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IRIS NEURALContactanos

Todo lo que preguntan

Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.

Están agrupadas por dónde nacen: primero lo que hay que entender antes de nada, después cada parte del producto y al final cada sector. Ninguna respuesta está escrita para esta página: son las mismas que vas a ver en su lugar, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.

297 preguntas contestadas

Antes de nada

Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hace falta cambiar las cámaras, si funciona sin internet y quién decide.

  • ¿Puede funcionar sin internet?

    Sí. Se puede desplegar de forma completamente local y correr sin conexión a internet. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas pueden ejecutarse adentro de la infraestructura del cliente.

  • ¿Hay que cambiar las cámaras?

    No necesariamente. El diseño está pensado para aprovechar la instalación de video existente cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten.

  • ¿Toma decisiones por nosotros?

    No. Tu organización define las reglas y los límites. Lo que se automatiza acá es su aplicación repetitiva, y a las personas les llegan las situaciones que piden criterio humano.

  • ¿Qué es un NVMS?

    Un NVMS es un Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que además entiende lo que ocurre en la escena. Interpreta objetos, áreas, tiempos y contexto, aplica las reglas de la organización y convierte el video en métricas y respaldo.

  • ¿Cuánto tarda en estar corriendo?

    Un plazo genérico no lo damos, porque depende de la instalación y de cuántas cámaras entren. Lo habitual es arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera y crecer desde ahí.

  • ¿Sustituye al VMS que ya tenemos?

    Depende de la instalación. Sistema completo de gestión de video o convivencia con el que ya está: eso se decide después de mirar tu red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirte qué se puede hacer hoy y qué no, en vez de prometer que encaja con todo.

  • ¿Cuánto cuesta IRIS?

    El precio depende de tres cosas: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones se quieren en cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa cerrada porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada. Contanos tu caso y te damos una cifra concreta, no un rango.

  • ¿Baja los avisos equivocados?

    Sí, y es una de las razones por las que se instala. La detección de movimiento clásica salta con el aguacero, con una rama o con un perro; acá se mira la escena y se distingue qué hay, dónde está y cuánto tiempo lleva ahí antes de avisar. No prometemos que no vuelva a saltar un aviso de más, porque eso no existe: prometemos que el ruido deje de llegar a quien está de turno y que, cuando llegue un aviso, valga la pena mirarlo.

Qué es IRIS

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  • ¿Toma decisiones por nosotros?

    No. Tu organización define las reglas y los límites, y lo que se hace acá es aplicarlos de forma repetitiva sobre todas las cámaras. Las situaciones que piden criterio humano llegan a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con toda la información enfrente.

  • ¿Hay que cambiar las cámaras para usar IRIS?

    No necesariamente. El diseño está pensado para aprovechar la instalación de video que ya existe, cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten. En la evaluación previa se revisa cámara por cámara: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que necesita la detección que se busca.

  • ¿En qué se diferencia de una analítica de video?

    La diferencia está en lo que pasa después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. Acá ese hecho se relaciona con el área, el tiempo y el contexto, se comprueba la regla que fijó tu organización y se ejecuta lo que debe ocurrir a continuación. Detectar es el principio, no el final.

  • ¿Detectar y entender son lo mismo?

    No, y ésa es una de las cosas que más se confunden. Mirar son tres cosas distintas. La primera ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está; es rápida y da siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es la única con la que se puede contar y que un número salga igual dos veces. La segunda NOMBRA: distingue un panel de un sedán, un casco de una gorra; trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. La tercera ENTIENDE: lee la escena entera y la relación entre las cosas —no «una persona» y «un carro», sino «una persona en el piso junto a un carro parado en medio del cruce»—, no necesita lista y contesta a una frase escrita con tus palabras, pero no es con la que se cuenta. Las tres vienen de serie, y no como extras aparte: en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. Por eso decimos que preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y que no se hacen igual.

  • ¿Puede aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?

    Sí. Una pieza que solo se fabrica acá, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo aparece con este material: nada de eso está en ninguna lista, y no va a estarlo. Se entrena un modelo propio con imágenes de tus cámaras y con tus casos, y pasa a ser una detección más: se escribe en una regla igual que las demás. Y ese modelo es tuyo: se entrena con tus imágenes y con el criterio de tu gente, así que queda en propiedad tuya. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se venda a tu competencia y no depende de seguir siendo cliente para poder usarlo. Lo que hace falta para entrenarlo: imágenes de eso pasando —de verdad, no montadas— y alguien de tu equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Si eso que se quiere detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.

  • ¿IRIS es un VMS?

    Trae adentro capacidades propias de un VMS —recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar—, pero la propuesta va más allá de eso. Se entiende lo que ocurre en la imagen, se aplican las reglas de la organización, el video se convierte en métricas y se puede investigar sin revisar horas de grabación.

  • ¿Hay que sustituir el VMS que ya tenemos?

    No necesariamente. Según el proyecto, IRIS puede ser la plataforma completa o convivir con la instalación de video existente, aprovechando los flujos y las integraciones disponibles. Lo sensato es revisarlo caso por caso: qué cámaras, qué grabación y qué sistemas se pueden reutilizar.

  • ¿Qué significa exactamente NVMS?

    Neural Video Management System: eso quiere decir NVMS, un sistema de gestión de video que además entiende lo que ocurre adentro de las imágenes. Con un VMS la diferencia está en el centro del modelo: aquél gira alrededor de la pantalla y de quien opera; éste gira alrededor de la decisión.

  • ¿Hacen desarrollos a la medida?

    Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja tu equipo, un informe con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en esa operación. Eso se hace. Lo que no vamos a decirte es que todo cabe en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.

  • ¿Se integra con lo que ya tenemos?

    Sí, y es lo normal: casi nadie empieza de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja tu equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que se decide acá puede apoyarse en algo que su sistema ya sabe. Lo que no vamos a decirte es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de vos. Se comprueba al principio, con tu sistema enfrente, y si algo no va a poder ser se dice entonces.

Lenguaje natural

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  • ¿Hay que saber programar para configurar IRIS?

    No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— y se muestra cómo se interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue siendo necesario para la puesta en operación y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.

  • ¿Detecta cualquier cosa que se le pida?

    No. Por su posición, por su calidad de imagen o por su iluminación, hay situaciones que una cámara concreta no puede resolver; y hay detalles chiquitos o muy lejanos que ninguna cámara de ese encuadre distingue. Eso no se resuelve discutiéndolo: se prueba la descripción sobre video real de esa cámara y se mira el resultado antes de contar con ella.

  • ¿Se puede usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?

    Sí. Además de definir reglas hacia adelante, se puede describir algo que ya ocurrió —«panel blanco parado más de diez minutos en la rampa 4»— y salen los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Se deja de buscar el minuto; se busca lo que pasó.

  • ¿Cuesta algo probar frases hasta acertar?

    No cuesta nada. Acá no se cobra por consulta: no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas. Se escribe una regla, se prueba contra el video de esa cámara, se cambia y se vuelve a probar las veces que haga falta; una prueba y un millón de pruebas cuestan lo mismo. Es a propósito, porque una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas a la primera y mal.

Procesamiento

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  • ¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?

    Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la usa para funcionar. Los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, y los modelos se ejecutan en tu equipo sin consultar ningún servicio de afuera. Podés desconectar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.

  • ¿Dónde reside el video y quién puede acceder a él?

    Reside donde vos lo decidís, y accede a él solo quien vos autorices. En la modalidad local vive en los discos de tu edificio y no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde, y el contrato fija quién puede entrar, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. En las dos modalidades las comunicaciones van cifradas y los accesos quedan registrados.

  • ¿Puedo empezar con una modalidad y cambiarme a la otra más adelante?

    Sí, se puede. Es el mismo sistema en los dos lugares: lo que cambia es dónde se ejecuta el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que hayas dibujado sobre tus cámaras, ni la forma de trabajar de tus operadores. Tampoco tiene que moverse toda la organización a la vez: cada sede puede tener su modalidad y todas se ven desde el mismo lugar. Lo que sí cambia es quién compra el equipo y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar, no después.

  • ¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?

    El análisis se para hasta que la línea vuelve. Lo decimos claro porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato no vas a recibir avisos. Tus cámaras siguen grabando donde lo hagan hoy, y en cuanto la línea se restablece el análisis se reanuda. Si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —un cuarto de monitoreo, una planta de tratamiento, un centro penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.

  • ¿Me cuesta más cuanto más lo use?

    No: IRIS no se factura por uso. No hay contador de consultas, de búsquedas, de avisos ni de cámaras abiertas. Una consulta y un millón de consultas cuestan lo mismo. Es a propósito, porque un sistema que cobra por pregunta termina usándose poco: quien opera se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda parada. Lo que sí cambia el precio es el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se habla antes de firmar, no después.

  • ¿IRIS solo sirve para seguridad?

    No. Sirve además para medir la operación: conteo de personas, tiempos de espera, ocupación de áreas, filas y flujos de personas o vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide a diario y una alarma casi nunca, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Eso no se pide hablando: se dibuja una raya o un área sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. Y el conteo de personas se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, por medio de NeuralPax: lo verificado es esa medida, contar personas, y no el resto. Eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye.

  • ¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?

    No. Es la misma plataforma en todos los entornos; lo que cambia es la configuración: qué objetos importan, qué áreas se vigilan y qué reglas se aplican. Una organización con entornos muy distintos trabaja con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo formado.

  • ¿Funciona en lugares remotos, sin personal ni conexión?

    Sí, siempre que la cámara tenga energía y una vía para llegar al servidor. El análisis se ejecuta adentro de la propia instalación, así que en un perímetro remoto o en una red cerrada se sigue entendiendo la escena aunque no haya conexión a internet. En un país con apagones, eso no es un detalle.

Por lo que hace

Una por cada parte del producto: el directo, la búsqueda, las placas, las incidencias, los mapas, la automatización y las demás.

Directo y muro de pantallas

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  • ¿Hay que cambiar de cámaras para tener un muro de pantallas así?

    No. Se trabaja con las cámaras que ya están puestas, y todo se maneja desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado en la pared de afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y vuelve igual mañana, y que el muro del cuarto de monitoreo se gobierna desde la mesa.

  • ¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?

    Sesenta y cuatro celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o acomodo libre a mano. Aparte de eso hay un tope, configurable por servidor, de cuántas de esas celdas dan video en vivo a la vez, para no ahogar ni el puesto ni la red. Las celdas que pasan de ese tope no se quedan negras: enseñan imagen fija que se refresca, y la propia celda avisa de que es una decisión del sistema y no una falla.

  • ¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?

    Ver, mover y configurar son permisos distintos, y además cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona. Las áreas tapadas por privacidad no se pueden destapar desde una vista: hace falta un motivo escrito, una duración limitada y, si la organización lo exige, alguien que lo autorice. Y sí, queda constancia: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada acceso a un muro publicado se registran con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía.

  • Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una falla o una decisión?

