¿Y si en vez de buscar la respuesta en seis pantallas pudieras preguntarla?
No solo responde: hace el trabajo. Y nada sale de tu instalación.
La respuesta ya está en el sistema. El problema es que está repartida en seis pantallas y nadie tiene la tarde para recorrerlas. Con IRIS se pregunta en tu idioma y el asistente sale a buscarla: mira por la cámara, abre la grabación, cruza los números y te lo pone delante. Y si quien pregunta tiene permiso, no se queda en contestar: abre la incidencia, orienta la cámara, manda el aviso. Todo ocurre dentro de la instalación del cliente: ni una imagen, ni un dato, ni una consulta salen a un tercero. Un asistente montado sobre una nube ajena no puede escribir esa frase.
Qué es IRIS
IRIS mira las cámaras por ti.
IRIS Neural es una inteligencia artificial que mira las cámaras que ya tienes y entiende lo que pasa delante de ellas. Cuando ocurre algo importante —o algo que tú le hayas dicho que necesitas controlar—, avisa; y lo que se puede contar, lo cuenta en números. Todo el día, sin que nadie tenga que estar mirando la pantalla.
Tú le dices qué necesitas mirar, e IRIS lo hace.
Funciona con las cámaras que ya tienes. No hay que cambiar nada.
Te contesta una persona, no un formulario.
- Las imágenes no salen de tu instalación.
- No identifica a personas.
- Certificaciones →
De un vistazo
Lo que sabe hacer
Se le pregunta hablando
Se pregunta igual que se le pregunta a un compañero de turno, y en cualquiera de los ocho idiomas. Si hace falta precisar, se señala la cámara, la zona o la incidencia de la que hablas, y ya no queda duda.
No solo responde: actúa
Son 95 herramientas del sistema en sus manos: consultar, contar, pintar el mapa, redactar el informe. Y hasta donde llegue tu permiso, también abrir la incidencia, orientar la cámara motorizada o mandar el aviso.
Preguntarle a la imagen
“¿Cuánta gente hay ahora en el vestíbulo?” “¿Qué se ve en la puerta de carga?” Toma la imagen de ese instante, la mira y te contesta: describe la escena, o cuenta lo que hay.
Una pregunta, muchas cámaras
Trescientas cámaras en el predio y una sola coincidencia: te devuelve esa una. La pregunta se lanza contra un grupo entero, hasta doce cámaras a la vez, y solo contesta lo que cumple.
Buscar en lo grabado
“Camioneta blanca, ayer, entre las 9:00 y las 11:00 a.m., en el patio de carga”: la búsqueda cruza color, tipo de objeto, franja horaria y sitio. Del resultado se salta directo al video.
Seis niveles de rigor
Hay preguntas donde equivocarse sale caro, y para esas el asistente llega a discutir su propia conclusión y a decirte de qué no está seguro. En el otro extremo contesta directo. El nivel lo pones tú.
Se le habla y contesta en voz
Con las manos ocupadas o los ojos en otra pantalla, la pregunta se dicta en vez de escribirse, y la respuesta se puede oír leída en voz alta. El audio tampoco sale de la instalación.
Nada sale de la instalación
Funciona con el cable de internet desconectado, y eso resume lo demás: las imágenes, el audio, los mapas y las conversaciones se quedan donde están, y en ningún punto del recorrido hay una llamada al servicio de un tercero.
Tapar una cara antes de compartir
Lo que sale es la versión editada y nunca el original: antes de mandar una imagen se recorta, se mide y se difumina lo que haga falta —un rostro, una placa, un dato personal— y se marca con flechas, círculos y notas.
El video, dentro del chat
Sin salir del mensaje: la grabación se abre ahí mismo, con su línea de tiempo, saltos de diez segundos y avance fotograma a fotograma. Cae directo en el instante de la detección, y de ahí se descarga el video o solo la imagen.
Los atajos del turno
Las cámaras que dejas fijadas en el panel lateral se quedan de contexto: lo que preguntes después se entiende referido a ellas y no hay que repetir el nombre. Y una barra abre los comandos de siempre —cámaras, informe, plano, grabación, buscar—.
Nada que tú no pudieras hacer
No sirve para pasar por encima de los permisos: el asistente solo alcanza a ver las herramientas que tú tienes derecho a usar. Y de cada llamada queda escrito tu nombre, lo que pediste y lo que te devolvió.
Preguntar y hacer
La diferencia no es que hable: es que tiene las manos dentro del sistema
El operador sabe perfectamente qué quiere preguntar. Lo que no tiene son treinta minutos para recorrer seis pantallas y acordarse de en cuál se guarda cada cosa. Y una instalación mediana ya produce más de lo que nadie alcanza a mirar: cientos de cámaras, miles de detecciones al día, incidencias que se van amontonando y grabaciones que nadie revisa. Así que las preguntas razonables se dejan de hacer, y lo que costó plata instalar se queda ahí sin usar. El asistente borra ese recorrido: se pregunta una vez y él decide qué necesita mirar para contestar. Si le hacen falta tres cosas, las busca a la vez.
