Soluciones por tipoIntegridad de las infraestructuras
¿Quién ve lo que pasa a treinta metros del piso?
Alguien en la plataforma de la torre, sin arnés
Diez y veinte de la mañana en un parque eólico del desierto del norte. La cámara mira la torre desde arriba y, en la plataforma exterior junto a la escalera, hay una persona parada sin arnés y sin nada que la sujete. Abajo, dentro del cerco, hay una camioneta estacionada, y para esa máquina no hay trabajo programado hoy. La cuadrilla más cercana está a cuarenta minutos de trocha.
1 cámaras en 1 sectores
Así se le pide
««Avíseme si hay alguien en la escalera o en la plataforma de una torre sin arnés, o si entra alguien al cerco de una torre que hoy no tiene trabajo programado.»»
Acá no hay un compañero al costado que diga «engánchate». No hay ingeniero residente, no hay capataz y no pasa nadie de casualidad: hay una persona, una torre y viento. Si se cae, lo primero que va a hacer falta es saber a qué hora fue y en qué máquina, y hoy eso se arma con el parte de trabajo y con lo que recuerde el primero que llegue. Y si el que subió no tenía que estar ahí, se descubre cuando ya bajó y ya se fue.
Se decide una vez
El parque decide qué es normal en cada torre y en cada día: qué máquinas tienen trabajo hoy, en qué franja, con qué cuadrilla, y qué se hace cuando aparece alguien en una que no lo tiene —llamar a la contrata, avisar al centro de control, mandar una camioneta—. También decide desde qué punto de la escalera la altura obliga a arnés. Se escribe una vez, con el programa de mantenimiento delante, y desde ahí IRIS lo aplica en las cincuenta torres a la vez, todos los días.
Un parque eólico es, sobre todo, un lugar sin nadie. Las máquinas trabajan solas, la visita llega cuando toca y entre una visita y la siguiente hay kilómetros de trocha y ni un alma. Todo lo que aquí se hace bien se hace porque quien lo hace es un profesional: nadie lo está mirando, y el que sube a la plataforma sabe perfectamente que arriba no hay red que lo detenga.
Hay dos cosas que preocupan en ese lugar y en el fondo son la misma con dos caras. Una es el técnico que sube sin engancharse, casi siempre por apuro y casi siempre porque «es un minuto». La otra es que aparezca alguien dentro del cerco de una torre que hoy no tiene trabajo. Desde la misma cámara las dos se ven idénticas: hay una persona donde hoy no tenía que haber ninguna, y no hay nadie cerca que pueda ir a preguntar.
IRIS mira la torre y dice lo que ve, sin adornarlo: hay una persona en la plataforma, se le aprecia arnés o no se le aprecia, y son las 10:20. No sabe quién es, no reconoce rostros y no lleva ficha de nadie, y para lo que hace falta acá tampoco le hace falta. El aviso llega al centro de control con la cámara y con el video, y lo que viene después lo decide una persona: una llamada a la contrata, una radio, o nada, porque a veces la explicación es que el arnés está enganchado por detrás y desde ese ángulo no se ve. Esa llamada de treinta segundos vale más que el video que se revisa después de la caída.
Qué cambia
Lo que pasaba en una torre se sabía por el parte que la contrata entregaba al final de la jornada, y lo que pasaba en un parque vacío no se sabía. El video existía, pero se abría cuando ya había una caída o un faltante, para reconstruir. Ahora el aviso entra mientras la persona sigue arriba, que es el único momento en que una llamada cambia el final. La vuelta en camioneta por las cincuenta torres se sigue haciendo igual; lo que ya no es, es la única vez al día que alguien las mira.
Lo que no hace
No hay identificación de ninguna clase. IRIS no reconoce rostros, no lleva lista de autorizados y no sabe si quien subió pertenece a la contrata: lo que sabe es que hay una persona arriba y que esa máquina hoy no figuraba en el programa. El arnés tampoco se garantiza siempre. De espaldas, a contraluz o con el equipo debajo del mameluco, la imagen no alcanza, y entonces el aviso sale como duda y no como hecho. Y ninguna caída se evita desde una cámara: lo que se acorta es el rato que pasa hasta que alguien levanta la radio.
Preguntas
- ¿De verdad se ve un arnés desde una cámara?
- A veces sí y a veces no, y hay que decirlo tal cual. Un arnés con línea de vida y mosquetón se distingue bien con la persona de frente, con luz y a una distancia razonable. De espaldas, a contraluz o con una casaca encima, la imagen no alcanza para afirmar nada. Cuando no está claro, IRIS lo dice como duda: hay alguien en la plataforma y no se le aprecia arnés. Esa diferencia no es un detalle, porque lo que llega al centro de control es una llamada para confirmar y no una acusación.
- ¿Hace falta una cámara por torre?
- Para ver la plataforma, sí: cada torre es un punto y una cámara cubre una torre. Lo que no hace falta es cubrirlas todas desde el primer día. Lo razonable es empezar por las máquinas donde más se sube —las que más avisos de mantenimiento generan— y por las que están más lejos de todo, que son las que peor se atienden cuando pasa algo. Y hay cosas que se resuelven sin subir la cámara a la torre: la entrada al cerco y el camino se ven desde abajo, y ahí está buena parte de los avisos.
- ¿Sirve también cuando falta cobre?
- Sí, y en varios parques es lo que termina pagando la instalación. La regla es la misma frase leída al revés: avíseme si entra alguien al cerco de una torre que hoy no tiene trabajo programado. No importa a qué haya venido, y IRIS no lo sabe: lo que dice es que hay una persona donde hoy no tocaba, con la hora y con la máquina. Averiguar quién es y por qué está ahí es trabajo de una persona, con una llamada o con una camioneta. IRIS no acusa a nadie ni llama a nadie de ninguna manera.
- ¿Y si el parque no tiene cobertura?
- IRIS puede trabajar dentro del propio parque, sin depender de internet. El aviso se genera y el video se guarda en la instalación, y si el enlace con el centro de control se cayó, todo eso llega apenas vuelva, con la hora real en que ocurrió. Lo que no se puede prometer es que un aviso llegue a un celular si no hay red por donde llegar: eso depende de las comunicaciones del parque y no de nosotros. Conviene revisarlo al principio, con el mapa de cobertura sobre la mesa.
Demostración · IRIS andando
Cada vuelta, un caso nuevo. Siempre la misma pantalla.
Corre sola y muestra un caso de principio a fin. Es un resumen: la pantalla real tiene muchas más funciones de las que entran en este recuadro.
- Las cámaras, sobre el mapa
- Se dibuja una zona
- Sale qué pasó por ahí
¿No ve lo suyo acá?
Ojo con la lista: son las palabras que tenemos armadas, no las que IRIS entiende. Se queda corta a propósito, porque a IRIS se le pide con una frase y las frases no se terminan nunca. Cuéntenos qué tiene delante de sus cámaras y le decimos si lo entiende, o si todavía no.
Y lo mejor
No hace falta comprar cámaras:hace falta que las suyas entiendan lo que ven.
Sin obra, sin cambiar los soportes y sin tocar el cableado. Se conecta a lo que ya está puesto y funcionando: la instalación no cambia, cambia lo que entiende.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Contestamos el mismo día hábil.
