¿Qué es capaz de ver una cámara cuando nadie la está mirando?
41 comportamientos y 94 clases de objeto: lo que IRIS sabe ver
Una cámara graba; no vigila. Con cien cámaras hacen falta cien pares de ojos, y a las dos horas ya no se ve nada. Lo que hace IRIS es convertir cada cámara en un sensor que entiende qué tiene delante, cuánto lleva ahí, para dónde va y a qué velocidad. Los modelos son propios y corren dentro de la instalación del cliente: funciona sin internet, y la imagen no sale a ningún tercero.
Qué es IRIS
IRIS mira las cámaras por ti.
IRIS Neural es una inteligencia artificial que mira las cámaras que ya tienes y entiende lo que pasa delante de ellas. Cuando ocurre algo importante —o algo que tú le hayas dicho que necesitas controlar—, avisa; y lo que se puede contar, lo cuenta en números. Todo el día, sin que nadie tenga que estar mirando la pantalla.
Tú le dices qué necesitas mirar, e IRIS lo hace.
Funciona con las cámaras que ya tienes. No hay que cambiar nada.
Te contesta una persona, no un formulario.
- Las imágenes no salen de tu instalación.
- No identifica a personas.
- Certificaciones →
De un vistazo
Lo que sabe hacer
41 comportamientos listos
Intrusión, cruce de línea, permanencia, permanencia prolongada, objeto abandonado, objeto retirado, aglomeración, filas, conteo de personas, espacio ocupado, contramarcha, velocidad y distancia entre personas. Cada uno con sus parámetros, sus unidades y sus rangos.
94 clases en 12 familias
Jerárquico: marcar “Vehículo” ya trae adentro carro, camión, bus y moto sin nombrarlos. Y el catálogo cubre personas, vehículos por tipo, animales, accesorios, equipaje, mobiliario urbano y más.
Zonas, líneas y puntos
Se trazan con el dedo encima de la imagen en vivo. La línea lleva flecha, y por eso separa a quien entra de quien sale. Sin tope por cámara.
De píxeles a metros
Con la altura media de cada clase, que ya viene puesta, salen metros por segundo y kilómetros por hora sin marcar nada. Y con cuatro puntos marcados en el piso, se mide de verdad.
Velocidad, rumbo y estado
A qué velocidad va, hacia dónde, y si está quieto, va parejo, acelera o frena: eso lo lleva cada objeto. La velocidad medida y la estimada no se confunden, y una regla puede exigir la medida.
Todo sobre cada objeto
Más de cuarenta datos que se consultan meses después: clase y subtipo, color dominante, primera y última vez que se le vio, zonas por las que pasó, líneas que cruzó y con quién estuvo.
Menos avisos falsos
Horarios que entienden el amanecer y el anochecer, cuatro mandos de espera, un doble umbral para que el aviso no parpadee, áreas donde a propósito no se detecta nada y un tiempo mínimo de seguimiento antes de actuar.
Del aviso al dato
Por minuto, por hora y por día queda medido todo lo que pasa: conteos, tiempos de espera, ocupación media. Se cruza por cámara, puerta, zona o clase, y sale a hoja de cálculo.
Los 41, por familias
Once de los 41 se reparten así: tres de cosas que aparecen o dejan de estar, tres de calidad de lo detectado, dos de multitudes, dos de distancia entre objetos y uno de espacio libre u ocupado. Los otros treinta: nueve por zona y cuánta gente hay dentro, cinco por dónde pasó un objeto, cuatro por una línea, cuatro por el tiempo que lleva dentro, cuatro por cómo se mueve y cuatro por si un objeto está dentro de otro.
El mismo objeto, todo el rato
Las tres son formas de decir “este mismo”, así que sin identidad estable no hay permanencia, ni recorrido, ni velocidad. IRIS sostiene el objeto cuando algo lo tapa unos segundos, y lo vuelve a enganchar cuando reaparece.