    Porque la celda lo dice. Hay tres motivos y cada uno lleva su nombre: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —que es una decisión del sistema, no una falla—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Se puede exigir además que las celdas de una persona no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque no tenés acceso a esa cámara, también lo pone: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en un cuarto de monitoreo.

  • ¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?

    Hace falta una pantalla con navegador —un televisor, un monitor o un cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. En esa pantalla no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web. El enlace publicado se abre sin escribir contraseña, y ese enlace lleva PIN, vencimiento y lista de direcciones permitidas. Lo que sí hace falta es justo lo que no vende ningún fabricante: decidir qué se ve. Esa parte le toca al cuarto de monitoreo, y todo lo demás está para que solo haya que hacerla una vez.

Detección y comportamientos

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  • ¿Qué puede detectar IRIS exactamente?

    Vienen 41 comportamientos listos —intrusión, cruce de línea, permanencia, permanencia prolongada, objeto abandonado o retirado, conteo de personas, filas, aglomeración con densidad, espacio ocupado, sentido contrario, velocidad, distancia entre personas, recorrido entre áreas— sobre un catálogo de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias. Si lo que se busca no es ninguno de ellos, un filtro fino compara cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores y condiciones agrupadas con «y» y con «o».

  • ¿Hay que calibrar la cámara para medir velocidades?

    Para empezar, no. Cada clase del catálogo trae su altura promedio real —una persona 1.70 metros, un carro 1.50— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. Para medida real sobre el piso se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden de verdad: de ahí en adelante, distancias, recorridos y velocidades están en metros. La velocidad medida y la estimada se distinguen siempre, y una regla puede exigir que solo cuente la medida; la estimada se queda corta y por eso se etiqueta como lo que es.

  • ¿Y si me llena el turno de avisos equivocados?

    Es lo primero que se ataja, y hay seis mandos para eso. Se apagan áreas enteras a propósito —la carretera del fondo, el rótulo con fotos de personas—. Se exige que el objeto lleve ya un rato siendo seguido antes de que cuente. Se pone un doble umbral para que el aviso no parpadee cada vez que alguien pisa la orilla. Se limita a un horario. Y se agregan tiempo de espera, enfriamiento y un tope por minuto. Después, antes de publicar nada, la imagen en vivo enseña lo que esa regla produce de verdad, incluidos los objetos que se descartan y por qué se descartan.

  • ¿Y de noche, o con mala luz?

    Con menos luz se detecta menos, y eso se dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no corren a ciegas. Además hay un puntaje de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar el lente, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo nocturno. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco confiable en lugar de afirmar que el panel era blanco. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche siga significando lo mismo en junio y en diciembre.

  • ¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?

    Se aguanta la identidad unos segundos, y cuando no se puede, se dice. Cuando algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, un techo de lámina— el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto conserva además un historial corto de sus clases, así que un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite, por delante: si la ocultación dura más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa distinta, y sigue sin saber quién es.

Grabación y forense

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  • ¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?

    Sí: para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, cámaras, tipo de objeto, hasta cuatro colores, una parte concreta de la imagen y uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se puede escribir la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, enseñando antes qué entendió. Y si aun así el rango es largo, el resumen salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.

  • ¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?

    Porque lo comprueba él mismo. El paquete exportado incluye una huella de cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que se abre en cualquier navegador. Ese comprobador corre sin conexión: no llama a ningún servidor, ni al nuestro ni a otro. Si algo se modificó —un cuadro, un byte, el manifiesto—, la comprobación falla y lo dice. Y antes de entregarse, el paquete se verifica a sí mismo; si no pasa su propia comprobación, no se entrega.

  • ¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?

    No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no puede saltárselo. Si lo único antiguo que queda está bloqueado, el sistema para, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en lugar de sacrificar material protegido para ganar lugar. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede realizar, no se borra —nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar—. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de vencimiento.

  • ¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?

    El plazo lo decide el cliente, cámara por cámara, y ese plazo manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por antigüedad. El techo real no es el programa, es el disco: por eso la pantalla no enseña solo el plazo configurado, sino los días que hay de verdad grabados en este momento, y avisa cuando son menos porque el disco se llena antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.

  • ¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?

    No puede, y de que lo intentó queda constancia. Fuera del borrado automático está el material bloqueado, y borrar a mano pide un permiso propio y además tener asignada esa cámara. Para levantar un bloqueo hace falta el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito; la ficha no desaparece, se marca como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Cada borrado, cada exportación y cada liberación caen además en el registro de auditoría con el estado anterior y el posterior, encadenados de forma que se nota si alguien alteró o quitó una entrada.

Búsqueda por apariencia

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  • ¿Reconoce rostros?

    Reconocimiento facial sí trae el producto; viene apagado y en la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley lo permite, encenderlo pasa por nueve advertencias legales de lectura obligatoria y por declarar base jurídica, finalidad y plazo de conservación: sin esos tres datos no funciona, y quitarlos lo detiene al momento sin reiniciar nada. Lo decide cada instalación, de fábrica no viene puesto, y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las áreas que esta web enseña no se identifica a nadie, porque ahí la función está apagada. Y casi ninguna búsqueda real la necesita: se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, área y hora.

  • ¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

    Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto se guarda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y área— y con eso se le vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre. Cuando se propone que dos apariciones son el mismo objeto, se dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión humana. Una persona confirma o descarta cada propuesta, y su decisión queda guardada con nombre y hora.

  • ¿Quién puede buscar y qué queda registrado?

    Buscar exige permiso de ver grabaciones, y además cada persona solo encuentra objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, simplemente no aporta resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las áreas sensibles se pueden tapar con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, la aprobación de una segunda persona. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Y todo ocurre adentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y corren sin internet, así que ni una imagen sale a un tercero. Y todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el cortafuegos.

  • ¿Y si la persona se cambia de ropa?

    Ahí se rompe el rastro por apariencia, y hay que decirlo. En el color, la forma y la complexión se apoya la huella de una persona: cambiada la ropa, cambia la huella, y esa persona deja de proponerse en las cámaras siguientes. Lo que no se hace es inventar una coincidencia: se dice que nadie llega al umbral, y con qué umbral. Lo que sí queda en pie es el recorrido hasta el cambio —dónde se le vio por última vez y a qué hora—, la búsqueda por otros criterios en esa área y esa franja, y el vehículo si lo hubiera. Por eso el recorrido se arma con avistamientos que confirma una persona, y no con una cadena automática que no miró nadie.

  • ¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?

    Cada instalación fija su plazo, y lo fija por separado para personas, vehículos, rostros y placas, de cero a 3,650 días. Ojo con el cero: no quiere decir borrar, quiere decir conservación indefinida, y por eso la pantalla lo marca en rojo, para que nadie lo elija por descuido. Un barrido nocturno ejecuta el borrado, y cuando ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en lugar de dar por cumplido el plazo; se ve además cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron de su plazo. Consultarlas pide el permiso de ver grabaciones y alcanza solo a las cámaras que esa persona puede ver. Cambiar la retención pide su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.

Placas y accesos

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  • La web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?

    Las dos cosas son ciertas, y la diferencia es la cámara. La lectura de placas se enciende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se enciende —el patio de un colegio, un sector de un centro, el perímetro de una obra— lo que se ve es «un vehículo» y ahí se acaba: el número no se lee, no se guarda y no se compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no se leen placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la talanquera de un parqueo, el portón de un patio de camiones— se enciende, porque es justo lo que el cliente fue a comprar. Quién la enciende, en qué cámaras y cuándo queda en la pista de auditoría, así que la respuesta a «¿dónde se leen placas en esta instalación?» siempre se puede consultar, y siempre es una lista corta y comprobable. Y encenderla no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se enciende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es —con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.

  • ¿Sabe de quién es el carro?

    No. Se lee el número de la placa y se compara con las listas que cargó el cliente, y ahí se acaba. No hay ningún registro de propietarios detrás: no se consulta ninguna base oficial, no se sabe el nombre de nadie y no se puede averiguar. La marca y el modelo tampoco se leen. Lo que sí se sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien se dice, en vez de llenar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la metió en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.

  • ¿Abre la talanquera él solo?

    Se decide, se registra y se lleva la cuenta de quién está adentro. Lo que mueve físicamente la talanquera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso a paso, y que se puede probar antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta placa, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla responde por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a mitad, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en lugar de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la talanquera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.

  • ¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?

    Con lodo, con mal ángulo o con poca luz suele alcanzar, porque un solo paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga limpia. Con una placa que no es legible, no: ahí no hay lectura y ninguna se inventa. Lo que se hace es contar el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se están perdiendo en esa cámara. Y si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el programa: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y lo decimos antes de vender y no después. En un control de accesos, la placa que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la talanquera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Ojo con una cosa distinta: para darse cuenta de que un vehículo circula sin placa legible no hace falta leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.

  • ¿Y si se equivoca leyendo un carácter?

    Pasa, y está previsto. Al comparar contra una lista hay tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —que es el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas encendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriendo la talanquera al carro de a la par. Para una talanquera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Después hay dos detalles que solo aparecen cuando esto se armó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está adentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo carro, y la pantalla lo marca como tal.

Incidencias y cuarto de monitoreo

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  • ¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?

    Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos, y al vencer el primero sin que nadie haya respondido se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es asignársela, validarla, cerrarla o comentarla; cualquiera de esas cuatro detiene la subida, aunque el caso no quede resuelto. Si un turno se quedó sin nadie de guardia, el aviso salta al peldaño siguiente en lugar de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Terminar en silencio no es una de las opciones.

  • ¿Cómo se evita que el cuarto de monitoreo se ahogue en avisos?

    Con tres cosas. Las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una sola fila con su contador y sin borrar ninguna: el detalle sigue guardado y el número siempre cuadra. La fila se filtra por 27 criterios combinables, y cada persona guarda su vista y la comparte con el equipo. Y un panel mide cuántos avisos recibe cada quien por hora y señala qué cámara y qué regla los producen, para poder afinarlas en lugar de apagarlas. Además queda registro de quién silenció qué.

  • ¿Se puede demostrar después qué se hizo?

    Sí. Quién la abrió, quién la miró, qué cambió, qué escribió y cuándo la cerró: la cronología entera queda en cada incidencia. Ese registro solo admite agregar, va encadenado criptográficamente y se verifica cuando se quiera; si algo se hubiera tocado, dice en qué apunte exacto se rompe la cadena. El expediente se baja como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y lo que ya existía antes de activar el encadenado va declarado como no verificable, en vez de pasar por verificado.

  • ¿Y si el que falla es el propio escalado?

    Peor que no tener escalado es tener uno que falla en silencio, así que éste se mide y se enseña. Hay un panel que dice si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está parado, y da el motivo en palabras llanas: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar. Avisa además de lo que nadie mira hasta que es tarde: que no queda ningún canal activo por el que salir, o cuántas personas del equipo no tienen forma de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que jalar del último recurso. Otra cosa: recién instalado arranca desarmado a propósito. Solo simula y deja el plan escrito, y armarlo hay que hacerlo servidor por servidor. Un despliegue no puede empezar a llamar gente por su cuenta.

