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¿Cuántas veces hay que decidir lo mismo?

Se dibuja una vez lo que tiene que pasar y pasa siempre, también de madrugada

Cada regla nueva termina siendo un encargo: alguien la programa a la medida, se cobra como integración y se rompe apenas cambia el horario o se mueve una cámara. Aquí no se programa: se arrastran bloques a un lienzo y se amarran con cables. Se prueba con la imagen real de la cámara antes de soltarla, y se publica cuando el simulador dice que sí. Lo decides una vez. IRIS lo aplica siempre.

De un vistazo

Lo que sabe hacer

  • Se dibuja, no se programa

    El error no aparece con la instalación andando: si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión ahí mismo y dice cuáles son las dos. Por debajo no hay más que cajas que se arrastran y cables que se juntan.

  • 23 recetas listas

    Se llenan cuatro campos y trabajan desde el primer día: intrusión en zona, conteo por línea, aforo por franja, lectura de placas, equipo de protección, anonimizado. Automatizaciones ya hechas.

  • Tres niveles de uso

    Lienzo libre para quien integra. Seis preguntas en lenguaje llano para quien opera. Y una receta para quien no quiere aprender nada. El mismo automatismo sube y baja de nivel sin perder lo hecho.

  • Horarios que se ajustan solos

    Tramos, días, meses, el último viernes de cada mes, o amarrado al sol: una regla que empieza al oscurecer no hay que volver a tocarla en todo el año, porque el anochecer se mueve solo.

  • Se prueba antes de publicar

    Sin enviar ni un aviso de verdad, el simulador lanza el flujo contra la última imagen real de la cámara y contesta sin rodeos: el martes a las 14:32 esto sí se habría disparado.

  • Dice por qué no saltó

    Un aviso que falta siempre tiene una causa con nombre: correcta, con error, frenada por el techo, fuera de horario, el flujo estaba parado. Once resultados posibles, no dos.

  • Una regla, muchas cámaras

    Cada sitio puede llevar sus propios umbrales sin duplicar nada. Y el alcance va de una cámara a la instalación completa, con exclusiones escritas: todas las del servidor menos el vestuario es una sola declaración.

  • Avisa donde ya se mira

    Todo por un solo puerto, el 443, y sin que salga un dato hacia nadie: correo, mensajería, un aviso a otro sistema, un relé que abre una puerta o prende una luz, la cámara al mural.

  • Recetas para empezar mañana

    Cada una arranca llenando entre dos y siete campos: intrusión en zona, conteo por línea con sentido, aforo por franja con aviso de umbral, vehículo parado donde no debe, persona sin equipo de protección, caras y placas difuminadas.

  • Lo que arranca un flujo

    Seis maneras distintas de arrancar la misma regla, sin volver a montarla: una detección de la cámara, el reloj, un horario, alguien que oprime un botón, otro flujo que la llama o una entrada de afuera.

  • Lo que hace al final

    Guardar una medida, marcar el minuto exacto de la grabación, mover una cámara a su posición, mandarla al mural, guardar una foto como prueba, exportar el dato, llamar a otro flujo. O avisar a quien esté de turno y abrir el incidente con su severidad.

  • Parada, pausada o corriendo

    Se archiva en lote sin borrar nada, y un flujo del que arranque otro no se deja borrar: primero hay que quitarle el enganche. La pausa se pone en una hora, en cuatro, en un día o hasta la fecha que digas, y se reactiva sola.

Cómo se monta una regla

Lo decides una vez. IRIS lo aplica siempre.

Una regla es una frase: si entra una gandola al muelle fuera de horario, avisa a quien está de turno, marca la grabación y abre un incidente. Hasta ahora esa frase había que escribirla en código. Aquí se dibuja: un bloque por cada parte de la frase, amarrados con cables. Hay 74 bloques y 508 conectores, y cada conector sabe qué le puede llegar, así que unir dos cosas que no encajan es imposible y el editor dice cuáles son las dos. Un bloque se silencia, se puentea, se agrupa o se empaqueta entero para volver a usarlo en otro flujo. Y si algún valor es imposible, no deja guardar: lo señala y dice cuál.

No todo el mundo quiere un lienzo, así que hay tres puertas de entrada. La primera es la galería de 23 recetas: intrusión en zona, conteo por línea con sentido, aforo por franja horaria, lectura de placas, persona sin equipo de protección, anonimizado de caras y placas. Se elige una, se llenan entre dos y siete campos trazando sobre el video en vivo, y queda trabajando el primer día, sin haber construido nada. La segunda son seis preguntas —qué, dónde, cuándo, cuánto, cómo y entonces— con una frase arriba que se va escribiendo sola con lo que llevas contestado. La tercera es el lienzo completo, sin límites, para quien monta la instalación. Y lo que importa: es el mismo automatismo, y sube y baja de nivel sin perder lo hecho. No todas las recetas están disponibles en todos los servidores; cuando una no lo está, la galería dice por qué.

El horario es donde se nota si esto lo hizo gente que ha pisado una instalación. Se declara una vez, con su nombre y su color, y se reutiliza en todas las cámaras y en todos los flujos. Admite tramos, días de la semana, meses, días del mes y el primer o el último lunes de cada mes, que es exactamente como se apuntan los días de mantenimiento. Y admite anclas solares: una regla que empieza treinta minutos antes de que oscurezca y termina al amanecer trabaja todo el año sin que nadie la vuelva a tocar. El mismo horario nocturno puesto en cámaras de tres países abre y cierra a la hora local de cada una, sin duplicar plantillas. Las fechas de excepción cubren feriados, vacaciones y paradas de planta. Y hay un criterio de seguridad que conviene decir en voz alta: si el horario no se puede evaluar, no se dispara. Nunca por si acaso.

