Todo lo que preguntan
Las preguntas de siempre, contestadas de una vez.
Van agrupadas por dónde nacen: primero lo que hay que entender antes de nada, después cada parte del producto y al final cada sector. Ninguna respuesta se escribió para esta página: son las mismas que va a encontrar en su lugar, y desde cada grupo se llega a la página donde vive.
297 preguntas contestadas
Antes de nada
Qué es IRIS, en qué se diferencia de un VMS, si hace falta cambiar las cámaras, si trabaja sin internet y quién decide.
Inicio
Ir a la página¿IRIS puede funcionar sin internet?
Sí, y de forma completamente local. El video, los modelos, las búsquedas y las reglas pueden correr adentro de la infraestructura del cliente, sin conexión a internet. En una operación lejos de todo, eso deja de ser un detalle técnico.
¿Tengo que cambiar mis cámaras?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS está diseñado para aprovechar la infraestructura de video que ya existe.
¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Las reglas y los límites los define su organización; lo que IRIS automatiza es aplicarlos de forma repetitiva. Y las situaciones que piden criterio humano llegan a una persona.
¿Qué es un NVMS?
Son las siglas de Neural Video Management System: un sistema de gestión de video que, además, entiende lo que pasa en la escena. Interpreta objetos, zonas, tiempos y contexto, aplica las reglas de la organización, y convierte el video en métricas y en evidencia.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
No damos un plazo genérico, porque depende de la instalación y de cuántas cámaras se integren. Lo habitual es arrancar con unas pocas cámaras y una o dos reglas, comprobar que detecta lo que se espera, y crecer desde ahí.
¿IRIS reemplaza a mi VMS actual?
Depende de la instalación. IRIS puede trabajar como sistema completo de gestión de video o convivir con el que usted ya tiene, y eso se decide después de mirar su red de cámaras, no antes. Preferimos revisarla cámara por cámara y decirle qué se puede hacer hoy y qué no, en lugar de prometer que encaja con todo.
¿Cuánto cuesta IRIS?
De tres cosas depende: cuántas cámaras entran, cuántas detecciones quiere en cada una y dónde se procesa el video. Tarifa cerrada no publicamos, porque una instalación de doce cámaras y una de seiscientas no se parecen en nada. Cuéntenos su caso y le damos una cifra concreta, no un rango.
¿IRIS reduce las falsas alarmas?
Sí, y es de las razones por las que se instala. Con la lluvia, con una rama o con un perro, la detección de movimiento clásica salta; IRIS mira la escena y separa qué hay, dónde está y cuánto lleva ahí antes de avisar. Lo que no le vamos a prometer es que no vuelva a saltar un aviso de más, porque eso no existe. Lo que sí: que el ruido deje de llegarle al operador, y que cuando llegue un aviso valga la pena mirarlo.
Qué es IRIS
Ir a la página¿IRIS toma decisiones por nosotros?
No. Quien define las reglas y los límites es su organización; lo que hace IRIS es aplicarlos de forma repetitiva sobre todas las cámaras, sin saltarse ninguna. Y las situaciones que piden criterio humano llegan a una persona con su video, su contexto y su histórico, para que decida con todo delante.
¿Tengo que cambiar mis cámaras para usar IRIS?
No necesariamente. Cuando la integración y los flujos disponibles lo permiten, IRIS está diseñado para aprovechar la infraestructura de video que ya existe. Eso se revisa cámara por cámara en la evaluación previa: cuáles sirven tal cual, cuáles conviene reorientar y cuáles no dan la calidad de imagen que necesita la detección que usted busca.
¿En qué se diferencia IRIS de una analítica de video?
IRIS se diferencia de una analítica de video en lo que hace después de detectar. Una analítica detecta un hecho suelto: hay una persona, cruzó una línea, pasaron doce vehículos. IRIS relaciona ese hecho con la zona, el tiempo y el contexto, comprueba la regla que fijó su organización y ejecuta lo que tiene que pasar a continuación. Detectar es el principio, no el final.
¿Detectar y entender son lo mismo?
No son lo mismo, y es de lo que más se confunde. Mirar son tres cosas distintas. Una ENCUENTRA: sabe que ahí hay una persona y en qué punto exacto de la imagen está. Es rápida y da siempre el mismo resultado sobre la misma imagen, y por eso es la única con la que se puede contar y que un número salga igual dos veces. Otra NOMBRA: separa una camioneta de un auto, un casco de una gorra. Trabaja con una lista, y lo que no está en la lista no lo ve. Y la tercera ENTIENDE: lee la escena entera y la relación entre las cosas —no «una persona» y «un auto», sino «una persona en el piso junto a un auto parado en medio del cruce»—. No necesita lista y contesta a una frase escrita con sus palabras, pero no es con la que se cuenta. Las tres vienen de serie en IRIS, y no como extras aparte, porque en la misma cámara suelen hacer falta a la vez. De ahí sale lo que repetimos: preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual.
¿Puede IRIS aprender a ver algo que solo pasa en mi instalación?
Sí. Una pieza que solo se fabrica acá, un gesto que solo se hace en este oficio, un defecto que solo aparece con este material: nada de eso está en ninguna lista, y no va a estarlo. Se entrena un modelo propio con imágenes de sus cámaras y con sus casos, y pasa a ser una detección más adentro de IRIS: se escribe en una regla igual que las demás. Y ese modelo es suyo: se entrena con sus imágenes y con el criterio de su gente, así que queda en su propiedad. No se reutiliza con otro cliente, no se mete en un producto que se le venda a su competencia y no depende de que usted siga siendo cliente para poder usarlo. Lo que hace falta para entrenarlo: imágenes de eso pasando —de verdad, no armadas— y alguien de su equipo que sepa decir cuál está bien y cuál no. Si eso que usted quiere detectar no se ve en la imagen, no hay modelo que lo saque.
NVMS
Ir a la página¿IRIS es un VMS?
Recibir cámaras, grabar, reproducir y exportar: esas capacidades propias de un VMS IRIS las tiene. Pero su propuesta va más allá. Entiende lo que pasa en la imagen, aplica las reglas de la organización, convierte el video en métricas y deja investigar sin revisar horas de grabación.
¿Tengo que reemplazar el VMS que ya tengo?
No necesariamente, y depende del proyecto: IRIS puede ser la plataforma completa o convivir con la infraestructura de video que ya existe, aprovechando los flujos y las integraciones disponibles. Lo sensato es revisarlo caso por caso —qué cámaras hay, qué grabación existe, qué sistemas se pueden reutilizar—.
¿Qué significa exactamente NVMS?
Neural Video Management System: eso son las siglas. Un sistema de gestión de video que, además, entiende lo que pasa adentro de las imágenes. Y la diferencia con un VMS está en el centro del modelo: el VMS gira alrededor de la pantalla y del operador, y el NVMS gira alrededor de la decisión.
¿Hacen desarrollos a medida?
Sí. Una detección sirve de poco si termina en una pantalla que nadie mira, así que lo normal es que haga falta algo alrededor: una pantalla pensada para cómo trabaja su equipo, un informe con su formato y sus nombres, un cálculo que solo tiene sentido en su operación. Eso se hace. Lo que no le vamos a decir es que todo entra en el mismo presupuesto: hay cosas que se resuelven en una tarde y otras que son un proyecto, y cuál es cuál se dice al principio, cuando todavía se puede cambiar de plan, y no después de firmar.
¿Se integra con lo que ya tengo?
Sí, y es lo normal: casi nadie empieza de cero. El aviso puede entrar donde ya trabaja su equipo, el número puede terminar en el tablero que ya miran, y lo que decide IRIS puede apoyarse en algo que su sistema ya sabe. Lo que no le vamos a decir es que encajamos con todo. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no antes: hay conexiones que se hacen en una tarde y otras que dependen de que el otro lado deje entrar, y eso a veces no depende ni de nosotros ni de usted. Se comprueba al principio, con su sistema delante, y si algo no va a poder ser, se dice entonces.
Lenguaje natural
Ir a la página¿Tengo que saber programar para configurar IRIS?
No. Las reglas se describen con frases normales —qué vigilar, dónde, durante cuánto tiempo y qué hacer— e IRIS muestra cómo interpretó cada parte antes de activarla. El equipo técnico sigue haciendo falta para la puesta en marcha y las integraciones, pero no para cambiar un umbral.
¿IRIS detecta cualquier cosa que le pida?
No. Por su posición, por su calidad de imagen o por su iluminación, hay situaciones que una cámara concreta no puede resolver; y hay detalles chicos o muy lejanos que ninguna cámara de ese encuadre distingue. Discutirlo no sirve de nada: lo que sirve es probar la descripción sobre video real de esa cámara y mirar el resultado antes de contar con ella.
¿Puedo usar el lenguaje natural para buscar en las grabaciones?
Sí. No solo se definen reglas hacia adelante: usted puede describir algo que ya pasó —«camioneta blanca parada más de diez minutos en el muelle 4»— e IRIS devuelve los candidatos con su cámara, su hora y su imagen. Deje de buscar el minuto; busque lo que pasó.
¿Me cuesta algo probar frases hasta que acierto?
Nada. IRIS no cobra por consulta, y no hay contador de frases, de búsquedas ni de pruebas: escriba una regla, pruébela contra el video de esa cámara, cámbiela y vuelva a probarla las veces que haga falta. Una prueba y un millón cuestan lo mismo. Y es a propósito: una frase se afina probándola, y un sistema que cobra por intento termina lleno de reglas escritas a la primera y mal.
Procesamiento
Ir a la página¿IRIS puede funcionar sin conexión a internet?
Sí, y el matiz importa: no es que aguante una caída de línea, es que en la modalidad local no la usa para funcionar. Los servidores están en su edificio, el video entra por su red y los modelos corren en su hardware sin consultar ningún servicio de afuera. Usted puede desenchufar el cable y el sistema sigue detectando, avisando, midiendo y grabando exactamente igual.
¿Dónde reside el video y quién puede acceder a él?
Donde usted decida, y solo accede quien usted autorice. En la modalidad local vive en los discos de su edificio y no lo ve ningún tercero. En nuestro centro de datos vive en infraestructura nuestra, dedicada y ubicada donde se acuerde; ahí el contrato fija quién puede entrar, con qué permisos y cuánto tiempo se conserva cada cosa. Y en las dos modalidades las comunicaciones van cifradas y los accesos quedan registrados.
¿Puedo empezar con una modalidad y cambiarme a la otra más adelante?
Sí. Es el mismo sistema en los dos lados: lo que cambia es dónde corre el análisis, no lo que sabe hacer, ni las reglas que usted dibujó sobre sus cámaras, ni la forma de trabajar de sus operadores. Y tampoco tiene que moverse toda la organización a la vez: cada sede puede tener su modalidad, y todas se ven desde el mismo lugar. Lo que sí cambia es quién compra el hardware y cómo se factura, y eso se habla antes de firmar, no después.
¿Qué pasa si se cae el enlace mientras el video se procesa en su centro de datos?
Se detiene hasta que la línea vuelve. Lo decimos claro, porque es el límite real de esa modalidad: sin enlace no llega nada que analizar al otro lado, y durante ese rato usted no va a recibir avisos. Sus cámaras, mientras tanto, siguen grabando donde lo hagan hoy, y apenas se restablece la línea el análisis se reanuda. Y si hay un punto donde ese hueco no es aceptable —un centro de monitoreo, una PTAR, un centro penitenciario—, ese punto va en modalidad local. Las dos se pueden mezclar en la misma organización.
¿Me cuesta más cuanto más lo use?
No, porque IRIS no se factura por uso: contador de consultas no hay, ni de búsquedas, ni de avisos, ni de cámaras abiertas. Una consulta y un millón cuestan lo mismo. Y es a propósito: un sistema que cobra por pregunta termina usándose poco, porque el operador se lo piensa antes de buscar y la herramienta se queda parada. Lo que sí mueve el precio son el tamaño de la instalación y la modalidad de despliegue, y eso se habla antes de firmar y no después.
El mundo
Ir a la página¿IRIS solo sirve para seguridad?
No. Sirve también para medir la operación: aforos, tiempos de espera, ocupación de zonas, filas y flujos de personas o vehículos. Hay instalaciones donde eso se pide a diario y una alarma casi nunca, porque no todo lo importante es una alarma: a veces lo importante es un número. Y eso no se pide hablando: se traza una raya o se dibuja una zona sobre la imagen, porque una raya hay que trazarla. El conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— a través de NeuralPax: lo homologado es esa medida, contar personas, y no el resto. Es una homologación española y no equivale a ninguna boliviana.
¿Hay que comprar un módulo distinto para cada sector?
No: es la misma plataforma en todos los entornos, y lo que cambia es la configuración —qué objetos importan, qué zonas se vigilan, qué reglas se aplican—. Por eso una organización con entornos muy distintos termina trabajando con un solo sistema, un solo histórico y un solo equipo formado.
¿Funciona en lugares remotos, sin personal ni conexión?
Sí, con dos condiciones: que la cámara tenga alimentación y que haya una vía para llegar al servidor de IRIS. El análisis corre adentro de la propia instalación, de modo que en un perímetro remoto o en una red cerrada la escena se sigue entendiendo igual aunque no haya internet.
Por lo que hace
Una por cada parte del producto: el directo, la búsqueda, las placas, los incidentes, los mapas, la automatización y las demás.
Directo y video wall
Ir a la página¿Hay que cambiar de cámaras para tener un video wall así?
No. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, y el operador lo maneja todo desde el navegador, sin instalar ningún programa en cada puesto. Lo que cambia no es el equipo colgado en el poste de afuera: es que el mosaico se arma en dos clics, se guarda y vuelve igual mañana, y que el muro de la sala se gobierna desde la mesa.
¿Cuántas cámaras caben en una pantalla a la vez?
Caben 64 celdas por pantalla, con veinte formas de rejilla o colocación libre a mano. Cuántas de esas celdas dan video en vivo a la vez es otra cuenta: hay un tope configurable por servidor, y está para no ahogar ni el puesto del operador ni la red. Las que pasan ese tope no se quedan en negro; muestran imagen fija que se refresca, y la celda avisa de que eso lo decidió el sistema y no es una falla.
¿Quién puede ver cada cámara, y queda constancia de quién la vio?
Ver, mover y configurar son permisos distintos, y encima cada cámara admite su propia lista de acceso, persona por persona. Las zonas tapadas por privacidad no se destapan desde una vista: hace falta un motivo escrito, una duración limitada y, si la organización lo exige, un supervisor que lo autorice. Y sí, queda constancia: cada visualización, cada movimiento de cámara, cada destapado y cada acceso a un muro publicado quedan registrados con quién, cuándo, desde dónde y por qué vía.
Una celda deja de dar video. ¿Cómo sé si es una falla o una decisión?
Porque la celda lo dice. IRIS separa tres motivos y los nombra: se llegó al tope de video en vivo simultáneo —decisión del sistema, no falla—, la cámara está caída, o el flujo se quedó parado. En el primer caso la celda pasa a imagen fija que se refresca y sigue sirviendo; en los otros dos vuelve a conectar sola y lo indica mientras lo hace. Un operador puede exigir además que sus celdas no pasen nunca a imagen fija. Y si una celda está en negro porque usted no tiene acceso a esa cámara, también lo pone: un cuadro negro sin explicación es la peor respuesta posible en una sala.
¿Qué hace falta de verdad para montar un muro de pantallas?
Menos de lo que la gente imagina, y una cosa que no vende ningún fabricante. Hace falta una pantalla con navegador —un televisor, un monitor o un cubo de video— conectada al servidor por el mismo puerto seguro que todo lo demás. En esa pantalla no se instala nada y no hay archivo de configuración que tocar: la forma del muro, el contenido de cada celda, la compensación de los marcos y hasta la banda de texto se ajustan desde la web, y el enlace publicado se abre sin escribir contraseña, con su PIN, su vencimiento y su lista de direcciones permitidas. Lo que sí hace falta es decidir qué se ve. Esa parte es trabajo de la sala, y todo lo demás está armado para que solo haya que hacerla una vez.
Detección y comportamientos
Ir a la página¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Vienen 41 comportamientos listos: intrusión, cruce de línea, permanencia, merodeo, objeto abandonado o retirado, aforo, filas, aglomeración con densidad, espacio de parqueo ocupado, sentido contrario, velocidad, distancia entre personas y recorrido entre zonas. Todos trabajan sobre un catálogo de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias. Y si lo que usted busca no es ninguno de ellos, se arma con el filtro fino: compara cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores, y las condiciones se agrupan con «y» y con «o».
¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?
Para empezar, no. Cada clase del catálogo trae su altura media real —una persona 1,70 metros, un auto 1,50— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. Para medida real sobre el piso se marcan cuatro puntos de la imagen y se dice cuánto miden de verdad: desde ahí, distancias, recorridos y velocidades quedan en metros. IRIS separa siempre la velocidad medida de la estimada, y una regla puede exigir que solo cuente la medida. La estimada se queda corta, y por eso se etiqueta como lo que es.
¿Y si me llena el turno de avisos falsos?
Es lo primero que se ataja, y se ataja por partes. Se marcan áreas donde no se detecta nada: la carretera del fondo, un afiche con fotos de personas. Se exige que el objeto lleve ya un rato siendo seguido antes de que el sistema actúe. Se pone un doble umbral, para que el aviso no parpadee en el borde de una zona. Se le pone horario al comportamiento. Y se agregan tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Después, y esto es lo que de verdad tranquiliza: antes de publicar nada, sobre la imagen en vivo se ve lo que la regla produce, con los objetos que descartó y el motivo de cada descarte.
