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¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

Encontrar a alguien por cómo es, sin cara y sin chapa

Miles de horas de video, decenas de cámaras y, del otro lado, una descripción. Mirarlas de a una no es posible, y una búsqueda corriente solo sabe decir que ahí hubo movimiento. Lo que hace IRIS es apuntar cómo era cada objeto mientras pasaba: qué era, de qué color, por dónde fue, cuánto se quedó y a qué hora. Buscar deja de ser mirar video y pasa a ser una pregunta con respuesta.

De un vistazo

Lo que sabe hacer

  • Buscar por cómo era

    No hay que volver a mirar el video: se consulta lo que ya quedó apuntado. Quince criterios en una sola consulta —tipo de objeto, color, modo y tolerancia de coincidencia, comportamiento, duración, sentido de marcha, zona de la imagen y cómo encaja, fechas, franja horaria, cámaras, número de resultados, confianza y cruce con el movimiento—, y se combinan todos a la vez.

  • Alcanza con una frase

    Lo que la frase no dice, no se completa por su cuenta. Se escribe lo que se busca —autos rojos entre las dos y las seis—, el sistema lo convierte en filtros y muestra qué entendió y qué descartó.

  • Señalar y buscar parecidos

    El parecido mínimo lo pone quien busca, y cada resultado dice cuánto se parece. Se toca un objeto de la imagen y la búsqueda sale a ver dónde más aparece: en esa cámara, en todas, o en las que elijas.

  • El mismo, en otra cámara

    Ninguna propuesta se da por buena sola. La lista de posibles apariciones del mismo objeto en otras cámaras llega ordenada por nivel de confianza, y es una persona la que confirma o descarta cada una. Esa decisión queda firmada.

  • El recorrido completo

    Primera y última vez que se lo vio, cuántas cámaras lo vieron y por dónde pasó: los avistamientos confirmados se juntan en un expediente. Se exporta a planilla y se adjunta a la incidencia.

  • Volver a mirar el video

    Antes de arrancar dice lo que va a costar, mientras corre muestra por dónde va, y se puede cancelar sin perder lo revisado. Es la salida para cuando lo que se busca no estaba apuntado: repasar la grabación entera.

  • Quién buscó qué y cuándo

    Un usuario encuentra únicamente objetos de las cámaras que tiene permiso de ver; el resto no aparece, y se dice. Y cada búsqueda deja registro: quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios.

  • La cara viene apagada

    Viene apagado, y en la Unión Europea directamente no se ofrece, aunque el producto lo incluya. Donde la ley lo permite, prenderlo lo decide cada instalación, y queda escrito quién lo hizo.

  • Y qué descartó

    Se ve lo que puso —clase, color, franja, cámaras, comportamiento, zona— y también lo que tiró, con el motivo: un color que no está en el catálogo, una cámara que no se puede ver, una zona que hay que dibujar a mano. Y al verificar resultados no mezcla dos cosas distintas: «sin verificar» no es «no cumple».

  • El color, medido siempre igual

    Abajo de una luz naranja de alumbrado, una camioneta blanca no sale blanca. Por eso el color se calcula sobre el recorte del objeto y no sobre el cuadro entero, y se busca de tres maneras: solo el color dominante, presente en cualquier parte del objeto, o por tono parecido. Once colores de catálogo, más cualquier color libre que se elija en pantalla.

  • Lo que se guarda, y cuánto

    El plazo de conservación se fija por separado para personas, vehículos, rostros y chapas, y las políticas de naturaleza biométrica van marcadas como tales. Las zonas sensibles se tapan con máscaras de privacidad, y quien las destapa deja motivo, hora y nombre, con la aprobación de un segundo supervisor si la organización lo exige.

  • De la búsqueda a la prueba

    Nadie tiene que fiarse de una captura de pantalla: lo que se exporta es un archivo de columnas con encabezado fijo y nombre fechado, que se abre en cualquier planilla. Y cualquier resultado se anexa a la incidencia y al expediente del caso, con su cadena de custodia.

