Saltar al contenido
IRIS NEURALContacto

Soluciones por tipoDetección de intrusiones

¿Y si una cámara deja de ver y no se entera nadie?

Una cámara que dejó de ver

Son las 19:40. Un pabellón de celdas visto desde una cámara alta. En el primer plano de la derecha, alguien con los brazos en alto tira una prenda por encima del objetivo, justo al lado de la cartelera de normas. El encuadre se convierte en una mancha de tela gris. La grabación no se corta: sigue grabando, y graba perfectamente un trapo. En el centro de monitoreo, el videowall de dieciséis cámaras sigue teniendo dieciséis recuadros.

1 cámaras en 1 sectores

Así se le pide

«Avisame apenas una cámara deje de ver: si la tapan, si la giran o si el encuadre se va a negro de golpe.»

Una cámara tapada no da una alarma: deja de darlas. Y eso, en una pantalla, se parece mucho a que todo vaya bien. Se descubre semanas más tarde, cuando alguien busca el video de un incidente y encuentra una hora de gris. Ahí ya no falta solo ese video: falta la confianza en todos los demás, porque nadie sabe cuántas veces pasó lo mismo en una cámara en la que nunca se buscó nada.

Se decide una vez

Esto se decide una sola vez. Vos decís qué cámaras son críticas, cuántos minutos sin imagen utilizable se aguantan antes de avisar, si la ventana de limpieza programada está exenta y a quién le llega: normalmente a mantenimiento, no a seguridad, porque el que lo arregla es el de la escalera. Y decidís también quién más se tiene que enterar: la persona que escribió las reglas que colgaban de esa cámara, porque mientras esté ciega esas reglas no se están aplicando.

Es la única palabra de este vocabulario que no habla de lo que pasa delante de una cámara, sino de la cámara. Y es la más fácil de olvidar, porque no produce nada: ni una alerta, ni una novedad, ni una línea en un informe. Produce silencio. Y el silencio, mirado desde un centro de monitoreo con dieciséis recuadros encendidos, se parece muchísimo a la calma.

En un pabellón de celdas la tapa alguien a propósito, y por lo general lo hace justo antes de que pase algo. Pero a la mayoría de las cámaras que dejan de ver no las toca nadie. Una telaraña delante del infrarrojo, que de noche devuelve un fogonazo blanco. Una rama que crece durante todo un verano hasta llenar media imagen. Una calcomanía. Un camión estacionado enfrente tres semanas. El salitre en la cúpula de una cámara de puerto. Un vidrio que se empaña a las seis de la mañana y se aclara a las nueve, justo en la franja que importa. Y la peor de todas, porque no se ve: el instalador que le pegó un golpe a la carcasa subiendo la escalera y dejó la cámara mirando dos metros a la izquierda de donde tenía que mirar. Todas cuestan lo mismo: las horas en que esa cámara no valió nada.

Y hay un segundo efecto, más grave que perder ese video, que casi nunca se cuenta. Todas las reglas que colgaban de esa cámara dejaron de aplicarse, y lo hicieron sin decirlo. El trabajador solo de esa sala ya no se cuenta. La línea de conteo de esa puerta ya no suma, y el número del mes sale más bajo sin que nadie sepa por qué. El tramo de perímetro que vigilaba ese objetivo ya no existe. Una cámara ciega no avisa de que dejó de avisar: esa es la falla más silenciosa que puede tener una instalación de video, y la única que empeora cuanto más te fiás de ella.

Por eso esta regla no la suele pedir seguridad: la pide mantenimiento. IRIS mira lo que la cámara está mandando y dice si ahí hay una escena o hay una mancha. Cuando deja de haber escena, alguien con una escalera lo arregla en el mismo turno y las reglas vuelven a estar vivas. No es lo más vistoso que hace IRIS. Es, en un año cualquiera, lo que más veces evita una conversación incómoda.

Qué cambia

Antes esto se descubría el día que alguien iba a buscar el video, y ese día ya era tarde por definición: una hora mal grabada no se recupera. Ahora aparece a los pocos minutos y lo resuelve el mismo de siempre, con la escalera, adentro del mismo turno. Y queda escrito lo que antes no quedaba en ningún lado: qué cámara, cuántas horas estuvo sin ver y qué reglas dependían de ella mientras tanto. Recién con eso se puede tener una conversación seria sobre el estado de la instalación.

