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¿Y si entra agua donde están los tableros?
Hay agua en el piso y nadie va a pasar por ahí
Cuatro de la mañana en un cuarto técnico. De una bajante pegada a la columna cae un hilo de agua, sin ruido, y en el piso ya hay una lámina que avanza por la baldosa hacia las rejillas. A un lado del pasillo están los equipos de aire; al otro, los tableros encendidos. No hay nadie adentro y no lo va a haber hasta las siete. El agua llega a la rejilla mucho antes.
3 cámaras en 2 sectores
Así se le pide
««Avíseme si aparece agua en el piso de cualquier cuarto técnico, aunque sea poca, y dígame en qué pasillo.»»
Un charco de madrugada cuesta un trapero. El mismo charco a las siete cuesta otra cosa: un tablero mojado, un equipo que se cae, un servicio parado y un seguro pidiendo explicaciones. Y lo peor es que casi nunca hay culpa de nadie: se rompió un manguito que no vale nada, y el precio de que nadie lo viera durante tres horas es una mañana entera de gente delante de un tablero apagado.
Se decide una vez
El cuarto lo conoce quien lo opera, no la cámara. La organización decide qué cuartos entran, qué cantidad de agua ya merece una llamada —aquí casi siempre cualquiera—, a quién se avisa de noche y qué se hace antes de que llegue: cortar, achicar, abrir la puerta. Se decide una vez, con el plano delante. Después IRIS lo aplica todas las noches, también las de diciembre, sin depender de que alguien se acuerde de mirar esa cámara.
En un cuarto técnico el enemigo no hace ruido. No hay humo, no hay alarma y no hay nadie gritando: hay una lámina de agua que se extiende por el piso a la velocidad a la que se extiende el agua, que es despacio y sin parar. Y hay tres cosas que la traen casi siempre: un condensado de clima, un manguito de la red contra incendio y una bajante del piso de arriba. Ninguna de las tres avisa.
El sitio donde más duele es justo donde peor se ve. Debajo de un piso técnico, detrás de una puerta cerrada, en un cuarto de tableros en medio de la planta, en un cuarto subterráneo al que se baja por una escalera. Ahí abajo el agua no solo daña: si hay alguien adentro cuando entra a chorro por el vano, ya no es una falla, es un rescate, y la primera pregunta que hace por teléfono el jefe de turno es cuánta gente hay ahí adentro.
IRIS mira el piso. Ve el brillo del agua donde antes había baldosa seca, dice en qué cuarto y en qué pasillo, y dice desde qué hora se ve. Si es un cuarto subterráneo con gente adentro, dice también cuántas personas hay en el encuadre en ese momento, sin saber quiénes son, porque para sacarlos hace falta el número y no el nombre. Después el aviso llega a una persona, con la cámara y el video de justo antes, y esa persona decide si eso es un balde o es una noche larga.
Qué cambia
El agua siempre avisaba tarde y por otro lado: un equipo que se apagó solo, un breaker abajo sin explicación, el primero que llega a las siete y pisa charco antes de prender la luz. La ronda pasaba una o dos veces por turno y en el medio quedaban horas ciegas, que es justo cuando el agua tiene tiempo de llegar hasta donde no debe. Hoy la ronda se sigue haciendo igual, pero el charco de las cuatro de la mañana se sabe a las cuatro de la mañana, con la foto del pasillo encima, y quien está de turno decide ahí mismo si baja o si lo pasa al relevo.
Dónde se ve

CAM-557Agua cayendo en el pasillo y avanzando hacia las rejillas
«Avíseme si aparece agua en el piso de cualquier sala técnica, aunque sea poca, y dígame en qué pasillo.»

CAM-156Puerta de cuarto crítico abierta
«Avíseme si la puerta de la sala de tableros se queda abierta más de unos minutos.»

CAM-166Agua entrando al tanque subterráneo
«Avíseme apenas entre agua por el vano del pozo, y dígame cuánta gente hay adentro en ese momento.»
Lo que no hace
IRIS no cierra ninguna llave y no achica nada. No sabe de dónde viene el agua, ni si es limpia, ni si es del circuito de clima o de la red contra incendio, y no mide cuántos litros hay. Tampoco ve lo que pasa debajo del piso técnico ni dentro de un cielo raso: solo ve la superficie que le queda a la vista. Si el agua está escondida, sigue haciendo falta el sensor de inundación de siempre.
Preguntas
- ¿Detecta un charco pequeño o hace falta que se inunde?
- Ve una lámina fina apenas cambia el aspecto del piso, y esa es la gracia: el brillo del agua sobre una baldosa seca se nota antes de que haya volumen. Dicho esto, hay un mínimo razonable, y unas gotas junto a un pie no las va a ver. La regla se ajusta con el piso real de ese cuarto —cómo refleja, qué luz tiene, dónde están las rejillas— y se decide qué tamaño ya merece una llamada de madrugada. En un cuarto con tableros encendidos, lo normal es que la merezca cualquiera.
- ¿Reemplaza a los sensores de inundación?
- No, y tampoco queremos. Un sensor de inundación es barato, es confiable y está pegado al piso justo donde tiene que estar. Su problema es que solo sabe de su propio punto: si el agua entra a dos metros y se va por otro lado, no se entera nunca. La cámara mira el pasillo completo y dice por dónde viene. Puestos a escoger, se ponen los dos: el sensor en el punto crítico, la cámara para todo lo demás y para poder mirar qué está pasando sin tener que bajar.
- ¿Sabe cuánta gente hay dentro de un cuarto inundado?
- Sí, y hasta ahí llega. Lo que entrega es una cifra: cuántas personas se alcanzan a ver en el encuadre en ese momento. Quiénes son, no; para eso tendría que reconocer rostros, y no lo hace. Al que va bajando esa cifra le cambia la forma de entrar: no es lo mismo llegar a una bóveda sabiendo que adentro hay dos personas que llegar sin saber si hay alguna. Y viene con su letra menuda: quien esté en un rincón que la cámara no cubre no entra en la suma. Se cuenta lo que se ve, y así se entrega.
- ¿Y los cuartos que no tienen cámara?
- Ahí IRIS no ve nada, y eso se dice antes de firmar, no después. Esto trabaja con las cámaras que ya hay, y una sala sin cámara es una sala sin ojos, por buena que sea la regla. Lo que suele pasar es que hay más cámaras de las que se creía: en muchos edificios los pasillos técnicos ya están cubiertos por la central de monitoreo, y esas mismas imágenes sirven para esto sin cambiar nada. La lista de salas cubiertas se revisa al principio, no después del primer susto.
La interfaz real, paso a paso
Usted pone la regla una vez. IRIS la aplica siempre.
Va a ver un resumen de la interfaz, paso a paso y sin que nadie toque nada. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.
- Se arma la regla
- Se asigna a las cámaras
- Publicada, vigila sola
- Y entonces salta
¿No ve lo suyo aquí?
Estas palabras son las que tenemos montadas, no las que IRIS entiende. La lista se queda corta a propósito: se le pide con una frase, y las frases no se acaban. Cuéntenos qué tiene delante de sus cámaras y le decimos si lo entiende, o si todavía no.
Y lo mejor
En la octava hora de turnonadie mira como en la primera. Y eso no es un defecto.
Es ser persona. La cámara no tiene octava hora: a las cuatro de la mañana entiende lo mismo que entendía a mediodía, y avisa igual a quien esté de turno.
Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Estamos en España, con seis o siete horas de diferencia. Si llama por la mañana, en España es media tarde y contesta una persona; por la tarde ya cerramos, y si escribe le contestamos igual.