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¿Por qué el desayuno se tranca a la misma hora todos los días?

La sala está llena y la bandeja, vacía

Ocho y media de la mañana, y el desayuno está en su peor momento. Hay gente rodeando las dos islas, casi todas las mesas ocupadas y varios huéspedes de pie, plato en mano, buscando dónde sentarse; en la entrada esperan doce personas más. Al centro de la isla principal, una bandeja lleva rato con el fondo a la vista. Nadie fue a reponerla porque el equipo completo está sirviendo café.

2 cámaras en 1 sectores

Así se le pide

«Avíseme cuando haya más de diez personas esperando en la entrada o cuando el pasillo del buffet lleve cinco minutos sin poder pasar.»

El desayuno es lo que más se puntúa de un hotel y el único servicio por el que pasan todos. En la sala no reclama casi nadie: se van, y a los tres días aparece la reseña que habla de la fila y de las bandejas vacías, y la lee alguien que estaba a punto de reservar. Puertas adentro esa mañana no consta en ninguna parte: no hay novedad, no hay parte, no hay número. Queda solo la sensación de que el jueves anduvo mal.

Se decide una vez

Se define una vez, con el jefe de sala adelante: cuántas personas esperando ya son demasiadas, cuántos minutos de pasillo bloqueado se aguantan y a quién se avisa a esa hora, porque a las ocho y media no está el mismo equipo que a las diez. Después IRIS lo aplica cada mañana, de lunes a domingo, en enero y en un martes de junio. La regla no se olvida cuando cambia el turno ni cuando se va la persona que se acordaba de mirar hacia la puerta.

Por el desayuno pasan todos los huéspedes del hotel, y casi todos dentro de la misma ventana de dos horas. Por eso da lo mismo cuántos puestos tenga la sala: cuando medio hotel baja a la misma hora, se llena igual. Y no se llena una cosa sola. Se llenan tres a la vez: la entrada, el pasillo entre las islas y las bandejas.

El equipo lo sabe, y aun así lo sabe tarde. Sirviendo café se está de espaldas a la puerta; reponiendo una isla se le da la espalda a la otra. Para cuando alguien levanta la vista, ya hay doce personas esperando de pie y un huésped mirando una bandeja vacía. Nadie hizo nada mal: en veinte minutos hay cuatro cosas que atender y desde cualquier punto de la sala solo se ven dos.

IRIS mira la sala entera de una vez, y ese es todo el truco. Cuánta gente espera en la entrada. Si el pasillo del buffet está trancado y desde cuándo. Si una bandeja lleva minutos vacía con gente adelante. El aviso llega mientras todavía hay algo que hacer, y no cuando la sala ya se vació sola. Y queda un dato que ningún parte del hotel recoge: la hora exacta en que se llena su desayuno, cada día del año. Con eso se decide abrir media hora antes o reforzar de nueve a diez, y eso ya es una decisión de plata.

Hay algo más que solo aparece mirando el conjunto. Muchas veces no falta gente: sobra gente en el mismo punto. Dos personas reponiendo la isla de la fruta mientras la fila de la entrada crece sin que nadie la vea. Ver las tres zonas juntas permite mover a alguien tres metros en vez de pedir una contratación. Y el día en que la contratación haga falta de verdad, se pide mostrando la hora y los días en que ocurre, no contando una impresión.

Qué cambia

El jefe de sala se enteraba de la mala mañana leyendo la reseña, o por un comentario en recepción durante el check-out. Con el aviso puesto se entera mientras la fila todavía es de diez personas, y ahí todavía puede mover a alguien, abrir la segunda máquina de café o sacar la bandeja que falta. Y a fin de mes tiene la curva real de su desayuno, hora por hora, en vez de la memoria de las tres mañanas que se le quedaron grabadas.

Dónde lo hemos visto

  • Vacaciones de invierno, julio, y el hotel amaneció lleno de familias. Ocho y media en la sala de desayuno: dos islas de buffet con gente alrededor, casi todas las mesas tomadas y varios huéspedes de pie con el plato en la mano. En el atril de la entrada hay una fila detenida detrás del cordón, porque no entra nadie más hasta que se desocupe una mesa. IRIS cuenta cuánta gente hay adentro, cuánta espera, cuántas mesas se liberan y qué zona se satura primero.

