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¿Y si el corte no empieza con un ataque?

La mayoría de los cortes no los provoca un ataque. Los provoca un procedimiento que alguien se saltó sin querer.

Alguien trabó una puerta crítica para pasar la máquina de limpieza. Un armario se quedó abierto al terminar. Una maniobra que pide dos personas terminó con una. Aquí enseñamos trece cámaras, todas de las que avisan. Un centro real tiene cientos. El sistema es exactamente el mismo.

El aviso sirve para cerrar la puerta

Aquí casi nadie entra a hacer daño: entra a limpiar, a cambiar una pieza, a llevarse un equipo o a descargar material. Y por el camino se traba una puerta que no debería quedarse abierta, un armario se queda sin cerrar, una maniobra que pide dos personas se hace con una, una herramienta se olvida en el piso de un pasillo frío. Nadie lo hace de mala fe y nadie se entera; se descubre después, revisando video, cuando ya pasó algo.

IRIS mira por ellas. Analiza todas las cámaras a la vez y solo interrumpe cuando se cumple una regla que escribió el propio centro: una puerta que lleva demasiado tiempo abierta, un armario abierto sin nadie delante, una sola persona donde el procedimiento pide dos, agua en el piso técnico, humo en el banco de baterías. No identifica a nadie y no acusa a nadie: dice qué está pasando, dónde y desde cuándo. Nunca quién.

IRIS aporta el hecho; el significado lo pone otro sistema, y hasta ahí llega. Que haya un técnico en un pasillo no es un problema: lo es si la orden de trabajo dice otro pasillo. Que haya una persona delante de un tablero no es un problema: lo es si el procedimiento pide dos. Ese cruce lo hace el sistema de accesos, el de órdenes de trabajo o el de gestión de la instalación; nunca la cámara. Y todo trabaja adentro del propio centro, sin internet, que en una instalación crítica y aislada no es un detalle.

La escala real

Trece aquí. Cientos en un centro de verdad.

Trece casos son los que caben en una pantalla, y por eso son los que enseña esta demostración. Un centro real tiene cámaras en el cercado, en el muelle de descarga, en la recepción, en la esclusa de entrada, en cada pasillo de armarios, en las salas de instalaciones, en el banco de baterías, en el piso técnico y en cada puerta que separa una zona de otra. Cientos, y unas cuantas más con cada ampliación. Nadie puede mirarlas todas a las tres de la mañana, y ese es exactamente el problema que resuelve IRIS: analiza las que haya, todas a la vez, y solo interrumpe cuando se cumple una regla. Y lo hace adentro del propio centro, sin sacar el video a internet.

La interfaz real, paso por paso

Aquí no hay alarmas de más. Hay lo que hay que ver.

No es un video grabado ni un dibujo explicativo: es un resumen de la pantalla real, con un caso distinto cada vez que arranca. Detrás hay mucho más.

  1. Entra a la bandeja
  2. Abres el aviso
  3. Confirmas o descartas
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IRIS · Infinity Neural

Y ahora piensa en el tuyo

Imagina saberlo mientras la puerta todavía se puede cerrar.

Dos personas cruzando una puerta con un solo carnet. Dos adentro de la esclusa cuando solo se podía pasar de uno en uno. Un visitante que se queda solo porque quien lo acompañaba se devolvió. Una puerta crítica trabada con una cuña para no tener que abrirla otra vez. Un técnico trabajando en el pasillo de al lado del que dice su orden de trabajo. Un armario abierto y nadie delante desde hace rato. Una maniobra que pide dos personas y hay una sola. Un equipo que sale de un armario sin ninguna orden abierta que lo respalde. Material entrando por el muelle con la puerta sostenida. Una herramienta olvidada en el piso de un pasillo frío. Agua debajo de una tubería. Humo en el banco de baterías. Una contención abierta con una persona en el piso.

