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¿Y quién vigila las cámaras?

Tiene cámaras que no ven nada. Y no lo sabe.

Cualquier martes, en una instalación de cuatro mil cámaras, hay unas cuantas que no sirven para nada: una sucia, otra que alguien movió al armar un andamio, otra congelada desde el sábado. Y casi siempre se descubre el día que hace falta el video y no está. Cuatro mil imágenes cada mañana no las mira nadie. IRIS sí.

Lo que cuesta de verdad

El día que hace falta el video ya es tarde

A nadie le molesta una cámara sucia. No suena, no parpadea, no sale en ningún informe. Sigue apareciendo como conectada, sigue ocupando su lugar en el mosaico y sigue grabando en el disco. Tres semanas puede estar así, y no pasa nada. Hasta el día que pasa algo.

Ahí alguien pide el video. Y el video está: se grabó, ocupa disco y se puede exportar. Lo que no está es lo que había que ver. Da lo mismo si era un accidente en el muelle, un parte para el seguro, el reclamo de un cliente o algo que hay que contestar por escrito: el archivo existe y no sirve.

Y hay una segunda factura, más callada. Cada cámara que no ve es una cámara que se pagó, se instaló, se cableó y se sigue manteniendo. Sigue en el inventario, sigue en el contrato y sigue en la licencia. Lo único que dejó de hacer es aquello para lo que se compró.

Así se ve una cámara sana

Así se ve una cámara sana

Todas se detectan comparando contra esto. Y conviene tenerlo claro: nada de lo que viene después es una avería del lugar que se ve. Es una avería de la cámara que lo mira.

Cómo lo sabe

No hace falta que la cámara sepa que está mal

Acá no hay un aparato nuevo ni un cable más: es la misma cámara que usted ya tiene, mirada por el mismo IRIS que mira todo lo demás. Son tres pasos, y conviene entenderlos, porque explican por qué esto vale para cualquier cámara, sea del fabricante que sea y tenga los años que tenga.

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    Se acuerda de cómo era

    El primer día queda guardado cómo se ve esa cámara cuando está bien: su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche. Esa es su referencia, y es de esa cámara y de ninguna otra: una del muelle y una del hall no se parecen en nada, y no tiene sentido compararlas entre sí.

  2. 2

    Lo ve en la imagen, no en el aparato

    Acá está lo que cambia todo: IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa diagnosticarse sola. Mira la imagen que llega, igual que miraría a una persona o a un camión. Por eso sirve exactamente igual en una cámara nueva y en una de hace doce años, y no hay que cambiar ni una para empezar.

  3. 3

    Y no se lo cuenta a nadie hasta que hace falta

    Que suene igual que una avería no puede pasar, y una gota de lluvia no es una avería. De ahí que cada cosa tenga su umbral y su tiempo: la gota tiene que aguantar ahí un buen rato, la suciedad tiene que empeorar varios días, el encuadre tiene que haberse movido de verdad. Después están las urgentes —tapada, girada, sin señal—, que avisan al momento. El resto espera al parte del día.

Las treinta y cuatro

Qué sabe ver IRIS sobre una cámara

Cada una es una imagen real con el defecto encima: ni una captura de pantalla ni un montaje. Se agrupan por lo que las causa y no por cómo se llaman en un catálogo técnico, porque quien entra acá no sabe si lo suyo es «degradación óptica», pero sí sabe si alguien la tocó o si se puso algo delante.

Alguien la tocó9

Algo se puso delante10

La imagen ya no sirve10

La señal falla5

Sin esperar a que alguien se dé cuenta

Pasa revista a las cuatro mil cada día

Acá no hace falta que salte nada. La auditoría se programa —cada día, cada domingo, el uno de cada mes, cuando usted quiera— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación y las compara con cómo estaban.

Y al terminar queda un parte: cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven. Con su imagen, su hora y qué le pasa a cada una. Sale a hoja de cálculo, y es lo que hay que llevarle a quien mantiene la instalación para que suba a la escalera sabiendo a qué sube.

