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Soluciones por tipoAnálisis de movilidad

¿A qué velocidad se pasa de verdad por aquí?

Aquí se corre y no lo mide nadie

8:52 a. m. en la calle de la escuela, dentro de la zona escolar de veinticinco millas por hora. Una camioneta cruza el paso peatonal tan rápido que sale movida en la propia imagen. Junto al cruce, una mamá acaba de frenar con el brazo a tres niños que ya tenían un pie en la calle. No hay golpe, no hay reporte, no hay llamada. En veinte minutos la calle va a estar vacía y nadie va a poder decir a cuánto pasó aquella camioneta.

3 cámaras en 3 sectores

Así se le pide

«Mídeme a cuánto se pasa enfrente de la puerta, hora por hora, y suéname cuando alguien vaya muy por encima de lo que fijamos para esta calle.»

Esa calle lleva dos años en las quejas de las familias y en la junta del gobierno local. Lo que no hay es un número. Y sin número la respuesta es siempre la misma: alguien se para ahí dos mañanas, mientras está no pasa nada, y en cuanto se va todo vuelve a ser igual. El día que hay un atropello llegan a la vez el seguro, la nota en el periódico local y la pregunta de por qué no se hizo nada antes.

Se decide una vez

Una sola vez, y son cuatro cosas: el tramo trazado sobre la imagen, la velocidad de esa calle, las horas en que importa y quién recibe el aviso. Entre las ocho y las nueve, si alguien pasa muy por encima, suena en el celular de quien está de guardia en el gobierno local, con la cámara y la hora. De ahí en adelante corre todos los días de clase y en cada cámara que mire ese tramo. Y de los demás vehículos guarda el número, que es lo que a la larga cambia la calle.

La velocidad es el único riesgo de tránsito que todo el mundo nota y que casi nadie mide. En una calle se sabe que se corre porque los vecinos lo dicen, porque los carros suenan distinto y porque los papás se paran enfrente del cruce con el brazo estirado. Pero cuando hay que decidir si se pone un reductor de velocidad, si se estrecha el carril o si se cambia la hora en que alguien está ahí, no hay nada escrito. Y lo que no se mide se discute para siempre.

No pasa nada más en la puerta de una escuela. En la rampa de un estacionamiento, un carro que sube por el carril de bajada es peligroso por ir donde no toca y por ir rápido: en una curva ciega entre dos niveles, esas dos cosas juntas son un frontal. Y en una autopista al anochecer, con el pavimento mojado y los faros reflejados, la velocidad segura no es la del letrero; es bastante menos, y quien pasa por ahí no lo sabe hasta que frena.

IRIS mide sobre la imagen de la cámara que ya está puesta. Da la velocidad aproximada de lo que cruza el tramo que marcaste, la guarda por horas y por días, y avisa cuando alguien va muy por encima de lo que fijaste. Sirven las dos cosas: el aviso, para quien pasa a cuarenta y cinco millas por hora enfrente de la puerta, y el número, para la junta en la que hay que decidir qué se hace con esa calle. Una tiene efecto hoy. El otro cambia la calle.

Qué cambia

Ahora la cámara que ya está puesta te da la curva de un mes entero, hora por hora, y el aviso llega mientras alguien está pasando muy por encima. Antes, para saber si en una calle se corría había que pedir un conteo: alguien venía dos días con una manguera cruzada sobre el pavimento y tres semanas después llegaba un reporte con el promedio de aquellas cuarenta y ocho horas. Ese promedio ya no decía nada de la mañana del martes.

Dónde lo vimos

  • Una rampa curva entre dos niveles del estacionamiento. La flecha pintada en el piso baja; un carro rojo sube por ese mismo carril con las luces prendidas y a bastante velocidad, tanta que la imagen lo agarra movido. Del otro lado del separador de concreto, otro carro baja por donde le toca y va frenando. IRIS compara el sentido de la marcha con el del carril y cronometra el paso entre dos rayas trazadas sobre el pavimento.

