¿Cuántos espacios quedan libres ahora mismo?
Las cámaras ya están puestas. Un sensor encima de cada espacio no hace falta.
Acá le enseñamos quince cámaras: nueve avisan cuando está pasando algo y seis no avisan nada, solo cuentan. Un parqueo de mil espacios ya tiene cámaras en las rampas, en los pasillos, en la barrera y en las escaleras. IRIS las mira todas a la vez, y de ahí salen las dos cosas que necesita quien lo opera: cuántos espacios quedan libres y un aviso cuando algo se tuerce.

Sin IRIS esto es un parqueo donde nadie sabe cuántos espacios quedan.
Imagen generada con IA
Lo que está en juego en un parqueo
Los espacios ocupados son de lo que vive un parqueo, y por la fila de la entrada es por lo que se lo juzga. Las dos cosas se saben tarde. El cartel de la puerta dice «lleno» porque alguien lo puso ayer, y adentro hay cuarenta huecos que no encuentra nadie: autos dando vueltas cuatro minutos por un pasillo lleno. En la salida se arma fila porque en una máquina de cobro no termina nadie, y no se entera nadie hasta que el trancadero llega a la calle.
Las cámaras que el parqueo ya tiene —las rampas, los pasillos, la barrera, los espacios de recarga, las salidas— IRIS las analiza todas a la vez, y solo interrumpe cuando se cumple una regla que usted escribió: un auto subiendo la rampa en sentido contrario, una movilidad parada fuera de espacio en un nivel que debería estar vacío, humo al pie de un auto enchufado a las tres de la mañana. El aviso llega con la cámara, la hora y el video, mientras está pasando, a la persona que puede bajar a ese nivel.
Y donde no hay nada que avisar, mide. Cuántos espacios quedan libres, en qué nivel y de qué tipo. Cuántos autos esperan en la entrada y cuánto llevan parados. Cuánto tarda un auto desde que sube la rampa hasta que parquea. Eso no se configura hablando, se configura dibujando: una raya no se describe con una frase, hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el número sale igual todos los días y se puede auditar. Y sale de las cámaras que ya están puestas: sin un sensor encima de cada espacio, sin levantar el asfalto y sin tocar la instalación.
La escala real
Quince cámaras acá. Mil espacios y una persona en la garita.
Quince entran en una pantalla, y por eso esta demostración enseña quince cámaras. Un parqueo de mil espacios tiene muchas más, y las tiene desde el día que abrió: en cada rampa, en cada pasillo, en la barrera, en las escaleras y en el hall. Lo que no tiene es a nadie mirándolas. Hay una persona en la garita, y esa persona está cobrando, abriendo barreras y contestando el intercomunicador; vigilar además ocho niveles no puede. Poner más pantallas tampoco lo arregla. IRIS analiza todas las cámaras que haya, de día y de noche, e interrumpe solo cuando se cumple una regla que usted escribió. El resto del tiempo cuenta: espacios libres, autos en la fila, minutos hasta parquear.
Ejemplos
Estas quince son apenas ejemplos.
Nueve avisan cuando está pasando algo y seis no avisan nada: solo cuentan. No son las quince cosas que IRIS sabe hacer en un parqueo; son las que entran en una pantalla, y cada quien las escribe con sus palabras. Abra cualquiera y verá la imagen tal cual, y después con lo que IRIS entiende encima.
Mírelo usted mismo
No se lo contamos. Se lo mostramos.
Va sola, paso a paso, y enseña un solo camino: el de un caso. Es un resumen de la pantalla real, y la herramienta de verdad tiene muchas más funciones de las que entran acá.
- Mira todo el sistema
- Marca lo que falla
- Lo pone en una pantalla
Y ahora piense en el suyo
Saberlo mientras está pasando, y no cuando alguien reclama en el mostrador.