¿Y de noche, o con mala luz?
Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no se ejecutan a ciegas. Hay además una puntuación de salud de la detección por cámara, con seis señales, y no se queda en el diagnóstico: dice qué hacer —revisar la óptica, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo nocturno—. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco fiable en lugar de afirmar que la camioneta era blanca. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche sigue queriendo decir lo mismo en junio y en diciembre.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
Unos segundos se aguanta; pasados esos, se dice. Cuando una columna, otro vehículo o una lona tapan a un objeto, el sistema no sigue extrapolando a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al rato que lleva sin verse. Ayuda también el historial de clases que guarda cada objeto —por eso un auto que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla— y que los parámetros del seguimiento se afinen por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. Y el límite va por delante: si la ocultación se alarga, el seguimiento muere, se cierra el resumen de vida de ese objeto y lo que aparece después es un objeto nuevo. Volverlo a reconocer por su aspecto es otra cosa, y tampoco sabe quién es.
Grabación y forense
Ir a la página¿Se puede encontrar algo en el video sin saber la hora exacta?
Sí: para eso están los quince filtros. Se acota por franja de fechas, por cámaras, por tipo de objeto, por hasta cuatro colores, por una parte concreta de la imagen y por uno de los nueve comportamientos, y todos se combinan entre sí. También se escribe la frase en lenguaje natural y el sistema la traduce a esos filtros, mostrando antes qué entendió. Y si aun así el rango queda largo, el resumen se salta el tiempo muerto y deja ocho horas en unos minutos de revisión.
¿Cómo sabe quien recibe el video que nadie lo manipuló?
Porque lo comprueba él, sin llamar a nadie. Dentro del paquete exportado van una huella de cada fragmento, una huella del paquete completo, una firma digital y un comprobador que abre cualquier navegador. Y ese comprobador trabaja sin conexión: no consulta ningún servidor, ni el nuestro ni otro. Basta con que cambie un byte, un fotograma o una línea del manifiesto para que la comprobación falle, y cuando falla lo dice. El paquete, además, se verifica a sí mismo antes de salir: si no pasa su propia comprobación, no se entrega.
¿Y si el disco se llena y ese video está en un procedimiento abierto?
No se borra. Un tramo bloqueado queda fuera del reciclado, y el criterio de disco no puede saltárselo. Si lo único antiguo que queda está bloqueado, el sistema se detiene, lo escribe en el registro con todas las letras y avisa, en vez de sacrificar material protegido para ganar lugar. La comprobación se hace tres veces antes de borrar nada; si alguna de las tres no se puede hacer, no se borra —nunca se da por bueno que no había bloqueos cuando lo que pasó es que no se pudo mirar—. Además, la pantalla dice cuánto disco hay inmovilizado por bloqueos y cuántos de ellos no tienen fecha de vencimiento.
¿Cuánto video se puede guardar de verdad, y quién decide cuánto?
El plazo lo decide el cliente, cámara por cámara, y manda sobre el general del servidor; se puede dejar sin límite para que nada se borre por antigüedad. El techo real no es el programa, es el disco: por eso la pantalla no muestra solo el plazo configurado, sino los días que hay de verdad grabados ahora mismo, y avisa cuando son menos porque el disco se llena antes. La grabación se reparte entre tantos servidores y sedes como haga falta, así que crecer es agregar disco donde falte. Y la decisión no se toma en nuestra casa: el material vive en la instalación del cliente.
¿Y si alguien intenta borrar una grabación que está en un procedimiento?
No puede, y encima queda escrito que lo intentó. Empecemos por el borrado a mano: hace falta un permiso propio y tener asignada esa cámara, y el material bloqueado queda fuera del borrado automático. Levantar un bloqueo es todavía más estrecho: exige el permiso reforzado —el mismo que gobierna las solicitudes de supresión— y un motivo escrito, la ficha no desaparece sino que queda marcada como liberada con quién, cuándo y por qué, y el histórico de bloqueos es permanente. Y por encima de todo eso está la auditoría: cada borrado, cada exportación y cada liberación quedan con el estado anterior y el posterior, encadenados de modo que si alguien altera o quita una entrada, se nota.
Búsqueda por apariencia
Ir a la página¿IRIS reconoce rostros?
Está en el producto, viene apagado y en la Unión Europea no se ofrece. Donde la ley lo permite, encenderlo obliga a leer nueve advertencias legales y a declarar base jurídica, finalidad y plazo de conservación: sin esos tres datos no funciona, y retirarlos lo detiene al momento, sin reiniciar nada. Lo decide cada instalación, no viene puesto de fábrica, y queda registrado quién lo encendió y cuándo. En las zonas que esta web muestra, IRIS no identifica a nadie, porque en esas cámaras la función no está encendida. Y casi ninguna búsqueda real la necesita: se resuelven por tipo, color, recorrido, permanencia, zona y hora.
¿Se puede encontrar a una persona sin saber quién es?
Sí, y es la forma normal de trabajar. De cada objeto queda guardado cómo era —tipo, color, tamaño, recorrido, velocidad, permanencia y zona— y con eso se lo vuelve a encontrar en otra cámara y otro día sin ponerle nombre. Cuando el sistema propone que dos apariciones son el mismo objeto, lo dice como nivel de confianza y no como identidad: la pantalla avisa de que es una posible coincidencia por apariencia, que no sirve como prueba de identidad y que necesita revisión humana. Después, una persona confirma o descarta cada propuesta, y su decisión queda guardada con nombre y hora.
¿Quién puede buscar y qué queda registrado?
Para buscar hace falta permiso de ver grabaciones, y encima cada usuario alcanza solo los objetos de las cámaras que puede ver: una cámara sin permiso no rompe la búsqueda, sencillamente no aporta resultados y se dice. De cada búsqueda queda escrito quién la hizo, cuándo, sobre qué cámaras y con qué criterios. Las zonas sensibles se tapan con máscaras de privacidad, y destaparlas exige un motivo y, si la organización lo pide, el visto bueno de un segundo supervisor. El tiempo que se conserva cada tipo de dato se fija por separado. Todo esto pasa dentro de la instalación: los modelos y la cartografía son propios y trabajan sin internet, así que ni una imagen sale a un tercero. Y todo —interfaz, video, miniaturas y consultas— viaja por un solo puerto, el 443: ni un puerto más que abrir en el firewall.
¿Y si la persona se cambia de ropa?
Se rompe el rastro por apariencia, y eso hay que decirlo de frente. La huella se arma con el color, la forma y la complexión; si eso cambia, la huella cambia, y en las cámaras siguientes IRIS ya no propone a esa persona. Lo que no va a hacer es inventarse una coincidencia: dirá que nadie llega al umbral, y con qué umbral lo midió. Y queda bastante en pie: el recorrido hasta ese punto, con la última cámara y la hora; la búsqueda por otros criterios en esa zona y esa franja; y el vehículo, si lo hay. Por eso mismo el recorrido se arma con avistamientos que confirma una persona, y no con una cadena automática que no miró nadie.
¿Cuánto tiempo se guarda la huella de apariencia y quién puede consultarla?
El plazo lo fija cada instalación, por separado para personas, vehículos, rostros y placas, y va de cero a 3.650 días. Ojo con el cero: no significa borrar, significa conservación indefinida, y la pantalla lo marca en rojo para que nadie lo elija por descuido. El borrado lo hace un barrido nocturno; si ese barrido no está armado, la pantalla lo avisa en vez de dar por hecho que el plazo se cumple, y además se puede ver cuántas huellas vivas hay por modalidad y cuántas pasaron su plazo. Consultarlas exige el permiso de ver grabaciones, y alcanza solo a las cámaras que ese usuario puede ver. Cambiar la retención exige su propio permiso. Y cada búsqueda y cada cambio quedan registrados con quién y cuándo.
Placas y accesos
Ir a la páginaEsta web dice que IRIS no lee placas. ¿En qué quedamos?
Las dos cosas son ciertas, y lo que las separa es la cámara. La lectura de placas se enciende cámara por cámara y de fábrica viene apagada. Donde no se enciende —el patio de un colegio, un módulo de un centro penitenciario, el cerco de una obra— IRIS ve «un vehículo» y ahí se acaba: no lee el número, no lo guarda y no lo compara con nada. Por eso en esas páginas decimos que no lee placas: en esas cámaras es literal. Donde sí hace falta —la barrera de un parqueo, el portón de un patio de camiones— se enciende, porque es exactamente lo que el cliente fue a comprar. Quién la encendió, en qué cámaras y cuándo queda en el registro de auditoría, así que la pregunta «¿dónde se leen placas en esta instalación?» siempre se puede contestar, y siempre con una lista corta y comprobable. Y encenderla no es solo una decisión técnica: una placa es un dato personal, así que se enciende donde está permitido y para una finalidad concreta, y lo que se guarda se guarda como lo que es, con su plazo, con quién puede verlo y con el registro de quién lo consultó.
¿Sabe IRIS de quién es el auto?
No. Lee el número de la placa, lo compara con las listas que cargó el cliente, y ahí termina. Detrás no hay ningún registro de titulares: no consulta ninguna base de datos, no sabe el nombre del propietario y no lo puede averiguar. La marca y el modelo tampoco los lee. Lo que sí sabe es lo que la cámara vio —el tipo de vehículo y el color—, y cuando no los vio bien lo dice, en vez de llenar el hueco con una suposición. Una placa solo significa algo si el cliente la metió en una lista; y cada lista declara para qué sirve, con qué base legal y cuántos días se conservan sus datos, de un día a diez años, con borrado al vencer.
¿IRIS abre la barrera solo?
IRIS decide, registra y lleva la cuenta de quién está dentro. Mover físicamente la barrera es una secuencia que arma el cliente desde la web, paso a paso, y que se prueba antes de que pase nada real: «¿qué harías con esta placa, en este acceso, a esta hora?», y la pantalla contesta por el mismo camino que usa el motor de verdad. Abrir a mano es otra cosa y tiene su propio permiso, separado de todos los demás: hay que marcar una casilla, escribir un motivo y queda a nombre de quien lo hizo. Si la secuencia falla a mitad de camino, se dice en qué paso falló y que puede haber quedado algo abierto, en vez de dar por buena una apertura que nadie confirmó. Y las credenciales que abren la barrera no salen nunca del servidor: no llegan al navegador, porque en muchos controladores esa dirección es la llave.
¿Y si la placa está sucia, doblada o tapada?
Con barro, con un ángulo malo o con poca luz suele alcanzar, porque un paso deja decenas de lecturas y basta con que una salga bien. Con una placa que no es legible, no: ahí no hay lectura, y el sistema no se inventa una. Lo que hace es contar el descarte con su motivo, para que se vea cuántas se pierden en esa cámara. Si se pierde una de cada tres, eso no lo arregla el software: lo arregla mover el poste, cambiar el ángulo o poner luz, y lo decimos antes de vender, no después. En un control de accesos, una placa que no se lee sale como «no está en ninguna lista», queda registrada con su imagen, y la barrera no se abre sola: la abre una persona a mano, con motivo escrito y a su nombre. Y hay algo distinto que conviene no mezclar: darse cuenta de que un vehículo circula sin placa legible no necesita leer nada, y eso sí se hace en cámaras donde la lectura está apagada.
¿Y si se equivoca leyendo un carácter?
Pasa, y está previsto. Comparar contra una lista se puede hacer con tres criterios: exacto, solo confusiones conocidas —el de fábrica— y aproximado. El del medio admite diferencia únicamente en caracteres que de verdad se confunden, y solo en las parejas encendidas; no en cualquier carácter, que es justo lo que hace que una comparación blanda termine abriéndole la barrera al auto de al lado. Para una barrera se puede exigir el criterio exacto, cero caracteres de diferencia, y si el ajuste de ese acceso queda más blando que la regla general, la pantalla lo dice en rojo antes de guardar. Hay después dos detalles que solo aparecen cuando esto se montó de verdad: el silencio de los avisos y el estado de quién está dentro se llevan por la placa de la lista y no por la leída, así que una letra bailada no se salta su propio silencio ni cuenta como una segunda entrada. Y cuando dos variantes de una placa compartieron el mismo seguimiento, eso ya no es un parecido: es la prueba de que era el mismo auto, y la pantalla lo marca así.
Incidentes y centro de monitoreo
Ir a la página¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: si al vencer el primero nadie respondió, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es asignárselo, validarlo, cerrarlo o comentarlo; eso detiene la subida, aunque no resuelva el caso. Si un turno se quedó sin nadie, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse. Y cuando se agotan los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. Nunca termina en silencio.
¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?
Con tres cosas, y ninguna es apagar avisos a ciegas. La primera: un panel mide cuántos le llegan a cada persona por hora y señala qué cámara y qué regla los están produciendo, que es lo que permite afinarlas. La segunda: la bandeja se filtra por 27 criterios combinables, y cada operador guarda su vista y la comparte con el equipo. Y la tercera: las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una sola fila con su contador, sin borrar ninguna, así que el detalle sigue guardado y el número siempre cuadra. Encima, quien silencia algo queda registrado.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Sí, y la cadena está pensada para que se note si alguien la tocó. De cada incidente queda la cronología entera —quién lo abrió, quién lo miró, qué cambió, qué escribió y cuándo lo cerró— en un registro que solo admite agregar, encadenado criptográficamente y verificable cuando usted quiera: si algo se hubiera retocado, dice en qué apunte exacto se rompe. El expediente se baja como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y hay una honestidad más: lo que existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en vez de hacerlo pasar por verificado.
¿Y si el que falla es el propio escalado?
Peor que no tener escalado es un escalado que falla callado, así que este se mide y se enseña. Hay un panel que dice si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está detenido, y da el motivo en castellano llano: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar. Avisa además de lo que nadie mira hasta que ya es tarde: que no hay ningún canal activo por el que salir, o cuánta gente del equipo no tiene forma de recibir un aviso. Y muestra, de las últimas 24 horas, cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Un detalle más, y no menor: recién instalado arranca desarmado a propósito —solo simula y deja el plan escrito—, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor. Una puesta en marcha no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos operadores toman el mismo incidente a la vez?
Se ven las dos, y el sistema no las deja pisarse. La ficha dice con nombres quién más la está mirando en ese momento —y si usted está solo, también lo dice—. Asignárselo es reclamar la propiedad, queda con su hora y es además lo que detiene el escalado, aunque todavía no resuelva nada. Y los estados no saltan de cualquiera a cualquiera: cada cambio lo comprueba el servidor, que rechaza el que no corresponde diciendo de dónde a dónde se intentó ir. Por eso dos personas no pueden dejar el mismo incidente en dos lugares distintos. Lo que hizo cada una queda en la misma línea de tiempo.
Reglas y automatizaciones
Ir a la página¿Hay que saber programar para armar una automatización?
No hace falta. Se arrastran bloques a un lienzo y se unen con cables, como quien dibuja un esquema en una pizarra; y si dos piezas no encajan, el editor rechaza la unión al momento y nombra las dos, de modo que la falla no aparece con la instalación ya andando. Ahora bien, tampoco hay que dibujar: la galería trae 23 recetas hechas, se elige una, se llenan cuatro campos sobre la imagen en directo de la cámara y esa tarde funciona. Y para quien opera hay un tercer camino, sin lienzo ninguno: seis preguntas en lenguaje corriente.
¿Y si la regla se dispara sola de madrugada?
Es el miedo real de quien automatiza algo, y por eso hay cuatro frenos antes de llegar ahí. Antes de publicar, el simulador lanza el flujo contra la última imagen real de la cámara y dice si se habría disparado y qué habría hecho, sin mandar ningún aviso. Ya publicado se lo puede dejar silenciado: el flujo corre y calcula, pero no ejecuta ninguna acción, así que se valida durante días sin molestar a nadie. Si algo sale mal, se pausa una hora, cuatro, un día o hasta la fecha que se quiera, y se reactiva solo. Y un flujo que falla varias veces seguidas se apaga por su cuenta y deja escrito el motivo.
¿La misma regla vale para muchas cámaras a la vez?
Sí, y sin duplicar el flujo. Un automatismo se define una vez y cae sobre una cámara, un grupo, un servidor entero o la instalación completa, con las exclusiones escritas al lado: «todas las del servidor menos el vestuario y la sala de servidores» es una sola declaración, no una lista que alguien tenga que mantener a mano. Cada lugar puede llevar además sus propios umbrales y su propio horario. Y una misma cámara admite varias configuraciones a la vez: una en producción contando de verdad, otra en validación con los umbrales nuevos, y una tercera en diseño mientras se dibuja, sin tocar la que está funcionando.
¿Y si un flujo falla a la mitad? ¿Deja las cosas a medias?
Falla donde falla, y queda escrito exactamente dónde. Cada bloque tiene, además de sus salidas normales, una salida de falla, así que el error se lleva a otro lado —avisar a mantenimiento, registrarlo, reintentar— en vez de perderse por el camino. El historial guarda en qué etapa se rompió, si fue la cámara, el modelo, la condición o la acción, y el número de intento, de modo que la avería se localiza sin abrir un solo video. Hay dos criterios que conviene decir claros. Si un aviso no se puede mandar porque el canal está apagado o mal configurado, no se pierde en silencio: queda anotado como diferido, con el motivo. Y si un valor no se puede leer, no se inventa ninguno: se dice por qué falta, y nunca se muestra un cero como si fuera una medida. Lo que no prometemos es deshacer lo que ya se hizo: si el incidente se creó antes de la falla, el incidente está creado. Lo que sí prometemos es que usted sabe hasta dónde llegó y por qué se paró ahí.