Con 95 herramientas enchufadas al sistema de verdad, este no contesta con lo que sabe: contesta con lo que va a buscar. Localiza cámaras y dice cuántas hay en cada sede, mira por una en directo, abre la grabación de ayer a las tres, compara las incidencias de este mes con las del anterior, calcula la ruta entre dos puntos, pinta el mapa y arma el informe en PDF. Y cuando quien pregunta tiene el permiso, actúa: crea la incidencia, la asigna, la cierra, orienta una cámara motorizada, manda una vista al mural o hace llegar el aviso por correo. Poner a andar una automatización desde el chat pide siempre una confirmación explícita, porque una cosa es contestar y otra tocar la instalación. Y el catálogo puede crecer sin estorbar, porque el asistente busca la herramienta que necesita en vez de llevarlas todas encima.
Lo más útil no es preguntarle al sistema: es preguntarle a la imagen. “¿Qué se ve ahora en el andén?”, “¿en qué cámaras hay humo?”, “¿esta camioneta es la misma de la otra foto?”. Agarra el fotograma de ese momento, lo mira y contesta. La misma pregunta se puede lanzar contra un grupo entero de cámaras a la vez y pedirle que devuelva solo las que cumplen, que es la única manera de que una pregunta sirva de algo cuando hay trescientas. Y decides tú cuánto rigor quieres: hay seis niveles, desde responder directo hasta separar lo que se ve de lo que se deduce, enumerar lo que no se puede saber con la evidencia que hay delante, o discutir su propia conclusión y declarar cuánta certeza tiene. Subir de nivel no alarga todas las respuestas: solo deja de cortar las que lo necesitan. Eso sí, hay un límite que conviene tener claro. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual: una raya no se puede describir con una frase, hay que trazarla sobre la imagen.
Ni una imagen, ni un dato, ni una consulta de la conversación salen hacia un tercero: no hay una sola llamada a un servicio externo en ningún punto del recorrido, y todo sigue trabajando con el cable de internet desconectado. La inteligencia que mueve al asistente es nuestra y se ejecuta en el servidor del cliente; la cartografía también es propia y funciona sin conexión; la voz se transcribe y se lee en el mismo sitio. En un hospital, en un centro penitenciario o en una infraestructura crítica esa es casi toda la conversación, y por eso este producto entra donde otros ni se presentan. Al área de redes tampoco hay que pedirle nada más: todo viaja por un solo puerto seguro, el 443. Y conviene decir lo otro, que no es lo mismo: el asistente no es una puerta trasera. Solo alcanza las herramientas que quien pregunta tiene derecho a usar, así que el mismo chat le da capacidades distintas a un operador y a un administrador; de cada llamada queda escrito quién la pidió, qué pidió, qué devolvió y cuánto tardó; las conversaciones son privadas por defecto, y cuando un administrador está leyendo la de otra persona, la pantalla lo dice.
En una operación por turnos, la conversación de ayer pesa tanto como la de ahora. Cada hilo se renombra, se marca de favorito, se guarda en una carpeta, se fija arriba o se archiva sin borrarlo, y la búsqueda entra dentro de los mensajes y no solo en los títulos. Desde cualquier punto de un hilo se abre una rama —una conversación nueva que hereda todo lo anterior— para probar otra hipótesis sin dañar la original. El hilo entero se exporta, o se convierte en un informe con su texto, sus imágenes y sus horas, que es lo que termina pidiendo el parte de turno. Y se comparte con gente de la propia organización, hasta cincuenta, con quien invita, quien modera y quien se va registrados uno por uno, y los mensajes de quien se va no se pierden. El límite se dice tal cual: esto es colaboración asíncrona y los mensajes aparecen al actualizar. No es una sala de chat en vivo y no se vende como tal.
Aquí se trabajó justo lo contrario de lo que se teme, porque un asistente que se inventa la respuesta cuando no la tiene es peor que no tener asistente. Si no hay grabación en el instante que le pides, te lo dice en vez de enseñarte otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y te propone subir de nivel, en lugar de entregarte una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera lo que no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo; y si no llega, contesta que no se puede determinar. El razonamiento va aparte, plegado y marcado como proceso interno, para que nadie lo confunda con la conclusión. Los errores llegan con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— y no en silencio. Y cada respuesta viene con las herramientas que usó y con lo que le devolvieron: eso es lo que la convierte en una respuesta que se comprueba en vez de creerse.
Las cifras
Contado, no estimado
- 95herramientas del sistema
- 12cámaras a las que pregunta de una sola vez
- 6niveles de razonamiento, del directo al exigente
- 443el único puerto que hay que abrir
- 10permisos que gobiernan quién puede qué
- 23bloques para componer un informe a medida
Preguntas
¿Salen mis imágenes o mis conversaciones a algún servicio de internet?
