Soluciones por tipoEficiencia logística
¿Salió lo que decía la orden o faltan dos bultos?
La orden decía veinticuatro y cruzaron veintidós
Cinco y cuarto de la tarde en la puerta de carga de una empacadora. El furgón está cargado a medias y con la puerta abierta. En el piso, pegadas al camión, quedaron dos tarimas de cajas. Quien supervisa las mira con la tableta en la mano, cuenta con el dedo y arranca de nuevo. La orden dice veinticuatro bultos; por la puerta cruzaron veintidós. El furgón sale en diez minutos y todavía nadie sabe si faltan dos o si hay dos contados dos veces.
4 cámaras en 4 sectores
Así se le pide
«Cuente los bultos que cruzan la puerta de carga y dígame al cerrar si cuadran con la orden.»
Dos bultos de diferencia no cuestan dos bultos. O se detiene el furgón o sale con la duda encima, y las dos salen caras: se pierde la cita del puerto, o el reclamo llega abierto al destino. Después vienen las horas de alguien devolviendo video a ciegas, los correos con el cliente y una línea de inventario que nadie sabe cómo cerrar. Y al mes siguiente se repite igual, porque contar con el furgón esperando falla siempre en el mismo punto.
Se decide una vez
Esto se decide una sola vez y ahí queda. Por dónde pasa la línea de conteo. Qué cuenta como bulto: una tarima es uno, una caja suelta es uno. En qué momento se cierra el conteo. Y a quién le llega el aviso si no cuadra: al cerrar la puerta de carga, si el número no coincide con la orden, aviso al supervisor con el video de los últimos bultos. De ahí en adelante se aplica igual en todas las puertas y todos los días del año.
Contar bultos es la faena más vieja de una bodega y la que peor sale. Se cuenta con el dedo, con la tableta en la otra mano, con el chofer esperando y la puerta abierta. Y no falla por descuido: falla porque contar mientras se hace otra cosa no se puede. Por eso la diferencia aparece siempre al final, cuando ya no hay tiempo de arreglarla, y por eso toda bodega tiene una carpeta de casos que empieza con la palabra faltan.
Preguntar y contar no son lo mismo. Una alerta se pide hablando: avíseme si alguien entra al área de carga sin chaleco reflectivo. Un conteo no se pide así: una raya no se describe con una frase, hay que trazarla. Por eso el conteo se configura dibujando sobre la imagen de la cámara —aquí va la línea de la puerta, esto cuenta como un bulto, esto no—, y por eso el número se repite, se audita y se puede poner delante de un cliente. Hay una ventaja que aparece al mes: el criterio no depende de quién esté ese día. Es el mismo con el equipo de siempre, con el refuerzo de la temporada alta y con el turno de la madrugada. Y cuando algo no cuadra, la discusión deja de ser entre dos personas que lo recuerdan distinto y pasa a ser entre dos números que se pueden ver.
IRIS cuenta lo que cruza esa línea mientras la gente carga, sin que nadie suelte lo que está haciendo. Al cerrar la puerta el número está puesto: veintidós, con la hora de cada uno y el video del que se quiera revisar. Si la orden decía veinticuatro, el aviso entra antes de que el furgón arranque, que es cuando dos bultos todavía son dos bultos y no un reclamo. Qué hay adentro de las cajas IRIS no lo sabe, y no le hace falta: cuenta cuántas pasan.
Qué cambia
El conteo lo llevaba la misma persona que estaba cargando, y el resultado aparecía cuando el furgón ya iba camino al puerto. Ahora el número se arma solo mientras la tarima cruza, y ya está en la pantalla cuando se cierra la puerta. Quien supervisa deja de contar y pasa a revisar: abre los dos bultos que bailan, ve el video de esos dos y decide. La faena es la misma; lo que se acortó es de veinte minutos a uno.
Dónde lo hemos visto

CAM-593Veintidós minutos esperando la asistencia en el punto de encuentro
«Avíseme si alguien lleva más de veinte minutos en el punto de asistencia sin que llegue nadie del servicio.»

CAM-515Veintidós minutos en el vestíbulo sin tocar el cajero
«Avíseme si alguien se queda más de quince minutos en el vestíbulo de cajeros entre las diez de la noche y las siete de la mañana, y dígame cuántas personas hay adentro.»

