Soluciones por tipoAnálisis de movilidad
¿Cuándo deja de ser mucha gente y empieza a ser un problema?
Cuando ya no cabe nadie, llegas tarde
Ocho y veinticinco, media hora antes de abrir las puertas de grada. La gente que hasta hace tres minutos estaba repartida por la explanada convergió en un bloque compacto que se estrecha hacia el hueco de la puerta. A veinte pasos todavía se camina bien. Enfrente, ya no. Nadie hizo nada raro: llegaron todos a la vez, y el sitio por donde tienen que pasar es el mismo de siempre.
5 cámaras en 5 sectores
Así se le pide
«Avísame cuando enfrente de una puerta haya más de cuarenta personas por cada cien pies cuadrados y el grupo lleve dos minutos sin avanzar.»
Contar entradas dice cuánta gente hay dentro, y no dice dónde está. Puede sobrar espacio en el recinto y haber un tapón peligroso enfrente de una puerta. Cuando el problema se ve desde el centro de control ya no queda maniobra: no se puede abrir un acceso nuevo ni desviar a nadie, porque para moverse hace falta espacio y ya no lo hay. Lo que queda son empujones, gente que se cae y un reporte que explicar.
Se decide una vez
Esto se decide una vez, y lo decide quien firma el plan de emergencia. Qué zonas se miden, qué densidad es el aviso y cuál es la alarma, cuánto tiempo sin avanzar cuenta y a quién se llama en cada nivel. Después corre en todos los conciertos, en todas las ferias y en todas las cámaras que miren esa explanada, sin que nadie tenga que acordarse del número.
Juzgar esto a ojo no se puede, y ahí empieza todo. Una explanada con doscientas personas puede estar tranquila o a punto de tener un problema, y la diferencia no está en cuántas hay: está en cuántas caben donde están y en si el grupo se mueve o se quedó quieto. Un andén lleno de pared a pared con la gente avanzando hacia la salida es una tarde normal. El mismo andén, con la misma gente, y la fila de la escalera parada, es otra cosa completamente distinta.
Por eso aquí se miden dos cosas a la vez: cuánta gente hay por superficie y si esa superficie se mueve. La primera sola engaña. La segunda sola no dice nada. Juntas dan el aviso que sirve, y sobre todo lo dan pronto: no cuando ya no cabe nadie, sino mientras se está llenando, que es el único momento en que todavía se puede hacer algo. Abrir la segunda puerta, retener en la escalera, mandar a dos personas a la boca del pasillo.
Y aquí nadie está haciendo nada malo. Esa es la parte que más cuesta explicar y la que más importa: la cámara no está buscando a nadie. No identifica, no reconoce rostros y no lleva cuenta de quién es quién. Lo que ve es una superficie, cuánta parte está ocupada y cómo cambia eso de un minuto al siguiente. El resultado es un número, y un número no tiene nombres.
Qué cambia
Antes, abrir otra puerta se decidía mirando una pantalla y diciendo «eso está feo». Se acertaba muchas veces y se llegaba tarde otras tantas, y explicarlo después era imposible. Ahora hay un umbral escrito, un aviso cuando se cruza y el video del minuto en que se cruzó. La decisión sigue siendo de una persona, y deja de ser una corazonada.
Dónde lo vimos

CAM-483Más gente por cada cien pies cuadrados, y ya no avanza
«Avísame cuando enfrente de una puerta haya más de cuarenta personas por cada cien pies cuadrados y el grupo lleve dos minutos sin avanzar.»

CAM-22La acera de la salida a la una de la madrugada
«Avísame si de madrugada se junta gente en la acera por encima del umbral y dime cómo está el contenedor.»

CAM-103Un grupo se cierra en medio del patio
«Dime cuándo la gente del patio deja de estar repartida y se junta toda en un punto, porque un grupo cerrado tapa lo que hay adentro y desde la torreta no se ve.»

CAM-71La sala de ventas no admite a nadie más
«Avísame cuando la sala se llene tanto que la gente no pueda pasar entre los racks, y dímelo mientras se está llenando, no cuando ya no quepa nadie.»

CAM-83El andén, de pared a pared
«Avísame cuando un andén se llene tanto que la gente ya no pueda hacerse a un lado del borde.»
Lo que no hace
Quien manda parar, abrir o desalojar es la persona responsable; aquí no se decide nada, solo se avisa de que una zona se está cerrando.
Y el número tiene su letra chica. En una multitud no se cuentan cabezas una por una: lo que se calcula es cuánta superficie está ocupada y cómo cambia, o sea una densidad y no un censo. Si la cámara está muy alta o muy inclinada, esa densidad pierde precisión, y por eso se revisa antes de fijar cualquier umbral.
Preguntas
- ¿Cuenta exactamente cuántas personas hay?
- No, y es importante entenderlo antes de fijar un umbral. En una multitud compacta las personas se tapan unas a otras, y ningún sistema honesto puede afirmar que hay cuatrocientas doce y no trescientas noventa y siete. Lo que se mide es la densidad: cuánta parte de esa superficie está ocupada y cómo cambia de un minuto al siguiente. Para decidir si hay que abrir otra puerta, eso es exactamente lo que hace falta. Si lo que necesitas es una cifra exacta, eso se hace contando entradas en una línea, que es otra cámara y otra forma de pedirlo.
- ¿Por qué avisar antes de que esté lleno?
- El margen desaparece exactamente cuando el sitio se llena, porque desviar gente exige espacio y el espacio es lo primero que falta. De ahí que la regla vaya en dos partes. Un grupo apretado que avanza se deshace solo y no hay nada que hacer. Un grupo apretado que lleva dos minutos sin moverse es el que termina mal. Ese es el punto en que conviene el aviso: todavía se puede abrir un acceso o retener en la escalera.
- ¿Identifica a alguien de la multitud?
- No. No reconoce rostros, no identifica personas y no sigue a nadie por el recinto. En esta cámara ni falta que hace: lo que mira es una superficie y cuánta está ocupada. El resultado es un número por zona, y un número no tiene nombres. Si alguien pregunta qué se guarda, la respuesta es la de siempre: el video que ya se estaba grabando y el registro de cuándo se cruzó el umbral. Nada más, y nada de quién estaba ahí.
- ¿Sirve para el plan de emergencia?
- Ahí es donde más se usa. Un plan fija límites y niveles de actuación, y hasta ahora comprobar si se cumplían dependía de que alguien estuviera mirando la pantalla correcta. Con los umbrales escritos, cada vez que se cruza uno queda la hora, la zona y el video, así que después se puede demostrar qué se sabía y cuándo se supo. Quien decide sigue siendo el responsable del plan: IRIS le da el aviso a tiempo y la prueba de que lo tuvo.
Todas las simulaciones
Algo se derramó
Avísame si hay líquido o espuma fuera de su sitio y a los dos minutos sigue ahí.
- La frase
- Dónde vale
- Lo que encuentra
- La misma regla
¿No ves lo tuyo aquí?
Lo que hay aquí son las palabras que tenemos montadas, no las que IRIS entiende. Y la lista se queda corta a propósito, porque se le pide con una frase y las frases no se acaban. Cuéntanos qué tienes enfrente de tus cámaras y te decimos si lo entiende, o si todavía no.
Y lo mejor
Lo que pasa fuera del encuadreno existe para IRIS. Ninguna cámara ve el mundo entero.
Así que lo primero es dejar por escrito qué cubre cada cámara: desde aquí se entiende esto, y esto otro no. Es una tarde aburrida que después evita muchísimas discusiones.
Cuéntanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Contestamos el mismo día hábil.