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¿Cuántas veces hay que decidir lo mismo?

Se dibuja una vez lo que tiene que pasar y pasa siempre, también de madrugada

Una regla nueva suele ser hoy un encargo a la medida: alguien la programa, se cobra como integración y se cae en cuanto cambia el horario o alguien mueve una cámara. Aquí no se programa nada. Se arrastran bloques a un lienzo, se unen con cables, se prueba contra la imagen real de esa cámara y se publica el día que el simulador da el visto bueno. Decida una vez. IRIS lo aplica siempre.

Qué es IRIS

IRIS mira las cámaras por ti.

IRIS Neural es una inteligencia artificial que mira las cámaras que ya tienes y entiende lo que pasa delante de ellas. Cuando ocurre algo importante —o algo que tú le hayas dicho que necesitas controlar—, avisa; y lo que se puede contar, lo cuenta en números. Todo el día, sin que nadie tenga que estar mirando la pantalla.

Tú le dices qué necesitas mirar, e IRIS lo hace.

Funciona con las cámaras que ya tienes. No hay que cambiar nada.

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Te contesta una persona, no un formulario.

De un vistazo

Lo que sabe hacer

  • Se dibuja, no se programa

    Se arrastran cajas y se unen cables. Y si dos piezas no encajan, el editor lo rechaza ahí mismo y dice cuáles son: nadie descubre ese error con la instalación ya corriendo.

  • 23 recetas listas

    Automatizaciones ya hechas: intrusión en zona, conteo por línea, ocupación por franja, lectura de placa, equipo de protección personal, difuminado. Se llenan cuatro campos y funcionan el primer día.

  • Tres niveles de uso

    El mismo automatismo sube y baja de nivel sin perder lo hecho. Hay una receta para quien no quiere aprender nada, seis preguntas en palabras normales para el operador y lienzo libre para el integrador.

  • Horarios que se ajustan solos

    Una regla que arranca al anochecer sigue funcionando en enero y en julio sin que nadie la toque, porque el anochecer se mueve solo. Y se puede anclar a lo que haga falta: tramos de hora, días, meses, el último viernes de cada mes o el propio sol.

  • Se prueba antes de publicar

    El simulador contesta sin rodeos y sin mandar un solo aviso de verdad: corre el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si el martes a las 14:32 esto se hubiera disparado o no.

  • Dice por qué no saltó

    Un aviso que falta siempre tiene una causa con nombre, y por eso los resultados posibles son once y no dos: correcta, con error, frenada por el tope, fuera de horario, el flujo estaba detenido.

  • Una regla, muchas cámaras

    «Todas las del servidor menos el vestidor» es una sola declaración, no una lista. El alcance va de una cámara a la instalación completa, con exclusiones escritas, y cada sitio puede llevar sus propios umbrales sin duplicar nada.

  • Avisa donde ya se ve

    Todo sale por un solo puerto, el 443, y sin que un dato llegue a nadie de afuera. Y lo que sale puede ser correo, mensajería, un aviso a otro sistema, un relevador que abre una puerta o enciende una torreta, o la cámara al videowall.

  • Recetas para empezar mañana

    Intrusión en zona, conteo por línea con sentido, ocupación por franja con aviso de umbral, vehículo detenido donde no debe, persona sin equipo de protección personal, rostros y placas difuminados. Cada una se pone en marcha llenando entre dos y siete campos.

  • Lo que arranca un flujo

    La misma regla arranca de seis maneras distintas sin que haya que volver a armarla: una detección de la cámara, el reloj, un horario, una persona que aprieta un botón, otro flujo que la llama o una entrada de afuera.

  • Lo que hace al final

    Abrir un reporte con su severidad. Avisar a quien esté de turno. Guardar una medida. Marcar el minuto exacto de la grabación. Mover una cámara a su posición. Mandarla al videowall. Guardar una foto como prueba. Exportar el dato. O llamar a otro flujo.

  • Detenida, pausada o en marcha

    Un flujo del que arranque otro no se deja borrar: primero hay que quitarle el enganche. Archivar en lote sí, y sin borrar nada. Y la pausa se pone a una hora, a cuatro, a un día o hasta la fecha que usted diga, y se reactiva sola.