Más de 40 datos medidos
De cada objeto: clase y subtipo, once familias de color, tamaño, rumbo, aceleración, permanencia en cada zona, tramos por área, cruces con su hora y acompañantes. Y pegado a cada dato, de qué cámara salió y a qué hora.
Reglas que miran atrás
Mientras decide, una regla puede consultar el histórico: avisa si entra un camión y en la última media hora no ha salido ninguno, o si aparece acá un carro del mismo color que cruzó la puerta 3 hace dos minutos.
El motor
Una regla escrita en una frase acaba siendo uno de estos 41 comportamientos
En esta web hay reglas escritas en una frase: “avísame si alguien entra de noche a la puerta de carga 4”. Debajo de esa frase siempre hay uno de estos 41 comportamientos con sus parámetros puestos. Presencia en zona, salida de zona, conteo de personas, cruce de línea, paso a rebufo, permanencia seguida o acumulada, permanencia prolongada, recorrido largo, objeto abandonado, objeto retirado, espacio ocupado o libre, contramarcha, aceleración brusca, fila, aglomeración con densidad y riesgo, distancia entre personas, secuencia de zonas. Ninguno está programado a medida para un cliente: son bloques del motor, con sus unidades y sus valores de fábrica, que se combinan entre sí. Por eso lo que se demuestra en una zona de esta web funciona igual en otra, y por eso un caso nuevo no es un desarrollo: es una regla más. Están contados y publicados uno a uno, que es la única forma de que alguien pueda comprobar si el suyo está en la lista.
Un detector dice “carro”; lo que importa es que todo el sistema entienda lo mismo por “carro”. IRIS tiene un catálogo propio de 94 clases repartidas en 12 familias —personas, vehículos, animales, accesorios, mobiliario urbano, muebles, electrónica, comida— y cada modelo de detección traduce su vocabulario a ese catálogo. Es jerárquico: marcar “Vehículo” cuenta carro, camión, bus y moto sin nombrarlos uno a uno, y también se puede pedir sólo la familia. Los nombres están escritos en los ocho idiomas de esta web. Lo que gana el cliente es concreto: un filtro configurado hoy sigue funcionando el día que el modelo de debajo se cambie por uno mejor. Y por encima de la clase hay un segundo nivel de detalle: un carro se afina a sedán, SUV, camioneta, camión, bus, motocicleta, bicicleta, vehículo de emergencia, autocaravana o vehículo especial.
Un camión lejano parece lento y un pájaro cerca parece un misil: que algo se mueva rápido en la imagen no dice nada, y ahí está la diferencia entre una detección y un dato. Para decir a cuántos kilómetros por hora va ese vehículo, alguien tiene que haberle explicado antes a la cámara cómo es el piso que está mirando. Hay tres caminos, de menos a más esfuerzo: sin hacer nada, se mide en alturas del propio objeto y eso sólo se compara dentro de la misma escena; con la altura media de cada clase, que ya viene de fábrica, salen metros por segundo y kilómetros por hora; y marcando cuatro puntos del piso con sus medidas reales se mide de verdad, en metros sobre el plano. Cuál se usó se dice siempre: la velocidad estimada se etiqueta como estimada, una regla puede exigir que sólo valga la medida, y si la calibración no es válida el sistema baja a las unidades sin calibrar antes que inventarse un metro. Por lo mismo, los puntos de una trayectoria no se unen con una línea: entre dos puntos separados unos segundos nadie midió nada, y la línea afirmaría un recorrido que no existe.
