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¿Y si lo que se está cargando no es lo que tocaba?

La parihuela que sube al camión no es la de esa ruta

Las 09:15 en el muelle 3. El camión está abierto y un operario empuja adentro una parihuela de cajas de cartón. Sobre el muelle esperan las parihuelas de esa ruta: una azul, otra con film, otra con etiqueta naranja. La que acaba de entrar no es ninguna de esas: estaba en el espacio de al lado, que es el del muelle 4. Nadie hizo nada raro. En cuarenta minutos el camión sale a la autopista con el error adentro.

8 cámaras en 5 sectores

Así se le pide

««Avíseme si entra al camión una parihuela cuya etiqueta no está en la orden de carga de ese muelle.»»

El error aparece al final, que es donde más caro sale. Lo descubre el cliente que abre el camión a doscientos kilómetros, o el que no recibe lo suyo y llama. Entonces hay que traerlo de vuelta, mandar el correcto, discutir de quién fue la culpa y quién paga el flete. En una cementera es peor todavía: la cisterna que cargó bajo el silo que no tocaba lleva adentro un producto que ya no se puede separar, y ese silo entero queda comprometido.

Se decide una vez

La orden de carga la escribe la empresa, no la cámara. Ella decide qué debe salir por cada muelle, qué ruta lleva cada carro, qué silo corresponde a cada viaje y qué caja de chatarra entra en cada receta. IRIS no inventa nada de eso: compara lo que ve con lo que la empresa ya decidió y avisa cuando no cuadra. Y lo hace antes de que arranque el camión, que es la única ventana en la que el error todavía sale gratis.

Hay un tipo de falla que no aparece en ninguna estadística de seguridad, porque no deja ni un herido ni un faltante. Todo funciona: la gente trabaja bien, las máquinas andan, nadie se salta nada. Simplemente, la cosa correcta termina en el sitio equivocado. Una parihuela que sube al camión de al lado. Un camión de acarreo cargado de mineral bueno que toma el desvío del botadero de desmonte. Una cisterna colocada bajo el silo gris cuando su viaje era del blanco.

Lo que tienen en común es el momento en que se descubre. Nunca es ahora: es al final de la guardia, o al día siguiente, o cuando llama el cliente. Y mientras más tarde se descubre, más cuesta deshacerlo. Una parihuela mal cargada que se detecta en el muelle son treinta segundos de montacargas. Esa misma parihuela detectada en destino es un camión de vuelta, un cliente molesto y una discusión sobre quién paga el flete. Y hay errores que ya no se deshacen: el mineral que entró al botadero no vuelve, y el bidón conectado a la línea que no era ya empezó a dosificar.

IRIS mira el momento de antes. Ve la etiqueta de la parihuela que entra al camión, ve por qué puerta sale el carro, ve bajo qué manga se paró la cisterna, y lo compara con lo que la empresa ya había dicho que tenía que pasar ahí. Si no cuadra, lo dice mientras el camión sigue con las puertas abiertas. No detiene nada por su cuenta, no baja la tranquera y no acusa a nadie: se lo dice al que está en el muelle, con la imagen, y quien decide es él.

Qué cambia

El control estaba al final: alguien repasaba la guía de remisión, contaba bultos y firmaba. Y funcionaba, salvo los días de apuro, que son justamente los días en que se cometen los errores. Ahora la comprobación ocurre mientras se carga y le avisa a quien está ahí, con la imagen de la parihuela que acaba de entrar. Lo que antes se arreglaba con un flete de vuelta hoy se arregla con un montacargas y treinta segundos.

Dónde lo hemos visto

  • Seis y cuarenta y cinco de la tarde, con el turno cambiando. En la fila de baterías de la zona de carga, una empezó a soltar una columna de humo blanco que sube hasta el techo. Dos operarios que estaban al costado se apartan caminando hacia el pasillo. Otros tres, más lejos, voltean y salen. A pocos metros hay parihuelas de cartón apiladas y un montacargas estacionado junto al rack. El portón del muelle de la izquierda está abierto y entra corriente de aire. IRIS ve el humo desde el primer segundo.

    CAM-276Sale humo de una batería en la zona de carga

    «Avíseme apenas vea humo en la zona de carga de baterías, aunque no haya saltado ningún detector.»

    Ver esta cámaraLa industria

  • La orden dice cemento blanco y la cisterna quedó bajo el silo gris. Media mañana en el despacho de la cementera: el semáforo de la vía del blanco sigue en rojo y la manga que cuelga encima del camión es la del otro silo. Tres personas con chaleco reflectivo trabajan alrededor —una guía la maniobra con el brazo levantado, otra anota desde la garita— y ninguna está mirando el número del silo. IRIS sí: ve bajo cuál se colocó la cisterna, a qué manga se conectó, y lo cruza con la orden de carga.

    CAM-385Una cisterna cargando bajo el silo que no toca

    «Avíseme cuando una cisterna se conecte a un silo que no es el de su orden de carga, antes de que arranque.»

    Ver esta cámaraLa industria

  • La columna de humo gris sube por la pared hasta la rejilla de ventilación, y abajo hay una llama pequeña al pie de la carrocería. Noche cerrada en el nivel de recarga: un carro blanco está estacionado en un espacio pintado de azul, con el conector puesto y el cable hacia el punto de recarga de la pared. A la izquierda, detrás de la columna, hay otro carro. IRIS ve el humo desde el primer momento; con cámara termográfica lee además el calor antes de que haya llama.

    CAM-473Humo y llama al pie de un carro enchufado al cargador

    «Avíseme apenas vea humo o llama en la zona de recarga, aunque no haya sonado ninguna alarma.»

