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¿Esto aguanta cincuenta sedes, y cuántos puertos hay que abrirle?

Un solo puerto abierto, cincuenta sedes y los topes por escrito

Cuando un sistema de video grande falla, casi nunca falla por la inteligencia artificial. Falla por la lista de puertos que hay que abrir, por lo que cuesta gobernar cincuenta sedes como si fueran una, y por lo que pasa el día que algo se cae. IRIS abre un puerto, el 443, y por ahí entra y sale todo, cifrado. Cada sede sigue trabajando sola si se corta el enlace. Y los topes del producto están publicados, para que se pueda dimensionar en vez de creer.

De un vistazo

Lo que sabe hacer

  • Un solo puerto, el 443

    Por ese mismo puerto, y cifrados, van la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial y la programación. Ningún canal se escapa por otro lado ni viaja en claro.

  • Trece reglas que nadie pide

    Trece excepciones de cortafuegos que el área de redes no tiene que abrir, ni justificar ante un auditor, ni revisar cada año. Porque de los catorce puertos en los que el sistema escucha, uno es público y trece no salen de la máquina.

  • Muchas sedes, una sola vista

    El pico de las 8:00 a.m. es el de cada sede, no el de la central: cada organización lleva su hora local. Y una sola instalación gobierna servidores repartidos en sedes, países y husos horarios, anidados en árbol.

  • Si se corta el enlace, la sede sigue

    Un corte no para nada: cada sede capta, detecta, graba y acciona sus relés en local. Al centro solo suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Y al volver el enlace, la sede publica todo lo que quedó acumulado.

  • Sin internet y sin terceros

    Ni una imagen ni una consulta salen afuera, no hay factura por consulta y no hay servicio ajeno del que depender el año que viene. Los modelos y la cartografía son propios y viven en la instalación del cliente.

  • Los ocho topes, por escrito

    Sin los topes escritos solo se puede creer en una instalación; con ellos se dimensiona. El producto publica los ocho, con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro.

  • Cuando algo se cae

    Las máquinas laten. La que deja de latir queda marcada como enferma y el reparto la salta; sus cámaras pasan a las sanas y regresan cuando se recupera. Y al servicio al que le falta configuración no lo verás arrancar a medias: espera, y dice exactamente qué le falta.

  • Se conecta con lo que ya hay

    Se enchufa a lo que ya está: cámaras de cualquier fabricante por protocolos estándar, relés que mueven barreras y torniquetes, avisos por correo o por mensajería, llamadas a otros sistemas, salida a hoja de cálculo. Y para quien programa, una interfaz con el vocabulario de las pantallas. Ni un puerto más.

  • La calculadora que dice que no

    Doce preguntas, y dice qué equipos hacen falta y qué recurso se agota primero: la calculadora de dimensionamiento viene dentro del producto. Y cuando el cálculo cruza un tope que no se puede repartir, no dice arriesgado: dice inviable.

  • Se mueve solo lo que cambia

    Cuando entra o sale una máquina, las cámaras que se mueven son las de esa máquina: el resto de la instalación se queda como estaba. Y la que se cayó, al volver, recupera las suyas y solo las suyas.

  • Todo lo que ve, en series

    Comparar dos periodos o dos sedes no vuelve a calcular nada: lee del nivel que toca. Todo cruce, toda permanencia y toda ocupación quedan guardados como serie temporal —siete métricas, dieciséis maneras de agrupar y ocho niveles de tiempo, del minuto al año, que se recalculan solos.

  • Sin archivos de configuración

    Ni archivos que editar en cada servidor ni consola a la que entrar: todo se ajusta desde la web. Lo único que queda afuera es cómo llegar a los datos. Y un servicio al que le falte configuración no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito qué le falta.

Plataforma

Lo que pregunta quien tiene que montarlo

“¿Qué puertos hay que abrir?” Esa, y no qué detecta la cámara, es la primera pregunta que hace un área de redes. IRIS escucha en catorce, y solo uno cruza el cortafuegos: el 443. Los otros trece escuchan únicamente dentro de la propia máquina, y eso no está escondido en el programa: es una política que se ve y se edita desde la web. Traducido a lo que le pasa al cliente, son trece excepciones que no hay que pedir, ni documentar, ni justificar ante un auditor, ni revisar cada año, y trece puertas que nadie se va a dejar abiertas cuando el componente que las pedía ya no exista. En una instalación repartida son además trece negociaciones menos con cada delegación, que suele tener su propio criterio; quien haya peleado alguna vez con un área de redes sabe exactamente lo que eso vale. Y el día que algo va mal, la comprobación de red se reduce a una: si llega el 443, funciona.

Servidores en sedes, países y husos horarios distintos, y se manejan como si fueran uno. Las organizaciones se anidan sin límite de profundidad —grupo, país, región, cliente, sede— y el acceso se delega igual: el responsable de una sede toca la suya, el centro lo ve todo. Cada organización, cada servidor y cada cámara llevan su propio huso horario, así que comparar la hora pico de cuatro países no descuadra ninguna serie. Y lo que más importa: esto no es un cerebro central del que dependa la operación. Cada sede capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local, y hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Si se corta el enlace, la sede sigue trabajando y publica lo acumulado apenas vuelve. Donde la tormenta eléctrica se lleva la energía y con ella el enlace, eso no es una viñeta de folleto.