Lo que resuelve el trabajo

Casi todo se resuelve sin la cara

Quien busca a una persona en un archivo de video casi nunca tiene una foto de su cara. Tiene lo que le acaban de contar en el mostrador: la ropa que llevaba, una mochila, y que salió por la puerta de atrás cerca de las siete. Y eso es justo lo que IRIS apunta de cada objeto mientras graba: qué era, de qué color, por dónde fue, cuánto se quedó, en qué zona y a qué hora. Con eso se encuentra a alguien sin saber quién es, que es el trabajo real de casi todas las búsquedas. Es además la manera menos invasiva de resolverlo, y acá es la vía principal y no un premio de consuelo: la biometría es la excepción, y viene apagada.

Buscar acá no es volver a mirar el video: es consultar lo que quedó apuntado mientras el video se grababa. De cada objeto quedan más de cincuenta datos medidos, y quince criterios se combinan en una sola consulta. Sobre eso se pide cualquiera de las 94 clases del catálogo, cualquiera de los once colores o un color libre elegido en pantalla, y cualquiera de los nueve comportamientos: rápido, parado, merodeo, sentido de marcha, permanencia, cruce de línea, contramano, objeto abandonado o zona visitada. Un filtro que nadie pidió no se completa solo, y la pantalla dice siempre cuántos resultados hay de verdad antes de recortar la lista. Cuando no hay ninguno, el motivo va escrito: sin permiso, sin grabación, sin indexar, apagado, o realmente sin coincidencias. Una falla nunca se disfraza de «acá no hay nada».

Una búsqueda se vuelve un recorrido cuando aparece el mismo objeto en otra cámara. IRIS propone candidatos ordenados por nivel de confianza —alta, probable o ambigua— y publica por separado las tres señales que usó: el parecido, el encaje en el tiempo y la distancia entre las dos cámaras. Lo físicamente imposible lo descarta solo: si de una cámara a la otra no da el tiempo material para llegar, el candidato ni se muestra. Y ahí se detiene. El sistema propone; una persona confirma o descarta, y su decisión queda guardada con nombre y hora. Nunca se afirma una identidad: lo que dice la pantalla es posible coincidencia por apariencia, con el aviso de que no vale como prueba de identidad y de que necesita revisión humana.

Tres datos escritos a mano —base jurídica, finalidad y plazo de conservación— y nueve advertencias de lectura obligatoria: ésa es la pantalla que no se puede saltear para prender el reconocimiento facial donde la ley lo permite. Sin los tres datos el proceso queda inerte, y retirar la base jurídica lo detiene al momento, sin reiniciar nada. Porque el producto lo incluye, sí, pero viene apagado y no se ofrece en la Unión Europea. La decisión no la tomamos nosotros ni viene de fábrica: la toma cada instalación, queda escrito quién lo prendió y con qué base, y lo que se busca después queda auditado, con quién buscó qué y cuándo. En las nueve zonas que esta web muestra, IRIS no identifica a nadie, y el motivo es simple: en esas cámaras la función no está prendida.

Un objeto no vive en una cámara: la cruza. Desde una aparición se pueden pedir candidatos en las cámaras vecinas adentro del cuarto de hora siguiente, o abrir la ventana hasta 168 horas —una semana entera— para seguir al mismo camión o a la misma persona por toda la instalación. Cada avistamiento que una persona confirma se suma a un expediente del objeto: primera y última vez que se lo vio, cuántas cámaras lo vieron, cuántos avistamientos lo componen y, si es un vehículo con lectura, su chapa más repetida. Ese expediente es el recorrido, y es también lo que se adjunta a una incidencia o a un caso. El histórico de huellas llega más o menos a catorce días: la fecha no se traba, se avisa de que más atrás puede no quedar nada, porque esconder el límite sería peor que decirlo.

Lo que hace un sistema cuando no encuentra nada dice más de él que cualquier demostración. Acá una lista vacía siempre trae su causa: nadie llega al umbral —y va con el umbral que se usó de verdad, no con el que esté ahora en el mando—, el objeto marcado todavía no está indexado, no hay permiso, no hay grabación, o la búsqueda por apariencia está apagada para toda la plataforma, y entonces se dice en qué lugar exacto se vuelve a prender. Cuando una fila resume decenas de avistamientos, lo declara, con el intervalo real que cubre. Y un objeto quieto no inunda la lista: se mide la primera vez y después cada tanto, porque una moto estacionada midiéndose cada segundo tapaba todo lo demás. Deja de repetirse; no deja de indexarse.