Cómo se arma una regla

Decida una vez. IRIS lo aplica siempre.

Una regla es una frase: si un tráiler entra al andén fuera de horario, avisa al jefe de turno, marca la grabación y abre un incidente. Hasta ahora esa frase había que escribirla en código. Aquí se dibuja: un bloque por cada parte de la frase, unidos con cables. Hay 74 bloques y 508 conectores, y cada conector sabe qué le puede llegar, así que unir dos cosas que no encajan es imposible y el editor dice cuáles son las dos. Un bloque se puede silenciar, puentear, agrupar o empaquetar entero para reutilizarlo en otro flujo. Y si algún valor es imposible, no deja guardar: lo señala y dice cuál.

No todo el mundo quiere un lienzo, así que hay tres puertas de entrada. La primera es la galería de 23 recetas: intrusión en zona, conteo por línea con sentido, ocupación por franja horaria, lectura de placa, persona sin equipo de protección personal, difuminado de rostros y placas. Se elige una, se llenan entre dos y siete campos dibujando sobre el video en directo, y está funcionando el primer día, sin haber construido nada. La segunda son seis preguntas —qué, dónde, cuándo, cuánto, cómo y entonces— con una frase arriba que se va escribiendo sola con lo que lleva contestado. La tercera es el lienzo entero, sin límites, para quien monta la instalación. Y lo que importa: es el mismo automatismo, y sube y baja de nivel sin perder lo hecho. No todas las recetas están disponibles en todos los servidores; cuando una no lo está, la galería dice por qué.

El horario es donde se nota si esto lo hizo gente que pisó una instalación. Se declara una vez, con su nombre y su color, y se reutiliza en todas las cámaras y en todos los flujos. Admite tramos, días de la semana, meses, días del mes y el primer o el último lunes de cada mes, que es exactamente como se anotan los días de mantenimiento. Y admite anclas solares: una regla que empieza treinta minutos antes del anochecer y acaba al amanecer trabaja en enero y en julio sin que nadie la vuelva a tocar. El mismo horario nocturno puesto en cámaras de tres husos abre y cierra a la hora local de cada una, sin duplicar plantillas. Las fechas de excepción cubren días festivos, vacaciones y paradas de planta. Y hay un criterio de seguridad que conviene decir en voz alta: si el horario no se puede evaluar, no se dispara. Nunca por si acaso.

Si un flujo falla varias veces seguidas, se apaga solo y deja escrito el motivo. Y antes de llegar ahí hay tres redes: el simulador, el ojo del editor y el modo silenciado. El simulador corre el flujo contra el último evento real de la cámara y contesta sin rodeos —el martes a las 14:32 esto sí se habría disparado, y estas son las acciones que se habrían ejecutado—, sin mandar un solo aviso. El ojo va en cada cable del editor: se le da clic y sale lo que de verdad pasa por ahí, con la imagen y la tabla de lo que cruza el filtro y lo que no. Y el modo silenciado publica el flujo corriendo y calculando, sin ejecutar ninguna acción, para validarlo sin molestar a nadie; también se puede pausar una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que diga. Al publicar, la confirmación dice en cuántas cámaras se va a activar y en cuáles. Todo esto está porque quien automatiza algo teme siempre lo mismo: que se dispare solo a las tres de la mañana y despierte a medio equipo.

Todo lo que corre queda escrito, y no solo cuando falla. De cada ejecución se guarda cuándo se disparó, cuándo empezó, cuándo terminó, cuánto esperó en la fila, sobre qué cámara corrió, si la condición se cumplió, cuántas acciones se ejecutaron y, cuando algo se rompió, en qué etapa concreta: la cámara, el modelo, la condición o la acción. Ahí está la diferencia con un sistema que solo dice correcto o error: hay once resultados posibles, y cinco de ellos son maneras distintas de no haber hecho nada —el horario estaba cerrado, ya había otra ejecución en marcha, el flujo estaba detenido, el antirrebote la descartó o una comprobación previa falló—, más una sexta para cuando el tope por minuto la frenó. El panel de actividad muestra las últimas veinticuatro horas con la tasa de omitidos y la lista de flujos que están perdiendo disparos, que es justo la falla que nadie ve. Y cuando el histórico crece y hay que limpiarlo, la purga obliga a previsualizar: dice cuántas ejecuciones, cuántos incidentes y cuántas medidas se van y cuánto espacio se libera, y si lo que hay en ese momento no coincide con lo que mostró, se niega a borrar.