Antes de que nada se dispare hay un simulador, y esa es la respuesta al miedo de siempre: que suene solo a las tres de la mañana y despierte a medio equipo. El simulador corre el flujo contra el último evento real de la cámara y contesta sin rodeos —el martes a las 14:32 esto sí se habría disparado, y estas son las acciones que habría ejecutado—, pero no manda ni un aviso. Dentro del editor hay además un ojo en cada cable: se toca y se ve lo que sale de verdad por ahí, con la imagen y la tabla de lo que pasa el filtro y lo que no. Ya publicado, el flujo se puede dejar silenciado, corriendo y calculando sin ejecutar ninguna acción, para validarlo sin molestar a nadie; o pausarlo una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que digas. En el momento de publicar, la confirmación dice en cuántas cámaras se va a activar y en cuáles. Y si falla varias veces seguidas, se apaga solo y deja escrito el motivo.

Todo lo que corre queda escrito, y no solo cuando falla. De cada ejecución se guarda cuándo se disparó, cuándo empezó, cuándo terminó, cuánto esperó en cola, sobre qué cámara corrió, si la condición se cumplió, cuántas acciones se ejecutaron y, cuando algo se rompió, en qué etapa concreta: la cámara, el modelo, la condición o la acción. Ahí está la diferencia con un sistema que solo dice correcto o error: hay once resultados posibles, y cinco de ellos son maneras distintas de no haber hecho nada —el horario estaba cerrado, ya había otra ejecución corriendo, el flujo estaba parado, el antirrebote la descartó o una comprobación previa falló—, más una sexta para cuando el techo por minuto la frenó. El panel de actividad muestra las últimas veinticuatro horas con la tasa de omitidos y la lista de flujos que están perdiendo disparos, que es justo la falla que nadie ve. Y cuando el histórico crece y hay que limpiarlo, la purga obliga a previsualizar: dice cuántas ejecuciones, cuántos incidentes y cuántas medidas se van y cuánto espacio se libera, y si lo que hay en ese momento no coincide con lo que mostró, se niega a borrar.

Publicado, un automatismo es una pieza de la operación, y se gobierna como tal. Empieza por los permisos, que van separados: quien no tiene el de escritura abre el editor en solo lectura, ve el flujo completo y no cambia nada. Encima de eso, quien administra decide qué bloques usa cada rol, con un detalle que se agradece en una instalación grande: el bloque bloqueado no desaparece, se queda en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos publicados que lo usan siguen trabajando. Después está el rastro: toda versión publicada queda guardada, se renombra, se restaura como borrador y se compara con otra, y el comparador pinta sobre el propio dibujo lo que se agregó, lo que se quitó y lo que se modificó, cables incluidos. Y no hay archivos de configuración que alguien tenga que editar metiéndose al servidor: todo se cambia desde el navegador, en caliente.

Las cifras

Contado, no estimado

  • 74bloques que se arrastran al lienzo
  • 23recetas listas para usar el primer día
  • 535parámetros para afinar hasta el último detalle
  • 11resultados posibles de una ejecución, incluido por qué no saltó
  • 508conectores que impiden unir dos cosas que no encajan
  • 20reglas de detección distintas, de la intrusión a la permanencia prolongada

Preguntas

¿Hay que saber programar para montar una automatización?

No. Se arrastran bloques a un lienzo y se amarran con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra. Si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión ahí mismo y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya andando. Y si ni siquiera quieres dibujar, hay 23 recetas ya hechas: eliges una, llenas cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y queda trabajando el primer día. Para quien está en la sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje llano, sin lienzo ninguno.

¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?

Hay cuatro frenos puestos justamente ahí, porque ese es el miedo real de quien automatiza algo. Uno: un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo. Dos: si algo va mal se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Tres: ya publicado se deja silenciado —corre y calcula, no ejecuta ninguna acción—, y así se valida durante días sin molestar a nadie. Y cuatro, el primero de todos: antes de publicarlo, el simulador lo lanza contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar un solo aviso.

¿La misma regla sirve para muchas cámaras a la vez?

Sí, y sin duplicar nada. El automatismo se define una vez y se aplica a una cámara, a un grupo, a un servidor completo o a la instalación entera. Lo bueno está en cómo se escribe la excepción: «todas las del servidor menos el vestuario y el cuarto de servidores» es una sola declaración con su motivo, no una lista que alguien tenga que mantener a mano. Cada sitio puede llevar encima sus propios umbrales y su propio horario. Y una misma cámara aguanta varias configuraciones a la vez: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que ya está trabajando.

¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?

Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro sitio —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la avería se ubica sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede enviar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si el incidente se creó antes de la falla, el incidente está creado. Lo que sí prometemos es que sabes hasta dónde llegó y por qué se paró ahí.

¿Quién puede tocar una automatización que ya está corriendo?

Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que quien opera puede abrir el flujo, entenderlo completo y no poder cambiar nada. Por encima de eso, quien administra decide qué bloques puede usar cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen trabajando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se retira con un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador muestra sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que quitarle el enganche.

Ver todas las preguntas

La interfaz real, paso por paso

Tú pones la regla una vez. IRIS la aplica siempre.

Cada vuelta empieza con otro caso: verás un resumen de la interfaz, reproducido paso por paso y sin manos. Completa, la herramienta no cabe en una demostración.

  1. Se arma la regla
  2. Se asigna a las cámaras
  3. Publicada, vigila sola
  4. Y entonces salta
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