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Soluciones por tipoIntegridad de las infraestructuras

¿Y si entra agua donde están los tableros?

Hay agua en el piso y nadie va a pasar por ahí

Las cuatro de la mañana en una sala técnica. De una bajada pluvial pegada a la columna cae un chorro fino de agua, sin ruido, y en el piso ya hay una lámina extendida por las baldosas que avanza hacia las rejillas. De un lado del pasillo están los equipos de clima; del otro, los gabinetes encendidos. No hay nadie en la sala, ni lo va a haber hasta las siete. El agua llega a la rejilla mucho antes.

3 cámaras en 2 sectores

Así se le pide

««Avisame si aparece agua en el piso de cualquier sala técnica, aunque sea poca, y decime en qué pasillo.»»

Un charco de madrugada cuesta un trapo de piso. El mismo charco a las siete cuesta otra cosa: un tablero mojado, un equipo que se cae, un servicio parado y un seguro pidiendo explicaciones. Y lo peor es que casi nunca hay culpa de nadie: se rompió un manguito que no vale nada, y el precio de que nadie lo viera durante tres horas es una mañana entera de gente adelante de un gabinete apagado.

Se decide una vez

La sala la conoce quien la opera, no la cámara. La organización decide qué salas entran, qué cantidad de agua ya merece una llamada —acá casi siempre cualquiera—, a quién se avisa de noche y qué se hace antes de que llegue: cortar, achicar, abrir la puerta. Se decide una vez, con el plano adelante. Después IRIS lo aplica todas las noches, también las de los feriados, sin depender de que alguien se acuerde de mirar esa cámara.

En una sala técnica el enemigo no hace ruido. No hay humo, no hay alarma y no hay nadie gritando: hay una lámina de agua que se extiende por el piso a la velocidad a la que se extiende el agua, que es despacio y sin parar. Y hay tres cosas que la traen casi siempre: un condensado de clima, un manguito de la red de incendios y una bajada pluvial del piso de arriba. Ninguna de las tres avisa.

El lugar donde más duele es justo donde peor se ve. Debajo de un piso técnico, atrás de una puerta cerrada, en un edificio de tableros en medio de la planta, en una sala subterránea a la que se baja por una escalera. Ahí abajo el agua no solo estropea: si hay alguien adentro cuando entra a chorro por el vano, ya no es una avería, es un rescate, y la primera pregunta que hace el jefe de turno por teléfono es cuánta gente hay ahí adentro.

IRIS mira el piso. Ve el brillo del agua donde antes había baldosa seca, dice en qué sala y en qué pasillo, y dice desde qué hora se ve. Si es una sala subterránea con gente adentro, dice también cuántas personas hay en el encuadre en ese momento, sin saber quiénes son, porque para sacarlos hace falta el número y no el nombre. Después el aviso llega a una persona, con la cámara y el video de justo antes, y esa persona decide si eso es un balde o es una noche larga.

Qué cambia

Antes el agua se descubría por lo que rompía: un equipo que se apaga, un disyuntor que salta, alguien que abre la puerta a la mañana y pisa el charco. La recorrida de salas se hacía una o dos veces por turno y entre una y otra había horas de nada. La recorrida se sigue haciendo igual. Lo que cambió es que el charco de las cuatro de la madrugada se ve a las cuatro de la madrugada, con la foto del pasillo adjunta, y el técnico de turno decide si baja o si lo deja para el relevo.

Dónde se ve

Lo que no hace

IRIS no cierra ninguna llave y no achica nada. No sabe de dónde viene el agua, ni si es limpia, ni si es del circuito de clima o de la red de incendios, y no mide cuántos litros hay. Tampoco ve lo que pasa debajo del piso técnico ni adentro de un cielorraso: solo ve la superficie que le queda a la vista. Si el agua está escondida, sigue haciendo falta el sensor de inundación de siempre.

Preguntas

¿Detecta un charco chico o hace falta que se inunde?
El agua se delata por el brillo: apenas cambia el aspecto del piso, la lámina se nota, y se nota antes de que haya volumen. Ese es el punto fuerte. El flojo es el otro, y hay que decirlo: unas gotas al lado de un pie no las va a ver. Por eso la regla se ajusta con el piso real de esa sala —cómo refleja, qué luz tiene, dónde caen las rejillas— y ahí se define qué tamaño de mancha merece un llamado a las cuatro de la madrugada. En una sala con gabinetes energizados, lo habitual es que lo merezca cualquiera.
¿Reemplaza a los sensores de inundación?
No, y tampoco queremos que lo reemplace. Un sensor de inundación sale poco, es confiable y está apoyado en el piso justo donde tiene que estar. Su límite es que solo sabe de su propio punto: si el agua entra a dos metros y se escurre para el otro lado, nunca se entera. La cámara ve el pasillo entero y muestra por dónde viene. La combinación es la buena: el sensor en el punto crítico, la cámara para todo el resto y para poder mirar qué está pasando sin tener que bajar.
¿Sabe cuánta gente hay adentro de una sala inundada?
Sí, cuenta cuántas personas se ven en el encuadre, y nada más que eso. No reconoce rostros, no lleva ficha de nadie y no distingue a un operario propio de un contratista. Para lo único que sirve el dato —decirle a quien va en camino cuánta gente hay que sacar de una sala subterránea— el número alcanza y el nombre no agrega nada. Y si alguien quedó fuera del encuadre, no está contado: el número es el de lo que se ve, y así se entrega.
¿Y las salas que no tienen cámara?
Sin cámara no hay nada que ver, y eso se dice antes de firmar y no después. IRIS trabaja con las cámaras que ya están puestas, así que una sala sin cámara queda a ciegas por buena que sea la regla. Lo que suele aparecer al revisar es lo contrario: hay más cámaras de las que figuran en el plano, porque en muchos edificios los pasillos técnicos ya los cubre seguridad y esas mismas imágenes sirven para esto sin tocar nada. La lista de salas cubiertas se arma al principio, no después del primer susto.

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La interfaz real, paso a paso

La regla la ponés una vez. IRIS la aplica siempre.

Vas a ver un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no entra en una demostración.

  1. Se monta la regla
  2. Se asigna a las cámaras
  3. Publicada, vigila sola
  4. Y entonces salta
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¿No ves lo tuyo acá?

Estas palabras son las que tenemos montadas, no las que IRIS entiende. La lista se queda corta a propósito: se le pide con una frase, y las frases no se acaban. Contanos qué tenés delante de tus cámaras y te decimos si lo entiende, o si todavía no.

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Y lo mejor

En la octava hora de turnonadie mira como en la primera. Y eso no es un defecto.

Es ser persona. La cámara no tiene octava hora: a las cuatro de la mañana entiende lo mismo que entendía a mediodía, y avisa igual a quien esté de turno.

Explicanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o si todavía no.

Estamos en España, con cuatro o cinco horas de diferencia. Si llamás a la mañana, allá es media tarde y te atiende una persona. Si escribís, te contestamos igual.