  • ¿Qué pasa si dos personas agarran la misma incidencia a la vez?

    Se ven. Con nombres, la ficha dice quién más la está mirando en ese momento; y cuando no hay nadie más, también lo dice. Asignársela es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que detiene el escalado, aunque todavía no resuelva nada. Saltar de un estado a otro cualquiera no se puede: cada cambio lo comprueba el servidor, que rechaza el que no toca y dice de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no logran dejar la misma incidencia en dos lugares distintos. Y lo que hicieron las dos queda en una sola línea de tiempo: quién la abrió, quién la miró, quién la cambió y qué escribió cada una.

Reglas y automatizaciones

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  • ¿Hay que saber programar para montar una automatización?

    No. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en un pizarrón. Si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión en el momento y dice cuáles son las dos, así que la falla no aparece con la instalación ya corriendo. Y si ni siquiera querés dibujar, hay 23 recetas ya hechas: elegís una, llenás cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y está corriendo el primer día. Para quien opera la sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin ningún lienzo.

  • ¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?

    Ése es el miedo de todo el mundo y hay cuatro frenos puestos justo ahí. El primero es antes de publicar: el simulador corre el flujo contra la última imagen real de esa cámara y contesta si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar un solo aviso. El segundo es publicar en silencio: el flujo calcula pero no ejecuta nada, y así se valida durante días sin despertar a nadie. El tercero es la pausa, que se pone en una hora, en cuatro, en un día o hasta la fecha que se quiera y se levanta sola. Y el cuarto no lo aprieta nadie: un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito por qué.

  • ¿La misma regla vale para muchas cámaras a la vez?

    Se define una vez y el alcance se elige después: una cámara, un grupo, un servidor entero o la instalación completa. Lo que evita el trabajo repetido son las exclusiones escritas con su motivo —todas las del servidor menos el vestidor y el cuarto de equipos cabe en una declaración, y no en una lista que alguien tenga que ir manteniendo—. Cada lugar puede llevar su umbral y su horario propios sin duplicar el flujo. Y encima de la misma cámara caben tres configuraciones a la vez: la de producción contando de verdad, la de validación con los umbrales nuevos y la de diseño mientras se dibuja, sin que ninguna toque a la que está corriendo.

  • ¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?

    Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la falla se localiza sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se enseña un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si la incidencia se creó antes de la falla, la incidencia está creada. Lo que sí prometemos es que se sabe hasta dónde llegó y por qué se paró ahí.

  • ¿Quién puede tocar una automatización que ya está corriendo?

    Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que quien opera puede abrir el flujo, entenderlo entero y no poder cambiar nada. Por encima de eso, un administrador decide qué bloques puede usar cada rol: un bloque bloqueado sigue viéndose en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen corriendo, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se retira en un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador enseña sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que quitar el enganche.

Chat e inteligencia artificial

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  • ¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?

    No salen. Lo que contesta es inteligencia propia corriendo en el servidor de tu instalación, y en el mismo servidor viven la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. Por ningún punto del recorrido hay una llamada a un tercero, así que no hay imagen, ni cuadro, ni frase que pueda viajar. La prueba práctica es sencilla: con el cable de internet desenchufado sigue funcionando, y eso es un requisito de diseño y no una casualidad. Lo que se genera se queda en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.

  • ¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?

    En que éste llega a los mandos. Lo normal en un chat es que conteste con lo que sabe y ahí se acabe. Éste tiene 95 herramientas enchufadas al sistema y sale a buscar la respuesta con ellas: se asoma por una cámara, abre una grabación de ayer, suma estadísticas, pinta el mapa, arma el informe. Y donde el permiso alcanza, no se queda en contestar: crea o cierra una incidencia, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda con nombre y hora, y las que tocan la instalación no se ejecutan sin una confirmación pedida a propósito.

  • ¿Se le puede pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?

    Hablando se busca y se describe, y para eso el asistente es lo mejor que hay. Contar es otra cosa: un número solo vale si se sabe por dónde pasa exactamente la línea y hacia qué lado. Y eso ninguna frase lo fija; hay que trazarlo encima de la imagen. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual. De ahí sale que un conteo se pueda repetir el mes siguiente y auditar el año que viene, y que una descripción hablada no.

  • ¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?

    Lo dice, y ésa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que se le pide, lo dice en vez de enseñar otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene enfrente y qué haría falta para saberlo, sin rellenar el hueco con una suposición. Los errores se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en lugar de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en vez de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.

  • ¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?

    No puede, y no es una promesa nuestra: es cómo está armado. El asistente ni siquiera ve las herramientas que la persona que pregunta no tiene derecho a usar, así que el mismo chat le da capacidades distintas a quien opera y a quien administra. Diez permisos gobiernan el chat en sí —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos, administrar herramientas—, y por encima de ésos cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos van marcadas como tales y no corren sin ese permiso; publicar una automatización pide además una confirmación pedida a propósito. Y todo queda escrito: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal, incluidos los intentos denegados. Las conversaciones nacen privadas y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.

  • ¿Cuesta algo cada vez que se le pregunta?

    No. No hay contador: ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Se puede tener una conversación de dos frases o pasar el turno entero preguntándole, y cuesta lo mismo. Lo decimos porque cambia cómo se usa: cuando cada mensaje lleva precio, quien opera se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina jalando del sistema viejo. Acá no hay nada que racionar.

Mapas, planos y territorio

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  • ¿De verdad corre sin conexión a internet?

    Sí. La cartografía se instala en el servidor del cliente, país por país, y ahí se queda: el dibujo del mapa, la búsqueda de una dirección y la traducción de una coordenada en un domicilio se resuelven contra esos datos. La pantalla lo dice, «mapa local, sin internet», para que quien opera sepa con qué está trabajando. Ninguna consulta sale de la instalación, así que nadie de afuera puede deducir qué área se está vigilando.

  • ¿Se pueden usar los planos que ya tenemos del edificio?

    Sí. Se admiten PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y de un PDF de proyecto con veinte niveles salen veinte planos independientes en una sola pasada. Las carpetas las organiza cada instalación como le sirva —país, sede, edificio, nivel o lo que sea—, y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca es la del día en que se subió.

  • ¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?

    No, y esto se dice antes de la demostración y no durante. Sobre la imagen de la cámara se dibuja el mapa de calor, no sobre la cartografía. La densidad sobre el terreno sale hoy de agregar por áreas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición, y no de una capa de calor continua encima del mapa. Es un hueco real, y va declarado acá porque quien integra lo comprueba en cinco minutos.

  • ¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?

    Lo que ocupen los países instalados, ni más ni menos, porque se instalan y se quitan uno por uno: el mundo entero no lo instala nadie, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. Cada país aparece en la pantalla de administración con su tamaño en el almacén y su fecha de instalación, así que el dimensionamiento no es una estimación de folleto: es una cifra que se mira antes y después. Actualizar es una carga de datos que lanza quien administra, con una fila de trabajos que dice el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo se cae. Goteo automático desde internet no hay, porque no hay internet: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie, y cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga para saber siempre con qué edición se trabaja.

  • ¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?

    Pasa a cada rato y no bloquea nada. Del callejero no depende el plano de interior: se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic, y el edificio existe en el sistema antes de existir en ninguna cartografía. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes posibles —tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual—, y esa última etiqueta existe justamente para que el sistema lo diga en vez de callarse. La búsqueda inversa responde aunque la puerta no exista: devuelve la más cercana que sí existe, con su distancia en metros. Y cuando el punto cae fuera del área con datos de relieve, dice que ahí no hay dato en lugar de inventar una altitud.

Videoconferencia y colaboración

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  • ¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?

    No. La sala vive adentro del sistema y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa. No hay que instalar ni contratar nada más, y no hay que sacar el video de la instalación para poder hablar sobre él: la cámara entra adentro de la llamada, en directo, y todos ven lo mismo mientras hablan.

  • ¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?

    Sí. Quien organiza genera un enlace con código QR que se escanea con el celular. El enlace vence, tiene un número de usos, se anula al instante y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar. Cada uso queda registrado.

  • ¿Corre en una instalación sin internet?

    Sí. Por el puerto 443 y adentro de la red del propio cliente viajan la conexión de la sala, el audio, el video de las personas y el video de las cámaras. En ningún punto del camino hay servidor de terceros, así que una planta aislada del exterior hace su reunión igual que cualquier otra sede.

  • ¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?

    No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí una sola vez y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso se muestra en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.

  • ¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?

    Entra con un enlace, sin cuenta, y quien organiza decide cómo se protege: abierto para cualquiera que lo tenga, solo para quien tenga sesión en el sistema, o con un PIN. Decide también cuánto dura —unas horas, hasta una fecha concreta o sin límite—, cuántas veces se puede usar y qué puede hacer quien lo abre. El enlace fija además el idioma con el que se abre, así que un contratista o quien peritee lo ve en el suyo sin configurar nada. Y se anula al instante apenas deja de hacer falta.

Plataforma, escala e integración

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  • ¿Cuántos puertos hay que abrir en el cortafuegos?

    Uno: el 443. Por él viajan la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación, todo cifrado. El sistema escucha en catorce puertos en total, pero los otros trece solo son accesibles adentro de la propia máquina y nunca cruzan la red. Para quien lleva la red eso son trece excepciones que no hay que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación cuando algo va mal.

  • ¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?

    La sede sigue corriendo. Cada lugar capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca cuadros de imagen. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.

  • ¿Hasta dónde escala de verdad?

    Más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras declara el producto, y lo que permite comprobarlo son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. Un ejemplo: sesenta y cuatro cámaras caben por proceso de captación, así que cinco mil cámaras salen setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas que hagan falta. Ese cálculo lo hace con doce preguntas la calculadora que viene adentro del producto, que además dice qué recurso se agota antes y declara inviable el dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir.

  • Se nos queda corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?

    Se agrega una máquina y no se rehace nada. Se genera un código de registro desde la interfaz central, se instala el servicio en la máquina nueva y se le da ese código: la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; hasta que no declara al menos uno no recibe trabajo, y la pantalla lo dice en voz alta en lugar de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y únicamente se mueven las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se rebaraja. Lo que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.

  • ¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?

    Su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque los publica cada servidor, de modo que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla y no se descubre el día que algo falla. Actualizar es máquina por máquina y no un apagón general: mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Tampoco hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor, porque todo vive en el sistema y se edita desde la web, así que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Y al servicio al que le falte algo después de actualizar no lo verás arrancar a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Un plazo es lo único que no vamos a prometer: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.

Administración y auditoría

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  • ¿IRIS está certificado en algún esquema de seguridad o en ISO 27001?

    No, y ningún programa puede estarlo por una organización: quien se certifica es quien opera el sistema, con sus procesos, su personal y sus instalaciones. Lo que hay acá es el trabajo ya hecho para llegar a esa auditoría: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad español de nivel alto y los 93 del anexo A de ISO 27001, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, y cruzados entre sí para no hacer dos veces la misma tarea. Lo decimos así en vez de enseñar un sello, porque en la primera auditoría se nota la diferencia. La única verificación de un tercero que sí existe es la del conteo de personas con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España; eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye.