    CAM-469Un carro sube la rampa contra la flecha del piso

    «Avísame cuando un carro suba por la rampa de bajada o pase por encima de la velocidad que pusimos.»

    Ver esta cámaraLos estacionamientos

  • Cae la tarde y llueve con fuerza. El pavimento mojado devuelve los faros de los carros que se acercan y el final del tramo apenas se distingue.

    CAM-67Aguacero al anochecer y el pavimento espejeando

    «Avísame cuando el tramo esté mojado y se vea mal, para bajar la velocidad antes de que alguien se lleve un susto.»

    Ver esta cámaraLa carretera

  • La calle de la puerta a la hora de entrada, dentro de la zona escolar de veinticinco millas por hora. Una camioneta cruza el cruce peatonal tan rápido que sale movida en la propia imagen. A un lado del cruce, una persona adulta acaba de frenar con el brazo a tres niños que ya habían puesto el pie en la calle; en las dos aceras esperan más, con mochila. IRIS ve un vehículo, por dónde pasa y a qué velocidad va por ese tramo. No lee la placa, no sabe de quién es el carro y no identifica a quien maneja.

    CAM-141Carros que corren en la zona escolar de veinticinco millas

    «Dime a qué velocidad se pasa enfrente de la puerta y a qué horas, y avísame cuando alguien pase muy por encima de lo que fijamos para esta calle.»

    Ver esta cámaraLa escuela

Lo que no hace

Esto no es un radar homologado y su número no sirve para sancionar a nadie. Es una velocidad aproximada, sacada de la imagen, y su valor está en comparar: esta hora contra la otra, este martes contra el anterior, este mes contra el pasado, siempre en el mismo tramo.

De quien va al volante no sabe nada, porque no reconoce rostros. Y la placa se lee cuando se ve: de noche, con lluvia o de espaldas, muchas veces no.

Preguntas

¿Sirve para poner multas?
No. IRIS no es un radar homologado y su medida no tiene valor para sancionar. Lo que hace es otra cosa: te dice a qué velocidad se pasa por un sitio, hora por hora y día por día, y te avisa cuando alguien va muy por encima de lo que fijaste. Eso sirve para ordenar la calle, para decidir dónde poner un reductor de velocidad, para sostener una petición y para mandar a alguien mientras está pasando. Si el gobierno local quiere sancionar, tiene que hacerlo con un equipo homologado; IRIS le dice dónde y a qué hora ponerlo.
¿Hace falta una cámara especial?
Sirve la que ya mira ese tramo, si el pavimento se ve con claridad y los vehículos no se tapan entre ellos. El único paso extra es darle una referencia real: cuánto mide el ancho del cruce peatonal, cuánto hay entre dos postes de alumbrado, cuánto mide una raya pintada. Con dos puntos de la imagen y su distancia de verdad ya sale la velocidad. Una cámara muy alta, muy lejos o de frente al tráfico da un número más grueso, y eso se nota: por eso se comprueba antes y no después.
¿Puede avisar solo cuando alguien va muy rápido?
Sí, y es lo que conviene. Un aviso por cada carro que va un poco por encima se deja de leer en dos días. Lo que funciona es poner el umbral alto —el que de verdad asusta en esa calle— y dejarlo sonar nada más en las horas que importan: la entrada y la salida. Los demás vehículos no generan aviso, pero todos entran en el conteo, y al cerrar el mes la curva te dice si el problema son cuatro carros o son doscientos. Esa es la diferencia entre atender una mañana y arreglar una calle.
¿Mide igual de noche o con lluvia?
Sigue midiendo mientras la cámara vea el tramo, y el número se pone más grueso; conviene saberlo. Con el pavimento mojado y los faros reflejados hay vehículos que se ven peor y otros que se tapan entre ellos. La forma honesta de usarlo ahí es como tendencia y no como dato fino, que además es para lo que sirve: enseñar que a las siete de la tarde de un día de lluvia se pasa más rápido de lo que cree la gente. Con eso se baja la velocidad del tramo antes de que alguien se lleve un susto.

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