¿Quién puede tocar una automatización que ya está en marcha?
Solo quien tenga permiso de escritura. La lectura y la escritura van separadas, así que un operador puede abrir el flujo, entenderlo entero y no poder cambiar nada. Por encima de eso, un administrador decide qué bloques puede usar cada rol: un bloque bloqueado se sigue viendo en gris, para que se sepa que existe y se pueda pedir, y los automatismos ya publicados que lo usan siguen funcionando, porque bloquear no rompe nada. Queda registrado quién bloqueó qué y cuándo, y se retira con un clic. Y todo cambio deja rastro: cada versión publicada se guarda, se renombra y se restaura como borrador, y el comparador muestra sobre el dibujo qué se agregó, qué se quitó y qué se modificó entre dos publicaciones. Tampoco se puede borrar un automatismo del que arranque otro encadenado: primero hay que sacarle el enganche.
Chat e inteligencia artificial
Ir a la página¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?
No salen. La inteligencia artificial que contesta es propia y vive en el servidor de su instalación, y lo mismo la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas. En ningún punto del recorrido hay una llamada a un tercero, así que no viaja hacia afuera ni una imagen, ni un cuadro, ni una frase de la conversación. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia. Y que trabaje con el cable de internet desenchufado no es una casualidad: es un requisito de diseño, y en una operación lejos de todo es medio argumento de venta.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
En que este llega a los mandos. Lo corriente es un chat que contesta con lo que sabe; el asistente de IRIS lleva 95 herramientas conectadas al sistema y sale a buscar la respuesta con ellas: mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, dibuja el mapa, arma el informe. Y si quien pregunta tiene permiso, actúa: abre o cierra un incidente, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada una de esas acciones queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de hacer nada.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
No, y la diferencia importa. Describir una situación o dar con algo: eso sí se hace hablando, y el asistente lo hace muy bien. Medir es otro oficio, porque para medir hay que saber por dónde pasa exactamente la línea y en qué sentido va. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla —una línea sobre la calzada, una zona sobre la balanza de la garita—. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número sale igual mañana y se puede auditar un año después.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación en el instante que le pide, lo dice en vez de mostrarle otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en lugar de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin llenar el hueco con una suposición. Las fallas se explican con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— en vez de fallar en silencio. Y cada respuesta llega con las herramientas que usó y lo que le devolvieron, así que se puede comprobar en lugar de creer. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta para quien opera, no un reemplazo suyo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No, y no es una promesa: es cómo está construido. El asistente ve solo las herramientas que la persona que pregunta tiene derecho a usar, así que el mismo chat ofrece capacidades distintas a un operador y a un administrador. Diez permisos gobiernan el chat en sí —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas— y encima cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos están marcadas como tales y no se ejecutan sin ese permiso, y publicar una automatización pide confirmación explícita. Todo queda registrado: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal; también los intentos de acceso denegados. Las conversaciones son privadas por defecto, y los hilos compartidos admiten solo gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
No hay contador. Ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras: una conversación de dos frases y un turno entero preguntándole cuestan lo mismo. Lo decimos porque cambia la manera de usarlo. Cuando cada mensaje lleva precio, el operador se corta, pregunta menos de lo que necesita y termina volviendo al sistema viejo. Aquí no hay nada que racionar.
Mapas, planos y territorio
Ir a la página¿De verdad funciona sin conexión a internet?
Sí, y es fácil de comprobar. La cartografía se instala en el servidor del cliente, país por país, y ahí se queda: contra esos datos se resuelven el dibujo del mapa, la búsqueda de una dirección y la traducción de una coordenada en un domicilio. Para que el operador sepa con qué está trabajando, la interfaz lo dice en pantalla: «mapa local, sin internet». Y como ninguna consulta sale de la instalación, nadie de afuera puede deducir qué zona se está vigilando.
¿Puedo usar los planos que ya tengo del edificio?
Sí, y en los cuatro formatos de siempre: PDF, TIFF, JPG y PNG. En el asistente se marcan con un rectángulo los pedazos del documento que interesan, y un PDF de proyecto con veinte pisos sale convertido en veinte planos independientes de una sola pasada. Cómo se organizan las carpetas lo decide cada instalación —por país, por sede, por edificio, por piso o como le sirva—. Y cada plano guarda su fecha real, que casi nunca coincide con el día en que alguien lo subió.
¿Hay un mapa de calor de detecciones sobre el territorio?
No lo hay, y conviene decirlo antes de la demostración y no durante. En IRIS el mapa de calor se dibuja sobre la imagen de la cámara, no sobre la cartografía. Lo que hoy existe para la densidad sobre el terreno es la agregación por zonas dibujadas, por perímetro de sede y por espacio de medición: no una capa de calor continua encima del mapa. Es un hueco real, y se declara aquí porque cualquier integrador lo comprueba en cinco minutos.
¿Cuánto ocupa un mapa que vive adentro, y cómo se actualiza?
Depende de qué países se instalen, y se instalan de a uno: el mundo entero no se instala nunca, y casi nadie lo necesita. De los 185 del catálogo, una instalación de referencia trabaja con 65. Y el dimensionado no es una estimación de folleto: en la pantalla de administración cada país muestra su tamaño en el almacén y su fecha de instalación, antes y después. Actualizar es una carga de datos que lanza el administrador, con un listado de trabajos que dice el tipo, el estado, el progreso, el paso actual y el error si algo falla. Goteo automático desde internet no hay, porque internet no hay: el mapa cambia cuando alguien de la casa decide que cambie. Y como cada conjunto guarda su versión y su fecha de carga, siempre se sabe con qué edición se está trabajando.
¿Y si una sede es nueva o el edificio no está en la cartografía?
Pasa todo el tiempo, y no bloquea nada. El plano de interior no depende del callejero: se sube el plano del proyecto, se ancla al mapa con un clic, y el edificio existe en el sistema antes de existir en ninguna cartografía. Para el perímetro de la sede hay cinco orígenes posibles: tomado de la referencia cartográfica, dibujado a mano, importado de un archivo del cliente, calculado envolviendo las cámaras, o marcado como referencia huérfana cuando el contorno del que salía ya no está en el conjunto actual. Esa última etiqueta existe justo para que el sistema lo diga en vez de callarlo. Mientras tanto la búsqueda inversa sigue contestando aunque la puerta no exista: da la más cercana que sí existe, con su distancia en metros. Y si el punto cae fuera de la zona con datos de relieve, dice que ahí no hay dato, en lugar de inventarse una altitud.
Videoconferencia y colaboración
Ir a la página¿Hace falta una herramienta de videollamada aparte?
No hace falta ninguna. La sala vive adentro de IRIS y se abre desde el muro de cámaras o desde el mapa, sin instalar ni contratar nada más. Y sobre todo: para hablar de ese video no hay que sacarlo del predio. La cámara entra adentro de la llamada, en directo, y los que hablan están mirando lo mismo.
¿Puede entrar alguien que no tiene cuenta en el sistema?
Sí. El anfitrión genera un enlace con código QR que se escanea con el celular. El enlace vence, tiene un número de usos, se anula al momento y define qué puede hacer quien lo abre: hablar, ver las cámaras del muro, escribir en el chat, o solo mirar. Cada uso queda registrado.
¿Trabaja en una instalación sin internet?
Sí, y sin excepciones. El audio, el video de las personas, el video de las cámaras y la propia conexión de la sala viajan por el puerto 443 adentro de la red del cliente. En ningún punto del camino hay un servidor de terceros. Por eso una planta aislada del exterior hace su reunión igual que cualquier otra sede.
¿Hay que instalar algo para entrar a una reunión?
No. Se entra con el navegador que ya se está usando, y quien viene de afuera entra escaneando un código con el celular. Antes de entrar hay una antesala: se pone el nombre, se ve cómo va a salir uno en imagen y se decide si se prende la cámara y el micrófono. Los permisos del navegador se piden ahí una sola vez y no se vuelven a pedir adentro. Y si la sala graba, el aviso aparece en esa misma antesala y hay que aceptarlo para pasar.
¿Y si tiene que participar alguien de afuera de la organización?
Entra con un enlace y sin cuenta, y el anfitrión decide cómo se protege ese enlace: abierto para cualquiera que lo tenga, solo para quien tenga sesión en el sistema, o con un PIN. También decide cuánto dura —unas horas, hasta una fecha concreta o sin límite—, cuántos usos admite y qué puede hacer quien lo abra. Y hay un detalle que ahorra explicaciones: el enlace fija el idioma con el que se abre, así que un contratista o un perito lo ve en el suyo sin configurar nada. En cuanto deja de hacer falta, se anula al momento.
Plataforma, escala e integración
Ir a la página¿Cuántos puertos hay que abrir en el firewall?
Uno solo: el 443. Ahí adentro van la interfaz, el video en directo, las grabaciones, los mapas, la inteligencia artificial, la conferencia y la interfaz de programación, todo cifrado. Es cierto que el sistema escucha en catorce puertos, pero los otros trece solo se alcanzan desde adentro de la propia máquina y nunca cruzan la red. Para el área de redes eso son trece excepciones que no hay que abrir, justificar ni mantener, y una sola comprobación el día que algo sale mal.
¿Qué pasa si se corta el enlace entre una sede y el centro?
La sede sigue funcionando. Cada emplazamiento capta sus cámaras, detecta, aplica sus reglas, graba y acciona sus relés en local; hacia el centro suben eventos y medidas, nunca fotogramas. Un corte deja al centro sin vista en vivo de esa sede, pero no detiene ni la vigilancia ni la grabación, y cuando el enlace vuelve la sede publica todo lo que acumuló. Por eso el ancho de banda entre sedes se dimensiona por eventos, y el video cruza la red solo cuando alguien lo pide.
¿Hasta dónde escala de verdad?
Lo que permite comprobarlo no es la cifra, son los ocho topes publicados, cada uno con su unidad de reparto: tres se resuelven agregando máquinas y cinco son muro. La cifra declarada, para el registro, es más de cien mil servidores y más de cinco millones de cámaras. Pero el número útil es otro: entran sesenta y cuatro cámaras por proceso de captación, de modo que cinco mil cámaras son setenta y nueve procesos repartidos entre las máquinas necesarias. Y ese cálculo lo hace la calculadora que viene adentro del producto, con doce preguntas: dice qué recurso se agota antes y declara inviable cualquier dimensionamiento que cruce un tope que no se puede repartir.
Se nos queda corta la instalación. ¿Qué hay que agregar y qué hay que rehacer?
Se agrega una máquina y no se rehace nada. Se genera un código de registro desde la interfaz central, se instala el servicio en la máquina nueva y se le da ese código: la máquina se da de alta sola, con su propia identidad, y aparece en el parque. Después se le declara qué tipos de trabajo sabe atender y se le etiquetan cámaras; hasta que no declara al menos uno no recibe trabajo, y la interfaz lo dice en voz alta en lugar de dejarlo en silencio. El reparto se ajusta solo y se mueven únicamente las cámaras que cambian de máquina: la instalación entera no se rebaraja. Lo que sí hay que volver a calcular es el dimensionamiento si el crecimiento cruza uno de los cinco topes que no se reparten, y eso lo dice la calculadora antes de comprar nada.
¿Cómo se actualiza una instalación repartida en muchas sedes?
Máquina por máquina, y nunca como un apagón general. Mientras una sede se actualiza, las demás siguen captando, detectando y grabando en local, porque ninguna depende de otra para trabajar. Antes de eso, cada servidor publica su versión, su identificador de compilación y su hora de arranque, de modo que un desfase de versiones en el parque se ve en pantalla en vez de descubrirse el día que algo falla. Tampoco hay archivos de configuración que reconciliar servidor por servidor: todo vive en el sistema y se edita desde la web, así que una actualización no arrastra un rastro de ajustes locales. Y si a un servicio le falta algo después de actualizar, no arranca a medias: espera con el puerto cerrado y deja escrito exactamente qué le falta. Lo único que no vamos a prometer es un plazo: el calendario de una instalación repartida lo marcan el cliente y su ventana de mantenimiento, no nosotros.
Administración y auditoría
Ir a la página¿IRIS está certificado en el Esquema Nacional de Seguridad o en ISO 27001?
No lo está, y ningún programa puede estarlo por usted: quien se certifica es la organización que explota el sistema, con sus procesos, su personal y sus instalaciones. Lo que hace IRIS es traer el trabajo hecho: los 79 controles del Esquema Nacional de Seguridad de España en su nivel alto y los 93 del anexo A de ISO 27001, cada uno con su estado, sus evidencias y su fecha de revisión, cruzados entre sí para no hacer dos veces la misma tarea. Lo decimos así en vez de mostrar un sello, porque en la primera auditoría se nota la diferencia. Homologación de un tercero tenemos una sola: la del conteo de personas ante el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España. Es española, alcanza al conteo de personas y no al producto entero, y no equivale a ninguna homologación boliviana.
¿Puede un administrador borrar el rastro de lo que hizo?
No. El registro de auditoría solo admite agregar, y esa regla no la pone el programa sino el propio almacén de datos: cualquier intento de modificar o de borrar un asiento a mano se rechaza, tenga quien lo intente los permisos que tenga. Lo único que borra es la política de conservación que la organización declaró, y esa purga también queda registrada, con la política aplicada, cuántos asientos cayeron y quién la disparó. Encima, cada asiento lleva la huella del anterior: si alguien tocara los datos por debajo, la cadena se rompería, y la pantalla de verificación diría en qué asiento y en qué fecha pasó.
¿Puedo dar acceso a una empresa externa solo a unas cámaras y solo unos días?
Sí, y es el caso normal, no la excepción. Se concede por cámara, por sede —con todo lo que cuelga de ella, o sin ello— o por caso de investigación, y siempre con fecha de vencimiento: la pantalla avisa sola de lo que expira en los próximos siete días. Encima se le pone franja horaria, y fuera de ella la persona ve un mensaje explícito y no entra. Revocar exige motivo obligatorio, y la concesión guarda quién la dio, cuándo, con qué motivo, quién la quitó y por qué. Es lo que hace que un acceso temporal se cierre de verdad, en vez de quedarse abierto para siempre porque nadie se acordó.
¿Qué pasa cuando alguien se va de la organización?
Lo primero: sus sesiones abiertas se revocan al momento. Las credenciales en curso dejan de valer sin esperar a que venzan, así que nadie se queda adentro hasta que expire una ficha. La cuenta se desactiva —y es reversible, por si vuelve—, las concesiones que tuviera sobre sedes o cámaras se revocan con motivo obligatorio, y las claves de acceso que usaran sus programas se cortan, guardando quién las quitó. Lo que no se va con la persona es su rastro: el registro sigue demostrando qué hizo mientras estuvo. Y si además ejerce su derecho de supresión, el borrado se tramita como solicitud, con un período de gracia antes del borrado definitivo; la anonimización reemplaza el dato personal adentro de los asientos, deja la cadena intacta y cuenta cuántos se anonimizaron. El registro sigue demostrando qué pasó, sin conservar quién era.
¿Cómo se demuestra ante un tercero que el registro no se tocó?
Con tres cosas, y las tres se pueden entregar. La primera es la verificación de integridad: recorre la cadena entera y contesta «íntegro», o señala el asiento exacto y la fecha donde se rompe. La segunda es la exportación firmada —hoja de cálculo, archivo de intercambio o informe—, con la firma adentro del propio archivo, de modo que quien lo recibe comprueba por su cuenta que no se tocó, sin confiar en nosotros ni en usted. La tercera son los anclajes y el sellado por períodos, que dejan fijado el estado del registro en una fecha para poder contrastarlo años después. Y va con una advertencia que damos por escrito en la propia pantalla: los asientos escritos antes de activar el encadenado se declaran como tales, con cuántos son y por qué no se pueden verificar. Preferimos decirlo nosotros a que lo descubra el perito.
Por dónde trabaja
Las mismas dudas cambian de forma según el lugar: lo que preocupa en un hospital no es lo que preocupa en un puerto seco. Acá están por entorno.
La ciudad
Ir a la página¿Tengo que cambiar las cámaras que ya tengo en la calle?
No, las cámaras que ya están en la calle no hay que cambiarlas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza: lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre y la calidad sirven para lo que usted quiere detectar en ese punto, y se le dice claramente cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Cuántas cámaras puede analizar IRIS a la vez en un municipio entero?
Todas las que tenga su instalación, a la vez, incluidas las miles de un municipio entero. Esta demostración muestra veintitrés porque veintitrés entran en una pantalla, no porque sea un límite. La capacidad real la marca el hardware que se pone detrás, no el software, y se dimensiona en el proyecto según cuántas cámaras hay y qué se analiza en cada una.
¿Sale el video de mi instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿IRIS identifica a las personas o reconoce rostros?
