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IRIS NEURALContactanos

¿Cómo le digo lo que necesito?

Decile a IRIS qué te importa.

Escribís con tus palabras la situación que querés vigilar y ves cómo IRIS la convierte en una regla.

Cómo funciona por dentro

De una frase a un aviso. Seis pasos y ninguno lo das vos.

Escribís lo que necesitás como se lo dirías a un compañero. De ahí en adelante no tenés que hacer nada más.

Lo que escribís

«Avisame si alguien deja una valija en la plataforma más de dos minutos.»

  1. Lo pedís con tus palabras

    En tu idioma y sin aprender nada. No hay menús con cincuenta casillas ni hay que llamar a un programador para que lo configure.

  2. IRIS lo convierte en una regla

    La frase se parte en piezas —qué objeto, en qué zona, cuánto tiempo, qué hay que hacer— y te la muestra escrita para que la confirmes antes de que empiece a correr.

  3. La regla se instala y se pone en marcha

    Deja de ser una frase escrita y pasa a ser una tarea que ya está funcionando en una computadora. Si la instalación es local, esa computadora está en tu propio edificio: la frase no sale de ahí y no hace falta internet.

  4. Todas las cámaras la aplican a la vez

    Elegís dónde vale —una cámara, una plataforma entera, todas las de la ciudad— y no hay que repetir el pedido cámara por cámara. A las tres de la mañana funciona igual que al mediodía.

  5. Llega el resultado

    En la pantalla, o en el celular de quien tenga que verlo: un aviso con la cámara, la hora y el pedazo de video. O un número, si lo que pediste fue medir y no vigilar.

  6. Y lo cambiás cuando quieras

    ¿Avisa de más? ¿Se queda corto? Se reescribe la frase y se vuelve a publicar. Nada de tocar código, nada de abrir un ticket y nada de esperar a que venga alguien.

Lo que recibís

Plataforma 2 · 03:14 · valija sin dueño, 2 min 40 s · video adjunto

El jefe de turno sabe perfectamente qué quiere vigilar. Lo que no puede es configurarlo. Las analíticas de video se ajustan en un panel de umbrales, máscaras y parámetros que solo entiende quien lo instaló, así que cada cambio chico se convierte en un correo, un ticket y una espera. Al final nadie cambia nada, y el sistema se queda avisando de lo que importaba hace dos años.

Con IRIS lo primero es la frase, escrita como se la dirías a un compañero de turno: «Avisame si un camión lleva más de veinte minutos en la dársena sin actividad de carga». No hay que traducirla a lenguaje técnico para poder probarla, y no hay que llamar a nadie.

Antes de activar nada, IRIS parte esa frase en piezas y las pone en pantalla: qué objeto vigilar, en qué zona, qué situación, durante cuánto tiempo y qué hacer cuando pase. Cualquiera de ellas se corrige —subir el tiempo, mover la zona, cambiar a quién avisa— y se vuelve a probar contra video real. Y lo que queda guardado no es una frase suelta: es una regla concreta, que se lee, se discute y se audita.

Lo que la cámara no puede hacer, no lo arregla una frase. Si el encuadre no llega a distinguir un casco, escribir «avisame si alguien anda sin casco» no cambia nada, y la prueba sobre video real lo va a decir enseguida. A veces esa prueba termina en «esta cámara no sirve para esto», y es mucho mejor saberlo el primer día que el día del incidente.

¿Quién escribe la regla?

No hace falta abrir un ticket para subirle dos minutos a un umbral: la escribe quien conoce la operación, que es el jefe de turno, el responsable de seguridad laboral o el operador de sala.

¿Qué veo antes de activarla?

En pantalla queda la frase desarmada: objeto, zona, condición, tiempo y acción. Y si alguna de esas piezas no es la que querías, se corrige ahí mismo, antes de que empiece a avisar de nada.

¿Cómo sé que funciona?

Antes de ponerla a trabajar, la regla se prueba contra video real de esa cámara. Se ajusta el tiempo o la zona hasta que avisa cuando corresponde y se queda callada cuando no hace falta.