  • ¿Puede quien administra borrar el rastro de lo que hizo?

    No. La regla de que el registro solo admite agregar no la impone el programa: la impone el propio almacén de datos, y por eso cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Y hay una segunda barrera: cada asiento lleva la huella del anterior, así que un retoque por debajo rompería la cadena, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha ocurrió.

  • ¿Se puede dar acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo unos días?

    Sí, y es el caso normal. El acceso se concede por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella o sin ello— o por caso de investigación, siempre con fecha de vencimiento, y la pantalla avisa sola de lo que vence en los próximos siete días. Encima se le puede poner franja: fuera de ella la persona ve un mensaje explícito y no entra. Al revocar, el motivo es obligatorio, y la concesión guarda quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la quitó y por qué. Así un acceso temporal se cierra de verdad, en vez de quedarse abierto para siempre porque nadie se acordó.

  • ¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?

    La cuenta se desactiva, y es reversible por si vuelve. Sus sesiones abiertas se revocan al momento —las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que nadie se queda adentro hasta que expire una ficha—, las concesiones que tuviera sobre sedes o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas se cortan guardando quién las quitó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo, y la anonimización sustituye el dato personal adentro de los asientos dejando la cadena intacta y contando cuántos se anonimizaron: el registro sigue demostrando qué pasó sin conservar quién era.

  • ¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?

    Con tres cosas que se pueden entregar. La verificación de integridad recorre la cadena completa y responde íntegro, o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o informe— lleva la firma adentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que nadie lo tocó, sin fiarse de nosotros ni de nadie. Y los anclajes y el sellado por períodos dejan fijado el estado del registro en una fecha, para poder contrastarlo años después. Todo eso va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra quien peritee.

Por dónde trabajás

Las mismas dudas cambian de forma según el lugar: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto. Acá están por entorno.

  • ¿Hay que cambiar las cámaras que ya están en la calle?

    No, no hay que cambiarlas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y se analiza: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre y la calidad sirven para lo que se quiere detectar en ese punto, y se dice claramente cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Cuántas cámaras se pueden analizar a la vez en un área urbana entera?

    Se analizan a la vez todas las que tenga la instalación, incluidas las miles de un área urbana entera. Esta demostración enseña veintitrés porque veintitrés caben en una pantalla, no porque sea un límite. La capacidad real la marca el equipo que se pone detrás, no el programa, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.

  • ¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?

    Según la modalidad que se elija, sale o se queda adentro; y las modalidades son dos. Con la local no sale: los servidores están en tu edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro, y el sistema funciona sin internet. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos —nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual es mezclar las dos: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿Identifica a las personas o reconoce rostros?

    No, a las personas no se les identifica y rostros no se reconocen. Se detectan objetos, comportamientos y situaciones: un carro parado sobre la banqueta, una caída, una aglomeración, basura fuera del basurero. A nadie se le pone nombre ni se comparan rostros con ninguna base. El conteo por franjas es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por un área, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella.

  • ¿Cómo evito que el cuarto de monitoreo termine ignorando los avisos por culpa de los avisos equivocados?

    Ajustando las reglas con tu gente, calle por calle, durante las primeras semanas. Empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Todos los sistemas de detección lo hacen, y quien diga lo contrario no ha instalado ninguno. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con vos hasta que lo que llega a la pantalla es lo que tu equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Cuánto tarda en estar corriendo en la calle?

    Depende del tamaño de la instalación, y un plazo que todavía no controlamos no lo vamos a dar. Son tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las áreas y las reglas que importan; y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto y el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando se sepa cuántas cámaras hay y qué se quiere detectar en cada una.

  • ¿Sustituye al cuarto de monitoreo o a los guardias que ya tenemos?

    No, a ninguno de los dos: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene enfrente decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez. Acá deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: la cámara se abre, se enseña lo que se vio y se espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.

  • ¿Se puede usar si ya hay un VMS grabando?

    Sí: convive con él en lugar de sustituirlo. Esto es un NVMS, es decir, la capa que hoy falta: entender qué pasa enfrente de las cámaras y aplicar tus reglas. Se puede seguir grabando y gestionando el video donde se hace ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando tu sistema concreto, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.

  • ¿Se puede poner esto en la vía pública sin incumplir la ley de protección de datos?

    Se puede, pero el cumplimiento no depende solo del programa: depende también de cómo se despliegue y de qué se decida tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí se puede decir es que el tratamiento es configurable pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma quien audita, y se puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una ciudad?

    El costo se calcula en función de tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue se elige y si el equipo es del cliente o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de un área urbana entera. Contanos cuántas cámaras hay y qué se quiere detectar, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

La carretera

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?

    Sí, con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos, báculos y postes y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que querés detectar en ese tramo —no es lo mismo un hombro a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Funciona de noche y con lluvia?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: la lluvia fuerte, la neblina cerrada y el deslumbramiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, la sala se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar a la asistencia vial. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan las luces de los vehículos; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.

  • ¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?

    Avisa en cuanto se cumple la regla que definiste, sin que nadie tenga que llamar. Ese es el cambio de verdad: hoy el reloj empieza cuando un piloto llama a reportarlo o cuando alguien de la sala pasa por casualidad por esa cámara. Con IRIS empieza cuando la escena ocurre enfrente del lente. No te vamos a dar un número de segundos, porque depende de tu red, de tus cámaras y del equipo que se ponga atrás; lo que sí te decimos es que enterarte deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.

  • ¿Puede reemplazar a los aforadores que ponemos unos días al año?

    No reemplaza un aforo homologado, pero cuenta lo que un aforo de unos días no puede contar: todos los días, a todas horas y en cada cámara. Un aforo puntual te da la foto de una semana; una cámara con IRIS te da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, camioneta, motocicleta— y sin cerrar un carril para instalar nada. Si necesitás una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no te vamos a decir que la damos: lo que se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, es el conteo de personas, y eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye. Para decidir dónde toca refuerzo de la carpeta o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.

  • ¿Detecta un vehículo parado en el hombro?

    Sí, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un carro»: es un vehículo detenido adentro del área que marcaste como hombro y durante más tiempo del que hayas fijado. Si además alguien sale del vehículo y camina por el hombro o por la calzada, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Una avería es una incidencia; una avería con una persona fuera del carro es una urgencia, y el sistema distingue las dos.

  • ¿IRIS comprueba que los paneles de mensaje variable funcionen?

    Sí, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el panel, así que detecta que está apagado, que tiene leds quemados o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el panel muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que envía las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los paneles y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se te dice qué encaja y qué no.

  • ¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?

    Según la modalidad elegida, sale o se queda; y hay dos. Con la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro, y el sistema funciona sin internet. Con la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos van cifradas las comunicaciones y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque de eso depende el dimensionamiento de la red y de los servidores.

  • ¿Identifica placas o a las personas que salen en las cámaras?

    No hace ninguna de las dos cosas. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la calzada, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cerrado. No lee placas, no compara rostros con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, camioneta, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.

  • ¿Qué pasa con las falsas alarmas en una vía abierta?

    Existen, y quien diga lo contrario nunca puso un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, luces de frente, una bolsa que cruza un carril: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca lleva una sola condición: lleva qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan tramo a tramo con tus operadores durante las primeras semanas, hasta que a la sala llega lo que la sala quiere recibir. Y el aviso que el turno de noche aprende a ignorar es un aviso mal ajustado: eso se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?

    Se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue elegís y si el equipo es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus enlaces, sus túneles y sus áreas de servicio. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

El transporte público

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?

    Sí, con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP de andenes, vestíbulo, pasillos, torniquetes y accesos y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del cielo raso, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que querés detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se te dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los pasajeros?

    No los identifica. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una persona adentro de la vía, una persona en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera eléctrica parada. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Cuando cuenta gente, el resultado es un número —cuántas personas hay en un área o cuántas pasan por un punto—, nunca una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede verlo lo decidís vos: el sistema puede funcionar entero adentro de la estación, sin que salga una sola imagen.

  • ¿Detecta a alguien que cae a la vía?

    Sí, porque la vía es un área dibujada sobre la imagen y una persona adentro de esa área es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y la sala tiene la imagen abierta sin tener que esperar a que un pasajero apriete el botón de emergencia o llame por el intercomunicador. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. En el proyecto se revisa andén por andén qué encuadre hace falta y se te dice cuál no llega.

  • ¿Funciona con el andén lleno de gente?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando la gente se tapa entre sí, hay cosas que dejan de verse. Una persona que cae al piso atrás de un grupo compacto puede quedar oculta a esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. Cuánta gente hay, en cambio, se sigue midiendo igual: para saber cuánto se está llenando un andén no hace falta distinguir a una persona de otra. Por eso en los andenes conviene combinar encuadres: dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola.

  • ¿Cómo se avisa y a quién?

    Se manda a quien vos indicás y por el canal que vos marcás. Cada regla lleva su destinatario: el puesto del cuarto de monitoreo, la jefatura de estación, el equipo de mantenimiento, el turno de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de boletos descompuesta: cada aviso va a quien puede resolverlo. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, enseña y espera.

  • ¿Puede reemplazar los conteos que hacemos ahora?

    Puede, y además hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a todas horas y en cada punto que te interese. Un conteo de tres días te da la foto de tres días; una cámara con IRIS te da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda en tierra en una parada. Y para el conteo de personas el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: es la garantía de que la cifra que presentás es la correcta, porque quien la comprobó es alguien de afuera y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.

  • ¿Sale el video de la estación?

    Sale o se queda adentro según la modalidad elegida, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionamiento de la red y de los servidores de la estación.

  • ¿Y la protección de datos, con tanta gente enfrente de las cámaras?

    Se resuelve configurando el tratamiento pieza a pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ese es el punto de partida, y arriba está el que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo se despliega y de qué se decide tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerte encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo podés pedir antes de contratar nada.

  • ¿Qué pasa con las falsas alarmas en una estación llena?

    Existen, y quien te diga lo contrario no puso un sistema de detección enfrente de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con tus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que lo que llega a la sala es lo que la sala quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?

    Se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue elegís y si el equipo es tuyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar los andenes de una estación pequeña que una estación entera con vestíbulo, torniquetes, bahías de camionetas, parada de taxis y parqueo, ni cuesta lo mismo una red de veinte estaciones. Contanos cuántas cámaras tenés y qué querés detectar en cada una, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

El comercio

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  • ¿IRIS identifica a nuestros clientes?

    No los identifica: detecta objetos, comportamientos y situaciones. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de una tienda a otra y no se cruza con el programa de lealtad. Lo que ve es «una persona», «un carrito», «un estante vacío», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Por eso el conteo de una tienda no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Si algún día alguien les ofrece lo contrario, que sepan que nosotros no lo hacemos y que no es un descuido: es una decisión.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?