No, IRIS no identifica a las personas ni reconoce rostros. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un auto parado sobre la acera, una caída, una aglomeración, basura fuera del contenedor. No le pone nombre a nadie ni compara rostros con ninguna base de datos. El conteo por franjas horarias es agregado y anónimo: dice cuántas personas pasaron por una zona, nunca quiénes eran. Una persona contada es un uno: no queda nada más de ella.
¿Cómo evito que el centro de monitoreo termine ignorando los avisos por culpa de las falsas alarmas?
Con sus operadores y calle por calle, durante las primeras semanas: así se ajustan las reglas. Y empecemos por lo incómodo: sí, el sistema se equivoca alguna vez. Le pasa a todos los sistemas de detección, y quien diga lo contrario no instaló ninguno. Justamente por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con usted hasta que a la pantalla llega lo que su equipo quiere recibir. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Cuánto tarda en estar funcionando en la calle?
Depende del tamaño de la instalación, y no le vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad en la calle. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quiere detectar en cada una.
¿IRIS reemplaza a mi centro de monitoreo o a los guardias que tengo?
No: cambia lo que miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y no puede atenderlas todas a la vez. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. La decisión sigue siendo suya: IRIS abre la cámara, muestra lo que vio y espera. Quien decide qué se hace es una persona, siempre.
¿Puedo usar IRIS si ya tengo un VMS grabando?
Sí, y convive con él en lugar de reemplazarlo. IRIS es un NVMS, es decir, la capa que hoy le falta: entender qué pasa delante de las cámaras y aplicar sus reglas. Usted puede seguir grabando y gestionando el video donde lo hace ahora. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiéndole de antemano que encajamos con todo.
¿Puedo poner esto en la vía pública sin incumplir la normativa de protección de datos?
Puede, aunque el cumplimiento no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegue y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos decir son dos cosas. Una, que el tratamiento se configura pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y dos, que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial, lo firma un auditor, y usted nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un municipio?
El costo se calcula con tres cosas: cuántas cámaras se analizan, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo analizar veinte cámaras de un parque que dos mil de un municipio entero. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
La carretera
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas en la vía?
Sí, sirve con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas en pórticos y postes y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo del poste, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre y el alcance dan para lo que usted quiere detectar en ese tramo —no es lo mismo una berma a cincuenta metros que un carril al fondo del encuadre— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Reemplazar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿Funciona de noche y con lluvia?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: el aguacero, la neblina cerrada y el deslumbramiento reducen lo que ve cualquier cámara, y lo que no se ve no se detecta. Por eso IRIS detecta también la propia caída de visibilidad: cuando un tramo deja de verse bien, el centro de monitoreo se entera y puede avisar, limitar la velocidad o mandar a alguien. De noche trabaja con la iluminación que ya tiene la vía y con lo que aportan los faros; en tramos sin luz se revisa punto por punto qué se puede detectar y qué no.
¿En cuánto tiempo avisa de un incidente en la vía?
Avisa apenas se cumple la regla que usted definió, sin que nadie tenga que llamar. Ese es el cambio de verdad: hoy el reloj empieza cuando un chofer marca la línea de emergencia, o cuando alguien del centro pasa por casualidad por esa cámara. Con IRIS empieza cuando la escena ocurre delante del objetivo. No le vamos a dar un número de segundos, porque depende de su red, de sus cámaras y del hardware que se ponga detrás; lo que sí le decimos es que enterarse deja de depender de que alguien esté mirando la pantalla correcta en el momento correcto.
¿Puede reemplazar a los aforos que ponemos unos días al año?
No reemplaza a un aforo homologado, pero cuenta lo que un aforo de unos días no puede contar: todos los días, a todas horas y en cada cámara. Un aforo puntual le da la foto de una semana; una cámara con IRIS le da el año entero, con el tipo de vehículo separado —liviano, pesado, bus, motocicleta— y sin cortar un carril para instalar nada. Si usted necesita una cifra con validez metrológica para vehículos, eso es otra cosa y no le vamos a decir que la damos: nuestra homologación del Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— cubre el conteo de personas, y ahí no aplica. Para decidir dónde toca refuerzo de pavimento o dónde hace falta un carril más, el dato continuo suele valer más que la foto de unos días.
¿Detecta un vehículo parado al costado de la vía?
Sí, y también lo que suele venir después. La regla no es solo «hay un auto»: es un vehículo detenido dentro de la zona que usted marcó como berma y durante más tiempo del que haya fijado. Si además alguien sale del vehículo y camina por la berma o por la calzada, eso es otra detección y puede subir el nivel del aviso. Una falla es un incidente; una falla con una persona fuera del auto es una emergencia, y el sistema separa las dos.
¿IRIS comprueba que los paneles de mensaje variable funcionen?
Sí, con un límite que conviene decir de frente. IRIS lee lo que se ve en el panel, así que detecta que está apagado, que tiene leds fundidos o que el mensaje dejó de ser legible: eso lo ve desde la cámara, sin depender de nadie. Lo que no puede saber por sí solo es si el panel muestra un mensaje equivocado, porque para eso hay que comparar lo que se ve con lo que se mandó mostrar, y eso exige que el sistema que envía las órdenes esté conectado. IRIS también puede lanzar órdenes hacia los paneles y hacia los sistemas que estén conectados: qué se conecta se revisa en el proyecto, antes de firmar, y se le dice qué encaja y qué no.
¿Sale el video de nuestra instalación o se queda adentro?
Depende de la modalidad que usted elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores.
¿Identifica placas o a las personas que salen en las cámaras?
No, ni placas ni personas. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: un vehículo detenido, una persona caminando por la calzada, un bulto en un carril, material caído de un talud, un carril cortado. No lee placas, no compara rostros con ninguna base de datos y no le pone nombre a nadie. Cuando cuenta vehículos, los cuenta por tipo —liviano, pesado, bus, motocicleta— y el resultado es un número agregado, nunca una lista de quién pasó.
¿Qué pasa con las falsas alarmas en una vía abierta?
Existen, y quien le diga lo contrario no puso un sistema de detección en una vía abierta. Sombras largas al amanecer, faros de frente, una bolsa que cruza un carril: todo eso se parece a algo. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, tramo por tramo, hasta que lo que llega al centro de monitoreo es lo que el centro quiere recibir. Un aviso que el segundo turno aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una vía?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar las cámaras de un tramo que las de un trazado entero con sus enlaces, sus túneles y sus surtidores. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
El transporte público
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la estación?
Sí, sirve con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP de andenes, hall, pasillos, torniquetes y accesos, y la analiza tal como llega: lo que cambia no es la cámara del techo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que usted quiere detectar en ese punto —no es lo mismo una cámara que mira el andén a lo largo que una que lo mira de frente— y se le dice sin adornos cuáles no llegan. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros?
No los identifica. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: una persona dentro de la vía, una persona en el piso, un andén que se llena, un torniquete abierto, una máquina apagada, una escalera mecánica parada. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Cuando cuenta gente, el resultado es un número —cuántas personas hay en una zona, o cuántas pasan por un punto—, nunca una lista de quién pasó. Y qué se guarda, cuánto tiempo y quién lo puede ver lo decide usted: el sistema puede trabajar entero adentro de la estación, sin que salga una sola imagen.
¿Detecta a alguien que cae a la vía?
Sí, porque la vía es una zona dibujada sobre la imagen, y una persona adentro de esa zona es una regla que se cumple sola. El aviso sale con la cámara y la hora, y el centro de monitoreo tiene la imagen abierta sin esperar a que un pasajero apriete el pulsador de emergencia o llame por el interfono. Lo honesto: la detección depende de que esa cámara vea la vía, y no todas la ven. En el proyecto se revisa andén por andén qué encuadre hace falta, y se le dice cuál no llega.
¿Funciona con el andén lleno de gente?
Funciona, y el matiz preferimos decirlo antes de firmar: cuando la gente se tapa entre sí, hay cosas que dejan de verse. Detrás de un grupo compacto, una persona que cae al piso puede quedar oculta a esa cámara, y lo que no se ve no se detecta. La ocupación es otra cosa y se sigue midiendo igual: para saber cuánto se está llenando un andén no hace falta distinguir a una persona de otra. Por eso en los andenes conviene combinar encuadres, porque dos perspectivas del mismo andén se tapan mucho menos que una sola.
¿Cómo se avisa y a quién?
El aviso se manda a quien usted decida y por el canal que usted decida. Cada regla lleva su destinatario: el puesto del centro de monitoreo, el jefe de estación, el equipo de mantenimiento, el equipo de seguridad. En pantalla se abre la cámara con lo que se vio, la hora y el video del momento, para que quien decide vea exactamente lo mismo que vio el sistema y no una etiqueta suelta. Y una persona en la vía no tiene por qué llegar por el mismo camino que una máquina de pasajes con falla: cada aviso va a quien lo puede resolver. Quien decide qué se hace es siempre una persona: IRIS abre la cámara, muestra y espera.
¿Puede reemplazar a los aforos que hacemos ahora?
Puede, y además hace lo que ellos no pueden: contar todos los días del año, a todas horas y en cada punto que a usted le interese. Un aforo de tres días le da la foto de tres días; una cámara con IRIS le da la temporada entera, con el detalle de por dónde entra la gente, cuánto espera en el control y cuánta se queda en tierra en una parada. Y para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España—: es la garantía de que el aforo que usted presenta es el correcto, porque quien lo verificó es un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el conteo de personas, no el producto entero, y por ser española no equivale a ninguna homologación boliviana.
¿Sale el video de la estación?
Depende de la modalidad que usted elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo pronto, porque condiciona el dimensionado de la red y de los servidores de la estación.
¿Y la protección de datos, con tanta gente delante de las cámaras?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Ese es el punto de partida, y arriba está el que más pesa: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo despliegue y de qué decida tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí le podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y usted nos lo puede pedir antes de contratar nada.
¿Qué pasa con las falsas alarmas en una estación llena?
Existen, y quien le diga lo contrario no puso un sistema de detección delante de tanta gente. Una despedida efusiva se parece a un forcejeo. Una mochila en el piso se parece a un bulto abandonado. Un reflejo en el piso mojado se parece a cualquier cosa. Por eso una regla nunca es una sola condición, sino qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. Esos tres valores se afinan con sus operadores durante las primeras semanas, andén por andén y acceso por acceso, hasta que lo que llega al centro de monitoreo es lo que el centro quiere recibir. Un aviso que el turno de tarde aprende a ignorar es un aviso mal ajustado, y eso se corrige.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una estación?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo analizar los andenes de una estación chica que una terminal entera con hall, torniquetes, dársenas de buses, parada de taxis y parqueo, ni cuesta lo mismo una red de veinte estaciones. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
El comercio
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes?
No los identifica. Detecta objetos, comportamientos y situaciones: «una persona», «un carrito», «un estante vacío», dónde está y cuánto rato lleva ahí. Rostros no reconoce, ni los compara con ninguna base de datos; quién es nadie no lo guarda; a una persona no la sigue de una tienda a otra; y con el programa de fidelización no se cruza. Por eso el conteo de una tienda no dice quién entró: dice cuántos, por dónde y a qué hora. Y si algún día alguien les ofrece lo contrario, que sepan que nosotros no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la tienda?
Sí, sirve con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP del techo y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara puesta para mirar la puerta a lo mejor no llega a leer la góndola del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Esto sirve para controlar la merma?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. Ninguna de las diez cámaras de esta página hace eso, y no es porque no se nos haya ocurrido: para eso habría que juzgar la intención de una persona concreta, e IRIS no mira personas concretas. Lo que sí hace es lo que usted tiene en esta página: avisar de un espacio vacío en la góndola, de algo derramado en el piso, de una zona a oscuras o de una sala más llena de lo que puede atender el turno; y medir las filas, los probadores, los carritos, el reparto de la gente por la sala y lo que hace de verdad la isla de promoción. Es decir: vender mejor y tener la tienda como tiene que estar. Si lo que buscan es prevención de pérdidas, les va a hacer falta otra cosa, y se lo vamos a decir en la primera reunión y no en la última.
¿Cómo sé cuánta gente deja la fila y se va sin comprar?
Porque se cuentan dos cosas por separado: cuántas personas entran a la zona de espera de las cajas, y cuántas llegan al punto de cobro. Lo que hay entre una cifra y la otra es la gente que se fue antes de que le tocara. Después vienen dos pistas más: el tiempo promedio de espera en esa fila, y los carritos abandonados en un pasillo o junto a las cajas, que casi siempre son de alguien que se cansó. Y como todo eso lleva la hora puesta, se cruza con cuántas cajas estaban abiertas en ese momento. Cuánta plata es eso no se lo vamos a decir —no pasó por su caja, no lo sabemos—, pero sí a qué hora ocurre y con cuántas cajas abiertas deja de ocurrir.
¿Puede decirme si una promoción funciona?
De la parte que se ve desde una cámara, sí: cuánta gente pasa por delante de la isla, cuánta se para y cuánto rato se queda. La venta está en su caja y ahí no entramos. Ahora bien, juntando las dos mitades el diagnóstico cambia. Mucha gente pasando y casi nadie parándose: el problema es dónde está puesta la isla, o cómo se ve. Mucha gente parándose y después sin vender: el problema es el precio o el producto. En el informe de ventas esas dos situaciones se parecen —vendió poco— y son dos problemas distintos, con dos soluciones distintas. Sirve igual para comparar el mismo montaje en dos tiendas, o el mismo lugar en dos semanas.
¿Funciona con la tienda llena?
Funciona, con un matiz que preferimos decir antes de firmar: cuando se junta mucha gente, unas personas tapan a otras y una cámara deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien le diga lo contrario no lo probó un sábado por la tarde. Lo que no se pierde es lo que más falta hace en ese momento: la ocupación. Medir cuánta gente hay en una zona y cómo se reparte por la sala no necesita distinguir a cada persona, así que se sigue midiendo igual, y detectar que la tienda está colapsada funciona justamente porque está llena. Lo que sí se degrada es contar una por una en un paso estrecho y muy cargado; en ese caso se recoloca el conteo en el acceso, donde la gente pasa en fila, y se deja la ocupación para la sala.
¿Sale el video de la tienda?
Depende de la modalidad que usted elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la tienda o en la central—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo pronto, porque no es lo mismo poner un servidor por tienda que llevar el análisis a un solo lugar: condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, con la tienda llena de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una tienda: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Sirve para una tienda sola o hace falta una cadena?
Para las dos, y lo que cambia no es el sistema: es lo que usted hace con el dato. Con una tienda sola, le sirve para decidir su tienda —a qué hora abrir la tercera caja, dónde poner la mesa de promoción, si el fondo del local se visita o hay que dar una razón para llegar hasta ahí—. Con una cadena aparece algo que una tienda sola no tiene: la comparación. La misma promoción montada en cuarenta tiendas y medida igual en todas. La tienda donde la fila se dispara media hora antes que en el resto. La que tiene el mismo tamaño y la mitad de gente al fondo. Lo más normal es empezar por una tienda, ver qué sale y decidir después; es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una tienda?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas tiendas entran, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir las cajas y la entrada de una tienda de barrio que cubrir la sala entera de un supermercado grande, ni cuesta lo mismo una tienda que cuarenta. Cuéntenos cuántas tiendas tienen, cuántas cámaras hay en cada una y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
La obra
Ir a la página¿Esto sirve para vigilar a nuestros trabajadores?
No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que una persona no lleva casco, no detecta quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sirve para marcar asistencia, no sirve para sancionar a un trabajador concreto y no reemplaza al control de acceso de la obra. Lo que ve es «una persona sin casco en la zona de máquinas», dónde está y desde cuándo, y eso es lo que llega al aviso. Si en la obra hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder mostrarle: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la grúa cuando ve que la carga pasa por encima de alguien?
No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al supervisor de seguridad, al señalista ni al plan de seguridad y salud ocupacional de la obra. Lo que hace es avisar de una situación de riesgo mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una obra, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla. Y acotarla bien es el trabajo del primer mes, porque un sistema que da cien avisos al día se apaga a la semana; lo sabemos. Por eso una regla no dice «avisa si alguien no lleva casco», sino «avisa si alguien sin casco está dentro de la zona de máquinas, en horario de trabajo, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se arranca por lo que de verdad importa en esa obra, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. La meta no es avisar de todo: es avisar de lo que hace levantar la vista y callar en el resto.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la obra?
Sí, incluidas las que se ponen y se quitan según avanza. Se conecta a la señal y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que usted quiere ver ahí —una cámara puesta para vigilar el acopio de noche a lo mejor no llega a distinguir un casco al otro lado del terreno— y se le dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover o bajar. El polvo, el contraluz y la lluvia se miran ahí mismo, porque una obra no es un pasillo con luz fija. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
La obra cambia cada pocas semanas. ¿Hay que rehacerlo todo cada vez?
No, y el sistema está pensado justo para que cambiarlo cueste poco tiempo. Cuando se mueve una cámara o se redibuja una zona, se vuelve a marcar la zona sobre la imagen y se sigue trabajando: no hay que encargar nada ni esperar a nadie. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para la fase que empieza se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Es la diferencia entre un sistema que sirve el primer mes y uno que sigue sirviendo en acabados, cuando la obra ya no se parece en nada a la del replanteo.
¿Podemos saber cuánta gente hay adentro de cada zona?