Más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras: eso declara el producto, y esa cifra sola no demuestra nada, porque cualquiera la escribe. Lo que la sostiene es otra cosa: que los ocho topes están publicados, cada uno con su unidad de reparto, y que tres se resuelven agregando máquinas mientras cinco son muro y hay que respetarlos. Un ejemplo de los que se reparten: caben sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, así que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas que hagan falta. Eso ya es una respuesta de ingeniería. Y publicar los propios muros es la mejor demostración de confianza en un producto que existe: “escalable” lo escribe cualquiera; sus ocho topes, casi nadie. La cuenta tampoco se hace en una hoja aparte: adentro del producto hay una calculadora que hace doce preguntas, dice qué equipos hacen falta, avisa de qué recurso se agota primero y declara inviable —no arriesgado— un dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir. Cada número que devuelve trae escrito de dónde sale, y dice por escrito qué es lo que en esa instalación todavía no se midió.

Lo que el sistema mide se puede sacar de él. Se le pide su catálogo de datos y devuelve todo lo que sabe calcular y todo aquello por lo que se puede agrupar, con los nombres ya traducidos: es el mismo vocabulario de las pantallas, así que no hay una interfaz de segunda para los de afuera. Los límites van dichos por delante, que es lo que agradece quien programa contra ella: el rango de fechas es obligatorio, la respuesta trae como mucho cincuenta mil filas, y una consulta demasiado ancha se rechaza con el motivo escrito en lugar de degradarse en silencio. Hacia afuera, el sistema habla con cámaras de cualquier fabricante por protocolos estándar, acciona relés de barrera, torniquete o sirena, avisa por correo y por mensajería, llama a sistemas externos y exporta a hoja de cálculo. Y todo eso pasa con la misma identidad de usuario y por el mismo puerto: no hay un directorio de usuarios aparte para las integraciones.

En una demostración un integrador va a preguntar por los topes, así que aquí van los ocho. Empiezo por los tres que se reparten, porque se resuelven agregando procesos o puntos de entrada: 64 cámaras por proceso de captación, 8,192 conexiones vivas en el punto de entrada y 1,000 atendidas a la vez por una sola instancia. Los cinco que son muro no se arreglan comprando máquinas. Uno: 64 consumidores por cámara, y cuenta como consumidor cada grabador, cada detector y cada visor. Dos: 16,384 puertos temporales del sistema operativo, que ni siquiera es tope nuestro y es la razón del anterior. Tres: 8 fotogramas por lote del motor de detección. Cuatro: 600 fotogramas retenidos por consumidor, que es el multiplicador que dispara la memoria apenas sube la resolución. Y cinco: una tarjeta gráfica por proceso, porque un modelo no se parte a medias entre dos —o cabe entero, o hacen falta dos copias—. Por eso están escritos y no escondidos: con esta lista y con la calculadora, un integrador dimensiona su instalación sin llamarnos.

Nada de un módulo aparte que copia datos: la analítica bebe de la misma fuente que las pantallas, agregada. Son siete métricas, dieciséis dimensiones para agrupar y filtrar, veintisiete tipos de visualización y cinco formatos de exportación que se arman en el propio navegador, sin conexión. Y hay un detalle que delata a quien montó esto de verdad: hay métricas que no se pueden reagregar sin mentir —los objetos distintos, la estancia, la ocupación media ponderada por tiempo—, así que van marcadas y se sirven del detalle. Una suma de sumas no significa nada. Por la interfaz de programación sale lo mismo, con las mismas reglas: rango de fechas obligatorio, paginación que no se degrada al avanzar, y tres errores que jamás se confunden entre sí —el de permisos, el de vocabulario y el de rango—. Y el ámbito lo decide el servidor con los permisos de quien pregunta: una petición puede estrechar lo que ve, ampliarlo nunca.

Las cifras

Contado, no estimado

  • 443El único puerto abierto. Por ahí entra y sale todo el sistema, cifrado.
  • 13Puertos internos que no salen de la máquina: trece reglas de cortafuegos que nadie tiene que pedir.
  • 8Topes del producto publicados con su unidad de reparto: tres se reparten y cinco son muro.
  • 5,000,000Cámaras declaradas por instalación, junto a más de cien mil servidores.
  • 64Cámaras por proceso de captación: el tope que sí se reparte. Cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos.
  • 12Preguntas de la calculadora que viene dentro del producto. Su respuesta puede ser: inviable.

Preguntas

¿Cuántos puertos hay que abrir en el cortafuegos?

Uno: el 443. Por ahí van la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación, todo cifrado. El sistema escucha en catorce puertos en total, y los otros trece solo se alcanzan dentro de la propia máquina: nunca cruzan la red. Para el área de redes eso son trece excepciones que no hay que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación el día que algo va mal.

¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?

La sede sigue trabajando. Cada sitio capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro solo suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, y no detiene ni el monitoreo ni la grabación; cuando el enlace vuelve, la sede publica todo lo acumulado. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos, y el video solo cruza la red cuando alguien lo pide.

¿Hasta dónde escala de verdad?

Lo que declara el producto son más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras, y lo que permite comprobarlo son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. Ejemplo: caben sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. Esa cuenta la hace la calculadora que viene dentro del producto con doce preguntas, dice qué recurso se agota antes y declara inviable un dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir.

Se nos quedó corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?

Se agrega una máquina y no se rehace nada. Desde la interfaz central se genera un código de registro, se instala el servicio en la máquina nueva y se le da ese código: la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en la flota. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; hasta que no declara al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en lugar de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y solo se mueven las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se rebaraja. Lo que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.

¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?

Máquina por máquina, no con un apagón general. Cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, así que un desfase de versiones en la flota se ve en pantalla en vez de descubrirse el día que algo falla. Mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Y no hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, así que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Lo que no vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.

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La interfaz real, paso a paso

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Paso a paso y sin manos, un resumen de la interfaz. Cada vuelta arranca con otro caso. Y la herramienta completa no cabe en una demostración.

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