¿Qué pasa con un aviso después de que salte?
Del aviso a la resolución: con dueño, con procedimiento y con plazo
Detectar no es decidir. Un sistema que solo detecta deja una lista de avisos que nadie cierra, y a las cuatro de la mañana hay una sola persona mirándola. Aquí cada aviso se convierte en una incidencia: con dueño, con estado, con procedimiento, con el turno que responde y con hora de cierre. Y si nadie la toma, sube sola hasta que alguien contesta.
Qué es IRIS
IRIS mira las cámaras por ti.
IRIS Neural es una inteligencia artificial que mira las cámaras que ya tienes y entiende lo que pasa delante de ellas. Cuando ocurre algo importante —o algo que tú le hayas dicho que necesitas controlar—, avisa; y lo que se puede contar, lo cuenta en números. Todo el día, sin que nadie tenga que estar mirando la pantalla.
Tú le dices qué necesitas mirar, e IRIS lo hace.
Funciona con las cámaras que ya tienes. No hay que cambiar nada.
Te contesta una persona, no un formulario.
- Las imágenes no salen de tu instalación.
- No identifica a personas.
- Certificaciones →
De un vistazo
Lo que sabe hacer
Ningún aviso se pierde
Cada disparo abre su incidencia, con su hora y su fotograma. Aunque cien repeticiones se plieguen en una sola fila, el contador sigue siendo exacto.
Cada tipo, su plazo
Un fuego no espera lo mismo que un objeto olvidado: por eso los 17 tipos que vienen de serie traen cada uno su urgencia y sus minutos, y la fila se ordena sola por vencimiento.
Procedimientos guiados
La incidencia llega con sus pasos, en su orden. Hay pasos críticos, y hay pasos que no se pueden dar por hechos sin escribir qué se hizo.
Escalado sin silencios
Vencido el plazo sin que nadie la atienda, el aviso sube de escalón. Y cuando se acaban los escalones, cae en el destino de último recurso: en silencio no termina nunca.
Quién está de guardia
El aviso despierta a quien está de servicio ahora mismo, no a quien aparecía en una lista de hace seis meses. Los cuadrantes, las rotaciones y las sustituciones viven aquí dentro.
El relevo, por escrito
Lo que quedó a medias le llega al que entra. El cambio de turno queda escrito: quién entrega, quién recibe, qué queda abierto y si el que entra ya lo confirmó.
Veintisiete filtros
Una fila de doscientos avisos sin filtrar es una fila que se ignora. Cada operador guarda su vista y la comparte con su equipo.
El expediente que se entrega
La incidencia entera se empaqueta con un botón —informe, cronología, adjuntos e imágenes, cada uno con su huella—, y el paquete trae su propio verificador, que trabaja sin conexión.
El cuadrante, por dentro
Un hueco en blanco callaría el aviso; un hueco declarado lo manda al escalón siguiente, y por eso la franja que no cubre nadie se declara. Encima de eso: capas apiladas, rotación diaria, semanal o a la medida, y reglas por día, franja, mes y excepción, incluso de amanecer a anochecer.
A quién le llega el aviso
Un aviso que no llegó a salir no se puede dar por dado: si el envío falla, se reintenta el mismo escalón y no se consume ninguno. El destinatario puede ser una persona, un grupo o el turno de guardia completo; cuando es el turno, quién lo recibe se resuelve al disparar y nunca antes.
Veinte avisos, una incidencia
Juntar filas no debería pasarle a nadie sin que lo pida, así que agrupar viene apagado de serie y es preferencia de cada persona. Cuando la incidencia que representa al grupo deja de estar pendiente, el grupo se cierra y lo que venga detrás abre grupo nuevo.
Cerrar deja constancia
El formulario de acciones tomadas se llena al cerrar, y lo que se responde queda como dato que se puede explotar y no como texto suelto. El informe admite prellenarse con la cronología real de la incidencia, pero no se guarda mientras una persona no lo revise, con su nombre y su hora.
