostrador, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o solo lo parece. Con una cadena aparece algo que un hotel solo no puede tener: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, medida igual en cuarenta establecimientos. El hotel donde la fila se alarga media hora antes que en el resto. Empezar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones no cuesta lo mismo que cubrir un resort entero, ni uno lo mismo que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los puertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sirve, y con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora la parte incómoda. Un patio de contenedores es largo, y una cámara colocada hace años para ver un portón no distingue a una persona a seiscientos pies. El salitre y el polvo dejan el lente velado, y una cámara sucia ve menos cada semana. En el proyecto se revisa una por una y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con mover o limpiar y cuáles no dan para lo que quieres ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, nunca el punto de partida.
¿Funciona si se cae la línea?
Funciona, y en una terminal eso no es un detalle menor. Depende de la modalidad, y hay dos. La local pone los servidores dentro de la terminal: el video entra por tu red, se analiza ahí mismo y no hace falta internet para nada. Cuando la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, igual que la operación tampoco se detiene. La otra procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, y entonces el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede arrancar con una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.
¿Esto es para vigilar al personal de muelle?
No, y hay que decirlo con todas sus letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó la cerca perimetral o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. Nada de reconocimiento facial, nada de comparar contra una base de datos, no sirve para registrar la jornada y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Al aviso llega la situación, dónde está y desde cuándo. Al comité de trabajadores se le enseña exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde el comité entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿IRIS detiene la grúa cuando alguien cruza debajo de la carga?
No la detiene. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda detenerla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí parado vale más que cualquier automatismo. Lo que IRIS aporta es lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Ve de noche, con niebla y con lluvia?
Según cuánta imagen quede, y aquí preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con lluvia se pierde nitidez, pero se sigue trabajando. Con niebla cerrada la imagen se pierde, y eso no lo arregla ningún sistema de visión: quien te diga lo contrario no pasó una noche de niebla en un muelle. De ahí que en el proyecto se diga punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida tu regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Cien avisos por turno es un sistema apagado en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien de pie dentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien de pie». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con tus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Esto vale para el plan de protección del puerto?
Vale como una herramienta más, nunca como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce de la cerca perimetral o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: quien aprueba el plan es la autoridad que corresponda, y quien lo firma es tu organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.
¿Reemplaza la cerca perimetral, los sensores o al personal de seguridad?
A ninguno de los tres. La cerca sigue haciendo falta: una cerca detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores del perímetro se quedan donde están, e IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la cerca, IRIS dice qué se ve ahí y abre la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con el personal de seguridad pasa lo mismo que en cualquier centro de control: no se reemplaza, cambia lo que mira. Hoy tiene enfrente muchas más cámaras que ojos. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa.
¿Sirve para una terminal sola o para todo el puerto?
Para una ya sirve, y con todo el puerto cobra otro sentido. En una terminal el valor está en el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de detenerla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se ve qué muelle acumula más cruces debajo de la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación del que más muelles pisa. Con el número enfrente se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tus jefes de muelle antes de decidir nada. Dinos cuántas cámaras tienes y qué quieres detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
La banca
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce caras?
Ni una cosa ni la otra. Ningún rostro se compara contra una lista ni contra una base de datos, de nadie se construye un perfil y sus sistemas de cliente no se tocan. Lo que IRIS ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el vestíbulo, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Y quien mira eso y decide qué significa es una persona de su casa, siempre.
¿Esto detecta un robo antes de que ocurra?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una junta. IRIS no adivina la intención de nadie ni predice lo que va a hacer una persona; quien les prometa eso les está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con el casco integral puesto y la visera abajo, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.
¿Sirve con las cámaras que ya tienen las sucursales?
Sirve, y con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y se los decimos sin adornos: el contraluz del aparador a media tarde y el vestíbulo de cajeros automáticos a oscuras arruinan cualquier imagen, la nuestra también. Por eso se revisa una por una si el encuadre da para lo que quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados.
¿Sale el video de la sucursal o se queda dentro?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la sucursal o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de sucursales conviene decidirlo pronto, porque de eso depende la red de cada local.
¿Y la protección de datos, en una sucursal llena de clientes?
Arriba está lo que más pesa en una sucursal: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. Debajo de eso, el tratamiento se configura pieza a pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ahora, el cumplimiento no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Reemplaza la alarma conectada a central, al personal de seguridad o al control de accesos?
A ninguno de los tres: convive con ellos y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy les falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.
Nos llega una reclamación de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?
Sirve, y es de lo que más tiempo devuelve. Hoy eso son horas de grabación pasadas a mano para dar con cuatro minutos. Con IRIS se describe en una frase lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el vestíbulo— y sale la secuencia con su cámara y su minuto. Y la otra mitad hay que decirla también: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es justo lo que la hace valer como prueba.
¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avisa si hay alguien en el vestíbulo de cajeros automáticos». Es «avisa si alguien lleva más de tantos minutos en el vestíbulo, fuera del horario de atención». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —el gerente de la sucursal, la central, el celular de quien está de turno—, nunca a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de sucursales?
Se puede, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una sucursal. En una sola, el valor está en el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una sucursal no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve qué sucursales acumulan puertas que se quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta arrancar por todas: se empieza por unas pocas y se decide después.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de sucursales?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas sucursales entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una sucursal con seis cámaras y tres reglas no es el mismo proyecto que una red de trescientas. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: unas pocas sucursales, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los casinos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?
Sirve, y con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora, no todo encuadre alcanza: una cámara colocada para cubrir el pasillo puede no llegar a leer el tapete. En el proyecto se revisa una por una qué se puede ver desde ahí, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, nunca el punto de partida.
¿IRIS reconoce caras, controla la autoexclusión o detecta menores?
Ninguna de las tres. No identifica a nadie: ningún rostro se compara contra una base de datos, no se guarda quién es nadie, no se sigue a un jugador por la sala y no se cruza el programa de lealtad. Y aquí está la raya, dicha antes de que la pregunten: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.
¿Sale el video de la sala?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, comunicaciones cifradas y condiciones firmadas por contrato. En una sala lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.
¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?
Ya no es una tarde encerrado en el cuarto de grabación. Hoy alguien baja, escoge cuatro cámaras y rebobina. Con IRIS basta describir en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— para llegar al minuto. Y lo que sale es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: nada retocado, nada oculto. Ahí se detiene IRIS. La conclusión la saca una persona, la reclamación la resuelve la sala, y lo que vale ante cumplimiento o ante el regulador lo marcan su procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por ustedes.
¿Los números de la sala son confiables?
Lo son, y por cómo se configuran: no se piden hablando, se trazan dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se marca una línea en el umbral o una zona sobre el tapete, y a partir de ahí el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, un tercero independiente que verificó el método. Dicho con precisión: no es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por turno es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay gente de pie junto a una mesa», sino «avísame si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su sala, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
La sala, nunca IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su tapete: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambian el horario, cierran una mesa o abren una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar. Y como está escrita en una frase, se la pueden enseñar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué no ve IRIS en una mesa?
Bastante, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que le entra en el encuadre: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro y una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala ve peor, y con el lente sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo entre sí: recoger una ficha y mover una ficha se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni dice quién hizo trampa. No es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, las veinticuatro horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando en la sala?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. Lo que sí está claro son las tres fases del trabajo: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan; y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en su sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede empezar chico: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los malls
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el centro?
Sirve, y con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora, no todo encuadre alcanza: una cámara colgada para cuidar un acceso a lo mejor no llega a contar en el corredor del fondo. En el proyecto se revisa una por una qué se puede medir desde ahí, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, nunca el punto de partida.
¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce caras?
Ni una cosa ni la otra. Ningún rostro se compara contra una base de datos, no se guarda quién es nadie, no se sigue a una persona de una tienda a otra y no se cruza ningún programa de lealtad. Una persona contada es un uno: de ella no queda nada más. Y como esto sale en todas las juntas, lo decimos claro con el niño perdido: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero no lo busca por su cara ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.
¿Sale el video del centro?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, comunicaciones cifradas y condiciones firmadas por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: de eso depende la red del centro.
¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?
El contador de la puerta dice cuánta gente vino. Esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué pisos se quedó, qué corredores evitó y qué cambió el día que lanzaron la campaña. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, un tercero independiente que verificó el método. Dicho con precisión: no es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Podemos dar estos números a los operadores de las tiendas?
Pueden, y es una de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder datos de ninguna persona. Cuánta gente pasa enfrente de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. Lo que no está aquí es la venta: eso está en la caja del operador y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades cambia el diagnóstico: si pasa mucha gente y casi nadie entra, el problema es el aparador o el rótulo. Si no pasa nadie, el problema es el corredor y no la tienda. Hoy esas dos situaciones se parecen en el reporte —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.
¿Cuántos avisos vamos a recibir en el centro de control?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos al día es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay gente parada en la escalera mecánica», sino «avísame si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media de la mañana». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro y no en un centro cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
El centro, nunca IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su corredor: lo normal en un centro de barrio no es lo normal en uno de tres pisos con food court, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la campaña de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS un sábado por la tarde?
