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¿La promoción sirvió de algo o solo lo parece?
Pagaste la promoción y nadie sabe si funcionó
Las cámaras del atrio grabaron las seis horas enteras y nadie las abrió. Es lunes, nueve y media de la mañana, reunión para valorar el sábado del evento: hubo tarima, pantalla, un arco de globos y dos personas presentando en el atrio. Alguien dice que aquello se llenó; otro dice que fue un sábado como cualquier otro. La única cifra encima de la mesa es la de caja, y la caja de un sábado depende del tiempo que hizo.
3 cámaras en 2 sectores
Así se le pide
«Compárame la gente que pasó por el atrio el sábado del evento con la del sábado anterior, a la misma hora.»
Sin un número, la discusión la gana quien habla más fuerte. La promoción que funcionó se repite por casualidad, y la que no funcionó también, porque nadie puede enseñar la diferencia. El presupuesto del año siguiente se reparte igual que el del anterior, no porque sea lo mejor, sino porque no hay con qué discutirlo. Y las marcas que pagaron por estar en ese atrio piden un informe que se acaba escribiendo con adjetivos.
Se decide una vez
Una sola vez se monta y no se vuelve a tocar. Dibujas sobre la imagen por dónde se cuenta —la boca del atrio, el tramo de acera frente a la vitrina, la ciclovía— y dices cada cuánto quieres el número: por hora, por día, por sábado. A partir de ahí siempre es la misma línea y el mismo criterio, el día del evento y el sábado anterior. Y por eso los dos números se pueden restar: no los contó otra persona con otras ganas.
Una promoción se paga en enero y se juzga en marzo. Tarima, pantalla, equipo de animación y permisos salen del presupuesto antes; la pregunta de si valió la pena llega cuando ya nadie recuerda cómo estaba el atrio a las cinco de la tarde. Y no es solo cosa de centros comerciales: una campaña para que la gente use casco en la ciclovía tiene el mismo problema —sabes lo que costaron los carteles, no sabes cuánta gente pasaba sin casco antes de ponerlos—.
Información no falta: está grabada y no la contó nadie. Las cámaras del atrio, de la vitrina y del bulevar llevan meses viendo pasar a todo el mundo. Contar eso a mano no se puede, así que se contaba una tarde suelta con una persona y una hoja, y esa tarde suelta terminaba siendo el dato del año.
Desde el mismo sitio y todos los días, en cambio, IRIS sí cuenta. Trazas la línea y a partir de ahí hay un número por hora: gente que cruzó el atrio, gente que pasó frente a la vitrina, gente que se paró a mirarla. Llega el sábado del evento y no hay nada que preparar, porque el sábado anterior ya está contado y el de hace un año también. Se acabó valorar por sensaciones: se valora restando dos números medidos igual.
Queda un número más, el que de verdad discute una promoción de vitrina: cuánta gente pasa por delante y cuánta se detiene. Mil ochocientas por la acera con doscientas paradas ante el vidrio no es la misma tienda que mil ochocientas con cincuenta. La vitrina se cambia cada tres semanas y hasta ahora se cambiaba por gusto, porque nadie sabía cuál había funcionado; ahora se compara la semana de la vitrina nueva con la anterior, a la misma hora, y el número dice si aquello paró a alguien o solo estaba bonito.
Qué cambia
Ahora se abre la comparación del sábado con el sábado anterior a la misma hora y se ve dónde se movió la gente y a qué hora dejó de moverse. Antes, el informe del evento se escribía de memoria, con la cifra de caja al lado y una foto del atrio lleno. La conversación pasa de «creo que fue bien» a «a las seis se dobló el paso por el atrio y en el piso alto no se notó nada».
Dónde lo hemos visto

CAM-41Bulevar: carros, bicis y peatones
«Cuéntame también cuánta gente pasa en bici o en scooter sin casco, para saber si hace falta una campaña de seguridad.»