Dónde se ve

Lo que no hace

IRIS no sabe por qué una cámara dejó de ver. No distingue una prenda de una telaraña, de un camión estacionado o de la niebla. Dice esto: esta cámara no está dando una imagen utilizable, y empezó a las 19:41.

Y si la cámara pierde la señal del todo, eso ya no es una cuestión de imagen. Lo ve tu grabador o tu red antes que nadie. IRIS mira lo que llega; cuando no llega nada, quien avisa es el sistema, no la vista.

Preguntas

¿Distingue si la taparon a propósito?
No, y no lo intenta. IRIS no sabe si lo que hay adelante es una prenda, una telaraña o un camión estacionado: sabe que dejó de haber escena. Para lo que sirve esta regla da lo mismo, porque el costo es idéntico en los tres casos: las horas en que esa cámara no valió nada. Quien sube con la escalera se da cuenta en dos segundos de qué era, y a partir de ahí decide si es mantenimiento o es otra cosa. Esa parte la hace una persona, y está bien que así sea.
¿Y una cámara que se va desenfocando de a poco?
Ese es el caso que más se usa, aunque sea el menos vistoso. Una cúpula que se va empañando con el salitre a lo largo de un mes no la ve nadie, porque cada día se parece al anterior y el ojo se acostumbra sin darse cuenta. IRIS no compara contra una idea general de nitidez: compara contra lo que esa misma cámara daba antes, así que la caída lenta también se nota. En una instalación grande, la primera semana con esta regla prendida suele encontrar más cámaras rotas que todo el año anterior junto.
¿Esto no lo hace ya el grabador?
En parte, y la parte que falta es justo la que duele. El grabador sabe si la cámara contesta y si llega video. No sabe si ese video sirve. Una cámara girada contra una pared contesta perfectamente, manda su señal en hora y no genera ni una novedad: está sana y no está viendo nada. Lo mismo pasa con una cúpula empañada o una lente cubierta de salitre. Lo que aporta IRIS es mirar la imagen, no el aparato.
¿Qué pasa con las reglas que dependían de esa cámara?
Quedan en pausa mientras la cámara no ve, y por eso el aviso también le puede llegar a quien las escribió. Es lo más importante de esta página y lo que menos se cuenta: si esa cámara era la que miraba a la persona que trabaja sola, durante esas horas no la miró nadie. Si era la que sumaba entradas por esa puerta, el número del día sale más bajo y nadie va a saber por qué. Cuando la imagen vuelve, las reglas arrancan solas, y queda anotado cuánto tiempo estuvieron paradas, para que dentro de tres meses nadie lea un conteo creyendo que dice algo que no dice.

Ver todas las preguntas

Demostración · IRIS en marcha

Cada vuelta, un caso nuevo. Siempre la misma pantalla.

Se reproduce sola y muestra un caso de principio a fin. Es un resumen: la pantalla real tiene muchas más funciones de las que entran en este recuadro.

  1. Las cámaras, sobre el mapa
  2. Se dibuja una zona
  3. Sale qué pasó por ahí
IRIS NEURAL
30ES
IRISDirectoGrabacionesGISIncidencias3996SituaciónCasosLPRAutomatizacionesIRIS DATA
Preguntá o pedí algo…Enviar
IRIS · Infinity Neural

¿No ves lo tuyo acá?

Estas palabras son las que tenemos montadas, no las que IRIS entiende. La lista se queda corta a propósito: se le pide con una frase, y las frases no se acaban. Contanos qué tenés delante de tus cámaras y te decimos si lo entiende, o si todavía no.

Ver todas las solucionesEscribirnos

Y lo mejor

Podés poner más cámaras;no podés poner más horas en el día de nadie.

Las cámaras se pueden multiplicar; las horas de una persona no. IRIS mira todo lo que entra y le deja lo único que hace mejor que ninguna máquina: decidir qué se hace.

Explicanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o si todavía no.

Estamos en España, con cuatro o cinco horas de diferencia. Si llamás a la mañana, allá es media tarde y te atiende una persona. Si escribís, te contestamos igual.