Finanzas y jurídico
Pagar por no poder demostrarlo
La escena
Una tarima rota en una foto, un correo con tres reenvíos y carga que llegó dañada: eso es lo que hay sobre el escritorio el jueves por la tarde. La responsable de operaciones estaba en la rampa aquella mañana y se acuerda perfectamente de que esa tarima salió entera, la vio cargar. La otra parte dice lo contrario y manda su propia foto. Ella tiene razón, y no tiene cómo enseñarla.
Dónde se rompe
El video de aquel día existe. Está en algún lado, entre las cámaras de la rampa, las del patio y la de la salida, en alguna de las horas de aquella mañana. Nadie se acuerda del minuto exacto, y el equipo que tendría que buscarlo es el mismo que hoy está cargando camiones. Mientras tanto la grabación se borra sola: la retención sigue corriendo aunque la discusión no avance.
Lo que pasa
La discusión se alarga: un correo, una llamada, una reunión, otro correo. Cuando por fin alguien se sienta a buscar el video, la fecha ya salió del periodo de retención. Y la responsable firma el pago. No porque el reclamo fuera cierto, sino porque encontrar el momento salía más caro que aceptarlo.
Con IRIS
Lo que IRIS guarda de esa rampa no es solo el video: es lo que entendió adentro. Qué camión, qué rampa, qué se cargó y a qué hora. Cuando llega el reclamo, la responsable escribe la placa y el día, y tiene el momento delante la misma tarde en que abre el correo. Con el momento ubicado, apartar ese video antes de que venza la retención es un clic. Qué contesta y qué negocia lo sigue decidiendo ella; la diferencia es que ahora responde con lo que pasó y no con lo que recuerda.
Tener razón y no poder enseñarla sale igual de caro que no tenerla.