No sale nada. La inteligencia artificial que contesta es propia y se ejecuta en el servidor de tu instalación, y con la transcripción de voz, la lectura en voz alta y los mapas pasa lo mismo. En ningún punto del recorrido hay una llamada a un proveedor externo, así que no viaja ni una imagen, ni un fotograma, ni una frase de la conversación. Trabaja con el cable de internet desconectado, y eso es un requisito de diseño y no una casualidad. Los datos se quedan en la base de datos del cliente, con su hora y su procedencia.
¿En qué se diferencia esto de cualquier otro chat?
En que este sí llega a los mandos. Un chat corriente contesta con lo que ya sabe. El asistente de IRIS tiene 95 herramientas conectadas al sistema y las usa para ir a buscar la respuesta: mira por una cámara, abre una grabación, agrega estadísticas, arma el mapa, compone el reporte. Y si quien pregunta tiene permiso, además actúa: abre o cierra una incidencia, orienta una cámara motorizada, manda un aviso. Cada acción queda registrada con su autor, y las que tocan la instalación piden confirmación explícita antes de ejecutarse.
¿Le puedo pedir hablando que cuente cuánta gente pasa?
No, y la diferencia es justo la que importa. Preguntar sirve para buscar. Contar sirve para medir. Y no se hacen igual. Describir una situación se hace hablando, y en eso el asistente es muy bueno. Medir es otra cosa: hay que saber por dónde pasa la línea exacta y en qué sentido. Una raya no se puede describir con una frase: hay que trazarla sobre la imagen. Por eso el conteo se configura dibujando, y por eso el número se repite igual y se puede auditar un año después.
¿Qué pasa si el asistente se equivoca o no sabe algo?
Lo dice, y esa es la parte que más trabajo costó. Si no hay grabación del instante que pediste, lo dice en lugar de enseñarte otra cosa. Si se queda sin margen para pensar o para escribir, lo dice y sugiere subir de nivel, en vez de entregar una respuesta cortada sin avisar. En los niveles altos enumera qué no se puede determinar con la evidencia que tiene delante y qué haría falta para saberlo, sin tapar el hueco con una suposición. Los errores llegan con su causa concreta —un permiso que falta, una sesión vencida— y no fallan en silencio. Y cada respuesta viene con las herramientas que usó y con lo que le devolvieron, así que se comprueba en vez de creerse. La decisión sigue siendo de la persona: esto es una herramienta de quien opera, no su reemplazo.
¿Puede hacer cosas que el usuario no tiene permiso para hacer?
No puede, y no porque lo prometamos: por cómo está construido. El asistente solo alcanza a ver las herramientas que la persona que pregunta tiene derecho a usar, de modo que el mismo chat ofrece capacidades distintas a un operador y a un administrador. Diez permisos gobiernan el chat en sí —usarlo, compartir una conversación, crear o moderar hilos compartidos, leer los de otros, configurar el servicio, administrar comportamientos y administrar herramientas—, y encima de eso cada herramienta puede exigir el suyo. Las que modifican datos van marcadas como tales y no corren sin ese permiso, y publicar una automatización pide confirmación explícita. Todo queda escrito: quién lo pidió, con qué papel en ese momento, con qué argumentos, qué devolvió, cuánto tardó y si salió bien o mal, y también los intentos de acceso que se denegaron. Las conversaciones son privadas por defecto, y los hilos compartidos solo admiten gente de la propia organización.
¿Me cuesta algo cada vez que le pregunto?
No se cobra por preguntar. No hay contador: ni de preguntas, ni de mensajes, ni de palabras. Puedes despachar una conversación de dos frases o pasarte el turno entero preguntándole, y cuesta lo mismo. Lo decimos porque cambia la manera de usarlo: cuando cada mensaje tiene precio, el operador se aguanta, pregunta menos de lo que necesita y termina volviendo al sistema viejo. Aquí no hay nada que racionar.
La interfaz real, paso a paso
Tú pones la regla una vez. IRIS la aplica siempre.
Verás un resumen de la interfaz, reproducido paso a paso y sin manos. Cada vuelta empieza con otro caso. La herramienta completa no cabe en una demostración.
- Tú preguntas
- IRIS busca
- Te lo enseña
Siguiente paso
Las infraestructuras
¿Quién mira una instalación en la que casi nunca hay nadie?
44 casos, y en todos IRIS avisa cuando pasa algo. Ves cada imagen tal cual y después con lo que entiende encima.
La industria
¿Por qué se ha parado la línea?
237 casos, y en todos IRIS avisa cuando pasa algo. Ves cada imagen tal cual y después con lo que entiende encima.
Y lo mejor
Una tarde entera delante de la pantallacabe ahora en una frase escrita.
El video no ha cambiado: sigue entero y en el mismo sitio. Lo que ha cambiado es que ahora se le puede preguntar, y la respuesta llega con su cámara y su hora.
Explícanos tu problema y te decimos si IRIS lo entiende o todavía no.
Respondemos el mismo día laborable.