Sí, y esa es una de las dos cámaras de esta página que no avisan de nada: solo miden. Se dibuja la zona sobre la imagen e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir nunca quién es. Sirve para ahora —cuánta gente hay en el sótano en este momento— y para el histórico, para ver a qué hora se junta todo el mundo en el mismo lugar. Preguntar sirve para buscar y contar sirve para medir, y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España—, así que la cifra que ustedes ven la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna homologación boliviana.
¿Dónde se procesa el video? En la obra no siempre hay buena conexión.
Donde ustedes decidan, y en una obra eso importa porque la conexión no siempre acompaña. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es adentro de la propia obra: un equipo en la caseta analiza las cámaras ahí mismo y trabaja sin internet, así que si se cae la línea el sistema sigue viendo y sigue avisando. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube: el video se procesa ahí y la obra solo necesita conexión. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en una constructora con muchas obras conviven las dos.
¿Qué le contamos a la representación de los trabajadores?
Exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. IRIS detecta situaciones, no personas: no reconoce rostros, no identifica a nadie y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Qué se trata, cuánto se guarda y quién lo puede ver se configura, y se configura con ustedes. Y lo decimos sin adornos: el cumplimiento en materia de protección de datos lo firma su organización, no un comercial nuestro; nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos. Una obra donde la representación entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿Esto es para una obra o para todas las de la empresa?
Sirve para una sola, y cobra otro sentido con todas. En una obra, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando. En una constructora con decenas de obras a la vez aparece algo que una obra sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué obra acumula más situaciones de riesgo en el mismo tipo de frente, cuál las corrigió después de una charla y a cuál conviene ir a visitar. Hoy eso se decide con la sensación del que más obras pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar.
¿Cuánto cuesta?
Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una obra con seis cámaras y dos reglas, y una constructora con veinte obras abiertas, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una obra, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El centro penitenciario
Ir a la página¿Esto sirve para clasificar a las personas privadas de libertad?
No sirve para eso, y hay que decirlo con todas las letras. A nadie identifica: rostros no reconoce, con ninguna base de datos los compara, quién es nadie no lo guarda, ficha no lleva de nadie y a una persona concreta no la sigue por el centro. Tampoco predice ni juzga: no dice quién va a hacer qué, a nadie puntúa, a nadie clasifica por su comportamiento y el estado de ánimo de nadie interpreta. Lo que detecta son situaciones que definió el centro: «hay una persona en el piso en la galería tres», «hay un grupo reunido en un pasillo a una hora en la que no debería haber nadie». Qué está pasando, dónde y desde cuándo, y nada más va en el aviso. Eso es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a la representación del personal y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS abre puertas, dispara alarmas o reemplaza a alguien del personal?
No abre ni cierra ninguna puerta, no dispara ninguna alarma automática que reemplace a una decisión y no reemplaza a nadie del personal. Tampoco reemplaza el conteo reglamentario ni ningún protocolo del centro: esos siguen igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. Lo que hace IRIS es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona. Quién va, cuándo va y qué hace lo decide quien está de servicio, y tiene que seguir siendo así: adentro de un centro, el criterio de quien conoce esa galería y a la gente que hay en ella vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en la pantalla que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota con tres cosas: zona, hora y duración. Doscientos avisos por turno apagan el sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no diga «avíseme si hay gente en el pasillo», sino «avíseme si hay tres o más personas paradas en este pasillo, entre las diez y las siete, durante más de un minuto». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando importa. Y después se ajusta con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su centro, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide el centro, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe la institución, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de conductas ni decide por su cuenta qué es normal en su patio: lo normal en un centro no es lo normal en otro, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario del comedor, se cierra una galería por obras o se abre un módulo nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Y los derechos de las personas privadas de libertad y los del personal?
Se protegen decidiendo qué se mira y qué no, y acá la respuesta es corta: se miran situaciones en zonas comunes que el centro definió —un patio, un pasillo, un muelle de carga— y no se mira quién es nadie. No hay reconocimiento facial, no hay lectura de placas, no hay ficha de ninguna persona privada de libertad y no hay ficha de ningún trabajador. IRIS no les puede decir «esta persona pasó por acá seis veces», porque no sabe quién es: el aviso dice qué situación, en qué cámara y a qué hora. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal, la información al personal y a las personas privadas de libertad, y la decisión de dónde hay cámara y dónde no, los firma la institución que lo instala, con sus servicios jurídicos y con la representación del personal delante. Desconfíen de quien les diga lo contrario.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un centro ya tiene cientos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira el patio de frente y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga el muro entero. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale del centro?
Sale solo si ustedes quieren, y en un centro penitenciario lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio centro, en un equipo suyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿El aforo por zonas es fiable?
Es fiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y por ser española no equivale a ninguna homologación boliviana. Y una cosa más, porque importa: esto no reemplaza el conteo reglamentario. Es saber cuánta gente hay en el patio ahora mismo, que es otra pregunta y se responde de otra manera.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa fuera de campo, detrás de una columna, entre dos cuerpos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz, con aguacero o con el objetivo sucio, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: dos personas que se abrazan y dos que forcejean pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un módulo con doce cámaras y tres reglas, y un centro entero con cientos, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un patio y una galería, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El hospital
Ir a la página¿Van a poner cámaras en las habitaciones?
No vamos a poner ninguna, y esto va antes que nada. Ni en una habitación, ni en un baño, ni en una sala de exploración, ni en ningún lugar donde se atiende o se explora a un paciente. Lo que IRIS mira son zonas comunes —pasillos, salas de espera, halls y accesos—, que es donde casi cualquier hospital ya tiene cámaras hoy. Y ahí tampoco identifica a nadie: rostros no reconoce, con ninguna base de datos los compara, quién es un paciente o un profesional no lo sabe, ficha de nadie no lleva, a la historia clínica no accede, y con ningún dato médico ni con el sistema del hospital se cruza. Lo que ve es «hay una persona en el piso en el pasillo del tercer piso»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder mostrarle a la dirección, a los profesionales y a quien tenga que aprobarlo.
¿IRIS diagnostica o decide a quién se atiende antes?
No diagnostica y no decide nada de eso. No dice qué le pasa a nadie, no evalúa el estado de salud de nadie, no hace triaje y no prioriza a ningún paciente: el criterio clínico es de un profesional e IRIS no participa en él. Tampoco accede a la historia clínica ni a ningún dato médico, y no se conecta con el sistema del hospital para saber quién es quién. Y no reemplaza a la vigilancia clínica ni a ningún profesional: los protocolos del piso siguen exactamente igual, los hacen las mismas personas y con el mismo procedimiento. IRIS tampoco llama a nadie por su cuenta ni activa nada en lugar de una decisión. Lo que hace es avisar antes —con la cámara, la hora y el video— para que llegue una persona, que es quien mira, valora y decide.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota con tres cosas: zona, hora y duración. Cien avisos por turno apagan el sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no diga «avíseme si hay alguien parado en el pasillo», sino «avíseme si hay una persona en el piso en este pasillo durante más de veinte segundos», o «avíseme si alguien lleva más de quince minutos inmóvil en esta sala de espera, entre las diez de la noche y las siete». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando importa. Y después se ajusta con lo que haya salido las dos primeras semanas: las reglas se afinan con lo que pasa en su hospital, no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se mira y qué no?
Lo decide el hospital, no IRIS. Qué zona, a qué hora y cuánto rato es «mucho rato»: eso lo escribe el centro con sus profesionales, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Un cuarto de hora quieto en la sala de espera de emergencias no significa lo mismo que un cuarto de hora quieto en el pasillo de un piso a las cuatro de la madrugada, y esa diferencia la sabe quien trabaja ahí, no un proveedor. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de lo que es «normal» en sus pasillos. Si mañana cambia el horario de visitas, se cierra un ala por obras o se abre un piso nuevo, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué le contamos a la representación de los trabajadores y a los profesionales?
Todo, y antes de instalar nada, no después. Hay una cámara que mira si una zona tiene a alguien atendiéndola, y es la que levanta la mano en cualquier reunión, así que se explica de frente: eso no es control horario, no marca asistencia y no evalúa a nadie. IRIS no sabe quién está en ese puesto, no guarda cuánto rato estuvo nadie en ningún lado y no les puede decir «esta persona llegó tarde» ni «esta persona se fue antes». Distingue a un profesional por la ropa de trabajo —un mandil, un uniforme— y no por quién es. Lo que dice es «esta zona lleva media hora sin nadie», que es una pregunta sobre la zona y no sobre la persona. Y lo demás no lo firma un comercial nuestro: quién ve los avisos, para qué se usan y qué no se puede hacer con ellos lo escribe el hospital con la representación de los trabajadores delante, y por escrito. Un sistema así solo funciona si el personal sabe qué mira y qué no mira.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un hospital ya tiene cientos en pasillos, halls y accesos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que mira un pasillo a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale del hospital?
Sale solo si ustedes quieren, y en un hospital lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio centro, en un equipo suyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un número de historia, ni un dato médico, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿La cifra de gente que espera en emergencias es fiable?
Es fiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y por ser española no equivale a ninguna homologación boliviana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuánta gente hay y desde cuándo, para que ustedes puedan reforzar el turno o abrir otro mostrador. No dice quién es nadie y no decide a quién se atiende antes.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: si algo pasa adentro de una habitación, en un baño, detrás de una puerta cerrada o en un pasillo donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. Con poca luz o con el objetivo sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que se agacha a recoger algo y alguien que perdió el equilibrio pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna caída. La caída ya pasó cuando IRIS la ve. Lo que cambia es el rato que esa persona está en el piso antes de que llegue alguien. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todas las horas, los pasillos que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un piso con doce cámaras y tres reglas, y un hospital entero con cientos, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un pasillo y la sala de espera de emergencias, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
El colegio
Ir a la página¿Van a reconocer a nuestros estudiantes?
No vamos a reconocer a ninguno, y esto va antes que nada. IRIS no reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sabe quién es ningún niño, no guarda ningún rostro, no sigue a ningún menor y no lleva ficha de nadie. Tampoco lee placas: en un colegio esa función no se enciende. Y hay lugares donde no hay cámara: ni en los baños ni en los vestuarios. IRIS mira zonas comunes —el patio, los accesos, los pasillos compartidos y la calle de la puerta—, que es donde casi cualquier colegio ya tiene cámaras hoy. Lo que ve es «hay un niño en el piso en la cancha de atrás y lleva tres minutos sin levantarse»: qué está pasando, dónde y desde cuándo. Eso es todo lo que va en el aviso, y eso es lo primero que hay que poder mostrarle al plantel docente y a las familias.
¿IRIS detecta el acoso escolar?
No lo detecta, y quien les diga lo contrario no les está contando la verdad. El acoso es un patrón que valora un profesional con formación, mirando muchas cosas que no pasan delante de una cámara. Una cámara ve otra cosa: ve un corro cerrado que se repite en la misma esquina a la misma hora, o ve a un niño que se pasó el recreo entero solo. Eso es un hecho comprobable, no un diagnóstico. IRIS no dice quién molesta a otro, no dice quién es conflictivo, no dice quién está triste y no etiqueta a ningún niño. No diagnostica y no predice. Lo que hace es mostrarle al equipo del colegio dónde y cuándo mirar, con el video delante. Qué significa eso lo decide una persona con formación —quien tutorea, quien orienta, el equipo—, y esa parte no la toca IRIS.
¿IRIS abre puertas o llama a alguien por su cuenta?
No abre ninguna puerta y no llama a nadie por su cuenta. No abre ni cierra la puerta del colegio, no activa ninguna sirena, no avisa a nadie de afuera y no toma ninguna decisión en lugar de una persona. Tampoco reemplaza al docente de turno: el patio lo sigue vigilando quien lo vigila hoy, con el mismo turno y el mismo criterio. No controla al personal —no es control horario, no marca asistencia y no evalúa a nadie— y no le pone ninguna multa a ningún auto. Lo único que hace es avisar antes, con la cámara, la hora y el video, para que se acerque un adulto del colegio. Quién va, qué hace y qué se anota sigue siendo exactamente igual que ahora.
¿Cuántos avisos vamos a tener por recreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, hora y duración. Un sistema que da cincuenta avisos por recreo está apagado en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avíseme si hay un niño en el piso», que en un patio pasa a todas horas y casi siempre porque están jugando, sino «avíseme si hay un niño en el piso en esta cancha durante más de dos minutos», o «avíseme si esta zona lleva diez minutos sin ningún adulto entre las once y las once y media». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el rato a sonar cuando de verdad importa. Y la regla la escribe el colegio con su equipo y con quien orienta, no un proveedor: cuánto rato es «mucho rato» y qué esquina importa lo sabe quien está ahí cada día. Después se afina con lo que haya salido las dos primeras semanas.
¿Qué le contamos al plantel docente y a las familias?
Todo, y antes de instalar nada. Se les muestra qué se mira —el patio, los accesos, los pasillos comunes, la calle de la puerta— y qué no se mira: los baños y los vestuarios, donde no hay cámara. Se les dice con estas palabras que no hay reconocimiento facial, que no hay ficha de ningún menor y que a ningún niño se lo etiqueta. Y se explica la cámara que cuenta cuántas personas quedan en cada espacio, porque es la que levanta la mano en cualquier reunión: sirve para saber cuánta gente falta por salir si hay que evacuar, y no es pasar lista, porque cuenta personas y no sabe quiénes son. Lo demás no lo firma un comercial nuestro: el encaje legal y la información a las familias los firman el colegio y quien lo administra, que son quienes responden de ello. Un sistema así funciona únicamente si el plantel y las familias saben exactamente qué mira y qué no.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos?
Sí, y ese es justo el punto: un colegio ya suele tener cámaras en la puerta, en el patio y en los pasillos, y lo que falta no son cámaras, es alguien que las mire. IRIS analiza la señal de video que esas cámaras ya están produciendo. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara que abarca el patio a lo largo y desde arriba da mucho más que una colocada para que salga la puerta entera. Antes de prometer nada preferimos mirar sus planos y unas cuantas imágenes reales, y decirles en qué cámaras esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿El video sale del colegio?
Sale solo si ustedes quieren, y en un colegio lo normal es que no salga. IRIS puede procesarse adentro del propio colegio, en un equipo suyo y sin conexión a internet: las imágenes no van a ninguna parte y el análisis sigue funcionando aunque se caiga la línea. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube si a ustedes les conviene, pero eso es una decisión suya y no una condición nuestra. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, la situación detectada y el pedazo de video, y nada más. Ni un nombre, ni un curso, ni un rostro guardado, porque IRIS no los tiene ni los pide.
¿Es fiable la cifra de cuánta gente queda adentro?
Es fiable porque no se configura hablando, se configura dibujando: se traza una línea o una zona sobre la imagen y se cuenta quién la cruza y cuánta gente hay adentro. Una raya no se puede describir con una frase; hay que trazarla. Por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente que verificó que la cifra es la correcta. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y por ser española no equivale a ninguna homologación boliviana. Y una cosa más, porque importa: ese número dice cuántas personas quedan en un espacio y desde cuándo, para que en un simulacro o en una evacuación de verdad sepan dónde falta gente por salir. No dice quién es nadie y no es pasar lista.
¿Y lo que IRIS no ve?
Existe, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una cámara solo entiende lo que entra en su encuadre: en los baños y en los vestuarios no hay cámara, y lo que pase ahí IRIS no lo ve ni lo va a ver. Tampoco ve detrás de una puerta cerrada, ni en el rincón que tapa un árbol, ni fuera del horario en el que el colegio decidió que mire. Con poca luz o con el objetivo sucio ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: un montón de niños que se tiran unos encima de otros jugando y una pelea pueden confundirse durante un segundo, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Y hay que decir la frase entera: IRIS no evita ninguna pelea y no evita ningún atropello. Cuando IRIS lo ve, ya está pasando. Lo que cambia es el rato que pasa hasta que llega un adulto. No les vamos a vender un sistema infalible, porque no lo es. Es un sistema que mira, todo el horario, el patio que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto cuesta?
Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una y dónde se procesa el video. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un patio con cuatro cámaras y dos reglas, y un colegio entero con la puerta, los pasillos y la calle, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: el patio y la puerta, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Escríbanos y lo miramos con sus planos y sus cámaras delante.
Las infraestructuras
Ir a la página¿IRIS identifica a alguien? ¿Lee placas o reconoce rostros?
No identifica a nadie: no lee placas y no reconoce rostros. Lo que ve es «una persona en la coronación» o «un vehículo parado en el acceso», dónde está y desde cuándo. No compara nada con ninguna base de datos y no guarda quién es nadie. Si lo que ustedes necesitan es saber de quién es un auto o quién entró, esto no lo hace, y preferimos decirlo antes que después.
¿IRIS predice una crecida, una falla o un incendio?
No predice nada. Avisa de lo que está pasando delante de la cámara y ya se ve: el agua que ya pasó por encima de una referencia, los troncos que ya se están acumulando delante del aliviadero, el humo que ya sale de una pila. Eso llega antes que el daño, y por eso sirve; pero es el aviso de algo que está ocurriendo, no un pronóstico. Con una cámara no se puede prometer otra cosa.
¿IRIS abre una compuerta o para una bomba cuando ve un problema?
No. No abre ni cierra ninguna compuerta, no para ninguna bomba y no dispara ninguna maniobra. Tampoco reemplaza a la instrumentación de la instalación: ni a un sensor de nivel, ni a la protección eléctrica, ni a un sistema de extinción, ni a ningún sistema de aviso hidrológico. Es una capa que mira las cámaras y avisa antes, para que decida una persona. Todo lo que maniobra la instalación sigue siendo suyo, y lo sigue decidiendo quien lo decide hoy.
