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¿Por qué por ese corredor no pasa nadie?

Un corredor vacío a veinte metros de un ala llena

Son las 17:30 de un martes y desde la planta alta se ven las dos cosas a la vez. La escalera mecánica parte el encuadre en diagonal. A la izquierda, un corredor con el suelo brillante y ocho personas contadas en todo el tramo; los escaparates están encendidos y las puertas abiertas. A la derecha, el ala del otro lado va llena: la gente cruza en las dos direcciones y hay cola en dos locales. Veinte metros de diferencia.

4 cámaras en 2 sectores

Así se le pide

««Dime cada semana cuánta gente pasa por el corredor de la izquierda comparada con el ala de la derecha.»»

Ese corredor cuesta lo mismo que el otro. Se limpia igual, se climatiza igual y se alquila casi igual, pero no vale lo mismo, y nadie lo puede demostrar. Cuando un local de ahí pide una rebaja o se va, la conversación se hace con impresiones: «por ahí pasa menos gente». Y cuando hay que decidir dónde poner el quiosco nuevo o hacia dónde llevar el flujo, se decide con la sensación de quien lleva más años en el centro.

Se decide una vez

Aquí no decides un umbral: decides una medida. Dónde va la raya —en la boca del corredor, en la puerta del local, delante del escaparate—, qué zona se cuenta y con qué periodo quieres el dato: por hora, por día, por temporada. Eso se dibuja una vez sobre la imagen. A partir de ahí el número sale todos los días con el mismo criterio, y por eso se puede comparar un martes de marzo con un martes de octubre sin discutir cómo se contó.

Un corredor muerto no se queja. No hay incidente, no hay parte y nadie llama a nadie: simplemente pasa menos gente por ahí, año tras año, y el centro se acostumbra. La única alarma llega cuando el local del fondo cierra, y para entonces la conversación ya es sobre por qué se ha ido, no sobre qué se podía haber hecho.

Esto no se pide con una frase. Una raya no se puede describir hablando: hay que trazarla. Se dibuja una línea en la boca del corredor y otra en el ala de enfrente, se marca la zona del escaparate y a partir de ahí sale el número todos los días: cuánta gente pasó, en qué hora, cuánta se paró delante del cristal y cuánto rato se quedó. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual.

Con dos semanas de números la conversación cambia entera. Un escaparate por el que pasan mil ochocientas personas y se paran doscientas no tiene el mismo problema que uno por el que pasan seiscientas y se paran doscientas: el primero tiene un problema de escaparate y el segundo, de recorrido. Con eso se negocia una renta, se mueve un quiosco, se cambia una entrada o se decide dónde no poner la tienda nueva. La misma cámara que hoy solo graba puede empezar a medir tu operación.

Qué cambia

Antes esto se medía dos días al año: alguien contratado con un contador de mano en la puerta, un martes de marzo, y ese número servía para todo el ejercicio. Ahora el corredor se cuenta todos los días, hora a hora, y el ala de enfrente también, con el mismo criterio. Quien lleva el centro deja de negociar con impresiones y empieza a negociar con la misma cifra que ve el inquilino.

Dónde lo hemos visto

Lo que no hace

IRIS cuenta pasos por una línea y personas dentro de una zona; no sabe quién es nadie. Tampoco sabe por qué ese corredor está vacío: eso lo explica quien conoce el centro. Y no dice si alguien compró: para eso hay que cruzar el paso con la caja. Un detalle que conviene saber: quien pasa dos veces por la raya cuenta dos veces, así que las líneas se colocan según la pregunta que quieras responder.

Preguntas

¿Esto también es un aviso?
No. Aquí no hay nada que avisar: hay algo que medir. Y por eso no se configura hablando, sino dibujando. Una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla sobre la imagen, y una zona igual. A cambio, el número sale siempre igual: mismo sitio, mismo criterio, todos los días. No todo lo importante es una alarma. A veces lo importante es un número, y este es de los que cambian una renta.
¿El número sirve para comparar meses distintos?
Sí, siempre que la línea y la cámara no se muevan. Lo que hace comparable un conteo no es la tecnología: es que el criterio sea el mismo cada día. Misma raya, mismo encuadre, misma forma de contar. Por eso el número es repetible y se puede auditar: se puede volver al vídeo de ese martes y ver los mismos pasos. Si alguien cambia la cámara de sitio, la serie se rompe y hay que decirlo, no disimularlo.
¿IRIS sabe si esa gente compró algo?
No. IRIS mide lo que se ve: cuánta gente pasó, cuánta se paró y cuánto rato. La venta está en tu sistema de caja, no en la cámara. Lo interesante aparece al poner los dos números uno al lado del otro: mil ochocientos pasos, doscientas paradas y treinta tickets cuentan una historia muy distinta a mil ochocientos pasos, veinte paradas y treinta tickets. IRIS aporta la mitad que hasta ahora nadie tenía.
¿Hay que poner sensores en el suelo o en la puerta?
No necesariamente. Si ya hay una cámara que ve ese corredor entero, esa cámara puede contar, y no hace falta abrir el suelo ni colgar nada en la puerta. Lo que sí hace falta es que el encuadre coja el paso completo y que la gente no se tape entre sí todo el rato; en un pasillo estrecho y a rebosar, la cámara se coloca más alta. Se comprueba antes con esa cámara y a la hora punta, no se supone.

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Un caso distinto cada vuelta

Mira lo que pasa. Y mira lo que IRIS hace con ello.

No es un vídeo grabado ni un dibujo: es un resumen de la herramienta real, con un caso distinto en cada vuelta. La herramienta entera no cabe en un recuadro.

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Estas palabras son las que tenemos montadas, no las que IRIS entiende. La lista se queda corta a propósito: se le pide con una frase, y las frases no se acaban. Cuéntanos qué tienes delante de tus cámaras y te decimos si lo entiende, o si todavía no.

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Y lo mejor

Las cámaras que compraste hace añossiguen valiendo. Lo que les faltaba no era calidad.

Era que alguien mirase. IRIS se conecta a la instalación que ya tienes —los mismos equipos, los mismos cables— y esas imágenes pasan de guardarse a entenderse.

Explícanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

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