    Ver esta cámaraLos estacionamientos

  • Media mañana en la sala de dosificación. En la hilera hay bidones de ácido sulfúrico, uno de hipoclorito de sodio y tres contenedores grandes. El del centro está conectado a la línea y suelta un chorro verde que ya formó un charco en el piso. Encima lleva la marca roja de que ese no va ahí. IRIS compara el envase conectado con el que le corresponde a esa línea. Qué hay adentro lo dicen la etiqueta y la guía de remisión, no la cámara.

    CAM-405El bidón conectado no es el que tocaba

    «Avíseme si se conecta a la línea un envase que no es el de esa línea, o si hay líquido en el piso de la sala.»

    Ver esta cámaraLa industria

  • En este patio todo el orden está en las cajas: perfiles y tubos oxidados en una, rollos de alambre en otra, chatarra ligera brillante al costado, pacas de latas al fondo. Once de la mañana, y la canasta de carga tiene material de cuatro cajas a la vez: vigas oxidadas, tubos, recortes galvanizados y perfiles claros. El cargador frontal viene con otro cazo mezclado. Dos operarios miran desde el piso. IRIS reconoce el aspecto del material y de qué caja lo sacaron; lo que hay adentro del metal lo dirá el análisis de colada.

    CAM-363La canasta va cargada con material de cuatro cajas distintas

    «Avíseme si a la canasta entra material de una caja que no toca para esta receta, y dígame de qué caja salió.»

    Ver esta cámaraLa industria

  • Nueve y cuarto de la mañana. Un camión con las puertas abiertas y un operario adentro, empujando una parihuela de cajas de cartón marrón. Sobre el muelle esperan las parihuelas de esa ruta: una azul, otra verde y dos más. Un compañero mira la terminal de mano, de espaldas al camión, y un montacargas llega por la derecha. Nadie va a notar nada: la parihuela que está entrando no es de esa ruta. IRIS lee la etiqueta que cruza la puerta del remolque y la compara con la orden de carga de ese muelle.

    CAM-265La parihuela que sube al camión no es la de esa ruta

    «Avíseme si entra al camión una parihuela cuya etiqueta no está en la orden de carga de ese muelle.»

    Ver esta cámaraLa industria

Lo que no hace

IRIS no detiene el camión, no baja la tranquera y no bloquea la manga de carga. Avisa, y decide una persona. Tampoco adivina lo que hay dentro de una caja: ve la etiqueta, el color, la forma y el lugar, y con eso compara. Si dos parihuelas son idénticas por fuera y solo se distinguen por el lote que llevan adentro, la cámara no las separa, y hay que decirlo. Y si la orden de carga no está escrita en ninguna parte, no hay con qué comparar: esto empieza por ahí.

Preguntas

¿Necesita conectarse a nuestro sistema de almacén?
Para comparar con la orden de carga, sí: alguien tiene que decirle qué tenía que salir por ese muelle. Esa información ya existe en la empresa, y lo que se hace es dejar que IRIS la lea. Sin eso, IRIS igual sirve para lo que no depende de ningún sistema: avisar de que sale una parihuela por una puerta cuando no hay carga prevista, o de que un carro cargado se fue por un pasillo que no es su ruta. Con conexión, se compara bulto a bulto. Sin ella, se comparan horarios, puertas y rutas.
¿Lee las etiquetas de las parihuelas?
Lee lo que se ve desde la cámara, y eso depende de cómo esté puesta la etiqueta. Un código grande, plano y de frente se lee bien; una etiqueta arrugada, tapada por el film o mirando a la pared no se lee, y entonces IRIS lo dice en lugar de inventárselo. En muchos muelles el problema se resuelve con una cámara mejor ubicada, y en otros con la costumbre de dejar la etiqueta hacia el pasillo. Es un detalle de instalación, y conviene mirarlo antes en vez de descubrirlo después.
¿Puede detener la carga automáticamente?
Se puede conectar, y de fábrica no viene conectado. Lo que hace IRIS por defecto es avisar a quien está en el muelle y mostrarle la imagen. Detener una carga, bajar una tranquera o bloquear una manga tienen consecuencias operativas y de seguridad, así que esa decisión es de la organización y no nuestra. Hay puntos donde sí conviene amarrarlo a un semáforo o a un enclavamiento —la manga de un silo es el caso típico— y hay otros donde lo sano es que suene el aviso y que una persona mire antes de parar una operación entera.
¿Sirve en una mina o en un patio de chatarra?
Sí, y es el mismo problema con otra ropa. En una mina, el camión de acarreo que toma el desvío del botadero va cargado de mineral bueno, y eso es plata tirada sobre el desmonte. En el patio de chatarra, la canasta que se llena con material de una caja que no toca cambia la receta de la colada y sale un acero fuera de especificación. En los dos casos, IRIS ve dónde se cargó y por dónde se fue, lo compara con lo previsto y lo dice antes de que sea irreversible.

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La interfaz real, paso a paso

Una cámara mira. IRIS entiende lo que está viendo.

Un extracto de la pantalla real, sin locución y sin manos. Cada vuelta plantea otra situación. Lo que hay detrás es bastante más grande que lo que se ve.

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Ojo con la lista: son las palabras que tenemos armadas, no las que IRIS entiende. Se queda corta a propósito, porque a IRIS se le pide con una frase y las frases no se terminan nunca. Cuéntenos qué tiene delante de sus cámaras y le decimos si lo entiende, o si todavía no.

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Y lo mejor

Un recuerdo no se puede comprobar.Un número sí, y sale igual cada día.

El número no depende de quién estuviera de turno ni de cómo lo recuerde. Se mide igual cada día, y por eso el conteo de personas está homologado por el Centro Español de Metrología —el instituto nacional de metrología de España— vía NeuralPax.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Contestamos el mismo día hábil.