Hasta que alguien revisa el video —casi siempre porque ya falló algo— no lo sabe nadie, y todo eso está pasando delante de cámaras que tu centro ya tiene puestas y pagadas. IRIS las mira todas a la vez y te lo cuenta mientras está pasando, con la cámara, la puerta y la hora. No dice quién es nadie ni reparte culpas: aporta el hecho. Si estaba previsto lo responde el sistema de accesos o la orden de trabajo, y qué hacer lo decide una persona con el video delante. Y trabaja sin internet, adentro del propio centro.

Lo que pregunta seguridad física

Las diez preguntas que salen antes de firmar.

IRIS ve el hecho mientras la puerta todavía se puede cerrar; qué significa ese hecho y qué se hace con él lo ponen tus sistemas y tu gente. Lo demás va contestado en la primera línea, sin rodeos y sin prometer que un sistema evite un corte.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?

    Sí, con las que ya tienes en el centro. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP que ya están puestas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Cámara por cámara se mira en el proyecto si el encuadre da para lo que quieres ver ahí —una cámara colocada para cubrir el pasillo completo capaz no llega a ver si un armario quedó abierto— y se te dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con moverlas unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.

  • ¿IRIS identifica al personal o reconoce caras?

    No. Ni identifica al personal ni reconoce caras: no las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no le sigue el paso a nadie por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: esto no controla la jornada de nadie, no mide el rendimiento de nadie y no dice cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este armario está abierto sin nadie delante». El nombre, si hace falta, lo pone después tu control de accesos, y ese cruce lo decides tú.

  • ¿Sale el video del centro de datos?

    Depende de la modalidad que elijas, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en tus instalaciones, el video entra por tu red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión tuya, no una condición nuestra.

  • ¿Detecta que dos personas pasan con un solo carnet?

    Detecta que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Cuántas autorizaciones hubo no lo sabe: ese dato vive en tu control de accesos, no en la imagen. El cruce lo hace tu sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se convierte en un problema. El reparto es a propósito: la cámara pone el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó, o enseñárselo a quien viene a auditar.

  • ¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?

    Sí, y también de un armario que se queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no reemplaza la detección de incendios, ni las sondas de agua, ni la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a sitios donde no hay sonda y enseña la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.

  • ¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?

    Los que decidas: la regla se acota por puerta, por franja horaria y por tiempo. Cuando todo avisa, no avisa nada, y un sistema que suena doscientas veces por turno está apagado en una semana, con razón. Por eso una regla no es «avísame si esta puerta se abre»: es «avísame si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Con la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en tu centro, no en general.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide el centro, no IRIS. Tu equipo escribe qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato, y eso queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse: de fábrica no trae ninguna lista de comportamientos, y no decide por su cuenta qué es normal en tus pasillos —lo normal en una sala de operación no es lo normal en un muelle de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí—. Si mañana cambia un procedimiento, abren una sala nueva o cierran un pasillo por obras, la regla se reescribe en un rato, sin encargarle nada a nadie.

  • ¿Qué no ve IRIS en un pasillo de armarios?

    Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: un armario tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo estrecho el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el lente sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba se pueden confundir durante un segundo. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no te lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahorita no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar trabajando?

    Depende del tamaño de la instalación, y no te vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, trazar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este armario—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en tus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieres detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo depende de cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eliges y si el hardware es tuyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de entrada y el muelle de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede arrancar chiquito: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con tu equipo antes de decidir nada más. Cuéntanos cuántas cámaras tienes y qué quieres ver, y te damos un número. Escríbenos, o llámanos al +34 902 02 70 91 —desde Venezuela se marca 00 34 902 02 70 91, en horario de España—.

Y lo mejor

Cámaras te sobran.Lo que se te acaba son los ojos para mirarlas.

Una persona puede seguir dos o tres pantallas. Nadie puede seguir cuarenta. IRIS las mira todas y avisa cuando hace falta que decida alguien.

Explícanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Respondemos el mismo día laborable. Escribe a cualquier hora: se responde en horario de España.