Cada comportamiento filtra por clase, por confianza, por tamaño, por cuánto lleva el objeto siendo seguido y por qué punto de la caja decide —los pies, el centro, la caja entera o cualquier parte que la roce—. Hay áreas donde a propósito no se detecta nada, un doble umbral para que el aviso no parpadee en el borde de una zona, y cuatro mandos de espera, enfriamiento y tope por minuto. Todo eso está por un miedo que trae quien ya tuvo analítica antes: que suene toda la noche. Antes de publicar una regla se ve sobre la imagen en vivo lo que produce de verdad, incluidos los objetos que no pasan el filtro y el motivo por el que no pasan, y se puede simular sin crear ni un aviso. Cuando algo no se puede comprobar, el objeto no pasa y se explica por qué: un hueco no se rellena con un valor inventado. Y lo que no hace también se dice: IRIS no sabe quién es nadie —compara el aspecto de un objeto, no la identidad de una persona—, y donde falta el dato que hace falta para dar metros, el campo no se publica; se queda ausente, nunca estimado. Hay 23 recetas guiadas para las reglas de siempre, y todo viaja por un único puerto seguro: al área de redes se le pide una regla de cortafuegos, no trece.
Los 41 están agrupados por lo que preguntan, porque un integrador no busca una función: busca la suya. Cuatro miran una línea con su flecha; cuatro, el tiempo que lleva dentro; cuatro, cómo se mueve; y cuatro, si una cosa está dentro de otra —una persona en un vehículo, un artículo sobre una paleta, una paleta vacía—. Cinco reconstruyen por dónde pasó un objeto: dónde apareció, si pasó por acá, si terminó ahí dentro, si hizo A y después B. Nueve preguntan por una zona: quién entró, quién salió, cuántos hay dentro, cuántos son demasiados. Y los once restantes cubren lo que aparece y lo que deja de estar, las multitudes, la distancia entre objetos, los espacios de estacionamiento y la calidad de lo detectado. Si el caso no es ninguno de los 41, se construye: el filtro fino compara cada objeto contra once campos con ocho comparadores, y las condiciones se agrupan con “y” y con “o” hasta que la regla dice exactamente lo que tiene que decir. La geometría tampoco se repite: una línea dibujada una vez se aplica de golpe a veinte puertas iguales, y se comparte tal cual o se copia para retocarla cámara por cámara. Y el asistente devuelve la regla resumida en una frase, en el idioma de quien la lee, para que quien la firma entienda qué firmó.
Permanencia, recorrido y velocidad son tres maneras de decir “este mismo”, y si la identidad se rompe cada vez que alguien pasa detrás de una columna, las tres se vuelven ruido. Por eso lo que parece un detalle técnico —que un objeto siga siendo el mismo objeto mientras cruza la escena— es el piso sobre el que se apoya todo lo demás. IRIS sostiene la identidad mientras el objeto se mueve, la aguanta unos segundos cuando algo lo tapa y la recupera cuando reaparece; y cada objeto guarda un pequeño historial de sus clases, de modo que un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla. De ahí salen los más de cuarenta datos que quedan escritos de cada objeto —clase y subtipo, color entre once familias, tamaño, rumbo, aceleración, tiempo en cada zona, líneas cruzadas con su hora, con quién estuvo—, y con ellos se reconstruye meses después por dónde pasó, cuánto duró, a qué velocidad iba y qué grabación corresponde a ese instante. Cada dato viaja con su procedencia y su hora —de qué cámara salió y en qué zona horaria—, para que un informe aguante delante de quien lo discuta. Y mientras un objeto sigue vivo, su resumen de vida todavía no existe: eso es un hueco con motivo, no un fallo, y así se enseña.
Las cifras
Contado, no estimado
- 41comportamientos listos
- 94clases de objeto en 12 familias
- 535parámetros configurables
- 23recetas guiadas de puesta en marcha
- 40+datos medidos de cada objeto
- 11familias de color que distingue
Preguntas
¿Qué puede detectar IRIS exactamente?
Vienen 41 comportamientos listos sobre un catálogo de 94 clases de objeto agrupadas en 12 familias: intrusión, cruce de línea, permanencia, dar vueltas en la zona, objeto abandonado o retirado, conteo de personas, filas, aglomeración con densidad, espacio ocupado, contramarcha, velocidad, distancia entre personas, recorrido entre zonas. Y si lo que buscas no es ninguno de ellos, se arma: un filtro fino compara cada objeto contra once campos —confianza, tiempo de vida, velocidad, dirección, tamaño, estabilidad de la clase— con ocho comparadores y condiciones agrupadas con “y” y con “o”.
