Soluciones por tipoAnálisis de movilidad
¿Quién vigila lo que entra al agua?
En el agua no hay puertas que cerrar
Mediodía de enero en una caleta. La arena está llena, hay quitasoles hasta las rocas y en el agua hay más gente que espacio. Una moto de agua entra por el lado izquierdo, pasa por dentro de la línea de boyas y sigue hacia el centro de la bahía a la misma velocidad con que venía por fuera. En el agua hay niños haciendo pie. El salvavidas está mirando hacia el otro extremo de la playa, que es lo que correspondía mirar.
6 cámaras en 3 sectores
Así se le pide
«Avíseme apenas una embarcación entre a la zona balizada de baño, sea del tipo que sea.»
Acá no hay puerta que cerrar ni cerco que levantar: el límite de la zona de baño son unas boyas, y una boya no detiene absolutamente nada, solo señala dónde está la raya. Cuando algo cruza esa raya, lo que queda por delante son segundos, y por pura estadística quien debía reaccionar está mirando hacia el otro lado. Lo que viene después es conocido: el reporte, el reclamo y la pregunta de cómo nadie vio entrar una embarcación por la bocana a plena luz del día.
Se decide una vez
Se define una vez. Quien administra la playa o quien administra el puerto indica dónde está la línea de boyas, qué puede entrar y qué no, en qué meses rige y a quién se avisa: al salvavidas, al servicio de turno o a los dos. La comprobación corre todo el día, toda la temporada y en cada cámara que mire esa agua. La línea se dibuja una vez sobre la imagen y ya no hay que volver a explicarla.
Vigilar agua es mucho más difícil que vigilar tierra, y no por falta de voluntad. Los doscientos metros de frente abierto de una caleta los cubren dos personas y un mirador, y lo que hay que mirar se cambia de lugar cada minuto. En una dársena de puerto ocurre igual: el muelle está cercado por arriba, pero por el agua se llega hasta el cantil sin cruzar puerta alguna. Quien llega nadando hasta la escala no saltó nada, sencillamente porque no había nada que saltar.
Sobre esa agua IRIS hace dos trabajos distintos y conviene no confundirlos. El primero es avisar: una embarcación dentro de la zona de baño, un bote detenido donde no hay fondeadero, alguien acercándose al muelle a nado. Eso es una alerta y se pide con una frase. El segundo es contar: cuántas embarcaciones cruzan la bocana en una hora, cuántas hay a la vez dentro de la caleta, cuánto rato se queda cada una. Eso no se pide hablando: se traza sobre la imagen, y por eso el número se puede repetir y defender.
Con las dos cosas andando cambia la manera de gestionar una costa. Una resuelve el susto de esta tarde. La otra responde la pregunta que llega en invierno: cuántas entraron el primer domingo de febrero, a qué hora se llenó la caleta, y si el fondeo que se quiere regular mueve el tráfico que dicen los vecinos o el que dicen los amarradores. Sin número, esa discusión no se gana nunca.
Qué cambia
Lo que ocurría en el agua se sabía si alguien estaba mirando ese pedazo de mar justo en ese momento, y con doscientos metros de frente eso es azar. Ahora la línea de boyas está dibujada en la imagen y el aviso llega con la cámara abierta. Y al cerrar la temporada hay un número de embarcaciones por hora, en lugar de la impresión que se llevó el equipo ese verano.
Dónde lo hemos visto

CAM-26Una moto acuática adentro de la zona de baño
«Avíseme apenas una embarcación entre a la zona balizada de baño, sea del tipo que sea.»

CAM-441Alguien se acerca al muelle a nado
«Avíseme si alguien entra nadando a la dársena o si una embarcación pequeña se acerca al muelle.»

CAM-570Una embarcación dejó de avanzar en la caleta y sigue ahí
«Avíseme si una embarcación deja de avanzar dentro de la caleta más de cuatro minutos.»

CAM-571Treinta y ocho embarcaciones por hora cruzan la boca
«Avíseme si hay más de seis embarcaciones dentro de la caleta a la vez.»

CAM-572Una embarcación detenida al otro lado de la línea de boyas
«Avíseme si una embarcación queda detenida dentro de la línea de boyas más de cinco minutos.»
Lo que no hace
De quién es la embarcación, qué número lleva pintado en el casco o quién está nadando en el agua son cosas que IRIS no sabe. Ve que algo entró donde no tenía que entrar y avisa. Tampoco reemplaza al salvavidas: no nada, no rescata y no decide si se cierra la playa. Y con mar movida o contraluz fuerte, una cabeza a cien metros es difícil para cualquiera, también para esto.
Preguntas
- ¿Distingue una moto de agua de un bote de pesca?
- Los distingue, y esa diferencia pesa porque cada caso pide una regla propia: un bote fondeado dentro de una zona protegida abre un problema ambiental, mientras que una moto de agua metida en el área de baño abre uno de seguridad de las personas. Lo que queda fuera de alcance es la identidad: desde una cámara puesta en un mirador no se lee el número del casco, ni se sabe si esa embarcación tiene permiso. Eso lo comprueba quien va hasta allá.
- ¿Puede contar las embarcaciones que entran y salen de la caleta?
- Puede, y se hace de otra forma. Contar no se pide con una frase: se traza una raya en la boca de la caleta, se define qué sentido es entrar, y cada casco que la cruza suma. Con una segunda línea más adentro se sabe cuántas se quedan y cuánto rato. El resultado es un número por hora y por día, comparable de un verano al siguiente. Preguntar sirve para buscar; contar sirve para medir, y por eso el número se dibuja en vez de describirse.
- ¿Sirve de noche o con mala mar?
- Hay que separar los dos casos, y preferimos hacerlo antes de vender nada. Con luz de día y mar plana, una embarcación metiéndose a zona de baño se ve perfectamente. Lo nocturno queda enteramente en manos del equipo instalado: sin una cámara térmica o sin iluminación, lo que no aparece en la imagen tampoco existe para IRIS. Y con oleaje, espuma y contraluz, un objeto chico y lejano complica a cualquier sistema y también a un ojo humano. De ahí que el encuadre se revise antes; si una cámara no da el ancho, se dice y punto.
- ¿Esto vigila a los bañistas?
- No de esa manera. No se identifica a nadie, no se reconocen rostros y no se sigue a personas por la playa. Lo que se mira son dos cosas: si algo entra donde no debe entrar y cuánta gente hay en la arena para saber si se llega al máximo. El conteo es un número, no una lista: dice que hay mucha gente, no quién es esa gente. Y quien decide si se cierra un acceso o se avisa por los altoparlantes es siempre una persona del servicio de playas.
Véalo usted mismo
Acá no hay alarmas de más. Hay lo que hay que ver.
Nada de esto está grabado ni dibujado: es la pantalla real, resumida, y en cada arranque le toca otro caso. Por detrás queda bastante más de lo que se ve.
- Dibuja la raya
- Se cuenta solo
- Sale un número
¿No ve lo suyo acá?
Lo que ve acá son las palabras que ya tenemos armadas, no el límite de lo que IRIS entiende. La lista se queda corta a propósito: todo se le pide con una frase, y las frases no se acaban. Cuéntenos qué tiene delante de sus cámaras y le decimos si ya lo entiende o si todavía no.
Y lo mejor
Un muro de monitores impresiona.Nadie puede leer cuarenta cuadros a la vez.
Mientras más cuadros hay, menos se mira cada uno. IRIS mira las cuatro mil al mismo tiempo y apunta a una sola: la que en este momento necesita a alguien.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día hábil.