¿Cómo sabe IRIS que el agua subió?
Porque la ve por encima de una referencia física que está en la imagen: una escala pintada, un peldaño, el borde del canal, la coronación de un dique. Esa referencia no se describe con una frase, se traza sobre la imagen: por eso el dato sale igual todos los días y se puede auditar. Y hay que decirlo claro: eso no es un limnímetro. No da una cota en metros ni reemplaza a la instrumentación. Dice «el agua pasó esta línea», que muchas veces es justo lo que no está mirando nadie.
¿Qué puede ver una cámara y qué no?
Lo que se ve, sí; lo que no se ve, no. Y tenerlo claro antes de escribir una regla ahorra disgustos. La compuerta en una posición, IRIS la ve, pero no lee ningún telemando ni sabe si la orden llegó. La sala inundada con las bombas quietas, también la ve, y sin saber si una bomba está funcionando. El nivel lo lee sobre una referencia física visible, y no por eso es un limnímetro. Son señales observables, no medidas de proceso: para avisar con margen sirven, para reemplazar a sus sensores no. Ahora bien, con una cámara termográfica la temperatura sí se ve, porque ahí la temperatura es la imagen: el punto caliente aparece antes de que haya humo. En una pila de residuos el fuego arranca por dentro y cuando el humo asoma ya lleva horas; en una subestación, una conexión que se calienta se nota antes de que arda nada. Y no hay que comprar nada nuevo: las termográficas que ya tengan, IRIS las mira igual que las demás.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y acotarla es el trabajo del primer mes. En una instalación sin personal eso es más grave que en ninguna otra: cien avisos que no lee nadie apagan el sistema en una semana. Por eso una regla no es «avíseme si hay alguien», es «avíseme si hay una persona adentro del predio con cerco, entre las diez de la noche y las seis, y lleva más de veinte segundos». Zona, horario y duración: con esas tres cosas la mayoría de las noches no suena nada, y la noche que suena, se mira.
Muchas de estas instalaciones no tienen internet. ¿Dónde se procesa el video?
Se puede procesar adentro de la propia instalación, sin salida a internet. Es la modalidad que define el producto y acá es donde más se nota: un equipo local analiza las cámaras y aplica las reglas ahí mismo, y las imágenes no salen de su red. Si hay conexión, el aviso llega también al centro de monitoreo o al celular de quien esté de turno; si se cae, IRIS sigue mirando y sigue guardando lo que vio. También se puede procesar en nuestro centro de datos o en la nube. Lo eligen ustedes, instalación por instalación.
Acá no hay nadie a las cuatro de la madrugada. ¿A quién llega el aviso?
Llega a quien ustedes decidan, porque a las cuatro de la madrugada no hay nadie delante y ese es justo el problema. Puede ir al centro de monitoreo, al celular de quien esté de turno, a la empresa de seguridad que tienen contratada, o a los tres a la vez. Y llega con la cámara, la hora y el video del momento, para que quien lo recibe pueda decidir sin levantarse: esto puede esperar a mañana, o esto hay que ir a verlo ahora. Todo queda guardado, así que al día siguiente no hay que reconstruir nada a partir de horas de grabación.
¿Quién decide qué es un aviso y qué no?
Decide el titular de la instalación, no IRIS. Las reglas las escriben ustedes, con sus palabras y en una frase, porque son quienes saben qué es normal en su planta y qué no: si por ese camino de servicio pasan vehículos autorizados a diario, si esa puerta puede estar abierta en horario de trabajo, a partir de qué línea el agua deja de ser normal. IRIS no trae un criterio de fábrica ni decide por su cuenta lo que importa. Aplica el de ustedes, siempre igual, todas las horas del año. Y cuando cambia la operación, se cambia la frase.
Una represa y un botadero no se parecen en nada. ¿Hace falta un sistema para cada tipo?
No hace falta uno para cada tipo: es el mismo. Esta página muestra siete tipos de instalación —represa, PTAR, subestación, pozo de tormentas, cauce, botadero y túnel— con las mismas reglas, escritas de la misma manera y en una frase. Por eso funciona también cuando ustedes no tienen una instalación sino cientos, repartidas por un departamento entero y de siete tipos distintos: una sola forma de escribir las reglas, un solo lugar donde llegan los avisos y una sola cosa que aprender.
La industria
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en la planta?
Sí, sirve con las que ya están puestas. IRIS se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora lo incómodo: un galpón no es un pasillo con luz fija. El polvo de una chancadora, el vapor de una sala de cocción y el contraluz de un portón abierto degradan lo que se ve, y hay encuadres que no llegan. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se le dice sin adornos cuáles sirven, cuáles alcanzaría con mover unos grados y cuáles no dan para lo que usted quiere ver ahí.
¿Esto sirve para vigilar a los operarios?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: detecta que hay manos adentro de un resguardo abierto, no detecta de quién son esas manos. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar a una persona concreta. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. Si en la planta hay representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y cuanto antes mejor: un sistema que mira situaciones, no personas.
¿IRIS para la máquina o se conecta al autómata?
No. No toca ningún mando, no corta ninguna línea y no reemplaza al enclavamiento, al bloqueo y etiquetado ni al plan de seguridad industrial. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda en esa zona pueda decidir. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en una planta, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en una semana; lo sabemos, y por eso una regla nunca es «avisa si hay alguien cerca del montacargas». Es «avisa si una persona a pie está dentro del pasillo de montacargas, en horario de producción, más de unos segundos». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Se empieza por lo que de verdad importa en ese galpón, se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video de la fábrica?
Depende de la modalidad que usted elija, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. Eso importa en una planta donde la línea se cae o donde no hay conexión buena. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Lo habitual en un grupo industrial es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
Tenemos plantas de sectores distintos. ¿Hay que hacer un sistema para cada una?
No hace falta uno por planta: es el mismo sistema y cambia lo que se le pide. Una esclusa de farmacéutica, un dique de contención de química y una faja de reciclaje son escenas muy distintas, pero por debajo es lo mismo: una zona dibujada sobre la imagen y una regla escrita con palabras. Por eso una planta nueva no empieza de cero, y por eso una acería y una planta de alimentos pueden compartir la misma manera de trabajar. Y aparece algo que una planta sola no tiene: la comparación con la misma vara. La misma regla, escrita igual, aplicada en todas, para ver dónde se repite la situación y a qué planta conviene ir.
¿Qué es lo que IRIS no ve en una planta?
No ve lo que no entra en una imagen, y en una planta esa lista es importante. No lee un sensor ni un autómata: no sabe la temperatura de un horno, la presión de una línea ni la concentración de un gas. No ve adentro de una máquina cerrada, de un tanque ni de una tubería. Un gas incoloro no se ve, y un humo muy fino tampoco se ve pronto. Por eso IRIS no es detección de incendios ni detección de gases, y no reemplaza a ninguna de las dos: esas instalaciones siguen donde están. Lo que IRIS ve es lo que se ve: llama, humo cuando ya es visible, un líquido en el piso, una puerta abierta, una persona donde no debería estar.
¿Reemplaza a nuestros sensores, a la instalación de seguridad o al plan de seguridad industrial?
No los reemplaza: convive con todo eso. Un sensor mide una magnitud en un punto; IRIS entiende una escena entera. Son cosas distintas y se necesitan las dos. Lo que aporta IRIS es la capa que hoy les falta: mirar todas las cámaras a la vez y contar lo que está pasando delante de ellas. Ustedes pueden seguir grabando y gestionando el video donde lo hacen ahora, porque IRIS es un NVMS y se pone encima. Qué se integra y cómo se decide mirando su sistema concreto, no prometiendo de antemano que encajamos con todo.
Además de avisar, ¿puede medir?
Sí, y son dos cosas que no se configuran igual. Un aviso se escribe con una frase. Una medición se dibuja: una raya que se cruza, una zona que se ocupa. Y de ahí sale un número por hora, por turno y por campaña: cuánta gente hay dentro de una zona, cuántos pallets pasan por un punto, cuánto rato lleva parada una línea. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España—, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna homologación boliviana.
¿Cuánto cuesta ponerlo en una planta?
Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, cuántas plantas entran, qué modalidad de despliegue elige y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un galpón con ocho cámaras y tres reglas, y un grupo con doce fábricas, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: dos o tres puntos de una planta, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere ver, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
Los parqueos
Ir a la página¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?
No hace falta ningún sensor. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el parqueo ya tiene: sobre la imagen se dibuja qué pedazo de piso es cada espacio, e IRIS mira si hay auto o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios a la vez, y además distingue el tipo: reservado, para personas con discapacidad, de moto o de recarga. Nada de levantar el asfalto, nada de cablear nivel por nivel, y nada de mover de sitio lo que ya funciona.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?
Sirve con las que ya tiene, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se le dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿El número del cartel de la entrada es confiable? ¿Y cuando el parqueo está lleno?
Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los espacios. Contar autos en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el cartel dice «lleno» con cuarenta espacios libres en el nivel cuatro. Acá cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, espacio por espacio, y ahí se decide qué cámara se mueve y qué zona se deja fuera del conteo.
¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?
Sí, lee placas, y sí: una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que dice la norma y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura la decide usted, cámara por cámara: puede activarla en la barrera para el abonado y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirle de quién es ese auto: ningún registro de vehículos consulta, ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de su sistema de abonados y de su organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?
Ni a las personas ni a los conductores. Caras no reconoce, con ninguna base de datos las compara y de nadie guarda quién es. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un auto subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un auto delante de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos autos y cuánta gente pasaron por una zona y a qué hora, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Doscientos avisos por día se ignoran en cuatro días, y en un parqueo eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. De ahí que una regla nunca sea «avise si hay un auto parado». Es «avise si un auto lleva más de unos minutos parado fuera de espacio en el nivel cuatro, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video del parqueo o se queda adentro?
Sale o se queda adentro según la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: el servidor está en su propio edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Es lo habitual en un parqueo subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios parqueos conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.
¿Reemplaza a las barreras, al sistema de tickets o a la instalación contra incendios?
No reemplaza a ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisarle a quien puede bajar hasta ahí. Y acá va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un auto enchufado, avisa, pero detector de incendios homologado no es, y no reemplaza a la instalación de detección y extinción que exige la norma. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un parqueo?
Bastantes cosas, y conviene decirlas antes que después. Si alguien pagó, no lo sabe: eso está en su sistema de tickets, no en la imagen. De quién es un auto, tampoco. Si quien parquea en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo, tampoco: solo ve que hay un auto ahí y que no consta una autorización asociada. Qué hay adentro de un vehículo cerrado, tampoco. Y nada que no entre en un encuadre: si en esa esquina no hay cámara, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre delante de las cámaras que usted ya tiene, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien reclama.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un parqueo?
El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos parqueos entran, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los espacios de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántos espacios y cuántas cámaras tiene y le damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.
Los recintos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el predio?
Sí: las cámaras IP que el predio ya tiene alcanzan. IRIS se conecta a esa señal y la analiza tal como llega; lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren ver ahí, y se les dice sin adornos cuáles no llegan. La cámara de la gradería no distingue una cara desde el otro lado del predio, y no hace falta que la distinga: lo que tiene que ver es cuánta gente hay por metro y si la fila avanza.
¿IRIS identifica a la gente o reconoce caras en la gradería?
No, en la gradería no reconoce caras ni sabe quién es nadie. Ninguna lista, ningún libro de prohibiciones y ninguna base de datos entran acá, y de las personas no se guarda identidad alguna. Hechos es lo que ve: un corro cerrándose alrededor de dos personas, alguien que salta una baranda, una bengala prendida y en qué fila está, una densidad que sube y un pasillo que deja de avanzar. Eso aparece en la pantalla con su cámara y su hora, y de ahí en adelante es una persona la que mira el video y saca la conclusión. Siempre.
¿Puedo saber cuánta gente hay en cada zona y llevar el aforo?
Sí, y el aforo se lleva con eso. Sobre la imagen de cada puerta se traza una raya e IRIS cuenta quién entra y quién sale, sin decir jamás quién es. Se dibuja la zona de una boca de acceso o de un hall y usted sabe cuánta gente hay adentro ahora mismo. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se describe con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el organismo de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el método de conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación boliviana.
¿Funciona con el predio lleno, que es cuando hace falta?
Con el predio lleno funciona, y el matiz lo decimos antes de firmar, no después: gente muy junta significa personas tapando a otras, y ahí una cámara deja de distinguirlas una a una. Es un límite de cualquier sistema de visión, el nuestro incluido. Ahora bien, lo que hace falta en ese momento no se pierde: cuánta gente hay por metro en esa zona, y si el grupo avanza o se paró. Para medir densidad y avance no se necesita distinguir a cada persona. Contar de uno en uno conviene en las puertas y los torniquetes, que es donde la gente pasa en fila.
¿Con cuánta anticipación avisa de una aglomeración?
En cuanto se dan las dos señales que la anuncian, y conviene decir lo que no hace: el futuro no lo adivina y nada predice. Lo que mide es cuánta gente hay por metro en esa zona y a qué velocidad avanza. Cuando la densidad sube y el avance cae al mismo tiempo, eso es un embudo formándose, y sale en el aviso antes de que se note desde la sala mirando la pantalla. Cuánto margen da depende del sitio: en una rampa ancha se ve venir con más tiempo que en la boca de la gradería. El aviso llega con la cámara, la zona y la hora, y la maniobra la decide quien está ahí.
¿Esto reemplaza al personal de sala, al plan de emergencia o al control de accesos?
A ninguno de los tres los reemplaza: lo que cambia es qué miran. Hoy una persona tiene delante decenas de pantallas y, el día de lleno, atenderlas todas no puede. Con IRIS deja de mirarlo todo y mira lo que importa, cuando importa. Una puerta IRIS no la abre ni la cierra, un torniquete no lo para y a nadie manda a ningún lado: abre la cámara, enseña lo que vio y espera. El plan sigue siendo de ustedes y la decisión también. Lo que aporta son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Cuántos avisos llegan un día de lleno, y a quién llegan?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de los primeros eventos. Cien avisos en un concierto apagan el sistema al segundo; lo sabemos. De ahí que una regla no sea «avise si hay mucha gente». Es «avise si la densidad de esta zona pasa de este valor y el avance cae, durante más de estos segundos, en horario de acceso». Se acota la zona sobre la imagen, el umbral, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Y el aviso no va a un correo: va a la radio y al celular de quien está en esa puerta, con la cámara abierta. Después se repasa un evento entero con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del predio o se queda adentro?
Sale del predio o se queda adentro según la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En un predio eso pesa mucho, porque el día de lleno la conexión es lo primero que se satura y el sistema tiene que seguir viendo justo entonces. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato.
Una feria y un concierto no se parecen. ¿Hay que reconfigurarlo todo en cada evento?
Reconfigurarlo todo, no; cambiar de montaje cuesta poco tiempo, y el sistema está pensado para eso, porque una feria y un concierto no se parecen en nada. Las zonas se redibujan sobre la imagen: si el escenario tapa media gradería y aparece un foso adelante, se marca el foso y se sigue trabajando. Las reglas de aviso se escriben con palabras, así que una regla para el montaje de esta noche se escribe en un rato y se prueba el mismo día. Y no hay que rehacerlo cada vez: se guarda una configuración por tipo de evento —feria, concierto de pie, concierto con sillas— y se carga la que toque. Esa es la diferencia entre un sistema que sirve el primer evento y uno que sigue sirviendo en la temporada entera.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un predio?
El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir las cinco puertas de acceso de un pabellón que la gradería, las bocas de acceso y los puestos de venta de un predio entero. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: las dos puertas que se traban siempre y el conteo del aforo, y ver los avisos y los números con su equipo después de un par de eventos. Cuéntennos cuántas cámaras hay y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.
Los hoteles
Ir a la página¿Hay cámaras en las habitaciones?
No, y tampoco en baños ni en vestidores del personal. Ahí no hay nada que medir, porque ahí no hay cámara ni la va a haber. Las cámaras de las que habla esta página están en recepción, en el hall, en el comedor, en la cocina, en la puerta y en la zona de servicio: lugares comunes, donde hoy ya hay cámaras puestas. Y si alguien le ofrece analizar el interior de una habitación, sepa que nosotros eso no lo hacemos, y que no es un descuido: es una decisión.
¿Esto sirve para controlar a mi personal?
No, y hay que decirlo con todas las letras: para controlar a su personal esto no sirve. La situación es lo que IRIS mide, nunca la persona: ve «una mesa sin levantar desde hace ocho minutos», no ve a quién le tocaba levantarla. El aviso sirve para abrir otro mostrador o para mandar a alguien al pase, no para señalar a un mesero ni para calificar a quien atiende recepción. No identifica a nadie, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar. Si hay sindicato o representación de los trabajadores, esto es lo primero que hay que poder mostrarle, y cuanto antes mejor.
¿IRIS identifica a los huéspedes o reconoce caras?
Ni identifica huéspedes ni reconoce caras. Detecta objetos, conductas y situaciones: una fila que crece, una maleta sola en el hall, una bandeja vacía, una persona en el piso. Rostros no compara con ninguna base de datos, a nadie sigue de un salón a otro, y con el programa de fidelización o la ficha de reserva no se cruza. El conteo es agregado y anónimo: dice cuánta gente hay en el comedor a las nueve y media, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el hotel?