Y no cuesta más

Da lo mismo lo que le pida: la licencia es por cámara

Lo que se paga es la cámara, no la pregunta: por eso pedirle que avise si alguien se cae y pedirle que le diga si esa misma cámara está sucia cuestan exactamente lo mismo. No hay módulo aparte de mantenimiento ni un precio por cada cosa que usted quiera vigilar. Si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tiene.

Lo que preguntan

Las seis preguntas que salen siempre

En este orden: primero si sirve con lo que ya hay, después si va a llenar el día de avisos, y al final cuánto cuesta.

  • ¿Sirve con mis cámaras o hay que cambiarlas?

    Sirve con las que usted ya tiene, sean del fabricante que sean. IRIS no le pregunta nada a la cámara ni depende de que ella sepa decir que está mal: mira la imagen que llega, igual que mira a una persona o a un camión. Una cámara de hace doce años da una imagen, y con eso alcanza. No hay que cambiar ninguna, ni agregar ningún aparato, ni tirar un cable nuevo.

  • ¿No me va a llenar el día de avisos?

    No, y está armado justo para eso. Umbral y tiempo tiene cada cosa: la gota de lluvia tiene que aguantar ahí un buen rato, la suciedad tiene que empeorar durante varios días, el encuadre tiene que haberse movido de verdad y no por una ráfaga de viento. Avisan al momento nada más que tres: la cámara tapada, la cámara girada y la señal perdida. El resto no interrumpe a nadie y espera al parte del día.

  • ¿Cómo sabe cómo tenía que verse esa cámara?

    Porque se lo guarda. El primer día IRIS anota cómo se ve esa cámara cuando está bien —su encuadre, su nitidez, su color, cuánta luz da de noche— y esa es su referencia. Es de esa cámara y de ninguna otra: una del muelle y una del hall no se parecen en nada, y compararlas entre sí no diría nada. Después compara cada día contra su propia referencia, no contra un ideal.

  • ¿Cada cuánto revisa las cámaras?

    Lo decide usted. Se programa una auditoría —cada día, cada domingo, el uno de cada mes— y a la hora fijada IRIS mira una por una todas las cámaras de la instalación, sin que nadie tenga que pedirlo y esté quien esté delante de la pantalla. Al terminar queda un parte con cuáles están bien, cuáles empeoraron y cuáles no ven, cada una con su imagen y su hora. Y sale a hoja de cálculo.

  • ¿Esto cuesta aparte?

    No. La licencia de IRIS es por cámara, no por pregunta. Pedirle que avise si alguien se cae y pedirle que le diga si esa misma cámara está sucia cuestan exactamente lo mismo, porque lo que se paga es la cámara. No hay un módulo de mantenimiento aparte ni un precio por cada cosa que usted quiera vigilar: si la cámara ya está en IRIS, esto ya lo tiene.

  • ¿IRIS repara la cámara o hay que subir igual?

    Subir hay que subir, y eso IRIS no lo disimula: no repara nada, no reinicia equipos y no limpia domos. Lo que consigue es que quien sube lo haga sabiendo a qué sube y en qué orden. Y la diferencia no es chica: en vez de una ronda por calendario —recorrer cuatrocientas cámaras porque toca— hay una lista de las once que de verdad tienen algo, con su imagen al lado. De esas once, además, alguna se arregla desde abajo.

Mírelo funcionando

Las tres cosas que le va a pedir

Preguntarle cuáles no están viendo nada. Enterarse mientras alguien está tocando una cámara. Pasar revista a todas cada día. Elija arriba y mírelo: esto es un resumen de la pantalla real, sin manos.

Todas las simulaciones

Pasar revista a todas cada día

Cada día a las diez de la mañana, mire todas las cámaras y dígame cuáles empeoraron.

  1. La frase
  2. Dónde vale
  3. Lo que encuentra
  4. La misma regla
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Y lo mejor

No hay que romper ni una pared:las cámaras que ya tiene puestas pueden empezar a entender.

Ni obra, ni cableado nuevo, ni cambiar de equipo. Se conecta a lo que ya hay, y lo que ya hay empieza a contar lo que ve.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Le respondemos el mismo día hábil.