    Sí, con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP del cielo raso y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no llega a leer la góndola del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Esto sirve para detectar robos?

    No sirve para eso, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página lo hace, y no es porque no se nos haya ocurrido: detectar un robo obliga a juzgar la intención de una persona concreta, y IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que tenés en esta página: avisar de un hueco en la góndola, de algo derramado en el piso, de un área a oscuras o de una sala más llena de lo que puede atender el turno; y medir las filas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por la sala y lo que hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que buscan es prevención de pérdida, les va a hacer falta otra cosa, y se los vamos a decir en la primera reunión y no en la última.

  • ¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?

    Se sabe porque IRIS cuenta dos cosas por separado: cuántas personas entran en el área de espera de las cajas y cuántas llegan al punto de cobro. La diferencia es la gente que se fue antes de que le tocara. A eso se le suman dos pistas más: el tiempo que se espera de media en esa fila y los carritos que se quedan abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Y todo eso lleva la hora puesta, así que se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. No te vamos a decir cuánto dinero es eso —no lo sabemos, no pasó por tu caja—, pero sí a qué hora ocurre y con cuántas cajas abiertas deja de ocurrir.

  • ¿Puede decirme si una promoción funciona?

    Puede decirte la parte que se ve desde una cámara: cuánta gente pasa enfrente de la isla, cuánta se para y cuánto rato se queda. La venta está en tu caja y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades, el diagnóstico cambia: si pasa mucha gente y no se para casi nadie, el problema es dónde está puesta la isla o cómo se ve. Si se para mucha gente y luego no vende, el problema es el precio o el producto. Hoy esas dos situaciones se parecen en el informe de ventas —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas. Lo mismo sirve para comparar el mismo montaje en dos tiendas o el mismo lugar en dos semanas.

  • ¿Funciona con la tienda llena?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien te diga lo contrario no lo probó un sábado por la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: cuánta gente hay. Medir cuánta gente hay en un área y cómo se reparte por la sala no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está colapsada funciona precisamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso angosto y muy cargado; en ese caso se recoloca el conteo en el acceso, donde la gente pasa en fila, y se deja para la sala la medición de cuánta gente hay.

  • ¿Sale el video de la tienda?

    Sale o se queda adentro según la modalidad elegida, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la tienda o en la central—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor por tienda que llevar el análisis a un único lugar: condiciona la red de cada local.

  • ¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?

    Se resuelve configurando el tratamiento pieza a pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una tienda: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí podemos ponerles encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?

    Sirve para las dos cosas; lo que cambia no es el sistema, es qué hacés con el dato. Con una tienda sola, el dato decide esa tienda: a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo del local se visita o hay que dar una razón para llegar hasta ahí. Con una cadena aparece algo que una tienda sola no puede tener: la comparación. La misma promoción montada en cuarenta tiendas y medida igual en todas. La tienda donde la fila se dispara media hora antes que en las demás. La que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Arrancar por una, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?

    Se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas tiendas entran, qué modalidad de despliegue elegís y si el equipo es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de una tienda de barrio que cubrir la sala entera de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo una tienda que cuarenta. Cuéntennos cuántas tiendas tienen, cuántas cámaras hay en cada una y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

  • ¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?

    No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no detecta quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar entrada, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza el control de acceso de la obra. Lo que ve es «una persona sin casco en el área de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder enseñarle: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?

    No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza a quien vigila la prevención, al señalero ni al plan de seguridad y salud de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana; lo sabemos, y por eso una regla no es «avisá si alguien no lleva casco». Es «avisá si alguien sin casco está adentro del área de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota el área sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega el aviso. Se empieza por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. El objetivo no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista, y callar en lo demás.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?

    Sí, incluidas las que se ponen y se quitan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche a lo mejor no llega a distinguir un casco al otro lado del predio— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y la lluvia se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz fija. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?

    No, y por eso el sistema está pensado para que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se mueve una cámara o se redibuja un área, se vuelve a marcar el área sobre la imagen y se sigue trabajando: no hay que encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del trazo inicial.

  • ¿Podemos saber cuánta gente hay adentro de cada área?

    Sí, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja el área sobre la imagen y IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el sótano en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo lugar. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra que ven la comprobó alguien de afuera y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.

  • ¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.

    Se procesa donde ustedes decidan, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es adentro de la propia obra: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y funciona sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa ahí y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.

  • ¿Qué le contamos a la representación del personal?

    Exactamente esto, y mientras antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: no reconoce rostros, no identifica a nadie y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Qué se trata, cuánto se guarda y quién puede verlo se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un comercial nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.

  • ¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?

    Sirve para una obra sola y cobra otro sentido con todas las de la empresa. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de frente, cuál las corrigió después de una plática y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación de quien más obras pisa. Con el dato enfrente se decide mejor, y se puede explicar.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas y una constructora con veinte obras abiertas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.

El centro penitenciario

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  • ¿Esto sirve para clasificar a las personas privadas de libertad?

    No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no lleva ficha de nadie y no sigue a una persona concreta por el centro. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, no puntúa a nadie, no clasifica a nadie por su comportamiento y no interpreta el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son situaciones que definió el centro: «hay una persona en el piso en el sector tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie». Qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza a alguien del personal?

    No hace ninguna de las tres cosas. No abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace una decisión y no reemplaza a nadie del personal. Tampoco reemplaza el conteo reglamentario ni ningún protocolo de prevención del centro: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro de un centro, el criterio de quien conoce ese sector y a la gente que hay en él vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que decidan ustedes, porque la regla se acota: área, hora y duración. Un sistema que da doscientos avisos al turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay gente en el pasillo», sino «avisame si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, durante más de un minuto». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su centro, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el centro, no IRIS. Qué área, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su patio: lo normal en un centro no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra un sector por trabajos o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Y los derechos de las personas privadas de libertad y los del personal?

    Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en áreas comunes que el centro definió —un patio, un pasillo, un andén de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona privada de libertad y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no puede decirles «esta persona pasó por acá seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas privadas de libertad, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no la firma la administración que lo instala, con sus servicios jurídicos y con la representación del personal enfrente. Desconfíen de quien les diga lo contrario.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un centro ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no lo tiene. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del centro?

    Sale solo si ustedes quieren, y en un centro penitenciario lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el reporte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿Cuánta gente hay en cada área: ese número es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o un área sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que comprobó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza el conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, atrás de una columna, entre dos cuerpos o en un área donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con lluvia fuerte o con el lente sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas y un centro entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un patio y un sector, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.

El hospital

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  • ¿Van a poner cámaras en las habitaciones?

    No, y esto va antes que nada. En una habitación no hay cámara, en un baño no la hay, en una sala de exploración no la hay y en ningún lugar donde se atiende o se explora a un paciente la hay. IRIS mira áreas comunes: pasillos, salas de espera, vestíbulos y accesos, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y en esas áreas no identifica a nadie: no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún paciente ni ningún profesional, no lleva ficha de nadie, no entra al expediente clínico y no se cruza con ningún dato médico ni con el sistema del hospital. Lo que ve es «hay una persona en el piso en el pasillo del tercer nivel»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.

  • ¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?

    No hace ni lo uno ni lo otro. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no prioriza a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional y IRIS no participa en él. Tampoco entra al expediente clínico ni a ningún dato médico, y no se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no reemplaza la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del nivel siguen exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. IRIS tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que decidan ustedes, porque la regla se acota: área, hora y duración. Un sistema que da cien avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay alguien parado en el pasillo», sino «avisame si hay una persona en el piso en este pasillo durante más de veinte segundos», o «avisame si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se mira y qué no?

    Lo decide el hospital, no IRIS. Qué área, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencia no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un nivel a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en sus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por trabajos o se abre un nivel nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué le contamos a la representación del personal y a los profesionales?

    Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si un área tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control de asistencia, no es marcar entrada y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún lugar y no puede decirles «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa —una bata, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta área lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre el área y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación del personal enfrente, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, vestíbulos y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no lo tiene. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del hospital?

    Sale solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse dentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de expediente, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿La cifra de gente que espera en emergencia es confiable?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o un área sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que comprobó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que puedan reforzar el turno o abrir otro mostrador. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna caída. La caída ya pasó cuando IRIS la ve. Lo que cambia es el rato que esa persona está en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un nivel con doce cámaras y tres reglas y un hospital entero con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un pasillo y la sala de espera de emergencia, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.

El colegio

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  • ¿Van a reconocer a nuestros alumnos?

    No, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ningún rostro, no sigue a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee placas: en un colegio esa función no se enciende. Y hay lugares donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestidores. IRIS mira áreas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier colegio ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder enseñarle al personal docente, a la organización de padres de familia y a las familias.

  • ¿IRIS detecta el acoso escolar?

    No lo detecta, y quien les diga lo contrario no les está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan enfrente de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un corro cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién molesta, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es enseñarle al equipo del centro dónde y cuándo mirar, con el video enfrente. Qué significa eso lo decide una persona con formación —el maestro guía, quien orienta, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.

  • ¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?

    No hace ninguna de las dos cosas. No abre ni cierra la puerta del colegio, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al maestro de turno: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla a los docentes —no es control de asistencia, no es marcar entrada y no evalúa a nadie— y no pone ninguna multa a ningún carro. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del centro. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?

    Los que decidan ustedes, porque la regla se acota: área, hora y duración. Un sistema que da cincuenta avisos por recreo está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay un niño en el piso», que en un patio pasa a todas horas y casi siempre porque están jugando, sino «avisame si hay un niño en el piso en esta cancha durante más de dos minutos», o «avisame si esta área lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe el centro con su equipo y con quien orienta, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.

  • ¿Qué le contamos al personal docente, a la organización de padres de familia y a las familias?

    Todo, y antes de instalar nada, no después. Se les enseña qué se mira: el patio, los accesos, los pasillos comunes y la calle de la puerta. Y qué no se mira: los baños y los vestidores, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que IRIS no etiqueta a ningún niño. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firma el centro y quien lo dirige, que son quienes responden de ello. Un sistema así solo funciona si el personal y las familias saben exactamente qué mira y qué no mira.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?

    Sí, y ese es justo el punto: un colegio ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no lo tiene. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿El video sale del colegio?

    Sale solo si ustedes quieren, y en un colegio lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio centro, en un equipo de ustedes y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si les conviene, pero eso es una decisión de ustedes y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un grado, ni un rostro guardado, porque IRIS no los tiene ni los pide.

  • ¿Es confiable la cifra de cuánta gente queda adentro?

    Es confiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o un área sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, que comprobó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.

  • ¿Y lo que IRIS no ve?

    Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: en los baños y en los vestidores no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve atrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que el centro decidió que mire. Con poca luz o con el lente sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: un montón de niños que se tiran unos encima de otros jugando y un pleito pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ningún pleito y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas y un centro entero con la puerta, los pasillos y la calle no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbannos y lo miramos con sus planos y sus cámaras enfrente.

Las infraestructuras

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  • ¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce rostros?