Las cifras

Contado, no estimado

  • 94clases de objeto que se pueden buscar por su nombre
  • +50datos medidos y guardados de cada objeto que pasa
  • 15criterios que se combinan en una sola consulta
  • 9avisos legales de lectura obligatoria antes de poder prender la biometría
  • 11colores de catálogo, más cualquier color libre que se elija en pantalla
  • 168horas de ventana para seguir al mismo objeto entre cámaras: una semana

Preguntas

¿IRIS reconoce caras?

Lo incluye, y viene apagado. En la Unión Europea directamente no se ofrece. Donde la ley lo permite, prenderlo obliga a leer nueve advertencias legales y a declarar base jurídica, finalidad y plazo de conservación: sin esos tres datos no funciona, y si se retiran se detiene al momento sin reiniciar nada. Lo decide cada instalación, nunca viene puesto de fábrica, y queda registrado quién lo prendió y cuándo. Por eso en las zonas que esta web muestra IRIS no identifica a nadie: ahí la función no está prendida. Y conviene decir la otra mitad: casi ninguna búsqueda real la necesita, porque se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.

¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?

Se puede, y es la manera normal de trabajar. De cada objeto queda cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia, zona— y con eso vuelve a aparecer en otra cámara y otro día sin que nadie le ponga un nombre. Cuando dos apariciones parecen el mismo objeto, lo que sale es un nivel de confianza, nunca una identidad: la pantalla lo dice con todas las letras, que es una posible coincidencia por apariencia, que no vale como prueba de identidad y que hace falta que la revise una persona. Y esa persona confirma o descarta de a una, con su nombre y la hora al lado.

¿Quién puede buscar y qué queda registrado?

Para buscar hace falta permiso de ver grabaciones, y encima cada usuario encuentra únicamente objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, aporta cero resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles van tapadas con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, la aprobación de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Todo eso pasa adentro de la instalación, porque los modelos y la cartografía son propios y andan sin internet: ni una imagen sale a un tercero. Y todo junto —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni uno más que abrir en el firewall.

¿Y si la persona se cambia de ropa?

Ahí el rastro por apariencia se corta, y hay que decirlo. La huella de una persona se apoya en el color, la forma y la contextura: cambiada la ropa, cambia la huella, y IRIS deja de proponerla en las cámaras siguientes. Lo que no va a hacer es inventar una coincidencia: dice que nadie llega al umbral, y con qué umbral lo dice. Queda en pie, eso sí, el recorrido hasta el cambio —dónde se la vio por última vez y a qué hora—, la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja, y el vehículo si lo hay. Y ése es justo el motivo de que el recorrido se arme con avistamientos que confirma una persona, y no con una cadena automática que no miró nadie.

¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?

El plazo lo fija cada instalación, por separado para personas, vehículos, rostros y chapas, y va de cero a 3.650 días. Cero no significa borrar: significa conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo elija por descuido. El borrado lo hace un barrido de madrugada, y si ese barrido no está armado la pantalla lo avisa en lugar de dar por hecho que el plazo se cumple; además se puede ver cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron su plazo. Consultarlas exige el permiso de ver grabaciones, y solo alcanza a las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la conservación exige su propio permiso, y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.

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La interfaz real, paso a paso

Vos ponés la regla una vez. IRIS la aplica siempre.

Paso a paso y sin manos, un resumen de la interfaz. En cada vuelta arranca con otro caso. La herramienta completa no entra en una demostración.

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IRIS · Infinity Neural

Y lo mejor

Si tenés una cámara,ya tenés un vigilante. Si tenés cuatro mil, tenés cuatro mil vigilantes.

Turnos no hacen, cansarse no se cansan y para otro lado no miran. Y no hay que instalar nada nuevo: las cámaras que ya están colgadas pueden empezar a entender lo que ven.

Contanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Respondemos el mismo día hábil.