CAM-537Antes, durante y después: qué trajo la campaña de verdad
«Compárame la gente que pasó por el atrio el sábado del evento con la del sábado anterior, a la misma hora.»

CAM-538Mil ochocientos pasan por delante y doscientos se detienen
«Dime cada día cuánta gente pasó por delante de la vidriera y cuánta se paró a mirarla.»
Lo que no hace
No cuenta lo que no cruza la línea. Si alguien entra por el estacionamiento y sube directo al piso alto, no pasó por el atrio y para ese número no existe. Por eso las líneas se ponen donde de verdad se decide el paso, y por eso un número de atrio no se puede presentar como el número de visitantes del centro entero.
IRIS cuenta personas. No sabe quiénes son, no reconoce rostros y no distingue a un cliente de otro. Tampoco sabe si alguien compró: eso lo dice tu caja, no la cámara.
Y un número solo vale si el otro se contó igual. Si mueves la cámara, cambias el encuadre o trazas la línea en otro sitio, la comparación se rompe. Comparar sábados exige que la línea no se toque.
Preguntas
- ¿Cómo sé que la subida fue por la promoción y no por el tiempo que hizo?
- Con la cámara sola no lo sabes, y conviene decirlo: lo que da la cámara es el número, no la causa. Lo que sí puedes es comparar el mismo día de la semana, a la misma hora, con la misma línea, y mirar varias semanas seguidas en lugar de una. Si el sábado del evento sube el paso por el atrio y no sube la entrada del estacionamiento, algo te está diciendo. El dato limpio es de IRIS; la explicación es tuya.
- ¿Puedo comparar con un sábado de hace un año?
- Puedes, con una condición: que aquel sábado ya estuviera contado con esta misma línea. El conteo no se enciende el día del evento, corre todos los días, así que cuando quieres comparar el histórico ya existe. Por eso lo primero que se pone a andar en un eje comercial es el conteo, aunque no haya ninguna promoción a la vista: el valor no aparece el primer día, aparece el día que tienes con qué comparar.
- ¿Sirve para contar bicis y scooters, no solo personas?
- Sirve. La misma línea puede contar carros, autobuses, bicis, scooters y peatones por separado, cada uno con su número y su franja horaria. Es lo que permite valorar una campaña de seguridad en una ciclovía: cuánta gente pasaba en bici antes y cuánta pasa ahora, y a qué horas. Una ciclovía que se llena a las ocho de la mañana y se vacía a las once no se arregla igual que una que solo se llena el domingo.
- ¿Hacen falta cámaras nuevas para contar?
- Casi nunca. Con que la cámara ya vea el paso completo y dé una imagen estable, alcanza para contar. Lo que se revisa no es la marca ni los años, es el encuadre: una cámara puesta para vigilar una puerta de noche puede no servir para contar un pasillo de día. A veces hay que girarla o subirla un poco, y desde ahí cuenta todos los días sin que nadie la vuelva a tocar.
Demostración · IRIS trabajando
No te lo contamos. Te lo enseñamos.
Va sola, paso por paso, y enseña un solo camino: el de un caso. Es un resumen de la pantalla real, y la herramienta de verdad tiene bastantes más funciones de las que caben aquí.
- Salta el aviso
- Entra a la bandeja
- Abres el aviso
- Confirmas o descartas
¿No ves lo tuyo aquí?
Se queda corta a propósito, esta lista: son las palabras que tenemos armadas, no las que IRIS entiende. Como se le pide con una frase, y las frases no se acaban, lo mejor es que nos cuentes qué tienes delante de tus cámaras: te decimos si lo entiende, o si todavía no.
Y lo mejor
Puedes poner más cámaras;no puedes poner más horas en el día de nadie.
Lo único que hace mejor que ninguna máquina —decidir qué se hace— se lo deja a una persona; todo lo que entra lo mira IRIS. Las cámaras se pueden multiplicar; las horas de alguien, no.
Explícanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día laborable. Escribe a cualquier hora: se responde en horario de España.