    No hace ninguna de las dos cosas, y a nadie identifica. Lo que ve es «una persona en la corona» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. No compara nada con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Si lo que necesitan es saber de quién es un carro o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.

  • ¿IRIS predice una crecida, una avería o un incendio?

    No predice nada de eso, ni ninguna otra cosa. Avisa de lo que está pasando enfrente de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están acumulando enfrente del vertedero de la presa, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.

  • ¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?

    No abre ni cierra ninguna compuerta, no para ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco reemplaza la instrumentación de la instalación: ni un sensor de nivel, ni la protección eléctrica, ni un sistema de extinción, ni ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo de ustedes y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.

  • ¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?

    Lo sabe porque la ve por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, una grada, el borde de un canal, un mojón. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen: por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No da una cota en metros ni reemplaza la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.

  • ¿Qué puede ver una cámara y qué no?

    Puede ver lo que se ve y no puede ver lo que no se ve, y tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. Una compuerta en una posición sí, y ningún telemando: IRIS no sabe si la orden llegó. Una sala inundada con las bombas quietas sí, y no sabe si una bomba está funcionando. Un nivel sobre una referencia física visible sí, y no por eso es un limnímetro. Eso son señales observables, no medidas de proceso: sirven para avisar con margen, no para reemplazar sus sensores. Ahora bien, si la cámara es termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: IRIS localiza el punto caliente antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego empieza por dentro y cuando asoma el humo ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se ve antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada nuevo: IRIS mira las termográficas que ya tengan igual que mira las demás.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida su regla, y acotar esa regla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal esto es más grave que en ninguna otra: una regla mal acotada genera cien avisos que no lee nadie, y a la semana el sistema está apagado. Por eso una regla no es «avisame si hay alguien». Es «avisame si hay una persona adentro del área cercada, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos». Área, horario y duración. Con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.

  • Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?

    Se puede procesar adentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también al centro de control o al celular de quien esté de turno; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.

  • Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?

    Llega a quien ustedes decidan, porque a esa hora no hay nadie enfrente y ese es justo el problema. Puede ir al centro de control, al celular de quien está de turno, a la empresa de seguridad que tengan contratada, o a las tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.

  • ¿Quién decide qué es un aviso y qué no?

    Decide el titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.

  • Una presa y un vertedero no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?

    No hace falta: es el mismo. Esta página enseña siete tipos de instalación —presa, planta de tratamiento, subestación, tanque de tormenta, cauce, vertedero y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando no tienen una instalación sino cientos, repartidas por todo un departamento y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo lugar donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.

La industria

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?

    Sí. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora lo incómodo: una bodega no es un pasillo con luz fija. El polvo de una trituradora, el vapor de un área de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles sirven, cuáles bastaría con mover unos grados y cuáles no dan para lo que quieren ver ahí.

  • ¿Esto sirve para vigilar a los operarios?

    No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de un resguardo abierto, no detecta de quién son esas manos. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada y no sirve para sancionar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y mientras antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.

  • ¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?

    No hace ni lo uno ni lo otro. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza el enclavamiento, el bloqueo y etiquetado ni el plan de prevención. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa área pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avisá si hay alguien cerca del montacargas». Es «avisá si una persona a pie está adentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota el área sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se empieza por lo que de verdad importa en esa bodega, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Sale el video de la fábrica?

    Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Eso importa en una planta donde la línea se cae o donde no hay buena conexión. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?

    No hace falta: es el mismo sistema y cambia lo que se le pide. Una esclusa de farmacéutica, un dique de contención de química y una banda de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: un área dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una acerera y una fábrica de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?

    Lo que no cabe en una imagen, y en una planta esa lista es importante. No lee un sensor ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. No ve adentro de una máquina cerrada, de un tanque ni de una tubería. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.

  • ¿Reemplaza a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de prevención?

    No reemplaza nada de eso: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y se necesitan las dos. Lo que aporta IRIS es la capa que hoy les falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar lo que está pasando enfrente de ellas. Pueden seguir grabando y gestionando el video donde lo hacen ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.

  • Además de avisar, ¿puede medir?

    Sí, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, un área que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por temporada: cuánta gente hay adentro de un área, cuántas tarimas pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la comprobó alguien de afuera y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.

  • ¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el equipo es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una bodega con ocho cámaras y tres reglas y un grupo con doce fábricas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los parqueos

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  • ¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?

    No hace falta ninguno. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el parqueo ya tiene puestas: se dibuja sobre la imagen qué pedazo de piso es cada espacio y IRIS mira si hay carro o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios a la vez, y además distingue el tipo: reservado, de movilidad reducida, de moto o de recarga. No hay que levantar el asfalto, ni cablear nivel por nivel, ni cambiar de lugar nada de lo que ya funciona.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?

    Sirve, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen a mediodía. Un nivel con las lámparas justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se te dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿El número del rótulo de la entrada es confiable? ¿Y cuando el parqueo está lleno?

    Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los espacios. Contar carros en la talanquera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el rótulo dice «lleno» con cuarenta espacios libres en el cuarto nivel. Acá cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en el arranque, espacio por espacio, y se decide qué cámara se mueve y qué área se deja fuera del recuento.

  • ¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?

    Sí las lee, y sí, una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que dice la ley y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura es una decisión tuya, cámara por cámara: podés activarla en la talanquera para el abono y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirte de quién es ese carro: no consulta ningún registro de vehículos ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de tu sistema de abonados y de tu organización, no nuestra.

  • ¿IRIS identifica a las personas o a los pilotos?

    No identifica a ninguno de los dos. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un carro subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un carro enfrente de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos carros y cuántas personas pasaron por un área y a qué hora, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno, y no queda nada más de ella.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que suelta doscientos avisos al día se ignora en cuatro días, y en un parqueo eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. Por eso una regla nunca es «avisá si hay un carro parado». Es «avisá si un carro lleva más de unos minutos parado fuera de espacio en el cuarto nivel, en horario de apertura». Se acota el área sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Sale el video del parqueo o se queda adentro?

    Sale o se queda según la modalidad elegida, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: el servidor está en tu propio edificio, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Es lo habitual en un parqueo subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios parqueos conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.

  • ¿Reemplaza las talanqueras, el sistema de tickets o la instalación contra incendios?

    No reemplaza ninguna de las tres: convive con las tres. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisar a quien puede bajar hasta ahí. Y acá va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un carro conectado, avisa, pero no es un detector de incendios homologado y no reemplaza la instalación de detección y extinción que exige la norma. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.

  • ¿Qué NO sabe IRIS de un parqueo?

    No sabe muchas cosas, y conviene decirlas antes que después. No sabe si alguien pagó: eso está en tu sistema de tickets, no en la imagen. No sabe de quién es un carro. No sabe si quien parquea en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo, solo ve que hay un carro ahí y que no consta una autorización asociada. No sabe qué hay adentro de un vehículo cerrado. Y no ve nada que no entre en un encuadre: si no hay cámara en esa esquina, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre enfrente de las cámaras que ya tenés, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien se queja.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un parqueo?

    Se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos parqueos entran, qué modalidad de despliegue elegís y si el equipo es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los espacios de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la talanquera. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada más. Contanos cuántos espacios y cuántas cámaras tenés y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los centros de convenciones

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el recinto?

    Sí, con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí. Y se les dice sin adornos cuáles no llegan: la cámara del graderío no distingue un rostro desde el otro lado de la explanada, y no hace falta que lo distinga, porque lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza.

  • ¿IRIS identifica a la gente o reconoce rostros en el graderío?

    No hace ninguna de las dos cosas. No compara a nadie con ninguna lista, ni con ningún registro de vetados, ni con ninguna base de datos, y no guarda quién es nadie. Lo que ve son hechos: un corro que se cierra alrededor de dos personas, alguien que salta una barrera, una bengala encendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso llega a la pantalla con la cámara y la hora. Quien mira el video y concluye qué pasó es una persona, siempre.

  • ¿Puedo saber cuánta gente hay en cada área y llevar el control de la capacidad?

    Sí, y se hace dibujando. Se traza una raya sobre la imagen de cada puerta y IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Se dibuja el área de una boca de acceso o de un vestíbulo y sabés cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que la cifra la comprobó alguien de afuera y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.

  • ¿Funciona con el recinto lleno, que es cuando hace falta?

    Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro. Lo que no se pierde es justo lo que hace falta en ese momento: cuánta gente hay por metro en esa área y si el grupo avanza o se paró. Medir densidad y avance no necesita distinguir a cada persona. Donde sí conviene contar de uno en uno es en las puertas y los torniquetes, porque ahí la gente pasa en fila.

  • ¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?

    Avisa en cuanto se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: no adivina el futuro ni predice nada. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa área y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde la sala mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del lugar: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de un acceso. El aviso llega con la cámara, el área y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.

  • ¿Esto reemplaza al personal de sala, al plan de autoprotección o al control de accesos?

    No reemplaza ninguna de las tres cosas: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene enfrente decenas de pantallas y, el día de lleno, no puede atenderlas todas. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. IRIS no abre ni cierra una puerta, no para un torniquete y no manda a nadie a ningún lado: abre la cámara, enseña lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de los primeros eventos. Un sistema que da cien avisos en un concierto se apaga al segundo; lo sabemos. Por eso una regla no es «avisá si hay mucha gente». Es «avisá si la densidad de esta área pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota el área sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y el aviso no va a un correo: va a la radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Se repasa un evento entero con su equipo y se ajusta.

  • ¿Sale el video del recinto o se queda adentro?

    Sale o se queda según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En un recinto eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura, y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.

  • Una feria y un concierto no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?

    No hace falta, y por eso el sistema está pensado para que cambiar de montaje cueste poco tiempo. Las áreas se redibujan sobre la imagen: si el escenario tapa medio graderío y aparece un foso adelante, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y no hay que rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que toque. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la gira de fin de año.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un recinto?

    Se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el equipo es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un salón que el graderío, las bocas de acceso y las barras de un recinto entero. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: las dos puertas que se atoran siempre, el conteo de cuánta gente hay, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntennos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los hoteles

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  • ¿Hay cámaras en las habitaciones?

    No, en las habitaciones no hay. Tampoco en los baños ni en los vestidores del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara y no la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el lobby, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en el área de servicio: lugares comunes, donde ya hay cámaras puestas hoy. Si alguien ofrece analizar el interior de una habitación, que se sepa que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.

  • ¿Esto sirve para controlar al personal?

    No, y hay que decirlo con todas las letras. Acá se mide la situación, nunca a la persona: se ve «una mesa sin levantar desde hace ocho minutos», no se ve quién tenía que levantarla. El aviso sirve para abrir otro mostrador o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mesero ni para calificar a quien está en recepción. A nadie se identifica, no sirve para marcar entrada y no sirve para sancionar. Si hay representación del personal, esto es lo primero que hay que poder enseñarle, y mientras antes mejor.

  • ¿Identifica a los huéspedes o reconoce rostros?