La sala de control
Detectar no es decidir
Son las cuatro de la mañana y hay una persona sola delante de la pantalla. Lo que le falta no es información: es saber qué hacer. Por eso la incidencia no le llega sola, le llega con su guion —los pasos, en su orden, con los críticos marcados—. Un paso puede exigir que se escriba qué se hizo antes de darlo por cumplido. Y sí se puede cerrar con pasos sin validar, pero hay que decir por qué, queda con nombre y hora, y para eso hace falta un permiso aparte.
Cada política es una escalera: quién lo recibe primero, cuánto se espera y a quién se le avisa después. Un aviso que nadie toma no se puede quedar quieto. Responder frena la subida —asignársela, validarla, comentarla— aunque todavía no resuelva nada. Si el turno se quedó sin nadie, el aviso salta al peldaño siguiente en vez de callarse, y agotados todos cae en el destino de último recurso. Y antes de poner una política a andar se puede simular sin mandar nada: dice a quién avisaría y, sobre todo, qué avisos se quedarían sin nadie detrás.
¿Cuánto ruido está produciendo esto, y aguanta una persona ese ritmo? Es la pregunta que casi ningún sistema de video se hace. IRIS la mide en avisos por operador y por hora y la compara con los umbrales que publica la práctica de gestión de alarmas, y enseña qué cámara y qué regla están saturando la sala, para poder afinarlas en vez de apagarlas a ciegas. Las repeticiones se pliegan en una fila con su contador, y plegar no borra: el detalle sigue guardado y el número cuadra. Queda escrito además quién silencia qué, porque un aviso incómodo no puede desaparecer sin dejar rastro.
Todo esto viaja por un solo puerto, el 443, y trabaja sin salir a internet: ni una imagen ni un dato salen hacia un tercero. Y queda lo de después, que es donde se juega el expediente. Cada incidencia guarda su cronología completa —quién la vio, quién la cambió, qué escribió, a qué hora la cerró— en un registro que solo admite añadir y que va encadenado, de modo que un retoque posterior se nota. Un botón lo empaqueta para entregárselo a una aseguradora, a un juzgado o a un auditor, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión.
Quién responde a las cuatro de la mañana de un domingo no es una pregunta de organigrama: es una pregunta que el sistema tiene que contestar solo. El cuadrante vive aquí dentro, con sus capas, sus rotaciones y sus reglas por día, franja y mes, y una sustitución manda sobre todo lo demás mientras dura. Al salir el aviso, el destinatario puede ser una persona, un grupo o el turno completo; si es el turno, quién lo recibe se resuelve en el momento de disparar y nunca antes. Si el envío falla, el plazo no avanza y se reintenta el mismo escalón, porque un aviso que no llegó a salir no puede consumir un peldaño en silencio. Y seis meses después se puede volver a preguntar quién estaba de guardia aquel martes y la respuesta sale correcta, porque el cuadrante no se sobrescribe: cada versión se cierra y se guarda.
De aquí salen los dos números que se llevan a la reunión del mes: cuánto se tarda en atender y cuánto en resolver. Por eso cerrar no es hacer desaparecer una fila. Al cerrar se llena el formulario de acciones tomadas que haya definido la casa, y lo respondido queda como dato: se agrupa por tipo, por cámara, por zona, por turno y por operador. El informe se puede prellenar con la cronología real —qué estaba previsto, qué ocurrió y por qué—, pero no se guarda mientras una persona no lo revise, y queda con su nombre y su hora. Y donde el sistema no puede calcular algo, lo dice por escrito en vez de poner un cero: si la cámara no está calibrada, no hay velocidad, y un guion no significa nunca que valga cero.
Las cifras
Contado, no estimado
- 27filtros combinables en la fila del operador
- 17tipos de incidencia de serie, cada uno con su plazo
- 41permisos distintos para decidir quién puede qué
- 489acciones distintas que quedan registradas
- 16políticas de retención de serie, una por categoría
- 7estados por los que pasa una incidencia, con transiciones comprobadas
Preguntas
¿Qué pasa si nadie atiende un aviso?