Los cuarenta espacios libres del nivel cuatro que nadie sabe que están libres. El auto que lleva cuatro minutos dando vueltas por un pasillo lleno. El cartel de la entrada que dice «lleno» cuando no lo está. Los seis autos esperando en la barrera y la fila que ya asoma a la calle. La máquina de cobro en la que no termina nadie. Los dos autos que cruzaron la barrera con una sola apertura. El que lleva tres horas en un espacio de treinta minutos. El que lleva días en el mismo sitio y ya nadie recuerda cuándo llegó. El auto particular parqueado en el espacio reservado, con alguien esperando delante. El que terminó de cargar hace una hora y sigue ocupando el cargador. El que sube la rampa en sentido contrario. El que llega al paso de cebra justo cuando alguien lo está cruzando. La puerta abierta de par en par contra el auto de al lado. El vehículo parado fuera de espacio en un nivel que debería estar vacío. El humo al pie de un auto enchufado, a las tres de la mañana. Y la salida de emergencia tapada por un auto.
Delante de cámaras que el parqueo ya tiene puestas está pasando todo eso, y hoy no lo sabe nadie hasta que alguien reclama o hasta que hay que sentarse a revisar la grabación. IRIS mira todas esas cámaras a la vez y lo dice mientras está pasando, a quien puede bajar hasta ahí. Sin un sensor en cada espacio, sin levantar el asfalto y sin cambiar ninguna cámara.
Lo que se pregunta antes de firmar
Las diez preguntas que salen en la mesa del parqueo.
Lo que no se ve bien en una rampa a contraluz va acá adentro, porque eso hay que saberlo antes y no después. Las diez, contestadas en la primera línea y sin rodeos.
¿Necesito un sensor en cada espacio para saber cuántos quedan libres?
No hace falta ningún sensor. El número sale de mirar los espacios con las cámaras que el parqueo ya tiene: sobre la imagen se dibuja qué pedazo de piso es cada espacio, e IRIS mira si hay auto o no lo hay. Una cámara de pasillo cubre decenas de espacios a la vez, y además distingue el tipo: reservado, para personas con discapacidad, de moto o de recarga. Nada de levantar el asfalto, nada de cablear nivel por nivel, y nada de mover de sitio lo que ya funciona.
¿Sirve con las cámaras que ya tengo, con la luz que hay ahí abajo?
Sirve con las que ya tiene, y conviene decir dónde no llega. La boca de una rampa a contraluz quema la imagen al mediodía. Un nivel con las luminarias justas deja pasillos donde una placa no se lee. Un domo de esquina puesto para vigilar la puerta no distingue los espacios del fondo. En el proyecto se revisa cámara por cámara qué se puede detectar de verdad en ese encuadre, y se le dice sin adornos cuáles no llegan, cuáles bastaría con bajar unos grados y cuáles hay que dejar solo para vigilar. Cambiar una cámara es la excepción, no el punto de partida.
¿El número del cartel de la entrada es confiable? ¿Y cuando el parqueo está lleno?
Es confiable porque no viene de restar entradas y salidas: viene de mirar los espacios. Contar autos en la barrera acumula el error de todo el día, y por eso a media tarde el cartel dice «lleno» con cuarenta espacios libres en el nivel cuatro. Acá cada espacio se comprueba uno por uno, y el número se corrige solo. Y ahora lo incómodo: si una columna tapa medio espacio o hay un pasillo sin luz, ese espacio concreto se lee peor. Eso se ve en la puesta en marcha, espacio por espacio, y ahí se decide qué cámara se mueve y qué zona se deja fuera del conteo.
¿Lee placas? ¿Y eso no es un dato personal?
Sí, lee placas, y sí: una placa es un dato personal. Lo decimos así de claro porque es lo que dice la norma y porque conviene saberlo antes de firmar. Por eso la lectura la decide usted, cámara por cámara: puede activarla en la barrera para el abonado y dejarla apagada en los pasillos. Y se configura qué se guarda, cuánto tiempo y quién puede consultarlo. Lo que IRIS no hace es decirle de quién es ese auto: ningún registro de vehículos consulta, ni ninguna base de datos de personas. Cruzar una placa con un titular es cosa de su sistema de abonados y de su organización, no nuestra.
¿IRIS identifica a las personas o a los conductores?
Ni a las personas ni a los conductores. Caras no reconoce, con ninguna base de datos las compara y de nadie guarda quién es. Lo que ve es «una persona cruzando el paso», «un auto subiendo la rampa», dónde está y desde cuándo. En el aviso de la salida de emergencia tapada, lo que llega es que hay alguien en el piso y un auto delante de la puerta: nunca quién es esa persona. Y el conteo es agregado y anónimo: dice cuántos autos y cuánta gente pasaron por una zona y a qué hora, jamás quiénes eran. Una persona contada es un uno, y de ella no queda nada más.
