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¿Qué puede ver una cámara sin señalar a nadie?

La cámara ve hechos. Quien saca conclusiones es una persona.

IRIS ve hechos, los fecha y los entrega con la cámara, la hora y el video: un vehículo parado donde no se puede parar, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una puerta que se abre a las tres de la madrugada. Rostros no reconoce, a nadie identifica y a ninguna persona sigue. Acá se ven unas cuantas cámaras —unas avisan y otras miden—; un servicio de verdad tiene miles, y el sistema es exactamente el mismo.

Ver un hecho no es acusar a nadie

El aviso llega por teléfono, y llega tarde. Alguien vio humo hace veinte minutos y ya no es una mata, es media ladera. El contenedor de escombro apareció el lunes en el lote baldío y nadie sabe cuándo lo dejaron ni por qué camino entraron. La fila del paso de vehículos se comió la berma otra vez, y la única forma de saber cuánto se espera es que alguien baje a contarlo. Y cuando meses después hay que explicar qué pasó exactamente aquella noche, lo que hay es un parte escrito de memoria.

Lo que hace IRIS es leer las cámaras que ya están puestas y avisar de hechos. Un vehículo parado donde no se puede parar. Una salida bloqueada. Una aglomeración que crece. Humo. Una mancha en el agua. Una embarcación quieta donde no corresponde. Y ahora la raya, bien marcada: rostros no reconoce, listas no hace, a nadie perfila, con ninguna base de datos cruza, biometría no usa, y a ninguna persona sigue por la ciudad. Nada de esto sirve para predecir quién va a hacer algo. Ve lo que pasa, lo fecha y lo entrega con la cámara, la hora y el video. Nada más, y nada menos.

Hay dos maneras de pedirle las cosas, porque son dos cosas distintas. Lo que se vigila se describe hablando: una frase, e IRIS avisa cuando ocurre. Lo que se mide se dibuja: una raya en un torniquete, una zona sobre un tramo de agua. Una raya no entra en una frase, hay que trazarla, y por eso el número de un martes y el de un domingo se miden igual y se pueden auditar. El conteo de personas va más lejos todavía: está homologado por el Centro Español de Metrología a través de NeuralPax. Ese Centro es el instituto nacional de metrología de España, el organismo que dice si una balanza o un radar miden bien. Ojo con el alcance: lo homologado es el conteo de personas y nada más, es una homologación española y no equivale a ninguna boliviana. Y dos frases que acá valen más que cualquier función. La primera: detectar no es decidir, quien concluye es una persona. La segunda: la misma grabación que sirve para dar una orden sirve, meses después, para demostrar que esa orden estuvo bien dada, o para demostrar que no.

La escala real

No son trece cámaras. Son todas las que ya están puestas.

Accesos de predios, pasos de vehículos, muelles, patios, carreteras de montaña, orillas de río, lotes baldíos, depósitos y salas de custodia. Y hay lugares donde no se mira, y conviene decirlo antes de que lo pregunten: ni adentro de una vivienda, ni en un vestuario, ni en un baño, ni en una oficina donde alguien declara. Cuando lo que se ve es una persona pasando la noche en la calle o alguien en crisis en mitad de una plaza, lo que hace falta no es seguridad: es asistencia. El aviso sirve para mandar a quien de verdad ayuda, no para retirar a nadie.

Un caso distinto cada vuelta

Todo entra por la cámara. Solo lo importante llega acá.

Desde que aparece un aviso hasta que se cierra: eso es lo que se resume acá. En la pantalla real hay muchas más cosas; esto es apenas el hilo principal.

  1. Usted dibuja la raya
  2. Se cuenta solo
  3. Sale un número
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IRIS · Infinity Neural

Y en su territorio

¿Qué hecho le habría cambiado el día si lo hubiera sabido a tiempo?

Piense en el último aviso que llegó tarde. El humo que ya era ladera. La fila que se comió la berma. El lote baldío que amaneció con veinte metros cúbicos de escombro. En los tres casos había una cámara mirando, y en los tres el hecho tardó horas en llegar a alguien que pudiera hacer algo.