Un automatismo publicado es una pieza de la operación, así que se gobierna como tal. Los permisos de lectura y de escritura van separados: quien no tiene el de escritura abre el editor en solo lectura, ve el flujo entero y no puede cambiar nada. Un administrador decide además qué bloques puede usar cada rol, y ahí hay un detalle que se agradece en una instalación grande: un bloque bloqueado sigue apareciendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan no se rompen. Toda versión publicada queda guardada, se renombra, se restaura como borrador y se compara con otra: el comparador muestra sobre el propio dibujo lo que se añadió, lo que se quitó y lo que se modificó, cables incluidos. Y no hay archivos de configuración que alguien tenga que editar entrando al servidor: todo se cambia desde el navegador, en caliente.

Las cifras

Contado, no estimado

  • 74bloques que se arrastran al lienzo
  • 23recetas listas para usar el primer día
  • 535parámetros para afinar hasta el último detalle
  • 11resultados posibles de una ejecución, incluido por qué no saltó
  • 508conectores que impiden unir dos cosas que no encajan
  • 20reglas de detección distintas, de la intrusión al merodeo

Preguntas

¿Hay que saber programar para armar una automatización?

No. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en un pizarrón. Y si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión ahí mismo y dice cuáles son las dos, así que el error no aparece con la instalación ya corriendo. Y si ni siquiera quiere dibujar, hay 23 recetas ya hechas: elige una, llena cuatro campos sobre la imagen en vivo de la cámara y queda funcionando el primer día. Para el operador de sala hay además un modo de seis preguntas en lenguaje corriente, sin ningún lienzo.

¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?

Es el miedo real de quien automatiza algo, así que hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Uno, el simulador: antes de publicar, corre el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se hubiera disparado y qué hubiera hecho, sin mandar un solo aviso. Dos, el silencio: ya publicado, el flujo puede correr y calcular sin ejecutar ninguna acción, y así se valida durante días sin molestar a nadie. Tres, la pausa: una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva sola. Y cuatro: un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.

¿La misma regla vale para muchas cámaras a la vez?

Sí. Un automatismo se define una vez y se aplica a una cámara, a un grupo, a un servidor completo o a la instalación entera. Las exclusiones se escriben con su motivo: «todas las cámaras del servidor menos el vestidor y el cuarto de servidores» es una sola declaración, no una lista que alguien tenga que estar manteniendo. Y cada sitio puede llevar sus propios umbrales y su propio horario sin duplicar el flujo. Una misma cámara admite además varias configuraciones a la vez: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que está funcionando.

¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?

Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la falla se localiza sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede enviar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si el incidente se creó antes de la falla, el incidente está creado. Lo que sí prometemos es que usted sabe hasta dónde llegó y por qué se paró ahí.

¿Quién puede tocar una automatización que ya está en marcha?

Solo quien tenga permiso de escritura. Leer y escribir van por separado, así que un operador puede abrir el flujo, entenderlo completo y no poder cambiar nada. Por encima, un administrador decide qué bloques puede usar cada rol. Un bloque bloqueado se sigue viendo en gris —para que se sepa que existe y se pueda pedir—, y los automatismos publicados que lo usan siguen corriendo, porque bloquear no rompe nada. Queda escrito quién bloqueó qué y cuándo, y se retira en un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador enseña sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que quitarle el enganche.

Ver todas las preguntas

La interfaz real, paso a paso

Usted pone la regla una vez. IRIS la aplica siempre.

Lo que va a ver es un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos, y cada vuelta arranca con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.

  1. Se monta la regla
  2. Se asigna a las cámaras
  3. Publicada, vigila sola
  4. Y entonces salta
IRIS NEURAL
30ES
IRISDirectoGrabacionesGISIncidencias3996SituaciónCasosLPRAutomatizacionesIRIS DATA
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IRIS · Infinity Neural

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