Sube sola. Cada aviso entra en una escalera con sus plazos: vencido el primero sin respuesta, se avisa al escalón siguiente, y así hacia arriba. Responder es asignársela, validarla, cerrarla o comentarla, y cualquiera de esas cuatro detiene la subida aunque no resuelva el caso. Si un turno se quedó sin nadie de guardia, el aviso pasa al peldaño siguiente en vez de callarse. Y agotados los escalones y las repeticiones, se avisa a un destino de último recurso. En silencio no termina nunca.
¿Cómo se evita que la sala se ahogue en avisos?
Con tres cosas. La primera: las repeticiones de una misma cámara se pliegan en una sola fila con su contador, sin borrar ninguna —el detalle sigue guardado y el número siempre cuadra—. La segunda: la fila se filtra por 27 criterios combinables, y cada operador guarda su vista y la comparte con su equipo. La tercera: un panel mide cuántos avisos le llegan a cada persona por hora y señala qué cámara y qué regla los producen, para afinarlas en vez de apagarlas. Y queda registro de quién silenció qué.
¿Se puede demostrar después qué se hizo?
Sí. Cada incidencia arrastra su cronología completa: quién la abrió, quién la miró, qué se cambió, qué se escribió y a qué hora se cerró. Ese registro solo admite añadir, va encadenado con criptografía y se verifica cuando se quiera; si alguien hubiera tocado algo, dice en qué apunte exacto se rompe la cadena. El expediente se descarga como un paquete firmado, con la huella de cada archivo y una página que lo comprueba sin conexión y sin instalar nada. Y lo que ya existía antes de activar el encadenado se declara como no verificable, en vez de hacerlo pasar por verificado.
¿Y si el que falla es el propio escalado?
Un escalado que falla callado es peor que no tener escalado, así que se mide y se enseña. Hay un panel que dice si está corriendo, si corre pero hay avisos que no llegan, o si está detenido, y da el motivo en palabras normales: apagado, nunca ejecutado, la última pasada dio error, lleva tantos minutos sin pasar. Avisa también de lo que nadie mira hasta que es tarde: que no hay ningún canal activo por donde salir, o cuántas personas del equipo no tienen manera de recibir un aviso. Y de las últimas 24 horas se ve cuántos escalados se quedaron sin destinatario y cuántas veces hubo que tirar del último recurso. Otra cosa: recién instalado arranca desarmado a propósito. Solo simula y deja el plan escrito, y alguien tiene que armarlo servidor por servidor. Un despliegue no puede ponerse a llamar gente por su cuenta.
¿Qué pasa si dos operadores toman la misma incidencia a la vez?
Se ven entre sí. La ficha dice con nombres quién más la está mirando en ese momento, y si estás solo, también te lo dice. Asignársela es reclamar la propiedad, y ese gesto queda con su hora: es además lo que frena el escalado aunque todavía no resuelva nada. Los estados tampoco saltan de cualquiera a cualquiera: el servidor comprueba cada cambio y rechaza el que no toca, diciendo de dónde a dónde se intentó ir, así que dos personas no pueden dejar la misma incidencia en dos sitios distintos. Y lo que hicieron las dos queda en la misma línea de tiempo: quién la abrió, quién la miró, quién la cambió y qué escribió cada una.
La interfaz real, paso a paso
Tú pones la regla una vez. IRIS la aplica siempre.
Verás un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.
- Entra en la bandeja
- Abres el aviso
- Confirmas o descartas
Siguiente paso
La industria
¿Por qué se ha parado la línea?
237 casos, y en todos IRIS avisa cuando pasa algo. Ves cada imagen tal cual y después con lo que entiende encima.
Los estacionamientos
¿Cuántas espacios quedan libres ahora mismo?
15 casos: 9 avisan cuando pasa algo y 6 solo miden. Ves cada imagen tal cual y después con lo que IRIS entiende encima.
Y lo mejor
No hay obra, ni zanjas, ni cables nuevos:las cámaras ya están puestas y ya están mirando.
Lo que cambia es lo que pasa con esa imagen. Antes se guardaba y no la veía nadie; ahora se entiende mientras ocurre, con los mismos equipos que compraste hace años.
Explícanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día laborable.