Sí: sirve con las cámaras IP que el hotel ya tiene. IRIS se conecta a esa señal y la analiza tal como llega; lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y ahora lo incómodo: no todas llegan. Una cámara puesta para vigilar la puerta quizá no distinga si una bandeja del bufé está vacía, y la de recepción a contraluz de una fachada vidriada al mediodía da una imagen quemada donde no se cuenta bien. En el proyecto se mira cámara por cámara y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con mover unos grados.
¿De veras mide cuánto se espera en recepción?
Sí, y se hace dibujando, no hablando. Sobre la imagen se traza la zona de espera y la línea del mostrador. IRIS cuenta cuánta gente entra en la zona y cuánta llega a ser atendida: la diferencia es quien se cansó y se fue. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se describe con una frase, hay que trazarla. Para el conteo de personas nuestro sistema está homologado por el Centro Español de Metrología, el organismo de metrología de España, así que esa cifra la verificó un tercero y no nosotros. Conviene decirlo con precisión: esa homologación cubre el método de conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación boliviana.
¿Funciona en la cocina, con el vapor y el calor?
En la cocina funciona con un matiz que preferimos decir antes de firmar. Una llamarada sobre la sartén se ve bien: es grande, brilla y aparece de golpe. Un charco en el piso también. Lo que se ve mal es el humo fino, y el vapor de una lavavajillas o de una olla grande puede tapar media imagen y confundirse con humo. Además la grasa se pega al lente y va emborronando el encuadre, así que la cámara de cocina hay que limpiarla. Y lo más importante: detector de incendios homologado IRIS no es, ni reemplaza a la instalación de protección de la cocina. Avisa; no apaga.
¿Cuántos avisos vamos a recibir, y a quién le llegan?
Los que pida la regla de ustedes, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Cien avisos por día apagan el sistema en una semana. Por eso una regla no es «avise si hay fila»: es «avise si hay más de diez personas esperando en recepción durante más de cinco minutos con menos de tres mostradores abiertos». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y llega al celular de quien está a cargo del turno o de la gerencia, no a una pantalla del comedor de personal que no mira nadie. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta.
¿Sale el video del hotel?
Sale del hotel o se queda adentro según la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una cadena conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un equipo por hotel que llevar el análisis a un solo lugar: eso condiciona la red de cada establecimiento.
¿Sirve para un hotel solo o hace falta una cadena?
Con uno alcanza. Con cuarenta también, y el sistema es el mismo: lo que cambia es qué hace usted con el número. Teniendo un hotel solo, le sirve para decidir ese hotel: la hora de abrir el segundo mostrador, el día de reforzar el desayuno, si el comedor está lleno de veras o nada más lo parece. Teniendo una cadena aparece algo que un hotel solo no puede tener: la misma vara para todos. Una regla escrita igual y medida igual en cuarenta establecimientos, y el hotel donde la fila se dispara media hora antes que en el resto queda a la vista sin discutirlo. Arrancar por uno, mirar qué sale y decidir después es lo más normal, y es lo que solemos recomendar.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un hotel?
El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos establecimientos entran, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir la recepción y el comedor de un hotel de sesenta habitaciones que cubrir un complejo entero, ni uno que cuarenta. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: recepción y comedor, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.
El puerto seco
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sí, sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Ahora la parte incómoda. Un patio es largo, y una cámara puesta hace años para ver un portón no distingue a una persona a doscientos metros. El polvo deja la óptica velada, y una cámara sucia ve menos cada semana. En el proyecto se revisa cámara por cámara y se dice sin adornos cuáles llegan, cuáles alcanzaría con mover o limpiar y cuáles no dan para lo que usted quiere ver ahí. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿Funciona si se cae la línea?
Sí, y en una terminal eso no es un detalle. Hay dos modalidades y solo dos. La primera es local: los servidores están adentro de la terminal, el video entra por su red, se analiza ahí mismo y el sistema no necesita internet para trabajar. Si la línea se cae, IRIS sigue viendo y sigue avisando, porque la operación tampoco se para. La segunda es nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero: ahí el video sale cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Se puede empezar por una y pasar a la otra, y en un recinto con varias terminales conviven las dos.
¿Esto es para vigilar al personal del patio?
No, y hay que decirlo con todas las letras. IRIS no identifica a nadie: ve que una persona cruzó el cerco o que camina hacia la vertical de la carga, no ve quién es esa persona. No reconoce rostros, no los compara con ninguna base de datos, no sirve para marcar asistencia y no sirve para sancionar a un trabajador concreto. Lo que llega al aviso es la situación, dónde está y desde cuándo. A la representación de los trabajadores se le muestra exactamente esto, y cuanto antes mejor: qué mira el sistema, qué no mira y quién recibe los avisos. Una terminal donde la representación entiende para qué está el sistema funciona; una donde no lo entiende, no.
¿IRIS para la grúa cuando alguien cruza bajo la carga?
No la para. No toca ninguna máquina, no corta ningún mando y no reemplaza al señalista ni al plan de seguridad de la terminal. Lo que hace es avisar de la situación mientras está pasando —con la cámara, la hora y el video— para que quien manda la maniobra pueda pararla. La decisión sigue siendo de una persona, y tiene que seguir siéndolo: en un muelle, el criterio de quien está ahí vale más que cualquier automatismo. IRIS aporta lo que a esa persona le falta, que son unos ojos en el punto donde justo ahora no está mirando nadie.
¿Ve de noche, con neblina y con lluvia?
Según cuánta imagen quede, y acá preferimos ser antipáticos antes que quedar bien. De noche depende de cómo esté iluminado el muelle y de si esa cámara es térmica: con luz o con térmica se sigue viendo a una persona; sin una cosa ni la otra, no. Con lluvia se pierde nitidez pero se sigue trabajando. Con neblina cerrada la imagen se pierde, y ningún sistema de visión lo arregla: quien le diga lo contrario no pasó una noche de neblina en un muelle. Por eso, en el proyecto se dice punto por punto cuáles aguantan de noche y cuáles no, antes de firmar y no después.
¿Cuántos avisos vamos a recibir por turno?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Un sistema que da cien avisos por turno se apaga en tres días; lo sabemos. Por eso una regla nunca es una sola condición: combina qué se ve, dónde se ve y cuánto rato lleva ahí. «Alguien parado dentro de la zona de retroceso de la amarra, durante la maniobra, más de unos segundos» no es lo mismo que «alguien parado». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, la duración y a quién le llega. Se repasa una semana de avisos con sus jefes de muelle y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Esto vale para el plan de protección del recinto?
Vale como una herramienta más, no como el plan. Lo que aporta es evidencia: cada detección queda con la cámara, la hora y la secuencia de video, así que un cruce del cerco o una barrera con dos camiones y una sola apertura dejan de ser el recuerdo de alguien y pasan a ser un registro que se puede consultar y auditar. Y sirve igual para dar la razón a quien actuó que para desmentirlo. Ahora lo que no vamos a maquillar: quien aprueba el plan es la autoridad, y quien lo firma es su organización. Nosotros entregamos la herramienta y la documentación de cómo trata los datos, no el sello.
¿Reemplaza al cerco, a los sensores del perímetro o a los guardias?
No reemplaza a ninguno. El cerco sigue haciendo falta: un cerco detiene a alguien, y una cámara no detiene a nadie. Los sensores del perímetro siguen donde están, e IRIS convive con ellos: donde un sensor dice que algo tocó la malla, IRIS dice qué se ve ahí y muestra la imagen, que es lo que hace falta para decidir si se manda a alguien o no. Con los guardias pasa lo mismo que en cualquier sala: no se reemplazan, cambia lo que miran. Hoy tienen delante muchas más cámaras que ojos. Con IRIS dejan de mirarlo todo y miran lo que importa, cuando importa.
¿Sirve para una terminal sola o para todo el recinto?
Sirve para una sola, y cobra otro sentido en todo el recinto. En una terminal, el valor es el aviso: alguien se entera de la situación mientras está pasando y llega a tiempo de pararla. Con varias terminales aparece algo que una sola no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, aplicada en todas. Entonces se puede ver qué muelle acumula más cruces bajo la carga, cuál los corrigió después de una charla y a cuál conviene ir. Hoy eso se decide con la sensación del que más muelles pisa. Con el dato delante se decide mejor, y se puede explicar. Empezar por una terminal, ver qué sale y decidir después es lo más normal.
¿Cuánto cuesta?
Cuesta según cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, dónde se procesa el video y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una terminal con doce cámaras en el portón y el muelle no es el mismo proyecto que un recinto con varias concesiones. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un par de puntos de una terminal, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con sus jefes de muelle antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tiene y qué quiere detectar en cada una, y le damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
La banca
Ir a la página¿IRIS identifica a nuestros clientes o reconoce rostros?
No hace ni una cosa ni la otra. No compara rostros con ninguna lista ni con ninguna base de datos, no construye perfiles de nadie y no se cruza con sus sistemas de cliente. Lo que ve son hechos: dos cuerpos cruzando una puerta con una sola apertura, alguien que se queda quieto en el hall, un bulto que no se mueve. Cada hecho llega con su cámara y su minuto. Quien mira eso y decide qué significa es una persona de su casa, siempre.
¿Esto detecta lo que va a pasar antes de que ocurra?
No, y preferimos decirlo antes de que salga en una reunión. IRIS no adivina la intención de nadie ni predice lo que va a hacer una persona; quien les prometa eso les está vendiendo humo. Lo que sí ve son hechos comprobables, mientras están pasando: alguien que entra con el rostro cubierto, un bulto grande que entra y se queda quieto, una puerta blindada que lleva veinte minutos abierta. Eso llega con la cámara y el minuto, y decide una persona.
¿Sirve con las cámaras que ya tienen las agencias?
Sí, sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de las cámaras IP instaladas y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. Y se lo decimos sin adornos: el contraluz de la vitrina a media tarde y el hall de cajeros a oscuras estropean cualquier imagen, incluida la nuestra. Por eso se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí, y se les dice cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados.
¿Sale el video de la agencia o se queda adentro?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones —en la agencia o en su centro de proceso—, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En una red de agencias conviene decidirlo pronto, porque condiciona la red de cada local.
¿Y la protección de datos, en una agencia llena de clientes?
Se resuelve configurando el tratamiento pieza por pieza: qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde. Y encima de todo eso está lo que más pesa en una agencia: IRIS no identifica a nadie, así que no hay identidades que proteger ni perfiles de cliente que construir. El cumplimiento, eso sí, no depende solo del software: depende también de cómo lo desplieguen y de qué decidan tratar, y eso lo firma su organización, no nosotros. Lo que sí les podemos poner sobre la mesa es que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa. Ese papel no lo firma un comercial: lo firma un auditor, y nos lo pueden pedir antes de contratar nada.
¿Reemplaza a la alarma conectada al centro de monitoreo, a los guardias o al control de accesos?
No reemplaza a ninguno de los tres: convive con ellos y cambia lo que miran. La alarma sigue haciendo lo suyo y el control de accesos sigue decidiendo quién abre una puerta. Lo que hoy les falta es la capa que entiende la imagen: que la puerta se abrió una vez y pasaron dos personas, que lleva veinte minutos abierta, que en la sala de conteo hay una persona en una operación que pide dos. Eso ningún lector de tarjeta lo ve, porque el lector cuenta aperturas y no cuenta cuerpos.
Nos llega un reclamo de hace dos semanas. ¿Esto sirve para encontrar el momento?
Sí, y ahí está una de las cosas que más tiempo devuelve. Hoy pasar horas de grabación buscando cuatro minutos se lo lleva la tarde de alguien. Con IRIS se describe con una frase lo que se busca —una persona en el piso junto a la entrada, un bulto que se queda quieto en el hall— y sale la secuencia, con su cámara y su minuto. Y hay que decir la otra mitad, porque es la que la hace valer como prueba: esa misma secuencia sirve igual para dar la razón a quien atendió que para desmentirlo.
¿Cuántos avisos van a llegar, y a quién?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo del primer mes. Una regla nunca es «avisa si hay alguien en el hall de cajeros». Es «avisa si alguien lleva más de tantos minutos en el hall, fuera del horario de atención». Se acota la zona sobre la imagen, la franja horaria, cuánto tiene que durar la situación y a quién le llega. Y el aviso va a quien puede hacer algo —el jefe de la agencia, el centro de monitoreo, el celular de quien está de turno—, no a una pantalla que nadie mira. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Se puede aplicar la misma regla en cientos de agencias?
Sí, y ahí es donde esto deja de ser una herramienta de una agencia. En una sola, el valor es el aviso: alguien se entera mientras está pasando. En una red entera aparece algo que una agencia no tiene, que es la comparación con la misma vara: la misma regla, escrita igual, medida igual en todas. Entonces se ve qué agencias acumulan puertas que se quedan abiertas, cuál tiene fila a la misma hora todos los días y a cuál conviene ir a visitar. Y no hace falta empezar por todas: se empieza por unas pocas y se decide después.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en una red de agencias?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántas agencias entran, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: una agencia con seis cámaras y tres reglas, y una red de trescientas, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: unas pocas agencias, las reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
Los casinos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos encima de las mesas?
Sí, con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: no cambia el equipo, cambia lo que se entiende de la imagen. Ahora bien, en el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre alcanza para lo que ustedes quieren ver ahí. Una puesta para cubrir el pasillo puede no llegar a leer el tapete, y eso se dice sin adornos: cuáles no llegan, y cuáles alcanzaría con girarlas unos grados. Comprar una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS reconoce rostros, controla la autoexclusión o detecta menores de edad?
No hace ninguna de las tres. No identifica a nadie: no compara ningún rostro con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a nadie por la sala y no se cruza con su programa de fidelización. Y acá está la raya, dicha antes de que la pregunten: la autoexclusión y el control de mayoría de edad obligan a saber quién es una persona concreta, y eso solo se puede hacer con base legal y con un sistema de identificación autorizado. Eso no es IRIS, y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Lo que IRIS ve es una mesa, una fila, una máquina, una situación y cuánto rato lleva ahí.
¿Sale el video de la sala?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. En una sala lo habitual es dejar adentro todo lo de la caja y la sala de conteo, y decidir el resto con calma.
¿Cuánto se tarda en encontrar una jugada de hace dos horas?
Deja de ser una tarde en el cuarto de grabaciones. Hoy alguien baja, elige cuatro cámaras y rebobina. Con IRIS usted describe en una frase lo que se ve —qué mesa, más o menos a qué hora, qué pasó— y llega al minuto. Lo que se entrega es la cámara, la hora y el pedazo de video tal cual: no se retoca nada y no se oculta nada. Y ahí se para IRIS. La conclusión la saca una persona, el reclamo lo resuelve la sala, y lo que vale ante cumplimiento o ante quien regule lo marcan su procedimiento y quien tenga que aprobarlo. Eso no lo firmamos nosotros por ustedes.
¿Los números de la sala son fiables?
Lo son porque no se configuran hablando, se configuran dibujando. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y no se hacen igual. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Se dibuja una línea en el umbral o una zona sobre el tapete, y desde ahí el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. Así se mide cuánta gente espera de pie para sentarse, cuánto dura una mano o cuánto se tarda en la caja. Y en el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y por ser española no equivale a ninguna homologación boliviana.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota con tres cosas: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por turno apagan el sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no diga «avíseme si hay gente de pie junto a una mesa», sino «avíseme si hay tres o más personas de pie junto a esta mesa durante más de cuatro minutos mientras haya otra abierta y vacía». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces a sonar cuando importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su sala y no con lo que pasa en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide la sala, no IRIS. Qué mesa, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato: eso lo escribe su equipo, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de conductas ni decide por su cuenta qué es normal en su tapete: lo normal en una sala no es lo normal en otra, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambian el horario, cierran una mesa o abren una zona nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se la pueden mostrar tal cual a cumplimiento, al comité o a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué no ve IRIS en una mesa?
Lo que no entra en su encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Una mano tapa unas fichas, un cuerpo tapa a otro y una mesa llena esconde media superficie. Con la luz baja de una sala ve peor, y con el objetivo sucio también. Y hay gestos que se parecen muchísimo entre sí: recoger una ficha y mover una ficha se parecen durante un segundo. Por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video, y por eso IRIS no juzga la intención de nadie ni dice qué hizo nadie. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, todas las horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando en la sala?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en su sala. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de una sala?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: doce cámaras de mesas y caja no son el mismo proyecto que una sala entera con sus accesos, sus pasillos de servicio y su sala de conteo. Y se puede empezar chico: unas cuantas mesas y la caja, las tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
Los centros comerciales
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene el centro?
Sí: las cámaras IP que el centro ya tiene puestas alcanzan. IRIS se conecta a esa señal y la analiza tal como llega; lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que quieren medir ahí —una cámara colgada para vigilar un acceso quizá no llegue a contar en el pasillo del fondo— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles bastaría con girar unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los visitantes o reconoce caras?
Ni identifica visitantes ni reconoce caras. No las compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona de un local a otro y no se cruza con ningún programa de fidelización. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más. Y como esto sale en todas las reuniones, lo decimos claro con el menor extraviado: IRIS puede avisar de que hay un menor solo en una zona, pero por su cara no lo busca ni sabe quién es. Lo que hace es acotar cámaras y minutos para que una persona mire, y quien lo encuentra es esa persona.