Con el centro lleno deja de distinguir a unas personas de otras en cuanto se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, al nuestro también, y quien diga lo contrario no lo probó a esa hora. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por los pisos no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que ocurre fuera del encuadre, detrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: IRIS tampoco.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño del centro, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. Lo que sí está claro son las tres fases del trabajo: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan; y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en el centro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hacen falta un día flojo, un sábado y un día de campaña. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un centro comercial?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay tarifa única que valga para todos: medir dos accesos y un piso no cuesta lo mismo que cubrir tres pisos, el food court y las rampas del estacionamiento. Y se puede empezar chico: los accesos y un piso, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los aeropuertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sirve, y con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora, no todo encuadre alcanza: una cámara colocada para ver el vestíbulo entero puede que no llegue a contar la boca de una fila. En el proyecto se revisa una por una qué se puede medir desde ahí, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, nunca el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce caras?
Ni una cosa ni la otra. Nada de reconocimiento facial, nada de comparar contra una base de datos, nada de guardar quién es nadie, nada de seguir a una persona por la terminal y nada de cruzar una lista de pasajeros ni una tarjeta de embarque. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control documental, no verifica documentos, no reemplaza al escáner ni al agente que está de servicio y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una banda de equipaje detenida. Un pasajero contado es un uno: de él no queda nada más.
¿Sale el video del aeropuerto?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y ahí sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿Los minutos de espera del control de seguridad son un número confiable?
Lo son, y por cómo se configuran: ese número no se pide hablando, se traza dibujando. Una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto de metrología de España, un tercero independiente que verificó el método. Dicho con precisión: no es una certificación de este país ni equivale a ninguna, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.
¿Detecta un equipaje abandonado?
Lo detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, dentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto enfrente. Y hay que decirlo antes de firmar: en un vestíbulo lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por turno es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay fila», sino «avísame si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve de la mañana». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en su terminal, no en una terminal cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
El aeropuerto, nunca IRIS. Lo que se vigila se escribe hablando: una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Lo que se mide se dibuja: una raya en el piso, una zona sobre una sala. Son dos cosas distintas, no se configuran igual, y por eso hay que decidir las dos. De fábrica IRIS no trae ninguna lista de comportamientos ni decide qué es normal en su vestíbulo a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y si cambia el horario de un vuelo de madrugada, se cierra un pasillo por remodelación o se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?
Bastante, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que le entra en el encuadre, y con el vestíbulo lleno unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, al nuestro también, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo por la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso angosto y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. Lo que sí está claro son las tres fases del trabajo: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar; y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. Por eso no hay tarifa única: medir el control de seguridad y la sala de reclamo de equipaje no cuesta lo mismo que cubrir una terminal entera con sus tiendas, sus pasillos y su sótano. Y se puede empezar chico: el control y la sala de equipaje, ver los números con su equipo enfrente y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
La seguridad pública
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?
Sirve, y ese es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a todas horas. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí cambia el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara seis pies, y eso sale más barato que comprar nada.
¿IRIS identifica a las personas, reconoce caras o sigue a alguien por el territorio?
Nada de eso, y hay que decirlo con todas sus letras. Ningún rostro se compara contra ninguna base de datos, no se guarda quién es nadie y no se lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni califica a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que entiende son hechos que definió la propia administración: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leerlas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.
¿Sale el video de nuestras instalaciones?
Solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. Con la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar: si se cae la línea, el análisis sigue. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso queda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?
Lo que aporta es un hecho fechado con su video, ni más ni menos: la imagen no se retoca, no se oculta nada y no se interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un vendedor nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para darle la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.
¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?
Conviene contestarlo antes de que lo pregunten: no se mira dentro de una vivienda, ni en unos vestidores, ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide la administración, con su marco legal, sus servicios jurídicos y la información pública que corresponda. Eso lo firma quien lo instala, no nosotros; desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software es que el tratamiento se configura pieza a pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un vendedor: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de control?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por turno es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si hay un vehículo parado», sino «avísame si hay un vehículo parado en este acotamiento, entre las diez de la noche y las seis de la mañana, más de tres minutos». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en su territorio y no en el de otro.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
La administración, nunca IRIS. Quien explota el sistema es quien escribe la zona, la hora, el rato y las condiciones, y eso queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Después IRIS la aplica siempre igual y sin cansarse. De fábrica no viene ninguna lista de comportamientos, ni ninguna idea de qué es normal en su territorio: lo normal en una costa no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. ¿Que mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso? La regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie. Y como es una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué es lo que IRIS no ve?
Bastante, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que le entra en el encuadre: si algo pasa fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con niebla, con lluvia fuerte o con el lente sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen muchísimo entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. No es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño del despliegue, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. Lo que sí está claro son las tres fases del trabajo: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto; y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra enfrente de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas no es el mismo proyecto que un territorio entero con cientos. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un acceso, un tramo de camino de monte, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
Los centros de datos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?
Sirve, y con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora, no todo encuadre alcanza: una cámara colocada para cubrir el pasillo entero a lo mejor no llega a ver si un gabinete quedó abierto. En el proyecto se revisa una por una qué se puede ver desde ahí, y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, nunca el punto de partida.