¿Hace falta calibrar la cámara para medir velocidades?
No para empezar. Cada clase del catálogo trae puesta su altura media real —una persona 1.70 metros, un carro 1.50— y con eso ya salen metros por segundo y kilómetros por hora sin tocar nada. Para medida real sobre el piso se marcan cuatro puntos de la imagen y se declara cuánto miden de verdad: desde ahí, distancias, recorridos y velocidades salen en metros. IRIS siempre separa la velocidad medida de la estimada, y una regla puede exigir que solo cuente la medida. La estimada se queda corta, y por eso lleva etiqueta.
¿Y si me llena el turno de avisos falsos?
Es lo primero que se ataja, y se ataja con seis herramientas. Se marcan áreas donde no se detecta nada —una vía al fondo, un cartel con fotos de personas—. Se exige que el objeto lleve un rato siendo seguido antes de que la regla actúe. Se pone un doble umbral para que el aviso no parpadee en el borde de una zona. Se limita el comportamiento a un horario. Y se añaden tiempo de espera, enfriamiento y un tope de avisos por minuto. Antes de publicar nada se ve sobre la imagen en vivo lo que la regla produce de verdad, con los objetos descartados y el motivo del descarte a la vista.
¿Y de noche, o con mala luz?
Con menos luz se detecta menos, y el sistema lo dice en vez de disimularlo. Cada cámara lleva un indicador de calidad de imagen que funciona como puerta: si está desenfocada, sucia o empañada, las reglas que dependen de ella no se ejecutan a ciegas. Además hay una puntuación de salud de la detección por cámara, con seis señales, que no se queda en el diagnóstico y dice qué hacer: revisar la óptica, comprobar el enfoque, revisar el infrarrojo nocturno. El límite, por delante: de noche, en infrarrojo, la imagen pierde color, así que la medida de color se marca como poco fiable en lugar de afirmar que la camioneta era blanca. Y los horarios entienden el amanecer y el anochecer, de modo que vigilar de noche sigue significando lo mismo en junio y en diciembre.
¿Qué pasa cuando dos objetos se cruzan y se tapan?
Unos segundos, y cuando ya no se puede, se dice. Si algo tapa a un objeto —una columna, otro vehículo, un toldo—, el sistema no extrapola a ciegas: amortigua la velocidad que traía y afloja el criterio para volver a engancharlo, en proporción al tiempo que lleva sin verse. Cada objeto guarda además un pequeño historial de sus clases, así que un carro que a lo lejos oscila a camión no hace parpadear la regla, y los parámetros del seguimiento se afinan por clase, porque un camión y una persona no se mueven igual. El límite va por delante: si el objeto queda tapado más de la cuenta, el seguimiento muere, se cierra su resumen de vida y lo que reaparece después es un objeto nuevo. Volver a reconocerlo por su aspecto es otra cosa, y sigue sin saber quién es.
La interfaz real, paso a paso
Tú pones la regla una vez. IRIS la aplica siempre.
Verás un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.
- La hora, en una rejilla
- Miras dónde está oscuro
- Saltas a ese minuto
Siguiente paso
Las infraestructuras
¿Quién mira una instalación en la que casi nunca hay nadie?
44 casos, y en todos IRIS avisa cuando pasa algo. Ves cada imagen tal cual y después con lo que entiende encima.
La industria
¿Por qué se ha parado la línea?
237 casos, y en todos IRIS avisa cuando pasa algo. Ves cada imagen tal cual y después con lo que entiende encima.
Y lo mejor
Compraste un almacén de imágenes.Lo que hacía falta era alguien que las mirara.
Esas mismas cámaras que hoy solo llenan discos pueden avisar de lo que importa mientras está pasando. El almacén se queda; solo deja de ser lo único que tienes.
Explícanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día laborable.