    No: a los huéspedes no se les identifica y rostros no se reconocen. Se detectan objetos, comportamientos y situaciones: una fila que crece, una maleta sola en el lobby, una bandeja vacía, una persona en el piso. Ningún rostro se compara con ninguna base, a nadie se le sigue de un salón a otro y nada de esto se cruza con el programa de lealtad ni con la ficha de reserva. El conteo es agregado y anónimo: dice cuánta gente hay en el comedor a las nueve y media, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?

    Sí, sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y se analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta a lo mejor no distingue si una bandeja del buffet está vacía, y la de recepción a contraluz de una fachada de vidrio a mediodía da una imagen quemada donde no se cuenta bien. En el proyecto se mira cámara por cámara, y se dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.

  • ¿De verdad mide cuánto se espera en recepción?

    Sí, y se hace dibujando, no hablando. Se traza sobre la imagen el área de espera y la línea del mostrador. Se cuenta cuánta gente entra al área y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se describe con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas el sistema se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, así que esa cifra la comprobó alguien de afuera y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.

  • ¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?

    Funciona con un matiz que preferimos decir antes de firmar. Una llamarada sobre el sartén se ve bien: es grande, es brillante y aparece de golpe. Un charco en el piso también. Lo que se ve mal es el humo fino, y el vapor de una lavavajillas o de una olla puede tapar media imagen y confundirse con humo. Además la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre, así que la cámara de cocina hay que limpiarla. Y lo más importante: esto no es un detector de incendios homologado y no reemplaza a la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?

    Los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana. Por eso una regla no es «avisá si hay fila»: es «avisá si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mostradores abiertos». Se acota el área sobre la imagen, la franja, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llegan al celular de quien está de turno o de la gerencia, no a una pantalla del área de servicio que no mira nadie. Se repasa una semana de avisos con tu equipo y se ajusta.

  • ¿Sale el video del hotel?

    Sale o se queda adentro según la modalidad que se elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en las instalaciones del hotel, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un único lugar: condiciona la red de cada establecimiento.

  • ¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?

    Sirve para los dos casos; lo que cambia no es el sistema, es qué se hace con el dato. En un hotel solo, el dato decide ese hotel: a qué hora abrir el segundo mostrador, cuándo reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de verdad o nada más lo parece. En una cadena aparece algo que un hotel solo no puede tener: la misma vara para todos. La misma regla, escrita igual y medida igual en cuarenta establecimientos, y ahí salta el hotel donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. Arrancar por uno, ver qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?

    El costo se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad de despliegue se elige y si el equipo es del cliente o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un complejo entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los puertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?

    Sí, con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora la parte incómoda. Un patio de contenedores es largo, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El salitre y el polvo dejan el lente velado, y una cámara sucia ve menos cada semana. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles bastaría con mover o limpiar y cuáles no dan para lo que querés ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Funciona si se cae la línea?

    Sí, y en una terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es local: los servidores están adentro de la terminal, el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para funcionar. Si la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se para. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: entonces el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un puerto con varias terminales conviven las dos.

  • ¿Esto es para vigilar a los estibadores?

    No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó la cerca o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar entrada y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. A la representación del personal se le enseña exactamente esto, y mientras antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde el personal entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.

  • ¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza abajo de la carga?

    No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalero ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras pasa —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.

  • ¿Ve de noche, con neblina y con lluvia?

    Depende de cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con lluvia se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien te diga lo contrario no pasó una noche de neblina en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?

    Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien parado adentro del área de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien parado». Se acota el área sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Esto vale para el plan de protección del puerto?

    Vale como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce de la cerca o una talanquera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para dar la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: quien aprueba el plan es la autoridad que corresponde, y quien lo firma es tu organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.

  • ¿Reemplaza la cerca, los sensores del perímetro o a los guardas?

    No reemplaza ninguna de las tres cosas. La cerca sigue haciendo falta: una cerca detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores del perímetro siguen donde están, y IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la cerca, IRIS dice qué se ve ahí y enseña la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardas pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen enfrente muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.

  • ¿Sirve para una terminal sola o para todo el puerto?

    Sirve para una sola y cobra otro sentido en todo el puerto. En una terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras pasa y llega a tiempo de pararla. En un puerto con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué muelle acumula más cruces abajo de la carga, cuál los corrigió después de una plática y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación de quien más muelles pisa. Con el dato enfrente se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el equipo es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en la puerta y el muelle no es el mismo proyecto que un puerto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar en cada una, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

  • ¿Identifica a nuestros clientes o reconoce rostros?

    No, a los clientes no se les identifica y rostros no se reconocen. Contra ninguna lista ni ninguna base se comparan, de nadie se construye un perfil y nada de esto se cruza con los sistemas de cliente. Lo que se ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el vestíbulo, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de tu casa, siempre.

  • ¿Esto avisa antes de que pase algo grave?

    No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. La intención de nadie se adivina acá, y lo que va a hacer una persona tampoco se predice; quien prometa eso está vendiendo humo. Lo que sí se ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con el rostro cubierto donde no toca, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tienen las agencias?

    Sí, sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y se analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y lo decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y el vestíbulo de cajeros a oscuras estropean cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que se quiere ver ahí, y se dice cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.

  • ¿Sale el video de la agencia o se queda adentro?

    Sale o se queda adentro según la modalidad que se elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en las instalaciones del cliente —en la agencia o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de agencias conviene decidirlo pronto, porque condiciona la red de cada local.

  • ¿Y la protección de datos, en una agencia llena de clientes?

    Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una agencia: acá no se identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del programa: depende también de cómo se despliegue y de qué se decida tratar, y eso lo firma tu organización, no nosotros. Lo que sí se puede poner encima de la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma quien audita, y se puede pedir antes de contratar nada.

  • ¿Sustituye a la alarma conectada a central, al guardia o al control de accesos?

    No, a ninguno de los tres: convive con ellos y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en el cuarto de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.

  • Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?

    Sí, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelve. Hoy alguien se sienta a pasar horas de grabación buscando cuatro minutos. Acá se describe con una frase lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el vestíbulo— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y conviene decir la otra mitad: esa misma secuencia sirve igual para darle la razón a quien atendió que para desmentirlo. Eso es lo que la hace valer como respaldo.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?

    Los que pida la regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avisá si hay alguien en el vestíbulo de cajeros». Es «avisá si alguien lleva más de tantos minutos en el vestíbulo, fuera del horario de la agencia». Se acota el área sobre la imagen, la franja, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —quien lleva la agencia, el centro de monitoreo, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.

  • ¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de agencias?

    Sí, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una agencia. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una agencia no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve qué agencias acumulan puertas que se quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se empieza por unas pocas y se decide después.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de agencias?

    El costo se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas agencias entran, qué modalidad de despliegue se elige y si el equipo es del cliente o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una agencia con seis cámaras y tres reglas y una red de trescientas no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: unas pocas agencias, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los casinos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?

    Sí, con las que ya cuelgan encima de las mesas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se revisa en el proyecto si el encuadre da para lo que se quiere ver ahí —una puesta para cubrir el pasillo puede no llegar a leer el tapete— y se dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Reconoce rostros, controla la autoexclusión o detecta menores?

    No: rostros no se reconocen, la autoexclusión no se controla y los menores no se detectan. A nadie se identifica: ningún rostro se compara con ninguna base, de nadie se guarda quién es, a ningún jugador se le sigue por el piso y nada de esto se cruza con el programa de lealtad. Y acá está la línea, dicha antes de que la pregunten: la autoexclusión y el control de menores obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que se ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.

  • ¿Sale el video del casino?

    Sale o se queda adentro según la modalidad que se elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en las instalaciones del cliente, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En un casino lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y el cuarto de conteo, y decidir el resto con calma.

  • ¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?

    Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y rebobina. Acá se describe en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y se llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se para. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve el casino, y lo que vale ante cumplimiento o ante quien regule lo marcan tu procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por vos.

  • ¿Los números del piso de juego son confiables?

    Son confiables porque no se configuran hablando, se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se describe con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o un área sobre el tapete, y de ahí en adelante el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas no hay que quedarse con nuestra palabra: se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España. Dicho con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que se decidan, porque la regla se acota: área, franja y duración. Un sistema que suelta doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay gente de pie junto a una mesa», sino «avisame si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa durante más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en ese piso, no con lo que pasa en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el casino, no nosotros. Qué mesa, en qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe tu equipo, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Acá se aplica lo que se indicó, siempre igual y sin cansarse. No viene de fábrica ninguna lista de comportamientos ni se decide por cuenta propia qué es normal en ese tapete: lo normal en un piso de juego no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, se cierra una mesa o se abre un área nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se le puede enseñar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué no ve IRIS en una mesa?

    Lo que no se ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro y una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de un piso de juego se ve peor, y con el lente sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo entre sí: recoger una ficha y mover una ficha se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso acá no se juzga la intención de nadie ni se dice qué hizo cada quien. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que en este momento no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar corriendo en el piso de juego?

    El tiempo depende del tamaño de la instalación, y no vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las áreas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en ese piso. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando se sepa cuántas cámaras hay y qué se quiere ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un casino?

    El costo se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue se elige y si el equipo es del cliente o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que un piso entero con sus accesos, sus pasillos de servicio y su cuarto de conteo. Y se puede empezar chiquito: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con tu equipo antes de decidir nada. Contanos cuántas cámaras hay y qué se quiere ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los centros comerciales

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene el centro?

    Sí, con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren medir ahí —una cámara colgada para vigilar un acceso a lo mejor no llega a contar en el corredor del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce rostros?

    No hace ninguna de las dos cosas. No compara nada con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de una tienda a otra y no se cruza con ningún programa de lealtad. Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella. Y como esto sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el niño perdido: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en un área, pero no busca a un niño por su rostro ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.

  • ¿Sale el video del centro?

    Sale o se queda adentro según la modalidad que elijan, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: condiciona la red del centro.

  • ¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?

    El contador de la puerta dice cuánta gente vino; esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué niveles se quedó, qué corredores evitó y qué cambió el día que lanzaron la campaña. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, y IRIS avisa cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, un área sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: el sistema, atribuido a NeuralPax, se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España. Dicho con precisión: eso cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no es una homologación guatemalteca ni la sustituye.

  • ¿Podemos dar estos números a los operadores de las tiendas?

    Sí, y es una de las razones por las que se instala: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder datos de ninguna persona. Cuánta gente pasa enfrente de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. Lo que no está acá es la venta: eso está en la caja del operador y ahí no entramos. Pero juntando las dos mitades cambia el diagnóstico: si pasa mucha gente y no entra casi nadie, el problema es la vitrina o el rótulo. Si no pasa nadie, el problema es el corredor y no la tienda. Hoy esas dos situaciones se parecen en el informe —vendió poco— y son dos problemas distintos con dos soluciones distintas.

  • ¿Cuántos avisos vamos a recibir en la sala de control?

    Los que decidan ustedes, porque la regla se acota: área, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces al día está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay gente parada en la escalera eléctrica», sino «avisame si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro y no en un centro cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    Lo decide el centro, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o un área. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en su corredor: lo normal en un centro de barrio no es lo normal en uno de tres niveles con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la campaña de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.