CAM-556Entra material y el paso lleva seis minutos abierto
«Avíseme si el paso de la rampa lleva más de cinco minutos abierto durante una descarga, y dígame cuántos bultos entraron.»

CAM-266Cruzaron veintidós bultos y la orden dice veinticuatro
«Cuente los bultos que cruzan la puerta de esta rampa y dígame al cerrar si cuadran con la orden.»
Lo que no hace
IRIS no sabe qué hay adentro de una caja. Cuenta bultos, no contenido: si a una tarima le faltan tres unidades, para IRIS sigue siendo una tarima. El contenido lo lleva el sistema de la empresa, y lo que aporta la cámara es el video del minuto en que esa tarima cruzó la puerta.
Y cuenta lo que cruza la línea dibujada. Si un bulto sale por otra puerta, por ahí no queda contado. Por eso el conteo se arma puerta por puerta y con criterio fijo: mover la línea a mitad de mes es cambiar el número.
Preguntas
- ¿Es tan confiable como contar a mano?
- Es igual de bueno al principio y mucho mejor al final. Una persona cuenta bien los primeros diez bultos y peor los últimos cuarenta, porque está cargando al mismo tiempo. IRIS cuenta el número cien igual que el uno y deja el video de cada paso, así que revisar no es discutir de memoria: es abrir el segundo exacto y mirar. Donde hay que afinar es en los casos raros —dos bultos pegados, uno que se devuelve— y por eso el criterio se acuerda antes de arrancar.
- ¿El número sirve para una auditoría?
- Sirve, y sirve porque se midió dibujando y no opinando. La línea está fija sobre la imagen, el criterio de qué es un bulto quedó escrito, cada paso trae su hora y su video, y contando dos veces sale lo mismo. Eso es lo que pide una auditoría: no un número lindo, sino uno que se pueda reproducir. Y conviene decir hasta dónde llega: lo que se verificó con el instituto nacional de metrología de España —el de España, que no equivale a ninguna acreditación costarricense ni la sustituye— es el conteo de personas. El de bultos no entra en esa verificación; lo que comparte con ella es el método.
- ¿También cuenta personas y no solo bultos?
- Sí, con la misma mecánica. La línea que cuenta cajas cuenta personas cruzando una puerta, y la zona que mide una puerta de carga mide cuánta gente hay en un vestíbulo o cuánto lleva alguien esperando en un mostrador. IRIS no reconoce rostros y no sabe quién es nadie: cuenta cuántos y cuánto rato. Cuando ese número se sale de lo que alguien fijó, avisa; el resto del día es apenas una columna en la tabla.
- ¿Y si un bulto cruza dos veces la puerta?
- Lo sigue, no lo ve pasar y ya. Si una tarima sale, se devuelve y vuelve a salir, manda el criterio que se haya acordado: contar el neto —lo que salió menos lo que regresó— o contar cada cruce. Lo que importa es que se decide una vez, queda escrito y no cambia a mitad de mes. Un número vale si el criterio del lunes es el mismo del jueves, y esa es justo la parte que se pierde cuando se cuenta con el dedo.
Demostración · IRIS andando
No se lo contamos. Se lo enseñamos.
Va sola, paso a paso, y enseña un solo camino: el de un caso. Es un resumen de la pantalla real, y la herramienta de verdad tiene muchas más funciones de las que caben acá.
- Salta el aviso
- Entra a la bandeja
- Usted abre el aviso
- Confirma o descarta
¿No ve lo suyo acá?
Lo que está acá son las palabras que tenemos armadas, no las que IRIS entiende. Y la lista se queda corta a propósito: como se le pide con una frase, las frases no se acaban. Cuéntenos qué tiene delante de sus cámaras y le decimos si lo entiende, o si todavía no.
Y lo mejor
Agregar una cámara cuesta lo que cuesta;agregar a alguien que la mire cuesta todos los meses.
De ahí que, pasado cierto número, ya casi nadie mire nada. IRIS las mira todas al mismo tiempo y solo lo llama cuando en una de ellas pasa eso que usted pidió que se mirara.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o si todavía no.
Respondemos el mismo día hábil.