¿Sale el video del centro?
Sale del centro o se queda adentro según la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero. En las dos, las comunicaciones van cifradas y las condiciones se firman por contrato. Conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo poner un servidor en el edificio que llevar el análisis afuera: eso condiciona la red del centro.
¿En qué se diferencia esto del contador que ya tenemos en la puerta?
El contador de la puerta dice cuánta gente vino; esto dice qué pasó adentro: por dónde entró, en qué pisos se quedó, qué pasillos evitó y qué cambió el día que salió la campaña. Y hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, y IRIS avisa cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en el umbral, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número se calcula igual todos los días, se puede repetir y se puede auditar. En el conteo de personas no se quedan con nuestra palabra: el método está homologado por el Centro Español de Metrología, un tercero independiente de España. Dicho con precisión: esa homologación cubre el método de conteo de personas, no el producto entero, y no equivale a ninguna acreditación boliviana.
¿Podemos darles estos números a los locales?
Sí, y por eso se instala en buena parte: son cifras anónimas y agregadas, así que se comparten sin ceder el dato de ninguna persona. Cuánta gente pasa delante de cada local, a qué hora y desde qué acceso llegó. La venta no está acá: esa está en la caja del local, y ahí no entramos. Ahora bien, juntando las dos mitades cambia el diagnóstico. Pasa mucha gente y casi nadie entra: el problema es la vitrina o el letrero. No pasa nadie: el problema es el pasillo, no la tienda. Hoy las dos cosas se parecen en el informe —vendió poco— y son dos problemas distintos, cada uno con su arreglo.
¿Cuántos avisos vamos a recibir en la sala de control?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota con tres cosas: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por día apagan el sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no sea «avíseme si hay gente parada en la escalera mecánica», sino «avíseme si hay alguien parado en el arranque de esta escalera más de un minuto, entre las diez y las diez y media». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando de veras importa. Y se afina después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro y no en un centro cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
El centro, no IRIS. La regla se escribe en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar; la medición se dibuja sobre la imagen, con una raya o una zona. IRIS aplica lo que ustedes le dijeron, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de conductas ni decide por su cuenta qué es normal en su pasillo: lo normal en un centro de barrio no es lo normal en uno de tres pisos con patio de comidas, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana cambia el horario, cierra un local o se monta la campaña de temporada en el atrio, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS un sábado por la tarde?
Cuando la gente se tapa entre ella, un sábado por la tarde, IRIS deja de distinguir a unas personas de otras, y preferimos decirlo antes de firmar. Le pasa a cualquier sistema de visión, el nuestro incluido, y quien diga lo contrario no lo probó con el centro lleno. Lo que no se pierde es justo lo que más falta hace en ese momento: cuánta gente hay. Medir la ocupación de una zona y cómo se reparte por los pisos no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno a uno en un paso angosto y muy cargado; ahí el conteo se recoloca en el acceso, donde la gente pasa en fila. Y lo que ocurre fuera del encuadre, detrás de una columna o en una zona sin cámara, no lo ve nadie: IRIS tampoco.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Un plazo cerrado no se lo damos, porque el calendario no lo manejamos nosotros y depende del tamaño del centro. Lo que sí está claro son las tres fases: primero se conectan las cámaras que ya existen; después se dibujan sobre cada imagen las zonas y se escriben las reglas que importan; y al final esas reglas se afinan con lo que va pasando de veras adentro. Los primeros números y los primeros avisos aparecen pronto. El ajuste fino tarda más, porque hasta que no pase un día flojo, un sábado y un día de campaña no hay con qué comparar. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué se quiere medir en cada una.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un centro comercial?
El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única que valga para todos, porque no cuesta lo mismo medir dos accesos y un piso que cubrir tres pisos, el patio de comidas y las rampas del estacionamiento. Y se puede empezar chico: los accesos y un piso, ver los números con su equipo y decidir después. Cuéntennos cuántas cámaras tienen y qué quieren medir, y les damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.
Los aeropuertos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tiene la terminal?
Sí, sirve con las que ya están instaladas. IRIS se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se revisa cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren medir ahí —una cámara puesta para ver el hall entero puede que no llegue a contar la boca de una fila— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica a los pasajeros o reconoce rostros?
No hace ni una cosa ni la otra. No los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie, no sigue a una persona por la terminal y no se cruza con ninguna lista de pasajeros ni con ninguna tarjeta de embarque. Y conviene decir dónde está la raya: IRIS no hace control documental, no verifica documentos, no reemplaza al escáner ni a quien atiende, y no toca ninguno de los sistemas de seguridad del aeropuerto. Lo que hace es medir flujos y avisar de hechos operativos: una fila que crece, un puesto abierto y vacío, una cinta parada. Un pasajero contado es un uno: no queda nada más de él.
¿Sale el video del aeropuerto?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En un aeropuerto lo habitual es mezclar: adentro lo sensible, afuera lo que no lo es.
¿Los minutos de espera del filtro son un número fiable?
Lo son porque no se configuran hablando, se configuran dibujando: una raya en la boca de la fila, otra en el punto donde se pasa, una zona sobre el piso. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número sale igual todos los días, se puede repetir, se puede comparar entre semanas y se puede auditar. Y no se mide solo la espera: también cuántos puestos estaban abiertos mientras se esperaba, que es la mitad que falta para explicar por qué se abre otro. En el conteo de personas ustedes no se quedan con nuestra palabra: está homologado por el Centro Español de Metrología, el instituto nacional de metrología de España, un tercero independiente. Dicho con precisión: cubre el conteo de personas, no el producto entero, y por ser española no equivale a ninguna homologación boliviana.
¿Detecta un equipaje abandonado?
Lo detecta en el sentido literal de lo que ve una cámara: un objeto que lleva un rato en el piso sin nadie al lado, dentro de una zona que dibujaron ustedes y durante el tiempo que fijaron ustedes. Eso es todo lo que sabe. No dice de quién es, no dice qué hay adentro, no busca a nadie y no decide nada: el aviso llega con la cámara, la hora y el video, y quien decide qué se hace es la persona que está de servicio, con el protocolo del aeropuerto delante. Y hay que decirlo antes de firmar: en un hall lleno, un objeto puede quedar tapado por la gente que pasa, y entonces la cámara no lo ve.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de operaciones?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota: zona, franja horaria y duración. Un sistema que avisa doscientas veces por turno está apagado a la semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. Por eso una regla no es «avíseme si hay fila», sino «avíseme si esta fila pasa de veinte minutos entre las seis y las nueve». Cambiando la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando de verdad importa. Y se ajusta después, con lo que haya salido las dos primeras semanas en su terminal, no en una terminal cualquiera.
¿Quién decide qué se vigila y qué se mide?
Lo decide el aeropuerto, no IRIS, y son dos decisiones y no una. Lo que se vigila se escribe hablando, en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. Lo que se mide se dibuja: una raya en el piso, una zona sobre una sala. No se configuran igual, así que hay que decidir las dos. Y de fábrica IRIS no trae ninguna lista de conductas, ni decide qué es normal en su hall a las seis de la mañana: eso lo sabe quien lleva veinte años trabajando ahí. Después, si cambia el horario de un vuelo de madrugada, se cierra un pasillo por obras o se abre una puerta nueva, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS en una terminal llena?
Lo que no entra en su encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Con el hall lleno, unas personas tapan a otras y deja de distinguirlas una por una. Eso le pasa a cualquier sistema de visión, incluido el nuestro, y quien diga lo contrario no lo probó un domingo por la tarde. Lo que no se pierde es la ocupación, que es justo lo que más falta hace cuando está lleno: medir cuánta gente hay en una zona no necesita distinguir a cada persona. Lo que sí se degrada es contar uno por uno en un paso estrecho y muy cargado, y ahí el conteo se recoloca donde la gente pasa en fila. Con el contraluz de un ventanal grande, con el objetivo sucio o con una cámara mal orientada, ve peor. Y donde no hay cámara, no ve nada.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas que hay que medir y escribir las reglas que hay que vigilar, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en la terminal a las seis de la mañana y a las once de la noche, que no se parecen en nada. Las primeras mediciones y las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren ver en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se mide o se detecta en cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No hay una tarifa única, porque no cuesta lo mismo medir el filtro y la sala de recojo de equipaje que cubrir una terminal entera con sus tiendas, sus pasillos y su subsuelo. Y se puede empezar chico: el filtro y la sala de equipaje, ver los números con su equipo delante y decidir después. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
La seguridad pública
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?
Sí, y ese es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a todas horas. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que a ustedes les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.
¿IRIS identifica a las personas, reconoce rostros o sigue a alguien por el territorio?
No, y hay que decirlo con todas las letras. No compara ningún rostro con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni puntúa a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió la propia institución: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leer placas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.
¿Sale el video de nuestras instalaciones?
Sale solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.
¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?
Un aviso aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un comercial nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para dar la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.
¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?
Conviene contestarlo antes de que lo pregunten. No se mira adentro de una vivienda, ni en un vestuario, ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide la institución, con su marco legal, sus servicios jurídicos y la información pública que corresponda: eso lo firma quien lo instala y no nosotros, así que desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software son dos cosas. Que el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde—. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa: un papel que no firma un comercial sino un auditor, y que nos pueden pedir antes de contratar nada.
¿Cuántos avisos van a llegar al centro de monitoreo?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota con tres cosas: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por turno apagan el sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no diga «avíseme si hay un vehículo parado», sino «avíseme si hay un vehículo parado en esta berma, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando importa. Y se afina después con lo que haya salido las dos primeras semanas en su territorio, no en el de otro.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
Lo decide la institución, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones: eso lo escribe quien explota el sistema, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de conductas ni decide por su cuenta qué es normal en su territorio: lo normal en una carretera de montaña no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.
¿Qué es lo que IRIS no ve?
Lo que no entra en su encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Si algo pasa fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con neblina, con aguacero o con el objetivo sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño del despliegue, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de carretera de montaña con doce cámaras y tres reglas, y un territorio entero con cientos, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un acceso, un tramo de carretera, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
Los centros de datos
Ir a la página¿Sirve con las cámaras que ya tenemos en el centro?
Sí, sirve con las que ya están puestas. Se conecta a la señal de esas cámaras IP y la analiza tal como llega: lo que cambia no es el equipo, es lo que se entiende de la imagen. En el proyecto se mira cámara por cámara si el encuadre da para lo que ustedes quieren ver ahí —una cámara colocada para cubrir el pasillo entero a lo mejor no llega a ver si un gabinete quedó abierto— y se les dice sin adornos cuáles no llegan y cuáles alcanzaría con mover unos grados. Poner una cámara nueva es la excepción, no el punto de partida.
¿IRIS identifica al personal o reconoce rostros?
No hace ni una cosa ni la otra. No los compara con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no sigue a una persona por el centro. Y lo decimos también hacia adentro, porque es lo primero que pregunta la representación del personal: esto no sirve para controlar la jornada de nadie, ni para medir el rendimiento de una persona, ni para saber cuánto rato estuvo alguien en un pasillo. Lo que ve es «hay una persona», «hay dos», «esta puerta lleva este rato abierta», «este gabinete está abierto sin nadie delante». El nombre, si hace falta, lo pone después su control de accesos, y ese cruce lo deciden ustedes.
¿Sale el video del centro de datos?
Depende de la modalidad que ustedes elijan, y las modalidades son dos. En la local no sale: los servidores están en sus instalaciones, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar. En la otra se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. En este sector lo normal es quedarse adentro, y nos parece bien: es una decisión suya, no una condición nuestra.
¿Detecta que dos personas pasan con una sola autorización?
Detecta que por esa puerta pasaron dos personas, y a qué hora. Lo que no sabe es cuántas autorizaciones hubo: ese dato vive en su control de accesos, no en la imagen. El cruce lo hace su sistema con el hecho que aporta la cámara —dos cuerpos y un solo paso autorizado, o un técnico en un pasillo que no es el que dice la orden de trabajo—, y ahí es donde un paso normal se convierte en un problema. Ese reparto es a propósito: la cámara aporta el hecho, el significado lo pone quien tiene el resto de la información. Y el hecho queda con su cámara, su hora y su pedazo de video, que es justo lo que hace falta el día que hay que reconstruir qué pasó o mostrárselo a quien viene a auditar.
¿Avisa de agua en el piso técnico, de humo o de una puerta trabada?
Sí, y también de un gabinete que se queda abierto o de una herramienta olvidada adentro de la sala. Ahora el límite, porque es importante: esto no reemplaza a la detección de incendios, ni a las sondas de agua, ni a la supervisión de la instalación. Esos sistemas tienen su normativa y su mantenimiento, y siguen exactamente donde están. Lo que aporta la cámara es otra cosa: llega a lugares donde no hay sonda y muestra la imagen del momento, para que quien está de turno vea de qué se trata sin tener que bajar a mirar.
¿Cuántos avisos vamos a tener por turno?
Los que ustedes decidan, porque la regla se acota con tres cosas: qué puerta, qué franja horaria y cuánto tiempo. Doscientos avisos por turno apagan el sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no diga «avíseme si esta puerta se abre», sino «avíseme si esta puerta lleva más de dos minutos abierta fuera del horario de mantenimiento». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar todo el día a sonar cuando importa. Y se ajusta después, con lo que salga las dos primeras semanas en su centro y no en general.
¿Quién decide qué se vigila y qué no?
El centro, no IRIS. Qué puerta, a qué hora, cuánta gente y cuánto rato lo escribe su equipo, y queda en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica eso, siempre igual y sin cansarse. De fábrica no trae ninguna lista de conductas ni decide qué es normal en sus pasillos: lo normal en una sala de operación no es lo normal en un muelle de descarga, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Y si mañana cambia un procedimiento, se abre una sala nueva o se corta un pasillo por obras, la regla se reescribe en un rato y no hay nada que encargar.
¿Qué no ve IRIS en un pasillo de gabinetes?
Lo que no entra en su encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Un gabinete tapa lo que hay detrás, un cuerpo tapa a otro y en un pasillo estrecho el ángulo deja zonas ciegas. Con poca luz, con el objetivo sucio o con una luz muy dura de frente, ve peor. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: alguien que apoya la puerta y alguien que la traba pueden confundirse durante un segundo. Por eso el aviso siempre lo cierra una persona mirando el video. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera. Es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
Depende del tamaño de la instalación, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan —esta puerta, este pasillo, este gabinete—, y afinar esas reglas con lo que pasa de verdad en sus turnos. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay, qué salas entran y qué quieren detectar en cada una.
¿Cuánto cuesta?
El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo cubrir la esclusa de entrada y el muelle de descarga que poner reglas en cada pasillo de cada sala. Y se puede empezar chico: los accesos críticos, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren ver, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.
El estado de las cámaras
Ir a la página¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?
Sirve con las que usted ya tiene, sean del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.
¿No me va a llenar el día de avisos?
No, y está armado justo para eso. Umbral y tiempo tiene cada cosa: la gota de lluvia tiene que aguantar ahí un buen rato, la suciedad tiene que empeorar durante varios días, el encuadre tiene que haberse movido de verdad y no por una ráfaga de viento. Avisan al momento nada más que tres: la cámara tapada, la cámara girada y la señal perdida. El resto no interrumpe a nadie y espera al parte del día.
¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?
Porque se lo guarda. El primer día IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está bien —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche— y esa es su referencia. Es de esa cámara y de ninguna otra: una del muelle y una del hall no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada. Después compara cada día contra su propia referencia, no contra un ideal.
¿Cada cuánto revisa las cámaras?
Lo decide usted. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté delante de la pantalla. Al terminar queda un parte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Y sale a hoja de cálculo.
¿Esto cuesta aparte?
No. La licencia de IRIS es por cámara, no por pregunta. Pedirle que avise si alguien se cae y pedirle que le diga si esa misma cámara está sucia cuestan exactamente lo mismo, porque lo que se paga es la cámara. No hay un módulo de mantenimiento aparte ni un precio por cada cosa que usted quiera vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tiene.
¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?
Subir hay que subir, y eso IRIS no lo disimula: no repara nada, no reinicia equipos y no limpia domos. Lo que consigue es que quien sube lo haga sabiendo a qué sube y en qué orden. Y la diferencia no es chica: en vez de una ronda por calendario —recorrer cuatrocientas cámaras porque toca— hay una lista de las once que de verdad tienen algo, con su imagen al lado. De esas once, además, alguna se arregla desde abajo.
¿Y si la suya no está?
Escríbanos y la contestamos. Si la pregunta es buena, termina en esta página para el siguiente que la tenga.
Siguiente paso
El centro penitenciario
¿Quién está mirando la pantalla del patio cuando empieza la pelea?
17 casos: 16 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
El hospital
¿Cuánto tarda en pasar alguien por ese pasillo a las cuatro de la madrugada?
13 casos: 12 avisan cuando pasa algo y uno solo mide. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Las cámaras que compró hace añossiguen valiendo. Lo que les faltaba no era calidad.
Era que alguien mirara, nada más. Los mismos equipos, los mismos cables: IRIS se conecta a la instalación que ya está armada, y esas imágenes pasan de guardarse a entenderse.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Le respondemos el mismo día hábil.