¿IRIS identifica al personal o reconoce caras?
Ni una cosa ni la otra. Ningún rostro se compara contra una base de datos, no se guarda quién es nadie y no se sigue a una persona por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: esto no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir el rendimiento de una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este gabinete está abierto sin nadie enfrente». El nombre, si hace falta, lo pone después su control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.
¿Sale el video del centro de datos?
Según la modalidad que elijan, y son dos. Con la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí dentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es decisión de ustedes, no condición nuestra.
¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?
Lo que la cámara ve es que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Cuántas autorizaciones hubo no está en la imagen: vive en su control de accesos. El cruce lo hace su sistema con ese hecho —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se vuelve un problema. Ese reparto es a propósito: la cámara pone el hecho, y el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó o enseñárselo a quien viene a auditar.
¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta calzada?
Avisa de las tres, y también de un gabinete que se queda abierto o de una herramienta olvidada dentro de la sala. Ahora el límite, porque importa: esto no reemplaza la detección de incendios, ni las sondas de agua, ni la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su mantenimiento y sus requisitos, y se quedan exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a lugares donde no hay sonda y abre la imagen del momento, para que quien está de guardia vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: qué puerta, qué franja horaria y cuánto tiempo. Doscientos avisos por turno es un sistema apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avísame si esta puerta se abre», sino «avísame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro, no en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El centro, nunca IRIS. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en sus pasillos: lo normal en una sala de operación no es lo normal en un andén de carga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia un procedimiento, se abre una sala nueva o se corta un pasillo por obra, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS en un pasillo de racks?
Bastante, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que le entra en el encuadre: un gabinete tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo angosto el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen muchísimo entre sí: alguien que recarga la puerta y alguien que la calza pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, las veinticuatro horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. Lo que sí está claro son las tres fases del trabajo: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este gabinete—; y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
Manda cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: cubrir la esclusa de acceso y el andén de carga no cuesta lo mismo que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar chico: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es español: +34 902 02 70 91, y desde Estados Unidos se marca 011 34 902 02 70 91.
El estado de las cámaras
Ir a la página¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?
Con las que ya tienes, del fabricante que sean. A la cámara IRIS no le pregunta nada y no depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. Ninguna hay que cambiar, ningún aparato hay que agregar y ningún cable nuevo hay que tender.
¿No me va a llenar el día de avisos?
No, y está pensado justo para eso. Cada cosa lleva su umbral y su tiempo: una gota de lluvia tiene que seguir ahí un buen rato, la suciedad tiene que ir a peor varios días, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por una racha de viento. Solo tres cosas avisan al momento: que la cámara esté tapada, que esté girada o que haya perdido la señal. Todo lo demás no interrumpe a nadie: espera al reporte del día.
¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?
Porque se lo guarda. Lo primero que hace el primer día es anotar cómo se ve esa cámara cuando está bien: encuadre, nitidez, color, cuánta luz da de noche. Esa referencia es suya y de ninguna otra —una del dock y una del vestíbulo no se parecen en nada, y compararlas no diría nada—. De ahí en adelante, cada día se compara contra su propia referencia, nunca contra un ideal.
¿Cada cuánto revisa las cámaras?
Lo decides tú. Se programa una revisión —cada día, cada domingo, el primero de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté enfrente de la pantalla. Al terminar hay un reporte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Se exporta a hoja de cálculo.
¿Esto cuesta aparte?
No, porque la licencia va por cámara y no por pregunta. Lo mismo cuesta pedirle que avise si alguien se cae que pedirle si esa cámara está sucia: lo que se paga es la cámara. Aquí no hay módulo de mantenimiento aparte ni precio por cada cosa que quieras vigilar; si la cámara ya está en IRIS, esto ya viene incluido.
¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?
Hay que subir, y aquí no se disimula: IRIS no repara nada, no reinicia equipos y no limpia domos. Lo que cambia es que quien sube lo hace sabiendo a qué sube y en qué orden. Y la diferencia no es chica: se pasa de una vuelta por calendario —recorrer cuatrocientas cámaras porque toca— a una lista de las once que de verdad tienen algo, con su imagen enfrente. Alguna de esas once, además, se arregla desde abajo.
¿Y si la tuya no está?
Escríbenos y la contestamos. Si la pregunta es buena, acaba en esta página para el siguiente que la tenga.
Siguiente paso
El centro penitenciario
¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando el grupo se cierra?
17 casos: 16 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Ves cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
El hospital
¿Cuánto tarda en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la mañana?
13 casos: 12 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Ves cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Las cámaras que compraste hace añossiguen sirviendo. Lo que les faltaba no era calidad.
Lo que faltaba era una mirada. Se conecta a lo que ya tienes —equipos y cables incluidos— y de golpe la imagen deja de guardarse para empezar a entenderse.
Cuéntanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Contestamos el mismo día hábil.