    CAM-498El comedor lleno y la fila detenida en el atril

    «Avíseme cuando haya más de diez personas esperando en el atril o cuando el pasillo del buffet lleve cinco minutos sin poder pasar.»

    Ver esta cámaraLos hoteles

  • Diez y cuarto, el desayuno se va acabando. En la isla central quedan cuatro cubetas casi vacías y con los bordes pegoteados; sobre el mesón hay migas, platos usados y algo derramado, y en el piso, alrededor, cayeron pan y trozos de fruta. Un huésped espera de pie con el plato en la mano; otros dos dan la vuelta a la isla buscando dónde queda algo. Al fondo, la estación de servicio sigue atendida. IRIS ve la cubeta sin género, el mesón sucio y lo que hay en el piso.

    CAM-502La cubeta vacía y el huésped ya con el plato en la mano

    «Avíseme cuando una bandeja del buffet lleve más de cinco minutos vacía con huéspedes enfrente, o cuando haya comida caída en el piso.»

    Ver esta cámaraLos hoteles

Lo que no hace

IRIS cuenta personas y mira zonas. No sabe quién es cada huésped, no reconoce rostros y no relaciona a nadie con su habitación ni con su reserva.

Y no sabe si el café está bueno ni si la fruta está fresca. Ve que hay fila, que el pasillo no avanza o que una bandeja está vacía. Lo que hay dentro de la bandeja lo juzga una persona, no una cámara.

Y cuenta peor cuando la sala está tan llena que la gente se tapa entre sí. En el peak de las nueve, un grupo apretado frente a la entrada puede quedarse corto en el recuento. Eso se dice antes de poner ningún número, porque un dato que se cae justo en la hora peak es peor que no tener dato.

Preguntas

¿Cómo sabe que una bandeja está vacía y no a medio llenar?
Mira el hueco, no la comida. Usted marca sobre la imagen dónde va cada bandeja e IRIS avisa cuando esa zona lleva sin producto los minutos que haya fijado y además hay huéspedes adelante. Es la misma idea de la góndola vacía en un supermercado: lo que se ve es el fondo a la vista. Por eso funciona con cualquier cosa que se sirva en bandeja, sin tener que explicarle antes qué aspecto tiene una vienesa o una fruta picada.
¿Y si el hotel está lleno y la fila es inevitable?
Entonces el aviso le sirve poco, pero el número le sirve mucho. Hay mañanas en las que no hay nada que arreglar sobre la marcha: la sala está a su máximo y punto. Lo que cambia es lo que usted hace el mes siguiente. Si el histórico dice que de nueve a diez se llena todos los días de temporada y que a las once la sala está a media capacidad, esa es la conversación sobre horarios, sobre turnos y sobre si conviene abrir antes. La fila deja de ser un reclamo y pasa a ser un dato con el que se decide.
¿Funciona en un comedor con ventanal y mucho contraluz?
Sí, aunque la pregunta apunta a un problema real: el comedor con ventanal es de los espacios más difíciles que hay. Contraluz fuerte a primera hora, mesas que se corren, gente de pie por todos lados. Y lo que decide no es la marca de la cámara sino desde dónde mira: una cámara que enfrenta la entrada contra el ventanal cuenta bastante peor que una que la observa desde arriba. Por eso el encuadre se revisa antes de escribir cualquier regla, y se revisa un día de sala llena, nunca con la sala vacía.
¿Puedo usar lo mismo en el restaurante de la cena?
Sí, cambiando los números. La cena tiene otro ritmo: la fila de la entrada dura menos, el atochamiento se produce entre las mesas y el problema no son las bandejas sino los platos que se quedan detenidos en el pase. La zona se dibuja donde corresponde y los minutos se ajustan a ese servicio. Lo que no cambia es el principio: usted define una vez qué es demasiado en su casa e IRIS lo aplica en todos los servicios, sin que nadie tenga que volver a montarlo.

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