  • ¿Qué no ve IRIS un sábado por la tarde?

    Deja de distinguir a unas personas de otras cuando se tapan entre ellas, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó con el centro lleno. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: cuánta gente hay. Medir cuánta gente hay en un área y cómo se reparte por los niveles no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno a uno en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que ocurre fuera del encuadre, atrás de una columna o en un área sin cámara, no lo ve nadie: tampoco IRIS.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño del centro, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las áreas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en el centro. Las primeras mediciones y los primeros avisos se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque hace falta que pasen un día flojo, un sábado y un día de campaña. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren medir en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un centro comercial?

    Se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el equipo es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un nivel que cubrir tres niveles, el patio de comidas y las rampas del parqueo. Y se puede empezar chiquito: los accesos y un nivel, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los aeropuertos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?

    Sí, sirve con las cámaras que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP existentes y se analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que se quiere medir ahí —una cámara puesta para ver el vestíbulo entero puede que no llegue a contar la boca de una fila— y se dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Identifica a los pasajeros o reconoce rostros?

    No, a los pasajeros no se les identifica y rostros no se reconocen. Contra ninguna base se comparan, de nadie se guarda quién es, a ninguna persona se le sigue por la terminal y nada de esto se cruza con listas de pasajeros ni con pases de abordar. Y conviene decir dónde está la raya: acá no se hace control documental, no se verifican documentos, no se reemplaza al escáner ni a quien revisa, y no se toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que se hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una banda parada. Un pasajero contado es un uno: no queda nada más de él.

  • ¿Sale el video del aeropuerto?

    Sale o se queda adentro según la modalidad que se elija, y las modalidades son dos. En la modalidad local no sale: los servidores están en las instalaciones del aeropuerto, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.

  • ¿Los minutos de espera del filtro son un número confiable?

    Son confiables porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, un área sobre el piso. Una raya no cabe en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas no hay que quedarse con nuestra palabra: se verificó con el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España. Dicho con precisión: eso no es una homologación guatemalteca ni la sustituye, y cubre el conteo de personas, no el producto entero.

  • ¿Detecta un equipaje abandonado?

    Se detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie a la par, adentro de un área que dibujó el aeropuerto y durante el tiempo que fijó el aeropuerto. Eso es todo lo que se sabe. De quién es, no se dice; qué hay adentro, tampoco; a nadie se busca y nada se decide: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el procedimiento del aeropuerto enfrente. Y hay que decirlo antes de firmar: en un vestíbulo lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?

    Los que se decidan, porque la regla se acota: área, franja y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay fila», sino «avisame si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en esa terminal, no en una terminal cualquiera.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?

    Lo decide el aeropuerto, no nosotros. Lo que se vigila se escribe hablando: una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Lo que se mide se dibuja: una raya en el piso, un área sobre una sala. Son dos cosas distintas y no se configuran igual, y por eso hay que decidir las dos. Acá no viene de fábrica ninguna lista de comportamientos ni se decide qué es normal en ese vestíbulo a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Y si cambia el horario de un vuelo de madrugada, se cierra un pasillo por trabajos o se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.

  • ¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?

    Lo que no se ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: con el vestíbulo lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una a una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo por la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en un área no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno a uno en un paso angosto y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el lente sucio o con una cámara mal orientada, se ve peor. Y donde no hay cámara, no se ve nada.

  • ¿Cuánto tarda en estar corriendo?

    Depende del tamaño de la instalación, y un plazo que todavía no controlamos no lo vamos a dar. Son tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen; dibujar sobre cada imagen las áreas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar; y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando se sepa cuántas cámaras hay y qué se quiere ver en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue se elige y si el equipo es del cliente o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir el filtro y la sala de equipaje que cubrir una terminal entera con sus tiendas, sus pasillos y su sótano. Y se puede empezar chiquito: el filtro y la sala de equipaje, ver los números con tu equipo enfrente y decidir después. Contanos cuántas cámaras hay y qué se quiere ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

La seguridad de instalaciones

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?

    Sí, y ese es justo el punto: en unas instalaciones repartidas no faltan cámaras, falta alguien que las mire a todas horas. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso sale más barato que comprar nada.

  • ¿IRIS identifica a las personas, reconoce rostros o sigue a alguien?

    No hace ninguna de las tres cosas, y hay que decirlo con todas las letras. No compara ningún rostro con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni puntúa a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió quien opera las instalaciones: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leer placas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.

  • ¿Sale el video de nuestras instalaciones?

    Sale solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el reporte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿Un aviso de IRIS sirve para demostrar lo que pasó?

    Aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si eso vale o no en un procedimiento lo decide quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un comercial nuestro. Lo que sí podemos decirles es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para dar la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.

  • ¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?

    Conviene contestarlo antes de que lo pregunten: no se mira adentro de una vivienda, ni en un vestidor, ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en los espacios de paso, dónde hay cámara y dónde no lo decide quien opera las instalaciones, con su marco legal, su asesoría jurídica y la información que corresponda dar. Eso lo firma quien lo instala, no nosotros; desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software es que el tratamiento se configura pieza a pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar a la sala?

    Los que decidan ustedes, porque la regla se acota: área, franja horaria y duración. Un sistema que da doscientos avisos por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si hay un vehículo parado», sino «avisame si hay un vehículo parado en este hombro, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de verdad importa. Y se afina después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en sus instalaciones y no en las de otro.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide quien opera las instalaciones, no IRIS. Qué área, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones: eso lo escribe quien explota el sistema, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de comportamientos ni decide por su cuenta qué es normal en sus instalaciones: lo normal en la costa no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede enseñar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve?

    Lo que no ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, atrás de un muro, entre dos vehículos o en un área donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con neblina, con lluvia fuerte o con el lente sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño del despliegue, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las áreas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra enfrente de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    Depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el equipo es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de costa con doce cámaras y tres reglas y unas instalaciones enteras con cientos no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chiquito: un acceso, un tramo de camino de montaña, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

Los centros de datos

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  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?

    Sí, sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP existentes y se analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que se quiere ver ahí —una cámara colocada para cubrir el pasillo entero a lo mejor no llega a ver si un gabinete quedó abierto— y se dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿Identifica al personal o reconoce rostros?

    No: al personal no se le identifica y rostros no se reconocen. Contra ninguna base se comparan, de nadie se guarda quién es y a ninguna persona se le sigue por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: esto no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir el rendimiento de una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que se ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este gabinete está abierto sin nadie enfrente». El nombre, si hace falta, lo pone después tu control de accesos, y ese cruce lo decidís ustedes.

  • ¿Sale el video del centro de datos?

    Sale o se queda adentro según la modalidad que se elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en las instalaciones del cliente, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión del cliente, no una condición nuestra.

  • ¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?

    Se detecta que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Lo que no se sabe es cuántas autorizaciones hubo: ese dato vive en tu control de accesos, no en la imagen. El cruce lo hace tu sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se convierte en un problema. Ese reparto es a propósito: la cámara aporta el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó o enseñárselo a quien viene a auditar.

  • ¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?

    Sí, y también de un gabinete que se queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no reemplaza a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a lugares donde no hay sonda y enseña la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a ver.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que se decidan, porque la regla se acota: qué puerta, qué franja y cuánto tiempo. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avisame si esta puerta se abre», sino «avisame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Cambiando el área, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en ese centro, no en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el centro, no nosotros. Qué puerta, en qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe tu equipo, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Acá se aplica lo que se indicó, siempre igual y sin cansarse. No viene de fábrica ninguna lista de comportamientos ni se decide por cuenta propia qué es normal en esos pasillos: lo normal en una sala de operación no es lo normal en una rampa de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia un procedimiento, se abre una sala nueva o se cierra un pasillo por trabajos, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada.

  • ¿Qué no ve IRIS en un pasillo de gabinetes?

    Lo que no se ve existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: un gabinete tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo angosto el ángulo deja áreas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, se ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video. Esto no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que en este momento no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar corriendo?

    El tiempo depende del tamaño de la instalación, y no vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las áreas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este gabinete—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en esos turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando se sepa cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué se quiere detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula en función de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue se elige y si el equipo es del cliente o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la doble puerta de entrada y la rampa de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar chiquito: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada más. Contanos cuántas cámaras hay y qué se quiere ver, y te damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91.

El estado de las cámaras

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  • ¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?

    Con las que ya tenés, sean del fabricante que sean. Lo que IRIS mira es la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión: a la cámara no le pregunta nada y no depende de que ella sepa decir que está mal. Doce años puede tener y sigue dando una imagen, que es lo único que hace falta. Ninguna hay que cambiar, ningún aparato hay que agregar y ningún cable nuevo hay que tirar.

  • ¿No me va a llenar el día de avisos?

    No, y está pensado justo para eso. Cada cosa lleva su umbral y su tiempo: una gota de lluvia tiene que seguir ahí un buen rato, la suciedad tiene que ir a peor varios días, el encuadre tiene que haber cambiado de verdad y no por una racha de viento. Solo tres cosas avisan al momento: que la cámara esté tapada, que esté girada o que haya perdido la señal. Todo lo demás no interrumpe a nadie: espera al reporte del día.

  • ¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?

    Porque se lo guarda. Encuadre, nitidez, color y cuánta luz da de noche: eso anota IRIS el primer día, con la cámara sana, y esa queda como su referencia. Vale para esa cámara y para ninguna otra, porque una del andén de carga y una del vestíbulo no se parecen en nada y compararlas entre sí no diría nada. De ahí en adelante, cada día se compara contra ella misma y no contra un ideal.

  • ¿Cada cuánto revisa las cámaras?

    Lo decidís vos. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté enfrente de la pantalla. Al terminar hay un reporte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Se exporta a hoja de cálculo.

  • ¿Esto cuesta aparte?

    No: la licencia de IRIS es por cámara, no por pregunta. Pedirle que avise si alguien se cae y pedirle que te diga si esa misma cámara está sucia cuesta exactamente lo mismo, porque lo que se paga es la cámara. No hay un módulo de mantenimiento aparte ni un precio por cada cosa nueva que se quiera vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tenés.

  • ¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?

    Hay que subir, e IRIS no lo disimula: nada repara, ningún equipo reinicia y ningún domo limpia. Lo que cambia es que quien sube ya sabe a qué sube y en qué orden. Y no es poco: se pasa de la ronda por calendario —cuatrocientas cámaras recorridas porque toca— a una lista de once, las que de verdad tienen algo, cada una con su imagen. De esas once, alguna se resuelve sin escalera.

¿Y si la tuya no está?

Escribinos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el siguiente que la tenga.

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Las cámaras que compraste hace añossiguen valiendo. Lo que les faltaba no era calidad.

Era que alguien las mirara. Se conecta a la instalación que ya tenés —los mismos equipos, los mismos cables— y esas imágenes dejan de solo guardarse y pasan a entenderse.

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