Las cámaras siguen siendo las mismas. Lo que se acorta es el tiempo que tarda un hecho en llegarle a quien puede hacer algo con él, y esa es toda la diferencia. La secuencia queda guardada además, con su hora, para el día en que haya que explicar exactamente qué pasó.

Lo que se pregunta antes de aprobarlo

Las diez preguntas que salen antes de decir que sí.

La cámara ve hechos; quien saca conclusiones es una persona. Van contestadas en la primera línea, sin rodeos y sin prometer que un sistema decida por nadie.

  • ¿Sirve con las cámaras que ya tenemos puestas?

    Sí, y ese es justo el punto: en un territorio no faltan cámaras, falta alguien que las mire a todas horas. IRIS analiza la señal de las cámaras IP que ya existen; lo que cambia no es el sensor, es lo que se entiende de la imagen. Lo que sí condiciona el resultado es dónde está puesta cada una y qué se ve desde ahí: una cámara colocada para que salga el acceso entero rinde menos que una puesta de frente sobre el punto que a ustedes les importa. Antes de prometer nada preferimos mirar imágenes reales de sus cámaras y decirles en cuáles esto tiene sentido y en cuáles no. A veces la respuesta es mover una cámara dos metros, y eso es más barato que comprar nada.

  • ¿IRIS identifica a las personas, reconoce rostros o sigue a alguien por el territorio?

    No, y hay que decirlo con todas las letras. No compara ningún rostro con ninguna base de datos, no guarda quién es nadie y no lleva ficha de nadie. Tampoco predice, ni puntúa a nadie, ni clasifica a nadie por su comportamiento, ni interpreta las intenciones ni el estado de ánimo de nadie. Lo que detecta son hechos que definió la propia institución: un vehículo parado donde no se puede parar, una salida bloqueada, humo saliendo del monte, una mancha que crece en el agua, una aglomeración que va a más. Qué está pasando, dónde y desde cuándo: eso es todo lo que va en el aviso. Y sobre las placas, la respuesta honesta: IRIS puede leer placas cuando la cámara está puesta para eso y quien la explota tiene base legal para hacerlo, pero eso es otra cámara y otra decisión, y no es lo que hacen las cámaras de esta página.

  • ¿Sale el video de nuestras instalaciones?

    Sale solo si ustedes quieren, y en este sector lo normal es que no salga. En la modalidad local los servidores están en su edificio, el video entra por su red, se analiza ahí adentro y el sistema no necesita internet para trabajar: si se cae la línea, el análisis sigue. En la otra modalidad se procesa en nuestro centro de datos, que es nuestra nube y no la de un tercero, cifrado y con las condiciones que se firmen por contrato. Sea donde sea, de un aviso se guarda siempre lo mismo: la cámara, la hora, el hecho detectado y el pedazo de video, para que el parte se pueda sostener después con algo más que un recuerdo.

  • ¿Un aviso de IRIS sirve como prueba de lo que pasó?

    Un aviso aporta un hecho fechado con su video, ni más ni menos: no retoca la imagen, no oculta nada y no interpreta lo que se ve. Si ese hecho sirve o no como prueba lo decide el procedimiento que corresponda y quien tenga que valorarlo, no nosotros y no un comercial nuestro. Lo que sí les podemos decir es qué hace útil esa secuencia: es exactamente la misma para las dos partes. Sirve igual para dar la razón a quien actuó que para desmentirlo, y por eso conviene que exista antes de que nadie la necesite. Ver un hecho no es acusar a nadie.

  • ¿Dónde no se pone una cámara, y quién responde de la protección de datos?

    Conviene contestarlo antes de que lo pregunten. No se mira adentro de una vivienda, ni en un vestuario, ni en un baño, ni en una oficina donde se atiende a una persona. Y en el espacio público, dónde hay cámara y dónde no lo decide la institución, con su marco legal, sus servicios jurídicos y la información pública que corresponda: eso lo firma quien lo instala y no nosotros, así que desconfíen de quien les diga lo contrario. Lo que sí depende del software son dos cosas. Que el tratamiento se configura pieza por pieza —qué se guarda, cuánto tiempo, quién accede y desde dónde—. Y que nuestra forma de trabajar está certificada en seguridad de la información y en privacidad por una entidad auditora externa: un papel que no firma un comercial sino un auditor, y que nos pueden pedir antes de contratar nada.