¿Y si mañana cambia?

Ni una obra nueva, ni una campaña, ni un cambio de horario obligan a esperar la próxima visita del integrador: se reescribe la frase y se vuelve a publicar. Se decide una vez; IRIS lo aplica siempre.

¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?

No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.

¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?

No. Por su posición, su calidad de imagen o su iluminación, hay situaciones que una cámara concreta no puede resolver, y hay detalles chicos o muy lejanos que con ese encuadre no distingue ninguna cámara. Y eso no se discute: se prueba la descripción sobre video real de esa cámara y se mira el resultado antes de contar con ella.

¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?

Sí. Además de definir reglas hacia adelante, podés describir algo que ya pasó —«camioneta blanca parada más de diez minutos en la dársena 4»— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Dejás de buscar el minuto: buscás lo que pasó.

¿Me cuesta algo probar frases hasta que le acierto?

No cuesta nada. IRIS no cobra por consulta: no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas. Escribís una regla, la probás contra el video de esa cámara, la cambiás y la volvés a probar las veces que haga falta; una prueba y un millón de pruebas cuestan lo mismo. Es a propósito, porque una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina con reglas escritas a la primera y mal.

Ver todas las preguntas

Hablar y dibujar

Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir.

Se lo pedís con palabras y listo. «Mostrame las motos rojas de ayer a la tarde.» «Buscá a alguien sin casco.» Eso es buscar, y buscar se hace hablando: IRIS sale, lo busca y te lo muestra.

Contar es otra cosa. Para saber cuántas motos pasan por una calle hay que decir por dónde se cuenta: se dibuja una raya sobre la imagen y todo lo que la cruza se suma. Para saber cuánta gente hay en una plaza y cuánto se queda, se pinta una zona y se mide quién está adentro. Y ahí está el punto: una raya no se puede describir con una frase. Hay que trazarla.

Lejos de ser una limitación, es lo que hace que el número sirva de algo. La raya no se mueve, así que el dato de hoy se compara con el del mes pasado. Con una frase distinta cada día, los números no se parecerían entre sí y con eso no se decide nada.

Y se puede mostrar. Se ve dónde está la raya y por qué sale ese número; un dato que no podés explicar no lo podés defender delante de un directorio ni en una auditoría. Por eso nuestro conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España: se homologa una medición, no una conversación. Es la garantía de que el aforo que mostrás es el correcto, porque quien lo comprobó es un tercero y no nosotros. Esa homologación cubre ese conteo, no el producto entero, y no equivale a una homologación paraguaya.

Para buscar, hablá

Describís con tus palabras lo que querés encontrar y IRIS te lleva a los candidatos. No hay que aprender ningún lenguaje raro ni preparar nada antes.

Para contar, dibujá

Una línea para lo que pasa. Una zona para lo que se queda. Se traza una vez sobre la imagen de la cámara y de ahí en adelante cuenta sola.

Por qué importa la diferencia

Siempre el mismo lugar, la misma raya y el mismo criterio. Por eso el número de hoy se puede comparar con el de ayer, y siempre se puede mostrar de dónde salió.

Las dos a la vez

No hay que elegir entre una cosa y la otra: la misma cámara puede llevar contadores midiendo todo el día y, encima, una regla escrita con palabras —«avisame si alguien anda sin casco»—.

La interfaz real, paso a paso

Vos ponés la regla una vez. IRIS la aplica siempre.

Paso a paso y sin manos, un resumen de la interfaz. En cada vuelta arranca con otro caso. La herramienta completa no entra en una demostración.

  1. Se arma la regla
  2. Se asigna a las cámaras
  3. Publicada, vigila sola
  4. Y entonces salta
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IRIS · Infinity Neural

Y lo mejor

Diez cámaras o cuatro mil:ninguna se queda sin mirar.

Entran todas el mismo día: las diez de una escuela o las cuatro mil de una red entera. Y la mano solo se levanta cuando pasa eso que pediste que se mirara.

Contanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Respondemos el mismo día hábil.