¿Cuántos avisos vamos a recibir al día?
Los que pida su regla, y afinar esa regla es el trabajo de las primeras semanas. Doscientos avisos por día se ignoran en cuatro días, y en un parqueo eso pasa rápido porque hay movimiento todo el rato. De ahí que una regla nunca sea «avise si hay un auto parado». Es «avise si un auto lleva más de unos minutos parado fuera de espacio en el nivel cuatro, en horario de apertura». Se acota la zona sobre la imagen, el horario, cuánto tiene que durar y a quién le llega. Después se repasa una semana de avisos con su equipo y se ajusta. Un aviso que nadie atiende es un aviso mal configurado, y eso se corrige.
¿Sale el video del parqueo o se queda adentro?
Sale o se queda adentro según la modalidad, y las modalidades son dos. En la local no sale: el servidor está en su propio edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para funcionar. Es lo habitual en un parqueo subterráneo, donde la cobertura ya es mala de por sí. En la otra se procesa en nuestro centro de datos —que es nuestra nube, no la de un tercero— y entonces sí sale, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Con varios parqueos conviene decidirlo temprano, porque no es lo mismo un servidor por edificio que llevarlo todo a un solo lugar.
¿Reemplaza a las barreras, al sistema de tickets o a la instalación contra incendios?
No reemplaza a ninguno de los tres: convive con ellos. IRIS no abre ni cierra nada, no cobra, no valida un abono y no corta la corriente de un cargador. Lo que hace es ver lo que está pasando y avisarle a quien puede bajar hasta ahí. Y acá va lo importante, dicho sin rodeos: cuando ve humo o llama al pie de un auto enchufado, avisa, pero detector de incendios homologado no es, y no reemplaza a la instalación de detección y extinción que exige la norma. Es un par de ojos más, antes de que salte el detector del techo. Nunca en lugar de él.
¿Qué NO sabe IRIS de un parqueo?
Bastantes cosas, y conviene decirlas antes que después. Si alguien pagó, no lo sabe: eso está en su sistema de tickets, no en la imagen. De quién es un auto, tampoco. Si quien parquea en el espacio reservado tiene derecho a hacerlo, tampoco: solo ve que hay un auto ahí y que no consta una autorización asociada. Qué hay adentro de un vehículo cerrado, tampoco. Y nada que no entre en un encuadre: si en esa esquina no hay cámara, ahí no hay dato. Lo que sí sabe es lo que ocurre delante de las cámaras que usted ya tiene, y eso hoy no lo sabe nadie hasta que alguien reclama.
¿Cuánto cuesta poner IRIS en las cámaras de un parqueo?
El costo se calcula según cuántas cámaras se analizan, qué se detecta o se mide en cada una, cuántos parqueos entran, qué modalidad eligen y si el hardware es de ustedes o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa única porque no sería honesta: no cuesta lo mismo medir los espacios de un nivel que cubrir seis niveles, dos rampas y la barrera. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un nivel, dos o tres reglas y el conteo de espacios libres, y ver los avisos y los números con su equipo antes de decidir nada más. Cuéntenos cuántos espacios y cuántas cámaras tiene y le damos un número. El teléfono, en España: +34 902 02 70 91.
Siguiente paso
El comercio
¿Quién ve las ventas que no llegan a la caja?
10 casos: 4 avisan cuando pasa algo y 6 solo miden. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
La obra
¿Quién está mirando cuando la carga pasa por encima de alguien?
11 casos: 9 avisan cuando pasa algo y 2 solo miden. Usted ve cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
Lo que pasa fuera del encuadreno existe para IRIS. Ninguna cámara ve el mundo entero.
«Desde acá se entiende esto; esto otro, no.» Por eso lo primero es mirar qué cubre cada cámara y dejarlo por escrito. Es un rato aburrido, y ahorra muchísimos malentendidos después.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Le respondemos el mismo día hábil.