  • ¿Cuántos avisos van a llegar al centro de monitoreo?

    Los que ustedes decidan, porque la regla se acota con tres cosas: zona, franja horaria y duración. Doscientos avisos por turno apagan el sistema en una semana, y con razón: cuando todo avisa, no avisa nada. De ahí que una regla no diga «avíseme si hay un vehículo parado», sino «avíseme si hay un vehículo parado en esta berma, entre las diez de la noche y las seis, durante más de tres minutos». Moviendo la zona, la franja y el tiempo mínimo, el mismo detector pasa de sonar cien veces al día a sonar cuando importa. Y se afina después con lo que haya salido las dos primeras semanas en su territorio, no en el de otro.

  • ¿Quién decide qué se vigila y qué no?

    Lo decide la institución, no IRIS. Qué zona, a qué hora, cuánto rato y con qué condiciones: eso lo escribe quien explota el sistema, y queda escrito en una frase que cualquiera puede leer y cualquiera puede cambiar. IRIS aplica lo que le dijeron, siempre igual y sin cansarse. No trae de fábrica ninguna lista de conductas ni decide por su cuenta qué es normal en su territorio: lo normal en una carretera de montaña no es lo normal en un parque industrial, y eso lo sabe quien trabaja ahí. Si mañana se cierra un carril, se abre un acceso o cambia el horario de un paso, la regla se reescribe en un rato y no hay que encargar nada. Y como está escrita en una frase, se puede mostrar tal cual a quien pregunte qué mira exactamente esa cámara.

  • ¿Qué es lo que IRIS no ve?

    Lo que no entra en su encuadre, y conviene decirlo antes de firmar nada. Si algo pasa fuera de campo, detrás de un muro, entre dos vehículos o en una zona donde no hay cámara, IRIS no lo ve, igual que no lo vería una persona mirando esa misma pantalla. De noche, con neblina, con aguacero o con el objetivo sucio ve peor, y en una ladera a contraluz al amanecer ve peor todavía. Y hay situaciones que se parecen mucho entre sí: el polvo que levanta un camión y el humo se pueden confundir durante unos segundos, y por eso el aviso lo cierra siempre una persona mirando el video. Detectar no es decidir. IRIS no es infalible y no se lo vamos a vender como si lo fuera: es un sistema que mira, a todas horas, las cámaras que ahora mismo no mira nadie.

  • ¿Cuánto tarda en estar funcionando?

    Depende del tamaño del despliegue, y no les vamos a dar un plazo que todavía no controlamos. El trabajo tiene tres fases claras: conectar las cámaras que ya existen, dibujar sobre cada imagen las zonas y escribir las reglas que importan en ese punto, y afinar esas reglas con lo que va pasando de verdad. Las primeras detecciones se ven pronto; el ajuste fino lleva más, porque depende de lo que ocurra delante de esas cámaras y no de nosotros. Las fechas concretas van en la propuesta, cuando sepamos cuántas cámaras hay y qué quieren detectar en cada una.

  • ¿Cuánto cuesta?

    El costo se calcula con cuántas cámaras se analizan, qué se le pide a cada una, qué modalidad de despliegue eligen y si el hardware es suyo o lo ponemos nosotros. No publicamos una tarifa porque no sería honesta: un tramo de carretera de montaña con doce cámaras y tres reglas, y un territorio entero con cientos, no son el mismo proyecto. Lo que sí se puede hacer es empezar chico: un acceso, un tramo de carretera, las dos o tres reglas que de verdad importan ahí, y ver los avisos con su equipo antes de decidir nada. Cuéntenos cuántas cámaras tienen y qué quieren detectar, y les damos un número. El teléfono es el +34 902 02 70 91, en España: la mejor hora para llamar es por la mañana, hora de Bolivia.

Y lo mejor

Decide una vez qué le importa.Ya no depende de quién esté ese día.

Al entrar de turno, nadie tiene que acordarse de nada: lo que usted decidió ya está puesto, y mañana sigue puesto. Se dice con sus palabras una vez, y queda escrito.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Le respondemos el mismo día hábil.