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Soluciones por tipoSeguridad de las personas

¿Cuánto se demora una salpicadura en llegar a un ojo?

Una salpicadura no avisa

Son las 07:30 en la zona de trasvase. Hay que pasar soda cáustica de un tambor a un tanque y la bomba se demora cuatro minutos. El operario acerca la cara para ver si el nivel sube: está a medio metro de la boca. Lleva guantes y botas, pero las gafas de seguridad se le quedaron en el casillero porque se empañan. La bomba escupe una vez al arrancar. Siempre escupe una vez al arrancar.

2 cámaras en 1 sectores

Así se le pide

««Avíseme si alguien trasvasa producto en esta zona sin las gafas de seguridad puestas.»»

Si nadie lo ve, el trasvase sale bien, como los ochocientos anteriores. El día que la manguera escupe hacia el lado equivocado, la cuenta empieza con doce metros hasta el lavaojos con los ojos cerrados. Después vienen los meses de incapacidad, un puesto que hay que cubrir y una investigación. Y todo por una pieza que estaba a treinta metros, en un casillero.

Se decide una vez

Se decide una vez, con el responsable del área delante de la imagen. Él marca el punto de trasvase, dice qué equipo es obligatorio ahí y a quién le llega el aviso. La frase queda así: si alguien se coloca en ese punto, y además no lleva las gafas de seguridad, entonces avisa al jefe de turno, abre la cámara y guarda el video. Si mañana el producto pide careta, se cambia la frase.

Un ojo quemado con un cáustico no vuelve. No hay rehabilitación ni segunda oportunidad: hay una persona que ya no ve por ese lado y un puesto que ya no va a poder ocupar. En una planta química los trasvases son rutina —veinte al día, cincuenta— y el equipo se lleva casi siempre completo. La pieza que falta es casi siempre la misma: las gafas. Se empañan, molestan encima de las de ver, y total son cuatro minutos.

El día que sale mal no hay explosión ni hay ruido. La manguera escupe al arrancar, entra una gota por un lado de la cara y ya está. Lo que sigue son doce metros hasta el lavaojos con los ojos cerrados, contando los pasos de memoria y tanteando la pared. Esos doce metros son los que deciden cuánta vista queda después.

IRIS mira ese punto exacto: la boca del tambor, la bomba, el lugar donde se para la persona. Revisa si hay gafas puestas cuando alguien se ubica ahí, y avisa antes de que se abra la válvula, no después. No sabe quién es —no reconoce rostros y no identifica a nadie—, solo si hay algo delante de esos ojos. Unas gafas empañadas se limpian. Un ojo, no.

Qué cambia

El cumplimiento se medía en la charla mensual y en la ronda del técnico de SST, que pasa dos veces por semana y casi siempre a la misma hora. Todo lo que ocurría fuera de esas dos rondas sencillamente no existía. Ahora el jefe de turno recibe el aviso antes de que se abra la válvula, con su cámara y su video. Y a fin de mes hay una cuenta real de cuántas veces pasó, que es un dato que nadie tenía.

Dónde se ve

  • Diez y cuarto de la mañana en la zona de trasvase. Un operario con los brazos descubiertos, sin gafas de seguridad, sin guantes y sin delantal, está pasando producto con una manguera a una caneca azul de soda cáustica puesta sobre una bandeja de contención amarilla. A su espalda, la señal que exige gafas, guantes y delantal en esa zona. A pocos metros, dos compañeros del mismo equipo trabajan con casco, careta facial y guantes largos.

    CAM-313Trasiega un cáustico sin gafas, sin guantes y sin delantal

    «Avíseme si alguien trasvasa producto en esta zona sin las gafas, los guantes y el delantal.»

    Ver esta cámaraLa industria

  • Media tarde, puerta de la sala de dosificación química. Una persona cruza el umbral hacia adentro sin casco, sin chaleco reflectivo y sin gafas de seguridad. Un operario con casco blanco y chaleco levanta la mano para detenerla. Al otro lado de la malla están el gabinete de inflamables, las canecas y los tanques; en el piso, la franja pintada que marca dónde empieza la zona. IRIS ve que entró alguien sin el equipo del área, no quién es.

    CAM-317Entra al cuarto de dosificación sin el equipo del área

    «Avíseme si entra alguien a la sala de dosificación sin casco, sin chaleco y sin gafas.»

    Ver esta cámaraLa industria

Lo que no hace

IRIS no distingue unas gafas de seguridad de unas de sol, ni sabe si la careta es la que pide ese producto. Ve si hay algo puesto delante de los ojos o no lo hay.

Elegir el equipo correcto para cada producto sigue siendo de quien conoce la ficha de seguridad. IRIS comprueba que se lleve puesto, no que sea el adecuado.

Preguntas

¿IRIS reconoce el rostro de la persona?
No, y esta escena no lo necesita para nada. IRIS no reconoce rostros ni identifica a nadie. Lo único que revisa es si hay algo puesto delante de los ojos de quien está trabajando en ese punto. Es la misma diferencia que hay entre ver que alguien lleva gorra y saber cómo se llama esa persona: aquí basta con lo primero. El aviso dice cámara, hora y qué prenda falta. Quién, no lo dice nunca.
¿Vale si lleva careta en vez de gafas?
Sí, con solo decirlo en la frase. Se escribe que sirve una cosa o la otra y listo, y esa es una de las ventajas de pedirlo hablando en lugar de marcar una casilla en un formulario: la regla queda escrita tal como la diría el responsable del área. Y si mañana cambia el procedimiento y ese trasvase pasa a exigir careta, se cambia la frase. No hay que tocar ninguna cámara ni llamar a nadie.
¿Se puede pedir todo el equipo en una sola frase?
Sí, y en una zona de trasvase es lo normal: gafas de seguridad, guantes y delantal escritos en la misma frase. Ahora, conviene saber una cosa: así el aviso llega igual aunque falte una sola pieza, y eso es exactamente lo que se busca. Y si además interesa saber cuál es la que se salta siempre, se pide por separado y se cuenta. Casi siempre hay una que se lleva todos los avisos, y esa es la que hay que resolver de raíz.
¿Distingue unas gafas de seguridad de unas de sol?
No, y ese límite conviene tenerlo claro antes de comprar nada. IRIS ve que hay algo puesto delante de los ojos; no lee marcas, ni certificados, ni tiene forma de saber si esa montura resiste una salpicadura. En la práctica casi nunca es un problema, porque en una zona de trasvase nadie se pone gafas de sol. Pero es honesto decirlo tal cual: esta regla comprueba que se lleve algo puesto, no que ese algo sea lo correcto.

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Esto no es un video. Es un pedazo de la pantalla de verdad.

Un resumen de la interfaz real, que corre sin que nadie toque nada. Se ve un caso completo, de principio a fin; lo que no se ve son las demás pantallas, que son varias.

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Estas palabras son las que tenemos montadas, no las que IRIS entiende. La lista se queda corta a propósito: se le pide con una frase, y las frases no se acaban. Cuéntenos qué tiene delante de sus cámaras y le decimos si lo entiende, o si todavía no.

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Y lo mejor

La puerta se quedó abierta a las dos.Enterarse a las nueve ya no sirve de nada.

El video lo cuenta a las nueve. IRIS lo dice a las dos, con la cámara, la hora y las imágenes de ese momento. La diferencia entre las dos cosas es que alguien pueda ir.

Cuéntenos su problema y le decimos si IRIS lo entiende o todavía no.

Estamos en España, con seis o siete horas de diferencia. Si llama por la mañana, en España es media tarde y contesta una persona; por la tarde ya cerramos, y si escribe le contestamos igual.